archivos Brian Epstein

Beatles para siempre: Segunda Parte

Publicado el Lunes 6 octubre 2008

Viene de la Primera parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

DEBAJO: Cuatro descuidados rockers, convertidos en buenos muchachos. Brian Epstein fue el responsable de la primera imagen del grupo.

Será Epstein quien les consiga una sesión con George Martin, productor de una filial de EMI especializado en grabar a humoristas como Peter Sellers, con fama de arriesgarse con gente nueva. Es así como el 11 de Septiembre de 1962 tiene lugar la grabación de Love me do. En una sesión previa a Martin no le había gustado como tocaba Pete Best, y había sido sustituido por Ringo (quien, para evitar riesgos, cedido a su vez la batería a un profesional en Love me do). El single se coloca entre los veinte superventas. Los Beatles eran ya una celebridad local.

Todo esto nos hace pensar, una vez más, respecto a la cortedad de miras de muchos mandamases a la hora de “destapar genios”; sobre todo en el terreno cultural y, más concretamente, en el musical. Fijémonos en que los Beatles lograron grabar su primer single casi de rebote, teniendo que recurrir para ello a un sello menor y a un productor de segunda fila. Casi nadie fue capaz de ver del diamante en bruto que podía tener entre manos, como por ejemplo los responsables de otras discográficas de mayor categoría que les rechazaron, tal que Decca. Aquellos tipos podrían figurar de forma aventajada entre los más idiotas que jamás hayan pisado este mundo y varios adyacentes.

Estamos en 1963. Please, please me logra el milagro de llevarlos al número uno nacional, graban su primer LP y convierten el estribillo de She loves you en el grito de guerra de toda una generación, un yeah-yeah que dará nombre provisional a este renacer del rock: la música ye-ye. John, que se ha casado el año anterior de penalti con su novia, Cynthia, (matrimonio que fue silenciado temporalmente para no “decepcionar” a las fans y así mantener intacto el tirón popular del músico y de su banda) tiene un hijo al que pone Julian de nombre, en memoria de su madre. Una gira por todo el país y galas con lo más selecto de la sociedad británica ponen punto final a su reconocimiento nacional. El siguiente paso será Estados Unidos.

El single I want to hold your hand allanó el camino y en Febrero de 1964 miles de fans aullaban en el aeropuerto Kennedy ante unos Beatles que traían calentito, recién salido del horno, su segundo álbum. Los yankis no lo sabían, pero el cuarteto de Liverpool estaba reconciliándose con sus propias raíces musicales. Como diría más tarde Lennon, “cuando llegamos a EE.UU. y nos encontramos con que nadie escuchaba rock and roll ni música negra, sentí que veníamos al origen, pero que nadie quería enterarse de ello”.

Ese año de 1964 supuso, también, el triunfo en otros frentes, sobre todo en el cine, de la mano de Richard Lester, un director del floreciente free cinema inglés. En A hard day´s night captaba de un modo casi documental la vida enloquecida de los cuatro Beatles, con insertos muy innovadores en los números musicales que dejan entrever lo que serán los futuros videoclips. Al año siguiente Help! desarrollará esos componentes, mostrándolos como una especie de Hermanos Marx del pop. Hoy día A hard day´s night es un clásico indiscutible del cine contemporaneo

Además, John publica dos libros, John Lennon in his own write y A Spaniard in the work. Todo el mundo se queda sorprendido: el libro es más que aceptable, muestra que hay rockeros que tienen algo más que serrín en la cabeza y que Lennon dibuja y escribe estupendamente. Se le concede el premio Foyle y esta mítica librería londinense da una recepción en su honor. Y no sólo eso: John Lennon in his own write vende 300.000 ejemplares en Inglaterra. En EE.UU. también es un best seller. El rock empieza a gozar de respetabilidad social. El productor de sus películas, Walter Shenson, ha evocado a John Lennon en un banquete en el Festival de Cannes, y aquel luce la mejor de sus sonrisas para la galería mientras por lo bajo le susurra: “Walter, dime si el jodido tenedor que estoy cogiendo es el adecuado para este plato”.

Los conciertos de los Beatles arrebataban al público. En las raras grabaciones que los registran, las canciones apenas son audibles entre el griterío de la audiencia. En la foto, actuación de la banda en Las Vegas, en 1964. Al año siguiente visitaron Madrid y Barcelona y en el verano de 1966 se retiraron de los escenarios. Su música se había vuelto demasiado compleja para ejecutar en vivo.

Con motivo del 30 aniversario de la visita de los Beatles a España Televisión Española editó un magnífico documental titulado ¡Que vienen los Beatles!, en el que se cuenta con todo detalle aquella visita relámpago saboteada de forma más o menos sutil por la dictadura franquista, que veía en aquellos “melenudos” a cuatro peligrosos agitadores de la juventud que para nada convenían a los intereses del régimen. Si podéis echarle el lazo no perdáis la oportunidad, que está muy bien.

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Beatles para siempre: Prólogo y Primera Parte

Publicado el Viernes 26 septiembre 2008

Antes de nada, creo que es justo empezar dejando claro que este artículo no lo he escrito yo. Lo que vais a leer a continuación se publicó originariamente dentro del ejemplar de Octubre de 1987 de la revista Muy Interesante, decana del periodismo divulgativo español (sale a los quioscos ininterrumpidamente cada mes desde Mayo de 1981). La fecha no fue casual, pues en aquel momento se cumplían veinticinco años desde la publicación del primer single del grupo, aquel sencillo pero pegadizo “Love me do”. Ese día de 1962 nadie era consciente de que tal acontecimiento supondría un hito en la historia de la música popular, a partir del cual ya nada sería lo mismo que antes. Y no sólo en el terreno estrictamente musical, pues la influencia de los “Fab Four” alcanzaría a muchos ámbitos de la vida y la cultura del Siglo XX y todavía hoy, plenamente inmersos en el XXI, dicha influencia está muy lejos de desaparecer.

La idea de reproducir íntegramente este reportaje en Computer Age me vino a la cabeza tras dedicar parte de mi tiempo libre a revisitar la discografía de la banda y volver a ver películas y documentales relacionados con ésta. Recordé la existencia de este excelente trabajo, publicado hace ya más de dos décadas y seguramente desconocido u olvidado por casi todo el mundo. Entendí que valdría la pena ponerlo a disposición de la gente en la Red y me puse en contacto con José Pardina, el director del MUY, que me concedió encantado el permiso necesario para llevar a cabo la idea. Por lo tanto, aquí os dejo una muestra de periodismo del bueno proveniente de una época en que no existía Internet, con su pasmosa facilidad de acceso a cantidades ingentes de datos (con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva), y por tanto había que husmear, y mucho, para encontrar información fidedigna y de calidad, aun tratándose de un grupo como The Beatles. Lo sacaremos a la luz por entregas a lo largo de las próximas semanas, para que no se os haga demasiado pesado, y me permitiré la licencia de insertar algunos comentarios propios cuando lo considere oportuno, debidamente señalados para diferenciarlos del texto original. Espero que lo disfrutéis como merece, porque realmente vale la pena. Os lo garantizo.

Beatles Para siempre: 25 años desde “Love me do”. Primera parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
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Comentarios al texto (en negrita) por Leo.


En 1963 y 1964, los Beatles provocaban estados de histeria colectiva allá por donde pasaban. Antes que su música, ese aspecto escandaloso fue el primero que destacaron los pacatos medios de comunicación de la época. Debajo, los “Fab Tour” en una típica foto promocional de los años gloriosos. De izquierda a derecha: John, George, Paul y Ringo.

Los futuros Beatles nacieron todos en el duro enclave de Liverpool, que a las inclemencias provincianas del cinturón industrial del centro de Inglaterra añadía entonces las impuestas por la Segunda Guerra Mundial. John Lennon y Richard Starkey (más conocido luego como Ringo Starr) nacieron en 1940; Paul McCartney les siguió en 1942, y George Harrison en 1943. Ringo procedía de los arrabales proletarios y el padre de George era el conductor del autobús escolar del centro donde estudiaba. John y su madre, Julia (que moriría en 1957 atropellada por un policía borracho) habían sido abandonados por su padre, un marinero pendenciero que cuando su hijo alcanzase la fama grabaría un disco intentando rentabilizar la situación. Quizá Paul fuera el que disfrutase de una infancia más tranquila y estable, en el seno de una típica familia de clase media – baja con aficiones musicales.

Con el tiempo, Liverpool tendría, sin embargo, sus ventajas: el puerto la mantenía bien surtida de novedades discográficas, la comunicación con sodomas y gomorras como Hamburgo era fluida y la gente sobrevivía gracias a un dislocado sentido del humor del que dan fe los mejores cómicos del país, que proceden de allí. Tras varias formaciones y nombres, John, Paul y George (los tres armados de guitarras, a los que hay que añadir Stuart Sutcliffe al bajo y Pete Best a la batería) se bregan en Hamburgo tocando incansablemente en clubs de mala muerte. Pero también son apreciados por universitarios alemanes como Klaus Voorman, futuro miembro de la Manfred Mann y autor de la portada de su álbum Revolver. Muchos años después, y tras haber colaborado puntualmente con la Plastic Ono Band de Lennon, Voorman sería de nuevo tanteado por los Beatles supervivientes para poner portada al disco recopilatorio The Beatles Antology (1996).

Por aquel entonces, no pasan de ser unos descuidados rockers con las inevitables zamarras de cuero, que han adoptado el nombre de Beatles como un juego de palabras muy de Lennon entre beat (“percusión”) y beetle (“escarabajo”), un guiño a los Crickets (“Grillos”) que acompañaban a Buddy Holly. Pero esta imagen un tanto zafia y trasnochada será pulida por Brian Epstein cuando se haga cargo de su promoción tras escucharles en La Caverna, un antiguo club de jazz donde tocaban en Liverpool a su vuelta, ya sin Stuart Sutcliffe, que se queda en Alemania y morirá algún tiempo después.

En 1993, el director Ian Softley (K-Pax) debutó en el cine con Backbeat, un filme centrado en las correrías de los Beatles en Hamburgo a principios de los 60, aunque Luis (el jefón de este site) no se corta de calificarlo públicamente como “un pedazo de mierda”. Ciertamente no es un filme demasiado brillante que digamos, pero puede constituirse como punto de partida para indagar más seriamente en una etapa de la banda tan poco conocida como igualmente fascinante.

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