El día después

viernes 10 agosto 2018

The day after (1983)

Director: Nicholas Meyer
Intérpretes: Jason Robards, JoBeth Williams, Steve Guttenberg, John Cullumm, John Lithgow

el_dia_despues1.jpgHay muchos aspectos particulares de los años 80 dignos de reflejarse en los libros de Historia, y al contrario de lo que mucha gente se piensa, no todos son precisamente buenos. Hace ya algún tiempo comenté que los 80, lejos de ser los años de vino y rosas que muchos nostálgicos gratuitos nos quieren vender, fueron años muy difíciles y cargados de incertidumbres. Particularmente durante el primer lustro de la década, en el que raro era el día en que uno no se desayunaba, comía, cenaba y se acostaba sin preguntarse entre otras cosas si el día siguiente no amanecería con un enorme hongo perfilado en el horizonte.

Y es que a los agoreros de la guerra termonuclear total no les faltaron razones para echarse a temblar cuando, en 1980, Ronald Reagan llegaba a la presidencia de unos EE UU que pedían, más que nunca, alguien que les devolviese el orgullo perdido tras la infamante derrota en la Guerra de Vietnam. No en vano, aquel actor de segunda fila reconvertido en político ultraconservador, anticomunista enfermizo por añadidura, había solicitado públicamente en repetidas ocasiones, durante su época de senador por California, el uso de bombas atómicas en aquel país para “borrar de una vez y para siempre el comunismo del Sudeste Asiático”. Con semejantes antecedentes nada bueno podía esperarse en el futuro, si no más bien al revés. Y los acontecimientos pronto se encargarían de demostrarlo cuando, al poco tiempo, los norteamericanos decidieron impulsar su carrera armamentística sembrando Europa Occidental de misiles nucleares (los entonces tristemente famosos “Euromisiles”). A esto respondieron los “ruskies” como no podía ser de otro modo, plantando cohetes en “su” mitad del continente. La Guerra Fría, que durante los 70 había vivido momentos de cierta distensión, se reactivaba ahora con una crudeza desconocida durante años, metiendo el miedo en el cuerpo al mundo entero.

Como suele ocurrir, incluso en los tiempos más sombríos siempre hay alguien con los suficientes arrestos, caradura e inteligencia como para hacer un buen negocio, y ni que decir tiene que fue el cine uno de los sectores que más se beneficiaron de aquella situación. Con el cine de catástrofes ya en franca decadencia, algunos productores avispados vieron que el próximo filón a explotar estaba en la psicosis nuclear, y empezaron a surgir como hongos (nunca mejor dicho) producciones de diverso pelaje destinadas a pantalla grande y TV. Incluso la generalmente sesuda BBC editaría un documental que ilustraba técnicas de supervivencia ante un ataque nuclear (a modo de “manual de instrucciones”) que pegó a la pantalla del televisor a toda Inglaterra.

Cuando pensamos en este tema, a la mayoría de nosotros, así a bote pronto, nos vienen a la mente películas como Juegos de Guerra, la saga de Mad Max (particularmente las dos últimas) o, siendo un pelín rebuscados, Cuando el viento sopla. Todas ellas, con independencia de su temática más o menos común, son notables ejemplos de buen cine. Pero si existe una película que represente como ninguna el horror de aquella situación de psicosis nuclear esa es sin duda El día después, de la que en 2008 se cumplen 25 años desde su estreno por la cadena de televisión ABC.

Porque efectivamente, hablamos de un telefilme que fuera de USA se estrenó en salas comerciales, con unos efectos casi tan devastadores como los de la explosión nuclear que retrata. Efectos que por supuesto también se produjeron en la patria de la Coca Cola, donde El día después aun figura como la película para TV más vista en la historia de aquel país, con picos de audiencia del 60%. Los inteligentes productores del filme supieron ver como nadie la oportunidad de aquella ola de “pánico nuclear”, orquestando una campaña publicitaria previa al estreno que incluía una línea de teléfono para atender posibles casos de crisis nerviosa. Los estupefactos espectadores pudieron asistir, en primera fila y con un grado de detalle jamás visto hasta entonces, al horror de la guerra nuclear que no pocos creían inevitable tal y como estaban las cosas, y el debate posterior a la emisión de la cinta, con el genial y añorado Carl Sagan describiendo con todo lujo de detalles el Invierno Nuclear, acabó por “arreglar” esa noche, al punto de que el propio Ronald Reagan tuvo que emitir posteriormente un comunicado para serenar, en lo posible, los ánimos de la población.

El día después no pasa de ser un filme de catástrofes más, prácticamente calcado de los muchos que se hicieron en los 70 y primeros 80 (solo que cambiando el barco, el avión o el rascacielos por la bomba atómica). Por supuesto, lo más destacable es la secuencia en la que cae la bomba. Teniendo en cuenta los medios disponibles entonces y el presupuesto de la película los efectos especiales son buenos, incluso impactantes, aunque no sirven para plasmar en toda su crudeza los verdaderos efectos y consecuencias de una explosión de ese calibre sobre una zona densamente poblada (en realidad serían mucho peores). Aun así fue suficiente como para afectar en mayor o menor medida a todos los que tuvieron el atrevimiento de verla. Todavía recuerdo una noche en la que, paseando con mis padres, nos topamos con una pareja de amigos que acaban de asistir a la proyección del filme en un cine de la ciudad. Salían de allí completamente pálidos y ella temblaba como un flan, literalmente, mientras acertaban a balbucear comentarios del tipo de “horrible”, “espantosa” o “pesadilla”, y no precisamente porque la cinta les hubiese parecido mala. Yo esperé al video para ver la película y para aquel entonces, con 13 o 14 años, y pese a conocer de sobra los peligros de las armas nucleares tras haber ojeado mucho sobre el tema en libros y revistas, quedé tan impactado que no me atreví a volver a verla entera hasta el momento en que, con objeto redactar este artículo, la pillé en la biblioteca de mi barrio, aprovechando de paso (no voy a negarlo) para enfrentarme a uno de mis demonios particulares. Aun así, y pese a los años que ya me contemplan, no pude evitar “distraerme” en algunos de los momentos más duros. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordar la secuencia de la explosión, y eso pese a la existencia de películas como Terminator 2, que tiró de presupuesto para una secuencia parecida (aunque mucho más corta, claro) ultrarrealista y absolutamente espeluznante contemplada en pantalla grande.

Transcurridas dos décadas y media desde el estreno de El día después, casi nadie recuerda ya la tremenda impronta que éste dejó en una ciudadanía atemorizada, con noticias de portada en el Telediario y todo. Pero dejando a un lado el oportunismo y por qué no decirlo, la caradura de quienes lo idearon, este tinglado tiene sus cosas positivas incluso de cara al futuro, como advertencia para no olvidar un peligro que, aunque aparentemente “minimizado”, sigue estando presente: la situación política ha cambiado mucho y las armas nucleares ya no son noticia de portada en los medios, pero la proliferación nuclear, lejos de disminuir, ha aumentado. Y lo que es peor: ha aumentado el descontrol sobre una parte de esas armas, con consecuencias imprevisibles. Como bien apuntó Carl Sagan, mientras exista en el mundo una sola bomba atómica, el peligro que suponen esas bombas jamás desaparecerá.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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Perros

jueves 9 agosto 2018

Tienes que estar loco, tienes que tener una necesidad real.
Tienes que dormir sobre los dedos de tus pies, y cuando estés en la calle,
Tienes que ser capaz de distinguir la carne fácil con los ojos cerrados.
Y entonces moviéndote en silencio, en la dirección del viento y fuera de toda señal,
Tienes que golpear en el momento preciso, sin pensar.

Y, pasado un tiempo, puedes intentar mejorar tu estilo.
Como una corbata elegante, o un firme apretón de manos,
Una certera mirada a los ojos y una sonrisa fácil.
Tienes que inspirar confianza en la gente a la que vas a engañar,
Así, cuando ellos te vuelvan la espalda,
Tendrás la ocasión de darles una puñalada.

Tienes que mantener un ojo mirando sobre tu espalda.
Sabes que se irá volviendo más duro y más duro y más duro a medida que envejezcas.
Y al final, empaquetarás tus cosas y volarás al sur,
Esconderás tu cabeza en la arena,
Simplemente otro triste viejo hombre,
Completamente solo y muriendo de cáncer.

Y cuando pierdas el control, recogerás la cosecha que has sembrado.
Y mientras el miedo crece, la mala sangre se hace más lenta y se vuelve piedra.
Y es demasiado tarde para alcanzar el peso que normalmente necesitabas para
desenvolverte a tu alrededor.
Así, ten un buen ahogo, mientras caes, solo,
Arrastrado por la piedra.

Tengo que admitir que me siento un poco confundido.
Algunas veces me parece como si simplemente estuviese siendo utilizado.
Tengo que estar despierto, tengo que intentar sacudirme este horripilante malestar.
Si no mantengo mi propio terreno, ¿Cómo encontraré mi propia salida de este laberinto?

Sordo, mudo y ciego, simplemente te empeñas en fingir
Que todo el mundo es prescindible y que nadie tiene un amigo real,
Y te parece que lo que hay que hacer es aislar al ganador.
Y todo esta hecho bajo el sol,
Y crees de corazón, que todo el mundo es un asesino.

Quién ha nacido en una casa llena de dolor.
Quién fue enseñado a no babear sobre el ventilador.
A quién le dijo el hombre lo que tenía que hacer.
Quién fue educado por personal especializado.
A quién sujetaron con un collar y una cadena.
A quién le dieron una palmada en la espalda.
Quién fue separado de la manada,
Quién fue solo un extraño en casa.
Quién fue finalmente oprimido.
Quién fue encontrado muerto sobre el teléfono.
Quién fue arrastrado por la piedra.

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Publicado por Luis / Archivado en:Letras
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Mogwai – Happy Songs For Happy People

miércoles 8 agosto 2018

Mogwai
Happy songs for happy people
Matador 2003

“Happy songs for happy people” es un nuevo peldaño en la imparable carrera de Mogwai, un paso adelante pero también una reflexión sobre el pasado, sobre su impecable trayectoria, aplicando logros del pasado para escribir su propio presente, como en “Ratts of the capital” donde ofrecen la ansiada catarsis eléctrica que les hizo famosos y temidos.
Apenas hay nuevos elementos a añadir a su espectro sonoro, repiten los cellos y pianos de “Rock Action” (2001) aquí mas destinados a crear ambientes que a conformar melodías, “moses I amn’t” y “golden porche” son dos buenos ejemplos, estampas otoñales de soledad y tristeza.
“boring machines disturb sleep” remite a “Come on die young” (1999) por su tremendo tono opresivo, oscuro, insano.
También hay espacio aquí para temas luminosos y elegantes como “Hunted by a freak”, el tema que abre el disco, una composición acuosa y extraña.
Este es ya el quinto álbum de Mogwai, y siguen sonando tan extraños y fascinantes como con su primer disco, a pesar de que muchos creiamos ya conocerles.
El disco de 2003 de Mogwai es sin duda inferior a aquel magnifico “Rock Action”, aquel apostaba decididamente por las canciones y este “Happy songs for happy people” apuesta mas por la construcción de espacios sonoros trabajando por limpiar el sonido sin dejar de añadir matices, en un proceso que no parecen haber acabado aun, siguen estando muy por encima del resto, y su evolución sigue siendo imparable.

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Mercury Rev – The Secret Migration

martes 7 agosto 2018

Mercury Rev
The Secret Migration
V2 2005

Quienes siguiesen de cerca la escena independiente norteamericana de los 90 convendrán conmigo en que un rasgo determinante de todos aquellos grupos era su marcado carácter amateur, carácter que sin duda fue fundamental para lograr la frescura y la originalidad que se alcanzó en aquellos mágicos años, pero que también sirvió de escusa para ignorar e infravalorar esta música en determinados momentos , en determinados círculos y en determinadas circunstancias.
Aunque Pavement, Sebadoh, Built To Spill y algunos otros entregaron obras de gran magnitud que hoy son consideradas auténticos clásicos en su momento se echó en falta alguna obra rotunda, inapelable, preciosista, a la altura de los grandes clásicos, con la intención de lograr esas metas se gesto “Desserter Songs” (1998), la obra cumbre de Mercury Rev y uno de los discos clave del rock moderno, un compendio meticuloso, vanguardista, atrevido y excitante de orfebrería sónica, una obra preciosista y rica en detalles con la que el grupo de Jonathan Donahue rompía definitivamente con la herencia de David Baker de ruido y caos.
Cuando se entrega una obra de tal magnitud es inevitable que todo lo que venga después tenga que pasar por un riguroso filtro, “All Is Dream” (2001) fue un disco a mi juicio infravalorado, un disco que ahondaba en las sendas abiertas y que ofrecía momentos de indudable belleza. Tres años mas tarde, este “The Secret Migration” seguramente no conseguirá cambiar el juicio de quienes les criticaron hace tres años pero no cabe ninguna duda de que ofrece momentos memorables a la altura de sus mejores creaciones.
Mercury Rev, junto a escogidos grupos como Flaming Lips o Spiritualized basan su discurso en la creación de atmósferas particulares a partir de la adición de múltiples y variados elementos sonoros. En el caso de Mercury Rev la estructura rock de las canciones nunca es dejada totalmente de lado, aunque a menudo se reinterpreta al servicio de su particular universo impregnado siempre de referencias oníricas, psicodélicas y psicóticas de libre interpretación.
En este “The Secret Migration” encontramos temas épicos y solemnes como la inicial “Secret For A Song” o la magnifica “Black Forest (Lorelei)”, llenas de matices que se van descubriendo en cada escucha, también hay momentos intimistas y delicados como “Across Yer Ocean” y verdaderas obras ciclópeas de ingeniería, rutilantes y salvajes con sonidos procedentes de quien sabe donde que deslumbran y seducen como “My Love” o “Arise” conformando el conjunto un disco realmente mágico y muy especial, similar en intenciones a sus anteriores trabajos aunque con resultados distintos, en ningún caso es un paso atrás en la carrera de un grupo que se mueve por unas sendas difíciles de transitar para el resto de los mortales.

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The Fire Theft

lunes 6 agosto 2018

The Fire Theft
The Fire Theft
Rykodisk 2003

La Sombra, la influencia y la importancia de Sunny Day Real State crece cada día, con la perspectiva que dan los años, aquellos cuatro discos publicados en el transcurso de esas ya míticas dos reuniones son ya considerados auténticos clásicos, y es que el efecto devastador de temas como “Seven”, “In Circles”, “Every single time you arrive” y otras muchas no ha hecho sino crecer en intensidad y emoción con el paso de los años, para definir sus canciones se acuño la etiqueta emo-core, una etiqueta que encajaba como un guante para definir su música: contundente, emocionante, melódica, oscura y épica.
SDRE han dejado tras de si una legión de fans que han convertido su historia en leyenda, y esa leyenda nos dice que en el 2002, tras confirmarse la segunda disolución de la banda, Jeremy Enigk y William Goldsmith, que compartían apartamento, decidieron que querían seguir tocando juntos, esa simple motivación de seguir adelante fue la que les llevo a organizar una serie de shows ya bajo el nombre de The Fire Theft, mas tarde Nate Mendel, como un hijo prodigo, en un receso de su actividad con Foo Fighters se uniría de nuevo a sus antiguos compañeros.
Entraron en el estudio por tanto tres cuartas partes de SDRE, dispuestos a empezar otra vez de cero, por respeto a Dan Hoerner y abordando el nuevo proyecto como un desafío mas.
El primer disco de The Fire Theft no decepcionara en absoluto a los fans de SDRE, encontramos aquí todas y cada una de sus señas de identidad, canciones atmosféricas, oscuras, emocionantes y llenas de matices, conformando un disco sólido y sin fisuras, con momentos que rayan a gran altura.
Si queremos buscar las diferencias con SDRE habremos de buscarlas en los pequeños detalles, en una producción muy cuidada que hace acopio de instrumentos clásicos y que se recrea en adornar esos ambientes melancólicos y desesperados que tan bien dibuja el ahora trío, así “Uncle Mountain”, el tema que abre el disco, discurre casi entre algodones, con una delicada y preciosa introducción que da paso a la inconfundible voz de Enigk y a un súbito crescendo eléctrico cargado de intensidad. El resto del álbum discurre por parámetros similares, temas tranquilos y reflexivos con puntuales apuntes de esa fiereza punk que se les presupone. The Fire Theft hacen acopio de múltiples elementos para adornar esos cargados ambientes que describen, pianos, instrumentos de cuerda y complejas orquestaciones que contribuyen a dar al conjunto una calidez y una profundidad sobresaliente.
The Fire Theft no son SDRE, y no lo son porque eligen no serlo, no tocaran ningún tema de aquellos cuatro discos en sus conciertos, en una valiente apuesta por ellos mismos y su nuevo proyecto, tan valido y tan positivo como lo fue el de Sunny Day Real State.

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