Marathon Man

sábado 14 abril 2018

Marathon Man (1976)
Director: John Schlesinger
Intérpretes: Dustin Hoffman, Laurence Olivier, Roy Scheider, William Devane, Marthe Keller

En los años 70 el recuerdo de la II Guerra Mundial todavía permanecía muy vivo en la memoria popular. Muchos criminales nazis se encontraban en paradero desconocido desde el apocalipsis del Tercer Reich y se les suponía llevando una vida oculta, agazapados entre nosotros cual hombre del saco a la espera de cualquier oportunidad para asestarte un nuevo zarpazo, sobre todo si eras judío. El novelista William Goldman canalizó aquel sentir común para dar forma a una novela cuyos derechos para el cine serían adquiridos por el productor Robert Evans, dando origen a una de las películas capitales de la década.

Se podrían destacar muchas cosas de Marathon Man, pero si algo sobresale especialmente es la presencia de un verdadero dios: Laurence Olivier. A día de hoy muchos le siguen venerando como el mejor actor británico que jamás haya pisado un escenario teatral, y no son pocos los que elevan esta afirmación hasta los platós de cine. Pero cuando aceptó participar en la película, Olivier llevaba varios años sin apenas poder trabajar: gravemente enfermo de cáncer, de gota, padeciendo mil achaques más, el hombre apenas podía tenerse en pie, y pocos creían que llegaría a terminar el rodaje con vida, hasta el punto que ninguna aseguradora quiso firmarle la póliza habitual para cubrir posibles riesgos durante la filmación. Sin embargo, el legendario actor sorprendió a todos por su entereza, tirando de casta, de coraje y de estoicismo para sobreponerse a los males que le acosaban, y logrando una interpretación más que notable en un papel que le había gustado mucho cuando se lo ofrecieron. Marathon Man fue como un bálsamo para él y el cáncer, la gota y sus múltiples achaques remitieron. Acabó viviendo hasta 1989, apareciendo hasta entonces en muchas otras películas.

Mucho se ha hablado de la relación de Laurence Olivier con el protagonista, un Dustin Hoffman ya por entonces consagrado como estrella y con fama de ser uno de los mejores actores americanos de su generación. A través de los años se han difundido múltiples rumores y anécdotas sobre la supuesta rivalidad que surgió entre ellos durante el rodaje de la película. Aunque es cierto que Olivier solía meterse con Hoffman por sus particulares métodos para lograr una interpretación convincente (ejemplo: colocarse una piedra en el zapato para simular cojera en Cowboy de medianoche), la realidad es que el actor británico lo hacía más que nada por cachondeo, pues acto seguido él mismo se partía de risa recordando cómo, siendo joven, se jugaba el pellejo a diario para dar más verosimilitud a sus interpretaciones de Shakespeare en el teatro. La relación entre ambos llegó a ser muy estrecha, hasta el punto de que, en alguna entrevista, el bueno de Dustin ha llegado a emocionarse recordando sus vivencias junto al mítico actor inglés, cosa que sorprende en una persona al que las malas lenguas acusan de tener un carácter pelín podrido. Mención aparte se merece Marthe Keller, quien demostró que Toshiro Mifune no era la única persona capaz de aprenderse fonéticamente un guión: la actriz, de origen suizo, no tenía ni puñetera idea de inglés cuando llegó al set de rodaje, y recita sus frases vocalizando de memoria, sin comprender realmente en ningún momento qué es lo que está diciendo. Y no lo hace nada mal.

Vale la pena dedicar parte de nuestro tiempo libre para visionar Marathon Man, una cinta relativamente pequeña que supo ganarse un hueco en el maremagnum de superproducciones que se estilaban por aquel entonces en Hollywood, inmerso en un momento decisivo de su historia (un año antes del estreno se había estrenado Tiburón, y uno después lo haría La Guerra de las Galaxias), y que de hecho han empequeñecido el éxito que tuvo en su momento, relegándola casi al olvido. Un buen guión, sorprendente y con escenas memorables como las del duelo entre el judío “Babe” Levy y el despiadado torturador nazi Szell, un reparto de campanillas y todo aglutinado por un director que supo sacarle partido a lo que tenía entre manos, no puede dar como resultado otra cosa que no sea una buena película. Y Marathon Man lo es.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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Damien Rice – O

viernes 13 abril 2018

Damien Rice
O
Vector 2003

Aparéntemente este “O” no tiene nada de especial, un disco que suena como muchos otros, con una estructura y unos ingredientes usados por tantos otros en tantas ocasiones, demasiado previsible, demasiado directo para lo exigentes que son nuestros oidos en estos tiempos que corren.
Suelo escuchar música mientras hago otras cosas, supongo que como muchos otros, mientras reviso el correo, navego o leo una revista, de vez en cuando (muy de vez en cuando) una canción te hace detenerte y centrarte en su escucha, una canción que eclipsa todo lo demás, que llena todo el espacio, esa canción fue “Blowers Daughter”, una canción que hizo que prestase un poco de atención al debut de Damien Rice, y que me descubrió la increible colección de canciones que encerraba.
Damien Rice es un compositor irlandes, que se hace acompañar por poco mas que su guitarra acústica y un reducido grupo de buenos amigos que le secundan en sus conciertos y en sus grabaciones, grabaciones cimentadas en una sencilla base folk acústica que adorna con sencillos arreglos de cuerda arropando su voz y su guitarra, poco mas.
Definitivamente su voz es potente y hermosa, sus composiciones acertadas e inspiradas, sus letras conmovedoras y profundas, pero mas allá de todo eso, lo que de verdad hace este disco tan especial se descubre con el paso del tiempo, con el poso que van dejando en la memoria de tu corazón canciones como “Vulcano”, “Cannonball”, “Amy” o “Older Cheats”, canciones a las que terminas por recurrir cuando no apetece escuchar nada, cuando te sientas a oscuras en tu habitación envuelto en recuerdos amargos y en anhelos imposibles, porque “O” te habla de tu a tu de esas quimeras, de amores inalcanzables, de la soledad, de la desconfianza y de la amargura de la mentira, canciones dolorosas y oscuras, si, pero a la vez impregnadas de un extraño y luminoso destello de esperanza.
“O” tiene una profundidad emocional equiparable a la que Red House Painters o American Music Club plasmaban en sus composiciones, aunque el tono no es ni de lejos tan desesperado, tan negativo, las canciones de Damien Rice buscan el camino de la belleza para escapar de la tristeza, y hallan el consuelo en la reflexión serena y amarga, no busca culpables porque rara vez los hay cuando es el amor el que hace sufrir.
A pesar de la sencillez casi de música de dormitorio que transmite, “O” es un disco soberbiamente grabado y producido, concienzudamente preciosista, cargado de detalles y matices que se amplian con cada escucha, accesible y luminoso, sin buscar en ningún momento trucos fáciles para llegar a un determinado público.
Aunque en España su música aún no es demasiado conocida Damien Rice tiene ya toda una legion de seguidores que realizan preciosistas paginas de fans en las que comentan las letras, las giras, las portadas de sus discos, en las que publican fotos y hablan de sus temas, con un fervor casi religioso hacia todo lo que envuelve al músico.
De vez en cuando resulta verdaderamente gratificante encontrarse con discos como éste, discos que no buscan el último giro al post-rock ni la última revisión al brit-pop o a la psicodelia de los 60, discos que no buscan como sonar sino que simplemente suenan guiados por el talento y la inspiración.

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Publicado por Luis / Archivado en:Discos
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Cai En Los Dias Negros

jueves 12 abril 2018

Todo lo que he temido ha llegado a la vida
Todo lo que he combatido se ha convertido en mi vida
Justo cuando parecía que los días me saludaban con una sonrisa
Las manchas solares han desaparecido
Y ahora estoy haciendo tiempo
Porque caí en los días negros

Todo aquel a quien he curado He enfermado ahora
Todo aquel a quien he acunado he puesto abajo
Soy un alma de luz, ellos dicen
Pero no puedo verlo en la noche
Sólo estoy fingiendo cuando estoy bien
Porque caí en los días de negro
¿Cómo iba a saber
Que éste podría ser mi destino?

Así que lo que querías ver bien te ha hecho ciego
Y lo que querías hacer tuyo se ha hecho mio
Así que no encierres algo que querías ver volar
Las manos son para moverlas
No para estar atadas
No para estar atadas

Estoy seguro que no les importa un cambio
Pero me quedé en los días de negro
¿Cómo iba a saber
Que éste podría ser mi destino?

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Publicado por Luis / Archivado en:Letras
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Como Un Huracan

miércoles 11 abril 2018

Una vez creí verte
en un repleto y brumoso bar,
Bailando bajo la luz
de estrella en estrella.
Lejos, a través de un rayo de luna,
supe quién eras,
vi tus ojos marrones convertirse en fuego.

Eres como un huracán,
hay calma en tu mirada
y haces que salga volando hacia algún sitio
más seguro donde permanezca el sentimiento.

Sólo soy un soñador,
pero tú sólo eres un sueño,
podrías haberlo sido todo para mí.
justo en ese momento besaste mis labios
y fue ese el perfecto sentimiento
en que se deslizó el tiempo
en nuestro nebuloso viaje.

Eres como un huracán,
Hay calma en tu mirada
y haces que salga volando hacia algún sitio
más seguro donde permanezca el sentimiento.

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Publicado por Luis / Archivado en:Letras
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Richard Hawley – Coles Corner

martes 10 abril 2018

Richard Hawley.
Coles corner.
Mute U.S. 2005.

Richard Hawley es más conocido por haber girado como guitarrista de Pulp. Ha sido músico de sesión para artistas como Perry Farrell, Beth Orton, Robbie Williams o Nancy Sinatra. Tocó en el grupo pop ochentero Treebound Story y conoció la fama y los excesos con Longpigs en los 90. Se aproxima a los 40 años y tiene 4 discos.Llama la atención en el cantante y guitarrista su timbre vocal, viril, seco, cálido, grave y con un leve vibrato al rematar las frases que lo acerca mucho al estilo vocal de Elvis Presley, Johnny Cash o Scott Walker. Ha sido calificado de nuevo crooner, lo cual es una falta de precisión un poco torpe, y conlleva un encasillamiento innecesario. El estilo es practicamente country, folk norteamericano, a veces pop. Melancólico, lleno de añoranza y ensoñación, sus texturas y los sonidos de las guitarras se encargan de acentuar la cualidad vocal de la que emana este efecto. En estas canciones casi no hallamos solos ni pasajes instrumentales que vayan más allá del breve reposo y el arreglo comedido.
Tiene una calidad compositiva alta, en un plano distinto al poprock. Scott Walker telefoneó personalmente al artista para felicitarlo, y Nancy Sinatra estuvo encantada de llevarlo como acompañante, resultando que alguna noche tenía más éxito su combo, que realizaba la apertura al recital de la diva, que ella misma. Sus canciones parecen haber sido oidas antes. Se asimila en esta obra a una tradición compositiva e interpretativa clásica. Es un disco agradecido, resultando natural escucharlo de principio a fín tal como ha sido ideado. Es corto ( 11 piezas breves ). Al principio puede no ser tomado en serio, resultar parecido a nombres demasiado evidentes, pero tras las sucesivas escuchas se perciben una sinceridad y entrega artesanal absolutas.
La idea que sirve de base al disco está en el título, que es la esquina de unos almacenes en su ciudad natal de Sheffield, tradicional punto de encuentro de amigos y amantes.
Entre los músicos que participan, cabe destacar al encargado de los arreglos de cuerda, Collin Elliott. Su trabajo es excelente en la apertura del disco y sobre todo en The ocean, con unos arreglos que tienden a lo épico, próximos al estilo de una banda sonora y con un ligero toque impresionista, una de las mejores canciones del disco. Cuando el cantante sube una octava en la recta final de la canción, repitiendo el estribillo, acompañado por la creciente intensidad de las cuerdas y apareciendo un nuevo arreglo de guitarra hasta que la voz llega hasta la última frase, consigue un resultado conmovedor.
Contiene algunas texturas jazzísticas ( Coles corner, con acompañamiento de contrabajo y sección de cuerdas ) a veces sonando a balada de rhythm´n´blues juvenil cincuentero ( Hotel room, con el piano meciendo gustosamente el ritmo durante todo el tema y una base armónica sobre la que se habrán escrito cientos de temas, con un delicioso slide adornando ), en otros momentos suena a country clásico, como en Just like the rain, a ritmo de tren elaborado con escobillas ( que predominan sobre las baquetas en toda la grabación ). El sonido obtenido en la mezcla destaca los timbres naturales de los instrumentos, siendo sumamente agradable.
Remata con una disolución realizada mediante dos canciones, un a capella, Who´s gonna shoe your pretty little feet , sobre una delicada melodía, y el instrumental Last orders, muy cercano a los experimentos de M. Ward, con quien tiene en común su afecto hacia la música tradicional. Consigue así dejar al oyente en un placentero estado de reposo final. Destacan también las baladas Tonight y Darlin´ wait for me, exquisitas.
Muy buen disco, en resumen, superando sus anteriores trabajos y altamente recomendable.

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Publicado por teresa / Archivado en:Discos
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