Neil Young & Crazy Horse

Martes 5 mayo 2015

Si hay una persona que pueda condensar todo lo que ha dado de si el Rock norteamericano de los últimos 30 años, ese es Neil Young, su trascendencia es de la misma importancia que la de Elvis o Bob Dylan pero con una diferencia fundamental, el ha sabido mantenerse en activo y en plena forma durante todos los momentos de una carrera que llega ya a los 40 años.
Neil Young ha abordado todos los estilos musicales: Folk, Country, Soul, Rockabilly, Psicodelia, Techno, Heavy, y de todos ellos ha sacado resultados provechosos, algunas veces discutidos, pero siempre interesantes.
Gran parte de la leyenda de Neil Young, no obstante, es mérito de su banda, una banda que le ha acompañado siempre en sus momentos mas ruidosos, en sus obras mas épicas, en sus discos eléctricos: The Crazy Horse.
Billy Talbot, Ralph Molina y Danny Whitten , ya reunidos con el nombre de “The Rockets” era una banda que ofrecía vigorosos conciertos en el área de Chicago allá por 1968, destacaba la fuerza que conseguían arrancar a sus guitarras y sus composiciones llenas de energía.
Neil Young acababa de iniciar su carrera en solitario tras la disolución de Buffalo Springfield y andaba un tanto desorientado respecto al rumbo que debían llevar sus composiciones, como demuestra el difuso “Neil Young” de 1968.

Young y los Crazy Horse se conocieron en un club de Chicago donde estos últimos actuaban y les propuso ser su banda de acompañamiento para una serie de Shows, la cosa funciono enseguida, el grupo ofrecía a Young potentes entramados rítmicos para que el canadiense pudiese desfogarse a gusto con su guitarra y sus composiciones.
La relación cuajo en un primer disco, “Everybody Knows this is Nowhere” (1969), que ya sentaría la base del sonido eléctrico de Young, caracterizado por bases rítmicas pétreas, desarrollos largisimos, y una aparente suciedad de sonido, una cierta imperfección en la ejecución muy característica. Temas como “Down By the river” o “Cowgirl in the Sand” superan los 8 minutos, pero podrían durar media hora cada uno y el oyente seguiría sin percibir el paso del tiempo, son canciones cautivadoras, épicas, alucinantes, es imposible permanecer impasible ante la sensación de escuchar a cuatro músicos dando todo lo que llevan dentro.
El disco contiene otro gran clásico: “Cinnamon Girl”, una de las mejores y mas evocadoras composiciones de Young, con reminiscencias a su etapa Buffalo Springfield aunque pasada ya por el tamiz Crazy Horse.

Tras esa primera y provechosa colaboración Young volvió con renovadas fuerzas a su carrera en solitario, mas centrada en el Country y en el Folk, en su guitarra acústica y en ambientes mas tranquilos, simultáneamente Danny Whitten empezaba a tener problemas con la heroína, Neil Young le haría en “Harvest” (1972) una estremecedora advertencia: “The Neddle and the Damage Done”.
Whitten fallecería de sobredosis meses mas tarde, cuando Young preparaba una gira junto a Crazy Horse, esa muerte marcara definitivamente la carrera del canadiense, que firmara algunos de los discos mas estremecedores y oscuros de su trayectoria: “Times fades away”, “On the beach” y sobre todo “tonight’s the night” una especie de exorcismo bañado en alcohol junto a los Crazy Horse supervivientes y músicos llamados para la ocasión, el roadie Bruce Berry murió también de sobredosis en esa época, a el esta dedicada la canción que abre y cierra el disco: “Tonight’s the Night”.

“Tonight’s the night” era la terapia que necesitaba Young y su banda para enterrar definitivamente el pasado y mirar hacia delante, en 1975, Frank “Poncho” Sampedro entra en Crazy Horse como segundo guitarrista, con una formación ya fija el grupo entra en el estudio para las sesiones de lo que seria otro disco inolvidable: “Zuma”, un torbellino de electricidad que ofrece mil y un matices distintos al oyente, temas que van del Country-Rock de “Looking for a love” a breves piezas de Rock enérgico y potente como “Don’t cry no tears”, pero es en los temas largos donde el grupo vuelve a demostrar todo su potencial, cruces inverosímiles de guitarras, melodías densas e hipnóticas, “Danger Bird” y “Cortez the Killer”. Para muchos el mejor disco de Neil Young.

“American Stars and Bars”, el disco de 1977 fue un extraño experimento, con recortes y temas de diversas épocas, destaca sobre todo por contener un absoluto clásico de la banda: “Like a Hurricane”.
En 1978 Neil Young publico otro disco, “Comes a time”, esta vez se trataba de una vuelta a los tiempos del “Harvest”, medios tiempos entre el folk y el country con grandes canciones como la propia “Comes a Time” o “look out for my love”. Algunos medios en EE.UU. y en Inglaterra dieron a Young por acabado tras este disco, en plena ebullición punk, “comes a time” resultaba un disco demasiado comercial, demasiado acomodado, Young no tardaría en ofrecerles un buena respuesta….

La respuesta fue “Rust Never Sleeps” un disco monumental, como monumentales son los instrumentos que aparecen en la portada, un compendio de toda su trayectoria y además una ruptura con el pasado, un paso adelante, adoptando el punk en su lenguaje, añadiendo mil matices nunca antes vistos, mostrando una energía y una vitalidad que le situaba ya a años luz de los compañeros de su generación y que dejaba en evidencia la “supuesta” transgresión punk. Dos caras, una acústica, con temas como “Trasher”, “Pocahontas”, “Ride my Llama, y otra eléctrica, con canciones como “Powderfinger”, o“Welfare Brothers”. Abriendo y cerrando el disco, “hey, hey, my, my” en acústico y en eléctrico. Sin palabras.
A “Rust Never Sleeps” le siguió un disco en directo, “Live Rust” necesario para dejar constancia de los directos de aquella época.

“Hawks and Doves” (1980) fue un disco de transición, una obra menor, con una banda de circunstancias, a punto de dejar su compañía para fichar con Geffen, con Crazy Horse grabaría en 1981 el extraño “Re-Ac-Tor” recientemente editado en CD y ya no volvería a contar con ellos hasta años mas tarde, pasada ya su etapa experimental en Geffen donde grabó su disco tecno “Trans” (1982), una rareza en clave Rocabilly: “Everybody’s Rockin´” (1983), un disco Country: “Old Ways” (1985) y el vanguardista y extraño “Landing on Water” (1986)

En 1987 Young reúne a los Crazy Horse para una extensa gira, para después grabar el que sería su último disco para Geffen: “Life”, un disco irregular y un tanto decepcionante, mezclando la experimentación de sus álbumes anteriores con el sonido clásico de su banda, un disco muy marcado por sus problemas con su compañía y muy politizado, en plena era “Reagan” Young se mostro muy crítico en este disco con la política belicista de los EE.UU. un disco de transición.
“This note´s for you”, publicado en 1988 junto a The Bluenotes, fue otro paréntesis interesante en su carrera, una valiente aproximación al Blues y al Soul que tendría su continuación años mas tarde, no participan los Crazy Horse pero desde entonces será habitual encontrar a Frank “Poncho” Sampedro secundando a Young en sus experimentos y escapadas.
En 1989 llega “Freedom”, un gran disco eclipsado por lo que vendría después, con un himno del calibre de “Rockin´in the free world” y grandes canciones como “The ways of love”, “No more” o la hipnotica y extraña “Crime in the city”.

1990, de la mano de Husker Du, Pixies, Sonic Youth y otras tantas bandas, el rock norteamericano parece entrar en una nueva época dorada, la distorsión, el ruido, el humo y las melenas empiezan a invadir la MTV, de nuevo Young se halla en una situación incomoda, sus experimentos son considerados excentricidades de estrella caduca, de nuevo se tendrán que tragar sus palabras…
“Ragged Glory” es Neil Young & Crazy Horse al 100%, aquí no hay experimentos con el Soul, no hay sintetizadores, no hay guitarras acústicas, ni banjos, ni violines, lo que hay son cuatro tipos, que entre todos suman mas de 200 años, tocando Rock al limite, guitarras a un volumen infernal, temas de mas de nueve minutos, intensidad y emoción sin límites, sin ningún tipo de concesión o complacencia, “Country Home”, “Love to burn”, “Over and Over” o “Fuckin´up” entran sin problemas, entre lo mejor y lo mas enérgico de su repertorio, de este disco procede su apodo de “padrino” del Grunge, de nuevo Young se convirtió en el espejo de miles de jóvenes músicos.
Inevitablemente, como ya paso con “Rust Never Sleeps” a este disco le seguiría un directo: “Weld” (1991), Sonic Youth entraron en escena y mezclaron lo que seria “Arc” con fragmentos de distorsiones y acoples de guitarras, el conjunto se llamaria “Arc-Weld”.
Tras la tempestad llega la calma, tiempo de revisitar los parajes de “Harvest”, con los mismos músicos Young grabo en 1992 “Harvest Moon” otro delicioso disco que alargaba aun mas la sombra del canadiense.

El suicidio de Kurt Kobain, y la frase “It´s better to burn out than to fade away” (de “Hey, hey, my, my”) incluida en su nota de suicidio, marco profundamente a Neil Young, “Sleeps With Angels” (1994) es su homenaje al músico muerto, de nuevo junto a Crazy Horse, Young entrega un disco oscuro, tétrico, temas como “Change your mind” o “Piece of crap” brillan a gran altura.
1995, Pearl Jam, grandes fans de Neil Young, coinciden con él en varios conciertos y le proponen grabar un disco juntos, ante su sorpresa el canadiense acepta, “Mirrorball” (1995) intenta sonar como “Ragged Glory” pero resulta evidente que Pearl Jam no eran Crazy Horse. Un disco menor para Young, la experiencia de sus vidas para Pearl Jam.
“Broken Arrow” (1996) de nuevo junto a los Horse muestra evidentes síntomas de agotamiento, se repite la fórmula de “Ragged Glory” y de “Sleeps with Angels” pero con resultados notablemente mas pobres, era tiempo para Young de volver a sus parajes acústicos y a sus experimentos.
Antes, a raíz del imprescindible documental “Year of the horse” de Jim Jarmush, saldría publicado un nuevo directo, que constataba una vez mas el estado de forma, casi inhumano, de la banda en vivo.
Después, el notable “Silver And Gold” (2000) en solitario, y el irregular “Are you passionate?”(2002) junto a los Bluenotes.
El tiempo dirá si este articulo necesita una segunda parte, “Greendale” marca el retorno a la actualidad de Neil Young & Crazy Horse y el futuro esta aún por salir de la guitarra de Young.

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En el nombre del padre

Lunes 4 mayo 2015

In the name of the father (1993)
Director: Jim Sheridan
Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Pete Postlethwaite, Emma Thompson, Marie Jones, Don Baker

En asuntos de cine soy un poco como el nunca suficientemente adorado Carlos Pumares: si una peli me gusta soy perfectamente capaz de verla varias veces en un lapso relativamente corto de tiempo, mientras “aparco” durante meses otras cintas con cuyo visionado me apetece menos enfrentarme, sea por el motivo que sea. Es cuestión de apetencias, como digo.

Este es el caso de, por ejemplo, En el nombre del padre. Quien más o quien menos es seguro que la ha visto un par de veces, aunque sea por lo mucho que se ha emitido por TV. Sin embargo eso no quita para que siga siendo una cinta muy recomendable.

Parece que fue hace una eternidad, pero no hay que retroceder mucho para encontrar a Irlanda del Norte (y por ende a la propia Inglaterra) sumida en el caos por las luchas entre los británicos y los terroristas del IRA. En los años 70 la situación allí era prácticamente de guerra abierta, y para atajarla el gobierno de entonces tomó una determinación tristemente familiar en estos casos: restringir las libertades civiles. La decisión, lejos de mejorar las cosas, condujo a uno de los sucesos más ignominiosos en la historia reciente del Reino Unido, cuando a unos pobres desgraciados se les acusó de colocar una serie de potentes bombas en varios pubs de Guildford (ciudad cercana a Londres) frecuentados por militares. Condenados de antemano por una sociedad alienada y sedienta de venganza, sentenciados a cumplir severísimas penas, los conocidos como “los Cuatro de Guildford” y “los Siete Maguire” languidecieron en la cárcel durante quince años hasta que al fin se pudo demostrar que no habían cometido delito alguno. Uno de los principales encausados, Gerry Conlon, escribió un libro contando su triste desventura, el cual sirvió al director Jim Sheridan como base para una película cuyo enorme éxito de crítica y de taquilla puso “de moda” en Hollywood el espinoso asunto de Irlanda del Norte, propiciando una buena serie de filmes relacionados con el tema Como suele ocurrir con los “biopics”, muchas veces resulta curioso comparar realidad y ficción cinematográfica, pues casi siempre ambas tienen muy poco que ver, y muchas veces se tergiversa todo lo que haga falta para darle “consistencia argumental” al guión.

En el caso que nos ocupa, por ejemplo, el “leiv motiv” que justifica la película (la relación entre padre e hijo durante su encarcelamiento) jamás existió: siguiendo las rígidas normas de entonces, a los encausados en el “Caso Guildford” se les juzgó por separado y tras ser condenados se les dispersó a lo largo y ancho de la Gran Bretaña, de forma semejante a como se hace en España con los presos de ETA. Así pues, en la realidad Gerry Conlon y su padre, Giuseppe, jamás compartieron celda tal como se ve en la película; ni siquiera cárcel, y su relación fue prácticamente inexistente. Tampoco el personaje de la letrada Gareth Peirce se ajusta completamente a la realidad, pues para empezar no llegó a conocer a Giuseppe Colon, porque el pobre hombre ya había fallecido cuando ella se hizo cargo del caso. Todo esto (y alguna cosa más que me dejo en el tintero por no alargarme en exceso) no fue obstáculo para que En el nombre del padre fuese un gran éxito y le gustase a casi todo el mundo: a la mayoría de los presos y a sus familias la película les sentó como una patada en la entrepierna con una bota de hierro, al dejar prácticamente al margen su sufrimiento mientras los dos Conlon se erigían en protagonistas absolutos, elevados ambos a la categoría de mártires. Y más habiendo sido Gerry, por añadidura, culpable en buena medida de que todos los demás diesen con sus huesos en la cárcel al confesar su implicación en el crimen, aunque en su descargo hay que decir que, en coincidencia con la película, dicha confesión se produjo tras ser torturado cruelmente por la policía durante días.

Dejando a un lado todas estas “curiosidades”, hay que reconocer que En el nombre del padre es una gran película. Se demuestra cuando el director (y también guionista en este caso) consigue hacer creíble algo a priori tan inverosímil como que a un padre y a su hijo se les permita compartir celda casi como si tal cosa, encima siendo ambos supuestos militantes del IRA juzgados por delitos de sangre. En esto los actores tienen también su parte de responsabilidad, pues todos ellos lo hacen francamente bien, aunque en particular yo me quedo con Pete Postlethwaite, cuya actuación es sencillamente para enmarcar y eclipsa a la de Daniel Day Lewis cuando ambos comparten escena, pese a que la “química” establecida entre ellos funciona a las mil maravillas. Si a eso le unimos una banda sonora muy cuidada y multitud de pequeños detalles más, no cabe duda de que estamos ante una de las mejores cintas de los años 90. Además no puede decirse que haya perdido vigencia ni mucho menos, a pesar de contarnos unos hechos acaecidos hace décadas: ahora que muchos gobiernos están aprovechando la llamada “guerra contra el terrorismo global” como excusa para coartar las libertades y sojuzgar cualquier pensamiento disidente, el mensaje de fondo de este filme (la denuncia sobre el uso del miedo por las castas dirigentes como “cortina de humo” para ocultar males mayores y justificar, para provecho propio, comportamientos de otra forma censurables) resulta estar en plena vigencia. En este sentido, En el nombre del padre es todo un aviso a navegantes. No sobre lo que pasó y podría volver a pasar, si no sobre lo que ya está pasando.

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Simon Bonney – Forever

Domingo 3 mayo 2015

Simon Bonney
Forever
Mute Records 1992

Simon Bonney - ForeverCantante australiano, este es el primer disco de los dos que ha grabado en solitario, después de disolverse la banda con la que obtuvo mayor repercusión internacional, Crime & The City Solution (banda por la que pasaron componentes de los Birthday Party, Bad Seeds, Swell Maps y Einsturzende Neubauten). En sus orígenes en Sidney y en Melbourne (allá por 1977-78) estaba muy influenciado por la música punk y por el Nick Cave de los Birthay Party (aunque hay quien dice que era Nick Cave el influenciado por Simon Bonney. Lo más probable es que coincidiendo en época, en lugar y en pleno desarrollo musical ambos bebieran de fuentes similares, adoptando logicamente unas actitudes con múltiples similitudes). Luego se mudaría a Londres y Berlin pasando el grupo por diferentes etapas hasta que se deshace en 1990. En 1991 se traslada, junto con su pareja Bronwyn Adams, a Estados Unidos, donde se siente fuertemente atraído por la música americana de raíces, influencia que marca claramente este trabajo, con un sonido destacadamente acústico, acompañamiento de guitarras y mandolina (J.D.Foster -Green On Red-), lap steel, bottle-neck guitar y dobro (Jon-Dee Graham), violín (Bronwyn Adams), envueltos en atmósferas mágicas creadas por cautivadores coros femeninos, el piano, órgano (Reinhold Heil) y unos bajos y percusiones profundos que penetran hasta los sentimientos más recónditos.
Nueve canciones compuestas por Simon Bonney, contando con la colaboración de J.D.Foster para la música de ‘Like Caesar Needs A Brutus’, la canción más eléctrica del disco. Se trata de un álbum que fascina y seduce de principio a fin, con las dosis exactas entre épica, folk-rock y country, intimidad, orgullo y desgarro mesurado, pareciendo gravitar en un plano superior a los sonidos, llegando a grados de sensaciones místicas. La voz abaritonada y profundamente sincera de Simon Bonney abre el disco con ‘Ravenswood’, en la que pide que la lluvia caiga sobre él mientras los instrumentos crean el ambiente de tormenta y las percusiones parecen truenos lejanos. Este mismo tema en versión instrumental se encarga de cerrar el álbum. En medio, baladas que van creciendo en intensidad como ‘Forever’ o ‘A Part Of You’, temas netamente country como ‘Someone Loves You ‘ o ‘The Sun Don’t Shine’, estribillos contagiosos como en ‘There Can Only Be One’, una inquietante ‘Now That She’s Gone’ y una intimista ‘Saw You Falling’.
Gira de presentación por diferentes estados de América, Simon y Bronwyn tienen dos hijos, graban un nuevo disco “Everyman” en Nashville en 1996, basado en sus experiencias por EU, en el 2000 se habla de la publicación de un tercer trabajo “Eyes of Blue” que no llegaría a editarse, y en 2002 decide volver, acompañado de mujer e hijos, a Australia, donde parece ser que Simon se plantea el dedicarse a la composición de bandas sonoras, tema que siempre le ha atraido e influido (es de destacar en este sentido el afán que Wim Wenders siempre ha tenido por incluir canciones de Simon Bonney, tanto en grupo como en solitario en diferentes películas suyas).
Desde entonces le he perdido la pista a este músico. Si alguien conoce detalles de sus trabajos o proyectos actuales se agradece la información.

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Kaplan – Foam

Sábado 2 mayo 2015

Kaplan
Foam
2000

FoamNingún disco maldito nace con vocación de serlo. Son las circunstancias, muchas veces las propias casualidades las que condenan a un álbum al ostracismo de las masas y al tiempo, a la ciega admiración de unos pocos.
En realidad “Foam”, el disco de debut de Kaplan fue concebido para ser el principio de todo, el punto de partida para una carrera que se intuía larga y brillante, pero terminó siendo el testamento de una de las bandas mas personales e interesantes de los últimos años.
Kaplan se formaron en Madrid a mediados de los 90, alrededor de la personalidad de tres hermanos, fanáticos todos ellos del rock mas autentico que pronto se organizarían para articular su primera banda, Dirty Pond, solo con Fernando y Jose Luis y mas tarde Kaplan, donde ya se uniría el hermano mas joven, Ricardo Ruiz.
Los intereses musicales de los hermanos se centran en los grandes clásicos inculcados a temprana edad por su padre (Kinks, Beatles, Stones) y por los sonidos con los que van educando su oido a medida que van creciendo (Rock Americano, Springsteen, Buffalo Tom, Bettie Servert) por lo que no es extraño que las primeras canciones conocidas de Kaplan, las reunidas en el primer E.P “Solitude” (1998) resulte una amalgama de todas esas influencias, una mezcla con sorprendente sentido y criterio como lo demuestran temas, a la postre clásicos de la banda como “Blueprint For A Breakdown”, “Letter For An Unknown Man” o “Stone Bird”.
Tras el éxito de este primer EP y su arrollador paso por algunos de los mejores festivales de nuestro país (Barcelona, Benicassim, Festimad) era el momento de plasmar su sonido en un disco, un disco que recibiría el nombre de “Foam” y que nunca llegaría a publicarse.
“Foam” es la confirmación de que Kaplan eran algo mas que un grupo con un puñado de canciones pegadizas. En realidad en este disco (arduo y difícil), no hay apenas canciones comerciales y si, en cambio, una intensidad, una emoción y una majestuosidad verdaderamente fascinante, y es que, de alguna manera, Kaplan supieron que estas canciones habrían de ser las ultimas que tocasen juntos, de manera que se encargaron, en esas memorables sesiones de plasmar lo mejor posible su particular universo.
“Choose Me” con esa reconocible intro acústica es el tema que abre el disco, un tema dinámico y poderoso que figura entre lo mejor del álbum. Kaplan, cuando grabaron estas canciones llevaban ya varios años juntos y llevaban también a sus espaldas una buena cantidad de conciertos juntos por lo que no es extraño que buscasen plasmar parte de su fuerza en directo en estas nuevas canciones. “Solitude Park” también se puede situar en ese lado mas luminoso del álbum, un tema con un instinto melódico insuperable que demuestra hasta donde podían llegar Kaplan con las melodías. Otro tremendo tema pop es “Self-Portrait” con esas guitarras potentes a lo Buffalo Tom dibujando figuras imposibles de gran belleza.
El núcleo de “Foam” no obstante lo componen canciones bastante mas introspectivas, de mayor peso emocional. Así podemos hablar de la bellisima “There Is A Distance That Never Changes” con esa estremecedora letra, o de la tremenda y desoladora “Reckless As The Break Of Dawn”. No podemos dejar de mencionar tampoco “A Lump In My Troat” cantada por Richard y que supone un claro antecedente de la oscuridad que habría de venir mas tarde con Bandini.
Completando un debut que se me antoja insuperable encontramos temas extraños y mas experimentales como “Please Listen”, “Timing” o la tremenda “You’re So Frail” que quizás adelantasen futuras direcciones e inquietudes de la banda.
Tras grabar este disco, y después de buscar algún tiempo sin éxito una compañía que se hiciese cargo de la publicación del álbum, Kaplan decidieron disolverse. Entre los motivos que llevaron a esta situación podemos adivinar cierto tedio, compromisos laborales y situaciones personales insuperables, aunque la verdadera razón que llevo a la desaparición de Kaplan permanece como un secreto en el corazón de sus protagonistas, y quizás así sea lo mejor.
A nosotros, como siempre en estos casos, nos seguirán quedando las canciones.

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Help!

Viernes 1 mayo 2015

Help! (1965)

Director: Richard Lester

Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Leo McKern, Eleanor Bron, Victor Spinetti, Roy Kinnear

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Llegado 1965, la Beatlemanía estaba en su máximo apogeo, aunque no eran muchos los conscientes de la importancia capital que, para la música popular, tenía lo que estaban viviendo. Por aquel entonces, la mayoría de la población veía a los Beatles como una especie de “boy band” al estilo de las que se pondrían de moda en los años 90, salvando las distancias. Una moda pasajera liderada por una cuadrilla de melenudos, con poco que ofrecer más allá de su capacidad para provocar incidentes allí donde osaran hacer acto de presencia, soliviantando a la iletrada y asilvestrada juventud que escuchaba sus demoníacos discos. Como tal moda eran vistos hasta por miembros de su propio entorno, que se aprestaron a exprimir la gallina de los huevos de oro mientras fuera rentable. Los Beatles no paraban de currar, dando rienda suelta a su talento en discos primero y en películas después. Un año antes, en 1964, la banda había rodado su primer largometraje, Qué noche la de aquel día, con un notable éxito tanto de crítica como de público. Aquello animó a los tipos que dirigían la “Beatleindustria” a repetir la fórmula reuniendo al mismo equipo responsable del primer filme. El resultado sería Help!

Rodada con algo más de tiempo y presupuesto que en el caso de Qué noche la de aquel día (aquella película se rodó a toda hostia para rentabilizar al máximo el “boom” del fenómeno Beatles), en Help! se buscó sacar partido de la fama de cachondos e irreverentes que tenían los cuatro de Liverpool (particularmente John y Ringo) para mostrarlos como una especie de hermanos Marx del pop, tal como señalaba Agustín Sánchez Vidal en el artículo que reprodujimos hace un tiempo. Por tanto la película se caracteriza por el absurdo y el surrealismo que rodea a muchas situaciones, en consonancia con la forma de ser del director, Dick Lester, y de los propios Beatles. El sentido del humor que todos compartían junto con buenas dosis de “maría”, pan de cada día en el plató, contribuyo a hacer más distendido el ambiente en un rodaje problemático, principalmente a causa de las premuras de tiempo impuestas por los productores, los caprichos de éstos y de Brian Epstein (suya fue la idea de obligar al equipo a desplazarse a Nassau para rodar algunas secuencias) y el inmisericorde acoso de los fans, que obligaba a suspender el rodaje más de una vez.

El resultado de todo esto no puede calificarse como demasiado brillante. Dado que no era posible repetir el esquema pseudo documental de Qué noche la de aquel día, para Help! se hizo un guión más tradicional, con un argumento en el que una secta hindú adoradora de la diosa Khali persigue a Ringo para arrebatarle un anillo sagrado. Pero los Beatles no eran actores ni mucho menos (menos aún bajo los efectos de la marihuana) y el guión forzaba muchas de las situaciones de supuesta comedia, que vistas hoy casi producen vergüenza ajena en más de una ocasión. De esta forma, la película queda reducida a un vehículo para justificar la presencia de los Fab Four en cada plano, dado que para eso se montó este tinglado: para dar a su público objetivo lo que quería y, ya puestos, hacer negocio a cambio.

El mayor mérito cinematográficamente hablando lo tiene Richard Lester, un buen director que saca todo el partido posible de lo que tiene entre manos, haciendo uso de buenas ideas para presentar una especie de cómic con una estética muy colorista y desenfadada, fiel reflejo de la juventud del momento que vivía sus esperanzas de cambio social inmersa en el pop art y a las puertas de la psicodelia y del hippismo. Respecto a la música huelga decir nada, por supuesto, aunque resulta curioso que ésta no sea protagonista de la película tal y como uno podría imaginarse inicialmente. De hecho, sólo aparece un puñado de canciones del disco que en teoría se presenta como la banda sonora del filme (por citar sólo un ejemplo, Yesterday no aparece por ningún lado). Además las secuencias en que los Beatles interpretan sus temas están insertadas con calzador dentro del metraje, lo que produce una sensación cuanto menos extraña. Eso sí: dichas secuencias están generalmente muy bien rodadas, con un estilo dinámico y rompedor para su tiempo que preludiaba lo que luego serían los archiconocidos videoclips. De hecho, muchos años después la propia MTV bautizaría a Dick Lester como el padre del género, a lo que el realizador, fiel a su estilo, respondió enviando una carta a los jefes de la cadena exigiendo que se sometieran a una prueba de paternidad. Genio y figura, vaya.

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