Red House Painters – I

miércoles 6 enero 2016

Red House Painters
Red House Painters (I)
4AD 1993

Nada te hace sentir mas miserable que la soledad, que el amor no correspondido, nada duele tanto como el vacío tras entregarlo todo en una relación que fracasa, solo quedan recuerdos que una vez fueron azules pero que ahora se marchitan tras un espeso velo ocre.
A pesar de eso, la gente busca desesperadamente el amor, anhela encontrar a alguien aún a sabiendas que todo terminará algún día y que dolerá mas cuanto mas amor apostemos.
Es difícil sacar algo positivo de estas situaciones, la mayor parte de los mortales nos encerramos en una burbuja a esperar que pase la tormenta, porque siempre termina pasando, pero hay gente capaz de crear algo realmente especial a partir de esas situaciones, capaz de profundizar en el dolor hasta encontrar la belleza; lo hizo Nick Drake, el gran maestro, y le costó la vida.
A Mark Eitzel en su momento nadie le tomó realmente en serio, sus angustiosas declaraciones se tomaron como delirios de alcohólico, por eso nadie esperaba que alguien siguiese esa turbulenta senda hasta que en 1989 aparecieron Red House Painters con su inagotable arsenal de amargura bajo el brazo.
Fue precisamente Eitzel (quien si no) quien primero se fijó en esta banda extraña, aburrida y lenta, con raíces en el folk, el country y el rock que daba sus primeros conciertos en San Francisco, una banda comandada por Mark Kozelek, un misógino de carácter intratable con un pasado ciertamente turbio.
La banda fichó en 1992 por 4AD, y tras un grabar un disco notable, donde ya aparecían claramente sus intenciones (“Down Colorful Hill”), se presentaron un año mas tarde en la discográfica con mas de veinte canciones que conformarían uno de los discos mas estremecedores de la historia, un disco sin nombre, el disco de la montaña rusa.
A través de 14 canciones y casi 80 minutos, Mark Kozelek desgrana en este disco, una a una, todas las facetas del fracaso emocional en un recorrido verdaderamente estremecedor que se inicia con la bellísima “Grace Cathedral Park”, un tema engañosamente luminoso vestido de folk intimista que da paso a una serie de temas letales, descarnados y angustiosos, en los que no existe la esperanza ni el consuelo y en los que, a pesar de todo, prevalece la belleza. “Katy Song” quizás sea la gran canción del álbum, una terrible reflexión sobre la soledad, sobre los celos, sobre la incapacidad, la imposibilidad de amar, una canción que fluye lentamente bajo un apagado y distante ritmo con estrofas letales cargadas de amargura y resentimiento: “I know tomorrow, you will be, somewhere in london, living with someone, you’ve got some kind of family there to turn to and that’s more than i could ever give you”.
El carrusel emocional se prolonga en temas de insondable tristeza como “Mistress”, “Things mean a lot”, “New Yersey” o la agónica “Take me out”: “if only you could take me out, instead of back in, to a relationship i don’t understand” en un desolador viaje que pocos oyentes pueden resistir hasta el final.
Los temas descartados de este disco aparecerían meses mas tarde recogidos en un mini lp, tambien sin nombre (el disco del puente) que completaba y aumentaba el caos y el desastre emocional.
Mark Kozelek se empeñó después en dejar atrás este disco, nada extraño si tenemos en cuenta lo dolorosa que debío ser su concepción, con discos de menor entidad y conciertos dispersos y frios, mientras la sombra de este disco único seguía creciendo, confirmándole como uno de los discos mas deliciosamente deprimentes de la historia.

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Publicado por Luis / Archivado en:Discos

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