En el nombre del padre

Miércoles 5 octubre 2016

In the name of the father (1993)
Director: Jim Sheridan
Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Pete Postlethwaite, Emma Thompson, Marie Jones, Don Baker

En asuntos de cine soy un poco como el nunca suficientemente adorado Carlos Pumares: si una peli me gusta soy perfectamente capaz de verla varias veces en un lapso relativamente corto de tiempo, mientras “aparco” durante meses otras cintas con cuyo visionado me apetece menos enfrentarme, sea por el motivo que sea. Es cuestión de apetencias, como digo.

Este es el caso de, por ejemplo, En el nombre del padre. Quien más o quien menos es seguro que la ha visto un par de veces, aunque sea por lo mucho que se ha emitido por TV. Sin embargo eso no quita para que siga siendo una cinta muy recomendable.

Parece que fue hace una eternidad, pero no hay que retroceder mucho para encontrar a Irlanda del Norte (y por ende a la propia Inglaterra) sumida en el caos por las luchas entre los británicos y los terroristas del IRA. En los años 70 la situación allí era prácticamente de guerra abierta, y para atajarla el gobierno de entonces tomó una determinación tristemente familiar en estos casos: restringir las libertades civiles. La decisión, lejos de mejorar las cosas, condujo a uno de los sucesos más ignominiosos en la historia reciente del Reino Unido, cuando a unos pobres desgraciados se les acusó de colocar una serie de potentes bombas en varios pubs de Guildford (ciudad cercana a Londres) frecuentados por militares. Condenados de antemano por una sociedad alienada y sedienta de venganza, sentenciados a cumplir severísimas penas, los conocidos como “los Cuatro de Guildford” y “los Siete Maguire” languidecieron en la cárcel durante quince años hasta que al fin se pudo demostrar que no habían cometido delito alguno. Uno de los principales encausados, Gerry Conlon, escribió un libro contando su triste desventura, el cual sirvió al director Jim Sheridan como base para una película cuyo enorme éxito de crítica y de taquilla puso “de moda” en Hollywood el espinoso asunto de Irlanda del Norte, propiciando una buena serie de filmes relacionados con el tema Como suele ocurrir con los “biopics”, muchas veces resulta curioso comparar realidad y ficción cinematográfica, pues casi siempre ambas tienen muy poco que ver, y muchas veces se tergiversa todo lo que haga falta para darle “consistencia argumental” al guión.

En el caso que nos ocupa, por ejemplo, el “leiv motiv” que justifica la película (la relación entre padre e hijo durante su encarcelamiento) jamás existió: siguiendo las rígidas normas de entonces, a los encausados en el “Caso Guildford” se les juzgó por separado y tras ser condenados se les dispersó a lo largo y ancho de la Gran Bretaña, de forma semejante a como se hace en España con los presos de ETA. Así pues, en la realidad Gerry Conlon y su padre, Giuseppe, jamás compartieron celda tal como se ve en la película; ni siquiera cárcel, y su relación fue prácticamente inexistente. Tampoco el personaje de la letrada Gareth Peirce se ajusta completamente a la realidad, pues para empezar no llegó a conocer a Giuseppe Colon, porque el pobre hombre ya había fallecido cuando ella se hizo cargo del caso. Todo esto (y alguna cosa más que me dejo en el tintero por no alargarme en exceso) no fue obstáculo para que En el nombre del padre fuese un gran éxito y le gustase a casi todo el mundo: a la mayoría de los presos y a sus familias la película les sentó como una patada en la entrepierna con una bota de hierro, al dejar prácticamente al margen su sufrimiento mientras los dos Conlon se erigían en protagonistas absolutos, elevados ambos a la categoría de mártires. Y más habiendo sido Gerry, por añadidura, culpable en buena medida de que todos los demás diesen con sus huesos en la cárcel al confesar su implicación en el crimen, aunque en su descargo hay que decir que, en coincidencia con la película, dicha confesión se produjo tras ser torturado cruelmente por la policía durante días.

Dejando a un lado todas estas “curiosidades”, hay que reconocer que En el nombre del padre es una gran película. Se demuestra cuando el director (y también guionista en este caso) consigue hacer creíble algo a priori tan inverosímil como que a un padre y a su hijo se les permita compartir celda casi como si tal cosa, encima siendo ambos supuestos militantes del IRA juzgados por delitos de sangre. En esto los actores tienen también su parte de responsabilidad, pues todos ellos lo hacen francamente bien, aunque en particular yo me quedo con Pete Postlethwaite, cuya actuación es sencillamente para enmarcar y eclipsa a la de Daniel Day Lewis cuando ambos comparten escena, pese a que la “química” establecida entre ellos funciona a las mil maravillas. Si a eso le unimos una banda sonora muy cuidada y multitud de pequeños detalles más, no cabe duda de que estamos ante una de las mejores cintas de los años 90. Además no puede decirse que haya perdido vigencia ni mucho menos, a pesar de contarnos unos hechos acaecidos hace décadas: ahora que muchos gobiernos están aprovechando la llamada “guerra contra el terrorismo global” como excusa para coartar las libertades y sojuzgar cualquier pensamiento disidente, el mensaje de fondo de este filme (la denuncia sobre el uso del miedo por las castas dirigentes como “cortina de humo” para ocultar males mayores y justificar, para provecho propio, comportamientos de otra forma censurables) resulta estar en plena vigencia. En este sentido, En el nombre del padre es todo un aviso a navegantes. No sobre lo que pasó y podría volver a pasar, si no sobre lo que ya está pasando.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine

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