Bullitt

Viernes 26 mayo 2017

Bullitt (1968)
Director: Peter Yates
Intérpretes: Steve McQueen, Robert Vaughn, Jacqueline Bisset, Don Gordon, Robert Duvall, Simon Oakland

Existen decenas de películas que han pasado a los anales de la historia del cine por una secuencia o escena en concreto, habiendo casos en que dichas escenas / secuencias han llegado a eclipsar las cintas en que se incluyen, hasta un punto tal que la mayoría de la gente no es capaz siquiera de recordar algo tan básico como es su argumento. Ocurre por ejemplo con aquella del entrañable Harold Lloyd colgado del reloj (perteneciente a El hombre mosca) o la mítica “escena del camarote de los Hermanos Marx” (Una noche en la Ópera).

No hay duda de que Bullitt es y será recordada siempre por la persecución de coches en las empinadas calles de San Francisco (que, por cierto, continúa después durante largo rato por las carreteras que rodean la ciudad). Todo un prodigio de planificación y técnica de montaje que aun hoy, a cuarenta años vista de su primer pase, se mantiene actual y fresco, lo que da una idea de su calidad. El director de la película, Peter Yates, quería el máximo realismo posible y decidió olvidarse por completo de los trucajes que hasta entonces solían aplicarse por norma al rodar persecuciones de coches. El resultado es una “inmersión total” del espectador dentro de una secuencia en la que los vehículos involucrados llegaron a alcanzar 180 kilómetros hora en algunos momentos. Seguro que en tales circunstancias el que mejor se lo pasó durante el minucioso rodaje fue Steve McQueen. El actor era amante de la velocidad hasta extremos casi suicidas, como atestiguaría el mismísimo Bruce Lee, buen amigo suyo en la vida real. El legendario artista marcial, tras irse con Steve a dar una vuelta para probar su deportivo recién estrenado, juró que nunca más volvería a subirse a un coche con McQueen al volante. Durante el rodaje de Bullitt, y fiel a su costumbre, el de Indiana se empeñó en hacer él mismo las escenas de riesgo, aunque al final tuvo que ceder y permitir que el reputado especialista Bud Ekins le doblase en las tomas más delicadas, tal como había hecho cinco años antes en otra escena mítica: la del salto en moto de La gran evasión. Un detalle éste que por cierto no se cita en las “notas de producción” incluidas en el DVD del filme, donde se da a entender que Steve McQueen participó íntegramente en el rodaje de la secuencia. Curioso.

Aquella persecución es sin duda el momento cumbre de la película, y de hecho sucede hacia la mitad del metraje, cuando ya llevamos cerca de una hora de visionado. Por fortuna Bullitt es mucho más que esa persecución y tiene más puntos de interés, como una secuencia en el aeropuerto que por momentos parece haber servido de inspiración a Michael Mann para la secuencia final de Heat. El argumento, circunscrito dentro de los cánones habituales del cine negro, está bien asentado y desarrollado. Los diálogos tienen chispa y la espléndida música del gran Lalo Schifrin (particularmente inspirado en esta ocasión) envuelve al filme en su justa medida, proporcionándole un toque inconfundible. Por encima de todo esto surge un protagonista de lujo: un Steve McQueen en la cumbre de su carrera, que aunque yo nunca he considerado un gran actor en el sentido estricto del término, destila un carisma y un “saber estar” delante de las cámaras que para sí quisieran la practica totalidad de estrellas actuales de Hollywood, a las que este señor podría merendarse de un bocado con un esfuerzo mínimo. Él es el protagonista absoluto e indiscutible, hasta el punto de que mientras escribo esto me cuesta recordar no ya alguna escena, si no alguna toma de la película en que no salga. Su práctica omnipresencia, que no cansa en absoluto, se encuentra bien arropada por un enigmático Robert Vaughn y una preciosa Jaqueline Bisset, ambos en papeles muy secundarios en comparación, pero trascendentales para el desarrollo de la trama.

En resumidas cuentas, Bullitt es un buen thriller policíaco con una secuencia de corte casi revolucionario, la cual creó escuela para centenares de filmes posteriores y sigue haciéndolo a día de hoy. La moderna factura de la película se nota hasta en los créditos de inicio, y del proceso de montaje (ganador de un Oscar) debería tomar buena nota la chusma que hoy en día se dedica a “dirigir” cine de acción, encabezada por retrasados mentales del calibre de Michael Bay o Stephen Norrington. Me sorprende que no se haya emitido apenas por TV, a la vista de que se trata de un filme perfecto para arreglarte una tarde / noche de fin de semana en casa, y más teniendo en cuenta la habitual mala costumbre de las reposiciones, esa que ha llevado a más de uno a saberse de memoria los diálogos de Poli de Guardería (¡glaps!). Pero los misterios de la “caja tonta” (cada día menos “caja” y más “tonta” por cierto) son inescrutables.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine

Comentarios

  1. Publicado por IVÁN REGUERA @ 13 May 2008 15:11  

    Portentosa la banda sonora de Lalo Schifrin, a quién llegué a conocer. Un caballero.

  2. Publicado por Leo @ 17 May 2008 10:54  

    Juer tío, deberías publicar un pequeño relato sobre la gente de la farándula con la que te has codeado. Ya sabes, anecdotillas y esas cosas :-).

    Tito Schifrin debe de ser la caña, desde luego; aunque personalmente a quien más me gustaría conocer es a John Williams, que para mí es una verdadera deidad.


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