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Un prestigitador llamado Springsteen

Publicado el Jueves 15 diciembre 2016

bruce2.jpgEn la década de los 70 fue saludado como el futuro del rock, en los 80 se convirtió en una superestrella, en los 90 parecía perdido para la causa y en el siglo XXI ha recobrado la capacidad para emocionar. “Magic” es la última prueba irrefutable de que Bruce Springsteen es un artista cuya inspiración no se ha agotado. Es una obra que remite a su glorioso pasado. Rezuma honestidad y vitalismo. Todo aquello que hace que el rock sea redentor.

Pero hagamos un flashback para repasar la carrera del Boss aprovechando la coyuntura de que ha editado su décimo quinto disco en estudio. Bruce Springsteen (23-09-1949, Freehold, NJ) llevaba ya intentándolo en los 60 (Castiles, Child, Steel Mill) cuando a principios de los 70 le fichó Columbia Records. En un principio se le etiquetó con el reducido estereotipo de nuevo Dylan. Un cliché que se le quedaba pequeño. Sí, esgrimía una lírica cercana a la del bardo de Duluth, pero era capaz de hacer rock’n’roll en la línea de un Elvis Presley o un Jerry Lee Lewis. Y era un amante confeso del Wall Of Sound del genial Phil Spector.

La ópera prima de Springsteen no podía ser más prometedora. “Greetings From Asbury Park, N.J.” (1973) era un estreno a lo grande. Presumía de temazos del calibre de “Growin’ Up”, “Spirit In The Night”, “For You” o “It’s Hard To Be A Saint In The City”. No tenía relleno. Pero pasó inadvertido. Sin embargo, “Blinded By The Light” se convirtió tiempo más tarde en un hit para Manfred Mann’s Earth Band.

La continuación corrió la misma suerte. “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” (1973) no sólo mantiene el nivel creativo, sino que en algunos casos supera el listón (seminales “Incident On 57th Street”, “4th Of July, Asbury Park (Sandy)” y “New York City Serenade”). Springsteen empieza a cincelar su mítico mundo de coches y chicas. Este también es el álbum de los guiños jazzísticos y de esa epopeya teenager que es “Rosalita (Come Out Tonight)”.

A la tercera fue la vencida. El ascenso de Springsteen no es precisamente meteórico. Lento, pero seguro. O sea que cuando llegó a la cima ya era un artista hecho y derecho. El Boss reúne la formación que mejores resultados le ha dado. Esa E Street Band conformada por Clarence Clemons al saxo, Steve Van Zandt a la segunda guitarra, Danny Federici al órgano, Roy Bittan al piano, Garry Tallent al bajo y Max Weinberg a la batería. “Born To Run” (1975) es, escogiendo un atajo, el mejor disco de Springsteen. Es más, es uno de los grandes álbumes de la historia de la música popular. La insuperable “Thunder Road”, la brutal “Backstreets”, ese himno que es “Born To Run” o la monumental “Jungleland” son partituras inmortales. Especialmente recomendable es la edición del 30 aniversario. Sea como fuere, este es el disco que catapultó al Boss al status de crack mediático.

bruce11.jpgTras esta romántica obra maestra de rock urbano llegan los problemas. Springsteen se mete en una batalla legal contra su representante al descubrir que los derechos de sus canciones no le pertenecen. Así que pasan tres largos años hasta que ve la luz un nuevo disco. En plena era punk sale “Darkness On The Edge Of Town” (1978), que supura amargura en grandes cantidades. Ahora las viñetas reflejan las inquietudes de héroes anónimos de clase trabajadora. El sueño americano se convierte en pesadilla. “Badlands” (con el clásico filme de Terrence Malick en mente), “The Promised Land” o “Candy’s Room” son joyas que ponen de manifiesto que la rabia y la angustia pueden servir de vehículo para escribir grandes temas.

Después publicó “The River” (1980). Este es un doble álbum en el que se revela la gran versatilidad de un autor capaz de confeccionar himnos para reventar estadios (“Hungry Heart”, “Sherry Darling”, “Out In The Street”) o en las antípodas es capaz de romper corazones con baladas sinuosas (“Point Blank”, “Drive All Night”, la misma “The River”).

Y la sorpresa llegó acto seguido. Springsteen se lo montó él solito mucho antes de que se pusieran de moda los “Unplugged”. “Nebraska” (1982) es una gran colección de temas acústicos que retrotraen a Bob Dylan, Johnny Cash o Woody Guthrie. La América de Reagan queda retratada en blanco y negro con historias de perdedores y seres marginales. Grabado en un cuatro pistas, “Nebraska” es un álbum de una desnudez máxima. No hay finales felices. Tras el fundido en negro brotan las lágrimas…

Hasta aquí, la obra de Springsteen es inmaculada. A partir de “Born In The USA” (1984) empiezan las dudas, los peros, los defectos. Este es el punto de inflexión. Springsteen ya estaba instalado en el star-system, pero a partir de este momento pasa a ser una megaestrella. “Born In The USA” es un buen disco, pero peca a ratos de superficial (cae presa del populismo). Eso sí, “Bobby Jean”, “Downbound Train” o “No Surrender” valen un potosí. Por cierto, el tema que da título al disco fue etiquetado de himno conservador, cuando es todo lo contrario. El caso es que Springsteen no hizo bien la digestión de vender millones de discos.

“Tunnel Of Love” (1987) es irregular. A este romanticismo le falta la sustancia de antaño. Luce una producción que por momentos es irritante. Algunos lo consideran un disco de culto. Se equivocan. Falta pasión, se echa de menos la rabia y la frustración que impulsaban a Springsteen hacia metas superiores. Esconde buenos temas, por supuesto. Verbigracia, “Brilliant Disguise” o “One Step Up”. Este LP presagió el divorcio de Springsteen, que acabaría casándose después con la cantante Patti Scialfa (posteriormente miembro de la E Street Band).

bruce21.jpgSe abre un tiempo de silencio. Un lustro después vuelve con dos discos. “Human Touch” (1992) es flojo. La producción sigue siendo un lastre y lo peor es que las canciones dan la impresión de ser rutinarias. Uno echa de menos a la E Street Band. “Lucky Town” (1992) es otra cosa. Está un escalón por encima. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero se sostiene por una superior inspiración. Lo que es una evidencia es que Springsteen carece del feeling de tiempos pretéritos.

Antes de grabar “The Ghost Of Tom Joad” (1995) gana el óscar por “Streets Of Philadelphia”. Se ha convertido en el rey Midas. Cuando los presagios son peores, Springsteen demuestra que aún se puede defender su causa. “The Ghost Of Tom Joad” recupera la autenticidad de “Nebraska”. Basándose en “Las Uvas De La Ira” de John Steinbeck y con la película de John Ford bien guardada en el corazón, Springsteen ofrece una nueva lección de cómo aguantar el tipo con medios austeros. Como apunte anecdótico cabe destacar que la canción que sirve como título para el disco tuvo una cover de Rage Against The Machine.

“The Rising” (2002) sirve para que continúe recuperando crédito. Vuelve a grabar con The E Street Band (desde el “Born In The USA no hacía tal cosa). Con la tragedia del 11 de septiembre como trasfondo, “The Rising” se eleva con el ingrávido peso de 15 canciones donde la esperanza acaba ganando la partida al dolor y la tristeza.

Como confirmación de que está en buena racha edita “Devils & Dust” (2005). Retorno a la faceta acústica y a la exploración de su vertiente de contador de historias. “Devils & Dust” es un escalofriante retrato de un soldado en la guerra de Irak, “Long Time Comin’” refresca por su aliento vivificante. “Maria’s Bed” y “All I’m Thinkin’ Bout” también sobresalen en un álbum notable.

El siguiente paso es inesperado. “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” (2006) es el primer disco de versiones en la larga trayectoria de Springsteen. Se trata de un excelente tributo a la figura de Pete Seeger y por extensión de los cantautores folk cuyo compromiso con la realidad circundante es total.

Por último, saca “Magic” (2007). Otra vez cuenta con sus mejores compañeros de viaje: la seminal The E Street Band. En el álbum hay constantes guiños a su propia obra (sirva de ejemplo la cita obvia a “Tenth Avenue Freeze Out” que se observa en “Livin’ In The Future”). Pero también es fácil discernir referencias a clásicos de la Biblia del Rock (brilla con intensidad la spectoriana “Girls In Their Summer Clothes”).

Bruce Springsteen no gozará del prestigio intelectual de otros artistas, pero la calidad de su trabajo resiste la comparación con cualquiera de ellos. Resulta lamentable comprobar cómo muchos le desdeñan desde el desconocimiento o porque no entra en el canon de lo ‘cool’ proclamar que te gusta Springsteen. No obstante, parece que su figura cada vez es más reconocida por grupos ‘indies’. Llegará el momento de su exaltación. No cabe la menor duda de que será reivindicado como una figura esencial. En contraposición, también es irritante comprobar como para muchos el rock se reduce a Springsteen. Ni una cosa, ni la otra.

El genio de Freehold se merece un puesto de honor en el Olimpo. Sólo hay que asistir (uno siempre acaba estupefacto) a alguno de sus incontestables directos para saber que es muy grande. Y si no, basta con un somero repaso a su primera etapa antes del estrellato universal. O, qué demonios, tengamos en cuenta que fue capaz de descartar los temas incluidos en la magnífica caja “Tracks” (1998). Este tipo ha hecho historia.

Por Jose Luis Ruiz

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Beatles para siempre: Segunda Parte

Publicado el Lunes 31 octubre 2016

Viene de la Primera parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
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Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

DEBAJO: Cuatro descuidados rockers, convertidos en buenos muchachos. Brian Epstein fue el responsable de la primera imagen del grupo.

Será Epstein quien les consiga una sesión con George Martin, productor de una filial de EMI especializado en grabar a humoristas como Peter Sellers, con fama de arriesgarse con gente nueva. Es así como el 11 de Septiembre de 1962 tiene lugar la grabación de Love me do. En una sesión previa a Martin no le había gustado como tocaba Pete Best, y había sido sustituido por Ringo (quien, para evitar riesgos, cedido a su vez la batería a un profesional en Love me do). El single se coloca entre los veinte superventas. Los Beatles eran ya una celebridad local.

Todo esto nos hace pensar, una vez más, respecto a la cortedad de miras de muchos mandamases a la hora de “destapar genios”; sobre todo en el terreno cultural y, más concretamente, en el musical. Fijémonos en que los Beatles lograron grabar su primer single casi de rebote, teniendo que recurrir para ello a un sello menor y a un productor de segunda fila. Casi nadie fue capaz de ver del diamante en bruto que podía tener entre manos, como por ejemplo los responsables de otras discográficas de mayor categoría que les rechazaron, tal que Decca. Aquellos tipos podrían figurar de forma aventajada entre los más idiotas que jamás hayan pisado este mundo y varios adyacentes.

Estamos en 1963. Please, please me logra el milagro de llevarlos al número uno nacional, graban su primer LP y convierten el estribillo de She loves you en el grito de guerra de toda una generación, un yeah-yeah que dará nombre provisional a este renacer del rock: la música ye-ye. John, que se ha casado el año anterior de penalti con su novia, Cynthia, (matrimonio que fue silenciado temporalmente para no “decepcionar” a las fans y así mantener intacto el tirón popular del músico y de su banda) tiene un hijo al que pone Julian de nombre, en memoria de su madre. Una gira por todo el país y galas con lo más selecto de la sociedad británica ponen punto final a su reconocimiento nacional. El siguiente paso será Estados Unidos.

El single I want to hold your hand allanó el camino y en Febrero de 1964 miles de fans aullaban en el aeropuerto Kennedy ante unos Beatles que traían calentito, recién salido del horno, su segundo álbum. Los yankis no lo sabían, pero el cuarteto de Liverpool estaba reconciliándose con sus propias raíces musicales. Como diría más tarde Lennon, “cuando llegamos a EE.UU. y nos encontramos con que nadie escuchaba rock and roll ni música negra, sentí que veníamos al origen, pero que nadie quería enterarse de ello”.

Ese año de 1964 supuso, también, el triunfo en otros frentes, sobre todo en el cine, de la mano de Richard Lester, un director del floreciente free cinema inglés. En A hard day´s night captaba de un modo casi documental la vida enloquecida de los cuatro Beatles, con insertos muy innovadores en los números musicales que dejan entrever lo que serán los futuros videoclips. Al año siguiente Help! desarrollará esos componentes, mostrándolos como una especie de Hermanos Marx del pop. Hoy día A hard day´s night es un clásico indiscutible del cine contemporaneo

Además, John publica dos libros, John Lennon in his own write y A Spaniard in the work. Todo el mundo se queda sorprendido: el libro es más que aceptable, muestra que hay rockeros que tienen algo más que serrín en la cabeza y que Lennon dibuja y escribe estupendamente. Se le concede el premio Foyle y esta mítica librería londinense da una recepción en su honor. Y no sólo eso: John Lennon in his own write vende 300.000 ejemplares en Inglaterra. En EE.UU. también es un best seller. El rock empieza a gozar de respetabilidad social. El productor de sus películas, Walter Shenson, ha evocado a John Lennon en un banquete en el Festival de Cannes, y aquel luce la mejor de sus sonrisas para la galería mientras por lo bajo le susurra: “Walter, dime si el jodido tenedor que estoy cogiendo es el adecuado para este plato”.

Los conciertos de los Beatles arrebataban al público. En las raras grabaciones que los registran, las canciones apenas son audibles entre el griterío de la audiencia. En la foto, actuación de la banda en Las Vegas, en 1964. Al año siguiente visitaron Madrid y Barcelona y en el verano de 1966 se retiraron de los escenarios. Su música se había vuelto demasiado compleja para ejecutar en vivo.

Con motivo del 30 aniversario de la visita de los Beatles a España Televisión Española editó un magnífico documental titulado ¡Que vienen los Beatles!, en el que se cuenta con todo detalle aquella visita relámpago saboteada de forma más o menos sutil por la dictadura franquista, que veía en aquellos “melenudos” a cuatro peligrosos agitadores de la juventud que para nada convenían a los intereses del régimen. Si podéis echarle el lazo no perdáis la oportunidad, que está muy bien.

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The Soft Boys – “Vibraciones Positivas”

Publicado el Domingo 16 octubre 2016

El lider de los “Chicos Blandos”, Robyn Hitchcock (Robyn Rowan Hitchcock), nació el 3 marzo de 1953 en Londres (West London). Su padre, dibujante de comics, pintor, humorista, escritor de historias fantásticas y poco convencionales, marcó decisivamente su manera tan peculiar de ver el mundo y de plasmarlo en sus canciones y demás proyectos artísticos. Pasó la infancia en un internado masculino (“te estropean la mente y luego te dejan salir para que dirijas el país”). Atraído por la música rock desde joven sus influencias quedaron marcadas por nombres clásicos, desde Elvis y el rock’n’roll de los ’50 hasta Phil Spector, Bob Dylan, Beatles (“solíamos ir a casa de Robyn para aprendernos álbumes enteros de los Beatles” -Andy Metcalfe-), Beach Boys, The Byrds, Syd Barret en sus inicios con Pink Floyd, la Velvet Underground o Captain Beefheart. Para cuando empezó a escribir canciones propias a principios de los ´70 podrían enmarcarse dentro del pop psicodélico, pero con múltiples influencias sin estilo todavía definido. A finales de 1974 decidió trasladarse a Cambridge, tras haber abandonado la academia de arte, con la intención de formar una banda. Pronto empezó a tocar los fines de semana en el Portland Arms Folk Club, donde conoció a Rob Lamb y el nuevo grupo que éste estaba formando, los Dennis & The Experts, con Rob Lamb a las guitarra, Andy Metcalfe al bajo y Morris Windsor a la batería. Acostumbrado Rob a tomar la música de modo trascendente y a interpretar piezas que consideraba de mayor envergadura por aquella época (Steely Dan, Little Feat…), vio a Robyn como a una persona caprichosa y su música demasiado excéntrica, decidiendo abandonar la formación. El resto de componentes permanecieron juntos entendiéndose cada vez mejor. Como Robyn todavía era poco diestro con el instrumento decidieron en 1977 añadir un guitarra solista: Alan Davies, también amigo de Morris. En la primera actuación con el nuevo guitarrista Robyn dijo al público que cambiaban de nombre, acababa de componer la canción “Give It To The Soft Boys” y le pareció buena idea (aunque luego se arrepentiría) anunciar que a partir de ese momento pasaban a llamarse “The Soft Boys”. Su repertorio se componía de versiones de Elvis, los Who, The Band, David Bowiemezcladas con algunas composiciones propias de Robyn, donde ya quedaban definidas las temáticas peculiares de sus canciones, la muerte, el amor y el sexo, desde un punto de vista psicótico y un marcado sentido de lo absurdo con importantes dosis de humor y cinismo. Con esta formación grabaron una maqueta en casa de Hitchcock, de la que surgió el 1º EP “Give It To The Soft Boys” (Raw Records, 1977).
Hay que recordar que por esas fechas un nuevo movimiento musical (y social) acababa de surgir en Inglaterra, y todos los medios de comunicación se hacían eco de ello, el punk. Si bien en un principio estaban de acuerdo con las ideas que este movimiento defendía, el ir en contra de la música ampulosa y determinado tipo de rock progresivo, pronto se desmarcaron del camino por el que esta supuesta revolución transitaba (“nosotros no podíamos desechar lo que habíamos aprendido y pretender de pronto que sólo conocíamos un único acorde… Supongo que se podría decir que, musicalmente, los Soft Boys fueron como una especie de reacción frente a todo lo que ocurría a nuestro alrededor en esa época”). A nivel local tuvieron gran éxito, los continuos ensayos ayudaron a que evolucionaran musicalmente (“siempre he concebido el trabajo como una aproximación a lo Captain Beefheart, en la que hay dos guitarras tocando dos cosas totalmente diferentes, y no una guitarra única y un ritmo”). Decidieron cambiar a Alan Davies por otro guitarrista que les parecía mucho más completo y especial, Kimberley Rew (formaba parte del otro grupo famoso por aquella época en Cambridge, los Waves). El sello Radar Records les firmó contrato para grabar un disco. Registraron suficientes temas para un Lp, pero tan sólo les editaron un single, “(I Want To Be An) Anglepoise Lamp” (“Nosotros pensábamos que la mejor canción de esa sesión era ‘Where Are The Prawns?’, pero ellos editaron lo que, según su opinión, sonaba más parecido a lo que escuchaba la gente entonces, y no lo que nosotros hacíamos bien. Ese es un problema que nos ha perseguido a través de los años…”). Finalmente se grabó el Lp aunque Radar nunca lo editó (“el legendario álbum perdido”).
En vista de la mala experiencia por ambas partes decidieron finalizar el contrato y grabar de nuevo por su cuenta y a su manera todas las canciones que tenían preparadas sin importarle que gustaran o no a los demás, convirtiéndose en el 1º LP oficial de la banda, “A Can Of Bees”, que publicó el sello independiente Two Crabs en 1979. Una mezcla magistral de guitarras del pasado y sonidos punk que debido al rechazo que sentían por este movimiento las acabaron pasando por su propio filtro, con claras influencias de las voces de The Incredible String Band, de las guitarras de Captain Beefheart y de la aceleración de los Vibrators.
Ese mismo año, durante la grabación del siguiente disco, el bajista Andy Metcalfe abandonó el grupo, siendo sustituído por Matthew Seligman (quien ya había tocado en el primer concierto de Hitchcock como Dennis and The Experts y con Alex Chilton and The Local Heroes). Su incorporación influyó para que los nuevos temas fueran más “poppys”. El disco estuvo varios años sin publicarse, hasta 1983 que fue editado como “Invisible Hits”, cuando la formación ya estaba disuelta. En 1980, antes de decidir su separación, grabaron el trabajo que se convertitiría en uno de los mejores discos de guitarras de los ’80, el “Underwater Moonlight” (“…me acuerdo que estaba sentado con Matthew y él dijo: Mira, hagamos que este álbum sea genial. El mundo puede acabarse, pero al menos sabremos que lo hemos hecho”… “…nuestro ego no estaba en muy buena posición, pero de lo que si me acuerdo es que inmediatamente después de haber grabado ‘Kingdom Of Love’ pensé: ¡Dios, puede que yo termine en el infierno, pero esto es genial!”… “Hicimos ese disco por menos de 600 libras. El productor Pat Collier hizo un trato con alguien para que pudiésemos grabarlo… La mayoría se hizo con un 8 pistas, y uno debe recordar que era la época de Steve Lillywhite y todo eso…”).
Nunca tuvieron grandes ventas en Inglaterra, mejor vistos en Estados Unidos dieron varios conciertos en Nueva York, pero ante la falta de resultados claros para poder vivir de la música decidieron que la separación como banda y búsqueda de nuevos proyectos era la mejor salida (“puede que hubiésemos tenido algún futuro en los Estados Unidos, pero la sensación que teníamos era que no íbamos a llegar a ninguna parte”).
Llegando a ser considerado como “el padre del revival psicodélico”, Robyn Hitchcok siguió su propio camino, con una carrera más o menos estable pero siempre con obras de calidad, sacó varios discos en solitario o con los Egyptians, participó en múltiples proyectos y actuaciones, entre ellos junto a REM (Peter Buck comentó muchas veces que los Soft Boys les influyeron más que los Byrds), Billy Bragg, Grant Lee Phillips o Jonathan Demme en la grabación de la película musical “Storefront Hitchcock”. Ya en 2001 solicitaron su colaboración para la reedición del clásico “Underwater Moonlight” (Matador), con motivo del 21 aniversario de la edición original, encantado con la idea decidieron añadir 26 tomas inéditas y lo sacaron como doble CD. Robyn habló con Kimberley Rew, Matthew Seligman y Morris Windsor y decidieron sacar a flote The Soft Boys para realizar una minigira. Ante la buena acogida, el siguiente paso fue publicar un disco con temas nuevos: “Nextdoorland” (Matador 2002), con esculturas en la portada de su hermana Lal Hitchcock, al igual que en “Underwater Moonlight”, convirtiéndose también en lo musical en una digna continuación de este. Sin abandonar en ningún momento sus proyectos personales Robyn sigue el viaje en su particular “tren de largo recorrido”: “Lo que yo pretendo es algo largo e inevitable y todavía no he finalizado. Es como un tren muy largo, no puedes ver ni donde empieza ni donde acaba. Es como algo interminable que va atravesando la estación. Un día se parará, alguien saldrá y lo explicará todo”.

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Beatles para siempre: Tercera Parte

Publicado el Viernes 9 septiembre 2016

Viene de la Segunda parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
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Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

En pleno auge del hippismo, los Beatles se vieron convertidos involuntariamente en oráculos públicos. Sus actitudes y las letras de sus canciones eran examinadas con lupa por seguidores y detractores. DEBAJO: “Todo lo que necesitas es amor”.

La respetabilidad aumentaría de forma alarmante en 1965 al concederles su Graciosa Majestad la Orden de Miembros del Imperio Británico, habitualmente reservada para las hazañas bélicas. Viejos ex combatientes que la guardaban en su baúl de los recuerdos la devolvieron indignados. Mas tarde John comentaría que era más lógico que se la impusieran a ellos, que habían contribuido a divertir al personal, que a quienes se habían dedicado a matar gente. Y lo cierto es que las exportaciones inglesas habían aumentado vertiginosamente gracias a una Inglaterra que se había puesto de moda de la mano de los Beatles: bastaba que ellos rematasen los cuellos de sus chaquetas con terciopelo para que se disparase la venta de este tejido. Con el tiempo, el propio Lennon rechazaría su condecoración como señal de protesta en una de sus campañas pacifistas. Pero en su día la aceptaron más o menos complacidos, aunque poco antes de la ceremonia se encerraron en los lavabos de palacio a fumarse un porro para relajar el protocolo.

También en 1965 probaron la droga que inmediatamente se podrá de moda, el LSD, y con ella aumentó el grado de intelectualización de su obra, especialmente al combinarse con la mística hindú y la meditación trascendental. Los Beatles acabarían renegando públicamente de su relación con el polémico Maharishi. Aun con esto, no se puede negar lo positivo en el aspecto musical que tuvo todo aquello. Sus letras empezaron a ser acechadas como si fueran el evangelio, se les exigía desde todos lados una conducta acorde con sus responsabilidades, y toda esta dinámica que los iba convirtiendo en oráculos públicos terminó siendo muy peligrosa.

El primer aviso llegó en Agosto de 1966 en San Francisco, poco antes de retirarse de los escenarios, cuando John Lennon declaró: “Somos más famosos que Jesucristo”. Nunca debió decirlo. La reacción entre ciertos sectores del público fue tan histérica que estuvo a punto de acabar con la carrera del grupo. Luego llegaron las advertencias por consumo de drogas. Con los Beatles no se atrevieron hasta su separación, pero a los Rolling Stones los sometieron a auténticas sobredosis de policía para que no descarriaran a la juventud.

Hacia 1969 era habitual estudiar escrupulosamente las carpetas letras y microsurcos de los Beatles en busca de mensajes ocultos. Se trataba de construcciones mentales absolutamente paranoides, entre las que se llevó la palma la publicada el 29 de Octubre por una revista estudiantil americana, Rat Magazine. Según su teoría, Paul McCartney había muerto en un accidente de automóvil, siendo sustituído por un doble de aspecto y voz muy parecidos al original. Los Beatles lo habían ocultado, pero dejando pistas en sus discos para el que quisiera entenderlas.

¿Por ejemplo? Pues en la portada del Sgt. Pepper´s, donde aparece una tumba, hay un seto de flores con una guitarra de cuatro cuerdas (esto es, el bajo de Paul); en la cubierta de Abbey Road, McCartney es el único que camina descalzo y con el paso cambiado, mientras que se ve un Volkswagen aparcado cuya matrícula es 28 IF, es decir, 28 si… (Paul hubiera cumplido 28 años si no hubiese muerto en un accidente de automóvil, como suponía esta teoría a partir del análisis de la letra de A day in the life). Además, si se pasaba al revés Revolution No. 9, podía oirse a John diciendo lúgubremente “I buried Paul” (“Yo enterré a Paul”), etcétera. Incluso revistas tan sesudas como Triunfo se hicieron eco en España de elucubraciones de este tipo. Cuando en las conferencias de prensa le preguntaban por su muerte, McCartney respondía con humor que no se había enterado de ella, pero que no le extrañaba nada, porque siempre era el último en enterarse de lo que pasaba en los Beatles. Sobre este divertido tema, en Internet se pueden encontrar todo tipo de páginas. No pocas son dignas de mentalidades oligofrénicas, aunque no obstante no dejan de ser curiosas. En fin, que en esto como en todo “hay gente pa tó”, oigan.

Ya no hubo lugar para bromas, sin embargo, cuando estalló el asunto Manson ese mismo año de 1969. Un psicópata californiano, Charles Manson, que había creado su propia familia (especie de comuna entre mística, hippy y neonazi), también creyó percibir mensajes ocultos en las canciones de los Beatles, particularmente en Helter Skeleter y Piggies. Y con ellas como lema cometió una serie de atroces asesinatos que incluían a la actriz Sharon Tate, embarazada de su marido, el cineasta Roman Polanski. Junto a los cadáveres, escritos con su sangre, aparecieron los títulos de las canciones de los Beatles, y sus autores, John y George, fueron llamados a declarar.

En el libro Curiosidades, gazapos y anécdotas de Hollywood de Eduardo Llorente y David Eraskin, se indica que la motivación principal de la Familia Manson para llevar a cabo la matanza era cargarse a Steve McQueen, a quien Manson al parecer admiraba. Manson era, además de un pésimo cantante, un guionista aun peor, y envió un guión a la productora propiedad del actor, Solar Pictures, con la esperanza de que su ídolo aceptase protagonizarlo. Sin embargo, el texto era tan rematadamente malo que no le prestaron la menor atención. Despechado, Manson empezó a urdir en su cerebro la idea de vengarse, y tiempo después se enteró de que se iba a celebrar una fiesta en la casa de Roman Polansky a la que McQueen había sido invitado. Éste salvó la vida porque decidió pasar la noche a solas con un ligue. De lo que no cabe ninguna duda es de que Manson y sus familiares estaban destinados a cometer una masacre más pronto o más tarde, yendo contra cualquiera que les cayese mal y estuviese a su alcance (Manson también le tenía tirria a Liz Taylor o a Tom Jones, por ejemplo). Lo más triste de todo es que Manson (que continúa encerrado en un presidio para enfermos mentales) se ha hecho millonario al correr de los años, gracias a miles de jumentos empeñados en admirar (!) o ver algo interesante en la figura de este tarado.

Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla, con los Beatles en una claustrofóbica jaula de oro, especialmente desde que su inmersión en el mundo de los negocios con el sello Apple (tras la muerte de Brian Epstein en Agosto de 1967) y la película para TV Magical mistery tour (un absurdo caprichito de McCartney) habían terminado en un sonoro fracaso. Los Beatles no eran infalibles después de todo. Con la madurez vino, además, la diáspora. John había conocido a una artista japonesa de vanguardia, Yoko Ono, en Noviembre de 1966, y su relación con ella le llevaría a divorciarse de su primera mujer, Cynthia, y también de los Beatles. Si el primer divorcio pareció bien a casi todo el mundo, el segundo no se lo perdonaría nadie: ni los otros miembros del grupo ni sus propios fans.

Verano de 1967. En plena fiebre de la psicodelia, la aparición el álbum – suite “Sgt. Pepper´s” deslumbró a los críticos. Pero los Beatles no eran infalibles: su primera inmersión en el mundo de los negocios resultó un fracaso. ARRIBA: la “boutique” Apple, emplazada en pleno centro de Londres.

IR A LA CUARTA Y ÚLTIMA PARTE.

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Nick Drake: Su vida, su musica

Publicado el Jueves 21 julio 2016

Nicholas Rodney Drake nació en Rangún (Birmania) en 1948, era hijo de un importante comerciante obligado a realizar a menudo largos viajes, en uno de ellos nació Nick, cuando éste tenia cuatro años, los Drake, una adinerada familia británica, se establecieron definitivamente en Tanworth-in-Arden, una pequeña localidad cercana a Oxford.
La educación que recibió Nick Drake durante su infancia fue realmente esmerada, fue a los mejores colegios y pronto se le inculcó el gusto por la poesía, la pintura y la música, en el colegio empezó a tocar el clarinete, el saxofón y la guitarra acústica.
Sus amigos de la época le describen como un joven tímido pero alegre y amable, gran deportista y buen estudiante, a Nick le gustaba mucho la poesía (sobre todo William Blake) y la música clásica.
Con 17 años Nick realiza junto a sus compañeros un viaje a Marruecos, allí descubre las drogas y allí se acreditan sus primeras composiciones serias, con 19 años, cuando inicia sus estudios de literatura inglesa en Cambridge Nick Drake ya tiene compuestas bastantes canciones. Ya llamaba poderosamente la atención en su entorno el estilo fluido, ágil, perfecto de tocar la guitarra, y su voz, dulce y amarga, recitando y cantando al tiempo. Por aquel entonces ya había descubierto a Bob Dylan, a los Beatles, a Tim Buckley, a Van Morrison.
En 1968 Nick Drake actúa en un concierto benéfico en Londres en contra de la guerra, allí es descubierto por Ashley Hutchings, bajista de Fairport Convention que queda impresionado por el talento del joven, Hutchings hablará de Nick a Joe Boyd, productor de los Convention y de multitud de grupos folk británicos.
Un año mas tarde, a la edad de 21 años, Nick Drake entra en el estudio por primera vez, su primer disco recibirá el nombre de Five Leaves Left, nombre sugerido a raíz de un mensaje que salía en los estuches de papel de fumar avisando que solo quedaban cinco papeles.

Five Leaves left, producido por Joe Boyd recoge todas las canciones que Nick había ido componiendo en sus años de adolescencia, canciones sinceras, llenas de esperanza y de dudas, a modo de páginas de un diario secreto donde Nick se muestra tal como es, sin ocultar nada, en “Time has told me” nos habla de la búsqueda del amor, sobre la búsqueda de uno mismo a través del otro, en “way to blue” sobre la búsqueda de la felicidad, en “Fruit Tree” sobre las dudas que genera la fama.
Sorprende la increíble ejecución de todos los temas, sin mas apoyo que puntuales arreglos de cuerda y notas de piano, Drake encadena una sucesión magistral de canciones, entre el folk y el Jazz, entre el Pop y el Rock, con toques blues y soul, con joyas del calibre de “Cello Song”, “River Man” o “Day is done”.
Five Leaves Left obtuvo buenas críticas pero el disco no se vendió bien, motivado en parte a que el disco apenas fue presentado en directo, Nick Drake no se sentía a gusto tocando en directo y ofreció a lo largo de su vida muy pocos conciertos, son legendarias las pocas actuaciones documentadas, Nick sentado en una silla, mirando al suelo, pidiendo continuamente disculpas, inseguro y tímido.

Tras su primer disco, y a pesar del fracaso comercial, Nick Drake decide dedicarse por completo a la música, así deja la universidad y se establece definitivamente en Londres, contra la opinión de sus padres que le negaron cualquier ayuda económica, Nick se siente un tanto desconcertado en el ambiente de la gran ciudad, lejos del sustento de sus amigos y su familia, de nuevo la música y la poesía serán sus sustentos en esta época.
Joe Boyd apuesta decididamente por Nick Drake, y decide no reparar en gastos para su siguiente disco, contactando con toda clase de músicos de primera fila, incluido John Cale, que militaba aun en The Velvet Underground.
Aunque Nick estaba muy contento con el proyecto ya empezaba a mostrar un carácter especialmente retraído, caminaba siempre encorvado, con viejos trajes gastados y una expresión distante en la mirada, los que le conocieron le describen como una persona muy elegante, un joven alto, apuesto, dotado de un halo especial que le hacía parecer cansado, como si soportase una gran carga sobre sus hombros.

En 1970, tras mas de nueve meses de trabajo se publica “Bryter Layter”, sin duda el disco mas ambicioso de Nick Drake, también el mas variado y el mas optimista, el disco contiene tres instrumentales maravillosos: “Introduction” que abre el disco, “Bryter Layter” y “Sunday” que lo cierra, entre ellas temas como “Hazy Jane II”, “At the chimes of the city clock” o “Fly”, fábulas sobre el amor, sobre la vida, llenas de mil matices, Drake entrega aquí sus mejores letras, auténticos poemas cargados de simbolismo y magia. Destaca sobre todo “Northern Sky”, sin duda la canción de amor mas bella jamas escrita por un ser humano, la alegría del encuentro, el amor como el fin último de la existencia, como el destino final de un camino marcado por la desgracia.
En Bryter Layter Drake amplía sus registros, aborda gran cantidad de estilos, ya no basados tanto en su guitarra, hace uso de secciones de cuerda, de guitarras eléctricas, de vientos para entregar su segunda obra maestra, quizás la mas rotunda.
Bryter Layter también obtuvo buenas criticas pero tampoco vendió lo esperado, aunque su majestuosidad y elegancia eran mas que evidentes, quizás era un disco demasiado complejo, demasiado perfecto para la época.
A partir de aquí los datos son oscuros y confusos, Nick Drake definitivamente cayo en una profunda depresión, estuvo un tiempo en tratamiento psiquiátrico pero no se observo ninguna mejoría, realizó diversos viajes, algunos de ellos propiciados por Boyd en un intento de liberarle de la presión que soportaba, en aquellos días se comenta que Nick Drake ha abandonado la composición, para dedicarse quizás a producir a otros músicos, desaparece largas temporadas y lo que realmente hizo en esos periodos aún es un secreto que nadie ha podido desvelar.

En 1972, repentinamente, casi en secreto, Nick Drake se reúne con su amigo John Wood para grabar lo que sería su tercer disco: “Pink Moon”, grabado en tan solo dos días y con la única presencia de su voz y de su guitarra acústica.
En Pink Moon nos encontramos a un hombre que habla directamente con la muerte, una persona completamente hundida, abandonada a su suerte, una a una va desgranando dolorosas estampas de vacío y desolación, lo que antes era esperanza se torna en cinismo y desesperación, la luna rosa es la noche, la muerte, en oposición al sol, al día, a la vida. “Place to be”, “Road”, “Know”, “Free Ride”, “Parasite” o “Harvest Breed” son atormentadas confesiones en voz alta de un hombre que ve próximo su final.
Técnicamente “Pink Moon” es una vez mas perfecto, los arreglos de guitarra y las melodías construyen un ambiente realmente estremecedor, cargado de tristeza pero de una belleza difícilmente descriptible, la voz de Nick suena mejor que nunca, sufriendo con cada palabra que sale de sus labios.
Una vez terminado el álbum fue el propio Drake quien entregó el master en la discográfica, en realidad lo dejó en una bandeja en recepción y paso allí tres días sin que nadie reparase en él.

Siguieron mas días oscuros, Nick Drake probó varias cosas, primero se quiso alistar en el ejército donde no fue admitido y luego llegó incluso a trabajar como programador de ordenadores, en esos últimos años vivió largas temporadas en París, allí surge el rumor de su relación con Françoise Hardy, es un hecho que se conocieron y que ambos se profesaban mutua admiración pero no se sabe hasta que punto llego la relación.
Drake termina volviendo a casa de sus padres, en Tanworth-In-Arden, escribe esporádicas canciones para un teórico cuarto álbum que nunca vio la luz, entre estas ultimas canciones (Recopiladas en el esencial “Time of no reply”) destaca la estremecedora “Black Eyed Dog”.

Una mañana su madre, extrañada de que Nick no se hubiese aún levantado decide subir a su habitación, en la mesilla había un libro de poemas, en el tocadiscos el concierto de Brandenburgo y en la cama su hijo muerto, tenia tan solo 26 años.
Oficialmente Nick Drake se suicidó, en la autopsia se encontraron restos de Tryptisol, un antidepresivo que Nick solía combinar con sus pastillas para dormir, su muerte bien pudo haber sucedido por accidente, por una sobredosis involuntaria, su familia insiste en que en aquellos días Nick estaba alegre y con un montón de proyectos en la cabeza.
El caso es que la muerte de Nick Drake contribuyó a crear el mito, la leyenda, cerrando un ciclo perfecto. La lápida de Drake está en el pequeño cementerio de Tanworth-In-Arden, ofreciendo fiel testimonio de que Nick existió realmente. A partir de entonces su música se fue instalando en dormitorios y buhardillas de poetas desconsolados, de bohemios, de soñadores.
Aunque su música nunca ha alcanzado destacables cotas de popularidad periódicamente se ha ido revisando el mito y se han ido editando diferentes discos póstumos, el mejor es el comentado “Time of no reply” que además de contener sus últimas canciones, contiene temas tan bellos como “Clothes Of sand” o la propia “Time of no Reply”.
También se han editado diferentes “Bootlegs” recopilando sus primeras composiciones caseras, muy influenciadas por Bob Dylan y el blues, destacan “Tanworth-In-Arden 1967/68” y “Second Grace”.
Toda la obra de Nick Drake es absolutamente capital e imprescindible, raras, muy raras veces hemos tenido ocasión de descubrir a un hombre en sus canciones de la forma en que Nick se presenta en las suyas, rara vez hemos sentido tan cerca el amor, la desesperación y la belleza, la insondable belleza de las canciones de Nick Drake.

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Publicado por Luis / Archivado en:Revisiones
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