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Nick Drake: Su vida, su musica

Publicado el Jueves 28 enero 2016

Nicholas Rodney Drake nació en Rangún (Birmania) en 1948, era hijo de un importante comerciante obligado a realizar a menudo largos viajes, en uno de ellos nació Nick, cuando éste tenia cuatro años, los Drake, una adinerada familia británica, se establecieron definitivamente en Tanworth-in-Arden, una pequeña localidad cercana a Oxford.
La educación que recibió Nick Drake durante su infancia fue realmente esmerada, fue a los mejores colegios y pronto se le inculcó el gusto por la poesía, la pintura y la música, en el colegio empezó a tocar el clarinete, el saxofón y la guitarra acústica.
Sus amigos de la época le describen como un joven tímido pero alegre y amable, gran deportista y buen estudiante, a Nick le gustaba mucho la poesía (sobre todo William Blake) y la música clásica.
Con 17 años Nick realiza junto a sus compañeros un viaje a Marruecos, allí descubre las drogas y allí se acreditan sus primeras composiciones serias, con 19 años, cuando inicia sus estudios de literatura inglesa en Cambridge Nick Drake ya tiene compuestas bastantes canciones. Ya llamaba poderosamente la atención en su entorno el estilo fluido, ágil, perfecto de tocar la guitarra, y su voz, dulce y amarga, recitando y cantando al tiempo. Por aquel entonces ya había descubierto a Bob Dylan, a los Beatles, a Tim Buckley, a Van Morrison.
En 1968 Nick Drake actúa en un concierto benéfico en Londres en contra de la guerra, allí es descubierto por Ashley Hutchings, bajista de Fairport Convention que queda impresionado por el talento del joven, Hutchings hablará de Nick a Joe Boyd, productor de los Convention y de multitud de grupos folk británicos.
Un año mas tarde, a la edad de 21 años, Nick Drake entra en el estudio por primera vez, su primer disco recibirá el nombre de Five Leaves Left, nombre sugerido a raíz de un mensaje que salía en los estuches de papel de fumar avisando que solo quedaban cinco papeles.

Five Leaves left, producido por Joe Boyd recoge todas las canciones que Nick había ido componiendo en sus años de adolescencia, canciones sinceras, llenas de esperanza y de dudas, a modo de páginas de un diario secreto donde Nick se muestra tal como es, sin ocultar nada, en “Time has told me” nos habla de la búsqueda del amor, sobre la búsqueda de uno mismo a través del otro, en “way to blue” sobre la búsqueda de la felicidad, en “Fruit Tree” sobre las dudas que genera la fama.
Sorprende la increíble ejecución de todos los temas, sin mas apoyo que puntuales arreglos de cuerda y notas de piano, Drake encadena una sucesión magistral de canciones, entre el folk y el Jazz, entre el Pop y el Rock, con toques blues y soul, con joyas del calibre de “Cello Song”, “River Man” o “Day is done”.
Five Leaves Left obtuvo buenas críticas pero el disco no se vendió bien, motivado en parte a que el disco apenas fue presentado en directo, Nick Drake no se sentía a gusto tocando en directo y ofreció a lo largo de su vida muy pocos conciertos, son legendarias las pocas actuaciones documentadas, Nick sentado en una silla, mirando al suelo, pidiendo continuamente disculpas, inseguro y tímido.

Tras su primer disco, y a pesar del fracaso comercial, Nick Drake decide dedicarse por completo a la música, así deja la universidad y se establece definitivamente en Londres, contra la opinión de sus padres que le negaron cualquier ayuda económica, Nick se siente un tanto desconcertado en el ambiente de la gran ciudad, lejos del sustento de sus amigos y su familia, de nuevo la música y la poesía serán sus sustentos en esta época.
Joe Boyd apuesta decididamente por Nick Drake, y decide no reparar en gastos para su siguiente disco, contactando con toda clase de músicos de primera fila, incluido John Cale, que militaba aun en The Velvet Underground.
Aunque Nick estaba muy contento con el proyecto ya empezaba a mostrar un carácter especialmente retraído, caminaba siempre encorvado, con viejos trajes gastados y una expresión distante en la mirada, los que le conocieron le describen como una persona muy elegante, un joven alto, apuesto, dotado de un halo especial que le hacía parecer cansado, como si soportase una gran carga sobre sus hombros.

En 1970, tras mas de nueve meses de trabajo se publica “Bryter Layter”, sin duda el disco mas ambicioso de Nick Drake, también el mas variado y el mas optimista, el disco contiene tres instrumentales maravillosos: “Introduction” que abre el disco, “Bryter Layter” y “Sunday” que lo cierra, entre ellas temas como “Hazy Jane II”, “At the chimes of the city clock” o “Fly”, fábulas sobre el amor, sobre la vida, llenas de mil matices, Drake entrega aquí sus mejores letras, auténticos poemas cargados de simbolismo y magia. Destaca sobre todo “Northern Sky”, sin duda la canción de amor mas bella jamas escrita por un ser humano, la alegría del encuentro, el amor como el fin último de la existencia, como el destino final de un camino marcado por la desgracia.
En Bryter Layter Drake amplía sus registros, aborda gran cantidad de estilos, ya no basados tanto en su guitarra, hace uso de secciones de cuerda, de guitarras eléctricas, de vientos para entregar su segunda obra maestra, quizás la mas rotunda.
Bryter Layter también obtuvo buenas criticas pero tampoco vendió lo esperado, aunque su majestuosidad y elegancia eran mas que evidentes, quizás era un disco demasiado complejo, demasiado perfecto para la época.
A partir de aquí los datos son oscuros y confusos, Nick Drake definitivamente cayo en una profunda depresión, estuvo un tiempo en tratamiento psiquiátrico pero no se observo ninguna mejoría, realizó diversos viajes, algunos de ellos propiciados por Boyd en un intento de liberarle de la presión que soportaba, en aquellos días se comenta que Nick Drake ha abandonado la composición, para dedicarse quizás a producir a otros músicos, desaparece largas temporadas y lo que realmente hizo en esos periodos aún es un secreto que nadie ha podido desvelar.

En 1972, repentinamente, casi en secreto, Nick Drake se reúne con su amigo John Wood para grabar lo que sería su tercer disco: “Pink Moon”, grabado en tan solo dos días y con la única presencia de su voz y de su guitarra acústica.
En Pink Moon nos encontramos a un hombre que habla directamente con la muerte, una persona completamente hundida, abandonada a su suerte, una a una va desgranando dolorosas estampas de vacío y desolación, lo que antes era esperanza se torna en cinismo y desesperación, la luna rosa es la noche, la muerte, en oposición al sol, al día, a la vida. “Place to be”, “Road”, “Know”, “Free Ride”, “Parasite” o “Harvest Breed” son atormentadas confesiones en voz alta de un hombre que ve próximo su final.
Técnicamente “Pink Moon” es una vez mas perfecto, los arreglos de guitarra y las melodías construyen un ambiente realmente estremecedor, cargado de tristeza pero de una belleza difícilmente descriptible, la voz de Nick suena mejor que nunca, sufriendo con cada palabra que sale de sus labios.
Una vez terminado el álbum fue el propio Drake quien entregó el master en la discográfica, en realidad lo dejó en una bandeja en recepción y paso allí tres días sin que nadie reparase en él.

Siguieron mas días oscuros, Nick Drake probó varias cosas, primero se quiso alistar en el ejército donde no fue admitido y luego llegó incluso a trabajar como programador de ordenadores, en esos últimos años vivió largas temporadas en París, allí surge el rumor de su relación con Françoise Hardy, es un hecho que se conocieron y que ambos se profesaban mutua admiración pero no se sabe hasta que punto llego la relación.
Drake termina volviendo a casa de sus padres, en Tanworth-In-Arden, escribe esporádicas canciones para un teórico cuarto álbum que nunca vio la luz, entre estas ultimas canciones (Recopiladas en el esencial “Time of no reply”) destaca la estremecedora “Black Eyed Dog”.

Una mañana su madre, extrañada de que Nick no se hubiese aún levantado decide subir a su habitación, en la mesilla había un libro de poemas, en el tocadiscos el concierto de Brandenburgo y en la cama su hijo muerto, tenia tan solo 26 años.
Oficialmente Nick Drake se suicidó, en la autopsia se encontraron restos de Tryptisol, un antidepresivo que Nick solía combinar con sus pastillas para dormir, su muerte bien pudo haber sucedido por accidente, por una sobredosis involuntaria, su familia insiste en que en aquellos días Nick estaba alegre y con un montón de proyectos en la cabeza.
El caso es que la muerte de Nick Drake contribuyó a crear el mito, la leyenda, cerrando un ciclo perfecto. La lápida de Drake está en el pequeño cementerio de Tanworth-In-Arden, ofreciendo fiel testimonio de que Nick existió realmente. A partir de entonces su música se fue instalando en dormitorios y buhardillas de poetas desconsolados, de bohemios, de soñadores.
Aunque su música nunca ha alcanzado destacables cotas de popularidad periódicamente se ha ido revisando el mito y se han ido editando diferentes discos póstumos, el mejor es el comentado “Time of no reply” que además de contener sus últimas canciones, contiene temas tan bellos como “Clothes Of sand” o la propia “Time of no Reply”.
También se han editado diferentes “Bootlegs” recopilando sus primeras composiciones caseras, muy influenciadas por Bob Dylan y el blues, destacan “Tanworth-In-Arden 1967/68” y “Second Grace”.
Toda la obra de Nick Drake es absolutamente capital e imprescindible, raras, muy raras veces hemos tenido ocasión de descubrir a un hombre en sus canciones de la forma en que Nick se presenta en las suyas, rara vez hemos sentido tan cerca el amor, la desesperación y la belleza, la insondable belleza de las canciones de Nick Drake.

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Syd Barrett

Publicado el Miércoles 23 diciembre 2015

Syd Barrett es una de las figuras mas míticas y enigmáticas de la historia del pop, nacido en Cambridge, Gran Bretaña, en 1946, a temprana edad empezó a mostrar intereses musicales y pronto militó en bandas locales como Geoff Mutt and The Mottoes. En la escuela mayor de Cambridge conoció a Roger Waters y a David Gilmour con los que compartía su devoción por la música. Con Gilmour realizó una serie de actuaciones versioneando temas de los Rolling Stones que les hizo ganar cierta popularidad.
En 1963 Barrett se translada a Londres para asistir a clases en la Camberwell School Of Art, al tiempo que forma con algunos músicos de la capital el grupo The Hollering Blues, un combo de versiones de blues y Rock’n’roll.

En esa misma época, Roger Waters, que tambien estaba estudiando en Londres contaba ya con su propia banda, The Screaming Abdabs y pronto contactó con Barrett para que se uniese al proyecto que cambió su nombre por el de The Pink Floyd Sound a sugerencia de Barrett, tomando el nombre de dos bluesmen americanos.
En los Abdabs ya militaban Nick Manson (bateria) y Rick Wright (teclado) aunque con la incorporacion de Syd Barrett el grupo tomaría una dirección muy diferente a la del primitivo Blues-rock que practicaban, Barrett estaba muy influenciado por los Beatles, los Rolling Stones y por toda la música psicodélica que llegaba de EE.UU, con Love a la cabeza.
El recien llegado pronto tomó el control casi absoluto de la banda, convirtiendose en el principal compositor, cantante y guitarrista de la formación, introduciendo inauditos elementos de experimentación y psicodelia que pronto empezaron a llamar la atención en sus actuaciones en Londres, complementando sus conciertos con imágenes y proyecciones salidas de la fértil imaginación de Barrett.
En 1967 el grupo firma un contrato con EMI que les publica su primer single: “Arnold Layne” un excepcional tema compuesto por Barrett que ya definía el sonido del grupo, tremendamente extraño, experimental y con un magnetismo dificil de describir. El segundo single de la banda “See Emily Play” supuso un enorme éxito, lo que propició la entrada inmediata de la banda en los estudios Abbey Road para grabar lo que sería el primer álbum del grupo: “The Piper At The Gates Of Down”.

El primer disco de Pink Floyd es considerado el mas claro exponente de la psicodelia británica, muy influenciada por la de la costa oeste americana pero con sus propias señas de identidad, aquí Syd Barrett dispuso ya de todos los elementos necesarios para plasmar sus extravagantes y originales ideas, al tiempo que se introducía de lleno en el consumo masivo de drogas, principalmente LSD, práctica muy habitual en el circuito londinense de la época, mientras el resto de banda tomaba una actitud mucho mas moderada.
Los efluvios lisérgicos en las composiciones de Barrett se aprecian con claridad en temas extraños y crípticos como “Interstellar Overdrive”, “Astronomy Domine” o “Lucifer Sam”, canciones alucinógenas realmente originales y brillantes, con largos y complicados desarrollos instrumentales en los que destaca la peculiar forma de tocar de Barrett y el distintivo bajo de Roger Waters.
Las letras de Syd Barrett son aquí complejos jeroglificos con referencias oníricas ciertamente sugerentes y extrañas. Barrett compuso todos los temas y fue el cantante principal en todas ellas.
“The Piper At The Gates Of Down” es un disco único, un disco que juega con la experimentación hasta límites desconocidos, introduciendo elementos y sonidos que luego serían imitados hasta la saciedad, traspasando el limite del rock para adentrarse en el Jazz, en ritmos étnicos y en el ruidismo mas salvaje.
Con la acertada promocion de EMI el disco tuvo un éxito casi instantaneo y el grupo empezó a ser demandado intensivamente para tocar por todo el país y por los EE.UU.
Llegados a este punto es cuando la historia se vuelve confusa, Barrett había seguido tomando LSD y su estado psicológico se empezó a resentir en esos meses de gira con la banda, arruinando algunas actuaciones del grupo con episodios psicóticos de cierta gravedad, se suele citar como punto culminante el colapso que sufrió en una entrevista para una cadena norteamericana que dió la vuelta al mundo.
Ante esta situación, la banda, con Roger Waters a la cabeza, disfrutando de un exito que exigía plena concentración optó por substituir a Barrett por otros músicos en algunas actuaciones, obligandoles obviamente a reestructurar y adaptar todo el repertorio, hasta que finalmente se optó, una vez que el grupo volvió a entrar en el estudio en dejar fuera definitivamente al lider indiscutible de la banda.
Syd Barrett fue substituido por David Gilmour y el grupo continuó su camino alejandose de las coordenadas psicodélicas del primer disco en una carrera hacia las masas bien conocida por todos.

Syd Barrett padecía esquizofrenia agravada por episodios psicóticos, una situación totalmente incapacitante que le obligó a someterse a cuidados intensivos y a retirarse a casa de sus padres. En 1970, no obstante, Barrett contactó con David Gilmour y le planteó la idea de grabar en estudio algunos temas que tenía completados, con el tremendo éxito de Pink Floyd no resultó problemático contactar con los estudios Abbey Road de la EMI para realizar esas sesiones a pesar de las “especiales” circunstancias y de la practicamente nula posibilidad comercial que de antemano se sabía tendrían esas canciones.
De esas primeras sesiones saldría practicamente todo el material del primer disco en solitario de Syd Barrett, llamado “The Madcap Laugh”, producido por David Gilmour y con colaboraciones de The Soft Machine, Roger Waters y diversos músicos de estudio, un disco extraño y alucinado dominado casi en exclusiva por la guitarra y la voz de Barrett que navega por espacios de folk espectral, blues lisergico y rock espacial con la soltura y convicción que solo él podía conseguir.
Destacan dentro de este conjunto tan heterogeneo de canciones las tomas de “Terrapin”, “Octopus”, “Late Night”, “No Good Trying” y “Love you” dotadas de irresistibles melodías y magníficos arreglos, el resto del material es bastante mas experimental y oscuro, algunos temas son simplemente esbozos sin completar, canciones extrañas dificilmente clasificables.
Las sesiones de “The Madcap Laugh” fueron ciertamente complicadas, Syd Barrett se mostraba disperso y ausente en muchos momentos y fue necesario “pinchar” las tomas una y otra vez, añadiendo arreglos solamente cuando la parte de guitarra y voz ya estaba grabada, aunque lo cierto es que a pesar de todo Barrett seguía mostrando aún una imaginación fuera de toda discusión y un entusiasmo por sus canciones que fue capaz de transmitir a todo el equipo.
El disco salió publicado ese mismo año con escaso apoyo comercial de EMI y pocos se enteraron de su existencia, David Gilmour volvio con los Floyd y Syd Barrett se retiró otra temporada.

Quizas contra pronóstico, tan solo unos meses mas tarde, en Noviembre de 1970, Syd Barrett volvió a ponerse en contacto con EMI para grabar nuevos temas, la compañía de nuevo accedió aunque esta vez se intentó por todos los medios dar un toque mas comercial a las composiciones con vistas a una mayor repercusión mediatica, aunque fuese captando a los nuevos fans de Pink Floyd, para ello se optó por dar a la mayoria de los temas un tratamiento mas rotundo, mas directo, mas de banda.
David Gilmour se volvió a unir al proyecto que esta vez recibiría simplemente el nombre de “Barrett”, las nuevas sesiones fueron igualmente caoticas pero igualmente interesantes, con un ambiente marcado por la esquiva y fertil imaginación de Barrett, enfrascado en sacar adelante temas absolutamente geniales como “Baby Lemonade”, “Gigolo Aunt” o “Rats” junto a temas mucho mas extraños cercanos al espitiritu de “The Madcap Laughs” como “Wined and Dined” o “Wolfpack”. Este segundo disco de Syd Barrett no alcanza quizás el nivel de genialidad del primero, resultando un tanto disperso, pero aún así los temas citados se encuentran sin duda entre lo mejor que hizo nunca.

En Febrero de 1970, tras completar “The Madcap Laugh”, Syd Barrett grabó una actuación en el celebre programa de John Peel para la BBC acompañado por David Gilmour y Jerry Shirley interpretando temas de su primer disco como “Terrapin” pero centrandose en temas que luego aparecerian en “Barrett” como “Gigolo Aunt”, “Baby Lemonade” o “Effervescing Elephant. Este concierto es interesante porque los temas muestran matices distintos y porque Barrett se muestra bastante inestable durante la actuación, provocando cambios imprevistos dificiles de seguir por los músicos.

Tras la publicación de su segundo disco Syd Barrett se retiró definitivamente y su figura fue poco a poco eclipsada por el enorme éxito mediático de Pink Floyd que alcanzó su cima a mediados de los 70 con discos como “Dark Side Of The Moon” o “Wish You Were Here”. Syd se instaló permanentemente en casa de su madre y lo que ha sido de su vida desde entonces permanece en el mas profundo anonimato ya que nunca ha concedido entrevistas y apenas se le ha visto en publico. La naturaleza de su enfermedad y la influencia que tuvo ésta en su carrera y en su posterior desaparición permanecen por tanto en el mas absoluto de los misterios, no hay un patrón fijo para describir o predecir el comportamiento y los pensamientos de un esquizofrénico, si es que Barrett padecía en verdad esquizofrenia y la ausencia de datos precisos sobre sus últimos años tampoco ayuda a solventar ese misterio.

En 1989, coincidiendo con una revitalización de la figura de Syd Barrett se publicó el album “Opel”, una recopilación de temas inéditos y tomas alternativas de aquellas míticas sesiones de 1970, con lo que practicamente todas las canciones han visto ya la luz, unas canciones que siguen manteniendo un magnetismo y una magia dificilmente asimilable, unos temas y un músico, Syd Barrett, envueltos para siempre en una inigualable leyenda de genialidad y misterio.

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Leonard Cohen

Publicado el Domingo 4 octubre 2015

De antepasados judios polacos emigrados a Canadá, nace un 21 de septiembre de 1934 en los alrededores de Montreal (Westmount), rodeado de contradicciones, judío en una población mayoritariamente cristiana, de habla inglesa en una comunidad mayoritariamente francófona, se dedicará toda su vida a la búsqueda del equilibrio.

Educado en una escuela judía, queda huerfano de padre muy joven, a los 9 años. A los 15 forma parte de un trío de country “The Bucksin Boys”. A los 16 ingresa en la universidad McGill donde estudia Literatura Inglesa. En 1956 publica el primer libro de poemas ‘Comparemos Mitologías’. En 1957 graba para el sello Folkways unos poemas dentro de un disco dedicado a seis poetas canadienses (‘Six Montreal Poets’).En 1961 se publica su segundo libro de poesía ‘La caja de especias de la tierra’. Gracias a la buena acogida de sus obras consigue una beca y decide viajar por Europa, recalando en Grecia, en la isla de Hydra, donde conoce a la musa de una de sus más conocidas canciones ´So long, Marianne’, con la que tiene un hijo (Alex) y convive ocho años (volviendo de vez en cuando a América para conseguir dinero, a Cuba durante el conflicto de Bahía de Cochinos…)
En este periodo escribió los dos siguientes libros de poemas ‘Flores para Hitler’ y ‘Parásitos del Paraíso’, y sus dos primeras novelas: ‘El Juego Favorito’ y ‘Los Hermosos Vencidos’ considerada por muchos como su mejor obra.
Si bien su intención era dedicarse a la literatura, a finales de los 60 comienza a ser reconocido internacionalmente como cantante (Judy Collins había dado a conocer su canción ‘Suzanne’, es invitado a participar en 1966 en el Newport Folk Festival, donde lo contrata el cazatalentos de la CBS John Hammond para grabar sus propias canciones…) , lo que le anima a seguir en la música, pues le proporciona mayores beneficios pecuniarios (“Tenía un verdadero problema económico, y como siempre había tocado la guitarra y había formado parte de grupos country, decidí intentarlo con la música”).

Su primer disco ‘The Songs Of Leonard Cohen‘ (1967) es sin duda un gran comienzo y ya se perciben claramente muchas de las constantes en su futura trayectoria. El amor y el adios, la santidad y el pecado, la vida y el suicidio, maestros y aprendices, la soledad en medio de los demás o la libertad entre rejas emocionales. En la música se aprecia ya la debilidad que tiene por los ritmos 3/4 y por la aparente sencillez en la instrumentación, nada debe destacar más de lo que le corresponda, conseguir la mayor efectividad con la mayor sencillez posible.
Empieza el disco con el clásico ‘Suzanne’: la música nos invita a dejarnos llevar por la corriente del río, los cantos corales de las sirenas buscan atraernos y conquistarnos, y el mensaje nos informa que nadie ha logrado resistirse a su atracción ( ni siquiera el propio Jesús -la religión siempre rondando sus letras-). Una invitación a no luchar contra el deseo.
Destacan también ‘Winter Lady’, ‘Sisters of Mercy’, ‘So long,Marianne’ todavía sigue siendo una de sus canciones más versioneadas, ‘Hey, that´s not way to say goodbye’ con unos coros pop simples pero encantadores, o ‘One of us cannot be wrong’ con un final que anuncia la primera canción del próximo disco pues recuerda a un borracho en un coro de medianoche.
En 1969 graba su segundo disco en Nashville, ‘Songs from a room‘, con ‘Bird on the wire’ como mayor éxito; Kris Kristofferson dijo de ella que le gustaría que en su lápida escribieran las primeras estrofas, y Joe Cocker hizo una versión que catapultó la canción y a su autor hacia otros paises. Tiene éxito también un hermoso tema que por primera vez no está compuesto por L.Cohen, ‘The Partisan’, con el que se adentra descaradamente en la temática política (“desarrollé la curiosa teoría de que la música acabó con los nazis”); está cantada la primera parte en inglés y la segunda en francés aumentando su fuerza expresiva con el acompañamiento del coro femenino y un sonido de acordeón que nos sitúa entre las tumbas del campo de batalla. Le sigue una de sus más tristes canciónes, ‘Seems so long ago, Nancy’, basada en el suicidio de una amiga. ‘The Butcher’ surgió tras una negra noche en su depresión. Y el resto del disco mantiene la calidad , intimidad y el nivel que de él se esperaba, aunque más crudo y con menos adornos instrumentales que el primero.
Empieza la década de los 70, deja de visitar regularmente Hydra, realiza su primera gira por Europa con la banda del segundo disco “The Army” (el ejército). En 1971 graba también en Nashville y con la misma banda ‘Songs of love and hate‘. En este disco se desnuda hasta límites insospechados. No hay pensamiento , interioridad o problema que se deje guardado. Contiene ‘Avalanche’; ‘Last year ‘s man’ con gran contenido religioso controvertido y un coro de niños al final que logra dulcificarla. ‘Dress rehearsal rag’, canción que se niega a cantar en directo (“A no ser que me encuentre extremadamente feliz. Puede acabar con la vida de cualquiera”). Alegra el disco con ritmo country ‘No diamonds in the mine’. ‘La melancólica ‘Famous blue raincoat’; la desgarradora ‘Sing another song boys’ grabada en directo unos años antes, o ‘Joan of Arc’ buscando el verdadero amor.

En esta época comienza a practicar los ritos del zen (“Siempre he sido muy dado a cosas por el estilo, desconectarme de todo, hacer ayunos sin razón aparente durante una semana… debe ser la parte religiosa que hay dentro de mi, esa parte que parece querer levantar el vuelo y despegarse de la tierra”).
En 1972 publica el libro de poemas ‘The energy of slaves’ (“un cáustico examen de la política y las guerras que había por todo el mundo”). También este año comienza una segunda gira por Europa con su banda de la que saldrán una película ‘Bird on the wire’ (Terry Palmer) y su disco ‘Live songs‘ (1973), coincidiendo con rumores de que abandona la carrera discográfica, problemas con las drogas, ruptura con su pareja (“Sentía que todo estaba contra mí, incluso los instrumentos y micrófonos se estropeaban. Me sentía cansado de todo”). El disco contiene buenas versiones en directo, los coros destacados de Donna Washburn y Jennifer Warren, y como temas no editados anteriormente el que comienza el disco ‘Minute prologue’ a solas con su guitarra española; ‘Passing through’ sobre el paso fugaz por la vida personificado en la figura de Jesucristo, a ritmo de country; el largo ‘Please don’t pass me bay’, en la que parece un predicador que va subiendo en intensidad hasta que acaba con la voz rota acompañado por las palmas del público; aparece también ‘Tonight will be fine’ grabada en su actuación en la Isla de Wight en 1970 a la que añade dos nuevas estrofas; y la última ‘Queen Victoria’ grabada en su casa en un estudio móvil.
En 1974 saca ‘New skin for the old ceremony‘, con cambios en su música gracias a la influencia del productor y arreglista John Lissauer y del violinista Lewis Furey, que aportan nuevas e interesantes ideas tanto a la hora de componer como de grabar. Contiene el famoso tema ‘Chelsea Hotel #2’ dedicado a Janis Joplin, ‘Lover lover, lover’ compuesta con la intención de hermanar arabes y judíos, o el también clásico y basado en una tradición religiosa ‘Who by fire’.

Death of a ladies’ man‘ (1977): Un disco que en principio produce rechazos y saca a la luz una desastrosa relación entre dos personas que eran el agua y el aceite; Phil Spector con su muro de sonido consigue hacer olvidar por completo ese halo de intimidad que siempre arrastraban las grabaciones de L. Cohen.
Sin embargo con el tiempo acaba siendo reconocido como un disco diferente en su carrera pero con sus méritos, como pueden ser el atreverse a cambiar y no quedar anclado en un sonido, el no ceder ni un ápice en la sinceridad y crudeza de sus letras, o porque no, las melodías y estribillos que quizás en otras voces podrían haber sido mayor éxito.
Otra gran contradicción, que sea precisamente un productor de gran éxito en canciones para teen-agers quien mezcle este disco que se basa mayormente en el reconocimiento de la decadencia y declive que la edad causa en el amor y la sexualidad.
Como curiosidad cuenta con la participación de Bob Dylan y Allen Ginsberg en los coros de ‘Don’t go home with your hard-on’.
Recent songs‘ (1979) representa la vuelta a la tranquilidad, con incursión en nuevos sonidos gracias al violín armenio de Raffi Hakopian, el laud eslavo de John Bilekizjian y al grupo tejano de fussion Passenger ampliando los horizontes del country. El ritmo de vals destaca todavía más que en otros discos, comenzando con la preciosa ‘The guests’ y los magistrales coros de Jennifer Warnes; una versión de ‘Un canadien errant’ a ritmo de mariachi; otro precioso vals ‘The traitor’; el lado gitano por el que L.Cohen siente debilidad desde que de joven leyera a Federico García Lorca queda reflejado en ‘The gypsy’s wife’, acompañándole con gran protagonismo un violin al mismo tiempo bello, triste y estremecedor.
Tras la grabación inicia una gira por Europa y Australia con los músicos del disco (“por primera vez me sentía seguro en el escenario… incluso me arriesgué a interpretar un tema de los Bee Gees”). Tiene problemas con la compañia de discos cuando quieren sacar otro recopilatorio de la gira, él se niega por no considerarlo necesario.
De lo que si queda satisfecho es de una película para TV de media hora, ideada y escrita por él y Barrie Wexler, ‘I am a hotel’, con cinco historias de amor basadas en cinco canciones suyas y él aparece como la figura unificadora de todas. Con ella gana en 1984 el primer premio del Festival Internacional de Televisión de Montreaux-Suiza.
Publica un nuevo libro ‘Book of Mercy’ (una colección de salmos), y tras cinco añós de silencio discográfico ve la luz ‘Various positions‘ (1984) con otro pequeño cambio en el sonido, la introducción moderada de teclados caseros a los que se había aficionado y cajas de ritmo. Por primera vez se hace un video-clip para promocinar el disco, la canción elegida es ‘Dance me to the end of love’ y lo realiza Dominique Isserman, quien se convertiría en su compañera sentimental. Jennifer Warnes en los coros suena cada vez mejor. De nuevo mezcla religión y sexualidad consiguiendo otra gran canción ‘Hallelujah’. Y para demostrar en tiempos de pérdida de valores que el plano humano-religioso lo considera fundamental termina con una bella oración muy personal ‘If it be your will’.

Al mismo tiempo que grababa este disco colaboraba con Lewis Furey (músico que participó en el álbum ‘New skin for the old ceremony’), escribiendo las letras de una ópera-pop cuya música había compuesto Furay: Night Magic. Uno de los temas saldría también en ‘Various positions’, la nana ‘Hunter’s lullaby’. La película se estrenó en 1985 y pasó desapercibida, aunque llevó un premio en Canadá: el Premio Juno a la mejor banda sonora.
Leonard Cohen pasa por un buen momento de su vida, disminuyen las tensiones y aumenta el reconocimiemto de su obra. Llega a aparecer en un capítulo de ‘Corrupción en Miami’, recibe un Globo de Cristal por vender más de cinco millones de discos fuera de E.E.U.U., pero su madurez le sirve para seguir con los pies en la tierra y ser más crítico y transparente que nunca (“creo que la poesía es necesaria para el corazón de la persona, pero no creo que con ella o con la canción como arma se pueda cambiar el mundo… El mundo sólo cambia desde dentro de cada uno”).
Participa en una recopilación española dedicada al cincuenta aniversario de la muerte de Federico García Lorca (su admiración por este poeta le llevo a poner el nombre de Lorca a una hija suya), con la canción ‘Take this waltz’, basada en ‘Pequeño vals vienés’, y que acabó siendo la canción más famosa del disco.

Jennifer Warnes saca un disco ‘Famous blue raincoat’ con canciones ya conocidas de L. Cohen y una que es primicia y que este grabará también en su siguiente obra: ‘First we take Manhattan’.
Su estado personal se refleja como siempre en el próximo disco ‘I’m your man‘ (1988) (“el título del álbum no va dedicado a nadie en concreto. Yo soy de quien me acepte”). Esta obra va a representar un gran paso en su carrera y gracias a ella va a ser reconocido y aceptado por las nuevas generaciones . Desaparecen casi por completo las guitarras para dar paso a los teclados, con los que había compuesto sus últimas canciones. La voz y coros adquieren nuevos matices en esta música más maquinal. Es un disco con canciones que acaban siendo éxito la mayoría de ellas: ‘First we take Manhattan’, ‘Ain’t no cure for love’, ‘Everybody Knows’, I’m your man’, ”Take this waltz’, ‘I can’t forget’, ‘Tower of song’.
Dos años más tarde sale un disco homenaje ‘I’m your fan’, con nombres como Pixies, Ian mcCulloch, REM, Nick Cave, John Cale… rindiendo tributo al maestro con versiones, la mayoría de ellas, acertadas.
El próximo disco ‘The future‘ (1992) (“A mi parsimonia habitual se añadieron otras circunstancias, algunas de ellas dramáticas, como el accidente de mi hijo Adam…”) llama la atención por la gran cantidad de gente que aparece en los créditos. El sonido es una mezcla de todos los anteriores, vuelven a aparecer cuerdas, guitarras y vientos, aparte de los teclados.
Tiene menos repercusión, pero también aporta buenas canciones. La que da título al disco; ‘Waiting for the miracle’ compuesta en colaboración con Sharon Robinson; una buena versión del tema soul ‘Be For Real’ de Frederick Knight; el éxito ‘Closing Time’; ‘Anthem’, producida por la famosa actriz Rebeca de Mornay (“Es una buena compositora y su oído es excelente… decidí contar con su opinión para rematar detalles del disco, en cuanto a los arreglos y las melodías”); Democracy (“creo que la democracia es la religión del mundo occidental”).
En 1994 sale una nueva grabación ‘Cohen live in concert‘ con 13 canciones en directo, todas editadas anteriormente en sus discos, procedentes de dos diferentes giras, 1988 y 1993, y con el aliciente de las variaciones con que el autor las interpreta en sus conciertos. Como curiosidad la canción ‘One of us cannot be wrong’ fue grabada el 20 mayo 1988 en su actuación en el Velódromo Anoeta de San Sebastián.

Antes de editarse el disco en directo ya había decidido retirarse a un monasterio ‘zen’ en Los Angeles (California) donde es ordenado monje “Dharma de Jikan” (el silencioso). Aquí sigue una vida austera de orden y disciplina, trabajando en el mantenimiento del monasterio, como cocinero, secretario y chofer en las giras del maestro Roshi. Pero sigue escribiendo poesia y componiendo con el ordenador y teclado en su habitación. El monasterio Mount Baldy tiene su propia página web, donde los monjes hablan de sus vidas y experiencias, venden un CD con grabaciones en el monasterio ‘Daily Sutras’ y, como no, Jikan expone algún poema escrito durante su estancia.
Mientras tanto la compañía de discos quiere rentabilizar su espera y saca un recopilatorio de sus tres últimos discos ‘More best of‘ (1997), con dos temas nuevos ‘Never any good’ y ‘The great event’ que saben a poco a sus fans. Y un directo de su gira en 1979 ‘Field Commander Cohen: Tour of 1979‘ (2001), (en memoria de John Wood, técnico de ‘Passenger’, la banda que le acompañó en esta gira). Ningún tema nuevo. Buenas versiones de una buena época.
Tras seis años de reclusión decide regresar al mundanal ruido y vuelve con un disco ‘Ten new songs‘ (2001), diez canciones nuevas (nueve años habían pasado desde su último disco en estudio). Todas ellas compuestas en colaboración con Sharon Robinson, quien se encarga de los arreglos y la mayor parte de la instrumentación. Vuelve a la sencillez en la instrumentación, colchones de teclado y sencillas percusiones, pero en general todo muy previsible. Es un disco menos personal, cede protagonismo a los acompañantes, de él nos queda su voz cada vez más profunda y al mismo tiempo más débil, pasa a ser más poeta y menos músico. Las letras son más simples y al mismo tiempo más universales, más humanas. ‘In my secret life’, ‘Here it is’, ‘Love Itself’, ‘The land of plenty’ y la mayoría de ellas son canciones bellas y agradables de escuchar pero sin riesgo. En su vida asegura sentirse por fin a gusto consigo mismo, y lo que nos ofrece es precisamente eso, tranquilidad y sosiego. Sinceridad es lo que lo sigue caracterizando.
Similares características pueden aplicarse a su siguiente disco de estudio ‘Dear Heather‘ (2004). En este destaca la aportación de una antigua colaboradora, Anjani Thomas, una voz femenina que encaja a las mil maravillas con la de L.cohen y ayuda asimismo en alguna composición. Hay mayor variedad de estilos e instrumentación y hace que el disco artísticamente sea más rico y se sitúe por encima del anterior. Empieza con un tema escrito por Lord Byron ‘Go no more a-roving’; ‘The letters’ la utilizará Win Wenders en su película ‘Land of Plenty’; opina a su manera sobre el 11 septiembre en ‘On that day’; sorprende en ‘Dear Heather’ por la curiosa instrumentación y modo de cantarla deletreando a ratos; en ‘Nightingale’ vuelve al country-folk en una bella canción dedicada a un íntimo compañero de Anjani Thomas muerto ese año; y finaliza con una versión en directo de un clásico del country-western, ‘Tennesee waltz’, de la gira de 1985, al que le había añadido algunos versos.
Leonard Cohen va envejeciendo con gran dignidad, ha dejado de ser alumno y se ha convertido en maestro, para decirnos que no hay maestros ni alumnos, sólo vida, y todos formamos parte de ella hasta que la muerte llegue.

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Beatles para siempre: Segunda Parte

Publicado el Miércoles 26 agosto 2015

Viene de la Primera parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

DEBAJO: Cuatro descuidados rockers, convertidos en buenos muchachos. Brian Epstein fue el responsable de la primera imagen del grupo.

Será Epstein quien les consiga una sesión con George Martin, productor de una filial de EMI especializado en grabar a humoristas como Peter Sellers, con fama de arriesgarse con gente nueva. Es así como el 11 de Septiembre de 1962 tiene lugar la grabación de Love me do. En una sesión previa a Martin no le había gustado como tocaba Pete Best, y había sido sustituido por Ringo (quien, para evitar riesgos, cedido a su vez la batería a un profesional en Love me do). El single se coloca entre los veinte superventas. Los Beatles eran ya una celebridad local.

Todo esto nos hace pensar, una vez más, respecto a la cortedad de miras de muchos mandamases a la hora de “destapar genios”; sobre todo en el terreno cultural y, más concretamente, en el musical. Fijémonos en que los Beatles lograron grabar su primer single casi de rebote, teniendo que recurrir para ello a un sello menor y a un productor de segunda fila. Casi nadie fue capaz de ver del diamante en bruto que podía tener entre manos, como por ejemplo los responsables de otras discográficas de mayor categoría que les rechazaron, tal que Decca. Aquellos tipos podrían figurar de forma aventajada entre los más idiotas que jamás hayan pisado este mundo y varios adyacentes.

Estamos en 1963. Please, please me logra el milagro de llevarlos al número uno nacional, graban su primer LP y convierten el estribillo de She loves you en el grito de guerra de toda una generación, un yeah-yeah que dará nombre provisional a este renacer del rock: la música ye-ye. John, que se ha casado el año anterior de penalti con su novia, Cynthia, (matrimonio que fue silenciado temporalmente para no “decepcionar” a las fans y así mantener intacto el tirón popular del músico y de su banda) tiene un hijo al que pone Julian de nombre, en memoria de su madre. Una gira por todo el país y galas con lo más selecto de la sociedad británica ponen punto final a su reconocimiento nacional. El siguiente paso será Estados Unidos.

El single I want to hold your hand allanó el camino y en Febrero de 1964 miles de fans aullaban en el aeropuerto Kennedy ante unos Beatles que traían calentito, recién salido del horno, su segundo álbum. Los yankis no lo sabían, pero el cuarteto de Liverpool estaba reconciliándose con sus propias raíces musicales. Como diría más tarde Lennon, “cuando llegamos a EE.UU. y nos encontramos con que nadie escuchaba rock and roll ni música negra, sentí que veníamos al origen, pero que nadie quería enterarse de ello”.

Ese año de 1964 supuso, también, el triunfo en otros frentes, sobre todo en el cine, de la mano de Richard Lester, un director del floreciente free cinema inglés. En A hard day´s night captaba de un modo casi documental la vida enloquecida de los cuatro Beatles, con insertos muy innovadores en los números musicales que dejan entrever lo que serán los futuros videoclips. Al año siguiente Help! desarrollará esos componentes, mostrándolos como una especie de Hermanos Marx del pop. Hoy día A hard day´s night es un clásico indiscutible del cine contemporaneo

Además, John publica dos libros, John Lennon in his own write y A Spaniard in the work. Todo el mundo se queda sorprendido: el libro es más que aceptable, muestra que hay rockeros que tienen algo más que serrín en la cabeza y que Lennon dibuja y escribe estupendamente. Se le concede el premio Foyle y esta mítica librería londinense da una recepción en su honor. Y no sólo eso: John Lennon in his own write vende 300.000 ejemplares en Inglaterra. En EE.UU. también es un best seller. El rock empieza a gozar de respetabilidad social. El productor de sus películas, Walter Shenson, ha evocado a John Lennon en un banquete en el Festival de Cannes, y aquel luce la mejor de sus sonrisas para la galería mientras por lo bajo le susurra: “Walter, dime si el jodido tenedor que estoy cogiendo es el adecuado para este plato”.

Los conciertos de los Beatles arrebataban al público. En las raras grabaciones que los registran, las canciones apenas son audibles entre el griterío de la audiencia. En la foto, actuación de la banda en Las Vegas, en 1964. Al año siguiente visitaron Madrid y Barcelona y en el verano de 1966 se retiraron de los escenarios. Su música se había vuelto demasiado compleja para ejecutar en vivo.

Con motivo del 30 aniversario de la visita de los Beatles a España Televisión Española editó un magnífico documental titulado ¡Que vienen los Beatles!, en el que se cuenta con todo detalle aquella visita relámpago saboteada de forma más o menos sutil por la dictadura franquista, que veía en aquellos “melenudos” a cuatro peligrosos agitadores de la juventud que para nada convenían a los intereses del régimen. Si podéis echarle el lazo no perdáis la oportunidad, que está muy bien.

IR A LA TERCERA PARTE.

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Un prestigitador llamado Springsteen

Publicado el Miércoles 29 julio 2015

bruce2.jpgEn la década de los 70 fue saludado como el futuro del rock, en los 80 se convirtió en una superestrella, en los 90 parecía perdido para la causa y en el siglo XXI ha recobrado la capacidad para emocionar. “Magic” es la última prueba irrefutable de que Bruce Springsteen es un artista cuya inspiración no se ha agotado. Es una obra que remite a su glorioso pasado. Rezuma honestidad y vitalismo. Todo aquello que hace que el rock sea redentor.

Pero hagamos un flashback para repasar la carrera del Boss aprovechando la coyuntura de que ha editado su décimo quinto disco en estudio. Bruce Springsteen (23-09-1949, Freehold, NJ) llevaba ya intentándolo en los 60 (Castiles, Child, Steel Mill) cuando a principios de los 70 le fichó Columbia Records. En un principio se le etiquetó con el reducido estereotipo de nuevo Dylan. Un cliché que se le quedaba pequeño. Sí, esgrimía una lírica cercana a la del bardo de Duluth, pero era capaz de hacer rock’n’roll en la línea de un Elvis Presley o un Jerry Lee Lewis. Y era un amante confeso del Wall Of Sound del genial Phil Spector.

La ópera prima de Springsteen no podía ser más prometedora. “Greetings From Asbury Park, N.J.” (1973) era un estreno a lo grande. Presumía de temazos del calibre de “Growin’ Up”, “Spirit In The Night”, “For You” o “It’s Hard To Be A Saint In The City”. No tenía relleno. Pero pasó inadvertido. Sin embargo, “Blinded By The Light” se convirtió tiempo más tarde en un hit para Manfred Mann’s Earth Band.

La continuación corrió la misma suerte. “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” (1973) no sólo mantiene el nivel creativo, sino que en algunos casos supera el listón (seminales “Incident On 57th Street”, “4th Of July, Asbury Park (Sandy)” y “New York City Serenade”). Springsteen empieza a cincelar su mítico mundo de coches y chicas. Este también es el álbum de los guiños jazzísticos y de esa epopeya teenager que es “Rosalita (Come Out Tonight)”.

A la tercera fue la vencida. El ascenso de Springsteen no es precisamente meteórico. Lento, pero seguro. O sea que cuando llegó a la cima ya era un artista hecho y derecho. El Boss reúne la formación que mejores resultados le ha dado. Esa E Street Band conformada por Clarence Clemons al saxo, Steve Van Zandt a la segunda guitarra, Danny Federici al órgano, Roy Bittan al piano, Garry Tallent al bajo y Max Weinberg a la batería. “Born To Run” (1975) es, escogiendo un atajo, el mejor disco de Springsteen. Es más, es uno de los grandes álbumes de la historia de la música popular. La insuperable “Thunder Road”, la brutal “Backstreets”, ese himno que es “Born To Run” o la monumental “Jungleland” son partituras inmortales. Especialmente recomendable es la edición del 30 aniversario. Sea como fuere, este es el disco que catapultó al Boss al status de crack mediático.

bruce11.jpgTras esta romántica obra maestra de rock urbano llegan los problemas. Springsteen se mete en una batalla legal contra su representante al descubrir que los derechos de sus canciones no le pertenecen. Así que pasan tres largos años hasta que ve la luz un nuevo disco. En plena era punk sale “Darkness On The Edge Of Town” (1978), que supura amargura en grandes cantidades. Ahora las viñetas reflejan las inquietudes de héroes anónimos de clase trabajadora. El sueño americano se convierte en pesadilla. “Badlands” (con el clásico filme de Terrence Malick en mente), “The Promised Land” o “Candy’s Room” son joyas que ponen de manifiesto que la rabia y la angustia pueden servir de vehículo para escribir grandes temas.

Después publicó “The River” (1980). Este es un doble álbum en el que se revela la gran versatilidad de un autor capaz de confeccionar himnos para reventar estadios (“Hungry Heart”, “Sherry Darling”, “Out In The Street”) o en las antípodas es capaz de romper corazones con baladas sinuosas (“Point Blank”, “Drive All Night”, la misma “The River”).

Y la sorpresa llegó acto seguido. Springsteen se lo montó él solito mucho antes de que se pusieran de moda los “Unplugged”. “Nebraska” (1982) es una gran colección de temas acústicos que retrotraen a Bob Dylan, Johnny Cash o Woody Guthrie. La América de Reagan queda retratada en blanco y negro con historias de perdedores y seres marginales. Grabado en un cuatro pistas, “Nebraska” es un álbum de una desnudez máxima. No hay finales felices. Tras el fundido en negro brotan las lágrimas…

Hasta aquí, la obra de Springsteen es inmaculada. A partir de “Born In The USA” (1984) empiezan las dudas, los peros, los defectos. Este es el punto de inflexión. Springsteen ya estaba instalado en el star-system, pero a partir de este momento pasa a ser una megaestrella. “Born In The USA” es un buen disco, pero peca a ratos de superficial (cae presa del populismo). Eso sí, “Bobby Jean”, “Downbound Train” o “No Surrender” valen un potosí. Por cierto, el tema que da título al disco fue etiquetado de himno conservador, cuando es todo lo contrario. El caso es que Springsteen no hizo bien la digestión de vender millones de discos.

“Tunnel Of Love” (1987) es irregular. A este romanticismo le falta la sustancia de antaño. Luce una producción que por momentos es irritante. Algunos lo consideran un disco de culto. Se equivocan. Falta pasión, se echa de menos la rabia y la frustración que impulsaban a Springsteen hacia metas superiores. Esconde buenos temas, por supuesto. Verbigracia, “Brilliant Disguise” o “One Step Up”. Este LP presagió el divorcio de Springsteen, que acabaría casándose después con la cantante Patti Scialfa (posteriormente miembro de la E Street Band).

bruce21.jpgSe abre un tiempo de silencio. Un lustro después vuelve con dos discos. “Human Touch” (1992) es flojo. La producción sigue siendo un lastre y lo peor es que las canciones dan la impresión de ser rutinarias. Uno echa de menos a la E Street Band. “Lucky Town” (1992) es otra cosa. Está un escalón por encima. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero se sostiene por una superior inspiración. Lo que es una evidencia es que Springsteen carece del feeling de tiempos pretéritos.

Antes de grabar “The Ghost Of Tom Joad” (1995) gana el óscar por “Streets Of Philadelphia”. Se ha convertido en el rey Midas. Cuando los presagios son peores, Springsteen demuestra que aún se puede defender su causa. “The Ghost Of Tom Joad” recupera la autenticidad de “Nebraska”. Basándose en “Las Uvas De La Ira” de John Steinbeck y con la película de John Ford bien guardada en el corazón, Springsteen ofrece una nueva lección de cómo aguantar el tipo con medios austeros. Como apunte anecdótico cabe destacar que la canción que sirve como título para el disco tuvo una cover de Rage Against The Machine.

“The Rising” (2002) sirve para que continúe recuperando crédito. Vuelve a grabar con The E Street Band (desde el “Born In The USA no hacía tal cosa). Con la tragedia del 11 de septiembre como trasfondo, “The Rising” se eleva con el ingrávido peso de 15 canciones donde la esperanza acaba ganando la partida al dolor y la tristeza.

Como confirmación de que está en buena racha edita “Devils & Dust” (2005). Retorno a la faceta acústica y a la exploración de su vertiente de contador de historias. “Devils & Dust” es un escalofriante retrato de un soldado en la guerra de Irak, “Long Time Comin’” refresca por su aliento vivificante. “Maria’s Bed” y “All I’m Thinkin’ Bout” también sobresalen en un álbum notable.

El siguiente paso es inesperado. “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” (2006) es el primer disco de versiones en la larga trayectoria de Springsteen. Se trata de un excelente tributo a la figura de Pete Seeger y por extensión de los cantautores folk cuyo compromiso con la realidad circundante es total.

Por último, saca “Magic” (2007). Otra vez cuenta con sus mejores compañeros de viaje: la seminal The E Street Band. En el álbum hay constantes guiños a su propia obra (sirva de ejemplo la cita obvia a “Tenth Avenue Freeze Out” que se observa en “Livin’ In The Future”). Pero también es fácil discernir referencias a clásicos de la Biblia del Rock (brilla con intensidad la spectoriana “Girls In Their Summer Clothes”).

Bruce Springsteen no gozará del prestigio intelectual de otros artistas, pero la calidad de su trabajo resiste la comparación con cualquiera de ellos. Resulta lamentable comprobar cómo muchos le desdeñan desde el desconocimiento o porque no entra en el canon de lo ‘cool’ proclamar que te gusta Springsteen. No obstante, parece que su figura cada vez es más reconocida por grupos ‘indies’. Llegará el momento de su exaltación. No cabe la menor duda de que será reivindicado como una figura esencial. En contraposición, también es irritante comprobar como para muchos el rock se reduce a Springsteen. Ni una cosa, ni la otra.

El genio de Freehold se merece un puesto de honor en el Olimpo. Sólo hay que asistir (uno siempre acaba estupefacto) a alguno de sus incontestables directos para saber que es muy grande. Y si no, basta con un somero repaso a su primera etapa antes del estrellato universal. O, qué demonios, tengamos en cuenta que fue capaz de descartar los temas incluidos en la magnífica caja “Tracks” (1998). Este tipo ha hecho historia.

Por Jose Luis Ruiz

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