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Beatles para siempre: Prólogo y Primera Parte

Publicado el martes 23 enero 2018

Antes de nada, creo que es justo empezar dejando claro que este artículo no lo he escrito yo. Lo que vais a leer a continuación se publicó originariamente dentro del ejemplar de Octubre de 1987 de la revista Muy Interesante, decana del periodismo divulgativo español (sale a los quioscos ininterrumpidamente cada mes desde Mayo de 1981). La fecha no fue casual, pues en aquel momento se cumplían veinticinco años desde la publicación del primer single del grupo, aquel sencillo pero pegadizo “Love me do”. Ese día de 1962 nadie era consciente de que tal acontecimiento supondría un hito en la historia de la música popular, a partir del cual ya nada sería lo mismo que antes. Y no sólo en el terreno estrictamente musical, pues la influencia de los “Fab Four” alcanzaría a muchos ámbitos de la vida y la cultura del Siglo XX y todavía hoy, plenamente inmersos en el XXI, dicha influencia está muy lejos de desaparecer.

La idea de reproducir íntegramente este reportaje en Computer Age me vino a la cabeza tras dedicar parte de mi tiempo libre a revisitar la discografía de la banda y volver a ver películas y documentales relacionados con ésta. Recordé la existencia de este excelente trabajo, publicado hace ya más de dos décadas y seguramente desconocido u olvidado por casi todo el mundo. Entendí que valdría la pena ponerlo a disposición de la gente en la Red y me puse en contacto con José Pardina, el director del MUY, que me concedió encantado el permiso necesario para llevar a cabo la idea. Por lo tanto, aquí os dejo una muestra de periodismo del bueno proveniente de una época en que no existía Internet, con su pasmosa facilidad de acceso a cantidades ingentes de datos (con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva), y por tanto había que husmear, y mucho, para encontrar información fidedigna y de calidad, aun tratándose de un grupo como The Beatles. Lo sacaremos a la luz por entregas a lo largo de las próximas semanas, para que no se os haga demasiado pesado, y me permitiré la licencia de insertar algunos comentarios propios cuando lo considere oportuno, debidamente señalados para diferenciarlos del texto original. Espero que lo disfrutéis como merece, porque realmente vale la pena. Os lo garantizo.

Beatles Para siempre: 25 años desde “Love me do”. Primera parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
http://www.muyinteresante.es/

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.


En 1963 y 1964, los Beatles provocaban estados de histeria colectiva allá por donde pasaban. Antes que su música, ese aspecto escandaloso fue el primero que destacaron los pacatos medios de comunicación de la época. Debajo, los “Fab Tour” en una típica foto promocional de los años gloriosos. De izquierda a derecha: John, George, Paul y Ringo.

Los futuros Beatles nacieron todos en el duro enclave de Liverpool, que a las inclemencias provincianas del cinturón industrial del centro de Inglaterra añadía entonces las impuestas por la Segunda Guerra Mundial. John Lennon y Richard Starkey (más conocido luego como Ringo Starr) nacieron en 1940; Paul McCartney les siguió en 1942, y George Harrison en 1943. Ringo procedía de los arrabales proletarios y el padre de George era el conductor del autobús escolar del centro donde estudiaba. John y su madre, Julia (que moriría en 1957 atropellada por un policía borracho) habían sido abandonados por su padre, un marinero pendenciero que cuando su hijo alcanzase la fama grabaría un disco intentando rentabilizar la situación. Quizá Paul fuera el que disfrutase de una infancia más tranquila y estable, en el seno de una típica familia de clase media – baja con aficiones musicales.

Con el tiempo, Liverpool tendría, sin embargo, sus ventajas: el puerto la mantenía bien surtida de novedades discográficas, la comunicación con sodomas y gomorras como Hamburgo era fluida y la gente sobrevivía gracias a un dislocado sentido del humor del que dan fe los mejores cómicos del país, que proceden de allí. Tras varias formaciones y nombres, John, Paul y George (los tres armados de guitarras, a los que hay que añadir Stuart Sutcliffe al bajo y Pete Best a la batería) se bregan en Hamburgo tocando incansablemente en clubs de mala muerte. Pero también son apreciados por universitarios alemanes como Klaus Voorman, futuro miembro de la Manfred Mann y autor de la portada de su álbum Revolver. Muchos años después, y tras haber colaborado puntualmente con la Plastic Ono Band de Lennon, Voorman sería de nuevo tanteado por los Beatles supervivientes para poner portada al disco recopilatorio The Beatles Antology (1996).

Por aquel entonces, no pasan de ser unos descuidados rockers con las inevitables zamarras de cuero, que han adoptado el nombre de Beatles como un juego de palabras muy de Lennon entre beat (“percusión”) y beetle (“escarabajo”), un guiño a los Crickets (“Grillos”) que acompañaban a Buddy Holly. Pero esta imagen un tanto zafia y trasnochada será pulida por Brian Epstein cuando se haga cargo de su promoción tras escucharles en La Caverna, un antiguo club de jazz donde tocaban en Liverpool a su vuelta, ya sin Stuart Sutcliffe, que se queda en Alemania y morirá algún tiempo después.

En 1993, el director Ian Softley (K-Pax) debutó en el cine con Backbeat, un filme centrado en las correrías de los Beatles en Hamburgo a principios de los 60, aunque Luis (el jefón de este site) no se corta de calificarlo públicamente como “un pedazo de mierda”. Ciertamente no es un filme demasiado brillante que digamos, pero puede constituirse como punto de partida para indagar más seriamente en una etapa de la banda tan poco conocida como igualmente fascinante.

IR A LA SEGUNDA PARTE.

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El Septimo Samurai

Publicado el miércoles 10 enero 2018

Toshiro Mifune
El Septimo Samurai

Curiosamente, el mejor actor del cine clásico japonés, la perfecta encarnación del Samurai, nació, aunque de padres japoneses, en China en 1920. Toshiro Mifune simboliza mejor que ningún otro actor la brutal transformación que sufrió Japón en el segunda mitad del siglo XX, una transformación que tras la tremenda tragedia de la II Guerra Mundial llevó al país a evolucionar de un sistema prácticamente feudal a reconvertirse en la gran potencia económica y tecnológica que es hoy en día.

Toshiro Mifune llegó a Japon tras la guerra, empezando a trabajar en ocupaciones ocasionales hasta que, casi por casualidad, entro en el mundo del cine a los 26 años, sin ninguna preparación previa. Tras algunos papeles de escasa importancia Akira Kurosawa se fijó en el, iniciándose en ese momento una de las relaciones mas productivas del cine moderno, una relación que se alargaría casi 20 años y que cristalizaría en 15 películas absolutamente imprescindibles. A pesar de lo fructífero de su colaboración con Kurosawa, Toshiro Mifune trabajó en muchas mas películas, vamos a tratar de hacer aquí un resumen necesariamente incompleto de su singular trayectoria.

La primera película de Mifune junto a Kurosawa fue ”Yoidore Tenshi” (El Angel Ebrio), un desgarrador drama de posguerra en el que se produce un interesante duelo interpretativo con otro de los actores favoritos de Kurosawa, Takashi Shimura, encarnando a un abnegado doctor y el propio Mifune en el papel de un golfo aficionado a la bebida, en esta película ya salen claramente a relucir las tremendas dotes interpretativas de Mifune, otorgando a su personaje una carga expresiva y emocional pocas veces vista en el cine oriental, El Angel Ebrio es una película directa y potente que aún hoy sigue conservando toda su fuerza.

Apenas un año después llegarían otras dos películas en las que se volvían a repetir los roles de Kurosawa a la dirección con Mifune y Shimura en los papeles protagonistas: “Shizuka Naro Ketto” (El Duelo Silencioso) y “Nora-Inu” (Perro Rabioso), dos estremecedores relatos inspirados también en el destrozado Japon de post-guerra en las que aparecen ya bien definidos todos los matices de la obra de Kurosawa, el conflicto entre la tradición y la modernidad, entre el honor y la libertad. Mifune da en estas dos cintas nuevas muestras de su versatilidad y capacidad interpretativa, especialmente brillante es su papel en Perro Rabioso, encarnando a un policía atormentado por la perdida de su arma, quizás Paul Thomas Anderson pensó en esta película al definir el personaje del Oficial Jim Kurrey en “Magnolia”.

Estas primeras colaboraciones con Kurosawa dieron a Toshiro Mifune una notable popularidad en su país, y pronto le surgieron nuevos proyectos, en 1950 Mifune rodó nada menos que seis peliculas, entre las que destaca, de nuevo a las ordenes del gran maestro la sensacional “Rashomon” una brillantísima cinta ambientada en el Japón feudal en la que una misma historia es contada por diferentes personajes, acentuando los contrastes y las paradojas de la mentalidad japonesa, una película profunda, brillante y visualmente deslumbrante, con algunos de esos planos de lluvia en blanco y negro que solo Kurosawa sabía rodar. Mifune acepta de buen grado las nuevas exigencias a las que es sometido para el rodaje (tuvo que aprender diferentes danzas basadas en movimientos de animales) y su prestigio sale fortalecido con la experiencia. Autentica obra maestra.

Si 1950 fue un año intenso para Toshiro Mifune, las siguentes temporadas no se quedaron atrás, rodando entre 1951 y 1953 la friolera de 17 largometrajes, desgraciadamente muchas de estas cintas son prácticamente imposibles de encontrar en el mercado occidental y no he tenido ocasión de ver la mayoría de las películas de esa época, junto a Kurosawa rodó “Hakuchi” (El Idiota) en 1951, una obra definitivamente menor considerando lo que quedaba por venir, y trabajó también a las ordenes de destacados directores japoneses como Senkichi Taniguchi, Hiroshi Inagaki o Kenji Mizoguchi ampliando mas si cabe sus registros. A mediados de los 50 Mifune ya era toda una institución en su país, un actor experimentado que representaba a la perfección todos los valores ideales de la sociedad japonesa, un actor versatil que ofrecía actuaciones memorables en dramas, comedias o relatos de época, un personaje que ya empezaba a ser conocido en todo el mundo, gracias particularmente a “Rashomon”, cinta presentada en el Festival de Venecia con un mas que notable éxito.

Toshiro Mifune es conocido sobre todo por sus papeles dando vida a Samurais, encarnando el ideal del Tateyaku, fuertemente enraizado en la cultura de Japón, el ideal de hombre estoico, sacrificado, al servicio de su señor, con el honor como única motivación, como único fin. A partir de 1954 vendrían muchas de estas películas; ese mismo año rodaría dos de las mas fascinantes de su carrera, por una parte “Miyamoto Musashi” (Samurai: La leyenda de Musashi) de Hiroshi Inagaki, primera parte de la llamada “Trilogia del Samurai”, una sensacional película donde se describe a la perfección el nacimiento y la trayectoria de un perfecto Samurai, desde su origen humilde hasta su victoria final, una película y una trilogía fascinante con secuencias realmente memorables, una saga llena de acción, amor, combates a espada y espectaculares escenarios.
De 1954 es también “Shichinin No Samurai” (Los Siete Samurais), quizás la obra cumbre de Akira Kurosawa, una obra maestra en la que se ponen en entredicho los estrictos e inmutables valores del samurai, una película en la que los protagonistas son débiles hombres cargados de dudas y temores, Samurais sin dueño (Ronins) que encuentran la redención en una última misión desesperada, Toshiro Mifune aquí es Kikuchiyo, un alocado joven de origen humilde que finge ser Samurai para unirse al grupo, un falso e incansable guerrero que enseñara muchas lecciones a los auténticos Samurais. Destaca también la presencia una vez mas del veterano actor Takashi Shimura en el papel de Kanbei, el viejo guerrero que ha de reunir al grupo.
Poca cosa mas se puede decir aquí sobre esta extraordinaria película, hay una extensísima bibliografía ya publicada sobre ella, aunque lo mejor sigue siendo volver a disfrutar con la película, una cinta que siempre ofrece nuevas emociones al espectador.

Entre 1955 y 1957 Toshiro Mifune continuó con su incansable ritmo de trabajo, participando en numerosos proyectos, entre ellos la segunda y tercera parte de la trilogía de Inagaki: “Zoku Miyamoto Musashi” (Samurai II: Duelo en Ichichoji) y “Miyamoto Musashi Yori: Ketto Ganryujima” (Samurai III: Duelo en la isla Ganryu) y protagonizando además tres nuevas películas de Akira Kurosawa: “Ikimono No Kiroku” (Cronica de un Ser Vivo), “Donzoko” (Los Bajos Fondos) y la soberbia “Kumonosu-Jo” (Trono de Sangre), espectacular película en la que merece la pena detenerse, ya fue comentada en profundidad en esta página, aunque no está de mas recordar aquí la increible fuerza visual de una cinta, adaptación del Macbeth de Shakespeare que exceptuanto “Dersu Uzala” es sin duda la mas espectacular de su director, las escenas de niebla, de lluvia, la oscuridad del bosque, la música, la violencia de las batallas, las traiciones y los cientos de elementos que confluyen en este largometraje transportan al espectador a un universo ciertamente atractivo, Trono de Sangre es para mi la mejor película de Akira Kurosawa y uno de los mejores papeles de Toshiro Mifune. Todo un clásico.

El extraordinario éxito de estas producciones ambientadas en el Japón feudal llevaron a Toshiro Mifune a embarcarse en años sucesivos en una gran cantidad de producciones de este estilo, repartiendo sus apariciones entre películas de Kurosawa y de Hiroshi Inagaki principalmente, con ambos directores, entre 1958 y 1965 rodaría una gran cantidad de películas desarrollando su rol de perfecto Samurai, veamos algunas de las mas destacadas de ese periodo:
Rodada en 1958 “Kakushi Toride No San-Akunin” (La Fortaleza Escondida) de Kurosawa es otra espectacular cinta de aventuras con Princesas herrantes, Samurais disfrazados y toda una paleta de personajes y situaciones que muchos dicen sirvió a George Lucas para perfilar el universo de aquella galaxia “muy, muy lejana”.
Menos conocida que la saga del Samurai de Inagaki es la saga de “Yagyu Bugeicho” (Secret Scroll I & II), películas de acción de género impecablemente realizadas que sirvieron para definir el llamado “Chambara”, un equivalente al Western estadounidense.
Otras notables películas de Inagaki junto a Mifune de ese periodo son cintas como “Nihon Tanjo” (Los Tres Tesoros), “Osakajo Monogatari” (Daredevil In The Castle), “Chusingura” o “Daitatsumaki”, entre otras muchas.
Al lado de Kurosawa, Mifune trabajó en los primeros 60 en una larga lista de producciones de distintos géneros destacando su papel de Sanjuro en “Yojimbo” y “Sanjuro”, la historia de un Samurai errante sin escrúpulos que impone la ley de su espada por donde quiera que va, Kurosawa vuelve en estas películas a sorprender introduciendo inéditos elementos de humor en las habitualmente demasiado serias producciones “Chambara”.
En otros largos como “Warui Yatsu Hodo Yoku Nemuru” (Los Canallas Duermen en Paz) o “Tengoku To Jigoku” (El Infierno del Odio), dramas de intenso contenido social, Mifune abandona momentaneamente su Katana demostrando una vez mas su amplitud de registros.

Al periodo que va de 1958 a 1965 también corresponde una curiosa película, “Animas Trujano”, también conocida como “El Hombre Importante”, una cinta rodada en México a las ordenes de Ismael Rodriguez en la que Toshiro Mifune interpreta a un pendenciero y violento campesino empeñado en ser el gran hombre del pueblo, para rodar esta extraña producción Mifune tuvo que aprender en un tiempo record a vocalizar en español, aprendiendo de memoria sus partes grabadas en una cinta, una película que mas allá de la curiosidad de ver a Mifune con gorro mejicano no fue ninguna broma, tiene esa importante carga de drama social del mejor cine mejicano de la época.

En 1965 Toshiro Mifune y Akira Kurosawa trabajaron juntos por última vez en “Akahige” (Barba Roja), un drama en la linea de la genial “Ikiru” (Vivir) en la que Mifune ofrece otra sublime interpretación dando vida a un abnegado médico rural. Con esta cinta se ponía fin a una de las colaboraciones mas fructíferas de la historia del cine, Toshiro Mifune fundaría entonces su propia productora con la que seguiría realizando producciones “Chambara” de resultado irregular.

Capitulo aparte merecen las incursiones que realizó Toshiro Mifune en el mercado norteamericano, la primera de ellas fue un papel secundario en “Grand Prix” de John Frankenheimer, un largometraje sin demasiadas pretensiones que pasó prácticamente desapercibida, bastante mas notable fue su segunda aparición (ese mismo año) en “Infierno en el Pacifico” de John Boorman, un notable mano a mano interpretativo con Lee Marvin que dió un magnífico resultado, la película narra con brillantez la historia de dos soldados durante la Segunda Guerra Mundial (uno japonés, otro norteamericano) que se ven obligados a entenderse al ser derribados sus respectivos aviones y encontrarse solos en la misma isla.
Sin duda esta película fue la mas brillante que rodó Toshiro Mifune fuera de su país, posteriormente aparecería en papeles sin demasiada entidad en otras producciones estadounidenses como “Midway” de Jack Smight (1976) o “1941” de Steven Spielberg, aunque su trabajo siguió centrado en Japón en sus propias producciones con las que no obtuvo demasiado éxito, lo que paulatinamente le obligó a aceptar papeles de escasa importancia en producciones de Samurais de dudosa entidad.

Toshiro Mifune falleció en 1997, después de haber protagonizado mas de un centenar de películas, muchas de las cuales se han quedado naturalmente en el tintero en este especial que tan solo quiere ser un sencillo homenaje a uno de los actores mas extraordinarios de la historia del cine.

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Fiesta Computer Age

Publicado el martes 28 noviembre 2017

La fiesta de segundo aniversario de Computer Age no fue lo que yo deseaba que fuese, he cambiado de trabajo recientemente y apenas he tenido tiempo libre en estas últimas semanas, mi intención era realizar material gráfico promocional y colgar carteles en diversos sitios, organizar concursos, mandar correos y organizar diversas cosas para promocionar la fiesta.
Al estar en un nuevo trabajo y al estar ya fijada la fecha el día 16 (jueves) no pude conseguir librar el viernes para poder alargar la fiesta por la noche, lo que era mi intención, y al no promocionar el evento con decisión tampoco pude negociar con la sala el que pinchasen mis amigos o yo, que hubiese sido lo suyo.
La idea de la fiesta siguió adelante gracias a Bandini, gracias mas bien a Ricardo Ruiz, quien desde el principio se ofreció para tocar esa noche y gracias también a Inhabitants, grupo al que Ricardo se ha incorporado recientemente, así que la fiesta quedó reducida básicamente a la actuación de estas dos bandas, lo que no es moco de pavo.
A las ocho mas o menos me presente en la sala Siroco con algunos discos debajo del brazo para amenizar los periodos pre y post concierto, hablando con los responsables de la sala conseguí que sonase, creo que por primera vez en una sala de Madrid (que alguien me corrija si me equivoco) la canción que nos da nombre: Computer Age, el mítico tema del Trans de Neil Young, con ese característico ritmo de baile ochentero que mas de uno relacionó con Eurhythmics, Spandau Ballet o algo así, para compensar después sonó íntegro el Zuma del canadiense, disco absolutamente redondo e incontestable que puso las cosas en su sitio.
Casi sin pausa comenzó el concierto de Bandini que aún andan en periodo de rodaje tras los recientes y profundos cambios de formación, parece que el sonido de la banda se orienta ahora hacia un rock mas dinámico y enérgico, manteniendo su capacidad emocional pero alejándose en nuevas composiciones como “How Is Your Mind” o “All The Pain” de sus referencias mas obvias, sus viejos temas también suenan ahora distintos, dinámicos. quizás mas limpios y accesibles pero un tanto frios, y en esta actuación mostraron una actitud mucho mas abierta y cercana al público. A pesar de estos pequeños desajustes es mas que evidente que temas como “Missing”, “Depression”, “Together” y tantos mas son mas que suficientes para considerar a Bandini una de las mejores bandas rock actuales.
Aunque el párrafo anterior puede sonar a crítica es solo una opinión personal, Bandini son una gran banda desde cualquier punto de vista, pero a mi me gustan mas cuando sufren con sus canciones que hablan de sufrir.
Conocí a Inhabitants gracias a Richard que me paso un cd con algunos temas, quedé sorprendido de la pulcritud de la grabación y de la calidad de las canciones, pero sobre todo me llamó la atención la increíble voz de Jesús Vasallo, con un timbre grave y una profundidad que le acercan notablemente a los registros de Stuart Staples de Tindersticks, la música del grupo se mueve por parámetros cercanos a los de la banda británica, con temas densos y atmosféricos de marcado carácter emocional.
En directo su apuesta gana bastantes enteros, y gana peso la figura de Carlos Seoane, encargado de recrear las atmósferas de sus grabaciones con sus sugerentes y originales lineas de teclado. La actuación fue impecable, la banda presentó los temas de su primer disco “Into The Engine”, temas que llevan meses madurando en el escenario y que sonaron potentes e imaginativos, aunque por momentos un tanto previsibles. Canciones como “Path Song”, “Deliverance”, “The Long Run” o “Silence And Light” son de lo mejor que se puede escuchar hoy en día en nuestro pais. Un grupo a seguir de cerca.
Apenas hubo tiempo para mas, tras la actuación de Inhabitants los asistentes compartimos nuestras impresiones mientras sonaba de fondo otro de mis discos: “Transfiguration of Vincent” de M. Ward, un bellísimo disco que ilustró los últimos momentos de la primera fiesta de Computer Age, una fiesta que pudo no celebrarse pero que finalmente no quedo nada mal.
El año próximo espero planificar las cosas con mas tiempo y hacer algo mucho mas especial, desde luego oportunidades y contactos no van a faltar. Tengo todo un año para pensar en ello.

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25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Publicado el domingo 5 noviembre 2017

25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Por José Luis Ruiz

Kurt CobainDicen que la melancolía es la dicha de estar triste. Pues para aquellos que se recrean en la autocompasión hemos confeccionado una lista de 25 discos. Una colección de álbumes infalibles si el objetivo es que se te ponga un nudo en la garganta. Y, dependiendo del momento y el estado de ánimo, no es descartable que rompas a llorar… La coartada para realizar esta torturada lista no es otro que la reedición de “Songs Of Leonard Cohen”. No se trata del disco más deprimente del bardo de Montreal (en ese sentido “Songs Of Love And Hate” se lleva la palma), pero sí el que contiene sus mejores canciones.

El debut de Leonard Cohen (en la flamante revisión se añaden un par de temas extras y el formato presentado es el de libro) es la obra maestra por antonomasia del folk literario. Nunca el erotismo sonó tan desesperado, ni la soledad tan bellamente triste, ni la religiosidad tan profana. La mayor parte de las canciones hablan de ‘affairs’ que no funcionan. El amor es una lucha por ver quién tiene el poder. Todo radica en quienes son nuestros maestros y profesores en la espinosa cuestión del corazón. Al final uno acaba siendo un extraño (“The Stranger Song”), siempre de paso por las relaciones (“Winter Lady”), diciendo adiós (“So Long, Marianne”, “Hey, That’s No Way To Say Goodbye”) o refugiándose en la quintaesencia del deseo pasajero (“Sisters Of Mercy”).

Un gran fan de Leonard Cohen fue Kurt Cobain, impulsor de otra de las piezas más agónicas ideadas por un ‘songwriter’: “In Utero”. Múltiples enfermedades, violación, tristeza (“Echo de menos el consuelo de estar triste” aúlla en “Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle”), alienación y suicidio. Y como corolario un cierre escalofriante como es “All Apologies”. Todos estábamos avisados de lo que iba a pasar y… pasó. Los incrédulos pasaron a venerar de forma lamentable a Nirvana. En fin, cosas que pasan. No es extraño que en el último episodio de la tercera temporada de la magnífica serie “Perdidos” un enajenado y nihilista Jack escuche a todo volumen el “In Utero”. ¿Adónde va? A un funeral.

Otro par de artistas imprescindibles para los aficionados al lado oscuro son Nick Drake y Elliott Smith. El primero grabó su testamento en dos noches: el sublime “Pink Moon”. Voz, guitarra y algún que otro piano. Nada más. Espartano y sumamente efectivo. La depresión de Nick Drake alumbró un escueto discurso que corta la respiración y que tiene al menos dos de los momentos más brillantes de la música popular (la canción que da título al disco y “Things Behind The Sun”). Por su parte, Elliott Smith también murió de forma trágica a edad temprana y, al igual que Drake, posee una esencial carrera corta en la que la tristeza es tan dulce que se antoja difícil contener las lágrimas. “Elliott Smith” es un tratado de rabia contenida. Adicción a sustancias ilegales, mentiras y desamor. Sabiamente, Wes Anderson usó la vibrante “Needle In The Hay” en la escena de suicidio de “Los Tenenbaums”.

Cerca de los presupuestos estéticos de Drake y Smith se sitúan American Music Club y Red House Painters. O es lo que es casi lo mismo: Mark Eitzel y Mark Kozelek. Un par de grandes talentos que saben sacar el mejor de los partidos a la desesperación. “California” y el doble “Red House Painters” esconden tesoros del mejor ‘miserabilismo’: “Blue & Grey Shirt”, “Jenny”, “Grace Cathedral Park”, “Mistress”, “Katy Song”… No es indispensable ser tan sensible como Morrissey para que se te pongan los pelos de punta escuchando semejante exposición de lamentos.

Elliott SmithY canciones tan buenas como las citadas también las extraen de sus particulares fórmulas mágicas otros trágicos alquimistas como Low, Tindersticks y Nick Cave & The Bad Seeds. Mientras los primeros esgrimen un discurso minimalista al que le sacan un jugo increíble (sirvan como ejemplos las descarnadas “Sunflower”, “Dinosaur Act”, “Whore” y “Like A Forest”, todas ellas incluías en el fabuloso “Things We Lost In The Fire”), tanto Tindersticks como Nick Cave se valen de un soporte más florido… pero igualmente agónico.

Y como maestros tanto de Stuart Staples como de Nick Cave se sitúan el siempre enigmático Scott Walker y el injustamente olvidado Tim Hardin. Romanticismo y brutal honestidad a partes iguales de los que no encuentran consuelo salvo en ese refugio que es el arte. Por cierto que en el caso de Tim Hardin, otro de los que cayeron presa de la drogadicción más voraz, es vital encontrar la edición que comprime en un cd sus dos primeros discos. “Tim Hardin 2” también debe ser citado en esta antología del naufragio emocional. De hecho, se trata de un álbum más consistente que su predecesor (y tiene tres temazos tan definitivos como “If I Were A Carpenter”, “Lady Come From Baltimore” y “Black Sheep Boy”). Ahora bien “Tim Hardin 1” te noquea por piezas de fragilidad cristalina como “It’ll Never Happen Again”, “Part Of The Wind”, “Reason To Believe” o “How Can We Hang On To A Dream”.

Todos estos artistas se inspiran en momentos críticos, pero hay algunos que han entregado sus obras más psicológicamente desarmantes en situaciones insoportables. Verbigracia: Eels y Neil Young. La muerte de familiares o allegados inspiró a ambos a idear sendos tratados de la desolación más absoluta. “Electro Shock Blues” y “Tonight’s The Night” son puro ‘hard-listening’, ejercicios de auténtico masoquismo. Sólo aptos para sufridores… Hace falta valor para pinchar algún tema de estos dos discos en el típico ‘party’ de buen rollo. Hay otros discos que son premonitorios de que llega la Parca: “Closer” de los siempre inquietantes Joy Division. El gran Ian Curtis gozó del prestigio merecido una vez que se quitó la vida. Su legado es tan opresivo y claustrofóbico como brillante y sin parangón. Con Joy División nació y murió un estilo. Y no hay que olvidar que si “Closer” es asfixiante, “Unknown Pleasures” también aglutina suficientes motivos para estar en una lista de esta índole. Igualmente influyente es el genial “Berlin” de Lou Reed. La tremendista historia de Jim y Caroline. Drogas, prostitución, abusos y de postre un poquito de suicidio. “Transformer” posee los ‘hits’, pero “Berlin” es la desnuda verdad de un artista inconformista y esencial como pocos.

Que te rompan el corazón ha generado pingües beneficios artísticos. Artistas tan dispares como Bob Dylan, Billie Holiday, Sebadoh y Frank Sinatra dan magistrales lecciones de cómo uno intenta superar el fin de una relación. El dolor por el amor perdido incrementa la intensidad emocional de discos que son terapéuticos tanto para aquellos que los idearon como para los oyentes que buscan consuelo tras una separación.

Hay otros que sorprenden por su sinceridad. El estudio de grabación se convierte en una especie de confesionario. Casi da verguenza que te suelten de sopetón y a la cara verdades tan íntimas. Y si encima es gente como John Lennon, Bob Mould o Joni Mitchell uno no sabe ni cómo responder. O sí. Hay que rendirles pleitesía. Es necesario mucho coraje para desnudarse así ante el gran público. Y lo mejor de todo es que el envoltorio en el que introducen esos mensajes sin censuras no puede ser más excelso.

Mención aparte merece Bruce Springsteen. “Nebraska” es un álbum tan valiente que sigue causando estupefacción un cuarto de siglo después. Grabado en un cuatro pistas, Springsteen se vale de su grave voz, una guitarra y una harmónica para desentrañar el misterio de la América más profunda. Tétricas historias de ‘killers’ y ‘losers’. El ‘Boss’ se acaba preguntando con razón cómo es posible que la gente encuentre razones para seguir creyendo.

Y, por último, dos autores con poca suerte, pero con mucha influencia en generaciones venideras. Alex Chilton y Jeff Buckley. El tercer disco de Big Star es tan errático como hermoso. Es un álbum deslavazado que tardó una eternidad en ver la luz (tres años) y con temas tan hirientes como “Holocaust” o “Kangaroo”. Dicho sea de paso de ésta última composición hacía una versión Jeff Buckley. El malogrado hijo del mercurial Tim dio en la diana a la primera con “Grace”. Es una ‘masterpiece’ que en sus mejores momentos (“Grace”, “Last Goodbye” y “Lover, You Should’ve Come Over”) alcanza cotas sublimes. Y encima tiene la versión entre las versiones: “Hallelujah” de Leonard Cohen, el causante de este repaso a un ramillete de discos perfectos para instantes de bajón. Eso sí, se recomienda no abusar…

LA LISTA (por orden cronológico):

-Frank Sinatra: In The Wee Small Hours (1955)
-Billie Holiday: Lady In Satin (1958)
-Tim Hardin: Tim Hardin I (1966)
Leonard Cohen: Songs Of Leonard Cohen (1968)
-Scott Walker: Scott 3 (1969)
John Lennon: Plastic Ono Band (1970)
-Joni Mitchell: Blue (1971)
Nick Drake: Pink Moon (1972)
-Lou Reed: Berlin (1973)
-Neil Young: Tonight’s The Night (1975)
-Bob Dylan: Blood On The Tracks (1975)
Big Star: Third/Sister Lovers (1978)
-Joy Division: Closer (1980)
-Bruce Springsteen: Nebraska (1982)
-Hüsker Dü: Candy Apple Grey (1986)
American Music Club: California (1988)
-Sebadoh: Bubble And Scrape (1993)
Red House Painters: Red House Painters (1993)
-Nirvana: In Utero (1993)
-Tindersticks: Tindersticks (1993)
-Jeff Buckley: Grace (1994)
-Nick Cave & The Bad Seeds: The Boatman’s Call (1997)
-Elliott Smith: Elliott Smith (1998)
-Eels: Electro Shock Blues (1998)
-Low: Things We Lost In The Fire (2001)

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La Era De Las Grandes Series

Publicado el lunes 16 octubre 2017

LA ERA DE LAS GRANDES SERIES
Por José Luis Ruiz Mesa

24.jpgLa ingente cantidad de basura que emite la televisión ha provocado que se haya caído en la reduccionista visión de que todo lo que sale por la pequeña pantalla es detrito. Uno siempre ha tenido la impresión de que la cosa iba a peor. Aquellos ciclos de cine de autor son ya un paraíso perdido. Ahora si se emite una película de calidad es a horas intempestivas. La música brilla por su ausencia en la parrilla de las televisiones punteras y si aparece algo interesante es desterrado también a horarios de madrugada. Bien es cierto que antes se abusaba de la música comercial (en el sentido peyorativo de la palabra), pero también es verdad que había espacios para conciertos y especiales donde se apostaba por estilos y grupos de prestigio. Hemos sido presa durante mucho tiempo de “Gran Hermano”, “Operación Triunfo” y demás telebasura.

El caso es que parafraseando a Woody Allen en España no tiran la basura, la convierten en televisión. Pero hay un resquicio para la esperanza de los inconformistas: las series de televisión americanas. Se ha dicho que esta es la era dorada para las producciones “made in USA” y el que suscribe esto no puede estar más de acuerdo. Ahora bien, los hábitos han cambiado y mucha gente disfruta de estas series no a través de la caja tonta, sino por medio de Internet. La razón: la comodidad. Uno no tiene que esperar a que le pongan su ración cada semana. Puede hacerlo cuando quiera y como quiera. Atrás quedan los tiempos en los que uno se convertía en un irreductible fan de “Doctor en Alaska” y sufría lo indecible porque o bien le cambiaban cada dos por tres el horario o bien ponían los capítulos sin ningún orden. Aquello era demencial.

Siempre ha habido series de calidad, pero ahora proliferan hasta el punto de que no cabe la menor duda de que las mejores producciones audiovisuales realizadas en USA no son películas, sino series. Una simple enumeración basta para defender cargado de razón esta idea: “Los Soprano”, “A Dos Metros Bajo Tierra”, “Perdidos”, “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, “Nip/Tuck”, “Roma”, “Deadwood”, “24”, “Dexter”

Estas son las más destacadas, pero hay otro buen puñado de obras que también acaban enganchando: “Héroes” (interesante planteamiento, discutible resolución y futuro poco prometedor), “Weeds” (divertida y con el aval de la excelsa Marie Louise Parker) , “Me Llamo Earl” (corrosiva, aunque reiterativa), “House” (gran personaje que si existiera en verdad sería aborrecible en extremo, algún que otro capítulo excepcional… y también reiterativa), “Anatomía De Grey” (empezó bien, pero se está diluyendo cual azucarillo), “Californication” (David Duchovny se luce haciendo de escritor bloqueado y promiscuo), “The Office” (entretenida sin más pretensiones), “Prison Break” (a pesar de los clichés es muy adictiva; va perdiendo interés progresivamente), “The Shield” (excelente el personaje de Michael Chiklis), “Damages” (interesante estructura y excepcional Glenn Close), “Mujeres desesperadas” (tiene su punto, pero va perdiendo con el paso de las temporadas), “Carnivale” (reflexiones metafísicas y una visión muy personal de la América de 1934)…

Los géneros que tocan son de lo más variado: político, western, mafia movies, histórico, film noir, drama, thriller, fantasía, comedia, etc. O sea que es imposible que uno no encuentre lo que necesita en alguna de las series citadas arriba. Hay para todos los gustos.

Las que uno recomendaría con más pasión se merecen un breve comentario. Así que vayamos al grano:

-“Los Soprano” (1999-2007) es una obra maestra se mire por donde se mire. No tiene nada que envidiar a las cimas artísticas de las “mafia movies” como “El Padrino” o “Uno De Los Nuestros”. Cuenta con un reparto espectacular en el que sobresalen James Gandolfini y Edie Falco como marido y mujer de esta especial familia de New Jersey. Cuenta con un valor añadido: mantiene el nivel con el paso de las (seis) temporadas. David Chase, que por cierto andaba metido también en la reivindicable “Doctor En Alaska”, ha sabido contar una desgarradora historia que sirve de reflexión sobre el poder y la corrupción de una sociedad enferma. Tiene diálogos memorables, situaciones brillantemente resueltas y, sin duda, es un magnífico tratado sobre el alma humana.

-“A Dos Metros Bajo Tierra” (2001-2005) también alcanza cotas sublimes. “Los Soprano” es un análisis de la mafia moderna, mientras que “A Dos Metros Bajo Tierra” se centra en las vicisitudes de una familia de Pasadena que regenta una funeraria. Los Fisher son unos raritos y mantienen relaciones disfuncionales. Alan Ball, que escribió la turbadora “American Beauty”, disecciona con una honestidad brutal la realidad de unos personajes siempre envueltos en conflictos demasiado humanos. El tono de la serie fluctúa. Puede contener momentos de humor macabro o bucear en el interior de la conciencia con exquisita sensibilidad. Y no esconde nada. Homosexualidad, perversiones sexuales, maltratos paternos… Habla de la muerte con la naturalidad que la mayoría evitamos. Es una obra profundamente vitalista. Y cuando se lo propone te pone un nudo en la garganta.

lost.jpg“Perdidos” (2004-?) es droga dura. Si las buenas series causan adicción, “Perdidos” se lleva la palma. Mezcla con acierto aventura, drama, fantasía y thriller. 48 supervivientes del vuelo de Oceanic 815 caen en una isla perdida del Pacífico. La idea de contar las historias de estos personajes a través de “flashbacks” (ahora han empezado a usar “flashforwards”) y de relacionarlos con un entorno extraño y hostil ha deparado un éxito artístico y de público bien merecido. Parece escrita por un Stephen King con veleidades filosóficas y está tan bien hecha que muchos capítulos no tienen nada que envidiar al mejor cine comercial. Es decir, se han gastado bien la pasta. El problema es que están engordando demasiado la trama. Eso ha provocado que ya hayan colado algo de relleno y no hace falta ser Nostradamus para saber que en el futuro lo seguirán haciendo si, como han anunciado, van a las seis temporadas. Una pena. Deberían haber atado cabos y respondido a las mil preguntas que han lanzado al aire. Si hubieran economizado desde un punto de vista narrativo les habría salido una obra redonda.

-“El Ala Oeste De La Casa Blanca” (1999-2006) trata un tema que en manos de otro creador que no fuera Aaron Sorkin podría haber sido un ladrillo. Esta serie enseña los entresijos de una administración que maneja la Casa Blanca y está magistralmente facturada. Su mejor aval es contar con claridad las historias y un reparto de mucha altura. Allison Janney, Bradley Whitford, Martin Sheen, Stockard Channing, John Spencer o Richard Schiff bordan sus papeles. El presidente Bartlet y su staff actúan conforme a un sentido común y un ideario que ya quisiéramos que adoptara Bush.

-“Nip/Tuck” (2003-?) es una inquietante creación de Ryan Murphy. Sean McNamara y Christian Troy son dos cirujanos plásticos que llevan una clínica en Miami. Mientras uno lleva como puede una triste vida familiar que se derrumba paulatinamente, el otro es un inmisericorde mujeriego adorador del dios dólar. En el devenir de la serie surje un inquietante violador en serie. “Nip/Tuck” es una ácida crítica a una sociedad cuyos valores están corrompidos. La importancia que se le da a la apariencia cuando lo esencial es otra cosa. Vivimos vidas superficiales y todo lo que nos importa es que nos operen para dejarnos más bonita la nariz.

“Roma” (2005-2007). No lo he mencionado anteriormente, pero cualquier cosa que provenga de HBO se merece nuestra atención. “Roma” es otro producto de este canal y, desde luego, rezuma calidad. La trama es inmejorable. Es apasionante Historia. Se centra en los años de Julio César y su adoptado sucesor Octavio cuando Roma era el centro del mundo. Las luchas intestinas por el poder, las guerras y la brutalidad más descarnada aparecen muy bien filmadas. Además, la narración avanza a través del punto de vista de dos soldados romanos (Lucius Vorenus y Titus Pullo). Todo está cuidado al detalle (vestuario, puesta en escena, etc.) y cuenta con personajes tan memorables como el interpretado por Polly Walker (Atia). La historia del Imperio Romano ya se había contado muy bien en la clásica “Yo Claudio” (1976), pero en “Roma” se acentúa la crudeza con la que se relatan los hechos. Es, claro, un punto de vista más moderno.

“Deadwood” (2004-2006) es un western de aliento shakespeariano. El autor de esta gran serie es David Milch, que cuenta con mucha pericia los avatares de un pueblo fronterizo en el siglo XIX que desconoce lo que es la ley y el orden. Sí se sabe lo que es el crimen y la prostitución. Y el ansia por enriquecerse como sea. El jefe de Deadwood es el turbio Al Swearengen (impresionante Ian McShane), cuyos tejemanejes son el eje de la trama. El reparto es magnífico y la historia está muy bien escrita. Eso sí, el inicio es lo mejor de esta serie. La primera temporada está por encima de lo que vino después (dos temporadas más).

“24” (2001-?) puede presumir de tener un formato diferente. Cada capítulo es una hora de las 24 que contiene un día. Por ende, cada temporada se desarrolla en un día en el que no hay descansos y se suceden los acontecimientos de forma vertiginosa. Jack Bauer trabaja para la agencia antiterrorista de LA y es el protagonista absoluto de una serie sumamente adictiva. Kiefer Sutherland, que borda su papel, frustra amenazas de bomba y de expansión de virus letales, evita asesinatos a tutiplén… Es un héroe atípico que sigue sus propias reglas. Desde luego no es un bueno al uso. Es capaz de cualquier tropelía con tal de hacer lo que estima oportuno (la tortura a sospechosos es un método del que abusa) y a veces se empecina en actuar conforme a su interés particular en vez de pensar en el general. Los terroristas pueden ser chinos, rusos, musulmanes o balcánicos, pero muchas veces los que hacen daño son los propios americanos. Gente del gobierno o… el propio presidente de los USA. Las mejores temporadas hasta la fecha son la primera y la quinta.

“Dexter” (2006-?) parte de una premisa desafiante y transgresora. ¿Cómo es posible hacer comprensible el universo de un “serial killer” y que el público no lo encuentre totalmente abyecto? Dexter Morgan trabaja para el departamento de Policía de Miami. Es una rata de laboratorio, cuyos conocimientos sobre la sangre son muy útiles en el análisis forense. Está traumatizado pues de niño presenció cómo mataban a su madre. Su padre adoptivo canalizó sus ansias homicidas con un código. Sólo asesina a criminales. Es un monstruo, pero sabe ocultarlo. Está vacío, pero se aferra a la relación con su hermana y con su novia, una vulnerable mujer maltratada por su ex con dos retoños. “Dexter” está sabiamente construida y en su primera temporada todo funciona como el mecanismo de un reloj. La segunda entrega sigue siendo buena, pero no alcanza el nivel de excelencia de la precedente. Dos cosas a destacar: la magistral composición del personaje principal de Michael C. Hall (el gay de “A Dos Metros Bajo Tierra”) y el ingenio puesto en los títulos de presentación de la serie.

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Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Revisiones
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