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La Era De Las Grandes Series

Publicado el Lunes 1 mayo 2017

LA ERA DE LAS GRANDES SERIES
Por José Luis Ruiz Mesa

24.jpgLa ingente cantidad de basura que emite la televisión ha provocado que se haya caído en la reduccionista visión de que todo lo que sale por la pequeña pantalla es detrito. Uno siempre ha tenido la impresión de que la cosa iba a peor. Aquellos ciclos de cine de autor son ya un paraíso perdido. Ahora si se emite una película de calidad es a horas intempestivas. La música brilla por su ausencia en la parrilla de las televisiones punteras y si aparece algo interesante es desterrado también a horarios de madrugada. Bien es cierto que antes se abusaba de la música comercial (en el sentido peyorativo de la palabra), pero también es verdad que había espacios para conciertos y especiales donde se apostaba por estilos y grupos de prestigio. Hemos sido presa durante mucho tiempo de “Gran Hermano”, “Operación Triunfo” y demás telebasura.

El caso es que parafraseando a Woody Allen en España no tiran la basura, la convierten en televisión. Pero hay un resquicio para la esperanza de los inconformistas: las series de televisión americanas. Se ha dicho que esta es la era dorada para las producciones “made in USA” y el que suscribe esto no puede estar más de acuerdo. Ahora bien, los hábitos han cambiado y mucha gente disfruta de estas series no a través de la caja tonta, sino por medio de Internet. La razón: la comodidad. Uno no tiene que esperar a que le pongan su ración cada semana. Puede hacerlo cuando quiera y como quiera. Atrás quedan los tiempos en los que uno se convertía en un irreductible fan de “Doctor en Alaska” y sufría lo indecible porque o bien le cambiaban cada dos por tres el horario o bien ponían los capítulos sin ningún orden. Aquello era demencial.

Siempre ha habido series de calidad, pero ahora proliferan hasta el punto de que no cabe la menor duda de que las mejores producciones audiovisuales realizadas en USA no son películas, sino series. Una simple enumeración basta para defender cargado de razón esta idea: “Los Soprano”, “A Dos Metros Bajo Tierra”, “Perdidos”, “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, “Nip/Tuck”, “Roma”, “Deadwood”, “24”, “Dexter”

Estas son las más destacadas, pero hay otro buen puñado de obras que también acaban enganchando: “Héroes” (interesante planteamiento, discutible resolución y futuro poco prometedor), “Weeds” (divertida y con el aval de la excelsa Marie Louise Parker) , “Me Llamo Earl” (corrosiva, aunque reiterativa), “House” (gran personaje que si existiera en verdad sería aborrecible en extremo, algún que otro capítulo excepcional… y también reiterativa), “Anatomía De Grey” (empezó bien, pero se está diluyendo cual azucarillo), “Californication” (David Duchovny se luce haciendo de escritor bloqueado y promiscuo), “The Office” (entretenida sin más pretensiones), “Prison Break” (a pesar de los clichés es muy adictiva; va perdiendo interés progresivamente), “The Shield” (excelente el personaje de Michael Chiklis), “Damages” (interesante estructura y excepcional Glenn Close), “Mujeres desesperadas” (tiene su punto, pero va perdiendo con el paso de las temporadas), “Carnivale” (reflexiones metafísicas y una visión muy personal de la América de 1934)…

Los géneros que tocan son de lo más variado: político, western, mafia movies, histórico, film noir, drama, thriller, fantasía, comedia, etc. O sea que es imposible que uno no encuentre lo que necesita en alguna de las series citadas arriba. Hay para todos los gustos.

Las que uno recomendaría con más pasión se merecen un breve comentario. Así que vayamos al grano:

-“Los Soprano” (1999-2007) es una obra maestra se mire por donde se mire. No tiene nada que envidiar a las cimas artísticas de las “mafia movies” como “El Padrino” o “Uno De Los Nuestros”. Cuenta con un reparto espectacular en el que sobresalen James Gandolfini y Edie Falco como marido y mujer de esta especial familia de New Jersey. Cuenta con un valor añadido: mantiene el nivel con el paso de las (seis) temporadas. David Chase, que por cierto andaba metido también en la reivindicable “Doctor En Alaska”, ha sabido contar una desgarradora historia que sirve de reflexión sobre el poder y la corrupción de una sociedad enferma. Tiene diálogos memorables, situaciones brillantemente resueltas y, sin duda, es un magnífico tratado sobre el alma humana.

-“A Dos Metros Bajo Tierra” (2001-2005) también alcanza cotas sublimes. “Los Soprano” es un análisis de la mafia moderna, mientras que “A Dos Metros Bajo Tierra” se centra en las vicisitudes de una familia de Pasadena que regenta una funeraria. Los Fisher son unos raritos y mantienen relaciones disfuncionales. Alan Ball, que escribió la turbadora “American Beauty”, disecciona con una honestidad brutal la realidad de unos personajes siempre envueltos en conflictos demasiado humanos. El tono de la serie fluctúa. Puede contener momentos de humor macabro o bucear en el interior de la conciencia con exquisita sensibilidad. Y no esconde nada. Homosexualidad, perversiones sexuales, maltratos paternos… Habla de la muerte con la naturalidad que la mayoría evitamos. Es una obra profundamente vitalista. Y cuando se lo propone te pone un nudo en la garganta.

lost.jpg“Perdidos” (2004-?) es droga dura. Si las buenas series causan adicción, “Perdidos” se lleva la palma. Mezcla con acierto aventura, drama, fantasía y thriller. 48 supervivientes del vuelo de Oceanic 815 caen en una isla perdida del Pacífico. La idea de contar las historias de estos personajes a través de “flashbacks” (ahora han empezado a usar “flashforwards”) y de relacionarlos con un entorno extraño y hostil ha deparado un éxito artístico y de público bien merecido. Parece escrita por un Stephen King con veleidades filosóficas y está tan bien hecha que muchos capítulos no tienen nada que envidiar al mejor cine comercial. Es decir, se han gastado bien la pasta. El problema es que están engordando demasiado la trama. Eso ha provocado que ya hayan colado algo de relleno y no hace falta ser Nostradamus para saber que en el futuro lo seguirán haciendo si, como han anunciado, van a las seis temporadas. Una pena. Deberían haber atado cabos y respondido a las mil preguntas que han lanzado al aire. Si hubieran economizado desde un punto de vista narrativo les habría salido una obra redonda.

-“El Ala Oeste De La Casa Blanca” (1999-2006) trata un tema que en manos de otro creador que no fuera Aaron Sorkin podría haber sido un ladrillo. Esta serie enseña los entresijos de una administración que maneja la Casa Blanca y está magistralmente facturada. Su mejor aval es contar con claridad las historias y un reparto de mucha altura. Allison Janney, Bradley Whitford, Martin Sheen, Stockard Channing, John Spencer o Richard Schiff bordan sus papeles. El presidente Bartlet y su staff actúan conforme a un sentido común y un ideario que ya quisiéramos que adoptara Bush.

-“Nip/Tuck” (2003-?) es una inquietante creación de Ryan Murphy. Sean McNamara y Christian Troy son dos cirujanos plásticos que llevan una clínica en Miami. Mientras uno lleva como puede una triste vida familiar que se derrumba paulatinamente, el otro es un inmisericorde mujeriego adorador del dios dólar. En el devenir de la serie surje un inquietante violador en serie. “Nip/Tuck” es una ácida crítica a una sociedad cuyos valores están corrompidos. La importancia que se le da a la apariencia cuando lo esencial es otra cosa. Vivimos vidas superficiales y todo lo que nos importa es que nos operen para dejarnos más bonita la nariz.

“Roma” (2005-2007). No lo he mencionado anteriormente, pero cualquier cosa que provenga de HBO se merece nuestra atención. “Roma” es otro producto de este canal y, desde luego, rezuma calidad. La trama es inmejorable. Es apasionante Historia. Se centra en los años de Julio César y su adoptado sucesor Octavio cuando Roma era el centro del mundo. Las luchas intestinas por el poder, las guerras y la brutalidad más descarnada aparecen muy bien filmadas. Además, la narración avanza a través del punto de vista de dos soldados romanos (Lucius Vorenus y Titus Pullo). Todo está cuidado al detalle (vestuario, puesta en escena, etc.) y cuenta con personajes tan memorables como el interpretado por Polly Walker (Atia). La historia del Imperio Romano ya se había contado muy bien en la clásica “Yo Claudio” (1976), pero en “Roma” se acentúa la crudeza con la que se relatan los hechos. Es, claro, un punto de vista más moderno.

“Deadwood” (2004-2006) es un western de aliento shakespeariano. El autor de esta gran serie es David Milch, que cuenta con mucha pericia los avatares de un pueblo fronterizo en el siglo XIX que desconoce lo que es la ley y el orden. Sí se sabe lo que es el crimen y la prostitución. Y el ansia por enriquecerse como sea. El jefe de Deadwood es el turbio Al Swearengen (impresionante Ian McShane), cuyos tejemanejes son el eje de la trama. El reparto es magnífico y la historia está muy bien escrita. Eso sí, el inicio es lo mejor de esta serie. La primera temporada está por encima de lo que vino después (dos temporadas más).

“24” (2001-?) puede presumir de tener un formato diferente. Cada capítulo es una hora de las 24 que contiene un día. Por ende, cada temporada se desarrolla en un día en el que no hay descansos y se suceden los acontecimientos de forma vertiginosa. Jack Bauer trabaja para la agencia antiterrorista de LA y es el protagonista absoluto de una serie sumamente adictiva. Kiefer Sutherland, que borda su papel, frustra amenazas de bomba y de expansión de virus letales, evita asesinatos a tutiplén… Es un héroe atípico que sigue sus propias reglas. Desde luego no es un bueno al uso. Es capaz de cualquier tropelía con tal de hacer lo que estima oportuno (la tortura a sospechosos es un método del que abusa) y a veces se empecina en actuar conforme a su interés particular en vez de pensar en el general. Los terroristas pueden ser chinos, rusos, musulmanes o balcánicos, pero muchas veces los que hacen daño son los propios americanos. Gente del gobierno o… el propio presidente de los USA. Las mejores temporadas hasta la fecha son la primera y la quinta.

“Dexter” (2006-?) parte de una premisa desafiante y transgresora. ¿Cómo es posible hacer comprensible el universo de un “serial killer” y que el público no lo encuentre totalmente abyecto? Dexter Morgan trabaja para el departamento de Policía de Miami. Es una rata de laboratorio, cuyos conocimientos sobre la sangre son muy útiles en el análisis forense. Está traumatizado pues de niño presenció cómo mataban a su madre. Su padre adoptivo canalizó sus ansias homicidas con un código. Sólo asesina a criminales. Es un monstruo, pero sabe ocultarlo. Está vacío, pero se aferra a la relación con su hermana y con su novia, una vulnerable mujer maltratada por su ex con dos retoños. “Dexter” está sabiamente construida y en su primera temporada todo funciona como el mecanismo de un reloj. La segunda entrega sigue siendo buena, pero no alcanza el nivel de excelencia de la precedente. Dos cosas a destacar: la magistral composición del personaje principal de Michael C. Hall (el gay de “A Dos Metros Bajo Tierra”) y el ingenio puesto en los títulos de presentación de la serie.

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Leonard Cohen

Publicado el Viernes 17 marzo 2017

De antepasados judios polacos emigrados a Canadá, nace un 21 de septiembre de 1934 en los alrededores de Montreal (Westmount), rodeado de contradicciones, judío en una población mayoritariamente cristiana, de habla inglesa en una comunidad mayoritariamente francófona, se dedicará toda su vida a la búsqueda del equilibrio.

Educado en una escuela judía, queda huerfano de padre muy joven, a los 9 años. A los 15 forma parte de un trío de country “The Bucksin Boys”. A los 16 ingresa en la universidad McGill donde estudia Literatura Inglesa. En 1956 publica el primer libro de poemas ‘Comparemos Mitologías’. En 1957 graba para el sello Folkways unos poemas dentro de un disco dedicado a seis poetas canadienses (‘Six Montreal Poets’).En 1961 se publica su segundo libro de poesía ‘La caja de especias de la tierra’. Gracias a la buena acogida de sus obras consigue una beca y decide viajar por Europa, recalando en Grecia, en la isla de Hydra, donde conoce a la musa de una de sus más conocidas canciones ´So long, Marianne’, con la que tiene un hijo (Alex) y convive ocho años (volviendo de vez en cuando a América para conseguir dinero, a Cuba durante el conflicto de Bahía de Cochinos…)
En este periodo escribió los dos siguientes libros de poemas ‘Flores para Hitler’ y ‘Parásitos del Paraíso’, y sus dos primeras novelas: ‘El Juego Favorito’ y ‘Los Hermosos Vencidos’ considerada por muchos como su mejor obra.
Si bien su intención era dedicarse a la literatura, a finales de los 60 comienza a ser reconocido internacionalmente como cantante (Judy Collins había dado a conocer su canción ‘Suzanne’, es invitado a participar en 1966 en el Newport Folk Festival, donde lo contrata el cazatalentos de la CBS John Hammond para grabar sus propias canciones…) , lo que le anima a seguir en la música, pues le proporciona mayores beneficios pecuniarios (“Tenía un verdadero problema económico, y como siempre había tocado la guitarra y había formado parte de grupos country, decidí intentarlo con la música”).

Su primer disco ‘The Songs Of Leonard Cohen‘ (1967) es sin duda un gran comienzo y ya se perciben claramente muchas de las constantes en su futura trayectoria. El amor y el adios, la santidad y el pecado, la vida y el suicidio, maestros y aprendices, la soledad en medio de los demás o la libertad entre rejas emocionales. En la música se aprecia ya la debilidad que tiene por los ritmos 3/4 y por la aparente sencillez en la instrumentación, nada debe destacar más de lo que le corresponda, conseguir la mayor efectividad con la mayor sencillez posible.
Empieza el disco con el clásico ‘Suzanne’: la música nos invita a dejarnos llevar por la corriente del río, los cantos corales de las sirenas buscan atraernos y conquistarnos, y el mensaje nos informa que nadie ha logrado resistirse a su atracción ( ni siquiera el propio Jesús -la religión siempre rondando sus letras-). Una invitación a no luchar contra el deseo.
Destacan también ‘Winter Lady’, ‘Sisters of Mercy’, ‘So long,Marianne’ todavía sigue siendo una de sus canciones más versioneadas, ‘Hey, that´s not way to say goodbye’ con unos coros pop simples pero encantadores, o ‘One of us cannot be wrong’ con un final que anuncia la primera canción del próximo disco pues recuerda a un borracho en un coro de medianoche.
En 1969 graba su segundo disco en Nashville, ‘Songs from a room‘, con ‘Bird on the wire’ como mayor éxito; Kris Kristofferson dijo de ella que le gustaría que en su lápida escribieran las primeras estrofas, y Joe Cocker hizo una versión que catapultó la canción y a su autor hacia otros paises. Tiene éxito también un hermoso tema que por primera vez no está compuesto por L.Cohen, ‘The Partisan’, con el que se adentra descaradamente en la temática política (“desarrollé la curiosa teoría de que la música acabó con los nazis”); está cantada la primera parte en inglés y la segunda en francés aumentando su fuerza expresiva con el acompañamiento del coro femenino y un sonido de acordeón que nos sitúa entre las tumbas del campo de batalla. Le sigue una de sus más tristes canciónes, ‘Seems so long ago, Nancy’, basada en el suicidio de una amiga. ‘The Butcher’ surgió tras una negra noche en su depresión. Y el resto del disco mantiene la calidad , intimidad y el nivel que de él se esperaba, aunque más crudo y con menos adornos instrumentales que el primero.
Empieza la década de los 70, deja de visitar regularmente Hydra, realiza su primera gira por Europa con la banda del segundo disco “The Army” (el ejército). En 1971 graba también en Nashville y con la misma banda ‘Songs of love and hate‘. En este disco se desnuda hasta límites insospechados. No hay pensamiento , interioridad o problema que se deje guardado. Contiene ‘Avalanche’; ‘Last year ‘s man’ con gran contenido religioso controvertido y un coro de niños al final que logra dulcificarla. ‘Dress rehearsal rag’, canción que se niega a cantar en directo (“A no ser que me encuentre extremadamente feliz. Puede acabar con la vida de cualquiera”). Alegra el disco con ritmo country ‘No diamonds in the mine’. ‘La melancólica ‘Famous blue raincoat’; la desgarradora ‘Sing another song boys’ grabada en directo unos años antes, o ‘Joan of Arc’ buscando el verdadero amor.

En esta época comienza a practicar los ritos del zen (“Siempre he sido muy dado a cosas por el estilo, desconectarme de todo, hacer ayunos sin razón aparente durante una semana… debe ser la parte religiosa que hay dentro de mi, esa parte que parece querer levantar el vuelo y despegarse de la tierra”).
En 1972 publica el libro de poemas ‘The energy of slaves’ (“un cáustico examen de la política y las guerras que había por todo el mundo”). También este año comienza una segunda gira por Europa con su banda de la que saldrán una película ‘Bird on the wire’ (Terry Palmer) y su disco ‘Live songs‘ (1973), coincidiendo con rumores de que abandona la carrera discográfica, problemas con las drogas, ruptura con su pareja (“Sentía que todo estaba contra mí, incluso los instrumentos y micrófonos se estropeaban. Me sentía cansado de todo”). El disco contiene buenas versiones en directo, los coros destacados de Donna Washburn y Jennifer Warren, y como temas no editados anteriormente el que comienza el disco ‘Minute prologue’ a solas con su guitarra española; ‘Passing through’ sobre el paso fugaz por la vida personificado en la figura de Jesucristo, a ritmo de country; el largo ‘Please don’t pass me bay’, en la que parece un predicador que va subiendo en intensidad hasta que acaba con la voz rota acompañado por las palmas del público; aparece también ‘Tonight will be fine’ grabada en su actuación en la Isla de Wight en 1970 a la que añade dos nuevas estrofas; y la última ‘Queen Victoria’ grabada en su casa en un estudio móvil.
En 1974 saca ‘New skin for the old ceremony‘, con cambios en su música gracias a la influencia del productor y arreglista John Lissauer y del violinista Lewis Furey, que aportan nuevas e interesantes ideas tanto a la hora de componer como de grabar. Contiene el famoso tema ‘Chelsea Hotel #2’ dedicado a Janis Joplin, ‘Lover lover, lover’ compuesta con la intención de hermanar arabes y judíos, o el también clásico y basado en una tradición religiosa ‘Who by fire’.

Death of a ladies’ man‘ (1977): Un disco que en principio produce rechazos y saca a la luz una desastrosa relación entre dos personas que eran el agua y el aceite; Phil Spector con su muro de sonido consigue hacer olvidar por completo ese halo de intimidad que siempre arrastraban las grabaciones de L. Cohen.
Sin embargo con el tiempo acaba siendo reconocido como un disco diferente en su carrera pero con sus méritos, como pueden ser el atreverse a cambiar y no quedar anclado en un sonido, el no ceder ni un ápice en la sinceridad y crudeza de sus letras, o porque no, las melodías y estribillos que quizás en otras voces podrían haber sido mayor éxito.
Otra gran contradicción, que sea precisamente un productor de gran éxito en canciones para teen-agers quien mezcle este disco que se basa mayormente en el reconocimiento de la decadencia y declive que la edad causa en el amor y la sexualidad.
Como curiosidad cuenta con la participación de Bob Dylan y Allen Ginsberg en los coros de ‘Don’t go home with your hard-on’.
Recent songs‘ (1979) representa la vuelta a la tranquilidad, con incursión en nuevos sonidos gracias al violín armenio de Raffi Hakopian, el laud eslavo de John Bilekizjian y al grupo tejano de fussion Passenger ampliando los horizontes del country. El ritmo de vals destaca todavía más que en otros discos, comenzando con la preciosa ‘The guests’ y los magistrales coros de Jennifer Warnes; una versión de ‘Un canadien errant’ a ritmo de mariachi; otro precioso vals ‘The traitor’; el lado gitano por el que L.Cohen siente debilidad desde que de joven leyera a Federico García Lorca queda reflejado en ‘The gypsy’s wife’, acompañándole con gran protagonismo un violin al mismo tiempo bello, triste y estremecedor.
Tras la grabación inicia una gira por Europa y Australia con los músicos del disco (“por primera vez me sentía seguro en el escenario… incluso me arriesgué a interpretar un tema de los Bee Gees”). Tiene problemas con la compañia de discos cuando quieren sacar otro recopilatorio de la gira, él se niega por no considerarlo necesario.
De lo que si queda satisfecho es de una película para TV de media hora, ideada y escrita por él y Barrie Wexler, ‘I am a hotel’, con cinco historias de amor basadas en cinco canciones suyas y él aparece como la figura unificadora de todas. Con ella gana en 1984 el primer premio del Festival Internacional de Televisión de Montreaux-Suiza.
Publica un nuevo libro ‘Book of Mercy’ (una colección de salmos), y tras cinco añós de silencio discográfico ve la luz ‘Various positions‘ (1984) con otro pequeño cambio en el sonido, la introducción moderada de teclados caseros a los que se había aficionado y cajas de ritmo. Por primera vez se hace un video-clip para promocinar el disco, la canción elegida es ‘Dance me to the end of love’ y lo realiza Dominique Isserman, quien se convertiría en su compañera sentimental. Jennifer Warnes en los coros suena cada vez mejor. De nuevo mezcla religión y sexualidad consiguiendo otra gran canción ‘Hallelujah’. Y para demostrar en tiempos de pérdida de valores que el plano humano-religioso lo considera fundamental termina con una bella oración muy personal ‘If it be your will’.

Al mismo tiempo que grababa este disco colaboraba con Lewis Furey (músico que participó en el álbum ‘New skin for the old ceremony’), escribiendo las letras de una ópera-pop cuya música había compuesto Furay: Night Magic. Uno de los temas saldría también en ‘Various positions’, la nana ‘Hunter’s lullaby’. La película se estrenó en 1985 y pasó desapercibida, aunque llevó un premio en Canadá: el Premio Juno a la mejor banda sonora.
Leonard Cohen pasa por un buen momento de su vida, disminuyen las tensiones y aumenta el reconocimiemto de su obra. Llega a aparecer en un capítulo de ‘Corrupción en Miami’, recibe un Globo de Cristal por vender más de cinco millones de discos fuera de E.E.U.U., pero su madurez le sirve para seguir con los pies en la tierra y ser más crítico y transparente que nunca (“creo que la poesía es necesaria para el corazón de la persona, pero no creo que con ella o con la canción como arma se pueda cambiar el mundo… El mundo sólo cambia desde dentro de cada uno”).
Participa en una recopilación española dedicada al cincuenta aniversario de la muerte de Federico García Lorca (su admiración por este poeta le llevo a poner el nombre de Lorca a una hija suya), con la canción ‘Take this waltz’, basada en ‘Pequeño vals vienés’, y que acabó siendo la canción más famosa del disco.

Jennifer Warnes saca un disco ‘Famous blue raincoat’ con canciones ya conocidas de L. Cohen y una que es primicia y que este grabará también en su siguiente obra: ‘First we take Manhattan’.
Su estado personal se refleja como siempre en el próximo disco ‘I’m your man‘ (1988) (“el título del álbum no va dedicado a nadie en concreto. Yo soy de quien me acepte”). Esta obra va a representar un gran paso en su carrera y gracias a ella va a ser reconocido y aceptado por las nuevas generaciones . Desaparecen casi por completo las guitarras para dar paso a los teclados, con los que había compuesto sus últimas canciones. La voz y coros adquieren nuevos matices en esta música más maquinal. Es un disco con canciones que acaban siendo éxito la mayoría de ellas: ‘First we take Manhattan’, ‘Ain’t no cure for love’, ‘Everybody Knows’, I’m your man’, ”Take this waltz’, ‘I can’t forget’, ‘Tower of song’.
Dos años más tarde sale un disco homenaje ‘I’m your fan’, con nombres como Pixies, Ian mcCulloch, REM, Nick Cave, John Cale… rindiendo tributo al maestro con versiones, la mayoría de ellas, acertadas.
El próximo disco ‘The future‘ (1992) (“A mi parsimonia habitual se añadieron otras circunstancias, algunas de ellas dramáticas, como el accidente de mi hijo Adam…”) llama la atención por la gran cantidad de gente que aparece en los créditos. El sonido es una mezcla de todos los anteriores, vuelven a aparecer cuerdas, guitarras y vientos, aparte de los teclados.
Tiene menos repercusión, pero también aporta buenas canciones. La que da título al disco; ‘Waiting for the miracle’ compuesta en colaboración con Sharon Robinson; una buena versión del tema soul ‘Be For Real’ de Frederick Knight; el éxito ‘Closing Time’; ‘Anthem’, producida por la famosa actriz Rebeca de Mornay (“Es una buena compositora y su oído es excelente… decidí contar con su opinión para rematar detalles del disco, en cuanto a los arreglos y las melodías”); Democracy (“creo que la democracia es la religión del mundo occidental”).
En 1994 sale una nueva grabación ‘Cohen live in concert‘ con 13 canciones en directo, todas editadas anteriormente en sus discos, procedentes de dos diferentes giras, 1988 y 1993, y con el aliciente de las variaciones con que el autor las interpreta en sus conciertos. Como curiosidad la canción ‘One of us cannot be wrong’ fue grabada el 20 mayo 1988 en su actuación en el Velódromo Anoeta de San Sebastián.

Antes de editarse el disco en directo ya había decidido retirarse a un monasterio ‘zen’ en Los Angeles (California) donde es ordenado monje “Dharma de Jikan” (el silencioso). Aquí sigue una vida austera de orden y disciplina, trabajando en el mantenimiento del monasterio, como cocinero, secretario y chofer en las giras del maestro Roshi. Pero sigue escribiendo poesia y componiendo con el ordenador y teclado en su habitación. El monasterio Mount Baldy tiene su propia página web, donde los monjes hablan de sus vidas y experiencias, venden un CD con grabaciones en el monasterio ‘Daily Sutras’ y, como no, Jikan expone algún poema escrito durante su estancia.
Mientras tanto la compañía de discos quiere rentabilizar su espera y saca un recopilatorio de sus tres últimos discos ‘More best of‘ (1997), con dos temas nuevos ‘Never any good’ y ‘The great event’ que saben a poco a sus fans. Y un directo de su gira en 1979 ‘Field Commander Cohen: Tour of 1979‘ (2001), (en memoria de John Wood, técnico de ‘Passenger’, la banda que le acompañó en esta gira). Ningún tema nuevo. Buenas versiones de una buena época.
Tras seis años de reclusión decide regresar al mundanal ruido y vuelve con un disco ‘Ten new songs‘ (2001), diez canciones nuevas (nueve años habían pasado desde su último disco en estudio). Todas ellas compuestas en colaboración con Sharon Robinson, quien se encarga de los arreglos y la mayor parte de la instrumentación. Vuelve a la sencillez en la instrumentación, colchones de teclado y sencillas percusiones, pero en general todo muy previsible. Es un disco menos personal, cede protagonismo a los acompañantes, de él nos queda su voz cada vez más profunda y al mismo tiempo más débil, pasa a ser más poeta y menos músico. Las letras son más simples y al mismo tiempo más universales, más humanas. ‘In my secret life’, ‘Here it is’, ‘Love Itself’, ‘The land of plenty’ y la mayoría de ellas son canciones bellas y agradables de escuchar pero sin riesgo. En su vida asegura sentirse por fin a gusto consigo mismo, y lo que nos ofrece es precisamente eso, tranquilidad y sosiego. Sinceridad es lo que lo sigue caracterizando.
Similares características pueden aplicarse a su siguiente disco de estudio ‘Dear Heather‘ (2004). En este destaca la aportación de una antigua colaboradora, Anjani Thomas, una voz femenina que encaja a las mil maravillas con la de L.cohen y ayuda asimismo en alguna composición. Hay mayor variedad de estilos e instrumentación y hace que el disco artísticamente sea más rico y se sitúe por encima del anterior. Empieza con un tema escrito por Lord Byron ‘Go no more a-roving’; ‘The letters’ la utilizará Win Wenders en su película ‘Land of Plenty’; opina a su manera sobre el 11 septiembre en ‘On that day’; sorprende en ‘Dear Heather’ por la curiosa instrumentación y modo de cantarla deletreando a ratos; en ‘Nightingale’ vuelve al country-folk en una bella canción dedicada a un íntimo compañero de Anjani Thomas muerto ese año; y finaliza con una versión en directo de un clásico del country-western, ‘Tennesee waltz’, de la gira de 1985, al que le había añadido algunos versos.
Leonard Cohen va envejeciendo con gran dignidad, ha dejado de ser alumno y se ha convertido en maestro, para decirnos que no hay maestros ni alumnos, sólo vida, y todos formamos parte de ella hasta que la muerte llegue.

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Hey! Bo Diddley, “The Originator” (1928 – 2008)

Publicado el Lunes 6 marzo 2017

“Bo Diddley” nació en una granja algodonera cerca de McComb, Mississippi, el 30 de diciembre de 1928, siendo bautizado como Ellas Bates. Con 6 años fue adoptado por una prima de su madre, adoptando también su apellido y pasando a llamarse Ellas McDaniel. Coincidiendo con la “Gran Migración afroamericana” (de las zonas pobres del sur a las ciudades industriales del norte de EEUU) se trasladaron a Chicago donde estudió violín, hasta que su hermanastra Lucille le regaló una guitarra acústica. En esta ciudad vivió los cambios que sufrió el blues, con la inclusión de instrumentos eléctricos, batería, armónica, y en ocasiones saxos. Se quedaría prendado del sonido de la guitarra eléctrica, formó diferentes grupos con los que tocaba en los ratos libres que le dejaban los diversos oficios con los que se ganaba un sueldo. Una primera grabación para el sello Chess Records en 1955 (con las canciones Bo Diddley y I’m a man), el éxito que le sonrió y una banda fundamental para conseguir el sonido tan especial, destacando Jerome Green a las maracas y voces, y su hermanastra “La Duquesa” acompañando a la guitarra eléctrica, sin olvidar por supuesto los ritmos africanos y salvajes de batería. Frecuentes cambios de pareja y de domicilio. Colaboraciones múltiples con grupos y artistas de primera fila, influencia de su estilo y música a lo largo de las décadas (de Buddy Holly a Rolling Stones, de los Who a Bruce Springsteen, de Sex Pistols a Jesus & Mary Chain), cientos de versiones de sus temas (el who do you love es uno de los temas con menos acordes y más versiones diferentes en la historia de la música), y reconocimiento en forma de los más destacados premios en la música popular, han jalonado su carrera hasta el 2 de junio de 2008 en que problemas cardiacos le obligaron a mudarse de barrio, esta vez definitivamente.
Con un estilo muy personal, ritmos percusivos, repetitivos, rasposos, tribales y distorsionados, se convirtió en padre del rythm&blues, pieza clave en la evolución del rock&roll y en “el creador” de un sonido propio, el sonido Bo Diddley, algo que muy pocos han podido lograr. Si bien se basó en ritmos africanos, nadie había logrado la sonoridad y vibraciones que su guitarra sincopada y composiciones transmitían. Sin alardes ni virtuosismo en la técnica dejó para la posteridad riffs y ritmos que han quedado como clásicos, grabados en el inconsciente de gran cantidad de gente que los conoce pero que no sabría mencionar el nombre de su autor. En la interpretación de sus canciones, cargadas de humor y entusiamo, desprendía una fuerza contagiosa y primitiva, fundiendo sonido y movimientos, con la dosis exacta de mesura y energía. No he tenido la suerte de asistir a un concierto suyo en directo, pero creo que sin duda sería una de las experiencias más impactantes. Hasta que se pueda viajar en el tiempo tendremos que conformarnos con verlo en vídeo cantando y tocando su característica guitarra Gretsh cuadrada “square-bodied”, aunque para esta ocasión he preferido elegir dos vídeos de su primera época, antes de que diseñara dicha guitarra.

“Bo Diddley – Road Runner”

“Bo Diddley – Bo Diddley, 1955 (en el polémico Show de Ed Sullivan)

Seguro que los ángeles están celebrando, con bailes convulsivos y maracas en sus manos, la llegada del francés negro y su ritmo trepidante. bam bee bam bee bam bee bam bam…

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Syd Barrett

Publicado el Jueves 26 enero 2017

Syd Barrett es una de las figuras mas míticas y enigmáticas de la historia del pop, nacido en Cambridge, Gran Bretaña, en 1946, a temprana edad empezó a mostrar intereses musicales y pronto militó en bandas locales como Geoff Mutt and The Mottoes. En la escuela mayor de Cambridge conoció a Roger Waters y a David Gilmour con los que compartía su devoción por la música. Con Gilmour realizó una serie de actuaciones versioneando temas de los Rolling Stones que les hizo ganar cierta popularidad.
En 1963 Barrett se translada a Londres para asistir a clases en la Camberwell School Of Art, al tiempo que forma con algunos músicos de la capital el grupo The Hollering Blues, un combo de versiones de blues y Rock’n’roll.

En esa misma época, Roger Waters, que tambien estaba estudiando en Londres contaba ya con su propia banda, The Screaming Abdabs y pronto contactó con Barrett para que se uniese al proyecto que cambió su nombre por el de The Pink Floyd Sound a sugerencia de Barrett, tomando el nombre de dos bluesmen americanos.
En los Abdabs ya militaban Nick Manson (bateria) y Rick Wright (teclado) aunque con la incorporacion de Syd Barrett el grupo tomaría una dirección muy diferente a la del primitivo Blues-rock que practicaban, Barrett estaba muy influenciado por los Beatles, los Rolling Stones y por toda la música psicodélica que llegaba de EE.UU, con Love a la cabeza.
El recien llegado pronto tomó el control casi absoluto de la banda, convirtiendose en el principal compositor, cantante y guitarrista de la formación, introduciendo inauditos elementos de experimentación y psicodelia que pronto empezaron a llamar la atención en sus actuaciones en Londres, complementando sus conciertos con imágenes y proyecciones salidas de la fértil imaginación de Barrett.
En 1967 el grupo firma un contrato con EMI que les publica su primer single: “Arnold Layne” un excepcional tema compuesto por Barrett que ya definía el sonido del grupo, tremendamente extraño, experimental y con un magnetismo dificil de describir. El segundo single de la banda “See Emily Play” supuso un enorme éxito, lo que propició la entrada inmediata de la banda en los estudios Abbey Road para grabar lo que sería el primer álbum del grupo: “The Piper At The Gates Of Down”.

El primer disco de Pink Floyd es considerado el mas claro exponente de la psicodelia británica, muy influenciada por la de la costa oeste americana pero con sus propias señas de identidad, aquí Syd Barrett dispuso ya de todos los elementos necesarios para plasmar sus extravagantes y originales ideas, al tiempo que se introducía de lleno en el consumo masivo de drogas, principalmente LSD, práctica muy habitual en el circuito londinense de la época, mientras el resto de banda tomaba una actitud mucho mas moderada.
Los efluvios lisérgicos en las composiciones de Barrett se aprecian con claridad en temas extraños y crípticos como “Interstellar Overdrive”, “Astronomy Domine” o “Lucifer Sam”, canciones alucinógenas realmente originales y brillantes, con largos y complicados desarrollos instrumentales en los que destaca la peculiar forma de tocar de Barrett y el distintivo bajo de Roger Waters.
Las letras de Syd Barrett son aquí complejos jeroglificos con referencias oníricas ciertamente sugerentes y extrañas. Barrett compuso todos los temas y fue el cantante principal en todas ellas.
“The Piper At The Gates Of Down” es un disco único, un disco que juega con la experimentación hasta límites desconocidos, introduciendo elementos y sonidos que luego serían imitados hasta la saciedad, traspasando el limite del rock para adentrarse en el Jazz, en ritmos étnicos y en el ruidismo mas salvaje.
Con la acertada promocion de EMI el disco tuvo un éxito casi instantaneo y el grupo empezó a ser demandado intensivamente para tocar por todo el país y por los EE.UU.
Llegados a este punto es cuando la historia se vuelve confusa, Barrett había seguido tomando LSD y su estado psicológico se empezó a resentir en esos meses de gira con la banda, arruinando algunas actuaciones del grupo con episodios psicóticos de cierta gravedad, se suele citar como punto culminante el colapso que sufrió en una entrevista para una cadena norteamericana que dió la vuelta al mundo.
Ante esta situación, la banda, con Roger Waters a la cabeza, disfrutando de un exito que exigía plena concentración optó por substituir a Barrett por otros músicos en algunas actuaciones, obligandoles obviamente a reestructurar y adaptar todo el repertorio, hasta que finalmente se optó, una vez que el grupo volvió a entrar en el estudio en dejar fuera definitivamente al lider indiscutible de la banda.
Syd Barrett fue substituido por David Gilmour y el grupo continuó su camino alejandose de las coordenadas psicodélicas del primer disco en una carrera hacia las masas bien conocida por todos.

Syd Barrett padecía esquizofrenia agravada por episodios psicóticos, una situación totalmente incapacitante que le obligó a someterse a cuidados intensivos y a retirarse a casa de sus padres. En 1970, no obstante, Barrett contactó con David Gilmour y le planteó la idea de grabar en estudio algunos temas que tenía completados, con el tremendo éxito de Pink Floyd no resultó problemático contactar con los estudios Abbey Road de la EMI para realizar esas sesiones a pesar de las “especiales” circunstancias y de la practicamente nula posibilidad comercial que de antemano se sabía tendrían esas canciones.
De esas primeras sesiones saldría practicamente todo el material del primer disco en solitario de Syd Barrett, llamado “The Madcap Laugh”, producido por David Gilmour y con colaboraciones de The Soft Machine, Roger Waters y diversos músicos de estudio, un disco extraño y alucinado dominado casi en exclusiva por la guitarra y la voz de Barrett que navega por espacios de folk espectral, blues lisergico y rock espacial con la soltura y convicción que solo él podía conseguir.
Destacan dentro de este conjunto tan heterogeneo de canciones las tomas de “Terrapin”, “Octopus”, “Late Night”, “No Good Trying” y “Love you” dotadas de irresistibles melodías y magníficos arreglos, el resto del material es bastante mas experimental y oscuro, algunos temas son simplemente esbozos sin completar, canciones extrañas dificilmente clasificables.
Las sesiones de “The Madcap Laugh” fueron ciertamente complicadas, Syd Barrett se mostraba disperso y ausente en muchos momentos y fue necesario “pinchar” las tomas una y otra vez, añadiendo arreglos solamente cuando la parte de guitarra y voz ya estaba grabada, aunque lo cierto es que a pesar de todo Barrett seguía mostrando aún una imaginación fuera de toda discusión y un entusiasmo por sus canciones que fue capaz de transmitir a todo el equipo.
El disco salió publicado ese mismo año con escaso apoyo comercial de EMI y pocos se enteraron de su existencia, David Gilmour volvio con los Floyd y Syd Barrett se retiró otra temporada.

Quizas contra pronóstico, tan solo unos meses mas tarde, en Noviembre de 1970, Syd Barrett volvió a ponerse en contacto con EMI para grabar nuevos temas, la compañía de nuevo accedió aunque esta vez se intentó por todos los medios dar un toque mas comercial a las composiciones con vistas a una mayor repercusión mediatica, aunque fuese captando a los nuevos fans de Pink Floyd, para ello se optó por dar a la mayoria de los temas un tratamiento mas rotundo, mas directo, mas de banda.
David Gilmour se volvió a unir al proyecto que esta vez recibiría simplemente el nombre de “Barrett”, las nuevas sesiones fueron igualmente caoticas pero igualmente interesantes, con un ambiente marcado por la esquiva y fertil imaginación de Barrett, enfrascado en sacar adelante temas absolutamente geniales como “Baby Lemonade”, “Gigolo Aunt” o “Rats” junto a temas mucho mas extraños cercanos al espitiritu de “The Madcap Laughs” como “Wined and Dined” o “Wolfpack”. Este segundo disco de Syd Barrett no alcanza quizás el nivel de genialidad del primero, resultando un tanto disperso, pero aún así los temas citados se encuentran sin duda entre lo mejor que hizo nunca.

En Febrero de 1970, tras completar “The Madcap Laugh”, Syd Barrett grabó una actuación en el celebre programa de John Peel para la BBC acompañado por David Gilmour y Jerry Shirley interpretando temas de su primer disco como “Terrapin” pero centrandose en temas que luego aparecerian en “Barrett” como “Gigolo Aunt”, “Baby Lemonade” o “Effervescing Elephant. Este concierto es interesante porque los temas muestran matices distintos y porque Barrett se muestra bastante inestable durante la actuación, provocando cambios imprevistos dificiles de seguir por los músicos.

Tras la publicación de su segundo disco Syd Barrett se retiró definitivamente y su figura fue poco a poco eclipsada por el enorme éxito mediático de Pink Floyd que alcanzó su cima a mediados de los 70 con discos como “Dark Side Of The Moon” o “Wish You Were Here”. Syd se instaló permanentemente en casa de su madre y lo que ha sido de su vida desde entonces permanece en el mas profundo anonimato ya que nunca ha concedido entrevistas y apenas se le ha visto en publico. La naturaleza de su enfermedad y la influencia que tuvo ésta en su carrera y en su posterior desaparición permanecen por tanto en el mas absoluto de los misterios, no hay un patrón fijo para describir o predecir el comportamiento y los pensamientos de un esquizofrénico, si es que Barrett padecía en verdad esquizofrenia y la ausencia de datos precisos sobre sus últimos años tampoco ayuda a solventar ese misterio.

En 1989, coincidiendo con una revitalización de la figura de Syd Barrett se publicó el album “Opel”, una recopilación de temas inéditos y tomas alternativas de aquellas míticas sesiones de 1970, con lo que practicamente todas las canciones han visto ya la luz, unas canciones que siguen manteniendo un magnetismo y una magia dificilmente asimilable, unos temas y un músico, Syd Barrett, envueltos para siempre en una inigualable leyenda de genialidad y misterio.

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Townes Van Zandt

Publicado el Sábado 14 enero 2017

Townes Van Zandt
El Trovador De Texas

townes1.jpgTownes Van Zandt nació en Forth Worth, Texas en 1944. Miembro de una importante familia Texana e hijo de un magnate del petróleo su vida discurriría por un camino muy distinto del que se había definido para el, hasta convertirse en una de las figuras mas importantes de la cultura popular del siglo XX.
La música de Townes Van Zandt, siempre a caballo entre el Country, el Blues y el Folk ha influido a multitud de músicos de nuestro tiempo, desde Steve Earle (Fan reconocido) hasta Wilco, pasando por grupos tan dispares como My Morning Jacket, Jayhawks o Uncle Tupelo, y su turbulenta biografía ha terminado por dibujar la figura de Townes Van Zandt como uno de esos creadores oscuros tan del gusto de mitómanos como yo.

Van Zandt empieza a componer a temprana edad, muy influido en sus composiciones por músicos como Lighting Hopkins, Guy Clarke o el propio Bob Dylan y con apenas 20 años viaja a Nashville guiado por otro influyente músico country: Mickey Newbury, y allí empezará a dar sus primeros conciertos y a componer sus primeras canciones adultas.
Su primer disco “For The Sake Of A Song” es publicado en 1968 y recibe un recibimiento mas bien discreto de público y critica, pero le permite asentarse y hacerse mas o menos con un nombre en el área de Nashville donde ofrecerá bastantes shows.
En esta época Townes Van Zandt vive en una pequeña cabaña en un bosque de Tenesse, sin teléfono y alejado del bullicio de la ciudad. De este etapa es el vídeo que presentamos hace un días, en el que aparece en esta cabaña interpretando “Waiting Around To Die” ante la mirada de su novia y su vecino.
Para entender mejor este y otros momentos hay que hablar de la condición mental de Van Zandt. Diagnosticado con síndrome maniaco-depresivo a los 20 años, tuvo que someterse a un estricto tratamiento durante años, lo que fue minando su memoria (se dice que olvidaba canciones continuamente en directo). Además gradualmente fue teniendo cada vez mas problemas con la bebida, lo que acentuó esos problemas de memoria y marco negativamente su carácter, tímido y reservado pero con un particular sentido del humor.

townes2.jpgLa época que va de 1968 a 1973 es la etapa mas prolífica del músico Texano. En estos años graba sus mejores discos y compone sus mejores canciones. Ya en ese primer disco del 68 ofrece todo un recital de composiciones sublimes que iban desde las mas sobrecogedoras reflexiones sobre la soledad en clave folk como “For The Sake Of A Son” o la citada “Waiting Around To Die” a luminosas y esperanzadoras canciones como la preciosa “I´ll Be Here In The Morning” pasando por temas ligeros y humoristicos como “Talkin’ Karate Blues”.
“Our Mother The Mountain”, su segundo disco, es considerado como su primera verdadera obra maestra. Publicado en 1969 obtuvo una repercusión comercial un poco mejor que el primer disco, y es que el esfuerzo realizado por su compañía, Tomato Records, permitió mayores y mejores arreglos en unas canciones por lo demás sencillamente estupendas. Destacar aquí la preciosa “Kathleen” y las apocalípticas letras cargadas de simbolismo de “Our Mother The Mountain” y sobre todo “St John The Gambler“.
“Townes Van Zandt” (1970) recoge nuevas versiones de clasicos de sus dos primeros discos, muy cambiadas, mucho mas oscuras, junto a misteriosos temas como “Lungs“.
Sus siguiente trabajos de estudio, “Delta Momma Blues” (1971), “High, Low & In Between” (1972) y “The Late, Great Townes Van Zandt” (1972), todos grabados para Tomato y pésimamente distribuidos, muestran a un Van Zandt cada vez mas introspectivo y críptico, dejando atrás las profusas producciones de antaño en temas de marcado carácter Blues y Folk.

Tras un disco en directo publicado en el 77 (“Live At The Old Quarter”) y otro nuevo disco de estudio un año mas tarde (“Flyin’ Shoes”), Townes Van Zandt pasaría casi una década sin volver a grabar, ofreciendo pequeñas actuaciones en el área de Texas y de Nashville y viendo como sus problemas con el alcohol empeoran día tras día.

Reconocido como un maestro por las nuevas generaciones de músicos norteamericanos, la figura de Townes Van Zandt emerge tímidamente a finales de los 80. Graba un notable nuevo disco de estudio, “At My Window” (1987) e incluso se embarca en una gira junto a Cowboy Junkies. En los siguientes años Van Zandt sigue entregando discos de diversa indole (Versiones, reinterpretaciones, directos) hasta su muerte en 1997, a los 52 años de edad.

El legado y la influencia de Townes Van Zandt en la música de nuestro tiempo es de incalculable valor y hoy en día aun resulta un verdadero placer sumergirse en aquellas viejas canciones, cargadas de sinceridad y esperanza.

Escucha:
I´ll Be Here In The Morning

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Kathleen

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St. John The Gambler

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