Categoria Revisiones

Syd Barrett

Publicado el Lunes 6 abril 2015

Syd Barrett es una de las figuras mas míticas y enigmáticas de la historia del pop, nacido en Cambridge, Gran Bretaña, en 1946, a temprana edad empezó a mostrar intereses musicales y pronto militó en bandas locales como Geoff Mutt and The Mottoes. En la escuela mayor de Cambridge conoció a Roger Waters y a David Gilmour con los que compartía su devoción por la música. Con Gilmour realizó una serie de actuaciones versioneando temas de los Rolling Stones que les hizo ganar cierta popularidad.
En 1963 Barrett se translada a Londres para asistir a clases en la Camberwell School Of Art, al tiempo que forma con algunos músicos de la capital el grupo The Hollering Blues, un combo de versiones de blues y Rock’n’roll.

En esa misma época, Roger Waters, que tambien estaba estudiando en Londres contaba ya con su propia banda, The Screaming Abdabs y pronto contactó con Barrett para que se uniese al proyecto que cambió su nombre por el de The Pink Floyd Sound a sugerencia de Barrett, tomando el nombre de dos bluesmen americanos.
En los Abdabs ya militaban Nick Manson (bateria) y Rick Wright (teclado) aunque con la incorporacion de Syd Barrett el grupo tomaría una dirección muy diferente a la del primitivo Blues-rock que practicaban, Barrett estaba muy influenciado por los Beatles, los Rolling Stones y por toda la música psicodélica que llegaba de EE.UU, con Love a la cabeza.
El recien llegado pronto tomó el control casi absoluto de la banda, convirtiendose en el principal compositor, cantante y guitarrista de la formación, introduciendo inauditos elementos de experimentación y psicodelia que pronto empezaron a llamar la atención en sus actuaciones en Londres, complementando sus conciertos con imágenes y proyecciones salidas de la fértil imaginación de Barrett.
En 1967 el grupo firma un contrato con EMI que les publica su primer single: “Arnold Layne” un excepcional tema compuesto por Barrett que ya definía el sonido del grupo, tremendamente extraño, experimental y con un magnetismo dificil de describir. El segundo single de la banda “See Emily Play” supuso un enorme éxito, lo que propició la entrada inmediata de la banda en los estudios Abbey Road para grabar lo que sería el primer álbum del grupo: “The Piper At The Gates Of Down”.

El primer disco de Pink Floyd es considerado el mas claro exponente de la psicodelia británica, muy influenciada por la de la costa oeste americana pero con sus propias señas de identidad, aquí Syd Barrett dispuso ya de todos los elementos necesarios para plasmar sus extravagantes y originales ideas, al tiempo que se introducía de lleno en el consumo masivo de drogas, principalmente LSD, práctica muy habitual en el circuito londinense de la época, mientras el resto de banda tomaba una actitud mucho mas moderada.
Los efluvios lisérgicos en las composiciones de Barrett se aprecian con claridad en temas extraños y crípticos como “Interstellar Overdrive”, “Astronomy Domine” o “Lucifer Sam”, canciones alucinógenas realmente originales y brillantes, con largos y complicados desarrollos instrumentales en los que destaca la peculiar forma de tocar de Barrett y el distintivo bajo de Roger Waters.
Las letras de Syd Barrett son aquí complejos jeroglificos con referencias oníricas ciertamente sugerentes y extrañas. Barrett compuso todos los temas y fue el cantante principal en todas ellas.
“The Piper At The Gates Of Down” es un disco único, un disco que juega con la experimentación hasta límites desconocidos, introduciendo elementos y sonidos que luego serían imitados hasta la saciedad, traspasando el limite del rock para adentrarse en el Jazz, en ritmos étnicos y en el ruidismo mas salvaje.
Con la acertada promocion de EMI el disco tuvo un éxito casi instantaneo y el grupo empezó a ser demandado intensivamente para tocar por todo el país y por los EE.UU.
Llegados a este punto es cuando la historia se vuelve confusa, Barrett había seguido tomando LSD y su estado psicológico se empezó a resentir en esos meses de gira con la banda, arruinando algunas actuaciones del grupo con episodios psicóticos de cierta gravedad, se suele citar como punto culminante el colapso que sufrió en una entrevista para una cadena norteamericana que dió la vuelta al mundo.
Ante esta situación, la banda, con Roger Waters a la cabeza, disfrutando de un exito que exigía plena concentración optó por substituir a Barrett por otros músicos en algunas actuaciones, obligandoles obviamente a reestructurar y adaptar todo el repertorio, hasta que finalmente se optó, una vez que el grupo volvió a entrar en el estudio en dejar fuera definitivamente al lider indiscutible de la banda.
Syd Barrett fue substituido por David Gilmour y el grupo continuó su camino alejandose de las coordenadas psicodélicas del primer disco en una carrera hacia las masas bien conocida por todos.

Syd Barrett padecía esquizofrenia agravada por episodios psicóticos, una situación totalmente incapacitante que le obligó a someterse a cuidados intensivos y a retirarse a casa de sus padres. En 1970, no obstante, Barrett contactó con David Gilmour y le planteó la idea de grabar en estudio algunos temas que tenía completados, con el tremendo éxito de Pink Floyd no resultó problemático contactar con los estudios Abbey Road de la EMI para realizar esas sesiones a pesar de las “especiales” circunstancias y de la practicamente nula posibilidad comercial que de antemano se sabía tendrían esas canciones.
De esas primeras sesiones saldría practicamente todo el material del primer disco en solitario de Syd Barrett, llamado “The Madcap Laugh”, producido por David Gilmour y con colaboraciones de The Soft Machine, Roger Waters y diversos músicos de estudio, un disco extraño y alucinado dominado casi en exclusiva por la guitarra y la voz de Barrett que navega por espacios de folk espectral, blues lisergico y rock espacial con la soltura y convicción que solo él podía conseguir.
Destacan dentro de este conjunto tan heterogeneo de canciones las tomas de “Terrapin”, “Octopus”, “Late Night”, “No Good Trying” y “Love you” dotadas de irresistibles melodías y magníficos arreglos, el resto del material es bastante mas experimental y oscuro, algunos temas son simplemente esbozos sin completar, canciones extrañas dificilmente clasificables.
Las sesiones de “The Madcap Laugh” fueron ciertamente complicadas, Syd Barrett se mostraba disperso y ausente en muchos momentos y fue necesario “pinchar” las tomas una y otra vez, añadiendo arreglos solamente cuando la parte de guitarra y voz ya estaba grabada, aunque lo cierto es que a pesar de todo Barrett seguía mostrando aún una imaginación fuera de toda discusión y un entusiasmo por sus canciones que fue capaz de transmitir a todo el equipo.
El disco salió publicado ese mismo año con escaso apoyo comercial de EMI y pocos se enteraron de su existencia, David Gilmour volvio con los Floyd y Syd Barrett se retiró otra temporada.

Quizas contra pronóstico, tan solo unos meses mas tarde, en Noviembre de 1970, Syd Barrett volvió a ponerse en contacto con EMI para grabar nuevos temas, la compañía de nuevo accedió aunque esta vez se intentó por todos los medios dar un toque mas comercial a las composiciones con vistas a una mayor repercusión mediatica, aunque fuese captando a los nuevos fans de Pink Floyd, para ello se optó por dar a la mayoria de los temas un tratamiento mas rotundo, mas directo, mas de banda.
David Gilmour se volvió a unir al proyecto que esta vez recibiría simplemente el nombre de “Barrett”, las nuevas sesiones fueron igualmente caoticas pero igualmente interesantes, con un ambiente marcado por la esquiva y fertil imaginación de Barrett, enfrascado en sacar adelante temas absolutamente geniales como “Baby Lemonade”, “Gigolo Aunt” o “Rats” junto a temas mucho mas extraños cercanos al espitiritu de “The Madcap Laughs” como “Wined and Dined” o “Wolfpack”. Este segundo disco de Syd Barrett no alcanza quizás el nivel de genialidad del primero, resultando un tanto disperso, pero aún así los temas citados se encuentran sin duda entre lo mejor que hizo nunca.

En Febrero de 1970, tras completar “The Madcap Laugh”, Syd Barrett grabó una actuación en el celebre programa de John Peel para la BBC acompañado por David Gilmour y Jerry Shirley interpretando temas de su primer disco como “Terrapin” pero centrandose en temas que luego aparecerian en “Barrett” como “Gigolo Aunt”, “Baby Lemonade” o “Effervescing Elephant. Este concierto es interesante porque los temas muestran matices distintos y porque Barrett se muestra bastante inestable durante la actuación, provocando cambios imprevistos dificiles de seguir por los músicos.

Tras la publicación de su segundo disco Syd Barrett se retiró definitivamente y su figura fue poco a poco eclipsada por el enorme éxito mediático de Pink Floyd que alcanzó su cima a mediados de los 70 con discos como “Dark Side Of The Moon” o “Wish You Were Here”. Syd se instaló permanentemente en casa de su madre y lo que ha sido de su vida desde entonces permanece en el mas profundo anonimato ya que nunca ha concedido entrevistas y apenas se le ha visto en publico. La naturaleza de su enfermedad y la influencia que tuvo ésta en su carrera y en su posterior desaparición permanecen por tanto en el mas absoluto de los misterios, no hay un patrón fijo para describir o predecir el comportamiento y los pensamientos de un esquizofrénico, si es que Barrett padecía en verdad esquizofrenia y la ausencia de datos precisos sobre sus últimos años tampoco ayuda a solventar ese misterio.

En 1989, coincidiendo con una revitalización de la figura de Syd Barrett se publicó el album “Opel”, una recopilación de temas inéditos y tomas alternativas de aquellas míticas sesiones de 1970, con lo que practicamente todas las canciones han visto ya la luz, unas canciones que siguen manteniendo un magnetismo y una magia dificilmente asimilable, unos temas y un músico, Syd Barrett, envueltos para siempre en una inigualable leyenda de genialidad y misterio.

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The Kinks

Publicado el Miércoles 4 febrero 2015

The Kinks
Celluloid Heroes

Hablo con mucha gente de música, y quitando a un reducido grupo de amigos fanáticos del Rock como yo, nadie parece conocer a los Kinks, de vez en cuando sale el tema de la música de los 60 y 70, y todo el mundo habla de los Beatles, de los Rolling Stones, de The Who, de Led Zeppelin, etc.. pero nadie parece considerar a la que desde muchos puntos de vista es la mejor banda de rock de la historia, los grandiosos e inimitables Kinks.

Esta historia comienza en un humilde y populoso barrio de Londres, Mushwell Hill, Raymond y Dave Davies son los únicos vástagos varones en una familia numerosa llena de mujeres, los dos hermanos además son los pequeños de la familia, con tan solo tres años de diferencia entre ellos pero con una diferencia de edad enorme respecto a sus hermanas. La infancia de los hermanos Davies transcurrirá en una casa llena de gente, con sus padres, sus hermanas y sus cuñados, todos viviendo en la misma casa, repartiendose entre todos ellos las atenciones a los pequeños.
En el salón de la vieja casa había un piano, y los dos hermanos disfrutaban de las frecuentes reuniones familiares en torno a el, se tocaban canciones y se contaban divertidas historias, se puede decir que, salvos contados contratiempos, la infancia de Ray y Dave fue bastante agradable.
A pesar de que los dos hermanos tenían practicamente la misma edad, no se desarrolló entre ellos una relación de amistad, cada uno pasaba el tiempo con personas distintas en la familia (había donde elegir) y pocas veces coincidían en sus juegos, en estos años se forjó la legendaria relación amor-odio de los hermanos Davies, una relación fundamentada en la admiración mutua entre ellos pero tambien en la envidia y la rivalidad.
Aunque no compartían demasiadas cosas, los dos hermanos desarrollaron pronto un gran amor por la música, ambos empezaron a tocar instrumentos al tiempo que descubrían las canciones blues que llegaban poco a poco del otro lado del atlántico, pronto empezaron a actuar conjuntamente ante su familia y el siguiente paso fue formar su propia banda para actuar en garitos locales.
Esa primera formación de la banda, con Dave, Ray y un amigo de ambos, Peter Quayfe, fue tomando diversos nombres antes de adoptar el de The Kinks y poco a poco fue ganando notoriedad en el circuito local de clubs, aunque muchas veces actuaban como simple banda de acompañamiento de otros músicos locales.

Pronto los papeles de todos los músicos se fueron definiendo y Ray empezó a cantar y a componer sus canciones, mientras Dave desarrollaba un estilo potente y dinámico con su guitarra, ambos se juntaban en la casa familiar a componer, y en una de estas reuniones surgió una cancion que cambiaría para siempre el destino de la banda y que dejaría una profunda huella en la música popular del siglo XX. Cuenta la leyenda que Dave andaba en esa época experimentando con sus amplificadores para conseguir mas volumen, conectando varios entre si. Una tarde Ray llegó con los acordes de “You Really Got Me” que empezó a tocar al piano, Dave se acercó con su guitarra amplificada y rasgeó esos mismos acordes, días mas tarde Ray ya tenía preparada la letra. Ambos se dieron cuenta enseguida de que habían creado algo grande, no se equivocaron ya que a partir de ese momento empezaron a llover ofertas de discográficas y de promotores que querían contar con los Kinks en sus actuaciones.
El ascenso en las listas de “You Really Got Me” fue sencillamente imparable, y la banda contó por primera vez con recursos para seguir creando canciones, estas no tardaron en llegar; entre 1964 y 1965 los Kinks grabaron dos álbumes completos (“The Kinks” y “Kinda Kinks”) e innumerables singles, al tiempo que empezaron a girar frenéticamente por toda Europa.
En esta primera etapa los Kinks eran un grupo realmente salvaje, y a raiz del frenético ritmo de conciertos ya empezaban a surgir las primeras fricciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos que protagonizaban en ocasiones truculentas peleas sobre el escenario.
En 1965 el grupo visitó por primera vez los Estados Unidos ofreciendo una serie de conciertos, conciertos que en unas cuantas ocasiones terminaron en auténticas batallas campales, además, la acitud de los miembros del grupo en aquella época era, por asi decirlo, poco sociable, en especial la de un Dave Davies que se dedicaba sistemáticamente a destrozar los hoteles por donde pasaba y a formar broncas a la mínima ocasión.
A consecuencia de todo esto, aunque nunca quedó aclarado el motivo exacto, los Kinks fueron vetados para actuar en los EE.UU por un periodo de cuatro años. Esta prohbición marcó el devenir de la banda, ya que automáticamente quedaron fuera del mercado estadounidense y al margen de todas las corrientes musicales que irían surgiendo en ese pais en el transcurso de los últimos años de la década de los 60. Este hecho acabó casi definitivamente con las aspiraciones comerciales de la banda, que vió como sus discos eran cada vez menos populares, aunque esto no influyó en la calidad de sus nuevas canciones, mas bien el contrario, en el periodo que va de 1965 a 1969 los Kinks entregaron sus mejores trabajos.

En 1966 salió publicado “Face to Face”, uno de los discos claves de su época, un disco que rompía con la habitual temática simplista del pop de la época añadiendo toda una serie de detallados retratos de personajes de la sociedad británica, todo esto reflejado en unas canciones que, partiendo de una estructura típica, abordaban nuevos e inéditos registros sonoros, añadiendo instrumentos inusuales como el clavicordio en temas como “Rosey Won’t You Please Come Home” o “There’s Too Much On My Mind”
“Face to face” tuvo una discreta acogida comercial, y fue muy criticado por su compañía discográfica que pensaban que estas canciones se alejaban mucho del patrón de “You Really Got Me” y de su rentable imagen rebelde y contestataria.
A pesar de estos contratiempos, los Kinks consideraron buena su linea evolutiva y al siguiente año entregaron un disco aún menos asimilable por la compañia: “Something Else”, un álbum aún mas variado que dejaba ya claro que Ray Davies no era un compositor típico, en este disco encontramos canciones de todo tipo abordando temáticas insólitas como en la genial “Two Sisters” una mas que evidente metafora de la envidia entre Ray y Dave, o la sarcástica “David Watts”, donde Ray arremete con su singular y afilada ironia contra un dandy del Londres de la época.
En este disco, Dave Davies, siempre eclipsado por el incontenible talento de su hermano, entrega una de sus primeras composiciones, la genial “Death Of A Clown”.

El siguiente disco de los Kinks, publicado un año mas tarde, es considerado por buena parte de la crítica como el mejor trabajo de la banda, y una de las piezas clave del pop de los 60, se trata de “The Kinks are The Village Green Preservation Society”, un monumental disco doble donde todas las virtudes apuntadas anteriormente explotan en todo su explendor. Un disco absolutamente redondo sin un solo tema de relleno que muestra aún mas matices en la afilada literatura de Ray y en los registros de la banda. Todos los temas son impecables, pero por citar alguno hablaremos de las bellisimas “Days” o “Monica” o de las sensacionales “Picture Book”, “Big Sky” o “Sitting On The Riverside”.
Tras Village Green, los Kinks publicaron aún otro álbum para su compañía de siempre, Pye, otro álbum soberbio llamado “Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire” que a pesar de seguir la linea sublime de sus anteriores trabajos tampoco funcionó demasiado bien a nivel de ventas. En este disco encontramos canciones increibles como la salvaje “Brainwashed”, la extraña “Australia” o la deliciosa “Shangri-La”. Los Kinks habían alcanzado ya un nivel de excelencia absolutamente apabullante.

En 1970 pasaron varias cosas que volverían a cambiar el rumbo de la formación, la primera es el fin del veto en los Estados Unidos, lo que les permitió volver a ofrecer actuaciones en ese país casi un lustro mas tarde, a su llegada se encontraron con que los Kinks disfrutaban de una posición y de un prestigio considerables en ese país, contando con legiones de fans que llegaban casi al fanatismo.
Ese mismo año los Kinks publicaron “Lola”, un vigoroso tema sobre un travesti que supuso un éxito inmediato y arrollador. el consiguiente álbum, “Lola versus Powerman and The Moneygoround, Part One” les permitió por fin volver a las listas de éxitos curiosamente con un disco claramente inferior a los anteriormente comentados, a pesar de contar con temas de auténtico lujo como “Apeman”, “Top Of The Pops” o la citada “Lola”.

A lo largo de los años Ray Davies se había interesado por el mundo de la televisión y el teatro, colaborando en varios espacios de la BBC, de uno de esos proyectos surgió la idea del film “Percy”, una absurda y escatológica historia sobre un hombre que pierde el pene, la película pasó sin pena ni gloria por las taquillas y merecería perderse en el olvido si no fuese por que los Kinks grabaron toda la banda sonora, aportando algunos temas como “God’s Children”, “The Way Love Used To Be” o “Moments” que figuran entre lo mejor de su repertorio.
Esta banda sonora, publicada en 1971 fue la última grabación del grupo para Pye, empezaban los años 70 y los Kinks, hartos del desinteres y la desidia de los ejecutivos decidieron cambiar de aires y fichar por RCA, compañía que les ofrecía mayor soporte comercial y promocional.
La formación de los Kinks se había mantenido practicamente inmutable en todos estos años, con los dos hermanos Davies como lideres absolutos y con Peter Quayfe y Mick Avory en sus papeles de bajista y batería respectivamente, Quayfe dejó la banda en 1969, siendo reemplazado por John Dalton, y a comienzos de los 70 la banda empezó a añadir coros y secciones de viento en sus directos y en sus grabaciones.
En 1971 salía publicado “Mushwell Hillbillies”, su primer trabajo para RCA que supuso un paso adelante notable en el sonido de la banda, añadiendo elementos de musica country e incluso toques de music-hall en un disco mas que notable que simbólicamente se presentó como una vuelta a las raices, una vuelta a los origenes. En este disco encontramos otro puñado de clásicos como “20th Century Man”, “Holiday” o “Alcohol”.

El ya señalado interes de Ray Davies en el mundo de la televisión, los seriales, el teatro y todo tipo de espectáculos se traduciría en años sucesivos en una serie de álbums de corte conceptual que no fueron convenientemente entendidos ni por el público ni por la crítica pero que contienen momentos mas que sobresalientes. En “Everybody Is In Showbiz”, publicado en 1972 ya se introducían algunos elementos de esta tendencia que mas tarde se desarrollarían mas a fondo, es este un disco atípico, con temas populares de la banda en directo y temas inéditos de bastante calidad, a destacar la majestuosidad y belleza de “Celluloid Heroes” y “Sitting In My Hotel”, dos temas con el inconfundible tono melancólico de Ray Davies.

La serie de discos conceptuales se inicia con los “Preservations”, “Preservation Act 1” publicado en 1973 y “Preservation Act 2” publicado en 1974, en estos álbumes Ray Davies presenta una delirante historia por capítulos sobre Flash, un terrateniente capitalista que quiere hacerse con el poder, y sobre Mr. Black, un lider socialista que tratará de impedirselo y oponerse a el. “Preservation” es en apariencia una simple historia de lucha de clases que se complica muy mucho gracias a la ferviente imaginación de Davies; en cualquier caso, a pesar de que el concepto de la obra no fue muy bien asimilado, estos dos discos contienen otra buena selección de canciones impecables, orientadas hacia el pop, pero adentrándose sin complejos en otros terrenos menos transitados. Estos discos son definitivamente poco comerciales y quizás el recien llegado a la obra de los Kinks debiera empezar por otras referencias de su catálogo.

En 1975 se publicó “Soap Opera”, otro álbum conceptual que fue ideado inicialmente para una serie en la BBC que nunca se llevó a cabo, aquí la idea gira entorno a una estrella mediatica del rock (quizas un autorretrato del propio Ray Davies) convencida de que puede convertir a las personas mediocres en estrellas, para lo cual cambia su vida con la de un sencillo trabajador a fin de demostrar lo fácil que es triunfar… hasta que se da de bruces con la cruda y rutinaria realidad. A la habitual brillantez lirica de Davies hay que añadir aquí una serie de temas realmente impagables y geniales, como la inicial “Everybody Is A Star (Starmaker)”, “When Work Is Over” o la fantastica “Holiday Romance”.
Ni que decir tiene que el disco tampoco fue bien recibido por la crítica y aún hoy es uno de sus discos peor considerados. A nivel de ventas tampoco funcionó excesivamente bien y su compañía empezó a mostrar signos de impaciencia. Las relaciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos, no pasaba precisamente por su mejor momento ya que Dave consideraba erronea toda esta linea de discos conceptuales y deseaba una vuelta al primitivo rock de sus inicios.

El siguiente paso pareció dar la razón a Dave, ya que “Schoolboys In Disgrace” (1975) es un disco mucho mas orientado al rock a pesar de ser un nuevo álbum de concepto (un disco tematico sobre la educación, nada menos).
En esta ocasión las canciones son mucho mas directas que en anteriores trabajos, mucho mas agresivas y dinámicas, casi como una vuelta a sus primeros tiempos. Encontramos canciones memorables que se convertirán a partir de aquí en clásicos de sus conciertos como “The Hard Way”, “I’m In Disgrace” o la monumental “Headmaster”.
Para los conciertos de esta gira, los Kinks volvieron a su formación básica de guitarras, bajo y bateria y salían a escena vestidos de colegiales, ofreciendo lo mas potente de su repertorio.
Esta linea de vuelta a sus origenes mas rockeros y salvajes seguirá en sus siguientes trabajos, ya para su nueva compañía, Arista.

Los dos álbumes siguientes “Sleepwalker” (1977) y “Misfits” (1978) son considerados los mejores grabados por los Kinks en toda la decada de los 70, un nuevo momento de plenitud compositiva de un Ray Davies en estado de gracia y de una banda que suena aquí como una auténtica apisonadora. Ambos discos son absolutamente redondos e impecables, pero mereceria la pena destacar por su perfección temas como “Life On The Road” o “Sleepwalker” del primero y “Rock and Roll Fantasy” o “Hey Fever” del segundo, canciones que figuran entre lo mejor de todo su catalogo.
Los Kinks terminaban los 70 entregando un nuevo disco (“Low Budget”) y con fuerzas de sobra aún, tras veinte años de carrera, para seguir en la carretera. En 1980 salió publicado “One For The Road”, un documento revelador que nos muestra la tremenda intensidad de la banda en directo.

Aunque los 80 fueron años productivos para la banda, entregando un total de siete nuevos albumes de estudio hasta “Phobia”, su ultimo disco, no tenemos aquí espacio para detallar cada uno de esos trabajos, aunque si hay que decir que el nivel de estas grabaciones, sin ser sublime, siguio siendo mas que considerable.
Destacaremos la contundencia de los temas contenidos en “Give The People What They Want” o la particular ironia que inunda los cortes de “Word Of Mouth”, discos en los que Ray Davies siguio mostrando su incomparable talento en unas letras y unas composiciones siempre vibrantes e inteligentes.

Estos pocos datos que he conseguido resumir en este especial son a grandes rasgos los poderes de una banda que por derecho propio ha de incluirse siempre entre las mejores de la historia. Ray Davies ha escrito una de las páginas mas gloriosas del rock, retratando, siempre con su particular sentido del humor, con su aguda inteligencia, la vida de gente corriente como nosotros, conviertiendo historias humildes y grises en gloriosas canciones inmortales. porque como dijo el propio Ray “There are stars in every city, In every house and on every street, and if you walk down Hollywood Boulevard, their names are written in concrete”.

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Pete Dello, Modestia y Talento

Publicado el Domingo 1 febrero 2015

Pete Dello (Peter Blumson) nació en 1943 en Oxfordshire, Inglaterra. Aprendió a tocar el piano admirando a Fats Domino o Harry Champion, y la guitarra a Scotty Moore, Cliff Gallup o Chet Atkins. Los primeros pasos musicales a nivel profesional los dio en el sello Apollo Music (Decca Records), trabajando sobre todo como arreglista para Lionel Bart (autor del musical “Oliver!” o del tema principal de la película de James Bond “Desde Rusia con amor”). Tocó como guitarra solista entre otros grupos con Red Tallis & The Tallismen. Mas tarde en Grant Tracy & The Sunsets, con los que grabó varios singles que no tuvieron repercusión. Aquí coincidió con Ray Cane (de nombre Raymond Byart, había tocado el bajo con The Outlaws). Al disolverse el grupo ambos se unieron al intérprete de soul Steve Darbishire para formar The Steve Darbyshire Band, luego Steve Darbyshare & Yum Yum Band con la incorporación de Terry Noone a la batería (había tocado con los Them de Van Morrison y con Gene Vincent). Grabaron cinco singles, la mayoría con canciones de Dello y Cane; alcanzaron un importante éxito sobre todo a nivel de actuaciones, llegando a tocar como teloneros de Wilson Pickett o Frogman Henry, enfrascándose en numerosas giras. Al mismo tiempo Dello y Cane componían, arreglaban y producían para otros grupos (The Applejacks, The Roulettes… La canción que tuvo mayor repercusión fue “I Don’t Want You” grabada por The Anteeeks). En 1966 Pete sufrió un colapso pulmonar que le obligó a abandonar las actuaciones. Mientras estuvo ingresado en el hospital reflexionó sobre todo lo que había vivido y sobre lo que le interesaba seguir haciendo. Aprovechó para componer el tipo de canciones que realmente deseaba y se centró en el aprendizaje de arreglos orquestales. Harto de las giras, en 1967 le comentó a Cane el deseo de empezar un nuevo proyecto basado principalmente en las grabaciones de estudio y olvidarse del directo. Un día mientras tomaban un café a Cane se le ocurrió el nombre del nuevo grupo al ver pasar un bus: Honeybus. Con la colaboración de músicos de The Roulettes, grabaron un primer single, con dos canciones de Dello (“Delighted To See You” / “The Breaking Up Scene”), que pasó sin pena ni gloria. Para el segundo reclutaron a Peter Kircher como batería y a Colin Hare (antes en Honeycombs, había colaborado puntualmente con David Bowie y había grabado un par de canciones con George Martin barajándose la idea de un lanzamiento en solitario, idea que no prosperó) tocando bajo, guitarra y voz. En la cara A del segundo single grabaron de nuevo una canción de Dello, en esta ocasión firmada con su apellido real, Blumson, “(Do I Figure) In Your Life”, que si bien en un pricipio no alcanzó el éxito deseado, con el tiempo fue considerada como una de las mejores de su repertorio, haciéndose popular gracias a versiones de múltiples artistas. Fue con el tercer single con el que les llegó su mayor éxito, “I Can’t Let Maggie Go” se coló en el top 10 de las listas de radio y cosechó excelentes críticas musicales. Ello conllevó el que la casa de discos intensificara su promoción con actuaciones en TV y una gira incluida. Dello se negó a volver a la carretera y abandonó la banda. Siguió componiendo, produciendo, estudiando música y aprendiendo a tocar el violín, editando en 1969 la canción “I’m A Gambler” bajo el nombre de Lace, y el single “Taking The Heart Out Of Love” / “Uptight Basil”, esta vez con el seudónimo de Magic Valley. Como acompañantes contó con los miembros de Honeybus y músicos de sesión. Con ellos grabó también el disco editado en 1971 por el sello Nephenta, “Into Your Ears”, esta vez publicado bajo el nombre de Pete Dello & Friends. Se trata de una grabación entrañable, con sonido predominantemente acústico, arreglos (a cargo de Ray Cane) de cuerda y viento cálidos con acercamientos puntuales tanto al vodevil como a la psicodelia, armonías muy cuidadas y una voz frágil, con problemas en ese momento, que lejos de disminuir su capacidad para emocionar aporta a las canciones cercanía y humanidad, potenciadas por la producción, con percusiones muy suaves y la voz en primer plano, natural y sin efectos que distraigan. Una de las obras cumbre del pop de cámara. La primera edición contiene 12 canciones, varias de ellas publicadas o interpretadas en directo previamente en sus distintos proyectos, aunque en diferentes versiones. La portada la realizó Roger Dean (conocido por sus diseños para Yes, Asia o el logo del sello Virgin), basándose en la cuarta canción, “Harry The Earwig” cuyo inicio aparece escrito en la carátula (“Harry el tijereta / era un insecto muy extraño / Llevaba una espada / y cabalgaba sobre una oruga…”). La buena acogida por parte de la crítica animó a los componentes de Honeybus a volver a grabar con la formación y nombre originales, pero eso sí, como proyecto de estudio. Grabaron varios singles y un disco que no llegó a publicarse (“Recital”), dando por finalizado definitivamente el proyecto en 1973. En 1989, ya descatalogado el disco de Pete Dello y siendo muy buscado por coleccionistas, el sello See For Miles Records publicó una nueva edición “”Into Your Ears… Plus”, refiriéndose el plus a la adición de las dos canciones del single de 1969 bajo el nombre de Magic Valley, más dos inéditas de 1972, la maravillosa “Here Me Only” y la bella balada “Madame Chairman Of The Committee” que cierra este disco (aparecieron también incluídas en el completo recopilatorio de Honeybus “She Flies Like A Bird”, en 1982).
Convencido de que “I’m A Gambler” era una gran canción y siguiendo son su juego particular volvió a reeditarla en 1973 bajo el seudónimo de Red Harring y en 1975 como Magenta. En 1976 una nueva versión realizada por Dello del éxito “I Can’t Let Maggie Go” se utilizó para un anuncio de TV sobre una marca de pan. Finalmente decidió retirarse comercialmente de la música y dedicarse a la enseñanza.
En 2002 los responsables del festival Felipop invitaron a Pete Dello a participar en la edición de ese año, a quien se le unió su compañero Colin Hare (otro en la lista de ilustres a reivindicar). Tuvieron una gran acogida por parte del público, y fue el inició de una colaboración con los responsables del exquisito sello Hanky Panky Records que dio como resultado el lanzamiento en 2005 de una nueva edición del disco, con el título original pero con una presentación de lujo y diez temas como bonus tracks, entre ellos los singles editados bajo seudónimos, más tres canciones totalmente inéditas: “Texas Candy”, “Hold Up, Fold Up” y la maqueta original de la cara A del primer single de Honeybus, “Delighted To See You”. En 2006 sacaron para los amantes del vinilo una edición limitada en doble LP (aplausos y felicitaciones por el cariño y la calidad con que realizan sus ediciones).
Para finalizar, una declaración del propio Pete Dello que aporta unas pinceladas para comprender mejor su actitud ante la fama, con una última frase que me gusta especialmente: “Nunca pensé en ser famoso, no tengo madera de estrella. Tenía más preocupaciones que subirme al altar de la fama“.

I’m A Gambler”

Páginas que visité con mayor frecuencia para esta reseña (¿weblografía?):

-SonicWave
-Alohapoprock
-Honeybus home page
-En busca del vinilo perdido

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El Septimo Samurai

Publicado el Jueves 22 enero 2015

Toshiro Mifune
El Septimo Samurai

Curiosamente, el mejor actor del cine clásico japonés, la perfecta encarnación del Samurai, nació, aunque de padres japoneses, en China en 1920. Toshiro Mifune simboliza mejor que ningún otro actor la brutal transformación que sufrió Japón en el segunda mitad del siglo XX, una transformación que tras la tremenda tragedia de la II Guerra Mundial llevó al país a evolucionar de un sistema prácticamente feudal a reconvertirse en la gran potencia económica y tecnológica que es hoy en día.

Toshiro Mifune llegó a Japon tras la guerra, empezando a trabajar en ocupaciones ocasionales hasta que, casi por casualidad, entro en el mundo del cine a los 26 años, sin ninguna preparación previa. Tras algunos papeles de escasa importancia Akira Kurosawa se fijó en el, iniciándose en ese momento una de las relaciones mas productivas del cine moderno, una relación que se alargaría casi 20 años y que cristalizaría en 15 películas absolutamente imprescindibles. A pesar de lo fructífero de su colaboración con Kurosawa, Toshiro Mifune trabajó en muchas mas películas, vamos a tratar de hacer aquí un resumen necesariamente incompleto de su singular trayectoria.

La primera película de Mifune junto a Kurosawa fue ”Yoidore Tenshi” (El Angel Ebrio), un desgarrador drama de posguerra en el que se produce un interesante duelo interpretativo con otro de los actores favoritos de Kurosawa, Takashi Shimura, encarnando a un abnegado doctor y el propio Mifune en el papel de un golfo aficionado a la bebida, en esta película ya salen claramente a relucir las tremendas dotes interpretativas de Mifune, otorgando a su personaje una carga expresiva y emocional pocas veces vista en el cine oriental, El Angel Ebrio es una película directa y potente que aún hoy sigue conservando toda su fuerza.

Apenas un año después llegarían otras dos películas en las que se volvían a repetir los roles de Kurosawa a la dirección con Mifune y Shimura en los papeles protagonistas: “Shizuka Naro Ketto” (El Duelo Silencioso) y “Nora-Inu” (Perro Rabioso), dos estremecedores relatos inspirados también en el destrozado Japon de post-guerra en las que aparecen ya bien definidos todos los matices de la obra de Kurosawa, el conflicto entre la tradición y la modernidad, entre el honor y la libertad. Mifune da en estas dos cintas nuevas muestras de su versatilidad y capacidad interpretativa, especialmente brillante es su papel en Perro Rabioso, encarnando a un policía atormentado por la perdida de su arma, quizás Paul Thomas Anderson pensó en esta película al definir el personaje del Oficial Jim Kurrey en “Magnolia”.

Estas primeras colaboraciones con Kurosawa dieron a Toshiro Mifune una notable popularidad en su país, y pronto le surgieron nuevos proyectos, en 1950 Mifune rodó nada menos que seis peliculas, entre las que destaca, de nuevo a las ordenes del gran maestro la sensacional “Rashomon” una brillantísima cinta ambientada en el Japón feudal en la que una misma historia es contada por diferentes personajes, acentuando los contrastes y las paradojas de la mentalidad japonesa, una película profunda, brillante y visualmente deslumbrante, con algunos de esos planos de lluvia en blanco y negro que solo Kurosawa sabía rodar. Mifune acepta de buen grado las nuevas exigencias a las que es sometido para el rodaje (tuvo que aprender diferentes danzas basadas en movimientos de animales) y su prestigio sale fortalecido con la experiencia. Autentica obra maestra.

Si 1950 fue un año intenso para Toshiro Mifune, las siguentes temporadas no se quedaron atrás, rodando entre 1951 y 1953 la friolera de 17 largometrajes, desgraciadamente muchas de estas cintas son prácticamente imposibles de encontrar en el mercado occidental y no he tenido ocasión de ver la mayoría de las películas de esa época, junto a Kurosawa rodó “Hakuchi” (El Idiota) en 1951, una obra definitivamente menor considerando lo que quedaba por venir, y trabajó también a las ordenes de destacados directores japoneses como Senkichi Taniguchi, Hiroshi Inagaki o Kenji Mizoguchi ampliando mas si cabe sus registros. A mediados de los 50 Mifune ya era toda una institución en su país, un actor experimentado que representaba a la perfección todos los valores ideales de la sociedad japonesa, un actor versatil que ofrecía actuaciones memorables en dramas, comedias o relatos de época, un personaje que ya empezaba a ser conocido en todo el mundo, gracias particularmente a “Rashomon”, cinta presentada en el Festival de Venecia con un mas que notable éxito.

Toshiro Mifune es conocido sobre todo por sus papeles dando vida a Samurais, encarnando el ideal del Tateyaku, fuertemente enraizado en la cultura de Japón, el ideal de hombre estoico, sacrificado, al servicio de su señor, con el honor como única motivación, como único fin. A partir de 1954 vendrían muchas de estas películas; ese mismo año rodaría dos de las mas fascinantes de su carrera, por una parte “Miyamoto Musashi” (Samurai: La leyenda de Musashi) de Hiroshi Inagaki, primera parte de la llamada “Trilogia del Samurai”, una sensacional película donde se describe a la perfección el nacimiento y la trayectoria de un perfecto Samurai, desde su origen humilde hasta su victoria final, una película y una trilogía fascinante con secuencias realmente memorables, una saga llena de acción, amor, combates a espada y espectaculares escenarios.
De 1954 es también “Shichinin No Samurai” (Los Siete Samurais), quizás la obra cumbre de Akira Kurosawa, una obra maestra en la que se ponen en entredicho los estrictos e inmutables valores del samurai, una película en la que los protagonistas son débiles hombres cargados de dudas y temores, Samurais sin dueño (Ronins) que encuentran la redención en una última misión desesperada, Toshiro Mifune aquí es Kikuchiyo, un alocado joven de origen humilde que finge ser Samurai para unirse al grupo, un falso e incansable guerrero que enseñara muchas lecciones a los auténticos Samurais. Destaca también la presencia una vez mas del veterano actor Takashi Shimura en el papel de Kanbei, el viejo guerrero que ha de reunir al grupo.
Poca cosa mas se puede decir aquí sobre esta extraordinaria película, hay una extensísima bibliografía ya publicada sobre ella, aunque lo mejor sigue siendo volver a disfrutar con la película, una cinta que siempre ofrece nuevas emociones al espectador.

Entre 1955 y 1957 Toshiro Mifune continuó con su incansable ritmo de trabajo, participando en numerosos proyectos, entre ellos la segunda y tercera parte de la trilogía de Inagaki: “Zoku Miyamoto Musashi” (Samurai II: Duelo en Ichichoji) y “Miyamoto Musashi Yori: Ketto Ganryujima” (Samurai III: Duelo en la isla Ganryu) y protagonizando además tres nuevas películas de Akira Kurosawa: “Ikimono No Kiroku” (Cronica de un Ser Vivo), “Donzoko” (Los Bajos Fondos) y la soberbia “Kumonosu-Jo” (Trono de Sangre), espectacular película en la que merece la pena detenerse, ya fue comentada en profundidad en esta página, aunque no está de mas recordar aquí la increible fuerza visual de una cinta, adaptación del Macbeth de Shakespeare que exceptuanto “Dersu Uzala” es sin duda la mas espectacular de su director, las escenas de niebla, de lluvia, la oscuridad del bosque, la música, la violencia de las batallas, las traiciones y los cientos de elementos que confluyen en este largometraje transportan al espectador a un universo ciertamente atractivo, Trono de Sangre es para mi la mejor película de Akira Kurosawa y uno de los mejores papeles de Toshiro Mifune. Todo un clásico.

El extraordinario éxito de estas producciones ambientadas en el Japón feudal llevaron a Toshiro Mifune a embarcarse en años sucesivos en una gran cantidad de producciones de este estilo, repartiendo sus apariciones entre películas de Kurosawa y de Hiroshi Inagaki principalmente, con ambos directores, entre 1958 y 1965 rodaría una gran cantidad de películas desarrollando su rol de perfecto Samurai, veamos algunas de las mas destacadas de ese periodo:
Rodada en 1958 “Kakushi Toride No San-Akunin” (La Fortaleza Escondida) de Kurosawa es otra espectacular cinta de aventuras con Princesas herrantes, Samurais disfrazados y toda una paleta de personajes y situaciones que muchos dicen sirvió a George Lucas para perfilar el universo de aquella galaxia “muy, muy lejana”.
Menos conocida que la saga del Samurai de Inagaki es la saga de “Yagyu Bugeicho” (Secret Scroll I & II), películas de acción de género impecablemente realizadas que sirvieron para definir el llamado “Chambara”, un equivalente al Western estadounidense.
Otras notables películas de Inagaki junto a Mifune de ese periodo son cintas como “Nihon Tanjo” (Los Tres Tesoros), “Osakajo Monogatari” (Daredevil In The Castle), “Chusingura” o “Daitatsumaki”, entre otras muchas.
Al lado de Kurosawa, Mifune trabajó en los primeros 60 en una larga lista de producciones de distintos géneros destacando su papel de Sanjuro en “Yojimbo” y “Sanjuro”, la historia de un Samurai errante sin escrúpulos que impone la ley de su espada por donde quiera que va, Kurosawa vuelve en estas películas a sorprender introduciendo inéditos elementos de humor en las habitualmente demasiado serias producciones “Chambara”.
En otros largos como “Warui Yatsu Hodo Yoku Nemuru” (Los Canallas Duermen en Paz) o “Tengoku To Jigoku” (El Infierno del Odio), dramas de intenso contenido social, Mifune abandona momentaneamente su Katana demostrando una vez mas su amplitud de registros.

Al periodo que va de 1958 a 1965 también corresponde una curiosa película, “Animas Trujano”, también conocida como “El Hombre Importante”, una cinta rodada en México a las ordenes de Ismael Rodriguez en la que Toshiro Mifune interpreta a un pendenciero y violento campesino empeñado en ser el gran hombre del pueblo, para rodar esta extraña producción Mifune tuvo que aprender en un tiempo record a vocalizar en español, aprendiendo de memoria sus partes grabadas en una cinta, una película que mas allá de la curiosidad de ver a Mifune con gorro mejicano no fue ninguna broma, tiene esa importante carga de drama social del mejor cine mejicano de la época.

En 1965 Toshiro Mifune y Akira Kurosawa trabajaron juntos por última vez en “Akahige” (Barba Roja), un drama en la linea de la genial “Ikiru” (Vivir) en la que Mifune ofrece otra sublime interpretación dando vida a un abnegado médico rural. Con esta cinta se ponía fin a una de las colaboraciones mas fructíferas de la historia del cine, Toshiro Mifune fundaría entonces su propia productora con la que seguiría realizando producciones “Chambara” de resultado irregular.

Capitulo aparte merecen las incursiones que realizó Toshiro Mifune en el mercado norteamericano, la primera de ellas fue un papel secundario en “Grand Prix” de John Frankenheimer, un largometraje sin demasiadas pretensiones que pasó prácticamente desapercibida, bastante mas notable fue su segunda aparición (ese mismo año) en “Infierno en el Pacifico” de John Boorman, un notable mano a mano interpretativo con Lee Marvin que dió un magnífico resultado, la película narra con brillantez la historia de dos soldados durante la Segunda Guerra Mundial (uno japonés, otro norteamericano) que se ven obligados a entenderse al ser derribados sus respectivos aviones y encontrarse solos en la misma isla.
Sin duda esta película fue la mas brillante que rodó Toshiro Mifune fuera de su país, posteriormente aparecería en papeles sin demasiada entidad en otras producciones estadounidenses como “Midway” de Jack Smight (1976) o “1941” de Steven Spielberg, aunque su trabajo siguió centrado en Japón en sus propias producciones con las que no obtuvo demasiado éxito, lo que paulatinamente le obligó a aceptar papeles de escasa importancia en producciones de Samurais de dudosa entidad.

Toshiro Mifune falleció en 1997, después de haber protagonizado mas de un centenar de películas, muchas de las cuales se han quedado naturalmente en el tintero en este especial que tan solo quiere ser un sencillo homenaje a uno de los actores mas extraordinarios de la historia del cine.

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Un prestigitador llamado Springsteen

Publicado el Jueves 18 diciembre 2014

bruce2.jpgEn la década de los 70 fue saludado como el futuro del rock, en los 80 se convirtió en una superestrella, en los 90 parecía perdido para la causa y en el siglo XXI ha recobrado la capacidad para emocionar. “Magic” es la última prueba irrefutable de que Bruce Springsteen es un artista cuya inspiración no se ha agotado. Es una obra que remite a su glorioso pasado. Rezuma honestidad y vitalismo. Todo aquello que hace que el rock sea redentor.

Pero hagamos un flashback para repasar la carrera del Boss aprovechando la coyuntura de que ha editado su décimo quinto disco en estudio. Bruce Springsteen (23-09-1949, Freehold, NJ) llevaba ya intentándolo en los 60 (Castiles, Child, Steel Mill) cuando a principios de los 70 le fichó Columbia Records. En un principio se le etiquetó con el reducido estereotipo de nuevo Dylan. Un cliché que se le quedaba pequeño. Sí, esgrimía una lírica cercana a la del bardo de Duluth, pero era capaz de hacer rock’n’roll en la línea de un Elvis Presley o un Jerry Lee Lewis. Y era un amante confeso del Wall Of Sound del genial Phil Spector.

La ópera prima de Springsteen no podía ser más prometedora. “Greetings From Asbury Park, N.J.” (1973) era un estreno a lo grande. Presumía de temazos del calibre de “Growin’ Up”, “Spirit In The Night”, “For You” o “It’s Hard To Be A Saint In The City”. No tenía relleno. Pero pasó inadvertido. Sin embargo, “Blinded By The Light” se convirtió tiempo más tarde en un hit para Manfred Mann’s Earth Band.

La continuación corrió la misma suerte. “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” (1973) no sólo mantiene el nivel creativo, sino que en algunos casos supera el listón (seminales “Incident On 57th Street”, “4th Of July, Asbury Park (Sandy)” y “New York City Serenade”). Springsteen empieza a cincelar su mítico mundo de coches y chicas. Este también es el álbum de los guiños jazzísticos y de esa epopeya teenager que es “Rosalita (Come Out Tonight)”.

A la tercera fue la vencida. El ascenso de Springsteen no es precisamente meteórico. Lento, pero seguro. O sea que cuando llegó a la cima ya era un artista hecho y derecho. El Boss reúne la formación que mejores resultados le ha dado. Esa E Street Band conformada por Clarence Clemons al saxo, Steve Van Zandt a la segunda guitarra, Danny Federici al órgano, Roy Bittan al piano, Garry Tallent al bajo y Max Weinberg a la batería. “Born To Run” (1975) es, escogiendo un atajo, el mejor disco de Springsteen. Es más, es uno de los grandes álbumes de la historia de la música popular. La insuperable “Thunder Road”, la brutal “Backstreets”, ese himno que es “Born To Run” o la monumental “Jungleland” son partituras inmortales. Especialmente recomendable es la edición del 30 aniversario. Sea como fuere, este es el disco que catapultó al Boss al status de crack mediático.

bruce11.jpgTras esta romántica obra maestra de rock urbano llegan los problemas. Springsteen se mete en una batalla legal contra su representante al descubrir que los derechos de sus canciones no le pertenecen. Así que pasan tres largos años hasta que ve la luz un nuevo disco. En plena era punk sale “Darkness On The Edge Of Town” (1978), que supura amargura en grandes cantidades. Ahora las viñetas reflejan las inquietudes de héroes anónimos de clase trabajadora. El sueño americano se convierte en pesadilla. “Badlands” (con el clásico filme de Terrence Malick en mente), “The Promised Land” o “Candy’s Room” son joyas que ponen de manifiesto que la rabia y la angustia pueden servir de vehículo para escribir grandes temas.

Después publicó “The River” (1980). Este es un doble álbum en el que se revela la gran versatilidad de un autor capaz de confeccionar himnos para reventar estadios (“Hungry Heart”, “Sherry Darling”, “Out In The Street”) o en las antípodas es capaz de romper corazones con baladas sinuosas (“Point Blank”, “Drive All Night”, la misma “The River”).

Y la sorpresa llegó acto seguido. Springsteen se lo montó él solito mucho antes de que se pusieran de moda los “Unplugged”. “Nebraska” (1982) es una gran colección de temas acústicos que retrotraen a Bob Dylan, Johnny Cash o Woody Guthrie. La América de Reagan queda retratada en blanco y negro con historias de perdedores y seres marginales. Grabado en un cuatro pistas, “Nebraska” es un álbum de una desnudez máxima. No hay finales felices. Tras el fundido en negro brotan las lágrimas…

Hasta aquí, la obra de Springsteen es inmaculada. A partir de “Born In The USA” (1984) empiezan las dudas, los peros, los defectos. Este es el punto de inflexión. Springsteen ya estaba instalado en el star-system, pero a partir de este momento pasa a ser una megaestrella. “Born In The USA” es un buen disco, pero peca a ratos de superficial (cae presa del populismo). Eso sí, “Bobby Jean”, “Downbound Train” o “No Surrender” valen un potosí. Por cierto, el tema que da título al disco fue etiquetado de himno conservador, cuando es todo lo contrario. El caso es que Springsteen no hizo bien la digestión de vender millones de discos.

“Tunnel Of Love” (1987) es irregular. A este romanticismo le falta la sustancia de antaño. Luce una producción que por momentos es irritante. Algunos lo consideran un disco de culto. Se equivocan. Falta pasión, se echa de menos la rabia y la frustración que impulsaban a Springsteen hacia metas superiores. Esconde buenos temas, por supuesto. Verbigracia, “Brilliant Disguise” o “One Step Up”. Este LP presagió el divorcio de Springsteen, que acabaría casándose después con la cantante Patti Scialfa (posteriormente miembro de la E Street Band).

bruce21.jpgSe abre un tiempo de silencio. Un lustro después vuelve con dos discos. “Human Touch” (1992) es flojo. La producción sigue siendo un lastre y lo peor es que las canciones dan la impresión de ser rutinarias. Uno echa de menos a la E Street Band. “Lucky Town” (1992) es otra cosa. Está un escalón por encima. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero se sostiene por una superior inspiración. Lo que es una evidencia es que Springsteen carece del feeling de tiempos pretéritos.

Antes de grabar “The Ghost Of Tom Joad” (1995) gana el óscar por “Streets Of Philadelphia”. Se ha convertido en el rey Midas. Cuando los presagios son peores, Springsteen demuestra que aún se puede defender su causa. “The Ghost Of Tom Joad” recupera la autenticidad de “Nebraska”. Basándose en “Las Uvas De La Ira” de John Steinbeck y con la película de John Ford bien guardada en el corazón, Springsteen ofrece una nueva lección de cómo aguantar el tipo con medios austeros. Como apunte anecdótico cabe destacar que la canción que sirve como título para el disco tuvo una cover de Rage Against The Machine.

“The Rising” (2002) sirve para que continúe recuperando crédito. Vuelve a grabar con The E Street Band (desde el “Born In The USA no hacía tal cosa). Con la tragedia del 11 de septiembre como trasfondo, “The Rising” se eleva con el ingrávido peso de 15 canciones donde la esperanza acaba ganando la partida al dolor y la tristeza.

Como confirmación de que está en buena racha edita “Devils & Dust” (2005). Retorno a la faceta acústica y a la exploración de su vertiente de contador de historias. “Devils & Dust” es un escalofriante retrato de un soldado en la guerra de Irak, “Long Time Comin’” refresca por su aliento vivificante. “Maria’s Bed” y “All I’m Thinkin’ Bout” también sobresalen en un álbum notable.

El siguiente paso es inesperado. “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” (2006) es el primer disco de versiones en la larga trayectoria de Springsteen. Se trata de un excelente tributo a la figura de Pete Seeger y por extensión de los cantautores folk cuyo compromiso con la realidad circundante es total.

Por último, saca “Magic” (2007). Otra vez cuenta con sus mejores compañeros de viaje: la seminal The E Street Band. En el álbum hay constantes guiños a su propia obra (sirva de ejemplo la cita obvia a “Tenth Avenue Freeze Out” que se observa en “Livin’ In The Future”). Pero también es fácil discernir referencias a clásicos de la Biblia del Rock (brilla con intensidad la spectoriana “Girls In Their Summer Clothes”).

Bruce Springsteen no gozará del prestigio intelectual de otros artistas, pero la calidad de su trabajo resiste la comparación con cualquiera de ellos. Resulta lamentable comprobar cómo muchos le desdeñan desde el desconocimiento o porque no entra en el canon de lo ‘cool’ proclamar que te gusta Springsteen. No obstante, parece que su figura cada vez es más reconocida por grupos ‘indies’. Llegará el momento de su exaltación. No cabe la menor duda de que será reivindicado como una figura esencial. En contraposición, también es irritante comprobar como para muchos el rock se reduce a Springsteen. Ni una cosa, ni la otra.

El genio de Freehold se merece un puesto de honor en el Olimpo. Sólo hay que asistir (uno siempre acaba estupefacto) a alguno de sus incontestables directos para saber que es muy grande. Y si no, basta con un somero repaso a su primera etapa antes del estrellato universal. O, qué demonios, tengamos en cuenta que fue capaz de descartar los temas incluidos en la magnífica caja “Tracks” (1998). Este tipo ha hecho historia.

Por Jose Luis Ruiz

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