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Un prestigitador llamado Springsteen

Posted on Martes 20 Noviembre 2007

bruce2.jpgEn la década de los 70 fue saludado como el futuro del rock, en los 80 se convirtió en una superestrella, en los 90 parecía perdido para la causa y en el siglo XXI ha recobrado la capacidad para emocionar. “Magic” es la última prueba irrefutable de que Bruce Springsteen es un artista cuya inspiración no se ha agotado. Es una obra que remite a su glorioso pasado. Rezuma honestidad y vitalismo. Todo aquello que hace que el rock sea redentor.

Pero hagamos un flashback para repasar la carrera del Boss aprovechando la coyuntura de que ha editado su décimo quinto disco en estudio. Bruce Springsteen (23-09-1949, Freehold, NJ) llevaba ya intentándolo en los 60 (Castiles, Child, Steel Mill) cuando a principios de los 70 le fichó Columbia Records. En un principio se le etiquetó con el reducido estereotipo de nuevo Dylan. Un cliché que se le quedaba pequeño. Sí, esgrimía una lírica cercana a la del bardo de Duluth, pero era capaz de hacer rock’n’roll en la línea de un Elvis Presley o un Jerry Lee Lewis. Y era un amante confeso del Wall Of Sound del genial Phil Spector.

La ópera prima de Springsteen no podía ser más prometedora. “Greetings From Asbury Park, N.J.” (1973) era un estreno a lo grande. Presumía de temazos del calibre de “Growin’ Up”, “Spirit In The Night”, “For You” o “It’s Hard To Be A Saint In The City”. No tenía relleno. Pero pasó inadvertido. Sin embargo, “Blinded By The Light” se convirtió tiempo más tarde en un hit para Manfred Mann’s Earth Band.

La continuación corrió la misma suerte. “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” (1973) no sólo mantiene el nivel creativo, sino que en algunos casos supera el listón (seminales “Incident On 57th Street”, “4th Of July, Asbury Park (Sandy)” y “New York City Serenade”). Springsteen empieza a cincelar su mítico mundo de coches y chicas. Este también es el álbum de los guiños jazzísticos y de esa epopeya teenager que es “Rosalita (Come Out Tonight)”.

A la tercera fue la vencida. El ascenso de Springsteen no es precisamente meteórico. Lento, pero seguro. O sea que cuando llegó a la cima ya era un artista hecho y derecho. El Boss reúne la formación que mejores resultados le ha dado. Esa E Street Band conformada por Clarence Clemons al saxo, Steve Van Zandt a la segunda guitarra, Danny Federici al órgano, Roy Bittan al piano, Garry Tallent al bajo y Max Weinberg a la batería. “Born To Run” (1975) es, escogiendo un atajo, el mejor disco de Springsteen. Es más, es uno de los grandes álbumes de la historia de la música popular. La insuperable “Thunder Road”, la brutal “Backstreets”, ese himno que es “Born To Run” o la monumental “Jungleland” son partituras inmortales. Especialmente recomendable es la edición del 30 aniversario. Sea como fuere, este es el disco que catapultó al Boss al status de crack mediático.

bruce11.jpgTras esta romántica obra maestra de rock urbano llegan los problemas. Springsteen se mete en una batalla legal contra su representante al descubrir que los derechos de sus canciones no le pertenecen. Así que pasan tres largos años hasta que ve la luz un nuevo disco. En plena era punk sale “Darkness On The Edge Of Town” (1978), que supura amargura en grandes cantidades. Ahora las viñetas reflejan las inquietudes de héroes anónimos de clase trabajadora. El sueño americano se convierte en pesadilla. “Badlands” (con el clásico filme de Terrence Malick en mente), “The Promised Land” o “Candy’s Room” son joyas que ponen de manifiesto que la rabia y la angustia pueden servir de vehículo para escribir grandes temas.

Después publicó “The River” (1980). Este es un doble álbum en el que se revela la gran versatilidad de un autor capaz de confeccionar himnos para reventar estadios (“Hungry Heart”, “Sherry Darling”, “Out In The Street”) o en las antípodas es capaz de romper corazones con baladas sinuosas (“Point Blank”, “Drive All Night”, la misma “The River”).

Y la sorpresa llegó acto seguido. Springsteen se lo montó él solito mucho antes de que se pusieran de moda los “Unplugged”. “Nebraska” (1982) es una gran colección de temas acústicos que retrotraen a Bob Dylan, Johnny Cash o Woody Guthrie. La América de Reagan queda retratada en blanco y negro con historias de perdedores y seres marginales. Grabado en un cuatro pistas, “Nebraska” es un álbum de una desnudez máxima. No hay finales felices. Tras el fundido en negro brotan las lágrimas…

Hasta aquí, la obra de Springsteen es inmaculada. A partir de “Born In The USA” (1984) empiezan las dudas, los peros, los defectos. Este es el punto de inflexión. Springsteen ya estaba instalado en el star-system, pero a partir de este momento pasa a ser una megaestrella. “Born In The USA” es un buen disco, pero peca a ratos de superficial (cae presa del populismo). Eso sí, “Bobby Jean”, “Downbound Train” o “No Surrender” valen un potosí. Por cierto, el tema que da título al disco fue etiquetado de himno conservador, cuando es todo lo contrario. El caso es que Springsteen no hizo bien la digestión de vender millones de discos.

“Tunnel Of Love” (1987) es irregular. A este romanticismo le falta la sustancia de antaño. Luce una producción que por momentos es irritante. Algunos lo consideran un disco de culto. Se equivocan. Falta pasión, se echa de menos la rabia y la frustración que impulsaban a Springsteen hacia metas superiores. Esconde buenos temas, por supuesto. Verbigracia, “Brilliant Disguise” o “One Step Up”. Este LP presagió el divorcio de Springsteen, que acabaría casándose después con la cantante Patti Scialfa (posteriormente miembro de la E Street Band).

bruce21.jpgSe abre un tiempo de silencio. Un lustro después vuelve con dos discos. “Human Touch” (1992) es flojo. La producción sigue siendo un lastre y lo peor es que las canciones dan la impresión de ser rutinarias. Uno echa de menos a la E Street Band. “Lucky Town” (1992) es otra cosa. Está un escalón por encima. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero se sostiene por una superior inspiración. Lo que es una evidencia es que Springsteen carece del feeling de tiempos pretéritos.

Antes de grabar “The Ghost Of Tom Joad” (1995) gana el óscar por “Streets Of Philadelphia”. Se ha convertido en el rey Midas. Cuando los presagios son peores, Springsteen demuestra que aún se puede defender su causa. “The Ghost Of Tom Joad” recupera la autenticidad de “Nebraska”. Basándose en “Las Uvas De La Ira” de John Steinbeck y con la película de John Ford bien guardada en el corazón, Springsteen ofrece una nueva lección de cómo aguantar el tipo con medios austeros. Como apunte anecdótico cabe destacar que la canción que sirve como título para el disco tuvo una cover de Rage Against The Machine.

“The Rising” (2002) sirve para que continúe recuperando crédito. Vuelve a grabar con The E Street Band (desde el “Born In The USA no hacía tal cosa). Con la tragedia del 11 de septiembre como trasfondo, “The Rising” se eleva con el ingrávido peso de 15 canciones donde la esperanza acaba ganando la partida al dolor y la tristeza.

Como confirmación de que está en buena racha edita “Devils & Dust” (2005). Retorno a la faceta acústica y a la exploración de su vertiente de contador de historias. “Devils & Dust” es un escalofriante retrato de un soldado en la guerra de Irak, “Long Time Comin’” refresca por su aliento vivificante. “Maria’s Bed” y “All I’m Thinkin’ Bout” también sobresalen en un álbum notable.

El siguiente paso es inesperado. “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” (2006) es el primer disco de versiones en la larga trayectoria de Springsteen. Se trata de un excelente tributo a la figura de Pete Seeger y por extensión de los cantautores folk cuyo compromiso con la realidad circundante es total.

Por último, saca “Magic” (2007). Otra vez cuenta con sus mejores compañeros de viaje: la seminal The E Street Band. En el álbum hay constantes guiños a su propia obra (sirva de ejemplo la cita obvia a “Tenth Avenue Freeze Out” que se observa en “Livin’ In The Future”). Pero también es fácil discernir referencias a clásicos de la Biblia del Rock (brilla con intensidad la spectoriana “Girls In Their Summer Clothes”).

Bruce Springsteen no gozará del prestigio intelectual de otros artistas, pero la calidad de su trabajo resiste la comparación con cualquiera de ellos. Resulta lamentable comprobar cómo muchos le desdeñan desde el desconocimiento o porque no entra en el canon de lo ‘cool’ proclamar que te gusta Springsteen. No obstante, parece que su figura cada vez es más reconocida por grupos ‘indies’. Llegará el momento de su exaltación. No cabe la menor duda de que será reivindicado como una figura esencial. En contraposición, también es irritante comprobar como para muchos el rock se reduce a Springsteen. Ni una cosa, ni la otra.

El genio de Freehold se merece un puesto de honor en el Olimpo. Sólo hay que asistir (uno siempre acaba estupefacto) a alguno de sus incontestables directos para saber que es muy grande. Y si no, basta con un somero repaso a su primera etapa antes del estrellato universal. O, qué demonios, tengamos en cuenta que fue capaz de descartar los temas incluidos en la magnífica caja “Tracks” (1998). Este tipo ha hecho historia.

Por Jose Luis Ruiz

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25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Posted on Lunes 6 Agosto 2007

25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Por José Luis Ruiz

Kurt CobainDicen que la melancolía es la dicha de estar triste. Pues para aquellos que se recrean en la autocompasión hemos confeccionado una lista de 25 discos. Una colección de álbumes infalibles si el objetivo es que se te ponga un nudo en la garganta. Y, dependiendo del momento y el estado de ánimo, no es descartable que rompas a llorar… La coartada para realizar esta torturada lista no es otro que la reedición de “Songs Of Leonard Cohen”. No se trata del disco más deprimente del bardo de Montreal (en ese sentido “Songs Of Love And Hate” se lleva la palma), pero sí el que contiene sus mejores canciones.

El debut de Leonard Cohen (en la flamante revisión se añaden un par de temas extras y el formato presentado es el de libro) es la obra maestra por antonomasia del folk literario. Nunca el erotismo sonó tan desesperado, ni la soledad tan bellamente triste, ni la religiosidad tan profana. La mayor parte de las canciones hablan de ‘affairs’ que no funcionan. El amor es una lucha por ver quién tiene el poder. Todo radica en quienes son nuestros maestros y profesores en la espinosa cuestión del corazón. Al final uno acaba siendo un extraño (“The Stranger Song”), siempre de paso por las relaciones (“Winter Lady”), diciendo adiós (“So Long, Marianne”, “Hey, That’s No Way To Say Goodbye”) o refugiándose en la quintaesencia del deseo pasajero (“Sisters Of Mercy”).

Un gran fan de Leonard Cohen fue Kurt Cobain, impulsor de otra de las piezas más agónicas ideadas por un ‘songwriter’: “In Utero”. Múltiples enfermedades, violación, tristeza (“Echo de menos el consuelo de estar triste” aúlla en “Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle”), alienación y suicidio. Y como corolario un cierre escalofriante como es “All Apologies”. Todos estábamos avisados de lo que iba a pasar y… pasó. Los incrédulos pasaron a venerar de forma lamentable a Nirvana. En fin, cosas que pasan. No es extraño que en el último episodio de la tercera temporada de la magnífica serie “Perdidos” un enajenado y nihilista Jack escuche a todo volumen el “In Utero”. ¿Adónde va? A un funeral.

Otro par de artistas imprescindibles para los aficionados al lado oscuro son Nick Drake y Elliott Smith. El primero grabó su testamento en dos noches: el sublime “Pink Moon”. Voz, guitarra y algún que otro piano. Nada más. Espartano y sumamente efectivo. La depresión de Nick Drake alumbró un escueto discurso que corta la respiración y que tiene al menos dos de los momentos más brillantes de la música popular (la canción que da título al disco y “Things Behind The Sun”). Por su parte, Elliott Smith también murió de forma trágica a edad temprana y, al igual que Drake, posee una esencial carrera corta en la que la tristeza es tan dulce que se antoja difícil contener las lágrimas. “Elliott Smith” es un tratado de rabia contenida. Adicción a sustancias ilegales, mentiras y desamor. Sabiamente, Wes Anderson usó la vibrante “Needle In The Hay” en la escena de suicidio de “Los Tenenbaums”.

Cerca de los presupuestos estéticos de Drake y Smith se sitúan American Music Club y Red House Painters. O es lo que es casi lo mismo: Mark Eitzel y Mark Kozelek. Un par de grandes talentos que saben sacar el mejor de los partidos a la desesperación. “California” y el doble “Red House Painters” esconden tesoros del mejor ‘miserabilismo’: “Blue & Grey Shirt”, “Jenny”, “Grace Cathedral Park”, “Mistress”, “Katy Song”… No es indispensable ser tan sensible como Morrissey para que se te pongan los pelos de punta escuchando semejante exposición de lamentos.

Elliott SmithY canciones tan buenas como las citadas también las extraen de sus particulares fórmulas mágicas otros trágicos alquimistas como Low, Tindersticks y Nick Cave & The Bad Seeds. Mientras los primeros esgrimen un discurso minimalista al que le sacan un jugo increíble (sirvan como ejemplos las descarnadas “Sunflower”, “Dinosaur Act”, “Whore” y “Like A Forest”, todas ellas incluías en el fabuloso “Things We Lost In The Fire”), tanto Tindersticks como Nick Cave se valen de un soporte más florido… pero igualmente agónico.

Y como maestros tanto de Stuart Staples como de Nick Cave se sitúan el siempre enigmático Scott Walker y el injustamente olvidado Tim Hardin. Romanticismo y brutal honestidad a partes iguales de los que no encuentran consuelo salvo en ese refugio que es el arte. Por cierto que en el caso de Tim Hardin, otro de los que cayeron presa de la drogadicción más voraz, es vital encontrar la edición que comprime en un cd sus dos primeros discos. “Tim Hardin 2” también debe ser citado en esta antología del naufragio emocional. De hecho, se trata de un álbum más consistente que su predecesor (y tiene tres temazos tan definitivos como “If I Were A Carpenter”, “Lady Come From Baltimore” y “Black Sheep Boy”). Ahora bien “Tim Hardin 1” te noquea por piezas de fragilidad cristalina como “It’ll Never Happen Again”, “Part Of The Wind”, “Reason To Believe” o “How Can We Hang On To A Dream”.

Todos estos artistas se inspiran en momentos críticos, pero hay algunos que han entregado sus obras más psicológicamente desarmantes en situaciones insoportables. Verbigracia: Eels y Neil Young. La muerte de familiares o allegados inspiró a ambos a idear sendos tratados de la desolación más absoluta. “Electro Shock Blues” y “Tonight’s The Night” son puro ‘hard-listening’, ejercicios de auténtico masoquismo. Sólo aptos para sufridores… Hace falta valor para pinchar algún tema de estos dos discos en el típico ‘party’ de buen rollo. Hay otros discos que son premonitorios de que llega la Parca: “Closer” de los siempre inquietantes Joy Division. El gran Ian Curtis gozó del prestigio merecido una vez que se quitó la vida. Su legado es tan opresivo y claustrofóbico como brillante y sin parangón. Con Joy División nació y murió un estilo. Y no hay que olvidar que si “Closer” es asfixiante, “Unknown Pleasures” también aglutina suficientes motivos para estar en una lista de esta índole. Igualmente influyente es el genial “Berlin” de Lou Reed. La tremendista historia de Jim y Caroline. Drogas, prostitución, abusos y de postre un poquito de suicidio. “Transformer” posee los ‘hits’, pero “Berlin” es la desnuda verdad de un artista inconformista y esencial como pocos.

Que te rompan el corazón ha generado pingües beneficios artísticos. Artistas tan dispares como Bob Dylan, Billie Holiday, Sebadoh y Frank Sinatra dan magistrales lecciones de cómo uno intenta superar el fin de una relación. El dolor por el amor perdido incrementa la intensidad emocional de discos que son terapéuticos tanto para aquellos que los idearon como para los oyentes que buscan consuelo tras una separación.

Hay otros que sorprenden por su sinceridad. El estudio de grabación se convierte en una especie de confesionario. Casi da verguenza que te suelten de sopetón y a la cara verdades tan íntimas. Y si encima es gente como John Lennon, Bob Mould o Joni Mitchell uno no sabe ni cómo responder. O sí. Hay que rendirles pleitesía. Es necesario mucho coraje para desnudarse así ante el gran público. Y lo mejor de todo es que el envoltorio en el que introducen esos mensajes sin censuras no puede ser más excelso.

Mención aparte merece Bruce Springsteen. “Nebraska” es un álbum tan valiente que sigue causando estupefacción un cuarto de siglo después. Grabado en un cuatro pistas, Springsteen se vale de su grave voz, una guitarra y una harmónica para desentrañar el misterio de la América más profunda. Tétricas historias de ‘killers’ y ‘losers’. El ‘Boss’ se acaba preguntando con razón cómo es posible que la gente encuentre razones para seguir creyendo.

Y, por último, dos autores con poca suerte, pero con mucha influencia en generaciones venideras. Alex Chilton y Jeff Buckley. El tercer disco de Big Star es tan errático como hermoso. Es un álbum deslavazado que tardó una eternidad en ver la luz (tres años) y con temas tan hirientes como “Holocaust” o “Kangaroo”. Dicho sea de paso de ésta última composición hacía una versión Jeff Buckley. El malogrado hijo del mercurial Tim dio en la diana a la primera con “Grace”. Es una ‘masterpiece’ que en sus mejores momentos (“Grace”, “Last Goodbye” y “Lover, You Should’ve Come Over”) alcanza cotas sublimes. Y encima tiene la versión entre las versiones: “Hallelujah” de Leonard Cohen, el causante de este repaso a un ramillete de discos perfectos para instantes de bajón. Eso sí, se recomienda no abusar…

LA LISTA (por orden cronológico):

-Frank Sinatra: In The Wee Small Hours (1955)
-Billie Holiday: Lady In Satin (1958)
-Tim Hardin: Tim Hardin I (1966)
-Leonard Cohen: Songs Of Leonard Cohen (1968)
-Scott Walker: Scott 3 (1969)
-John Lennon: Plastic Ono Band (1970)
-Joni Mitchell: Blue (1971)
-Nick Drake: Pink Moon (1972)
-Lou Reed: Berlin (1973)
-Neil Young: Tonight’s The Night (1975)
-Bob Dylan: Blood On The Tracks (1975)
-Big Star: Third/Sister Lovers (1978)
-Joy Division: Closer (1980)
-Bruce Springsteen: Nebraska (1982)
-Hüsker Dü: Candy Apple Grey (1986)
-American Music Club: California (1988)
-Sebadoh: Bubble And Scrape (1993)
-Red House Painters: Red House Painters (1993)
-Nirvana: In Utero (1993)
-Tindersticks: Tindersticks (1993)
-Jeff Buckley: Grace (1994)
-Nick Cave & The Bad Seeds: The Boatman’s Call (1997)
-Elliott Smith: Elliott Smith (1998)
-Eels: Electro Shock Blues (1998)
-Low: Things We Lost In The Fire (2001)

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Confesiones de Leonard Cohen

Posted on Viernes 10 Marzo 2006

-”…entonces lo que quería era ser un héroe tipo Superman o Capitán Trueno”.

-”El caso es que me dispuse a viajar a Nashville, pero en el camino pasé por Nueva York y entré en contacto con el movimiento que formaron Joan Baez, Bob Dylan y demás. Empecé a escribir mis canciones”.

-“Yo era al menos diez años mayor que toda aquella gente. ¿Rebelde? No, siempre tuve la sensación de que ninguna de aquellas causas era lo suficientemente radical. Me parecían limitadas a modelos establecidos, y yo luchaba contra cualquier modelo”.

-”…¿podían pensar los hippies que serían objeto de ridículo para una generación? ¿Con lo autoconscientes y orgullosos que estaban de haber dado pasos valerosos y seguros para encontrarse a sí mismos dentro de una sociedad inamovible? ¿Con los riesgos, las opciones, la marihuana que fumaron, el ácido que consumieron? ¿Pensaron alguna vez que se mofarían de ellos, como si fueran dibujos animados? No. Y así es, con cada generación. Hay un dicho: “Aquel que se casa con el espíritu de su generación será viudo en la siguiente””.

-”Creo que el ser humano debe defender sus creencias contra viento y marea. Cualquiera que sea la postura que él cree que debe adoptar debe hacerlo. Si cree que debe luchar debe hacerlo y si cree que debe esconderse también. Esa es mi postura política; pura cuestión de supervivencia”.

-”Hubo un momento, concretamente en la época que estuve en Cuba, en que declaré que estaba profundamente interesado por la violencia. Luego, cuando pude comprobar lo que era, decidí que quería evitarla a todo precio”.

-”Mucha gente dice que no sé cantar. Y he considerado estas opiniones muy seriamente. Hubo un tiempo en que llegué a la conclusión de que no sabía cantar, pero que sabía hacer otra cosa, llámalo cantar o como quieras, pero hay algo en la voz que es verdadero y que es auténtico. Y así continué”.

-”Tuve problemas con “The Partisan”en Madrid, se suponía que tenía que grabarla en un estudio de televisión. Llegué alli, y me encontré con que habían preparado un decorado y habían contratado cuatro muchachas en minifalda… tenían que cantar la canción y yo moverme entre el decorado… Le dije al productor que yo no podía trabajar bajo esas condiciones. No creía apropiado tener a esas muchachas.., que por otro lado eran preciosas, que les pedía disculpas, pero que no podía cantar de esa manera. El productor me dijo que “o cantaba en este decorado o que no cantaba”. Me fui y no canté”.

-”En nuestro tiempo, ciertos mecanismos espirituales que eran útiles se abandonaron y olvidaron. Redención, arrepentimiento, resurrección. Todas esas ideas se tiraron por el inodoro. La gente desconfía de la religión y de todos los mecanismos redentores que son útiles”.

–Sobre el disco “Death Of A Ladies’ Man”
-”No puedo soportar el oírlo. Lo odio. Pero hay algo sobre esto que no quiero reconocer. Quizás es bueno, pero no es algo que comprenda. Fue un experimento no sé ni como entré en esto… es decir… te encuentras en ciertas situaciones y para cuando te quieres dar cuenta no sabes cómo has llegado a ellas”.
–En una entrevista que te hicieron en “Rolling Stone”, tu decias sobre Phil que “él no quería ninguna otra sombra en su oscuridad”…
-”No lo he visto desde que salió el disco. No lo vi cuando se hicieron las mezclas. El se llevaba las cintas de cada sesión a su casa. Tuve la oportunidad de confiscar legalmente las cintas y poder remezclar todo de nuevo, pero tampoco lo podía hacer porque era su música de todas maneras. Nunca debí hablar con Phil, fue una equivocación”.

-”Mi voz empezó a cambiar hacia el ‘82. Se ha hecho más profunda con los años y parece que seguirá ese camino. Pensaba que era por los 50 mil cigarrillos y varias piletas de whisky. Pero dejé de fumar hace algunos años y se sigue profundizando”.

-””If It Be Your Will” realmente es una plegaria. Y “Hallelujah” tiene ese sentimiento. Muchas otras: “Dance Me to the End of Love”, “Suzanne”. Me gusta la música de las iglesias, las sinagogas, las mezquitas”.

–Es difícil de creer que descarte versos…
-”La cuestión es que antes de descartarlo tengo que escribirlo. Los versos malos toman tanto tiempo de escritura como los buenos. Como se dijo alguna vez, es tan difícil escribir una mala novela como una buena novela. No puedo descartar un verso antes de escribirlo porque la escritura del verso produce las delicias o intereses o facetas que atraparán la luz”.

-”Creo que las canciones son, en primer lugar , para el cortejo. Para encontrar a tu compañero. Para cosas profundas. Para conjurar el amor, para curar noches rotas, y para ser el acompañamiento central en los retos de la vida”.

-“Las canciones siempre significan algo para alguien. La gente seduce, encuentra a sus esposas, tiene hijos, lava los platos; la gente vive el día a día, y los acompañan canciones que podemos encontrar insignificantes. Pero su significado se afirma por ellos. Siempre va a existir alguien que afirme la importancia de una canción al tomar una mujer entre sus brazos, o al pasar la noche. Eso dignifica a las canciones. Las canciones no dignifican la actividad humana. La actividad humana dignifica a las canciones”.

-“La respuesta más particular puede ser la más universal”.

-”Cuando todo te falla, cuando no encuentras una salida ni siquiera en la religión, el amor se convierte en un clavo ardiendo al que aferrarse”.

-” Simplemente me gano la vida, educo a mi hijo, trato de hacer mi trabajo lo más claro y mejor que puedo, trato de no hacer daño a nadie. Es lo que puedo hacer, yo no tengo una estrategia, o un plan para hacer las cosas mejor…”.

-”Aún espero cosas de la vida. Pero las espero de la misma manera que espero flotar cuando entro en el Océano. Si entras correctamente en el agua, no te hundirás. Lo mismo que en la vida, si entras correctamente… bueno, hay veces que tragas un poco de agua, pero hasta que mueres, el Océano te soporta perfectamente, y la vida te soporta perfectamente también”.

-“Entré en el monasterio después de publicar mi último disco, en 1993. Me acercaba a los 60 años y mi viejo profesor y gran amigo (el maestro Roshi) estaba a punto de cumplir los 90. Pensé que no le quedaba mucho tiempo, que tal vez a mí tampoco, y creí que era el momento de reforzar mi unión con él, de estudiar más a fondo sus enseñanzas. Entonces me hice monje. No fue porque estuviera buscando otra religión, no; yo estoy contento con mi propia religión. La vida allí arriba no es una vida religiosa, sino de trabajo duro y de estudio”.

-”No buscaba una elevación espiritual, sino una solución a la presión de mi vida, y me daba igual si eso pasaba por la religión, la cocina o la filosofía. Pero no conseguí entender el concepto budista, me canso intentándolo”.

-”Después de un cierto período, empecé a sentir que mis conocimientos habían llegado a un punto determinado y tuve una revelación: me di cuenta de que no tengo talento para los estudios de religión. No creas que me sentí contrariado, sino aliviado, relajado: ya no tenía que estudiar más”.

-”…Yo nunca he sabido realmente de dónde viene mi estado depresivo, pero tiene que ver con un alejamiento de mí mismo. Ha sido el motor, el mecanismo determinante que me ha hecho tomar toda actitud en la vida: he vivido tratando de evitarla, de escapar de ella, de entenderla, de manejarla”.

-”He buscado en todas partes, en la Cienciología, en el Zen, en el sexo, en las drogas, pero ninguna de esas actividades me proporcionaba el equilibrio que buscaba. Así, hasta que dejé de buscar”.

Al fin parece que encontró el equilibrio en su vida. Quizás no sea más que una parada en una tranquila estación del camino. Si el tren vuelve a ponerse en marcha siempre habrá pasajeros esperando para subir.

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Leonard Cohen

Posted on Viernes 10 Marzo 2006

De antepasados judios polacos emigrados a Canadá, nace un 21 de septiembre de 1934 en los alrededores de Montreal (Westmount), rodeado de contradicciones, judío en una población mayoritariamente cristiana, de habla inglesa en una comunidad mayoritariamente francófona, se dedicará toda su vida a la búsqueda del equilibrio.

Educado en una escuela judía, queda huerfano de padre muy joven, a los 9 años. A los 15 forma parte de un trío de country “The Bucksin Boys”. A los 16 ingresa en la universidad McGill donde estudia Literatura Inglesa. En 1956 publica el primer libro de poemas ‘Comparemos Mitologías’. En 1957 graba para el sello Folkways unos poemas dentro de un disco dedicado a seis poetas canadienses (’Six Montreal Poets’).En 1961 se publica su segundo libro de poesía ‘La caja de especias de la tierra’. Gracias a la buena acogida de sus obras consigue una beca y decide viajar por Europa, recalando en Grecia, en la isla de Hydra, donde conoce a la musa de una de sus más conocidas canciones ´So long, Marianne’, con la que tiene un hijo (Alex) y convive ocho años (volviendo de vez en cuando a América para conseguir dinero, a Cuba durante el conflicto de Bahía de Cochinos…)
En este periodo escribió los dos siguientes libros de poemas ‘Flores para Hitler’ y ‘Parásitos del Paraíso’, y sus dos primeras novelas: ‘El Juego Favorito’ y ‘Los Hermosos Vencidos’ considerada por muchos como su mejor obra.
Si bien su intención era dedicarse a la literatura, a finales de los 60 comienza a ser reconocido internacionalmente como cantante (Judy Collins había dado a conocer su canción ‘Suzanne’, es invitado a participar en 1966 en el Newport Folk Festival, donde lo contrata el cazatalentos de la CBS John Hammond para grabar sus propias canciones…) , lo que le anima a seguir en la música, pues le proporciona mayores beneficios pecuniarios (”Tenía un verdadero problema económico, y como siempre había tocado la guitarra y había formado parte de grupos country, decidí intentarlo con la música”).

Su primer disco ‘The Songs Of Leonard Cohen‘ (1967) es sin duda un gran comienzo y ya se perciben claramente muchas de las constantes en su futura trayectoria. El amor y el adios, la santidad y el pecado, la vida y el suicidio, maestros y aprendices, la soledad en medio de los demás o la libertad entre rejas emocionales. En la música se aprecia ya la debilidad que tiene por los ritmos 3/4 y por la aparente sencillez en la instrumentación, nada debe destacar más de lo que le corresponda, conseguir la mayor efectividad con la mayor sencillez posible.
Empieza el disco con el clásico ‘Suzanne’: la música nos invita a dejarnos llevar por la corriente del río, los cantos corales de las sirenas buscan atraernos y conquistarnos, y el mensaje nos informa que nadie ha logrado resistirse a su atracción ( ni siquiera el propio Jesús -la religión siempre rondando sus letras-). Una invitación a no luchar contra el deseo.
Destacan también ‘Winter Lady’, ‘Sisters of Mercy’, ‘So long,Marianne’ todavía sigue siendo una de sus canciones más versioneadas, ‘Hey, that´s not way to say goodbye’ con unos coros pop simples pero encantadores, o ‘One of us cannot be wrong’ con un final que anuncia la primera canción del próximo disco pues recuerda a un borracho en un coro de medianoche.
En 1969 graba su segundo disco en Nashville, ‘Songs from a room‘, con ‘Bird on the wire’ como mayor éxito; Kris Kristofferson dijo de ella que le gustaría que en su lápida escribieran las primeras estrofas, y Joe Cocker hizo una versión que catapultó la canción y a su autor hacia otros paises. Tiene éxito también un hermoso tema que por primera vez no está compuesto por L.Cohen, ‘The Partisan’, con el que se adentra descaradamente en la temática política (”desarrollé la curiosa teoría de que la música acabó con los nazis”); está cantada la primera parte en inglés y la segunda en francés aumentando su fuerza expresiva con el acompañamiento del coro femenino y un sonido de acordeón que nos sitúa entre las tumbas del campo de batalla. Le sigue una de sus más tristes canciónes, ‘Seems so long ago, Nancy’, basada en el suicidio de una amiga. ‘The Butcher’ surgió tras una negra noche en su depresión. Y el resto del disco mantiene la calidad , intimidad y el nivel que de él se esperaba, aunque más crudo y con menos adornos instrumentales que el primero.
Empieza la década de los 70, deja de visitar regularmente Hydra, realiza su primera gira por Europa con la banda del segundo disco “The Army” (el ejército). En 1971 graba también en Nashville y con la misma banda ‘Songs of love and hate‘. En este disco se desnuda hasta límites insospechados. No hay pensamiento , interioridad o problema que se deje guardado. Contiene ‘Avalanche’; ‘Last year ’s man’ con gran contenido religioso controvertido y un coro de niños al final que logra dulcificarla. ‘Dress rehearsal rag’, canción que se niega a cantar en directo (”A no ser que me encuentre extremadamente feliz. Puede acabar con la vida de cualquiera”). Alegra el disco con ritmo country ‘No diamonds in the mine’. ‘La melancólica ‘Famous blue raincoat’; la desgarradora ‘Sing another song boys’ grabada en directo unos años antes, o ‘Joan of Arc’ buscando el verdadero amor.

En esta época comienza a practicar los ritos del zen (”Siempre he sido muy dado a cosas por el estilo, desconectarme de todo, hacer ayunos sin razón aparente durante una semana… debe ser la parte religiosa que hay dentro de mi, esa parte que parece querer levantar el vuelo y despegarse de la tierra”).
En 1972 publica el libro de poemas ‘The energy of slaves’ (”un cáustico examen de la política y las guerras que había por todo el mundo”). También este año comienza una segunda gira por Europa con su banda de la que saldrán una película ‘Bird on the wire’ (Terry Palmer) y su disco ‘Live songs‘ (1973), coincidiendo con rumores de que abandona la carrera discográfica, problemas con las drogas, ruptura con su pareja (”Sentía que todo estaba contra mí, incluso los instrumentos y micrófonos se estropeaban. Me sentía cansado de todo”). El disco contiene buenas versiones en directo, los coros destacados de Donna Washburn y Jennifer Warren, y como temas no editados anteriormente el que comienza el disco ‘Minute prologue’ a solas con su guitarra española; ‘Passing through’ sobre el paso fugaz por la vida personificado en la figura de Jesucristo, a ritmo de country; el largo ‘Please don’t pass me bay’, en la que parece un predicador que va subiendo en intensidad hasta que acaba con la voz rota acompañado por las palmas del público; aparece también ‘Tonight will be fine’ grabada en su actuación en la Isla de Wight en 1970 a la que añade dos nuevas estrofas; y la última ‘Queen Victoria’ grabada en su casa en un estudio móvil.
En 1974 saca ‘New skin for the old ceremony‘, con cambios en su música gracias a la influencia del productor y arreglista John Lissauer y del violinista Lewis Furey, que aportan nuevas e interesantes ideas tanto a la hora de componer como de grabar. Contiene el famoso tema ‘Chelsea Hotel #2′ dedicado a Janis Joplin, ‘Lover lover, lover’ compuesta con la intención de hermanar arabes y judíos, o el también clásico y basado en una tradición religiosa ‘Who by fire’.

Death of a ladies’ man‘ (1977): Un disco que en principio produce rechazos y saca a la luz una desastrosa relación entre dos personas que eran el agua y el aceite; Phil Spector con su muro de sonido consigue hacer olvidar por completo ese halo de intimidad que siempre arrastraban las grabaciones de L. Cohen.
Sin embargo con el tiempo acaba siendo reconocido como un disco diferente en su carrera pero con sus méritos, como pueden ser el atreverse a cambiar y no quedar anclado en un sonido, el no ceder ni un ápice en la sinceridad y crudeza de sus letras, o porque no, las melodías y estribillos que quizás en otras voces podrían haber sido mayor éxito.
Otra gran contradicción, que sea precisamente un productor de gran éxito en canciones para teen-agers quien mezcle este disco que se basa mayormente en el reconocimiento de la decadencia y declive que la edad causa en el amor y la sexualidad.
Como curiosidad cuenta con la participación de Bob Dylan y Allen Ginsberg en los coros de ‘Don’t go home with your hard-on’.
Recent songs‘ (1979) representa la vuelta a la tranquilidad, con incursión en nuevos sonidos gracias al violín armenio de Raffi Hakopian, el laud eslavo de John Bilekizjian y al grupo tejano de fussion Passenger ampliando los horizontes del country. El ritmo de vals destaca todavía más que en otros discos, comenzando con la preciosa ‘The guests’ y los magistrales coros de Jennifer Warnes; una versión de ‘Un canadien errant’ a ritmo de mariachi; otro precioso vals ‘The traitor’; el lado gitano por el que L.Cohen siente debilidad desde que de joven leyera a Federico García Lorca queda reflejado en ‘The gypsy’s wife’, acompañándole con gran protagonismo un violin al mismo tiempo bello, triste y estremecedor.
Tras la grabación inicia una gira por Europa y Australia con los músicos del disco (”por primera vez me sentía seguro en el escenario… incluso me arriesgué a interpretar un tema de los Bee Gees”). Tiene problemas con la compañia de discos cuando quieren sacar otro recopilatorio de la gira, él se niega por no considerarlo necesario.
De lo que si queda satisfecho es de una película para TV de media hora, ideada y escrita por él y Barrie Wexler, ‘I am a hotel’, con cinco historias de amor basadas en cinco canciones suyas y él aparece como la figura unificadora de todas. Con ella gana en 1984 el primer premio del Festival Internacional de Televisión de Montreaux-Suiza.
Publica un nuevo libro ‘Book of Mercy’ (una colección de salmos), y tras cinco añós de silencio discográfico ve la luz ‘Various positions‘ (1984) con otro pequeño cambio en el sonido, la introducción moderada de teclados caseros a los que se había aficionado y cajas de ritmo. Por primera vez se hace un video-clip para promocinar el disco, la canción elegida es ‘Dance me to the end of love’ y lo realiza Dominique Isserman, quien se convertiría en su compañera sentimental. Jennifer Warnes en los coros suena cada vez mejor. De nuevo mezcla religión y sexualidad consiguiendo otra gran canción ‘Hallelujah’. Y para demostrar en tiempos de pérdida de valores que el plano humano-religioso lo considera fundamental termina con una bella oración muy personal ‘If it be your will’.

Al mismo tiempo que grababa este disco colaboraba con Lewis Furey (músico que participó en el álbum ‘New skin for the old ceremony’), escribiendo las letras de una ópera-pop cuya música había compuesto Furay: Night Magic. Uno de los temas saldría también en ‘Various positions’, la nana ‘Hunter’s lullaby’. La película se estrenó en 1985 y pasó desapercibida, aunque llevó un premio en Canadá: el Premio Juno a la mejor banda sonora.
Leonard Cohen pasa por un buen momento de su vida, disminuyen las tensiones y aumenta el reconocimiemto de su obra. Llega a aparecer en un capítulo de ‘Corrupción en Miami’, recibe un Globo de Cristal por vender más de cinco millones de discos fuera de E.E.U.U., pero su madurez le sirve para seguir con los pies en la tierra y ser más crítico y transparente que nunca (”creo que la poesía es necesaria para el corazón de la persona, pero no creo que con ella o con la canción como arma se pueda cambiar el mundo… El mundo sólo cambia desde dentro de cada uno”).
Participa en una recopilación española dedicada al cincuenta aniversario de la muerte de Federico García Lorca (su admiración por este poeta le llevo a poner el nombre de Lorca a una hija suya), con la canción ‘Take this waltz’, basada en ‘Pequeño vals vienés’, y que acabó siendo la canción más famosa del disco.

Jennifer Warnes saca un disco ‘Famous blue raincoat’ con canciones ya conocidas de L. Cohen y una que es primicia y que este grabará también en su siguiente obra: ‘First we take Manhattan’.
Su estado personal se refleja como siempre en el próximo disco ‘I’m your man‘ (1988) (”el título del álbum no va dedicado a nadie en concreto. Yo soy de quien me acepte”). Esta obra va a representar un gran paso en su carrera y gracias a ella va a ser reconocido y aceptado por las nuevas generaciones . Desaparecen casi por completo las guitarras para dar paso a los teclados, con los que había compuesto sus últimas canciones. La voz y coros adquieren nuevos matices en esta música más maquinal. Es un disco con canciones que acaban siendo éxito la mayoría de ellas: ‘First we take Manhattan’, ‘Ain’t no cure for love’, ‘Everybody Knows’, I’m your man’, ”Take this waltz’, ‘I can’t forget’, ‘Tower of song’.
Dos años más tarde sale un disco homenaje ‘I’m your fan’, con nombres como Pixies, Ian mcCulloch, REM, Nick Cave, John Cale… rindiendo tributo al maestro con versiones, la mayoría de ellas, acertadas.
El próximo disco ‘The future‘ (1992) (”A mi parsimonia habitual se añadieron otras circunstancias, algunas de ellas dramáticas, como el accidente de mi hijo Adam…”) llama la atención por la gran cantidad de gente que aparece en los créditos. El sonido es una mezcla de todos los anteriores, vuelven a aparecer cuerdas, guitarras y vientos, aparte de los teclados.
Tiene menos repercusión, pero también aporta buenas canciones. La que da título al disco; ‘Waiting for the miracle’ compuesta en colaboración con Sharon Robinson; una buena versión del tema soul ‘Be For Real’ de Frederick Knight; el éxito ‘Closing Time’; ‘Anthem’, producida por la famosa actriz Rebeca de Mornay (”Es una buena compositora y su oído es excelente… decidí contar con su opinión para rematar detalles del disco, en cuanto a los arreglos y las melodías”); Democracy (”creo que la democracia es la religión del mundo occidental”).
En 1994 sale una nueva grabación ‘Cohen live in concert‘ con 13 canciones en directo, todas editadas anteriormente en sus discos, procedentes de dos diferentes giras, 1988 y 1993, y con el aliciente de las variaciones con que el autor las interpreta en sus conciertos. Como curiosidad la canción ‘One of us cannot be wrong’ fue grabada el 20 mayo 1988 en su actuación en el Velódromo Anoeta de San Sebastián.

Antes de editarse el disco en directo ya había decidido retirarse a un monasterio ‘zen’ en Los Angeles (California) donde es ordenado monje “Dharma de Jikan” (el silencioso). Aquí sigue una vida austera de orden y disciplina, trabajando en el mantenimiento del monasterio, como cocinero, secretario y chofer en las giras del maestro Roshi. Pero sigue escribiendo poesia y componiendo con el ordenador y teclado en su habitación. El monasterio Mount Baldy tiene su propia página web, donde los monjes hablan de sus vidas y experiencias, venden un CD con grabaciones en el monasterio ‘Daily Sutras’ y, como no, Jikan expone algún poema escrito durante su estancia.
Mientras tanto la compañía de discos quiere rentabilizar su espera y saca un recopilatorio de sus tres últimos discos ‘More best of‘ (1997), con dos temas nuevos ‘Never any good’ y ‘The great event’ que saben a poco a sus fans. Y un directo de su gira en 1979 ‘Field Commander Cohen: Tour of 1979‘ (2001), (en memoria de John Wood, técnico de ‘Passenger’, la banda que le acompañó en esta gira). Ningún tema nuevo. Buenas versiones de una buena época.
Tras seis años de reclusión decide regresar al mundanal ruido y vuelve con un disco ‘Ten new songs‘ (2001), diez canciones nuevas (nueve años habían pasado desde su último disco en estudio). Todas ellas compuestas en colaboración con Sharon Robinson, quien se encarga de los arreglos y la mayor parte de la instrumentación. Vuelve a la sencillez en la instrumentación, colchones de teclado y sencillas percusiones, pero en general todo muy previsible. Es un disco menos personal, cede protagonismo a los acompañantes, de él nos queda su voz cada vez más profunda y al mismo tiempo más débil, pasa a ser más poeta y menos músico. Las letras son más simples y al mismo tiempo más universales, más humanas. ‘In my secret life’, ‘Here it is’, ‘Love Itself’, ‘The land of plenty’ y la mayoría de ellas son canciones bellas y agradables de escuchar pero sin riesgo. En su vida asegura sentirse por fin a gusto consigo mismo, y lo que nos ofrece es precisamente eso, tranquilidad y sosiego. Sinceridad es lo que lo sigue caracterizando.
Similares características pueden aplicarse a su siguiente disco de estudio ‘Dear Heather‘ (2004). En este destaca la aportación de una antigua colaboradora, Anjani Thomas, una voz femenina que encaja a las mil maravillas con la de L.cohen y ayuda asimismo en alguna composición. Hay mayor variedad de estilos e instrumentación y hace que el disco artísticamente sea más rico y se sitúe por encima del anterior. Empieza con un tema escrito por Lord Byron ‘Go no more a-roving’; ‘The letters’ la utilizará Win Wenders en su película ‘Land of Plenty’; opina a su manera sobre el 11 septiembre en ‘On that day’; sorprende en ‘Dear Heather’ por la curiosa instrumentación y modo de cantarla deletreando a ratos; en ‘Nightingale’ vuelve al country-folk en una bella canción dedicada a un íntimo compañero de Anjani Thomas muerto ese año; y finaliza con una versión en directo de un clásico del country-western, ‘Tennesee waltz’, de la gira de 1985, al que le había añadido algunos versos.
Leonard Cohen va envejeciendo con gran dignidad, ha dejado de ser alumno y se ha convertido en maestro, para decirnos que no hay maestros ni alumnos, sólo vida, y todos formamos parte de ella hasta que la muerte llegue.

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The Kinks

Posted on Domingo 5 Febrero 2006

The Kinks
Celluloid Heroes

Hablo con mucha gente de música, y quitando a un reducido grupo de amigos fanáticos del Rock como yo, nadie parece conocer a los Kinks, de vez en cuando sale el tema de la música de los 60 y 70, y todo el mundo habla de los Beatles, de los Rolling Stones, de The Who, de Led Zeppelin, etc.. pero nadie parece considerar a la que desde muchos puntos de vista es la mejor banda de rock de la historia, los grandiosos e inimitables Kinks.

Esta historia comienza en un humilde y populoso barrio de Londres, Mushwell Hill, Raymond y Dave Davies son los únicos vástagos varones en una familia numerosa llena de mujeres, los dos hermanos además son los pequeños de la familia, con tan solo tres años de diferencia entre ellos pero con una diferencia de edad enorme respecto a sus hermanas. La infancia de los hermanos Davies transcurrirá en una casa llena de gente, con sus padres, sus hermanas y sus cuñados, todos viviendo en la misma casa, repartiendose entre todos ellos las atenciones a los pequeños.
En el salón de la vieja casa había un piano, y los dos hermanos disfrutaban de las frecuentes reuniones familiares en torno a el, se tocaban canciones y se contaban divertidas historias, se puede decir que, salvos contados contratiempos, la infancia de Ray y Dave fue bastante agradable.
A pesar de que los dos hermanos tenían practicamente la misma edad, no se desarrolló entre ellos una relación de amistad, cada uno pasaba el tiempo con personas distintas en la familia (había donde elegir) y pocas veces coincidían en sus juegos, en estos años se forjó la legendaria relación amor-odio de los hermanos Davies, una relación fundamentada en la admiración mutua entre ellos pero tambien en la envidia y la rivalidad.
Aunque no compartían demasiadas cosas, los dos hermanos desarrollaron pronto un gran amor por la música, ambos empezaron a tocar instrumentos al tiempo que descubrían las canciones blues que llegaban poco a poco del otro lado del atlántico, pronto empezaron a actuar conjuntamente ante su familia y el siguiente paso fue formar su propia banda para actuar en garitos locales.
Esa primera formación de la banda, con Dave, Ray y un amigo de ambos, Peter Quayfe, fue tomando diversos nombres antes de adoptar el de The Kinks y poco a poco fue ganando notoriedad en el circuito local de clubs, aunque muchas veces actuaban como simple banda de acompañamiento de otros músicos locales.

Pronto los papeles de todos los músicos se fueron definiendo y Ray empezó a cantar y a componer sus canciones, mientras Dave desarrollaba un estilo potente y dinámico con su guitarra, ambos se juntaban en la casa familiar a componer, y en una de estas reuniones surgió una cancion que cambiaría para siempre el destino de la banda y que dejaría una profunda huella en la música popular del siglo XX. Cuenta la leyenda que Dave andaba en esa época experimentando con sus amplificadores para conseguir mas volumen, conectando varios entre si. Una tarde Ray llegó con los acordes de “You Really Got Me” que empezó a tocar al piano, Dave se acercó con su guitarra amplificada y rasgeó esos mismos acordes, días mas tarde Ray ya tenía preparada la letra. Ambos se dieron cuenta enseguida de que habían creado algo grande, no se equivocaron ya que a partir de ese momento empezaron a llover ofertas de discográficas y de promotores que querían contar con los Kinks en sus actuaciones.
El ascenso en las listas de “You Really Got Me” fue sencillamente imparable, y la banda contó por primera vez con recursos para seguir creando canciones, estas no tardaron en llegar; entre 1964 y 1965 los Kinks grabaron dos álbumes completos (”The Kinks” y “Kinda Kinks”) e innumerables singles, al tiempo que empezaron a girar frenéticamente por toda Europa.
En esta primera etapa los Kinks eran un grupo realmente salvaje, y a raiz del frenético ritmo de conciertos ya empezaban a surgir las primeras fricciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos que protagonizaban en ocasiones truculentas peleas sobre el escenario.
En 1965 el grupo visitó por primera vez los Estados Unidos ofreciendo una serie de conciertos, conciertos que en unas cuantas ocasiones terminaron en auténticas batallas campales, además, la acitud de los miembros del grupo en aquella época era, por asi decirlo, poco sociable, en especial la de un Dave Davies que se dedicaba sistemáticamente a destrozar los hoteles por donde pasaba y a formar broncas a la mínima ocasión.
A consecuencia de todo esto, aunque nunca quedó aclarado el motivo exacto, los Kinks fueron vetados para actuar en los EE.UU por un periodo de cuatro años. Esta prohbición marcó el devenir de la banda, ya que automáticamente quedaron fuera del mercado estadounidense y al margen de todas las corrientes musicales que irían surgiendo en ese pais en el transcurso de los últimos años de la década de los 60. Este hecho acabó casi definitivamente con las aspiraciones comerciales de la banda, que vió como sus discos eran cada vez menos populares, aunque esto no influyó en la calidad de sus nuevas canciones, mas bien el contrario, en el periodo que va de 1965 a 1969 los Kinks entregaron sus mejores trabajos.

En 1966 salió publicado “Face to Face”, uno de los discos claves de su época, un disco que rompía con la habitual temática simplista del pop de la época añadiendo toda una serie de detallados retratos de personajes de la sociedad británica, todo esto reflejado en unas canciones que, partiendo de una estructura típica, abordaban nuevos e inéditos registros sonoros, añadiendo instrumentos inusuales como el clavicordio en temas como “Rosey Won’t You Please Come Home” o “There’s Too Much On My Mind”
“Face to face” tuvo una discreta acogida comercial, y fue muy criticado por su compañía discográfica que pensaban que estas canciones se alejaban mucho del patrón de “You Really Got Me” y de su rentable imagen rebelde y contestataria.
A pesar de estos contratiempos, los Kinks consideraron buena su linea evolutiva y al siguiente año entregaron un disco aún menos asimilable por la compañia: “Something Else”, un álbum aún mas variado que dejaba ya claro que Ray Davies no era un compositor típico, en este disco encontramos canciones de todo tipo abordando temáticas insólitas como en la genial “Two Sisters” una mas que evidente metafora de la envidia entre Ray y Dave, o la sarcástica “David Watts”, donde Ray arremete con su singular y afilada ironia contra un dandy del Londres de la época.
En este disco, Dave Davies, siempre eclipsado por el incontenible talento de su hermano, entrega una de sus primeras composiciones, la genial “Death Of A Clown”.

El siguiente disco de los Kinks, publicado un año mas tarde, es considerado por buena parte de la crítica como el mejor trabajo de la banda, y una de las piezas clave del pop de los 60, se trata de “The Kinks are The Village Green Preservation Society”, un monumental disco doble donde todas las virtudes apuntadas anteriormente explotan en todo su explendor. Un disco absolutamente redondo sin un solo tema de relleno que muestra aún mas matices en la afilada literatura de Ray y en los registros de la banda. Todos los temas son impecables, pero por citar alguno hablaremos de las bellisimas “Days” o “Monica” o de las sensacionales “Picture Book”, “Big Sky” o “Sitting On The Riverside”.
Tras Village Green, los Kinks publicaron aún otro álbum para su compañía de siempre, Pye, otro álbum soberbio llamado “Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire” que a pesar de seguir la linea sublime de sus anteriores trabajos tampoco funcionó demasiado bien a nivel de ventas. En este disco encontramos canciones increibles como la salvaje “Brainwashed”, la extraña “Australia” o la deliciosa “Shangri-La”. Los Kinks habían alcanzado ya un nivel de excelencia absolutamente apabullante.

En 1970 pasaron varias cosas que volverían a cambiar el rumbo de la formación, la primera es el fin del veto en los Estados Unidos, lo que les permitió volver a ofrecer actuaciones en ese país casi un lustro mas tarde, a su llegada se encontraron con que los Kinks disfrutaban de una posición y de un prestigio considerables en ese país, contando con legiones de fans que llegaban casi al fanatismo.
Ese mismo año los Kinks publicaron “Lola”, un vigoroso tema sobre un travesti que supuso un éxito inmediato y arrollador. el consiguiente álbum, “Lola versus Powerman and The Moneygoround, Part One” les permitió por fin volver a las listas de éxitos curiosamente con un disco claramente inferior a los anteriormente comentados, a pesar de contar con temas de auténtico lujo como “Apeman”, “Top Of The Pops” o la citada “Lola”.

A lo largo de los años Ray Davies se había interesado por el mundo de la televisión y el teatro, colaborando en varios espacios de la BBC, de uno de esos proyectos surgió la idea del film “Percy”, una absurda y escatológica historia sobre un hombre que pierde el pene, la película pasó sin pena ni gloria por las taquillas y merecería perderse en el olvido si no fuese por que los Kinks grabaron toda la banda sonora, aportando algunos temas como “God’s Children”, “The Way Love Used To Be” o “Moments” que figuran entre lo mejor de su repertorio.
Esta banda sonora, publicada en 1971 fue la última grabación del grupo para Pye, empezaban los años 70 y los Kinks, hartos del desinteres y la desidia de los ejecutivos decidieron cambiar de aires y fichar por RCA, compañía que les ofrecía mayor soporte comercial y promocional.
La formación de los Kinks se había mantenido practicamente inmutable en todos estos años, con los dos hermanos Davies como lideres absolutos y con Peter Quayfe y Mick Avory en sus papeles de bajista y batería respectivamente, Quayfe dejó la banda en 1969, siendo reemplazado por John Dalton, y a comienzos de los 70 la banda empezó a añadir coros y secciones de viento en sus directos y en sus grabaciones.
En 1971 salía publicado “Mushwell Hillbillies”, su primer trabajo para RCA que supuso un paso adelante notable en el sonido de la banda, añadiendo elementos de musica country e incluso toques de music-hall en un disco mas que notable que simbólicamente se presentó como una vuelta a las raices, una vuelta a los origenes. En este disco encontramos otro puñado de clásicos como “20th Century Man”, “Holiday” o “Alcohol”.

El ya señalado interes de Ray Davies en el mundo de la televisión, los seriales, el teatro y todo tipo de espectáculos se traduciría en años sucesivos en una serie de álbums de corte conceptual que no fueron convenientemente entendidos ni por el público ni por la crítica pero que contienen momentos mas que sobresalientes. En “Everybody Is In Showbiz”, publicado en 1972 ya se introducían algunos elementos de esta tendencia que mas tarde se desarrollarían mas a fondo, es este un disco atípico, con temas populares de la banda en directo y temas inéditos de bastante calidad, a destacar la majestuosidad y belleza de “Celluloid Heroes” y “Sitting In My Hotel”, dos temas con el inconfundible tono melancólico de Ray Davies.

La serie de discos conceptuales se inicia con los “Preservations”, “Preservation Act 1” publicado en 1973 y “Preservation Act 2” publicado en 1974, en estos álbumes Ray Davies presenta una delirante historia por capítulos sobre Flash, un terrateniente capitalista que quiere hacerse con el poder, y sobre Mr. Black, un lider socialista que tratará de impedirselo y oponerse a el. “Preservation” es en apariencia una simple historia de lucha de clases que se complica muy mucho gracias a la ferviente imaginación de Davies; en cualquier caso, a pesar de que el concepto de la obra no fue muy bien asimilado, estos dos discos contienen otra buena selección de canciones impecables, orientadas hacia el pop, pero adentrándose sin complejos en otros terrenos menos transitados. Estos discos son definitivamente poco comerciales y quizás el recien llegado a la obra de los Kinks debiera empezar por otras referencias de su catálogo.

En 1975 se publicó “Soap Opera”, otro álbum conceptual que fue ideado inicialmente para una serie en la BBC que nunca se llevó a cabo, aquí la idea gira entorno a una estrella mediatica del rock (quizas un autorretrato del propio Ray Davies) convencida de que puede convertir a las personas mediocres en estrellas, para lo cual cambia su vida con la de un sencillo trabajador a fin de demostrar lo fácil que es triunfar… hasta que se da de bruces con la cruda y rutinaria realidad. A la habitual brillantez lirica de Davies hay que añadir aquí una serie de temas realmente impagables y geniales, como la inicial “Everybody Is A Star (Starmaker)”, “When Work Is Over” o la fantastica “Holiday Romance”.
Ni que decir tiene que el disco tampoco fue bien recibido por la crítica y aún hoy es uno de sus discos peor considerados. A nivel de ventas tampoco funcionó excesivamente bien y su compañía empezó a mostrar signos de impaciencia. Las relaciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos, no pasaba precisamente por su mejor momento ya que Dave consideraba erronea toda esta linea de discos conceptuales y deseaba una vuelta al primitivo rock de sus inicios.

El siguiente paso pareció dar la razón a Dave, ya que “Schoolboys In Disgrace” (1975) es un disco mucho mas orientado al rock a pesar de ser un nuevo álbum de concepto (un disco tematico sobre la educación, nada menos).
En esta ocasión las canciones son mucho mas directas que en anteriores trabajos, mucho mas agresivas y dinámicas, casi como una vuelta a sus primeros tiempos. Encontramos canciones memorables que se convertirán a partir de aquí en clásicos de sus conciertos como “The Hard Way”, “I’m In Disgrace” o la monumental “Headmaster”.
Para los conciertos de esta gira, los Kinks volvieron a su formación básica de guitarras, bajo y bateria y salían a escena vestidos de colegiales, ofreciendo lo mas potente de su repertorio.
Esta linea de vuelta a sus origenes mas rockeros y salvajes seguirá en sus siguientes trabajos, ya para su nueva compañía, Arista.

Los dos álbumes siguientes “Sleepwalker” (1977) y “Misfits” (1978) son considerados los mejores grabados por los Kinks en toda la decada de los 70, un nuevo momento de plenitud compositiva de un Ray Davies en estado de gracia y de una banda que suena aquí como una auténtica apisonadora. Ambos discos son absolutamente redondos e impecables, pero mereceria la pena destacar por su perfección temas como “Life On The Road” o “Sleepwalker” del primero y “Rock and Roll Fantasy” o “Hey Fever” del segundo, canciones que figuran entre lo mejor de todo su catalogo.
Los Kinks terminaban los 70 entregando un nuevo disco (“Low Budget”) y con fuerzas de sobra aún, tras veinte años de carrera, para seguir en la carretera. En 1980 salió publicado “One For The Road”, un documento revelador que nos muestra la tremenda intensidad de la banda en directo.

Aunque los 80 fueron años productivos para la banda, entregando un total de siete nuevos albumes de estudio hasta “Phobia”, su ultimo disco, no tenemos aquí espacio para detallar cada uno de esos trabajos, aunque si hay que decir que el nivel de estas grabaciones, sin ser sublime, siguio siendo mas que considerable.
Destacaremos la contundencia de los temas contenidos en “Give The People What They Want” o la particular ironia que inunda los cortes de “Word Of Mouth”, discos en los que Ray Davies siguio mostrando su incomparable talento en unas letras y unas composiciones siempre vibrantes e inteligentes.

Estos pocos datos que he conseguido resumir en este especial son a grandes rasgos los poderes de una banda que por derecho propio ha de incluirse siempre entre las mejores de la historia. Ray Davies ha escrito una de las páginas mas gloriosas del rock, retratando, siempre con su particular sentido del humor, con su aguda inteligencia, la vida de gente corriente como nosotros, conviertiendo historias humildes y grises en gloriosas canciones inmortales. porque como dijo el propio Ray “There are stars in every city, In every house and on every street, and if you walk down Hollywood Boulevard, their names are written in concrete”.

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