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The Soft Boys - “Vibraciones Positivas”

Publicado el Domingo 23 Noviembre 2008

El lider de los “Chicos Blandos”, Robyn Hitchcock (Robyn Rowan Hitchcock), nació el 3 marzo de 1953 en Londres (West London). Su padre, dibujante de comics, pintor, humorista, escritor de historias fantásticas y poco convencionales, marcó decisivamente su manera tan peculiar de ver el mundo y de plasmarlo en sus canciones y demás proyectos artísticos. Pasó la infancia en un internado masculino (”te estropean la mente y luego te dejan salir para que dirijas el país”). Atraído por la música rock desde joven sus influencias quedaron marcadas por nombres clásicos, desde Elvis y el rock’n'roll de los ‘50 hasta Phil Spector, Bob Dylan, Beatles (”solíamos ir a casa de Robyn para aprendernos álbumes enteros de los Beatles” -Andy Metcalfe-), Beach Boys, The Byrds, Syd Barret en sus inicios con Pink Floyd, la Velvet Underground o Captain Beefheart. Para cuando empezó a escribir canciones propias a principios de los ´70 podrían enmarcarse dentro del pop psicodélico, pero con múltiples influencias sin estilo todavía definido. A finales de 1974 decidió trasladarse a Cambridge, tras haber abandonado la academia de arte, con la intención de formar una banda. Pronto empezó a tocar los fines de semana en el Portland Arms Folk Club, donde conoció a Rob Lamb y el nuevo grupo que éste estaba formando, los Dennis & The Experts, con Rob Lamb a las guitarra, Andy Metcalfe al bajo y Morris Windsor a la batería. Acostumbrado Rob a tomar la música de modo trascendente y a interpretar piezas que consideraba de mayor envergadura por aquella época (Steely Dan, Little Feat…), vio a Robyn como a una persona caprichosa y su música demasiado excéntrica, decidiendo abandonar la formación. El resto de componentes permanecieron juntos entendiéndose cada vez mejor. Como Robyn todavía era poco diestro con el instrumento decidieron en 1977 añadir un guitarra solista: Alan Davies, también amigo de Morris. En la primera actuación con el nuevo guitarrista Robyn dijo al público que cambiaban de nombre, acababa de componer la canción “Give It To The Soft Boys” y le pareció buena idea (aunque luego se arrepentiría) anunciar que a partir de ese momento pasaban a llamarse “The Soft Boys”. Su repertorio se componía de versiones de Elvis, los Who, The Band, David Bowiemezcladas con algunas composiciones propias de Robyn, donde ya quedaban definidas las temáticas peculiares de sus canciones, la muerte, el amor y el sexo, desde un punto de vista psicótico y un marcado sentido de lo absurdo con importantes dosis de humor y cinismo. Con esta formación grabaron una maqueta en casa de Hitchcock, de la que surgió el 1º EP “Give It To The Soft Boys” (Raw Records, 1977).
Hay que recordar que por esas fechas un nuevo movimiento musical (y social) acababa de surgir en Inglaterra, y todos los medios de comunicación se hacían eco de ello, el punk. Si bien en un principio estaban de acuerdo con las ideas que este movimiento defendía, el ir en contra de la música ampulosa y determinado tipo de rock progresivo, pronto se desmarcaron del camino por el que esta supuesta revolución transitaba (”nosotros no podíamos desechar lo que habíamos aprendido y pretender de pronto que sólo conocíamos un único acorde… Supongo que se podría decir que, musicalmente, los Soft Boys fueron como una especie de reacción frente a todo lo que ocurría a nuestro alrededor en esa época”). A nivel local tuvieron gran éxito, los continuos ensayos ayudaron a que evolucionaran musicalmente (”siempre he concebido el trabajo como una aproximación a lo Captain Beefheart, en la que hay dos guitarras tocando dos cosas totalmente diferentes, y no una guitarra única y un ritmo”). Decidieron cambiar a Alan Davies por otro guitarrista que les parecía mucho más completo y especial, Kimberley Rew (formaba parte del otro grupo famoso por aquella época en Cambridge, los Waves). El sello Radar Records les firmó contrato para grabar un disco. Registraron suficientes temas para un Lp, pero tan sólo les editaron un single, “(I Want To Be An) Anglepoise Lamp” (”Nosotros pensábamos que la mejor canción de esa sesión era ‘Where Are The Prawns?’, pero ellos editaron lo que, según su opinión, sonaba más parecido a lo que escuchaba la gente entonces, y no lo que nosotros hacíamos bien. Ese es un problema que nos ha perseguido a través de los años…”). Finalmente se grabó el Lp aunque Radar nunca lo editó (”el legendario álbum perdido”).
En vista de la mala experiencia por ambas partes decidieron finalizar el contrato y grabar de nuevo por su cuenta y a su manera todas las canciones que tenían preparadas sin importarle que gustaran o no a los demás, convirtiéndose en el 1º LP oficial de la banda, “A Can Of Bees”, que publicó el sello independiente Two Crabs en 1979. Una mezcla magistral de guitarras del pasado y sonidos punk que debido al rechazo que sentían por este movimiento las acabaron pasando por su propio filtro, con claras influencias de las voces de The Incredible String Band, de las guitarras de Captain Beefheart y de la aceleración de los Vibrators.
Ese mismo año, durante la grabación del siguiente disco, el bajista Andy Metcalfe abandonó el grupo, siendo sustituído por Matthew Seligman (quien ya había tocado en el primer concierto de Hitchcock como Dennis and The Experts y con Alex Chilton and The Local Heroes). Su incorporación influyó para que los nuevos temas fueran más “poppys”. El disco estuvo varios años sin publicarse, hasta 1983 que fue editado como “Invisible Hits”, cuando la formación ya estaba disuelta. En 1980, antes de decidir su separación, grabaron el trabajo que se convertitiría en uno de los mejores discos de guitarras de los ‘80, el “Underwater Moonlight” (”…me acuerdo que estaba sentado con Matthew y él dijo: Mira, hagamos que este álbum sea genial. El mundo puede acabarse, pero al menos sabremos que lo hemos hecho”… “…nuestro ego no estaba en muy buena posición, pero de lo que si me acuerdo es que inmediatamente después de haber grabado ‘Kingdom Of Love’ pensé: ¡Dios, puede que yo termine en el infierno, pero esto es genial!”… “Hicimos ese disco por menos de 600 libras. El productor Pat Collier hizo un trato con alguien para que pudiésemos grabarlo… La mayoría se hizo con un 8 pistas, y uno debe recordar que era la época de Steve Lillywhite y todo eso…”).
Nunca tuvieron grandes ventas en Inglaterra, mejor vistos en Estados Unidos dieron varios conciertos en Nueva York, pero ante la falta de resultados claros para poder vivir de la música decidieron que la separación como banda y búsqueda de nuevos proyectos era la mejor salida (”puede que hubiésemos tenido algún futuro en los Estados Unidos, pero la sensación que teníamos era que no íbamos a llegar a ninguna parte”).
Llegando a ser considerado como “el padre del revival psicodélico”, Robyn Hitchcok siguió su propio camino, con una carrera más o menos estable pero siempre con obras de calidad, sacó varios discos en solitario o con los Egyptians, participó en múltiples proyectos y actuaciones, entre ellos junto a REM (Peter Buck comentó muchas veces que los Soft Boys les influyeron más que los Byrds), Billy Bragg, Grant Lee Phillips o Jonathan Demme en la grabación de la película musical “Storefront Hitchcock”. Ya en 2001 solicitaron su colaboración para la reedición del clásico “Underwater Moonlight” (Matador), con motivo del 21 aniversario de la edición original, encantado con la idea decidieron añadir 26 tomas inéditas y lo sacaron como doble CD. Robyn habló con Kimberley Rew, Matthew Seligman y Morris Windsor y decidieron sacar a flote The Soft Boys para realizar una minigira. Ante la buena acogida, el siguiente paso fue publicar un disco con temas nuevos: “Nextdoorland” (Matador 2002), con esculturas en la portada de su hermana Lal Hitchcock, al igual que en “Underwater Moonlight”, convirtiéndose también en lo musical en una digna continuación de este. Sin abandonar en ningún momento sus proyectos personales Robyn sigue el viaje en su particular “tren de largo recorrido”: “Lo que yo pretendo es algo largo e inevitable y todavía no he finalizado. Es como un tren muy largo, no puedes ver ni donde empieza ni donde acaba. Es como algo interminable que va atravesando la estación. Un día se parará, alguien saldrá y lo explicará todo”.

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Beatles para siempre: Cuarta (y última) Parte

Publicado el Domingo 26 Octubre 2008

Viene de la Tercera parte

Finalmente llegamos a la conclusión del reportaje sobre los Beatles que hemos venido publicando por entregas a lo largo de las últimas semanas. Al principio tenía pensado dividir esta última en dos partes separadas, pero he decidido publicarlo todo en un único capítulo. Aunque con ello resulte un texto un poco más largo respecto al resto de entregas, creo que según vayáis leyendo entenderéis por qué lo publico entero. Os aseguro que merece la pena, porque esta parte final es realmente hermosa, y es la que marca la diferencia definitiva entre un buen reportaje sobre los Beatles y la inmensa mayoría de lo que se ha publicado sobre ellos en Internet. Espero sinceramente que lo disfrutéis como seguramente lo habréis hecho hasta ahora.

Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

ABAJO: La figura de John Lennon, idealizada por su trágico final a manos del fan Mark David Chapman en 1980, se destaca fácilmente del resto del grupo. Su relación con Yoko Ono le llevaría a divorciarse de los Beatles, algo que no le perdonarían ni sus fans ni sus propios compañeros.

En Mayo de 1970, coincidiendo con el lanzamiento del último álbum del conjunto, Let it be, Paul comunicó oficialmente la separación de los Beatles. John ya llevaba algún tiempo trabajando por su cuenta con Yoko Ono en álbumes más experimentales que los de los Beatles (y, en ocasiones, también bastante más insoportables), y terminaría emprendiendo una cruzada por la paz y el desarme que le llevaría a estar fichado por el FBI y dificultaría su asentamiento en Nueva York, donde se establecería para criar a su hijo con Yoko, Sean, nacido en Octubre de 1975. Sería asesinado a la puerta de su casa de varios tiros a bocajarro el 8 de Diciembre de 1980. Un desequilibrado admirador, Mark David Chapman, le esperaba a su regreso del estudio de grabación, donde él y Yoko daban los últimos toques al álbum que suponía su regreso a la música, Double fantasy.

Paul terminó casándose con Linda Eastman, heredera del imperio Kodak, una hogareña mujercita que empezó a llenarlo de hijos y de chalecos a rayas. Su música se volvió una pizca hortera (más si cabe de lo que fue en su última etapa con los Beatles), pero tuvo el coraje de empezar desde cero con su grupo Wings, tocando en pequeñas salas. Muerto John, ha sido el único de los Beatles capaz de retomar éxitos multitudinarios, y hoy se le calculan unos ingresos de unos 130 millones diarios (en pesetas de 1987, se entiende). Su canción más difundida, Yesterday, ha alcanzado las 1500 versiones, y suena un promedio de una vez por minuto en todo el mundo. A finales de los 90, y coincidiendo con la enfermedad y muerte de Linda a causa del cáncer, su estrella comenzó a declinar. Los avatares de su vida privada han hecho que su nombre termine ocupando más espacios en las páginas de sociedad y en los temibles tabloides ingleses que en las listas de ventas, aunque gracias a su hija Stella, que ha logrado hacerse un hueco como diseñadora de moda, el lugar de la familia entre las personalidades de éxito parece estar a salvo.

George tuvo un brioso arranque con su triple LP, All things must past, luego ensombrecido por la condena por plagio de su single más famoso, My sweet lord, idéntico al He´s so fine de los Chiffons. El concierto benéfico por Bangla Desh fue su momento estelar antes de pasar a una discreta penumbra. Discreta penumbra de la que nunca salió Ringo Starr, que hizo sus versiones más o menos simpáticas y frecuentó más que sus compañeros las aventuras cinematográficas. En 2001 George también perdería una larga batalla contra el cáncer. Desde años antes de aquel triste suceso muchos fans de los Beatles se han esforzado por revindicarlo como el “cerebro en la sombra” de la banda y como un instrumentista y compositor más que competente. Muchos cinéfilos también le tienen un hueco reservado gracias a su productora Handmade Films, responsable entre otras de todo un clásico como La vida de Brian, la mejor película de los geniales Monty Python. En cualquier caso, su saldo en solitario en modo alguno puede compararse al legado que han dejado como grupo.

La química de los Beatles funcionaba como una extraña amalgama de personalidades. Su productor, George Martin, definió el ajuste entre John y Paul comparándolo con la mezcla entre el vinagre y el aceite: aislados, pueden resultar demasiado ácidos o excesivamente untuosos; juntos, se equilibran. Lennon aportaba un innegable desgarro, una fuerza corrosiva y un toque blues que añadían mordiente a las canciones; McCartney proporcionaba la ligereza, el optimismo, la fluidez melódica. Y no hay que desdeñarlos como instrumentistas: John imprimía a su guitarra un ritmo personal e intransferible, Paul introdujo muchas novedades en el uso del bajo y la guitarra solista de George o la batería de Ringo eran justas y eficaces, lejos del exhibicionismo posterior del rock.

Y luego estaban sus personalidades: fáciles de diferenciar, pero, al igual que sus voces, perfectamente capaces de amalgamarse en un todo. No es difícil destacar, con todo, la de Lennon, agrandada por la mitología y la necrofilia. John Winston Lennon era un niño de postguerra, nacido en pleno bombardeo alemán sobre Liverpool. Llevaba como estigma bélico ese segundo nombre en homenaje a Winston Churchill, al igual que la España posterior a 1939 se pobló de significativos Jose-Antonios. “Me nausearon en Liverpool mientras los hitléricos bombardeaban el barrio”, escribía en In his own write.

Su libro preferido era Alicia en el país de las maravillas, y Peter Pan su mito emblemático: el síndrome de quien se negó a crecer. No es que Lennon no quisiera evolucionar: se fue de los Beatles porque no se resignaba a estancarse. Es que no aceptaba los mecanismos iniciáticos por los que alguien deja de ser él mismo para encajar en el molde que a cada uno, como el ataúd, se le tiene preparado: profesión, oficio, talante, personaje, carnet de identidad, libreta militar, permiso para conducir… Por no aceptar, no quiso ni siquiera pasarse la vida siendo un Beatle. Y esa fue su perdición. Uno de sus fans que no aceptó ese cambio acabó con su vida.

Con todo, hay algo que diferencia radicalmente a John Lennon, no sólo respecto a otros hombres ilustres, sino incluso en relación con otras figuras del rock. Él lo tuvo todo a los 25 años: era mundialmente famoso y en su cuenta corriente entraban anualmente 900 millones de los de entonces sin necesidad de hacer nada. Él decía que se alegraba de haber llegado joven a esa situación porque así se sentía completamente liberado. Le parecía terrible luchar toda una vida para situarse, hacerse célebre, ser respetado e influyente, tener pasta. Él ya lo había logrado y se dedicó directamente a ser persona. A ser persona, no a ser adulto. Y a partir de determinado momento quiso utilizar su influencia para arreglar un poco las cosas. No le faltó instinto al abrazar la causa del pacifismo, a la que proporcionó su himno Dad una oportunidad a la paz.

La influencia de los Beatles en la música y en la cultura popular permanece intacta transcurridos casi cincuenta años desde la publicación de su primer single. IZQUIERDA: Portada del LP The black and white album de The Hives (2007), claramente inspirada en la portada del With The Beatles de 1963.

Pero muchas de las características que en John se daban en grado superlativo serían extensibles a los otros Beatles. Ellos surgieron en los años 60 por un cúmulo de circunstancias difícilmente repetibles. Cuando aparecieron en escena, el rock and roll que hoy llamamos clásico, el de los años cincuenta, estaba prácticamente en extinción, con Elvis en la mili, Little Richard en un convento, Chuck Berry en la cárcel, Buddy Holly en la tumba, Jerry Lee Lewis fuera de combate por haberse casado con su primita de 12 años… Los Beatles retomaron esa herencia, la estilizaron, la recrearon, la pusieron al día, la hicieron evolucionar y salvaron todo ese torrente de energía adolescente proyectándolo hacia metas más ambiciosas.

La suerte quiso que todo eso coincidiera con un vasto movimiento de revisión de valores de los que gente como ellos (o Dylan) se convirtieron en portavoces. Como haría notar Lennon, tenían la impresión de ir todos en un mismo barco que navegaba hacia delante; quizá ellos fueran en la proa o en lo alto del palo mayor, pero el barco se movía solidariamente. Con razón los propios Beatles se negaron siempre en redondo al paripé de la reaparición: habría habido que recomponer toda una época para que su vuelta tuviese sentido. Seguramente ha habido momentos más vanguardistas en la cultura del siglo XX, e incluso más comerciales; pero una mezcla tan convincente de profundidad y difusión raramente se ha dado y difícilmente volverá a repetirse.

FIN.

Próximamente publicaremos “11 obras maestras: los álbumes de los Beatles”, breve y muy jugoso anexo publicado en MUY junto a este reportaje.

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Beatles para siempre: Tercera Parte

Publicado el Sábado 18 Octubre 2008

Viene de la Segunda parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

En pleno auge del hippismo, los Beatles se vieron convertidos involuntariamente en oráculos públicos. Sus actitudes y las letras de sus canciones eran examinadas con lupa por seguidores y detractores. DEBAJO: “Todo lo que necesitas es amor”.

La respetabilidad aumentaría de forma alarmante en 1965 al concederles su Graciosa Majestad la Orden de Miembros del Imperio Británico, habitualmente reservada para las hazañas bélicas. Viejos ex combatientes que la guardaban en su baúl de los recuerdos la devolvieron indignados. Mas tarde John comentaría que era más lógico que se la impusieran a ellos, que habían contribuido a divertir al personal, que a quienes se habían dedicado a matar gente. Y lo cierto es que las exportaciones inglesas habían aumentado vertiginosamente gracias a una Inglaterra que se había puesto de moda de la mano de los Beatles: bastaba que ellos rematasen los cuellos de sus chaquetas con terciopelo para que se disparase la venta de este tejido. Con el tiempo, el propio Lennon rechazaría su condecoración como señal de protesta en una de sus campañas pacifistas. Pero en su día la aceptaron más o menos complacidos, aunque poco antes de la ceremonia se encerraron en los lavabos de palacio a fumarse un porro para relajar el protocolo.

También en 1965 probaron la droga que inmediatamente se podrá de moda, el LSD, y con ella aumentó el grado de intelectualización de su obra, especialmente al combinarse con la mística hindú y la meditación trascendental. Los Beatles acabarían renegando públicamente de su relación con el polémico Maharishi. Aun con esto, no se puede negar lo positivo en el aspecto musical que tuvo todo aquello. Sus letras empezaron a ser acechadas como si fueran el evangelio, se les exigía desde todos lados una conducta acorde con sus responsabilidades, y toda esta dinámica que los iba convirtiendo en oráculos públicos terminó siendo muy peligrosa.

El primer aviso llegó en Agosto de 1966 en San Francisco, poco antes de retirarse de los escenarios, cuando John Lennon declaró: “Somos más famosos que Jesucristo”. Nunca debió decirlo. La reacción entre ciertos sectores del público fue tan histérica que estuvo a punto de acabar con la carrera del grupo. Luego llegaron las advertencias por consumo de drogas. Con los Beatles no se atrevieron hasta su separación, pero a los Rolling Stones los sometieron a auténticas sobredosis de policía para que no descarriaran a la juventud.

Hacia 1969 era habitual estudiar escrupulosamente las carpetas letras y microsurcos de los Beatles en busca de mensajes ocultos. Se trataba de construcciones mentales absolutamente paranoides, entre las que se llevó la palma la publicada el 29 de Octubre por una revista estudiantil americana, Rat Magazine. Según su teoría, Paul McCartney había muerto en un accidente de automóvil, siendo sustituído por un doble de aspecto y voz muy parecidos al original. Los Beatles lo habían ocultado, pero dejando pistas en sus discos para el que quisiera entenderlas.

¿Por ejemplo? Pues en la portada del Sgt. Pepper´s, donde aparece una tumba, hay un seto de flores con una guitarra de cuatro cuerdas (esto es, el bajo de Paul); en la cubierta de Abbey Road, McCartney es el único que camina descalzo y con el paso cambiado, mientras que se ve un Volkswagen aparcado cuya matrícula es 28 IF, es decir, 28 si… (Paul hubiera cumplido 28 años si no hubiese muerto en un accidente de automóvil, como suponía esta teoría a partir del análisis de la letra de A day in the life). Además, si se pasaba al revés Revolution No. 9, podía oirse a John diciendo lúgubremente “I buried Paul” (“Yo enterré a Paul”), etcétera. Incluso revistas tan sesudas como Triunfo se hicieron eco en España de elucubraciones de este tipo. Cuando en las conferencias de prensa le preguntaban por su muerte, McCartney respondía con humor que no se había enterado de ella, pero que no le extrañaba nada, porque siempre era el último en enterarse de lo que pasaba en los Beatles. Sobre este divertido tema, en Internet se pueden encontrar todo tipo de páginas. No pocas son dignas de mentalidades oligofrénicas, aunque no obstante no dejan de ser curiosas. En fin, que en esto como en todo “hay gente pa tó”, oigan.

Ya no hubo lugar para bromas, sin embargo, cuando estalló el asunto Manson ese mismo año de 1969. Un psicópata californiano, Charles Manson, que había creado su propia familia (especie de comuna entre mística, hippy y neonazi), también creyó percibir mensajes ocultos en las canciones de los Beatles, particularmente en Helter Skeleter y Piggies. Y con ellas como lema cometió una serie de atroces asesinatos que incluían a la actriz Sharon Tate, embarazada de su marido, el cineasta Roman Polanski. Junto a los cadáveres, escritos con su sangre, aparecieron los títulos de las canciones de los Beatles, y sus autores, John y George, fueron llamados a declarar.

En el libro Curiosidades, gazapos y anécdotas de Hollywood de Eduardo Llorente y David Eraskin, se indica que la motivación principal de la Familia Manson para llevar a cabo la matanza era cargarse a Steve McQueen, a quien Manson al parecer admiraba. Manson era, además de un pésimo cantante, un guionista aun peor, y envió un guión a la productora propiedad del actor, Solar Pictures, con la esperanza de que su ídolo aceptase protagonizarlo. Sin embargo, el texto era tan rematadamente malo que no le prestaron la menor atención. Despechado, Manson empezó a urdir en su cerebro la idea de vengarse, y tiempo después se enteró de que se iba a celebrar una fiesta en la casa de Roman Polansky a la que McQueen había sido invitado. Éste salvó la vida porque decidió pasar la noche a solas con un ligue. De lo que no cabe ninguna duda es de que Manson y sus familiares estaban destinados a cometer una masacre más pronto o más tarde, yendo contra cualquiera que les cayese mal y estuviese a su alcance (Manson también le tenía tirria a Liz Taylor o a Tom Jones, por ejemplo). Lo más triste de todo es que Manson (que continúa encerrado en un presidio para enfermos mentales) se ha hecho millonario al correr de los años, gracias a miles de jumentos empeñados en admirar (!) o ver algo interesante en la figura de este tarado.

Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla, con los Beatles en una claustrofóbica jaula de oro, especialmente desde que su inmersión en el mundo de los negocios con el sello Apple (tras la muerte de Brian Epstein en Agosto de 1967) y la película para TV Magical mistery tour (un absurdo caprichito de McCartney) habían terminado en un sonoro fracaso. Los Beatles no eran infalibles después de todo. Con la madurez vino, además, la diáspora. John había conocido a una artista japonesa de vanguardia, Yoko Ono, en Noviembre de 1966, y su relación con ella le llevaría a divorciarse de su primera mujer, Cynthia, y también de los Beatles. Si el primer divorcio pareció bien a casi todo el mundo, el segundo no se lo perdonaría nadie: ni los otros miembros del grupo ni sus propios fans.

Verano de 1967. En plena fiebre de la psicodelia, la aparición el álbum – suite “Sgt. Pepper´s” deslumbró a los críticos. Pero los Beatles no eran infalibles: su primera inmersión en el mundo de los negocios resultó un fracaso. ARRIBA: la “boutique” Apple, emplazada en pleno centro de Londres.

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