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The Kinks

Publicado el Viernes 11 agosto 2017

The Kinks
Celluloid Heroes

Hablo con mucha gente de música, y quitando a un reducido grupo de amigos fanáticos del Rock como yo, nadie parece conocer a los Kinks, de vez en cuando sale el tema de la música de los 60 y 70, y todo el mundo habla de los Beatles, de los Rolling Stones, de The Who, de Led Zeppelin, etc.. pero nadie parece considerar a la que desde muchos puntos de vista es la mejor banda de rock de la historia, los grandiosos e inimitables Kinks.

Esta historia comienza en un humilde y populoso barrio de Londres, Mushwell Hill, Raymond y Dave Davies son los únicos vástagos varones en una familia numerosa llena de mujeres, los dos hermanos además son los pequeños de la familia, con tan solo tres años de diferencia entre ellos pero con una diferencia de edad enorme respecto a sus hermanas. La infancia de los hermanos Davies transcurrirá en una casa llena de gente, con sus padres, sus hermanas y sus cuñados, todos viviendo en la misma casa, repartiendose entre todos ellos las atenciones a los pequeños.
En el salón de la vieja casa había un piano, y los dos hermanos disfrutaban de las frecuentes reuniones familiares en torno a el, se tocaban canciones y se contaban divertidas historias, se puede decir que, salvos contados contratiempos, la infancia de Ray y Dave fue bastante agradable.
A pesar de que los dos hermanos tenían practicamente la misma edad, no se desarrolló entre ellos una relación de amistad, cada uno pasaba el tiempo con personas distintas en la familia (había donde elegir) y pocas veces coincidían en sus juegos, en estos años se forjó la legendaria relación amor-odio de los hermanos Davies, una relación fundamentada en la admiración mutua entre ellos pero tambien en la envidia y la rivalidad.
Aunque no compartían demasiadas cosas, los dos hermanos desarrollaron pronto un gran amor por la música, ambos empezaron a tocar instrumentos al tiempo que descubrían las canciones blues que llegaban poco a poco del otro lado del atlántico, pronto empezaron a actuar conjuntamente ante su familia y el siguiente paso fue formar su propia banda para actuar en garitos locales.
Esa primera formación de la banda, con Dave, Ray y un amigo de ambos, Peter Quayfe, fue tomando diversos nombres antes de adoptar el de The Kinks y poco a poco fue ganando notoriedad en el circuito local de clubs, aunque muchas veces actuaban como simple banda de acompañamiento de otros músicos locales.

Pronto los papeles de todos los músicos se fueron definiendo y Ray empezó a cantar y a componer sus canciones, mientras Dave desarrollaba un estilo potente y dinámico con su guitarra, ambos se juntaban en la casa familiar a componer, y en una de estas reuniones surgió una cancion que cambiaría para siempre el destino de la banda y que dejaría una profunda huella en la música popular del siglo XX. Cuenta la leyenda que Dave andaba en esa época experimentando con sus amplificadores para conseguir mas volumen, conectando varios entre si. Una tarde Ray llegó con los acordes de “You Really Got Me” que empezó a tocar al piano, Dave se acercó con su guitarra amplificada y rasgeó esos mismos acordes, días mas tarde Ray ya tenía preparada la letra. Ambos se dieron cuenta enseguida de que habían creado algo grande, no se equivocaron ya que a partir de ese momento empezaron a llover ofertas de discográficas y de promotores que querían contar con los Kinks en sus actuaciones.
El ascenso en las listas de “You Really Got Me” fue sencillamente imparable, y la banda contó por primera vez con recursos para seguir creando canciones, estas no tardaron en llegar; entre 1964 y 1965 los Kinks grabaron dos álbumes completos (“The Kinks” y “Kinda Kinks”) e innumerables singles, al tiempo que empezaron a girar frenéticamente por toda Europa.
En esta primera etapa los Kinks eran un grupo realmente salvaje, y a raiz del frenético ritmo de conciertos ya empezaban a surgir las primeras fricciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos que protagonizaban en ocasiones truculentas peleas sobre el escenario.
En 1965 el grupo visitó por primera vez los Estados Unidos ofreciendo una serie de conciertos, conciertos que en unas cuantas ocasiones terminaron en auténticas batallas campales, además, la acitud de los miembros del grupo en aquella época era, por asi decirlo, poco sociable, en especial la de un Dave Davies que se dedicaba sistemáticamente a destrozar los hoteles por donde pasaba y a formar broncas a la mínima ocasión.
A consecuencia de todo esto, aunque nunca quedó aclarado el motivo exacto, los Kinks fueron vetados para actuar en los EE.UU por un periodo de cuatro años. Esta prohbición marcó el devenir de la banda, ya que automáticamente quedaron fuera del mercado estadounidense y al margen de todas las corrientes musicales que irían surgiendo en ese pais en el transcurso de los últimos años de la década de los 60. Este hecho acabó casi definitivamente con las aspiraciones comerciales de la banda, que vió como sus discos eran cada vez menos populares, aunque esto no influyó en la calidad de sus nuevas canciones, mas bien el contrario, en el periodo que va de 1965 a 1969 los Kinks entregaron sus mejores trabajos.

En 1966 salió publicado “Face to Face”, uno de los discos claves de su época, un disco que rompía con la habitual temática simplista del pop de la época añadiendo toda una serie de detallados retratos de personajes de la sociedad británica, todo esto reflejado en unas canciones que, partiendo de una estructura típica, abordaban nuevos e inéditos registros sonoros, añadiendo instrumentos inusuales como el clavicordio en temas como “Rosey Won’t You Please Come Home” o “There’s Too Much On My Mind”
“Face to face” tuvo una discreta acogida comercial, y fue muy criticado por su compañía discográfica que pensaban que estas canciones se alejaban mucho del patrón de “You Really Got Me” y de su rentable imagen rebelde y contestataria.
A pesar de estos contratiempos, los Kinks consideraron buena su linea evolutiva y al siguiente año entregaron un disco aún menos asimilable por la compañia: “Something Else”, un álbum aún mas variado que dejaba ya claro que Ray Davies no era un compositor típico, en este disco encontramos canciones de todo tipo abordando temáticas insólitas como en la genial “Two Sisters” una mas que evidente metafora de la envidia entre Ray y Dave, o la sarcástica “David Watts”, donde Ray arremete con su singular y afilada ironia contra un dandy del Londres de la época.
En este disco, Dave Davies, siempre eclipsado por el incontenible talento de su hermano, entrega una de sus primeras composiciones, la genial “Death Of A Clown”.

El siguiente disco de los Kinks, publicado un año mas tarde, es considerado por buena parte de la crítica como el mejor trabajo de la banda, y una de las piezas clave del pop de los 60, se trata de “The Kinks are The Village Green Preservation Society”, un monumental disco doble donde todas las virtudes apuntadas anteriormente explotan en todo su explendor. Un disco absolutamente redondo sin un solo tema de relleno que muestra aún mas matices en la afilada literatura de Ray y en los registros de la banda. Todos los temas son impecables, pero por citar alguno hablaremos de las bellisimas “Days” o “Monica” o de las sensacionales “Picture Book”, “Big Sky” o “Sitting On The Riverside”.
Tras Village Green, los Kinks publicaron aún otro álbum para su compañía de siempre, Pye, otro álbum soberbio llamado “Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire” que a pesar de seguir la linea sublime de sus anteriores trabajos tampoco funcionó demasiado bien a nivel de ventas. En este disco encontramos canciones increibles como la salvaje “Brainwashed”, la extraña “Australia” o la deliciosa “Shangri-La”. Los Kinks habían alcanzado ya un nivel de excelencia absolutamente apabullante.

En 1970 pasaron varias cosas que volverían a cambiar el rumbo de la formación, la primera es el fin del veto en los Estados Unidos, lo que les permitió volver a ofrecer actuaciones en ese país casi un lustro mas tarde, a su llegada se encontraron con que los Kinks disfrutaban de una posición y de un prestigio considerables en ese país, contando con legiones de fans que llegaban casi al fanatismo.
Ese mismo año los Kinks publicaron “Lola”, un vigoroso tema sobre un travesti que supuso un éxito inmediato y arrollador. el consiguiente álbum, “Lola versus Powerman and The Moneygoround, Part One” les permitió por fin volver a las listas de éxitos curiosamente con un disco claramente inferior a los anteriormente comentados, a pesar de contar con temas de auténtico lujo como “Apeman”, “Top Of The Pops” o la citada “Lola”.

A lo largo de los años Ray Davies se había interesado por el mundo de la televisión y el teatro, colaborando en varios espacios de la BBC, de uno de esos proyectos surgió la idea del film “Percy”, una absurda y escatológica historia sobre un hombre que pierde el pene, la película pasó sin pena ni gloria por las taquillas y merecería perderse en el olvido si no fuese por que los Kinks grabaron toda la banda sonora, aportando algunos temas como “God’s Children”, “The Way Love Used To Be” o “Moments” que figuran entre lo mejor de su repertorio.
Esta banda sonora, publicada en 1971 fue la última grabación del grupo para Pye, empezaban los años 70 y los Kinks, hartos del desinteres y la desidia de los ejecutivos decidieron cambiar de aires y fichar por RCA, compañía que les ofrecía mayor soporte comercial y promocional.
La formación de los Kinks se había mantenido practicamente inmutable en todos estos años, con los dos hermanos Davies como lideres absolutos y con Peter Quayfe y Mick Avory en sus papeles de bajista y batería respectivamente, Quayfe dejó la banda en 1969, siendo reemplazado por John Dalton, y a comienzos de los 70 la banda empezó a añadir coros y secciones de viento en sus directos y en sus grabaciones.
En 1971 salía publicado “Mushwell Hillbillies”, su primer trabajo para RCA que supuso un paso adelante notable en el sonido de la banda, añadiendo elementos de musica country e incluso toques de music-hall en un disco mas que notable que simbólicamente se presentó como una vuelta a las raices, una vuelta a los origenes. En este disco encontramos otro puñado de clásicos como “20th Century Man”, “Holiday” o “Alcohol”.

El ya señalado interes de Ray Davies en el mundo de la televisión, los seriales, el teatro y todo tipo de espectáculos se traduciría en años sucesivos en una serie de álbums de corte conceptual que no fueron convenientemente entendidos ni por el público ni por la crítica pero que contienen momentos mas que sobresalientes. En “Everybody Is In Showbiz”, publicado en 1972 ya se introducían algunos elementos de esta tendencia que mas tarde se desarrollarían mas a fondo, es este un disco atípico, con temas populares de la banda en directo y temas inéditos de bastante calidad, a destacar la majestuosidad y belleza de “Celluloid Heroes” y “Sitting In My Hotel”, dos temas con el inconfundible tono melancólico de Ray Davies.

La serie de discos conceptuales se inicia con los “Preservations”, “Preservation Act 1” publicado en 1973 y “Preservation Act 2” publicado en 1974, en estos álbumes Ray Davies presenta una delirante historia por capítulos sobre Flash, un terrateniente capitalista que quiere hacerse con el poder, y sobre Mr. Black, un lider socialista que tratará de impedirselo y oponerse a el. “Preservation” es en apariencia una simple historia de lucha de clases que se complica muy mucho gracias a la ferviente imaginación de Davies; en cualquier caso, a pesar de que el concepto de la obra no fue muy bien asimilado, estos dos discos contienen otra buena selección de canciones impecables, orientadas hacia el pop, pero adentrándose sin complejos en otros terrenos menos transitados. Estos discos son definitivamente poco comerciales y quizás el recien llegado a la obra de los Kinks debiera empezar por otras referencias de su catálogo.

En 1975 se publicó “Soap Opera”, otro álbum conceptual que fue ideado inicialmente para una serie en la BBC que nunca se llevó a cabo, aquí la idea gira entorno a una estrella mediatica del rock (quizas un autorretrato del propio Ray Davies) convencida de que puede convertir a las personas mediocres en estrellas, para lo cual cambia su vida con la de un sencillo trabajador a fin de demostrar lo fácil que es triunfar… hasta que se da de bruces con la cruda y rutinaria realidad. A la habitual brillantez lirica de Davies hay que añadir aquí una serie de temas realmente impagables y geniales, como la inicial “Everybody Is A Star (Starmaker)”, “When Work Is Over” o la fantastica “Holiday Romance”.
Ni que decir tiene que el disco tampoco fue bien recibido por la crítica y aún hoy es uno de sus discos peor considerados. A nivel de ventas tampoco funcionó excesivamente bien y su compañía empezó a mostrar signos de impaciencia. Las relaciones entre los miembros del grupo, en especial entre los dos hermanos, no pasaba precisamente por su mejor momento ya que Dave consideraba erronea toda esta linea de discos conceptuales y deseaba una vuelta al primitivo rock de sus inicios.

El siguiente paso pareció dar la razón a Dave, ya que “Schoolboys In Disgrace” (1975) es un disco mucho mas orientado al rock a pesar de ser un nuevo álbum de concepto (un disco tematico sobre la educación, nada menos).
En esta ocasión las canciones son mucho mas directas que en anteriores trabajos, mucho mas agresivas y dinámicas, casi como una vuelta a sus primeros tiempos. Encontramos canciones memorables que se convertirán a partir de aquí en clásicos de sus conciertos como “The Hard Way”, “I’m In Disgrace” o la monumental “Headmaster”.
Para los conciertos de esta gira, los Kinks volvieron a su formación básica de guitarras, bajo y bateria y salían a escena vestidos de colegiales, ofreciendo lo mas potente de su repertorio.
Esta linea de vuelta a sus origenes mas rockeros y salvajes seguirá en sus siguientes trabajos, ya para su nueva compañía, Arista.

Los dos álbumes siguientes “Sleepwalker” (1977) y “Misfits” (1978) son considerados los mejores grabados por los Kinks en toda la decada de los 70, un nuevo momento de plenitud compositiva de un Ray Davies en estado de gracia y de una banda que suena aquí como una auténtica apisonadora. Ambos discos son absolutamente redondos e impecables, pero mereceria la pena destacar por su perfección temas como “Life On The Road” o “Sleepwalker” del primero y “Rock and Roll Fantasy” o “Hey Fever” del segundo, canciones que figuran entre lo mejor de todo su catalogo.
Los Kinks terminaban los 70 entregando un nuevo disco (“Low Budget”) y con fuerzas de sobra aún, tras veinte años de carrera, para seguir en la carretera. En 1980 salió publicado “One For The Road”, un documento revelador que nos muestra la tremenda intensidad de la banda en directo.

Aunque los 80 fueron años productivos para la banda, entregando un total de siete nuevos albumes de estudio hasta “Phobia”, su ultimo disco, no tenemos aquí espacio para detallar cada uno de esos trabajos, aunque si hay que decir que el nivel de estas grabaciones, sin ser sublime, siguio siendo mas que considerable.
Destacaremos la contundencia de los temas contenidos en “Give The People What They Want” o la particular ironia que inunda los cortes de “Word Of Mouth”, discos en los que Ray Davies siguio mostrando su incomparable talento en unas letras y unas composiciones siempre vibrantes e inteligentes.

Estos pocos datos que he conseguido resumir en este especial son a grandes rasgos los poderes de una banda que por derecho propio ha de incluirse siempre entre las mejores de la historia. Ray Davies ha escrito una de las páginas mas gloriosas del rock, retratando, siempre con su particular sentido del humor, con su aguda inteligencia, la vida de gente corriente como nosotros, conviertiendo historias humildes y grises en gloriosas canciones inmortales. porque como dijo el propio Ray “There are stars in every city, In every house and on every street, and if you walk down Hollywood Boulevard, their names are written in concrete”.

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Un prestigitador llamado Springsteen

Publicado el Sábado 29 julio 2017

bruce2.jpgEn la década de los 70 fue saludado como el futuro del rock, en los 80 se convirtió en una superestrella, en los 90 parecía perdido para la causa y en el siglo XXI ha recobrado la capacidad para emocionar. “Magic” es la última prueba irrefutable de que Bruce Springsteen es un artista cuya inspiración no se ha agotado. Es una obra que remite a su glorioso pasado. Rezuma honestidad y vitalismo. Todo aquello que hace que el rock sea redentor.

Pero hagamos un flashback para repasar la carrera del Boss aprovechando la coyuntura de que ha editado su décimo quinto disco en estudio. Bruce Springsteen (23-09-1949, Freehold, NJ) llevaba ya intentándolo en los 60 (Castiles, Child, Steel Mill) cuando a principios de los 70 le fichó Columbia Records. En un principio se le etiquetó con el reducido estereotipo de nuevo Dylan. Un cliché que se le quedaba pequeño. Sí, esgrimía una lírica cercana a la del bardo de Duluth, pero era capaz de hacer rock’n’roll en la línea de un Elvis Presley o un Jerry Lee Lewis. Y era un amante confeso del Wall Of Sound del genial Phil Spector.

La ópera prima de Springsteen no podía ser más prometedora. “Greetings From Asbury Park, N.J.” (1973) era un estreno a lo grande. Presumía de temazos del calibre de “Growin’ Up”, “Spirit In The Night”, “For You” o “It’s Hard To Be A Saint In The City”. No tenía relleno. Pero pasó inadvertido. Sin embargo, “Blinded By The Light” se convirtió tiempo más tarde en un hit para Manfred Mann’s Earth Band.

La continuación corrió la misma suerte. “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” (1973) no sólo mantiene el nivel creativo, sino que en algunos casos supera el listón (seminales “Incident On 57th Street”, “4th Of July, Asbury Park (Sandy)” y “New York City Serenade”). Springsteen empieza a cincelar su mítico mundo de coches y chicas. Este también es el álbum de los guiños jazzísticos y de esa epopeya teenager que es “Rosalita (Come Out Tonight)”.

A la tercera fue la vencida. El ascenso de Springsteen no es precisamente meteórico. Lento, pero seguro. O sea que cuando llegó a la cima ya era un artista hecho y derecho. El Boss reúne la formación que mejores resultados le ha dado. Esa E Street Band conformada por Clarence Clemons al saxo, Steve Van Zandt a la segunda guitarra, Danny Federici al órgano, Roy Bittan al piano, Garry Tallent al bajo y Max Weinberg a la batería. “Born To Run” (1975) es, escogiendo un atajo, el mejor disco de Springsteen. Es más, es uno de los grandes álbumes de la historia de la música popular. La insuperable “Thunder Road”, la brutal “Backstreets”, ese himno que es “Born To Run” o la monumental “Jungleland” son partituras inmortales. Especialmente recomendable es la edición del 30 aniversario. Sea como fuere, este es el disco que catapultó al Boss al status de crack mediático.

bruce11.jpgTras esta romántica obra maestra de rock urbano llegan los problemas. Springsteen se mete en una batalla legal contra su representante al descubrir que los derechos de sus canciones no le pertenecen. Así que pasan tres largos años hasta que ve la luz un nuevo disco. En plena era punk sale “Darkness On The Edge Of Town” (1978), que supura amargura en grandes cantidades. Ahora las viñetas reflejan las inquietudes de héroes anónimos de clase trabajadora. El sueño americano se convierte en pesadilla. “Badlands” (con el clásico filme de Terrence Malick en mente), “The Promised Land” o “Candy’s Room” son joyas que ponen de manifiesto que la rabia y la angustia pueden servir de vehículo para escribir grandes temas.

Después publicó “The River” (1980). Este es un doble álbum en el que se revela la gran versatilidad de un autor capaz de confeccionar himnos para reventar estadios (“Hungry Heart”, “Sherry Darling”, “Out In The Street”) o en las antípodas es capaz de romper corazones con baladas sinuosas (“Point Blank”, “Drive All Night”, la misma “The River”).

Y la sorpresa llegó acto seguido. Springsteen se lo montó él solito mucho antes de que se pusieran de moda los “Unplugged”. “Nebraska” (1982) es una gran colección de temas acústicos que retrotraen a Bob Dylan, Johnny Cash o Woody Guthrie. La América de Reagan queda retratada en blanco y negro con historias de perdedores y seres marginales. Grabado en un cuatro pistas, “Nebraska” es un álbum de una desnudez máxima. No hay finales felices. Tras el fundido en negro brotan las lágrimas…

Hasta aquí, la obra de Springsteen es inmaculada. A partir de “Born In The USA” (1984) empiezan las dudas, los peros, los defectos. Este es el punto de inflexión. Springsteen ya estaba instalado en el star-system, pero a partir de este momento pasa a ser una megaestrella. “Born In The USA” es un buen disco, pero peca a ratos de superficial (cae presa del populismo). Eso sí, “Bobby Jean”, “Downbound Train” o “No Surrender” valen un potosí. Por cierto, el tema que da título al disco fue etiquetado de himno conservador, cuando es todo lo contrario. El caso es que Springsteen no hizo bien la digestión de vender millones de discos.

“Tunnel Of Love” (1987) es irregular. A este romanticismo le falta la sustancia de antaño. Luce una producción que por momentos es irritante. Algunos lo consideran un disco de culto. Se equivocan. Falta pasión, se echa de menos la rabia y la frustración que impulsaban a Springsteen hacia metas superiores. Esconde buenos temas, por supuesto. Verbigracia, “Brilliant Disguise” o “One Step Up”. Este LP presagió el divorcio de Springsteen, que acabaría casándose después con la cantante Patti Scialfa (posteriormente miembro de la E Street Band).

bruce21.jpgSe abre un tiempo de silencio. Un lustro después vuelve con dos discos. “Human Touch” (1992) es flojo. La producción sigue siendo un lastre y lo peor es que las canciones dan la impresión de ser rutinarias. Uno echa de menos a la E Street Band. “Lucky Town” (1992) es otra cosa. Está un escalón por encima. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero se sostiene por una superior inspiración. Lo que es una evidencia es que Springsteen carece del feeling de tiempos pretéritos.

Antes de grabar “The Ghost Of Tom Joad” (1995) gana el óscar por “Streets Of Philadelphia”. Se ha convertido en el rey Midas. Cuando los presagios son peores, Springsteen demuestra que aún se puede defender su causa. “The Ghost Of Tom Joad” recupera la autenticidad de “Nebraska”. Basándose en “Las Uvas De La Ira” de John Steinbeck y con la película de John Ford bien guardada en el corazón, Springsteen ofrece una nueva lección de cómo aguantar el tipo con medios austeros. Como apunte anecdótico cabe destacar que la canción que sirve como título para el disco tuvo una cover de Rage Against The Machine.

“The Rising” (2002) sirve para que continúe recuperando crédito. Vuelve a grabar con The E Street Band (desde el “Born In The USA no hacía tal cosa). Con la tragedia del 11 de septiembre como trasfondo, “The Rising” se eleva con el ingrávido peso de 15 canciones donde la esperanza acaba ganando la partida al dolor y la tristeza.

Como confirmación de que está en buena racha edita “Devils & Dust” (2005). Retorno a la faceta acústica y a la exploración de su vertiente de contador de historias. “Devils & Dust” es un escalofriante retrato de un soldado en la guerra de Irak, “Long Time Comin’” refresca por su aliento vivificante. “Maria’s Bed” y “All I’m Thinkin’ Bout” también sobresalen en un álbum notable.

El siguiente paso es inesperado. “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” (2006) es el primer disco de versiones en la larga trayectoria de Springsteen. Se trata de un excelente tributo a la figura de Pete Seeger y por extensión de los cantautores folk cuyo compromiso con la realidad circundante es total.

Por último, saca “Magic” (2007). Otra vez cuenta con sus mejores compañeros de viaje: la seminal The E Street Band. En el álbum hay constantes guiños a su propia obra (sirva de ejemplo la cita obvia a “Tenth Avenue Freeze Out” que se observa en “Livin’ In The Future”). Pero también es fácil discernir referencias a clásicos de la Biblia del Rock (brilla con intensidad la spectoriana “Girls In Their Summer Clothes”).

Bruce Springsteen no gozará del prestigio intelectual de otros artistas, pero la calidad de su trabajo resiste la comparación con cualquiera de ellos. Resulta lamentable comprobar cómo muchos le desdeñan desde el desconocimiento o porque no entra en el canon de lo ‘cool’ proclamar que te gusta Springsteen. No obstante, parece que su figura cada vez es más reconocida por grupos ‘indies’. Llegará el momento de su exaltación. No cabe la menor duda de que será reivindicado como una figura esencial. En contraposición, también es irritante comprobar como para muchos el rock se reduce a Springsteen. Ni una cosa, ni la otra.

El genio de Freehold se merece un puesto de honor en el Olimpo. Sólo hay que asistir (uno siempre acaba estupefacto) a alguno de sus incontestables directos para saber que es muy grande. Y si no, basta con un somero repaso a su primera etapa antes del estrellato universal. O, qué demonios, tengamos en cuenta que fue capaz de descartar los temas incluidos en la magnífica caja “Tracks” (1998). Este tipo ha hecho historia.

Por Jose Luis Ruiz

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11 obras maestras: los álbumes de los Beatles

Publicado el Viernes 28 julio 2017

Durante los meses de septiembre y octubre de 2008, publicamos un extenso reportaje sobre los Beatles, sacado de un viejo ejemplar de la revista Muy Interesante con el permiso de su director, José Pardina. Tras desempolvar para todos aquel excelente trabajo, dividido en entregas para la ocasión, dejamos pendiente para más adelante la publicación de un anexo en el que el autor original del texto comentaba, en tan solo unas pocas líneas (poco más de dos o tres columnas en la revista), los once discos originales de los chicos de Liverpool descontando singles, ediciones especiales, recopilaciones y demás. Al final, por unas cosas u otras nunca llegábamos a publicarlo en la web. Ya es hora, creo yo, de completar el círculo y ofreceros a todos ese curioso anexo, todo un ejercicio de síntesis de escritura a mi modo de ver. Disfrutadlo.

Beatles Para siempre: 25 años desde “Love me do”. Anexo “11 obras maestras, los álbumes de los Beatles”
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
http://www.muyinteresante.es/

Comentarios al texto (en negrita cursiva) por Leo.

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Portadas de los cuatro primeros LPs de The Beatles.


The Beatles: Grabado en 16 horas y lanzado en abril de 1963, contenía siete títulos compuestos por Lennon y McCartney (algo insólito hasta la llegada de los cantautores). Un EP extraído del álbum, cuyo tema principal era Tiwst and shout, fue su primer éxito en España.

With The Beatles: Publicado el 22 de noviembre de 1963, de cara a las navidades, incluía siete temas propios y una original portada, muy imitada después. Sale sin single de apoyo, con entidad propia y no como una recopilación de éxitos. La canción I want to hold your hand les abre las puertas del mercado USA.

A hard day´s night. Editado el 10 de julio de 1964, es un más difícil todavía: un LP de encargo íntegramente compuesto por John y Paul para servir de banda sonora a una película. Un éxito total apoyado por el film.

Beatles for sale: Como indica el título, es un saldo de Beatles. Agotados después del esfuerzo de la película, hacen ocho composiciones a trancas y barrancas para el LP, que sale el 27 de noviembre de 1964. Baja el nivel de calidad, pero aun así hay innovaciones en temas como Eight days a week o I feel fine.

Help!: Publicado en Agosto de 1965 como banda sonora de la película del mismo título. No es tan homogeneo como A hard day´s night, pero hay novedades como la influencia de la droga (marihuana todavía) en Help!, de Dylan en You´ve got to hide your love away, y la famosísima Yesterday, cantada en solitario por Paul.

Rubber soul: 3 de diciembre de 1965. Se insiste en el álbum concebido como un todo, a base de encerrarse en el estudio de grabación. Dos importantes composiciones de Harrison: Norwegian Word y If i needed someone.

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No pocos sostienen que Help! y Rubber Soul marcan la frontera entre los primeros Beatles, comparables de alguna forma a las posteriores “boy bands” y musicalmente desenfadados, y la banda que vendría a partir de entonces. La transición desde la mentalidad juvenil a otra más adulta propiciada por el paso de los años, influencias como las de las drogas y el pasar horas y más horas experimentando en el estudio de grabación, dieron como resultado un grupo musicalmente mucho más sólido, aunque a cambio terminó perdiendo la frescura de los primeros tiempos.


Revolver: Editado el 5 de agosto de 1966, marca una ruptura en su trayectoria. Se saca el máximo partido del estudio de grabación, y el ritmo de producción baja de dos a un álbum anual. Para muchos, el LP cumbre de los Beatles, o el que mejor ha envejecido.

Sgt. Pepper´s lonely hearts club band: Influidos por el LSD, se encierran nueve meses en el estudio de grabación. Cuando el álbum aparece el 1 de junio de 1967, es el primer LP concebido como un todo, una larga suite cuyas piezas no pueden alterarse sin romper la unidad del conjunto. Su look ha cambiado: bigotes y aires pseudointelectuales.

The Beatles (white album): Aparecido en noviembre de 1968, es doble y significa una vuelta a los orígenes. Ya no actúan como grupo, si no como entidades separadas y con invitados, como Eric Clapton, que toca con Harrison While my guitar gently weeps.

Abbey road: 26 de septiembre de 1969. Su último LP como grupo, se grabó después de let it be, pero acabó lanzándose antes. Paul domina la cara A y John la B, pero los mejores resultados son de George con Something y Here comes the sun.

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El cenit creativo de los Fab Four reunido en una única imagen. Cuatro clásicos indiscutibles cuya influencia ha traspasado el ámbito de la música popular: el paso de cebra de Abbey Road se hizo muy famoso nada más publicarse el LP que tomó el nombre de la, hasta entonces, casi anónima calle. Hoy día es una visita obligada para los millones de turistas que llegan a Londres cada año, quienes no pierden la oportunidad de fotografiarse posando como los Beatles en aquella portada ya mítica.


letitbeLet it be: Publicado el 8 de mayo de 1970, cuando ya cada miembro del grupo iba por libre. Los productores George Martin, Glyn Johns y Phil Spector se encargan de hacerlo comercializable. El trabajo de Phil Spector, responsable último de la producción del disco, levantó suspicacias desde el principio incluso entre los propios Beatles. Lennon lo elogió, pero McCartney nunca se cansó de expresar su disgusto ante el aspecto que el famoso “muro de sonido” de Spector había otorgado al disco.  Finalmente Paul se salió con la suya, y en 2003 se publicó Let it be… naked a partir de una idea original del propio ex Beatle y en el que, como el nombre indica, Let it be se nos presenta “desnudo” de toda la sobreproducción característica de Spector.

Pincha aquí si quieres leer “Beatles para siempre: 25 años desde “Love me do”.

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Beatles para siempre: Cuarta (y última) Parte

Publicado el Domingo 2 julio 2017

Viene de la Tercera parte

Finalmente llegamos a la conclusión del reportaje sobre los Beatles que hemos venido publicando por entregas a lo largo de las últimas semanas. Al principio tenía pensado dividir esta última en dos partes separadas, pero he decidido publicarlo todo en un único capítulo. Aunque con ello resulte un texto un poco más largo respecto al resto de entregas, creo que según vayáis leyendo entenderéis por qué lo publico entero. Os aseguro que merece la pena, porque esta parte final es realmente hermosa, y es la que marca la diferencia definitiva entre un buen reportaje sobre los Beatles y la inmensa mayoría de lo que se ha publicado sobre ellos en Internet. Espero sinceramente que lo disfrutéis como seguramente lo habréis hecho hasta ahora.

Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

ABAJO: La figura de John Lennon, idealizada por su trágico final a manos del fan Mark David Chapman en 1980, se destaca fácilmente del resto del grupo. Su relación con Yoko Ono le llevaría a divorciarse de los Beatles, algo que no le perdonarían ni sus fans ni sus propios compañeros.

En Mayo de 1970, coincidiendo con el lanzamiento del último álbum del conjunto, Let it be, Paul comunicó oficialmente la separación de los Beatles. John ya llevaba algún tiempo trabajando por su cuenta con Yoko Ono en álbumes más experimentales que los de los Beatles (y, en ocasiones, también bastante más insoportables), y terminaría emprendiendo una cruzada por la paz y el desarme que le llevaría a estar fichado por el FBI y dificultaría su asentamiento en Nueva York, donde se establecería para criar a su hijo con Yoko, Sean, nacido en Octubre de 1975. Sería asesinado a la puerta de su casa de varios tiros a bocajarro el 8 de Diciembre de 1980. Un desequilibrado admirador, Mark David Chapman, le esperaba a su regreso del estudio de grabación, donde él y Yoko daban los últimos toques al álbum que suponía su regreso a la música, Double fantasy.

Paul terminó casándose con Linda Eastman, heredera del imperio Kodak, una hogareña mujercita que empezó a llenarlo de hijos y de chalecos a rayas. Su música se volvió una pizca hortera (más si cabe de lo que fue en su última etapa con los Beatles), pero tuvo el coraje de empezar desde cero con su grupo Wings, tocando en pequeñas salas. Muerto John, ha sido el único de los Beatles capaz de retomar éxitos multitudinarios, y hoy se le calculan unos ingresos de unos 130 millones diarios (en pesetas de 1987, se entiende). Su canción más difundida, Yesterday, ha alcanzado las 1500 versiones, y suena un promedio de una vez por minuto en todo el mundo. A finales de los 90, y coincidiendo con la enfermedad y muerte de Linda a causa del cáncer, su estrella comenzó a declinar. Los avatares de su vida privada han hecho que su nombre termine ocupando más espacios en las páginas de sociedad y en los temibles tabloides ingleses que en las listas de ventas, aunque gracias a su hija Stella, que ha logrado hacerse un hueco como diseñadora de moda, el lugar de la familia entre las personalidades de éxito parece estar a salvo.

George tuvo un brioso arranque con su triple LP, All things must past, luego ensombrecido por la condena por plagio de su single más famoso, My sweet lord, idéntico al He´s so fine de los Chiffons. El concierto benéfico por Bangla Desh fue su momento estelar antes de pasar a una discreta penumbra. Discreta penumbra de la que nunca salió Ringo Starr, que hizo sus versiones más o menos simpáticas y frecuentó más que sus compañeros las aventuras cinematográficas. En 2001 George también perdería una larga batalla contra el cáncer. Desde años antes de aquel triste suceso muchos fans de los Beatles se han esforzado por revindicarlo como el “cerebro en la sombra” de la banda y como un instrumentista y compositor más que competente. Muchos cinéfilos también le tienen un hueco reservado gracias a su productora Handmade Films, responsable entre otras de todo un clásico como La vida de Brian, la mejor película de los geniales Monty Python. En cualquier caso, su saldo en solitario en modo alguno puede compararse al legado que han dejado como grupo.

La química de los Beatles funcionaba como una extraña amalgama de personalidades. Su productor, George Martin, definió el ajuste entre John y Paul comparándolo con la mezcla entre el vinagre y el aceite: aislados, pueden resultar demasiado ácidos o excesivamente untuosos; juntos, se equilibran. Lennon aportaba un innegable desgarro, una fuerza corrosiva y un toque blues que añadían mordiente a las canciones; McCartney proporcionaba la ligereza, el optimismo, la fluidez melódica. Y no hay que desdeñarlos como instrumentistas: John imprimía a su guitarra un ritmo personal e intransferible, Paul introdujo muchas novedades en el uso del bajo y la guitarra solista de George o la batería de Ringo eran justas y eficaces, lejos del exhibicionismo posterior del rock.

Y luego estaban sus personalidades: fáciles de diferenciar, pero, al igual que sus voces, perfectamente capaces de amalgamarse en un todo. No es difícil destacar, con todo, la de Lennon, agrandada por la mitología y la necrofilia. John Winston Lennon era un niño de postguerra, nacido en pleno bombardeo alemán sobre Liverpool. Llevaba como estigma bélico ese segundo nombre en homenaje a Winston Churchill, al igual que la España posterior a 1939 se pobló de significativos Jose-Antonios. “Me nausearon en Liverpool mientras los hitléricos bombardeaban el barrio”, escribía en In his own write.

Su libro preferido era Alicia en el país de las maravillas, y Peter Pan su mito emblemático: el síndrome de quien se negó a crecer. No es que Lennon no quisiera evolucionar: se fue de los Beatles porque no se resignaba a estancarse. Es que no aceptaba los mecanismos iniciáticos por los que alguien deja de ser él mismo para encajar en el molde que a cada uno, como el ataúd, se le tiene preparado: profesión, oficio, talante, personaje, carnet de identidad, libreta militar, permiso para conducir… Por no aceptar, no quiso ni siquiera pasarse la vida siendo un Beatle. Y esa fue su perdición. Uno de sus fans que no aceptó ese cambio acabó con su vida.

Con todo, hay algo que diferencia radicalmente a John Lennon, no sólo respecto a otros hombres ilustres, sino incluso en relación con otras figuras del rock. Él lo tuvo todo a los 25 años: era mundialmente famoso y en su cuenta corriente entraban anualmente 900 millones de los de entonces sin necesidad de hacer nada. Él decía que se alegraba de haber llegado joven a esa situación porque así se sentía completamente liberado. Le parecía terrible luchar toda una vida para situarse, hacerse célebre, ser respetado e influyente, tener pasta. Él ya lo había logrado y se dedicó directamente a ser persona. A ser persona, no a ser adulto. Y a partir de determinado momento quiso utilizar su influencia para arreglar un poco las cosas. No le faltó instinto al abrazar la causa del pacifismo, a la que proporcionó su himno Dad una oportunidad a la paz.

La influencia de los Beatles en la música y en la cultura popular permanece intacta transcurridos casi cincuenta años desde la publicación de su primer single. IZQUIERDA: Portada del LP The black and white album de The Hives (2007), claramente inspirada en la portada del With The Beatles de 1963.

Pero muchas de las características que en John se daban en grado superlativo serían extensibles a los otros Beatles. Ellos surgieron en los años 60 por un cúmulo de circunstancias difícilmente repetibles. Cuando aparecieron en escena, el rock and roll que hoy llamamos clásico, el de los años cincuenta, estaba prácticamente en extinción, con Elvis en la mili, Little Richard en un convento, Chuck Berry en la cárcel, Buddy Holly en la tumba, Jerry Lee Lewis fuera de combate por haberse casado con su primita de 12 años… Los Beatles retomaron esa herencia, la estilizaron, la recrearon, la pusieron al día, la hicieron evolucionar y salvaron todo ese torrente de energía adolescente proyectándolo hacia metas más ambiciosas.

La suerte quiso que todo eso coincidiera con un vasto movimiento de revisión de valores de los que gente como ellos (o Dylan) se convirtieron en portavoces. Como haría notar Lennon, tenían la impresión de ir todos en un mismo barco que navegaba hacia delante; quizá ellos fueran en la proa o en lo alto del palo mayor, pero el barco se movía solidariamente. Con razón los propios Beatles se negaron siempre en redondo al paripé de la reaparición: habría habido que recomponer toda una época para que su vuelta tuviese sentido. Seguramente ha habido momentos más vanguardistas en la cultura del siglo XX, e incluso más comerciales; pero una mezcla tan convincente de profundidad y difusión raramente se ha dado y difícilmente volverá a repetirse.

IR AL ANEXO “11 OBRAS MAESTRAS: LOS ÁLBUMES DE LOS BEATLES”.

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Dennis Wilson, “Farewell My Friend”

Publicado el Miércoles 31 mayo 2017

Dennis Wilson (9-diciembre-1944) fue el más mujeriego, problemático y salvaje de los tres hermanos, la oveja negra en un clan familiar donde con el tiempo se vería que nínguna oveja era precisamente blanca. Sintió especial pasión por el mar, la pesca y el surf, atracciones que unidas a la música compaginó encantado con las chicas, los coches y las drogas. En una familia en que la música formaba parte de la vida cotidiana (su padre, tirano y frustrado compositor según todas las crónicas, tocaba el piano, su madre el órgano), no era raro ver a los hermanos Wilson interpretando canciones en fiestas del colegio o en reuniones familiares, sobre todo los viernes por la tarde. Su inquietud, aficiones y rebeldía hicieron que Dennis no mostrara tantas facultades ni interés como sus hermanos. Tuvo que interceder su madre para que lo aceptaran en la banda que pasaría a la historia como The Beach Boys. Además de participar en las voces, decidieron ofrecerle el puesto de batería, aunque no siempre fue él el que grabó el instrumento en los discos. Siendo el único que practicaba surf era lógico que fuera el más influenciado por toda la moda que surgió alrededor de este deporte: chicas, sol, vacaciones y música, con los instrumentales de Dick Dale y sus Deltones como punta de lanza. Comentó al grupo lo divertido que sería componer una canción sobre aquella moda juvenil, naciendo así el que sería primer éxito de la banda, “Surfin”. Con el tiempo, aunque con frecuencia metido en peleas y algún que otro accidente de coche, acabó convirtiéndose en un buen instrumentista, aprendió a tocar el piano y aunque seguramente era el más limitado de los hermanos para cantar, Dennis suplió las carencias de su voz con altas dosis de intimidad y una capacidad envidiable para lograr emocionar. Se estrenó como compositor cuando la fama de los Beach Boys cotizaba a la baja y la Invasión Británica al alza, era el final de la década de los ’60, el apogeo del hippismo y la psicodelia. La sombra de Brian Wilson se desdibujaba por momentos, aprovechando los demás componentes los resquicios para empezar a mostrar el brillo de sus luces. La primera canción compuesta por todos los Beach Boys sin la colaboración de Brian Wilson aparece en el disco de 1967 “Wild Honey” (se trata del tema “How She Boogalooed It”). En el siguiente disco, “Friends” (1968), Dennis Wilson firmó sus primeras composiciones sin la participación de sus hermanos, sencillas pero de gran calado emocional (“Little Bird” y “Be Still”, esta última sobrecoge tan sólo con voz y teclado), donde los excesos ya empezaban a notarse en sus cuerdas vocales. Amigo del riesgo, en esta época Dennis no hacía ascos a ninguna sustancia ni fiesta y si había mujeres por medio mucho mejor. Fueron precisamente dos amigas de Charles Manson las que le llevaron a entablar amistad con este lunático personaje, amistad que casi le cuesta la vida a él y a un hijo suyo (“soy el tipo más afortunado del mundo, porque salí de ésto perdiendo apenas algo de dinero”). Tanto su carrera como la de los Beach Boys quedaron muy tocadas tras el descubrimiento de su relación con este asesino.
Dennis alcanzó la madurez compositiva coincidiendo con el cambio de década y de casa discográfica, demostrando todo su talento en el primer disco de los Beach Boys para la Warner, mucho más colectivo y con menor participación directa de Brian (aunque este siguió ofreciendo en él, como no, alguna de las mejores perlas del disco), el titulado “Sunflower” (1970), en el que merece mención especial la composición de Dennis “Forever”, emocionante balada con todos los ingredientes para convertirse en clásica, situándose a la altura de las mejores canciones del grupo. En 1971 se editó la película de carretera dirigida por Monte Hellman “Two-Lane Blacktop” (“Carretera asfaltada en dos direcciones”) en la que Dennis interpretó uno de los papeles protagonistas como “El Mecánico”. Ese mismo año en un accidente con una puerta de cristal se cortó varios tendones de la mano, lo que le impidió tocar la batería durante cinco años. Vuelve a aparecer en los créditos como compositor y productor en el álbum “Carl And The Passions – So Tough”, editado en 1972 (“Carl & The Passions” fue uno de los nombres del grupo antes de llamarse Beach Boys), con dos canciones que elevan el disco de las sucias aguas por las que navega la mayor parte del tiempo: “Make It Good” y sobre todo la que cierra el álbum “Cuddle Up”, íntima, desgarradora por momentos, obra maestra que no desentonaría en el posterior disco en solitario “Pacific Ocean Blue”. Encontramos otra joya para colocar en el altar de las mejores baladas en el disco “Holland” (1973), “Only With You”, esta vez cantada por su hermano Carl. En 1974 colaboró con Billy Preston en la composición de la canción “You Are So Beautiful”, que haría famosa Joe Cocker y que Dennis cantaría en numerosos conciertos como homenaje a sus fans.
No debemos olvidar que el punk y la nueva ola se imponían entre las noticias de las revistas y emisoras musicales en 1977, cuando se editó el primer disco en solitario de un miembro de los Beach Boys, el “Pacific Ocean Blue” de Dennis Wilson, que aunque tuvo buenas críticas, fue aceptable pero escasa la respuesta del público. No era música de moda, incluso se la podía ver en muchos aspectos como una revisión de estilos ya desarrollados anteriormente. Pero, como suele pasar con las cosas en las que uno lo entrega todo, el tiempo se encargó de hacer relucir cada vez con mayor intensidad toda la personalidad, talento y emoción que sus surcos contenían. Se convirtió en disco de culto y hoy ya no es raro verlo en las listas de los mejores discos del rock. Dennis se implicó al máximo en todo el proceso encargándose de la composición, arreglos, producción, voz, teclados y batería (con la colaboración destacada de Gregg Jakobson, familiares y abundantes músicos en vientos, coros, bajo y guitarra). En este trabajo entregó su alma, en medio del caos en que se había convertido su vida logró encontrar el espíritu palpitante de unas flores destruídas años atrás. Nos habla de deseos en la grandiosa “River Song”, de su amor por el rock and roll en “What’s Wrong” y en “Friday Night” (esta con una introducción que recuerda claramente al “Shine On You Crazy diamond” de Pink Floyd, grupo que personalmente opino que flota en canciones y ambientes de este disco), de amor y soledad en las desgarradoras “Thoughts Of You” y “Time” (Randy Newman, nacido también en Los Angeles, viene inevitablemente a mi cabeza también en varias canciones de esta obra), de ecología en “Pacific Ocean Blue”, de color y esperanza en “Rainbows”, de despedidas inevitables en la atmosférica y genial “Farewell My Friend”, de sueños y realidad en “Dreamer” o en la que cierra el disco “End Of The Show”, con una voz conmovedoramente rota. Abrazado por una suntuosa producción y exquisitos arreglos el corazón que late es el de un disco de sombras y soledad, alejado del sol y la alegría, donde las únicas luces que brillan son las de la luna y la esperanza.
La nueva edición del disco, publicada este año, está realizada con esmero y cariño. Además de la excelente presentación, fotos e información, aporta abundante material inédito, con especial dedicación a las canciones del álbum que estaba preparando antes de morir, “Bambu” (antes de las investigaciones para esta reedición se conocía como “Bamboo”). Se trata de temas en general menos oscuros y personalmente me parecen de menor intensidad emocional, siendo la sensación que me dejan la que frecuentemente acompaña a este tipo de reediciones: resultan interesantes, emocionantes incluso en ocasiones, que sacian la ilusión y el afán completista, pero que en ningún momento superan lo ya escuchado (por el momento me quedo con “Love Remember Me”, “Wild Situation”, “Album Tag Song”, y sobre todo los bonus “Tug Of Love” y la versión interpretada esta vez por él del “Only With You”).
La publicación del disco en solitario no significó que dejara de pertenecer a los Beach Boys, siguió como miembro de la banda con sus altibajos por problemas derivados de la drogadicción, con expulsiones y reconciliaciones, entregando dos buenas composiciones para el álbum de los Beach Boys “L.A. Light Album” de 1979, que tenía previstas para “Bambu”: “Love Surrounds Me” y “Baby Blue”.
En 2007 se puso a la venta el DVD documental “Dennis Wilson Forever”, un repaso a su vida a traves de entrevistas a gente que lo conoció muy de cerca, producido y dirigido por su cuñado Billy Hinsche, componente del grupo Dino, Desi & Billy, además de acompañar como multiinstrumentista a los Beach Boys y otras formaciones (todavía no he tenido la oportunidad de verlo).
Rebelde y carismático, cinco matrimonios con sus correspondientes divorcios (entre ellos con Christine McVie, de los Fleetwood Mac), cinco hijos, amistades peligrosas, varios intentos de rehabilitación sin éxito, una fortuna gastada sin control llegando a perder una de sus pertenencias más queridas: el velero “Harmony”, expulsiones varias de la banda llegando a las manos con su primo Mike Love, quien decidió contratar guardaespaldas para que no se le acercara, especialmente cuando estuviera bebiendo “zumo de naranja” (solía usarlo para mezclar el vodka). Cumplíó a rajatabla los lemas “Vive rápido, muere joven y tendrás un cadáver bonito” o “Sexo, Drogas y Rock and Roll” acompañándolos de fuertes dosis de generosidad autodestructiva. La gente que lo conocía sabía que no estaba hecho para durar, por lo que la noticia de su muerte el 28 de diciembre de 1983 más que sorpresa era algo esperado. En una de sus inmersiones en Marina del Rey no salió a flote. Si bien los conflictos todavía seguirían. Los familiares discutieron sobre el lugar donde enterrarlo, si junto a su padre o en el mar; ganaron los que opinaban que deseaba hacerlo en el océano Pacífico, aunque para ello necesitaran la intercesión de Ronald Reagan para conseguir el permiso. Tampoco lograron ponerse de acuerdo en la canción de despedida ni en quien leería un relato de la biblia, mientras su hijo Michael tendría pesadillas con el entierro durante años.
En fin, una familia con sus problemas y conflictos que será recordada por componer una banda sonora muy especial tanto para su película como para la nuestra.

Enlaces interesantes:
En este enlace tenéis una página muy completa sobre Dennis y los demás miembros de los Beach Boys (en castellano)
Aquí una buena crónica sobre todo lo que rodeó su muerte (en ingles)
Aquí una entrevista realizada en 1976 (en inglés)
En este otro de youtube una corta entrevista en TV al grupo en 1980, con Dennis… un tanto “perdido”, no es de buena calidad pero vale la pena. Fijaros en el saludo: “good morning”… todavía es por la mañana…

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