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25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Publicado el domingo 5 noviembre 2017

25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Por José Luis Ruiz

Kurt CobainDicen que la melancolía es la dicha de estar triste. Pues para aquellos que se recrean en la autocompasión hemos confeccionado una lista de 25 discos. Una colección de álbumes infalibles si el objetivo es que se te ponga un nudo en la garganta. Y, dependiendo del momento y el estado de ánimo, no es descartable que rompas a llorar… La coartada para realizar esta torturada lista no es otro que la reedición de “Songs Of Leonard Cohen”. No se trata del disco más deprimente del bardo de Montreal (en ese sentido “Songs Of Love And Hate” se lleva la palma), pero sí el que contiene sus mejores canciones.

El debut de Leonard Cohen (en la flamante revisión se añaden un par de temas extras y el formato presentado es el de libro) es la obra maestra por antonomasia del folk literario. Nunca el erotismo sonó tan desesperado, ni la soledad tan bellamente triste, ni la religiosidad tan profana. La mayor parte de las canciones hablan de ‘affairs’ que no funcionan. El amor es una lucha por ver quién tiene el poder. Todo radica en quienes son nuestros maestros y profesores en la espinosa cuestión del corazón. Al final uno acaba siendo un extraño (“The Stranger Song”), siempre de paso por las relaciones (“Winter Lady”), diciendo adiós (“So Long, Marianne”, “Hey, That’s No Way To Say Goodbye”) o refugiándose en la quintaesencia del deseo pasajero (“Sisters Of Mercy”).

Un gran fan de Leonard Cohen fue Kurt Cobain, impulsor de otra de las piezas más agónicas ideadas por un ‘songwriter’: “In Utero”. Múltiples enfermedades, violación, tristeza (“Echo de menos el consuelo de estar triste” aúlla en “Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle”), alienación y suicidio. Y como corolario un cierre escalofriante como es “All Apologies”. Todos estábamos avisados de lo que iba a pasar y… pasó. Los incrédulos pasaron a venerar de forma lamentable a Nirvana. En fin, cosas que pasan. No es extraño que en el último episodio de la tercera temporada de la magnífica serie “Perdidos” un enajenado y nihilista Jack escuche a todo volumen el “In Utero”. ¿Adónde va? A un funeral.

Otro par de artistas imprescindibles para los aficionados al lado oscuro son Nick Drake y Elliott Smith. El primero grabó su testamento en dos noches: el sublime “Pink Moon”. Voz, guitarra y algún que otro piano. Nada más. Espartano y sumamente efectivo. La depresión de Nick Drake alumbró un escueto discurso que corta la respiración y que tiene al menos dos de los momentos más brillantes de la música popular (la canción que da título al disco y “Things Behind The Sun”). Por su parte, Elliott Smith también murió de forma trágica a edad temprana y, al igual que Drake, posee una esencial carrera corta en la que la tristeza es tan dulce que se antoja difícil contener las lágrimas. “Elliott Smith” es un tratado de rabia contenida. Adicción a sustancias ilegales, mentiras y desamor. Sabiamente, Wes Anderson usó la vibrante “Needle In The Hay” en la escena de suicidio de “Los Tenenbaums”.

Cerca de los presupuestos estéticos de Drake y Smith se sitúan American Music Club y Red House Painters. O es lo que es casi lo mismo: Mark Eitzel y Mark Kozelek. Un par de grandes talentos que saben sacar el mejor de los partidos a la desesperación. “California” y el doble “Red House Painters” esconden tesoros del mejor ‘miserabilismo’: “Blue & Grey Shirt”, “Jenny”, “Grace Cathedral Park”, “Mistress”, “Katy Song”… No es indispensable ser tan sensible como Morrissey para que se te pongan los pelos de punta escuchando semejante exposición de lamentos.

Elliott SmithY canciones tan buenas como las citadas también las extraen de sus particulares fórmulas mágicas otros trágicos alquimistas como Low, Tindersticks y Nick Cave & The Bad Seeds. Mientras los primeros esgrimen un discurso minimalista al que le sacan un jugo increíble (sirvan como ejemplos las descarnadas “Sunflower”, “Dinosaur Act”, “Whore” y “Like A Forest”, todas ellas incluías en el fabuloso “Things We Lost In The Fire”), tanto Tindersticks como Nick Cave se valen de un soporte más florido… pero igualmente agónico.

Y como maestros tanto de Stuart Staples como de Nick Cave se sitúan el siempre enigmático Scott Walker y el injustamente olvidado Tim Hardin. Romanticismo y brutal honestidad a partes iguales de los que no encuentran consuelo salvo en ese refugio que es el arte. Por cierto que en el caso de Tim Hardin, otro de los que cayeron presa de la drogadicción más voraz, es vital encontrar la edición que comprime en un cd sus dos primeros discos. “Tim Hardin 2” también debe ser citado en esta antología del naufragio emocional. De hecho, se trata de un álbum más consistente que su predecesor (y tiene tres temazos tan definitivos como “If I Were A Carpenter”, “Lady Come From Baltimore” y “Black Sheep Boy”). Ahora bien “Tim Hardin 1” te noquea por piezas de fragilidad cristalina como “It’ll Never Happen Again”, “Part Of The Wind”, “Reason To Believe” o “How Can We Hang On To A Dream”.

Todos estos artistas se inspiran en momentos críticos, pero hay algunos que han entregado sus obras más psicológicamente desarmantes en situaciones insoportables. Verbigracia: Eels y Neil Young. La muerte de familiares o allegados inspiró a ambos a idear sendos tratados de la desolación más absoluta. “Electro Shock Blues” y “Tonight’s The Night” son puro ‘hard-listening’, ejercicios de auténtico masoquismo. Sólo aptos para sufridores… Hace falta valor para pinchar algún tema de estos dos discos en el típico ‘party’ de buen rollo. Hay otros discos que son premonitorios de que llega la Parca: “Closer” de los siempre inquietantes Joy Division. El gran Ian Curtis gozó del prestigio merecido una vez que se quitó la vida. Su legado es tan opresivo y claustrofóbico como brillante y sin parangón. Con Joy División nació y murió un estilo. Y no hay que olvidar que si “Closer” es asfixiante, “Unknown Pleasures” también aglutina suficientes motivos para estar en una lista de esta índole. Igualmente influyente es el genial “Berlin” de Lou Reed. La tremendista historia de Jim y Caroline. Drogas, prostitución, abusos y de postre un poquito de suicidio. “Transformer” posee los ‘hits’, pero “Berlin” es la desnuda verdad de un artista inconformista y esencial como pocos.

Que te rompan el corazón ha generado pingües beneficios artísticos. Artistas tan dispares como Bob Dylan, Billie Holiday, Sebadoh y Frank Sinatra dan magistrales lecciones de cómo uno intenta superar el fin de una relación. El dolor por el amor perdido incrementa la intensidad emocional de discos que son terapéuticos tanto para aquellos que los idearon como para los oyentes que buscan consuelo tras una separación.

Hay otros que sorprenden por su sinceridad. El estudio de grabación se convierte en una especie de confesionario. Casi da verguenza que te suelten de sopetón y a la cara verdades tan íntimas. Y si encima es gente como John Lennon, Bob Mould o Joni Mitchell uno no sabe ni cómo responder. O sí. Hay que rendirles pleitesía. Es necesario mucho coraje para desnudarse así ante el gran público. Y lo mejor de todo es que el envoltorio en el que introducen esos mensajes sin censuras no puede ser más excelso.

Mención aparte merece Bruce Springsteen. “Nebraska” es un álbum tan valiente que sigue causando estupefacción un cuarto de siglo después. Grabado en un cuatro pistas, Springsteen se vale de su grave voz, una guitarra y una harmónica para desentrañar el misterio de la América más profunda. Tétricas historias de ‘killers’ y ‘losers’. El ‘Boss’ se acaba preguntando con razón cómo es posible que la gente encuentre razones para seguir creyendo.

Y, por último, dos autores con poca suerte, pero con mucha influencia en generaciones venideras. Alex Chilton y Jeff Buckley. El tercer disco de Big Star es tan errático como hermoso. Es un álbum deslavazado que tardó una eternidad en ver la luz (tres años) y con temas tan hirientes como “Holocaust” o “Kangaroo”. Dicho sea de paso de ésta última composición hacía una versión Jeff Buckley. El malogrado hijo del mercurial Tim dio en la diana a la primera con “Grace”. Es una ‘masterpiece’ que en sus mejores momentos (“Grace”, “Last Goodbye” y “Lover, You Should’ve Come Over”) alcanza cotas sublimes. Y encima tiene la versión entre las versiones: “Hallelujah” de Leonard Cohen, el causante de este repaso a un ramillete de discos perfectos para instantes de bajón. Eso sí, se recomienda no abusar…

LA LISTA (por orden cronológico):

-Frank Sinatra: In The Wee Small Hours (1955)
-Billie Holiday: Lady In Satin (1958)
-Tim Hardin: Tim Hardin I (1966)
Leonard Cohen: Songs Of Leonard Cohen (1968)
-Scott Walker: Scott 3 (1969)
John Lennon: Plastic Ono Band (1970)
-Joni Mitchell: Blue (1971)
Nick Drake: Pink Moon (1972)
-Lou Reed: Berlin (1973)
-Neil Young: Tonight’s The Night (1975)
-Bob Dylan: Blood On The Tracks (1975)
Big Star: Third/Sister Lovers (1978)
-Joy Division: Closer (1980)
-Bruce Springsteen: Nebraska (1982)
-Hüsker Dü: Candy Apple Grey (1986)
American Music Club: California (1988)
-Sebadoh: Bubble And Scrape (1993)
Red House Painters: Red House Painters (1993)
-Nirvana: In Utero (1993)
-Tindersticks: Tindersticks (1993)
-Jeff Buckley: Grace (1994)
-Nick Cave & The Bad Seeds: The Boatman’s Call (1997)
-Elliott Smith: Elliott Smith (1998)
-Eels: Electro Shock Blues (1998)
-Low: Things We Lost In The Fire (2001)

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Pete Dello, Modestia y Talento

Publicado el domingo 29 octubre 2017

Pete Dello (Peter Blumson) nació en 1943 en Oxfordshire, Inglaterra. Aprendió a tocar el piano admirando a Fats Domino o Harry Champion, y la guitarra a Scotty Moore, Cliff Gallup o Chet Atkins. Los primeros pasos musicales a nivel profesional los dio en el sello Apollo Music (Decca Records), trabajando sobre todo como arreglista para Lionel Bart (autor del musical “Oliver!” o del tema principal de la película de James Bond “Desde Rusia con amor”). Tocó como guitarra solista entre otros grupos con Red Tallis & The Tallismen. Mas tarde en Grant Tracy & The Sunsets, con los que grabó varios singles que no tuvieron repercusión. Aquí coincidió con Ray Cane (de nombre Raymond Byart, había tocado el bajo con The Outlaws). Al disolverse el grupo ambos se unieron al intérprete de soul Steve Darbishire para formar The Steve Darbyshire Band, luego Steve Darbyshare & Yum Yum Band con la incorporación de Terry Noone a la batería (había tocado con los Them de Van Morrison y con Gene Vincent). Grabaron cinco singles, la mayoría con canciones de Dello y Cane; alcanzaron un importante éxito sobre todo a nivel de actuaciones, llegando a tocar como teloneros de Wilson Pickett o Frogman Henry, enfrascándose en numerosas giras. Al mismo tiempo Dello y Cane componían, arreglaban y producían para otros grupos (The Applejacks, The Roulettes… La canción que tuvo mayor repercusión fue “I Don’t Want You” grabada por The Anteeeks). En 1966 Pete sufrió un colapso pulmonar que le obligó a abandonar las actuaciones. Mientras estuvo ingresado en el hospital reflexionó sobre todo lo que había vivido y sobre lo que le interesaba seguir haciendo. Aprovechó para componer el tipo de canciones que realmente deseaba y se centró en el aprendizaje de arreglos orquestales. Harto de las giras, en 1967 le comentó a Cane el deseo de empezar un nuevo proyecto basado principalmente en las grabaciones de estudio y olvidarse del directo. Un día mientras tomaban un café a Cane se le ocurrió el nombre del nuevo grupo al ver pasar un bus: Honeybus. Con la colaboración de músicos de The Roulettes, grabaron un primer single, con dos canciones de Dello (“Delighted To See You” / “The Breaking Up Scene”), que pasó sin pena ni gloria. Para el segundo reclutaron a Peter Kircher como batería y a Colin Hare (antes en Honeycombs, había colaborado puntualmente con David Bowie y había grabado un par de canciones con George Martin barajándose la idea de un lanzamiento en solitario, idea que no prosperó) tocando bajo, guitarra y voz. En la cara A del segundo single grabaron de nuevo una canción de Dello, en esta ocasión firmada con su apellido real, Blumson, “(Do I Figure) In Your Life”, que si bien en un pricipio no alcanzó el éxito deseado, con el tiempo fue considerada como una de las mejores de su repertorio, haciéndose popular gracias a versiones de múltiples artistas. Fue con el tercer single con el que les llegó su mayor éxito, “I Can’t Let Maggie Go” se coló en el top 10 de las listas de radio y cosechó excelentes críticas musicales. Ello conllevó el que la casa de discos intensificara su promoción con actuaciones en TV y una gira incluida. Dello se negó a volver a la carretera y abandonó la banda. Siguió componiendo, produciendo, estudiando música y aprendiendo a tocar el violín, editando en 1969 la canción “I’m A Gambler” bajo el nombre de Lace, y el single “Taking The Heart Out Of Love” / “Uptight Basil”, esta vez con el seudónimo de Magic Valley. Como acompañantes contó con los miembros de Honeybus y músicos de sesión. Con ellos grabó también el disco editado en 1971 por el sello Nephenta, “Into Your Ears”, esta vez publicado bajo el nombre de Pete Dello & Friends. Se trata de una grabación entrañable, con sonido predominantemente acústico, arreglos (a cargo de Ray Cane) de cuerda y viento cálidos con acercamientos puntuales tanto al vodevil como a la psicodelia, armonías muy cuidadas y una voz frágil, con problemas en ese momento, que lejos de disminuir su capacidad para emocionar aporta a las canciones cercanía y humanidad, potenciadas por la producción, con percusiones muy suaves y la voz en primer plano, natural y sin efectos que distraigan. Una de las obras cumbre del pop de cámara. La primera edición contiene 12 canciones, varias de ellas publicadas o interpretadas en directo previamente en sus distintos proyectos, aunque en diferentes versiones. La portada la realizó Roger Dean (conocido por sus diseños para Yes, Asia o el logo del sello Virgin), basándose en la cuarta canción, “Harry The Earwig” cuyo inicio aparece escrito en la carátula (“Harry el tijereta / era un insecto muy extraño / Llevaba una espada / y cabalgaba sobre una oruga…”). La buena acogida por parte de la crítica animó a los componentes de Honeybus a volver a grabar con la formación y nombre originales, pero eso sí, como proyecto de estudio. Grabaron varios singles y un disco que no llegó a publicarse (“Recital”), dando por finalizado definitivamente el proyecto en 1973. En 1989, ya descatalogado el disco de Pete Dello y siendo muy buscado por coleccionistas, el sello See For Miles Records publicó una nueva edición “”Into Your Ears… Plus”, refiriéndose el plus a la adición de las dos canciones del single de 1969 bajo el nombre de Magic Valley, más dos inéditas de 1972, la maravillosa “Here Me Only” y la bella balada “Madame Chairman Of The Committee” que cierra este disco (aparecieron también incluídas en el completo recopilatorio de Honeybus “She Flies Like A Bird”, en 1982).
Convencido de que “I’m A Gambler” era una gran canción y siguiendo son su juego particular volvió a reeditarla en 1973 bajo el seudónimo de Red Harring y en 1975 como Magenta. En 1976 una nueva versión realizada por Dello del éxito “I Can’t Let Maggie Go” se utilizó para un anuncio de TV sobre una marca de pan. Finalmente decidió retirarse comercialmente de la música y dedicarse a la enseñanza.
En 2002 los responsables del festival Felipop invitaron a Pete Dello a participar en la edición de ese año, a quien se le unió su compañero Colin Hare (otro en la lista de ilustres a reivindicar). Tuvieron una gran acogida por parte del público, y fue el inició de una colaboración con los responsables del exquisito sello Hanky Panky Records que dio como resultado el lanzamiento en 2005 de una nueva edición del disco, con el título original pero con una presentación de lujo y diez temas como bonus tracks, entre ellos los singles editados bajo seudónimos, más tres canciones totalmente inéditas: “Texas Candy”, “Hold Up, Fold Up” y la maqueta original de la cara A del primer single de Honeybus, “Delighted To See You”. En 2006 sacaron para los amantes del vinilo una edición limitada en doble LP (aplausos y felicitaciones por el cariño y la calidad con que realizan sus ediciones).
Para finalizar, una declaración del propio Pete Dello que aporta unas pinceladas para comprender mejor su actitud ante la fama, con una última frase que me gusta especialmente: “Nunca pensé en ser famoso, no tengo madera de estrella. Tenía más preocupaciones que subirme al altar de la fama“.

I’m A Gambler”

Páginas que visité con mayor frecuencia para esta reseña (¿weblografía?):

SonicWave
Alohapoprock
Honeybus home page
En busca del vinilo perdido

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La Era De Las Grandes Series

Publicado el lunes 16 octubre 2017

LA ERA DE LAS GRANDES SERIES
Por José Luis Ruiz Mesa

24.jpgLa ingente cantidad de basura que emite la televisión ha provocado que se haya caído en la reduccionista visión de que todo lo que sale por la pequeña pantalla es detrito. Uno siempre ha tenido la impresión de que la cosa iba a peor. Aquellos ciclos de cine de autor son ya un paraíso perdido. Ahora si se emite una película de calidad es a horas intempestivas. La música brilla por su ausencia en la parrilla de las televisiones punteras y si aparece algo interesante es desterrado también a horarios de madrugada. Bien es cierto que antes se abusaba de la música comercial (en el sentido peyorativo de la palabra), pero también es verdad que había espacios para conciertos y especiales donde se apostaba por estilos y grupos de prestigio. Hemos sido presa durante mucho tiempo de “Gran Hermano”, “Operación Triunfo” y demás telebasura.

El caso es que parafraseando a Woody Allen en España no tiran la basura, la convierten en televisión. Pero hay un resquicio para la esperanza de los inconformistas: las series de televisión americanas. Se ha dicho que esta es la era dorada para las producciones “made in USA” y el que suscribe esto no puede estar más de acuerdo. Ahora bien, los hábitos han cambiado y mucha gente disfruta de estas series no a través de la caja tonta, sino por medio de Internet. La razón: la comodidad. Uno no tiene que esperar a que le pongan su ración cada semana. Puede hacerlo cuando quiera y como quiera. Atrás quedan los tiempos en los que uno se convertía en un irreductible fan de “Doctor en Alaska” y sufría lo indecible porque o bien le cambiaban cada dos por tres el horario o bien ponían los capítulos sin ningún orden. Aquello era demencial.

Siempre ha habido series de calidad, pero ahora proliferan hasta el punto de que no cabe la menor duda de que las mejores producciones audiovisuales realizadas en USA no son películas, sino series. Una simple enumeración basta para defender cargado de razón esta idea: “Los Soprano”, “A Dos Metros Bajo Tierra”, “Perdidos”, “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, “Nip/Tuck”, “Roma”, “Deadwood”, “24”, “Dexter”

Estas son las más destacadas, pero hay otro buen puñado de obras que también acaban enganchando: “Héroes” (interesante planteamiento, discutible resolución y futuro poco prometedor), “Weeds” (divertida y con el aval de la excelsa Marie Louise Parker) , “Me Llamo Earl” (corrosiva, aunque reiterativa), “House” (gran personaje que si existiera en verdad sería aborrecible en extremo, algún que otro capítulo excepcional… y también reiterativa), “Anatomía De Grey” (empezó bien, pero se está diluyendo cual azucarillo), “Californication” (David Duchovny se luce haciendo de escritor bloqueado y promiscuo), “The Office” (entretenida sin más pretensiones), “Prison Break” (a pesar de los clichés es muy adictiva; va perdiendo interés progresivamente), “The Shield” (excelente el personaje de Michael Chiklis), “Damages” (interesante estructura y excepcional Glenn Close), “Mujeres desesperadas” (tiene su punto, pero va perdiendo con el paso de las temporadas), “Carnivale” (reflexiones metafísicas y una visión muy personal de la América de 1934)…

Los géneros que tocan son de lo más variado: político, western, mafia movies, histórico, film noir, drama, thriller, fantasía, comedia, etc. O sea que es imposible que uno no encuentre lo que necesita en alguna de las series citadas arriba. Hay para todos los gustos.

Las que uno recomendaría con más pasión se merecen un breve comentario. Así que vayamos al grano:

-“Los Soprano” (1999-2007) es una obra maestra se mire por donde se mire. No tiene nada que envidiar a las cimas artísticas de las “mafia movies” como “El Padrino” o “Uno De Los Nuestros”. Cuenta con un reparto espectacular en el que sobresalen James Gandolfini y Edie Falco como marido y mujer de esta especial familia de New Jersey. Cuenta con un valor añadido: mantiene el nivel con el paso de las (seis) temporadas. David Chase, que por cierto andaba metido también en la reivindicable “Doctor En Alaska”, ha sabido contar una desgarradora historia que sirve de reflexión sobre el poder y la corrupción de una sociedad enferma. Tiene diálogos memorables, situaciones brillantemente resueltas y, sin duda, es un magnífico tratado sobre el alma humana.

-“A Dos Metros Bajo Tierra” (2001-2005) también alcanza cotas sublimes. “Los Soprano” es un análisis de la mafia moderna, mientras que “A Dos Metros Bajo Tierra” se centra en las vicisitudes de una familia de Pasadena que regenta una funeraria. Los Fisher son unos raritos y mantienen relaciones disfuncionales. Alan Ball, que escribió la turbadora “American Beauty”, disecciona con una honestidad brutal la realidad de unos personajes siempre envueltos en conflictos demasiado humanos. El tono de la serie fluctúa. Puede contener momentos de humor macabro o bucear en el interior de la conciencia con exquisita sensibilidad. Y no esconde nada. Homosexualidad, perversiones sexuales, maltratos paternos… Habla de la muerte con la naturalidad que la mayoría evitamos. Es una obra profundamente vitalista. Y cuando se lo propone te pone un nudo en la garganta.

lost.jpg“Perdidos” (2004-?) es droga dura. Si las buenas series causan adicción, “Perdidos” se lleva la palma. Mezcla con acierto aventura, drama, fantasía y thriller. 48 supervivientes del vuelo de Oceanic 815 caen en una isla perdida del Pacífico. La idea de contar las historias de estos personajes a través de “flashbacks” (ahora han empezado a usar “flashforwards”) y de relacionarlos con un entorno extraño y hostil ha deparado un éxito artístico y de público bien merecido. Parece escrita por un Stephen King con veleidades filosóficas y está tan bien hecha que muchos capítulos no tienen nada que envidiar al mejor cine comercial. Es decir, se han gastado bien la pasta. El problema es que están engordando demasiado la trama. Eso ha provocado que ya hayan colado algo de relleno y no hace falta ser Nostradamus para saber que en el futuro lo seguirán haciendo si, como han anunciado, van a las seis temporadas. Una pena. Deberían haber atado cabos y respondido a las mil preguntas que han lanzado al aire. Si hubieran economizado desde un punto de vista narrativo les habría salido una obra redonda.

-“El Ala Oeste De La Casa Blanca” (1999-2006) trata un tema que en manos de otro creador que no fuera Aaron Sorkin podría haber sido un ladrillo. Esta serie enseña los entresijos de una administración que maneja la Casa Blanca y está magistralmente facturada. Su mejor aval es contar con claridad las historias y un reparto de mucha altura. Allison Janney, Bradley Whitford, Martin Sheen, Stockard Channing, John Spencer o Richard Schiff bordan sus papeles. El presidente Bartlet y su staff actúan conforme a un sentido común y un ideario que ya quisiéramos que adoptara Bush.

-“Nip/Tuck” (2003-?) es una inquietante creación de Ryan Murphy. Sean McNamara y Christian Troy son dos cirujanos plásticos que llevan una clínica en Miami. Mientras uno lleva como puede una triste vida familiar que se derrumba paulatinamente, el otro es un inmisericorde mujeriego adorador del dios dólar. En el devenir de la serie surje un inquietante violador en serie. “Nip/Tuck” es una ácida crítica a una sociedad cuyos valores están corrompidos. La importancia que se le da a la apariencia cuando lo esencial es otra cosa. Vivimos vidas superficiales y todo lo que nos importa es que nos operen para dejarnos más bonita la nariz.

“Roma” (2005-2007). No lo he mencionado anteriormente, pero cualquier cosa que provenga de HBO se merece nuestra atención. “Roma” es otro producto de este canal y, desde luego, rezuma calidad. La trama es inmejorable. Es apasionante Historia. Se centra en los años de Julio César y su adoptado sucesor Octavio cuando Roma era el centro del mundo. Las luchas intestinas por el poder, las guerras y la brutalidad más descarnada aparecen muy bien filmadas. Además, la narración avanza a través del punto de vista de dos soldados romanos (Lucius Vorenus y Titus Pullo). Todo está cuidado al detalle (vestuario, puesta en escena, etc.) y cuenta con personajes tan memorables como el interpretado por Polly Walker (Atia). La historia del Imperio Romano ya se había contado muy bien en la clásica “Yo Claudio” (1976), pero en “Roma” se acentúa la crudeza con la que se relatan los hechos. Es, claro, un punto de vista más moderno.

“Deadwood” (2004-2006) es un western de aliento shakespeariano. El autor de esta gran serie es David Milch, que cuenta con mucha pericia los avatares de un pueblo fronterizo en el siglo XIX que desconoce lo que es la ley y el orden. Sí se sabe lo que es el crimen y la prostitución. Y el ansia por enriquecerse como sea. El jefe de Deadwood es el turbio Al Swearengen (impresionante Ian McShane), cuyos tejemanejes son el eje de la trama. El reparto es magnífico y la historia está muy bien escrita. Eso sí, el inicio es lo mejor de esta serie. La primera temporada está por encima de lo que vino después (dos temporadas más).

“24” (2001-?) puede presumir de tener un formato diferente. Cada capítulo es una hora de las 24 que contiene un día. Por ende, cada temporada se desarrolla en un día en el que no hay descansos y se suceden los acontecimientos de forma vertiginosa. Jack Bauer trabaja para la agencia antiterrorista de LA y es el protagonista absoluto de una serie sumamente adictiva. Kiefer Sutherland, que borda su papel, frustra amenazas de bomba y de expansión de virus letales, evita asesinatos a tutiplén… Es un héroe atípico que sigue sus propias reglas. Desde luego no es un bueno al uso. Es capaz de cualquier tropelía con tal de hacer lo que estima oportuno (la tortura a sospechosos es un método del que abusa) y a veces se empecina en actuar conforme a su interés particular en vez de pensar en el general. Los terroristas pueden ser chinos, rusos, musulmanes o balcánicos, pero muchas veces los que hacen daño son los propios americanos. Gente del gobierno o… el propio presidente de los USA. Las mejores temporadas hasta la fecha son la primera y la quinta.

“Dexter” (2006-?) parte de una premisa desafiante y transgresora. ¿Cómo es posible hacer comprensible el universo de un “serial killer” y que el público no lo encuentre totalmente abyecto? Dexter Morgan trabaja para el departamento de Policía de Miami. Es una rata de laboratorio, cuyos conocimientos sobre la sangre son muy útiles en el análisis forense. Está traumatizado pues de niño presenció cómo mataban a su madre. Su padre adoptivo canalizó sus ansias homicidas con un código. Sólo asesina a criminales. Es un monstruo, pero sabe ocultarlo. Está vacío, pero se aferra a la relación con su hermana y con su novia, una vulnerable mujer maltratada por su ex con dos retoños. “Dexter” está sabiamente construida y en su primera temporada todo funciona como el mecanismo de un reloj. La segunda entrega sigue siendo buena, pero no alcanza el nivel de excelencia de la precedente. Dos cosas a destacar: la magistral composición del personaje principal de Michael C. Hall (el gay de “A Dos Metros Bajo Tierra”) y el ingenio puesto en los títulos de presentación de la serie.

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11 obras maestras: los álbumes de los Beatles

Publicado el martes 10 octubre 2017

Durante los meses de septiembre y octubre de 2008, publicamos un extenso reportaje sobre los Beatles, sacado de un viejo ejemplar de la revista Muy Interesante con el permiso de su director, José Pardina. Tras desempolvar para todos aquel excelente trabajo, dividido en entregas para la ocasión, dejamos pendiente para más adelante la publicación de un anexo en el que el autor original del texto comentaba, en tan solo unas pocas líneas (poco más de dos o tres columnas en la revista), los once discos originales de los chicos de Liverpool descontando singles, ediciones especiales, recopilaciones y demás. Al final, por unas cosas u otras nunca llegábamos a publicarlo en la web. Ya es hora, creo yo, de completar el círculo y ofreceros a todos ese curioso anexo, todo un ejercicio de síntesis de escritura a mi modo de ver. Disfrutadlo.

Beatles Para siempre: 25 años desde “Love me do”. Anexo “11 obras maestras, los álbumes de los Beatles”
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
http://www.muyinteresante.es/

Comentarios al texto (en negrita cursiva) por Leo.

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Portadas de los cuatro primeros LPs de The Beatles.


The Beatles: Grabado en 16 horas y lanzado en abril de 1963, contenía siete títulos compuestos por Lennon y McCartney (algo insólito hasta la llegada de los cantautores). Un EP extraído del álbum, cuyo tema principal era Tiwst and shout, fue su primer éxito en España.

With The Beatles: Publicado el 22 de noviembre de 1963, de cara a las navidades, incluía siete temas propios y una original portada, muy imitada después. Sale sin single de apoyo, con entidad propia y no como una recopilación de éxitos. La canción I want to hold your hand les abre las puertas del mercado USA.

A hard day´s night. Editado el 10 de julio de 1964, es un más difícil todavía: un LP de encargo íntegramente compuesto por John y Paul para servir de banda sonora a una película. Un éxito total apoyado por el film.

Beatles for sale: Como indica el título, es un saldo de Beatles. Agotados después del esfuerzo de la película, hacen ocho composiciones a trancas y barrancas para el LP, que sale el 27 de noviembre de 1964. Baja el nivel de calidad, pero aun así hay innovaciones en temas como Eight days a week o I feel fine.

Help!: Publicado en Agosto de 1965 como banda sonora de la película del mismo título. No es tan homogeneo como A hard day´s night, pero hay novedades como la influencia de la droga (marihuana todavía) en Help!, de Dylan en You´ve got to hide your love away, y la famosísima Yesterday, cantada en solitario por Paul.

Rubber soul: 3 de diciembre de 1965. Se insiste en el álbum concebido como un todo, a base de encerrarse en el estudio de grabación. Dos importantes composiciones de Harrison: Norwegian Word y If i needed someone.

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No pocos sostienen que Help! y Rubber Soul marcan la frontera entre los primeros Beatles, comparables de alguna forma a las posteriores “boy bands” y musicalmente desenfadados, y la banda que vendría a partir de entonces. La transición desde la mentalidad juvenil a otra más adulta propiciada por el paso de los años, influencias como las de las drogas y el pasar horas y más horas experimentando en el estudio de grabación, dieron como resultado un grupo musicalmente mucho más sólido, aunque a cambio terminó perdiendo la frescura de los primeros tiempos.


Revolver: Editado el 5 de agosto de 1966, marca una ruptura en su trayectoria. Se saca el máximo partido del estudio de grabación, y el ritmo de producción baja de dos a un álbum anual. Para muchos, el LP cumbre de los Beatles, o el que mejor ha envejecido.

Sgt. Pepper´s lonely hearts club band: Influidos por el LSD, se encierran nueve meses en el estudio de grabación. Cuando el álbum aparece el 1 de junio de 1967, es el primer LP concebido como un todo, una larga suite cuyas piezas no pueden alterarse sin romper la unidad del conjunto. Su look ha cambiado: bigotes y aires pseudointelectuales.

The Beatles (white album): Aparecido en noviembre de 1968, es doble y significa una vuelta a los orígenes. Ya no actúan como grupo, si no como entidades separadas y con invitados, como Eric Clapton, que toca con Harrison While my guitar gently weeps.

Abbey road: 26 de septiembre de 1969. Su último LP como grupo, se grabó después de let it be, pero acabó lanzándose antes. Paul domina la cara A y John la B, pero los mejores resultados son de George con Something y Here comes the sun.

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El cenit creativo de los Fab Four reunido en una única imagen. Cuatro clásicos indiscutibles cuya influencia ha traspasado el ámbito de la música popular: el paso de cebra de Abbey Road se hizo muy famoso nada más publicarse el LP que tomó el nombre de la, hasta entonces, casi anónima calle. Hoy día es una visita obligada para los millones de turistas que llegan a Londres cada año, quienes no pierden la oportunidad de fotografiarse posando como los Beatles en aquella portada ya mítica.


letitbeLet it be: Publicado el 8 de mayo de 1970, cuando ya cada miembro del grupo iba por libre. Los productores George Martin, Glyn Johns y Phil Spector se encargan de hacerlo comercializable. El trabajo de Phil Spector, responsable último de la producción del disco, levantó suspicacias desde el principio incluso entre los propios Beatles. Lennon lo elogió, pero McCartney nunca se cansó de expresar su disgusto ante el aspecto que el famoso “muro de sonido” de Spector había otorgado al disco.  Finalmente Paul se salió con la suya, y en 2003 se publicó Let it be… naked a partir de una idea original del propio ex Beatle y en el que, como el nombre indica, Let it be se nos presenta “desnudo” de toda la sobreproducción característica de Spector.

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Beatles para siempre: Tercera Parte

Publicado el jueves 5 octubre 2017

Viene de la Segunda parte
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
www.muyinteresante.es

Comentarios al texto (en negrita) por Leo.

En pleno auge del hippismo, los Beatles se vieron convertidos involuntariamente en oráculos públicos. Sus actitudes y las letras de sus canciones eran examinadas con lupa por seguidores y detractores. DEBAJO: “Todo lo que necesitas es amor”.

La respetabilidad aumentaría de forma alarmante en 1965 al concederles su Graciosa Majestad la Orden de Miembros del Imperio Británico, habitualmente reservada para las hazañas bélicas. Viejos ex combatientes que la guardaban en su baúl de los recuerdos la devolvieron indignados. Mas tarde John comentaría que era más lógico que se la impusieran a ellos, que habían contribuido a divertir al personal, que a quienes se habían dedicado a matar gente. Y lo cierto es que las exportaciones inglesas habían aumentado vertiginosamente gracias a una Inglaterra que se había puesto de moda de la mano de los Beatles: bastaba que ellos rematasen los cuellos de sus chaquetas con terciopelo para que se disparase la venta de este tejido. Con el tiempo, el propio Lennon rechazaría su condecoración como señal de protesta en una de sus campañas pacifistas. Pero en su día la aceptaron más o menos complacidos, aunque poco antes de la ceremonia se encerraron en los lavabos de palacio a fumarse un porro para relajar el protocolo.

También en 1965 probaron la droga que inmediatamente se podrá de moda, el LSD, y con ella aumentó el grado de intelectualización de su obra, especialmente al combinarse con la mística hindú y la meditación trascendental. Los Beatles acabarían renegando públicamente de su relación con el polémico Maharishi. Aun con esto, no se puede negar lo positivo en el aspecto musical que tuvo todo aquello. Sus letras empezaron a ser acechadas como si fueran el evangelio, se les exigía desde todos lados una conducta acorde con sus responsabilidades, y toda esta dinámica que los iba convirtiendo en oráculos públicos terminó siendo muy peligrosa.

El primer aviso llegó en Agosto de 1966 en San Francisco, poco antes de retirarse de los escenarios, cuando John Lennon declaró: “Somos más famosos que Jesucristo”. Nunca debió decirlo. La reacción entre ciertos sectores del público fue tan histérica que estuvo a punto de acabar con la carrera del grupo. Luego llegaron las advertencias por consumo de drogas. Con los Beatles no se atrevieron hasta su separación, pero a los Rolling Stones los sometieron a auténticas sobredosis de policía para que no descarriaran a la juventud.

Hacia 1969 era habitual estudiar escrupulosamente las carpetas letras y microsurcos de los Beatles en busca de mensajes ocultos. Se trataba de construcciones mentales absolutamente paranoides, entre las que se llevó la palma la publicada el 29 de Octubre por una revista estudiantil americana, Rat Magazine. Según su teoría, Paul McCartney había muerto en un accidente de automóvil, siendo sustituído por un doble de aspecto y voz muy parecidos al original. Los Beatles lo habían ocultado, pero dejando pistas en sus discos para el que quisiera entenderlas.

¿Por ejemplo? Pues en la portada del Sgt. Pepper´s, donde aparece una tumba, hay un seto de flores con una guitarra de cuatro cuerdas (esto es, el bajo de Paul); en la cubierta de Abbey Road, McCartney es el único que camina descalzo y con el paso cambiado, mientras que se ve un Volkswagen aparcado cuya matrícula es 28 IF, es decir, 28 si… (Paul hubiera cumplido 28 años si no hubiese muerto en un accidente de automóvil, como suponía esta teoría a partir del análisis de la letra de A day in the life). Además, si se pasaba al revés Revolution No. 9, podía oirse a John diciendo lúgubremente “I buried Paul” (“Yo enterré a Paul”), etcétera. Incluso revistas tan sesudas como Triunfo se hicieron eco en España de elucubraciones de este tipo. Cuando en las conferencias de prensa le preguntaban por su muerte, McCartney respondía con humor que no se había enterado de ella, pero que no le extrañaba nada, porque siempre era el último en enterarse de lo que pasaba en los Beatles. Sobre este divertido tema, en Internet se pueden encontrar todo tipo de páginas. No pocas son dignas de mentalidades oligofrénicas, aunque no obstante no dejan de ser curiosas. En fin, que en esto como en todo “hay gente pa tó”, oigan.

Ya no hubo lugar para bromas, sin embargo, cuando estalló el asunto Manson ese mismo año de 1969. Un psicópata californiano, Charles Manson, que había creado su propia familia (especie de comuna entre mística, hippy y neonazi), también creyó percibir mensajes ocultos en las canciones de los Beatles, particularmente en Helter Skeleter y Piggies. Y con ellas como lema cometió una serie de atroces asesinatos que incluían a la actriz Sharon Tate, embarazada de su marido, el cineasta Roman Polanski. Junto a los cadáveres, escritos con su sangre, aparecieron los títulos de las canciones de los Beatles, y sus autores, John y George, fueron llamados a declarar.

En el libro Curiosidades, gazapos y anécdotas de Hollywood de Eduardo Llorente y David Eraskin, se indica que la motivación principal de la Familia Manson para llevar a cabo la matanza era cargarse a Steve McQueen, a quien Manson al parecer admiraba. Manson era, además de un pésimo cantante, un guionista aun peor, y envió un guión a la productora propiedad del actor, Solar Pictures, con la esperanza de que su ídolo aceptase protagonizarlo. Sin embargo, el texto era tan rematadamente malo que no le prestaron la menor atención. Despechado, Manson empezó a urdir en su cerebro la idea de vengarse, y tiempo después se enteró de que se iba a celebrar una fiesta en la casa de Roman Polansky a la que McQueen había sido invitado. Éste salvó la vida porque decidió pasar la noche a solas con un ligue. De lo que no cabe ninguna duda es de que Manson y sus familiares estaban destinados a cometer una masacre más pronto o más tarde, yendo contra cualquiera que les cayese mal y estuviese a su alcance (Manson también le tenía tirria a Liz Taylor o a Tom Jones, por ejemplo). Lo más triste de todo es que Manson (que continúa encerrado en un presidio para enfermos mentales) se ha hecho millonario al correr de los años, gracias a miles de jumentos empeñados en admirar (!) o ver algo interesante en la figura de este tarado.

Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla, con los Beatles en una claustrofóbica jaula de oro, especialmente desde que su inmersión en el mundo de los negocios con el sello Apple (tras la muerte de Brian Epstein en Agosto de 1967) y la película para TV Magical mistery tour (un absurdo caprichito de McCartney) habían terminado en un sonoro fracaso. Los Beatles no eran infalibles después de todo. Con la madurez vino, además, la diáspora. John había conocido a una artista japonesa de vanguardia, Yoko Ono, en Noviembre de 1966, y su relación con ella le llevaría a divorciarse de su primera mujer, Cynthia, y también de los Beatles. Si el primer divorcio pareció bien a casi todo el mundo, el segundo no se lo perdonaría nadie: ni los otros miembros del grupo ni sus propios fans.

Verano de 1967. En plena fiebre de la psicodelia, la aparición el álbum – suite “Sgt. Pepper´s” deslumbró a los críticos. Pero los Beatles no eran infalibles: su primera inmersión en el mundo de los negocios resultó un fracaso. ARRIBA: la “boutique” Apple, emplazada en pleno centro de Londres.

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