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Hey! Bo Diddley, “The Originator” (1928 - 2008)

Posted on Domingo 8 Junio 2008

“Bo Diddley” nació en una granja algodonera cerca de McComb, Mississippi, el 30 de diciembre de 1928, siendo bautizado como Ellas Bates. Con 6 años fue adoptado por una prima de su madre, adoptando también su apellido y pasando a llamarse Ellas McDaniel. Coincidiendo con la “Gran Migración afroamericana” (de las zonas pobres del sur a las ciudades industriales del norte de EEUU) se trasladaron a Chicago donde estudió violín, hasta que su hermanastra Lucille le regaló una guitarra acústica. En esta ciudad vivió los cambios que sufrió el blues, con la inclusión de instrumentos eléctricos, batería, armónica, y en ocasiones saxos. Se quedaría prendado del sonido de la guitarra eléctrica, formó diferentes grupos con los que tocaba en los ratos libres que le dejaban los diversos oficios con los que se ganaba un sueldo. Una primera grabación para el sello Chess Records en 1955 (con las canciones Bo Diddley y I’m a man), el éxito que le sonrió y una banda fundamental para conseguir el sonido tan especial, destacando Jerome Green a las maracas y voces, y su hermanastra “La Duquesa” acompañando a la guitarra eléctrica, sin olvidar por supuesto los ritmos africanos y salvajes de batería. Frecuentes cambios de pareja y de domicilio. Colaboraciones múltiples con grupos y artistas de primera fila, influencia de su estilo y música a lo largo de las décadas (de Buddy Holly a Rolling Stones, de los Who a Bruce Springsteen, de Sex Pistols a Jesus & Mary Chain), cientos de versiones de sus temas (el who do you love es uno de los temas con menos acordes y más versiones diferentes en la historia de la música), y reconocimiento en forma de los más destacados premios en la música popular, han jalonado su carrera hasta el 2 de junio de 2008 en que problemas cardiacos le obligaron a mudarse de barrio, esta vez definitivamente.
Con un estilo muy personal, ritmos percusivos, repetitivos, rasposos, tribales y distorsionados, se convirtió en padre del rythm&blues, pieza clave en la evolución del rock&roll y en “el creador” de un sonido propio, el sonido Bo Diddley, algo que muy pocos han podido lograr. Si bien se basó en ritmos africanos, nadie había logrado la sonoridad y vibraciones que su guitarra sincopada y composiciones transmitían. Sin alardes ni virtuosismo en la técnica dejó para la posteridad riffs y ritmos que han quedado como clásicos, grabados en el inconsciente de gran cantidad de gente que los conoce pero que no sabría mencionar el nombre de su autor. En la interpretación de sus canciones, cargadas de humor y entusiamo, desprendía una fuerza contagiosa y primitiva, fundiendo sonido y movimientos, con la dosis exacta de mesura y energía. No he tenido la suerte de asistir a un concierto suyo en directo, pero creo que sin duda sería una de las experiencias más impactantes. Hasta que se pueda viajar en el tiempo tendremos que conformarnos con verlo en vídeo cantando y tocando su característica guitarra Gretsh cuadrada “square-bodied”, aunque para esta ocasión he preferido elegir dos vídeos de su primera época, antes de que diseñara dicha guitarra.

“Bo Diddley - Road Runner”

“Bo Diddley - Bo Diddley, 1955 (en el polémico Show de Ed Sullivan)

Seguro que los ángeles están celebrando, con bailes convulsivos y maracas en sus manos, la llegada del francés negro y su ritmo trepidante. bam bee bam bee bam bee bam bam…

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Roky Erickson y The 13th Floor Elevators

Posted on Martes 25 Marzo 2008

Roky Erickson y The 13th Floor Elevators
Ojos Estrellados

roky1.jpgLa historia de Roky Erickson (Roger Kynard Erickson 15/07/1947, Dallas, Texas) es una de esas raras páginas de penalidades y superación personal que de vez en cuando nos deja la historia del Rock and Roll. La historia del éxito, la caída a los abismos de la locura y la resurrección de un nombre clave para entender la música del siglo XX.
Roky Erickon es bien conocido como líder y miembro fundador de The 13th Floor Elevators, grupo surgido en Texas en 1965 y que en su efímera carrera marco varios hitos importantes, como ser el primero en utilizar el término “psicodelia” aplicado al mundo de la música, inaugurando así una de las corrientes mas importantes de los 60. Fue en el titulo de su primer disco, “The Psychedelic Sounds Of The 12th Floor Elevators” (1966) un disco que incluía el tema “You’re Gonna Miss Me”, un auténtico bombazo comercial en la época y que aun hoy permanece como su tema mas reconocible.
El sonido de The 13th Floor Elevators, a pesar de lo que pueda parecer, no tenía demasiado que ver con la corriente de grupos psicodelicos que surgieron en EE.UU (en especial en la costa Oeste) a mediados de los 60. Mientras estos partían de unos sonidos folk al que añadían instrumentaciones inéditas para lograr ese característico sonido “amigable”, los Elevators partieron de unos principios mucho mas salvajes y guitarreros, muy influenciados por el blues-rock hasta el punto que algunas fuentes señala a la banda como precedente mas o menos remoto del Punk norteamericano.
El sonido de la banda se caracterizaba, a parte de por las estridentes guitarras y la peculiar voz nasal de Roky Erickson por el instrumento llamado Electric-Jug que sin duda fue su marca de estilo mas característica. La “Jarra Eléctrica” era simplemente una jarra con un micrófono acoplado al fondo y con el que se obtenía soplando ese peculiar sonido.
Pero ese primer disco, a parte del que fue su gran éxito, contenía una buena cantidad de temas memorables como “Splash1″, “Don’t Fall Down” o “Fire Engine” que hacen de ese debut un punto de referencia mas que prometedor para la banda.
El segundo disco de The 13th Floor Elevators, “Eastern Everywhere” es considerado unánimemente por la crítica como su mejor trabajo. Con una producción mas cuidada y una mayor variedad de registros este álbum contiene algunas de las mejores canciones compuestas por Roky Ericson para la banda. Hay espacio para enérgicos e hipnóticos temas como “Slip Inside This House”, “Slide Machine” o “Somebody To Love” pero también para canciones mas introspectivas, de una indudable belleza como “Dust”, “I Have To Tell You” o “It’s All Over Now, Baby Blue”, cover de Bob Dylan.
“Eastern Everywhere” (1967) no tiene un hit claro como “You’re Gonna Miss Me” y aunque la acogida de la crítica fue favorable, la recepción comercial no lo fue tanto, y empezaron a surgir las primeras diferencias en el seno de la banda, al tiempo que Roky Erickson comenzaba a refugiarse en el consumo desmedido de todo tipo de substancias estupefacientes.
“Bull On The Wood” (1968), el tercer disco de estudio de la formación no hace sino confirmar la caída en picado de la banda y del propio Erickson, muy mermado ya de sus facultades mentales, hasta el punto que la mayoría de composiciones son del guitarrista Stacy Sutherland. Ni que decir tiene que la calidad de este trabajo se vio muy mermada por todas estas circunstancias.
Justo en esta época Roky Erickson comienza a cometer pequeños delitos para costearse sus numerosas adiciones y finalmente en 1969 es detenido y enviado a un psiquiátrico. Termina aquí la historia de una banda y comienza el descenso a los infiernos de una persona reducida a la mínima expresión de la condición humana. Una estrella del pop adolescente convertido en un desheredado condenado a una vida de locura.

roky2.jpgTras la disolución de The 13th Floor Elevators los detalles sobre la biografía de Roky Erickson se vuelven confusos e incluso contradictorios entre las diversas fuentes. Parece claro que el periodo que va de 1969 a 1972 Roky lo pasa internado en un psiquiátrico, algunas versiones sostienen que allí se le somete a fuertes terapias de electroshock y medicamentos para tratar su esquizofrenia, aunque lo que esta claro es que a su salida del centro, en 1972, Roky Erickson ya no era el mismo.
No es lugar este para profundizar en unos problemas mentales y una situación personal que sin duda debió ser difícil. Lo que si nos compete es hablar de la carrera musical de Roky Erickson a partir de este punto. Una carrera mucho mas desconocida y que tiene momentos verdaderamente brillantes.
En algún punto de esta etapa Roky forma una nueva banda, Bleib Alien, con un sonido mucho mas duro que el de los Elevators y con unas temáticas centradas en la ciencia ficción y el cine de terror. Con esta nueva banda comienza a dar conciertos en garitos locales y a componer nuevas canciones, como las notables “Two Headed Dog”, “Cold Night For Alligators”, “Starry Eyes” o “Stand For The Fire Demon”.
Aunque alrededor de la figura de Roky Erickson se formó en seguida un nutrido grupo de incondicionales fans, el éxito comercial no acompañó esta nueva etapa y los diversos fraudes por parte de promotores y productores a los que vio sometido hacen que ordenar su discografía sea una labor prácticamente imposible ya que, guiado por su condición mental Roky firmó varios contratos discográficos con sellos oscuros que se repartieron los beneficios de sus obras y que editaron multitud de singles, 45Rpm, lp’s semioficiales y todo tipo de material con canciones que en ocasiones no eran mas que puras maquetas con una ínfima calidad de grabación y por las que Roky Erickson no veía un solo dolar.
Para acercarse con buen pie a la obra de Roky Erickon en solitario recomiendo la caja “I Have Always Been Before: The Roky Erickon Anthology” (Shout Factory, 1994) donde se recopila con rigor toda la obra del músico estadounidense.
A lo largo de los 70 Roky Erickson compone una ingente cantidad de canciones de todo tipo, en solitario, junto a The Aliens y junto a otras bandas o combos locales como The Ressurrectionists o The Explosives. Canciones que van de la fiereza demente de “Creature With The Atom Brain” o “Bloody Hammer” a la delicadeza acústica de preciosas canciones como “I Have Always Been Here Before” o “You Don’t Love Me Yet”.
En 1981 Roky Erikson declara haber sido abducido por un alien, y gradualmente va desapareciendo de la actualidad musical hasta que a principios de los 90 diversas bandas como R.E.M comienzan a reivindicar su figura provocando su vuelta a la actualidad. Comienza a dar de nuevo conciertos e incluso grabar algunas canciones nuevas.
Roky Erickson, durante estas tres largas décadas vive al borde de la pobreza, de diversos subsidios estatales, abandonado a su suerte y sin ningún tratamiento especifico para su dolencia. No es hasta el 2001 cuando su hermano asume su custodia y Roky comienza a recibir los cuidados y el tratamiento adecuado.
Alguno de nuestros lectores seguro que ha tenido la ocasión de verle recientemente en concierto, muy recuperado y feliz de poder dedicarse en cuerpo y alma a aquello que lo ha convertido en un mito viviente: El Rock and Roll.

Escucha:
You Don’t Love Me Yet

Dust


Paginas recomendadas:
-Pagina oficial
-My Space de Roky Erickson
-Articulo en Ligeros Contratiempos
-Articulo en El Sueño 100.000 de Philbert Desanex

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La Era De Las Grandes Series

Posted on Martes 26 Febrero 2008

LA ERA DE LAS GRANDES SERIES
Por José Luis Ruiz Mesa

24.jpgLa ingente cantidad de basura que emite la televisión ha provocado que se haya caído en la reduccionista visión de que todo lo que sale por la pequeña pantalla es detrito. Uno siempre ha tenido la impresión de que la cosa iba a peor. Aquellos ciclos de cine de autor son ya un paraíso perdido. Ahora si se emite una película de calidad es a horas intempestivas. La música brilla por su ausencia en la parrilla de las televisiones punteras y si aparece algo interesante es desterrado también a horarios de madrugada. Bien es cierto que antes se abusaba de la música comercial (en el sentido peyorativo de la palabra), pero también es verdad que había espacios para conciertos y especiales donde se apostaba por estilos y grupos de prestigio. Hemos sido presa durante mucho tiempo de “Gran Hermano”, “Operación Triunfo” y demás telebasura.

El caso es que parafraseando a Woody Allen en España no tiran la basura, la convierten en televisión. Pero hay un resquicio para la esperanza de los inconformistas: las series de televisión americanas. Se ha dicho que esta es la era dorada para las producciones “made in USA” y el que suscribe esto no puede estar más de acuerdo. Ahora bien, los hábitos han cambiado y mucha gente disfruta de estas series no a través de la caja tonta, sino por medio de Internet. La razón: la comodidad. Uno no tiene que esperar a que le pongan su ración cada semana. Puede hacerlo cuando quiera y como quiera. Atrás quedan los tiempos en los que uno se convertía en un irreductible fan de “Doctor en Alaska” y sufría lo indecible porque o bien le cambiaban cada dos por tres el horario o bien ponían los capítulos sin ningún orden. Aquello era demencial.

Siempre ha habido series de calidad, pero ahora proliferan hasta el punto de que no cabe la menor duda de que las mejores producciones audiovisuales realizadas en USA no son películas, sino series. Una simple enumeración basta para defender cargado de razón esta idea: “Los Soprano”, “A Dos Metros Bajo Tierra”, “Perdidos”, “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, “Nip/Tuck”, “Roma”, “Deadwood”, “24″, “Dexter”

Estas son las más destacadas, pero hay otro buen puñado de obras que también acaban enganchando: “Héroes” (interesante planteamiento, discutible resolución y futuro poco prometedor), “Weeds” (divertida y con el aval de la excelsa Marie Louise Parker) , “Me Llamo Earl” (corrosiva, aunque reiterativa), “House” (gran personaje que si existiera en verdad sería aborrecible en extremo, algún que otro capítulo excepcional… y también reiterativa), “Anatomía De Grey” (empezó bien, pero se está diluyendo cual azucarillo), “Californication” (David Duchovny se luce haciendo de escritor bloqueado y promiscuo), “The Office” (entretenida sin más pretensiones), “Prison Break” (a pesar de los clichés es muy adictiva; va perdiendo interés progresivamente), “The Shield” (excelente el personaje de Michael Chiklis), “Damages” (interesante estructura y excepcional Glenn Close), “Mujeres desesperadas” (tiene su punto, pero va perdiendo con el paso de las temporadas), “Carnivale” (reflexiones metafísicas y una visión muy personal de la América de 1934)…

Los géneros que tocan son de lo más variado: político, western, mafia movies, histórico, film noir, drama, thriller, fantasía, comedia, etc. O sea que es imposible que uno no encuentre lo que necesita en alguna de las series citadas arriba. Hay para todos los gustos.

Las que uno recomendaría con más pasión se merecen un breve comentario. Así que vayamos al grano:

-”Los Soprano” (1999-2007) es una obra maestra se mire por donde se mire. No tiene nada que envidiar a las cimas artísticas de las “mafia movies” como “El Padrino” o “Uno De Los Nuestros”. Cuenta con un reparto espectacular en el que sobresalen James Gandolfini y Edie Falco como marido y mujer de esta especial familia de New Jersey. Cuenta con un valor añadido: mantiene el nivel con el paso de las (seis) temporadas. David Chase, que por cierto andaba metido también en la reivindicable “Doctor En Alaska”, ha sabido contar una desgarradora historia que sirve de reflexión sobre el poder y la corrupción de una sociedad enferma. Tiene diálogos memorables, situaciones brillantemente resueltas y, sin duda, es un magnífico tratado sobre el alma humana.

-”A Dos Metros Bajo Tierra” (2001-2005) también alcanza cotas sublimes. “Los Soprano” es un análisis de la mafia moderna, mientras que “A Dos Metros Bajo Tierra” se centra en las vicisitudes de una familia de Pasadena que regenta una funeraria. Los Fisher son unos raritos y mantienen relaciones disfuncionales. Alan Ball, que escribió la turbadora “American Beauty”, disecciona con una honestidad brutal la realidad de unos personajes siempre envueltos en conflictos demasiado humanos. El tono de la serie fluctúa. Puede contener momentos de humor macabro o bucear en el interior de la conciencia con exquisita sensibilidad. Y no esconde nada. Homosexualidad, perversiones sexuales, maltratos paternos… Habla de la muerte con la naturalidad que la mayoría evitamos. Es una obra profundamente vitalista. Y cuando se lo propone te pone un nudo en la garganta.

lost.jpg-“Perdidos” (2004-?) es droga dura. Si las buenas series causan adicción, “Perdidos” se lleva la palma. Mezcla con acierto aventura, drama, fantasía y thriller. 48 supervivientes del vuelo de Oceanic 815 caen en una isla perdida del Pacífico. La idea de contar las historias de estos personajes a través de “flashbacks” (ahora han empezado a usar “flashforwards”) y de relacionarlos con un entorno extraño y hostil ha deparado un éxito artístico y de público bien merecido. Parece escrita por un Stephen King con veleidades filosóficas y está tan bien hecha que muchos capítulos no tienen nada que envidiar al mejor cine comercial. Es decir, se han gastado bien la pasta. El problema es que están engordando demasiado la trama. Eso ha provocado que ya hayan colado algo de relleno y no hace falta ser Nostradamus para saber que en el futuro lo seguirán haciendo si, como han anunciado, van a las seis temporadas. Una pena. Deberían haber atado cabos y respondido a las mil preguntas que han lanzado al aire. Si hubieran economizado desde un punto de vista narrativo les habría salido una obra redonda.

-”El Ala Oeste De La Casa Blanca” (1999-2006) trata un tema que en manos de otro creador que no fuera Aaron Sorkin podría haber sido un ladrillo. Esta serie enseña los entresijos de una administración que maneja la Casa Blanca y está magistralmente facturada. Su mejor aval es contar con claridad las historias y un reparto de mucha altura. Allison Janney, Bradley Whitford, Martin Sheen, Stockard Channing, John Spencer o Richard Schiff bordan sus papeles. El presidente Bartlet y su staff actúan conforme a un sentido común y un ideario que ya quisiéramos que adoptara Bush.

-”Nip/Tuck” (2003-?) es una inquietante creación de Ryan Murphy. Sean McNamara y Christian Troy son dos cirujanos plásticos que llevan una clínica en Miami. Mientras uno lleva como puede una triste vida familiar que se derrumba paulatinamente, el otro es un inmisericorde mujeriego adorador del dios dólar. En el devenir de la serie surje un inquietante violador en serie. “Nip/Tuck” es una ácida crítica a una sociedad cuyos valores están corrompidos. La importancia que se le da a la apariencia cuando lo esencial es otra cosa. Vivimos vidas superficiales y todo lo que nos importa es que nos operen para dejarnos más bonita la nariz.

-“Roma” (2005-2007). No lo he mencionado anteriormente, pero cualquier cosa que provenga de HBO se merece nuestra atención. “Roma” es otro producto de este canal y, desde luego, rezuma calidad. La trama es inmejorable. Es apasionante Historia. Se centra en los años de Julio César y su adoptado sucesor Octavio cuando Roma era el centro del mundo. Las luchas intestinas por el poder, las guerras y la brutalidad más descarnada aparecen muy bien filmadas. Además, la narración avanza a través del punto de vista de dos soldados romanos (Lucius Vorenus y Titus Pullo). Todo está cuidado al detalle (vestuario, puesta en escena, etc.) y cuenta con personajes tan memorables como el interpretado por Polly Walker (Atia). La historia del Imperio Romano ya se había contado muy bien en la clásica “Yo Claudio” (1976), pero en “Roma” se acentúa la crudeza con la que se relatan los hechos. Es, claro, un punto de vista más moderno.

-“Deadwood” (2004-2006) es un western de aliento shakespeariano. El autor de esta gran serie es David Milch, que cuenta con mucha pericia los avatares de un pueblo fronterizo en el siglo XIX que desconoce lo que es la ley y el orden. Sí se sabe lo que es el crimen y la prostitución. Y el ansia por enriquecerse como sea. El jefe de Deadwood es el turbio Al Swearengen (impresionante Ian McShane), cuyos tejemanejes son el eje de la trama. El reparto es magnífico y la historia está muy bien escrita. Eso sí, el inicio es lo mejor de esta serie. La primera temporada está por encima de lo que vino después (dos temporadas más).

-“24″ (2001-?) puede presumir de tener un formato diferente. Cada capítulo es una hora de las 24 que contiene un día. Por ende, cada temporada se desarrolla en un día en el que no hay descansos y se suceden los acontecimientos de forma vertiginosa. Jack Bauer trabaja para la agencia antiterrorista de LA y es el protagonista absoluto de una serie sumamente adictiva. Kiefer Sutherland, que borda su papel, frustra amenazas de bomba y de expansión de virus letales, evita asesinatos a tutiplén… Es un héroe atípico que sigue sus propias reglas. Desde luego no es un bueno al uso. Es capaz de cualquier tropelía con tal de hacer lo que estima oportuno (la tortura a sospechosos es un método del que abusa) y a veces se empecina en actuar conforme a su interés particular en vez de pensar en el general. Los terroristas pueden ser chinos, rusos, musulmanes o balcánicos, pero muchas veces los que hacen daño son los propios americanos. Gente del gobierno o… el propio presidente de los USA. Las mejores temporadas hasta la fecha son la primera y la quinta.

-“Dexter” (2006-?) parte de una premisa desafiante y transgresora. ¿Cómo es posible hacer comprensible el universo de un “serial killer” y que el público no lo encuentre totalmente abyecto? Dexter Morgan trabaja para el departamento de Policía de Miami. Es una rata de laboratorio, cuyos conocimientos sobre la sangre son muy útiles en el análisis forense. Está traumatizado pues de niño presenció cómo mataban a su madre. Su padre adoptivo canalizó sus ansias homicidas con un código. Sólo asesina a criminales. Es un monstruo, pero sabe ocultarlo. Está vacío, pero se aferra a la relación con su hermana y con su novia, una vulnerable mujer maltratada por su ex con dos retoños. “Dexter” está sabiamente construida y en su primera temporada todo funciona como el mecanismo de un reloj. La segunda entrega sigue siendo buena, pero no alcanza el nivel de excelencia de la precedente. Dos cosas a destacar: la magistral composición del personaje principal de Michael C. Hall (el gay de “A Dos Metros Bajo Tierra”) y el ingenio puesto en los títulos de presentación de la serie.

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Townes Van Zandt

Posted on Domingo 10 Febrero 2008

Townes Van Zandt
El Trovador De Texas

townes1.jpgTownes Van Zandt nació en Forth Worth, Texas en 1944. Miembro de una importante familia Texana e hijo de un magnate del petróleo su vida discurriría por un camino muy distinto del que se había definido para el, hasta convertirse en una de las figuras mas importantes de la cultura popular del siglo XX.
La música de Townes Van Zandt, siempre a caballo entre el Country, el Blues y el Folk ha influido a multitud de músicos de nuestro tiempo, desde Steve Earle (Fan reconocido) hasta Wilco, pasando por grupos tan dispares como My Morning Jacket, Jayhawks o Uncle Tupelo, y su turbulenta biografía ha terminado por dibujar la figura de Townes Van Zandt como uno de esos creadores oscuros tan del gusto de mitómanos como yo.

Van Zandt empieza a componer a temprana edad, muy influido en sus composiciones por músicos como Lighting Hopkins, Guy Clarke o el propio Bob Dylan y con apenas 20 años viaja a Nashville guiado por otro influyente músico country: Mickey Newbury, y allí empezará a dar sus primeros conciertos y a componer sus primeras canciones adultas.
Su primer disco “For The Sake Of A Song” es publicado en 1968 y recibe un recibimiento mas bien discreto de público y critica, pero le permite asentarse y hacerse mas o menos con un nombre en el área de Nashville donde ofrecerá bastantes shows.
En esta época Townes Van Zandt vive en una pequeña cabaña en un bosque de Tenesse, sin teléfono y alejado del bullicio de la ciudad. De este etapa es el vídeo que presentamos hace un días, en el que aparece en esta cabaña interpretando “Waiting Around To Die” ante la mirada de su novia y su vecino.
Para entender mejor este y otros momentos hay que hablar de la condición mental de Van Zandt. Diagnosticado con síndrome maniaco-depresivo a los 20 años, tuvo que someterse a un estricto tratamiento durante años, lo que fue minando su memoria (se dice que olvidaba canciones continuamente en directo). Además gradualmente fue teniendo cada vez mas problemas con la bebida, lo que acentuó esos problemas de memoria y marco negativamente su carácter, tímido y reservado pero con un particular sentido del humor.

townes2.jpgLa época que va de 1968 a 1973 es la etapa mas prolífica del músico Texano. En estos años graba sus mejores discos y compone sus mejores canciones. Ya en ese primer disco del 68 ofrece todo un recital de composiciones sublimes que iban desde las mas sobrecogedoras reflexiones sobre la soledad en clave folk como “For The Sake Of A Son” o la citada “Waiting Around To Die” a luminosas y esperanzadoras canciones como la preciosa “I´ll Be Here In The Morning” pasando por temas ligeros y humoristicos como “Talkin’ Karate Blues”.
“Our Mother The Mountain”, su segundo disco, es considerado como su primera verdadera obra maestra. Publicado en 1969 obtuvo una repercusión comercial un poco mejor que el primer disco, y es que el esfuerzo realizado por su compañía, Tomato Records, permitió mayores y mejores arreglos en unas canciones por lo demás sencillamente estupendas. Destacar aquí la preciosa “Kathleen” y las apocalípticas letras cargadas de simbolismo de “Our Mother The Mountain” y sobre todo “St John The Gambler“.
“Townes Van Zandt” (1970) recoge nuevas versiones de clasicos de sus dos primeros discos, muy cambiadas, mucho mas oscuras, junto a misteriosos temas como “Lungs“.
Sus siguiente trabajos de estudio, “Delta Momma Blues” (1971), “High, Low & In Between” (1972) y “The Late, Great Townes Van Zandt” (1972), todos grabados para Tomato y pésimamente distribuidos, muestran a un Van Zandt cada vez mas introspectivo y críptico, dejando atrás las profusas producciones de antaño en temas de marcado carácter Blues y Folk.

Tras un disco en directo publicado en el 77 (“Live At The Old Quarter”) y otro nuevo disco de estudio un año mas tarde (“Flyin’ Shoes”), Townes Van Zandt pasaría casi una década sin volver a grabar, ofreciendo pequeñas actuaciones en el área de Texas y de Nashville y viendo como sus problemas con el alcohol empeoran día tras día.

Reconocido como un maestro por las nuevas generaciones de músicos norteamericanos, la figura de Townes Van Zandt emerge tímidamente a finales de los 80. Graba un notable nuevo disco de estudio, “At My Window” (1987) e incluso se embarca en una gira junto a Cowboy Junkies. En los siguientes años Van Zandt sigue entregando discos de diversa indole (Versiones, reinterpretaciones, directos) hasta su muerte en 1997, a los 52 años de edad.

El legado y la influencia de Townes Van Zandt en la música de nuestro tiempo es de incalculable valor y hoy en día aun resulta un verdadero placer sumergirse en aquellas viejas canciones, cargadas de sinceridad y esperanza.

Escucha:
I´ll Be Here In The Morning

Kathleen

St. John The Gambler

Articulos recomendados:
-For The Sake Of A Song: Articulo publicado en My Back Pages

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Tom Petty

Posted on Viernes 7 Diciembre 2007

El canon del rock clásico americano
Por José Luis Ruiz Mesa

tompetty3.jpgNo es Bob Dylan. No es Bruce Springsteen. No es Neil Young. Sí que es otro heredero de Woody Guthrie, pero además ha sido capaz de mantener una coherencia digna de elogio y una notable calidad artística a lo largo de nada menos que 30 años de carrera. Salido de un pueblecito llamado Gainesville (Florida), Tom Petty, que nació el 20 de octubre de 1950, logró hacer realidad el sueño de convertirse en una rock star y lo hizo contando con un grupo -The Heartbreakers- que ha acabado funcionando como una típica familia. Como cualquier chiquillo de los 60 se rindió al poder mágico de Elvis Presley y luego quedó fascinado por ese arrasador huracán que fueron los Beatles. Tom Petty apostó fuerte porque su vida fuera la música y gozó de la suerte necesaria para que su talento se acabara imponiendo a las adversidades. El caso es que puede presumir, como Jackson Browne, John Mellencamp o John Hiatt, de haber legado a la posteridad unas cuantas piezas maestras del mejor rock americano.

El embrión de Tom Petty & The Heartbreakers fue Mudcrutch, donde ya estaban el propio Petty, el excelente guitarrista Mike Campbell y el teclista Benmont Tench. Petty logró un contrato con Shelter Records en L.A. y en 1976 lanzó su primer álbum. Antes había reclutado al bajista Ron Blair y al batería Stan Lynch. “Tom Petty & The Heartbreakers” es brillante, hay riffs que recuerdan a los Byrds (por cortesía de las benditas rickenbackers), suena sucio al estilo de los Stones y contiene temazos definitivos como “American Girl”, “Fooled Again” (I Don’t Like It) o “Breakdown”. En la época del punk y la new wave fue todo un éxito en Inglaterra. ¿Por qué? Era sencillo, directo, puro rock que confesaba su amor por las bandas de la british invasion de los 60 y el garage rock americano. Entraba en el canon de lo cool en un momento crucial donde se defendía con pasión la vuelta a las raíces, la naturalización de un género que había entrado en terrenos pantanosos (sinfonismo, heavy…).

El segundo intento no fue tan acertado, pero mostraba a un grupo que iba por el buen camino. “You’re Gonna Get It” (1978) escondía en sus entrañas dos perlas como “I Need To Know” y “Listen To Her Heart” y les afianzó como una banda potente, enérgica, visceral y con un gran olfato para hacer temas con aroma a clásico (esa ecuación infalible que aúna grandes melodías con letras sencillas, pero significativas).

El tercer intento dio en el centro de la diana. Al igual que Bruce Springsteen con “Born To Run”, Tom Petty alcanzó la madurez como compositor en “Damn The Torpedoes” (1979). En plena gestación del álbum Tom Petty entró en una batalla legal contra la discográfica y acabó saliendo triunfante de la bancarrota. Su convicción y contenida rabia se hicieron patentes en composiciones definitivas (“Refugee””, “Even The Losers”, “Here Comes My Girl” y la preciosa “Louisiana Rain”). La cristalina producción de Jimmy Iovine aportó su granito de arena. De repente, Petty ya era una sólida realidad. Ojalá todo el mainstream rock fuera tan bueno como el que se alzaba con orgullo de los surcos de “Damn The Torpedoes”. La América post Vietnam y post Wargate cayó rendida a los pies de Petty y cía. Fue un tremendo hit que le convirtió en una superestrella.

tompetty1.jpgQue Tom Petty tiene un corazón rebelde se puso de manifiesto de nuevo con la salida de “Hard Promises” (1981). La compañía puso un precio alto al disco aprovechando el tirón del exitoso precedente y al rubio sureño le sentó como un puñetazo en la boca del estómago. Petty se enciende cada vez que se siente víctima de una injusticia y aquí presionó hasta que bajaron el precio. En la esfera de lo estrictamente musical, cabe destacar que “Hard Promises” no era tan bueno como “Damn The Torpedoes”, pero era consistente y atesoraba una maravilla como es la pegadiza “The Waiting”.

Esta es la época en la que murió la madre de Petty, algo que afectó mucho al autor de “American Girl”. Y también llegó el momento de la colaboración con Stevie Nicks. El rubio sureño le escribió “Stop Draggin’ My Heart Around”, incluido en “Bella Donna”, y ese tema se convirtió en un gran hit. Por aquellas fechas también apareció el bajista Howie Epstein en escena. Tom Petty se lo birló a Del Shannon. Ocupó la vacante dejada por Ron Blair y se acopló a la perfección a los Heartbreakers.

“Long After Dark” (1982) significó un paso atrás. No cabe la menor duda de que es un bajón. Por supuesto que escondía canciones destacables (“You Got Lucky”, “Change Of Heart”), pero la consistencia de entregas anteriores se desvanecía. De hecho, la irregularidad era la característica principal de un álbum que ha caído (con justicia) en el olvido.

Tras un paréntesis de tres años, salió “Southern Accents” (1985). Giras, drogas y una mano destrozada en el camino. Sí, porque Tom Petty se pulverizó una mano estrellándola contra la pared en un acceso de ira. La pretensión de Petty era sacar un doble álbum, pero al final llegó a la conclusión de que la cosa no funcionaría. Carecía del material suficiente de calidad para semejante empresa. Dave Stewart fue el productor y el grupo amplió horizontes estilísticos. Hay guiños country, soul y psicodélicos. Para la hipnótica “Don’t Come Around Here No More” se sacaron de la manga un ingenioso videoclip muy en la onda del universo de Lewis Carroll.

Tras esta obra, Tom Petty & The Heartbreakers se sumergieron en una larga gira con Bob Dylan. Y el siguiente paso en estudio fue “Let Me Up (I’ve Had Enough)” (1987), que vio la luz tras un directo que llegó como entremés: “Pack Up The Plantation: Live!” (1986). “ Let Me Up (I’ve Had Enough)” no acaba de funcionar. Sigue por los derroteros de la irregularidad. Hay partituras que sobresalen (“Jammin’ Me, escrita por Petty con Campbell y Dylan, o “It’s All Work Out”) dentro de un listado de canciones sin la inspiración de antaño.

Después de que le quemaran la casa y de ese divertimento que supuso The Traveling Willburys (esto sí que es una superbanda y lo demás son tonterías), que publicaron un par de interesantes álbumes, Tom Petty se lo montó en solitario con la ayuda de Jeff Lynne. “Full Moon Fever” (1989) es todo un acierto. Aquí Tom Petty recuperó el estado de gracia. Andaba sobrado de temazos y eso se nota. “Free Fallin’”, “I Won’t Back Down”, “Yer So Bad” o “Runnin’ Down A Dream” son incontestables. “Full Moon Fever” es el típico álbum disfrutable al máximo que resiste el paso del tiempo con la autoridad conferida por el hecho de ser todo un clásico.

Acto seguido, Petty intentó mantener el hechizo experimentado al lado de Jeff Lynne añadiendo el ingrediente de los Heartbreakers. “Into The Great Wide Open” (1991) es una repetición de la fórmula, pero sin el aval de las (grandes) canciones del inmediato precedente. No obstante, quedan para el recuerdo composiciones como “Learning To Fly”, “Kings Highway” o la canción que da título al álbum (con aquel videoclip en el que Johnny Depp ostentaba un papel estelar).

Entre medias hay que rememorar por su calidad la contribución de Petty a “Back From Rio” (1990) de Roger McGuinn. Escribió con el ex Byrds la deliciosa e incisiva “King Of The Hill”.

tompetty2.jpgLuego pasaron tres años para que saliera una nueva obra de Petty. Con la producción de Rick Rubin esta vez, el subio sureño entregó otra magnífica obra. “Wildflowers” (1994). El cambio es evidente. Rubin trabaja de una forma diferente a Lynne. Este disco fluye con más naturalidad. “You Don’t Know How It Feels”, “You Wreck Me”, “It’s Good To Be King”, “Only A Broken Heart” y la misma “Wildflowers” son buenas muestras de lo que es capaz de hacer Tom Petty cuando le visitan las musas.

Este instante fue crucial en el devenir de las aventuras de Tom Petty & The Heartbreakers. Hacía poco que “Mary Jane’s Last Dance”, incluida en el pertinente “Greatest Hits” (1993) había sido un exitazo gracias básicamente a que era una gran canción y a su fascinante videoclip en el que salía, por cierto, Kim Basinger. Precisamente esta fue la última canción en la que participó Stan Lynch. Steve Ferrone cogió las baquetas tras la marcha de Lynch (en el interín Dave Grohl también tocó la batería con Petty y cía).

Otro motivo para rendir tributo a Tom Petty & The Heartbreakers es que participaron en las seminales sesiones que dieron fruto a las “American Recordings” de Johnny Cash - es esencial su presencia en “Unchained” (1996)-. Cash hizo un par de covers de Petty: las emblemáticas “Southern Accents” y “I Won’t Back Down”. Casi nada. Este tipo al final ha acabado tocando con sus ídolos (Dylan, Cash, McGuinn, Harrison…) y esas eventuales uniones han sido bastante jugosas.

Tras la apreciable banda sonora “She’s The One” (1996), puso en circulación su particular “Blood On The Tracks”. “Echo” (1999) es su álbum de divorcio. “Room At The Top”, “Accused Of Love” o “This One’s For Me” brillan con luz propia en un disco que seguía las huellas de “Wildflowers”.

La siguiente aventura discográfica de Tom Petty & The Heartbreakers es “The Last DJ” (2002). Un obús contra el establishment. Un dardo contra el negocio musical. El disco es desigual, pero tiene gemas como la misma “The Last DJ” y la sutil “You And Me”.

Los problemas con las drogas pasaron factura a Howie Epstein. Su trágica muerte en 2003 situó de nuevo en los Heartbreakers a Ron Blair (dicho sea de paso en la formación de los Heartbreakers habría que añadir como miembro permanente al versátil Scott Thurston).

El último episodio musical de Petty hasta la fecha ha sido una vuelta al pasado. El rubio sureño se lo ha vuelto a montar en solitario con la ayuda de Jeff Lynne. “Highway Companion” (2006) es más sólido que “The Last DJ”. Y como pasa con todos sus discos hay temas que satisfacen al paladar más exigente (“Saving Grace”; “Flirting With Time”, “Down South”, “Damaged By Love”…).

De un artista con tan pocos altibajos sólo se puede esperar que continúe publicando buenos discos. A lo mejor no lucen la frescura de su ópera prima o la calidad de “Damn The Torpedoes” y “Full Moon Fever”, pero a buen seguro que sigue escribiendo melodías que se te adhieren a tu cabeza como si fueran un chicle pegado a un zapato. Alguien que ejemplifica aquello de que todo es muy difícil antes de ser sencillo no nos puede fallar.

P.D. Acaba de salir publicado el documental “Runnin’ Down A Dream” (2007). Este filme de Peter Bogdanovich viene a cuento por los 30 años cumplidos por Tom Petty & The Heartbreakers como banda. Y lo cierto es que es esencial para fans. El devenir de Petty y cía está detallado con imágenes históricas. De propina viene un concierto y un cd de rarezas. Es, sin duda, una joya.

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Revisiones
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