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The Stone Roses

Publicado el miércoles 7 noviembre 2018

The Stone Roses
The Stone Roses
Silvertone 1989

Creo que ningún grupo en toda la historia de la música logró imponer la moda, liderar un movimiento o escena, tener el éxito que tuvieron, e influir tanto como influyeron The Stone Roses con un sólo disco. El siguiente álbum que grabaron (“Second Coming” -Geffen Records, 1994-) quedaría totalmente eclipsado al no alcanzar las expectativas esperadas, la relación entre los miembros estar tocada y el tiempo pasado, debido a múltiples problemas, ser excesivo. En cinco años la fiebre ‘stone roses’ había bajado.
Los orígenes del grupo se encuentran en una formación llamada ‘The Patrol’, fundada por Ian Brown y John Squire en 1980 e influenciados fuertemente por ‘The Clash’. La ciudad testigo de sus escarceos Manchester. Al año siguiente cambiarían el nombre por ‘English Rose’, en honor a una canción de los ‘Jam’. No es hasta 1984 que deciden llamarse ‘The Stone Roses’, contando ya con la participación de Alan John ‘Reni’ a la batería y coros. El bajista Gary ‘Mani’ Mounfield entraría cuando el grupo ya había grabado los dos primeros singles (“So Young” y “Sally Cinnamon”). Para su tercer sencillo en 1988 (“Elephant Stone”) firman con el sello Silvertone, división de Zomba Records para grabar grupos del llamado ‘nuevo rock’. Producido por Peter Hook (bajista de Joy Division y New Order, con un sonido muy característico en su instrumento), son las primeras canciones, según palabras de John Squire, con las que todos se sienten totalmente identificados. Convencidos de lo que hacen e intentando convencer a todo el mundo de que son los mejores, no dudan en alardear de sus posibilidades y de que ellos son el futuro. Logran encontrar definitivamente el sonido con el que se les asociará con la ayuda del productor John Leckie (había trabajado con Pink Floyd -‘The Dark Side of the Moon’-, George Harrison -‘All Things Must Pass’-, Magazine -‘Real Life’-, o Felt -‘The Strange Idols Pattern and Other Short Stories’- entre otros). Poco a poco se extiende entre la juventud inglesa la moda de los pantalones con pata de elefante desgastados y camisetas rayadas cuya banda sonora está protagonizada por las canciones de ‘The Stone Roses’, siguiéndoles de cerca ‘Inspiral Carpets’ o ‘Happy Mondays’.
Todo el disco respira ansias de sobresalir e imponer unas ideas que rompan moldes. “Si quieres que la gente sepa lo que piensas, lo que haces y como suenas has de hacerlo todo tú mismo”. Así el autor de la portada, como en la mayoría de los singles, es el guitarrista John Squire, influenciado por el pintor americano Jason Pollock (creador de la técnica del ‘dripping’ o chorreado, que consiste en gotear y salpicar pintura sobre tela sin tensar, en el suelo), colocando sobre una obra suya, ‘Bye bye badman’, el nombre del grupo en letras doradas, 3 rodajas de limón representando la acidez y psicodelia (según J. Squire se inspiró en un manifestante del mayo francés del ’68 que siempre llevaba un limón en el bolsillo para anular los efectos de los gases lacrimógenos), y en un lateral tres brochazos con los colores de la bandera inglesa, como rechazo a la vampirización americana sobre su país.
Se abre el LP con una declaración de intenciones ‘I Wanna Be Adored‘, el tren llega a la estación, sonidos lisérgicos y experimentales, quien primero desciende es el bajo, con ese sonido tan especial a lo largo de todo el disco, que gran cantidad de grupos de la época intentarían imitar, y tras él bajan sin prisas, mezclados entre pasajeros anónimos, todos los demás, punteos suaves sobrevolando las frases repetidas de ‘no necesito vender mi alma, él ya está dentro de mi’ y ‘quiero ser adorado’. Ya han logrado que el público centre sus miradas en ellos sin pestañear. ‘She Bangs The Drums‘, ritmo embriagador que hace girar sin parar la cabeza, no importando que sean sonidos reciclados imbuídos de nuevos aires y brillantes armonías, consiguen que la canción se expanda, seduzca y cautive, convenciendo al que la escucha que con todo lo que logran transmitir es imposible que no tengan razón (‘el pasado es tuyo, el futuro es mío, todos estais fuera de tiempo’). ‘Waterfall‘ descubre que la belleza no está reñida con el ritmo. Coros de Reni que encajan a la perfección con la voz de Ian Brown, lo mismo que su batería con el bajo y la guitarra que impregnan toda la canción de emociones. Finaliza con el característico wah-wah funky que logran re-inventar pasando a formar parte diferencial de su sonido. ‘Don’t Stop‘ es el tema más experimental y psicodélico hasta el momento, muestra de su afán por investigar y demostración de que cualquier parecido con la música de los 60 es utilización de lo ya descubierto para seguir creando, no imitando (la base instrumental es ‘waterfall’ escuchada al reves y la letra es lo que le iban sugiriendo a J.Squire los sonidos vocales al ser escuchados de ese modo). ‘Bye, Bye Bad Man‘ rebosa melodía y ritmo suaves, para esconder una crítica al todopoderoso imperio americano, inspirada la letra en el tipo que tiraba piedras contra la policía durante el mayo francés del ’68 y llevaba limones en los bolsillos. Nunca la han tocado en directo, se cree que por la dificultad de reproducir tantas pistas de guitarra. ‘Elizabeth My Dear‘ es muy breve, se apodera de la tradicional melodía de ‘Scarborouhgh Fair’ popularizada por Simon y Garfunkel para declarar, en menos de un minuto, que no descansarán hasta que su ‘querida’ reina pierda el trono. Como curiosidad en el segundo 37 aproximadamente se oye un disparo. ‘(Song for My) Sugar Spun Sister‘ juega, por un lado, con el contenido psicodélico de su letra, lleno de imágenes irreales, y por otro, con la música que es mucho mas real, que parece intentar agarrar las palabras para que no se vayan demasiado lejos, es el peso para evitar que el globo no suba demasiado, creando un conjunto lleno de extraña poesía. ‘Made Of Stone‘ fue lanzada como primer single del disco y se convirtió en uno de sus mayores éxitos. Aúna perfectamente todo lo que el grupo quiere mostrar. Ritmos bailables y al mismo tiempo profundos, gracias a la perfecta conjunción de batería, bajo y guitarras, junto a letras que no evitan la provocación pero revestidas de contagiosas armonías y estribillos que puedas gritar con orgullo. ‘Shoot You Down‘ ralentiza un poco la marcha y ofrece el momento necesario de reposo y reflexión. Sencillez y belleza instrumental junto a fraseos y silencios encajados de modo seductor (en este tema beben más de los ´70 que de los ’60). ‘This Is The One‘ fue, según John Leckie, una de las más difíciles para la grabación, dudando muchas veces si la incluirían o no en el disco. Alterna magistralmente los momentos de calma y suavidad con momentos desenfrenados llenos de instrumentos, cascadas de voces y ampulosos efectos, mientras repiten una y otra vez ‘esto es lo único por lo que ella esperaba’ y ‘esto es lo único por lo que yo esperaba’. (La creación de esta canción tiene una curiosa historia: dicen que se debe a Martin Hannett -productor de discos de Joy Division y del primero de Stone Roses en 1985 ‘Garage Flower’, del que no quedaron satisfechos y prefirieron no publicarlo pero que incluía una primera versión de esta canción y de ‘I Wanna Be Adored’ ; vería la luz en 1996 sin permiso del grupo- : los encerró en una habitación y no los dejó salir hasta que hubieran terminado de componer una canción, siendo esta el resultado de esa experiencia). ‘I Am The Resurrection‘ es la más larga y la que cierra el disco. En ella relucen sus virtudes y sus vicios. Letra entre autosuficiente y engreída, con el ego más subido que nunca: ‘no malgastes tus palabras, no necesito nada de ti, no me preocupa dónde has estado ni que vas a hacer’, ‘tu eres un bebé de nadie arrojado en cualquier lugar que tendrías mejor aspecto muerto’, ‘Yo soy la resurrección y soy la luz’. La música permite el lucimiento a los instrumentos de todos ellos, no quedándose cortos y mostrando al máximo todo el poder y capacidad de la que disponen. Utilizarían esta canción para finalizar también sus conciertos en directo.
Habían pasado en muy poco tiempo de actuar para diez o doce personas a no quedar ni una entrada en conciertos multitudinarios. Sus planes se van convirtiendo en realidad a velocidad de vértigo. Hasta los reveses que sufren les sirven para salir bien parados: un concierto en Alexandra Palace de Londres, con mal sonido y mala organización; una actuación en un programa de la BBC en la que les cortan el sonido a los cuarenta y cinco segundos de empezar ‘Made of Stone’ porque “tocaban demasiado alto”, con la consiguiente bronca ante las cámaras. Todo servía para promocionar al grupo. El mosqueo con el sello FM Revolver por haber reeditado el single ‘Sally Cinnamon’ sin su permiso les llevó a visitar las oficinas de la casa de discos y liarse a bofetadas con todo, dejándo lo que encontraban a su paso inservible, rociándolo con pinturas (“Son unos artistas”). Hasta el juicio sería una muestra de su poder mediático, defendidos y apoyados por los fans a la puerta de los tribunales.
Sus declaraciones actuarían como leña para que el fuego siguiera ardiendo con todas sus fuerzas:
-“Todos los días nos llaman para ofrecernos conciertos en USA… Iremos, claro que iremos, pero en el momento que nosotros queramos, cuando nos parezca oportuno. Pasamos de ir allí sólo porque la hija gorda de algún bastardo rico esté encaprichada con vernos”.
-Cuando Mick Jagger les propone que vayan de teloneros “…denegamos la proposición porque cualquier otro lo habría aceptado, estamos en contra de la hipocresía, el showbusiness, las falsedades… ellos deberían telonearnos a nosotros, no vamos a calentar el ambiente para una banda de carcamales”.
-Hablando de David Bowie: “Cuando apareció todos estaban convencidos de que era algo especial, diferente, como llegado de Marte. Luego descubres que sólo se trata de un hombre de negocios. ¿Bowie un héroe? No me hagas reir. Es odioso. Lo que hace es basura, inútil. Sus canciones jamás han significado nada para mi”.
-“Siempre te encuentras al típico grupo que no hace más que quejarse de su compañía de discos porque se ven obligados a hacer cosas que no comparten. No entiendo por qué hay que hacer cosas que no quieres hacer. Eso es algo que he tenido muy claro desde pequeño, estamos aquí sólo una vez, así que haz lo que te apetezca hacer”.
-“No hay diferencia alguna entre los discos de baile y los discos de rock… Un disco necesita sentimiento. De lo contrario, no es nada”.
Acabaron convirtiéndose en un nuevo modelo de ídolos pop, autores de himnos generacionales, adalides del movimiento Madchester, con un sonido que arranca del pasado y logra traspasar el presente, en sumos sacerdotes del mestizaje entre baile, pop y drogas.
La historía se encargaría de derramar lluvia sobre el fuego e ir apagándolo poco a poco, pero las cenizas todavía siguen bien visibles y guardadas como un preciado tesoro en una urna con letras de oro, y nunca se sabe si como el ave fenix volverán sus creadores a resurgir.

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Cowboy Junkies – The Trinity Session

Publicado el domingo 4 noviembre 2018

Cowboy Junkies
The Trinity Session
Latent Records-RCA Records 1988

Cowboy Junkies es una banda familiar, fiel y sin prisas, dejando que sus discos y su vida fluyan de modo natural entre el río de la música. Hace más de veinte años y mientras viajaban en una furgoneta presentando su primer disco (versiones de blues en su mayoría) “Whites Off Earth Now!!” (1986) descubrieron que el country todavía tenía muchas puertas sin abrir y que querían traspasarlas para ver a dónde se podía llegar. Gram Parsons había abierto algunas, ellos decidieron seguir investigando. Y sin duda dieron con una puerta mágica cuando decidieron grabar su segundo disco “The Trinity Session”. Aprovecharon la tradición, el folk, el country, el blues, e incluso el rock para lograr un sonido único. Llevaron la suavidad y la lentitud a una de sus máximas expresiones artísticas, a un paraíso inexplorado.
La grabación se hizo en la iglesia “Holy Trinity”, después que Peter Moore, productor del anterior disco, recorriera diversos locales de Toronto en busca de un sonido característico y especial. Tras decidirse por la iglesia como la mejor opción y tras un pequeño engaño solicitándola para grabar villancicos consiguieron que se la alquilaran por 12 horas ( eso sí, como había sido declarada monumento histórico permanecería abierta al público unas horas al día para su visita)
Habían quedado contentos con el sonido del primer disco y decidieron seguir grabando con un solo micrófono, dos pistas y en directo. Peter Moore iría cambiando de lugar el micro dependiendo del protagonismo que quisiera obtener de las voces o los instrumentos.
Además de los hermanos Timmins (Margo a la voz, Michael a la guitarra y Pete a la batería) y su amigo Alan Anton al bajo (compañero inseparable de Michael desde que formaran su primer grupo ‘Hunger Project’), contarán con la colaboración de otros músicos añadiendo acordeón, pedal steel, violín, harmónica,dobro o mandolina en diferentes momentos del disco. Establecerán una relación especial con el multiinstrumentista Jeff Bird, que aparecerá a partir de ahora en todas sus grabaciones y actuaciones. Hay momentos de la grabación que llegan a situarse alrededor del micro y al mismo tiempo los nueve musicos participantes.
Ante la precariedad de medios utilizados y en vista de la perfección del sonido y atmósfera obtenidos hay que reconocer no sólo la sensibilidad y estado de gracia de los músicos, sino también la genialidad del productor Peter Moore.
En el primer disco sólo habían incluido una canción compuesta por ellos, pensando que era mejor hacer versiones de buenas canciones ya escritas antes que composiciones nuevas que no estuvieran a la misma altura. En este segundo trabajo se reparten practicamente a partes iguales las versiones y los temas de cosecha propia, todos ellos de Michael Timmins o en colaboración con su hermana Margo, manteniendo un nivel de calidad que no decae en ningún momento del disco.
Como un arbol que empieza a crecer lo primero es echar unas buenas raices y para ello nada mejor que empezar con una canción tradicional cantada de modo sublime por Margo para fijar con firmeza la obra al suelo antes de salir a la superficie. ‘ Misguided Angel’ es la primera rama con frescas hojas verdes y flores rojas de pasión. ‘Blue Moon Revisited (Song for Elvis)’ es la belleza de un árbol robusto en época de otoño; basada en el clásico ´Blue Moon’ compuesto por Richard Rodgers y Lorenz Hart, lo amplían y llevan a su terreno de modo respetuoso y enriquecedor. Igual que logran llevar el resto de versiones, desde ‘I’m So Lonesome I Could Cry’, más triste todavía que la de Hank Williams, hasta ‘Walking after Midnight’ que siendo totalmente personal conserva todo el espíritu de Patsy Cline, o ‘Sweet Jane’ de la que nos muestran la misteriosa belleza de su cara oculta (sacada claramente de la grabación que Velvet Underground hicieron en el ‘Live Album’ de 1969). El resto del disco mantiene el tono de intimidad, sensibilidad y emoción que hace difícil destacar una canción sobre otra, pues todas contienen momentos únicos. El árbol creció tanto que acabaron saliendo las ramas por las vidrieras de la iglesia y si bien su primera intención era editar cinco mil copias en su propia compañía independiente, Latent, acabaron vendiendo millones a través de una distribuidora multinacional. En la primera edición de Latent Records para Canadá no se incluía ‘Working on a Building’ ni ‘Blue Moon Revisited (Song for Elvis)’, se añadirían en la reedición que sacaría ese mismo año RCA para todo el mundo.
El único problema que se le podría achacar a este trabajo es que a partir de su éxito todas las grabaciones siguientes serán comparadas con ella y se les exigirá que la igualen o superen, olvidando que las obras de arte son únicas, y no dando el valor que realmente tienen a sus trabajos posteriores.

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Kaplan – Foam

Publicado el jueves 1 noviembre 2018

Kaplan
Foam
2000

FoamNingún disco maldito nace con vocación de serlo. Son las circunstancias, muchas veces las propias casualidades las que condenan a un álbum al ostracismo de las masas y al tiempo, a la ciega admiración de unos pocos.
En realidad “Foam”, el disco de debut de Kaplan fue concebido para ser el principio de todo, el punto de partida para una carrera que se intuía larga y brillante, pero terminó siendo el testamento de una de las bandas mas personales e interesantes de los últimos años.
Kaplan se formaron en Madrid a mediados de los 90, alrededor de la personalidad de tres hermanos, fanáticos todos ellos del rock mas autentico que pronto se organizarían para articular su primera banda, Dirty Pond, solo con Fernando y Jose Luis y mas tarde Kaplan, donde ya se uniría el hermano mas joven, Ricardo Ruiz.
Los intereses musicales de los hermanos se centran en los grandes clásicos inculcados a temprana edad por su padre (Kinks, Beatles, Stones) y por los sonidos con los que van educando su oido a medida que van creciendo (Rock Americano, Springsteen, Buffalo Tom, Bettie Servert) por lo que no es extraño que las primeras canciones conocidas de Kaplan, las reunidas en el primer E.P “Solitude” (1998) resulte una amalgama de todas esas influencias, una mezcla con sorprendente sentido y criterio como lo demuestran temas, a la postre clásicos de la banda como “Blueprint For A Breakdown”, “Letter For An Unknown Man” o “Stone Bird”.
Tras el éxito de este primer EP y su arrollador paso por algunos de los mejores festivales de nuestro país (Barcelona, Benicassim, Festimad) era el momento de plasmar su sonido en un disco, un disco que recibiría el nombre de “Foam” y que nunca llegaría a publicarse.
“Foam” es la confirmación de que Kaplan eran algo mas que un grupo con un puñado de canciones pegadizas. En realidad en este disco (arduo y difícil), no hay apenas canciones comerciales y si, en cambio, una intensidad, una emoción y una majestuosidad verdaderamente fascinante, y es que, de alguna manera, Kaplan supieron que estas canciones habrían de ser las ultimas que tocasen juntos, de manera que se encargaron, en esas memorables sesiones de plasmar lo mejor posible su particular universo.
“Choose Me” con esa reconocible intro acústica es el tema que abre el disco, un tema dinámico y poderoso que figura entre lo mejor del álbum. Kaplan, cuando grabaron estas canciones llevaban ya varios años juntos y llevaban también a sus espaldas una buena cantidad de conciertos juntos por lo que no es extraño que buscasen plasmar parte de su fuerza en directo en estas nuevas canciones. “Solitude Park” también se puede situar en ese lado mas luminoso del álbum, un tema con un instinto melódico insuperable que demuestra hasta donde podían llegar Kaplan con las melodías. Otro tremendo tema pop es “Self-Portrait” con esas guitarras potentes a lo Buffalo Tom dibujando figuras imposibles de gran belleza.
El núcleo de “Foam” no obstante lo componen canciones bastante mas introspectivas, de mayor peso emocional. Así podemos hablar de la bellisima “There Is A Distance That Never Changes” con esa estremecedora letra, o de la tremenda y desoladora “Reckless As The Break Of Dawn”. No podemos dejar de mencionar tampoco “A Lump In My Troat” cantada por Richard y que supone un claro antecedente de la oscuridad que habría de venir mas tarde con Bandini.
Completando un debut que se me antoja insuperable encontramos temas extraños y mas experimentales como “Please Listen”, “Timing” o la tremenda “You’re So Frail” que quizás adelantasen futuras direcciones e inquietudes de la banda.
Tras grabar este disco, y después de buscar algún tiempo sin éxito una compañía que se hiciese cargo de la publicación del álbum, Kaplan decidieron disolverse. Entre los motivos que llevaron a esta situación podemos adivinar cierto tedio, compromisos laborales y situaciones personales insuperables, aunque la verdadera razón que llevo a la desaparición de Kaplan permanece como un secreto en el corazón de sus protagonistas, y quizás así sea lo mejor.
A nosotros, como siempre en estos casos, nos seguirán quedando las canciones.

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Eels – With Strings (Live At Town Hall)

Publicado el miércoles 24 octubre 2018

Eels
With Strings (Live At Town Hall)
Vagrant Records 2006

Mark Oliver Everett nació en Virginia, hijo del famoso científico Hugh Everett III (autor de la Teoría de los mundos múltiples o paralelos), desde pequeño sintió mayor atracción por la música que por la ciencia. Con tendencia a la tristeza pasó una adolescencia marcada por drogas, problemas con la ley y búsqueda de salidas emocionales en la guitarra o el piano de su hermana. Empiezan a llamarle con la abreviatura E para diferenciarlo de varios amigos con el mismo nombre. A los 19 años pierde a su padre que fallece de infarto. Por esta época pasa gran parte del tiempo componiendo y grabando maquetas caseras de sus canciones. Se traslada a Los Angeles, se instala en un pequeño apartamento encima de un garage y subsiste con los trabajos que va consiguiendo, sin abandonar en ningún momento la composición, tarea que se convierte en una auténtica obsesión. Le ofrecen la oportunidad de grabar, y bajo el nombre de E, Polydor edita sus dos primeros trabajos. El primero “A Man Called E” (1992) tiene cierta repercusión gracias al éxito en listas alternativas de la canción ‘Hello cruel world’, el segundo, “Broken Toy Shop” (1993) pasa más desapercibido. En vista del escaso éxito de ventas la casa de discos decide romper el contrato. Firma para la nueva compañía Dreamworks, forma un grupo más o menos estable con el batería Jonathan ‘Butch’ Norton (con el que seguirá en posteriores discos), el bajista Tommy Walters (con el que pronto romperá por múltiples discrepancias), y él ocupándose de la guitarra eléctrica y un piano eléctrico Wurlitzer. Cambia el nombre por Eels (anguilas) y graban el disco “Beautiful Freak” (1996) que les introducirá en la lista de los grupos con éxito comercial, gracias a canciones como ‘Novocaine for the soul’ o ‘Susan’s house’ (‘My beloved monster’ formará parte de la película Shrek unos años más tarde). Antes del lanzamiento, de nuevo la muerte irrumpe en su vida de modo imprevisto, su hermana Elizabeth Ann se suicida (en una carta de despedida Liz hace mención a las teorías de su padre escribiendo que va a dejar este mundo para irse a otro mundo paralelo mejor). Esta tragedia, junto con el diagnóstico de cáncer terminal de su madre Nancy marcarán dolorosamente la creación del clásico y escalofriante disco “Electro-Shock Blues” (1998), que se convertirá en su obra más valorada por público y crítica (“probablemente el disco más positivo de todos los que vaya a hacer nunca” según palabras del polémico E, como contrapunto a las consideraciones de los críticos que lo califican de crudo, triste y desnudo). El tema ‘Cancer for the cure’ alcanza mayor éxito al formar parte de la banda sonora de la película de Sam Mendes “American Beauty”. Participan como colaboradores conocidos Lisa Germano, Grant Lee Phillips (de Grant Lee Buffalo) o T-Bone Burnett. El siguiente álbum, “Daisies of the Galaxy” (2000), más luminoso y optimista, representa una apuesta clara por la vida. Cuenta con la colaboración de nuevo de Grant Lee Phillips al bajo y de Peter Buck (REM) al piano y guitarra, ayudando ambos también en las composiciones. Como curiosidad, alcanza gran éxito un tema no mencionado en la carátula, escondido al final del discco, y que hace mención a su nuevo nombre ‘Mr. E’s Beautiful Blues’. Su próximo álbum de estudio “SoulJacker” (2001) es el más rocker y potente grabado hasta el momento, contando con la influyente colaboración de John Parish en la guitarra y en la composición de los temas. El director de cine Win Wenders es el autor del primer single ‘Souljacker part I’. En 2003 se edita “Shootenanny!”, grabado en 10 dias y considerado un disco de transición, vuelve a contar con la presencia de Lisa Germano. Tras la grabación el genial batería ‘Butch’ deja la banda, siendo sustituido por Puddin. En este año se edita también la música compuesta para la película “Levity” (han seleccionado canciones de sus discos para múltiples películas, pero es la primera vez que compone expresamente una banda sonora). En 2005 sale un doble disco en el nuevo sello discográfico Vagrant Records (surgido tras la venta de DreamWorks Records a Universal), “Blinking Lights And Other Revelations”, con 33 canciones que reciben de nuevo todos los parabienes y situándolo a la altura del aclamado “Electro-Shock-Blues”, volviendo a la introspección y desenmascaramiento de fantasmas del pasado, pero con el añadido de que el tiempo y madurez han servido en este caso para añadir visiones más variadas, meditadas y objetivas. Cuenta para esta ocasión con la colaboración de los famosos Tom Waits (haciendo los gritos del niño llorón en ´Going Fetal’), John Sebastian (fundador de The Lovin’ Spoonful, co-escribiendo y tocando el arpa en el instrumental ‘Dusk: A Peach In The Orchard’) y de nuevo Peter Buck (co-escribiendo y tocando dobro, guitarra y bajo en ‘To Lick Your Boots’); le gusta echar mano de sus amigos, y su perro no iba a ser menos, incluyendo su aullido en ‘Last time we spoke’.
Inconformista, inquieto, cambiante, maestro en mezclar belleza y tragedia, ternura y rabia, domina a la perfección la melodía y el ritmo, pasando de la tristeza a la juerga, de la suavidad a la agresividad con una naturalidad realmente admirable. Utiliza la música y la ironía como terapia, para combatir los tormentosos y turbulentos pensamientos, superar sus múltiples pérdidas afectivas, así como para dar salida a su ansia y necesidad de sentirse vivo.
La anterior gira en 2003 le había resultado agotadora, así que para la presentación del nuevo disco quería hacer algo más relajado y diferente. Un día, mientras echaba un cigarro en el portal de su casa, se le ocurrió la atractiva idea de hacer actuaciones en las que pudiera fumar, prescindir de la batería usual, que el núcleo de la banda lo formara un cuarteto de cuerdas y estar rodeado de instrumentos antiguos (comenta E sobre su visión cuando se le ocurrió la idea: “Yo vi muchos viejos y antiguos teclados: celesta, órgano, piano, melódica … y una sierra musical. Chet tocó unas hermosas partes de sierra sobre algunas pistas de Blinking Lights”). Así, tras superar las lógicas dificultades, formó una banda integrada por un cuarteto de cuerda (Paloma, Julie, Heather y Ana) y dos multi-instrumentistas (Chet y Big Al), encargados de tocar guitarra, lap steel, bajo, órgano, piano, mandolina, celesta, la sierra musical… y como base percusiva un cubo de basura y una maleta antigua. Comienzan el tour en Mayo de 2005, girando por U.S.A., Europa, y Australia. La grabación y filmación fueron realizadas en la última actuación de U.S.A., el 30 Junio de 2005, en el ‘Town Hall’ de Nueva York. Se lanzan al mismo tiempo el DVD, con ocho canciones en exclusiva para este formato, y el CD, con cuatro canciones no incluidas en el DVD. Además de temas propios también interpretan interesantes versiones de Bob Dylan (“Girl From The North Country”), Johnny Rivers (“Poor Side Of Town”) y The Left Banke (“Pretty Ballerina”). La idea es buena, y los resultados son buenos, pero menos originales de lo que en principio pudiera esperarse. Las diez canciones que revisan del último álbum buscan en exceso un sonido similar a las originales, la mayoría un poco más rápidas y más desnudas, pero no las enriquecen ni mejoran. Ganan ligeramente en frescura “I’m Going To Stop Pretending That I Didn’t Break Your Heart” con el tratamiento de las cuerdas, “Railroad Man”, que adquiere un encanto especial al quedar sólo con guitarra acústica y “Losing Streak”, al perder la instrumentación excesiva de la original. Una notable diferencia sin embargo se aprecia en la mayoría de canciones de los discos anteriores, insuflándoles una nueva vida: ‘Novocaine For The Soul’ suena más desgarradora en la voz y más lúgubre con las cuerdas y la sierra musical, ‘My Beloved Monster’ se transforma en una breve canción romántica country, con ‘Flyswater’ disfrutan en la improvisación con los nuevos instrumentos, ‘Bus Stop Boxer’ y sobre todo ‘Dirty Girl’ y un tema recuperado de su etapa en solitario ‘The Only Thing I Care About’ ganan en melancolía.
Estamos pues ante un buen disco en directo, que parece prometer todavía más en DVD, así que, en vista de las fechas que se acercan estoy pensando en pedírselo a los Reyes.

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The Flaming Lips – At War With The Mystics

Publicado el martes 23 octubre 2018

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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