Categoria Discos

Barzin – My life in rooms

Publicado el Domingo 21 mayo 2017

Barzin
My life in rooms
moonpalace / monotreme 2006

Barzin Hosseini compaginaba los estudios de Literatura inglesa con tocar la batería en diferentes grupos de Toronto (Canadá), instrumento que iría abandonando, junto con los estudios, al sentirse más atraído por la composición de canciones, que le permitía unir su pasión por la música y la poesía. Decidió emprender un proyecto en solitario en 1995. De los compañeros que participaban en las grabaciones y actuaciones se irían sumando, pasando a formar parte fundamental del proyecto, Mike Findlay (multiinstrumentista, diseñador de páginas web y miembro también del grupo ‘the kramdens’), Suzanne Hancock y Tony Dekker (alma mater del maravilloso grupo ‘Great Lake Swimmers’). El primer álbum, “Barzin” (Moonpalace Records – Ocean Music) fue editado en 2003, considerado como uno de los grandes trabajos de ese año y con muy buenas críticas. En 2004 un disco con menores pretensiones “Songs for Hinah” fue publicado por el sello frances ‘Hinah’, combinando temas instrumentales y cantados, siendo una de las composiciones de Suzanne Hancock y otra de Tonny Dekker. Ya en 2006 se publicó “My life in rooms”, compuesto en su mayoría por Barzin, excepto “Take this Blue” y “Heart Strings” (Barzin y Tony Dekker), y “Acoustic Guitar Phase” (M. Lightburn). Todos los instrumentos están tocados en este álbum por Barzin, Suzanne Hancock, y Tony Dekker, contando con puntuales colaboraciones de diferentes músicos que aportan una especial elegancia añadiendo sonidos de vibráfono, piano, corno francés o pedal steel guitar, corriendo los arreglos de cuerda de la mano de Karen Graves.
Cantaba en el primer disco “es la misma canción / siempre la misma canción / y tú te buscas a ti mismo / esperando en la ventana / con toda esta música / en tus brazos” (“Autumm and moon”), definiendo perfectamente su estilo, canciones que no se basan en una excesiva investigación ni excesiva originalidad, pero sí mucha intimidad y un tono confesional que alcanza facilmente el corazón del oyente, buscan disfrutar de la sencillez, sacar fuerzas de las experiencias tristes, olvidarse de lo externo y mirar al interior intentando quedarse con lo verdadero y esencial. Recuerda a otros grupos también amantes de la intimidad y la introspección (mojave 3, sparklehorse, low…), no es ninguna isla solitaria en medio del mar, sino una más del archipielago formado por tierras con poca luz, dominadas por las sombras, pero que una vez te adentras en ellas descubres que cada una tiene sus paisajes, su propio sol y su microclima en los que encontrar placeres y descubrir nuevas sensaciones, que cada una es diferente y te ofrece inexploradas visiones. Lo primero que te encuentras al penetrar en el territorio de Barzin es que todo transcurre a cámara lenta, como sin gravedad, variando muy poco la velocidad en todo el recorrido. Te obliga a dejar las prisas aparcadas y mirar todo lo que ocurre a tu alrededor con minuciosidad, o bien, si lo prefieres, intentar olvidarte por completo de todo y de que existes y dejar que las sensaciones fluyan solas y te vayan embriagando. En cualquier caso, lo que sí tienes asegurado es un viaje al interior de la melancolía, cruzando campos de belleza, montañas de desolación y ríos de esperanza escondida entre las alas rotas de los pájaros que sobrevuelan el espacio personal con extrema suavidad.
Las canciones con ritmo más alegre son dos rescatadas del ‘Songs for Hinah’, ‘Just more drugs’ y el sencillo instrumental ‘Sometimes the night’, junto con ‘Won’t you come’ que, aunque lentas, no llegan a ser letárgicas como las demás. Entre las más inspiradas personalmente me quedaría con las que abren el disco ‘Let’s go driving’, ‘So Much Time To Call My Own’, y la que lo cierra ‘My life in rooms’, siendo las demás igualmente disfrutables.
Encuentro sin embargo un problema en este disco que me impide apreciarlo en su plenitud, y es el exceso de efectos en la grabación de la voz, haciendo que la comunicación pierda naturalidad, que la intimidad y acercamiento que emanan el resto de sonidos se encuentren con una invisible barrera, un elemento que parece crear distancias donde no debiera haberlas, una escalera hacia la emoción a la que le falta un pequeño peldaño.

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Crazy Horse – Crazy Horse

Publicado el Jueves 18 mayo 2017

Crazy Horse
Crazy Horse
Reprise, Warner Bros. Records 1971

crazy-horse-crazy-horse-front.jpgCrazy Horse quedarán unidos para la posteridad, y con orgullo, al nombre de Neil Young. Pero como banda propia también han editado cinco discos, siendo este el primero de ellos.
Danny Whitten, Billy Talbot y Ralph Molina, los primeros Crazy Horse, coincidieron a principios de los ’60, en Los Angeles, como integrantes del grupo vocal de Doo wop llamado Danny & The Memories (junto a Ben “Dino” Rocco). Como privilegiados espectadores de los cambios que la música en esos años estaba experimentando, un día tras escuchar a The Byrds se plantearon la decisión de incluir instrumentos y formar una banda de rock, empezando Molina a tocar la batería (ya la había tocado en la banda del colegio), Whitten se inclinó por la guitarra y Talbot por el bajo y piano. No sólo cambiaron de estilo, cambiaron también de nombre, pasando a llamarse The Rockets. Se completaba la formación con los hermanos Leon Whitsell y George Whitsell (guitarras y voces) junto a Bobby Notkoff (violín eléctrico), llegando a editar un disco en 1968 que vendió unas 5000 copias. Antes de esta grabación ya habían coincidido con Neil Young cuando aún estaba en Buffalo Springfield, pero no fue hasta después de escuchar este álbum cuando N. Young les propuso a Whitten, Talbot y Molina que tocasen con él para grabar la canción “Cinnamon girl”. N. Young había abandonado Buffalo Springfield, había grabado un buen disco en solitario que no acababa de cuajar y se encontraba en una fase en que buscaba un sonido diferente. La sesión de grabación funcionó tan bien que N. Young volvió a invitarlos para grabar “Cowgirl in the sand” y “Down by the river”, registrando seguidamente todo el disco “Everybody this is nowhere” en tan sólo dos semanas, apareciendo en él por primera vez el nombre con el que se convertirían en leyenda, Crazy Horse. Como un crítico musical dijo muy acertadamente (no recuerdo ahora su nombre): ‘si Bob Dylan decía que la respuesta estaba en el viento, Neil Young la encontró en el huracán’, refiriéndose al sonido tan especial que caracterizaba a la banda. Todavía grabarían otro disco más con Neil Young, el clásico “After the gold rush”, antes de sacar bajo su nombre este LP, de título homónimo. Lo grabaron en un período en que N. Young formaba parte de Crosby, Stills, Nash and Young. Con este trabajo pretendían demostrar que tenían vida propia y que aspiraban a ser algo más que una poderosa banda de acompañamiento, que no sólo eran duros como la roca, también podían ser maleables como la arena. “Con Neil Young nuestro sonido es muy rústico”, comentaba Talbot “Danny, Ralph y yo teníamos nuestras propias ideas, y no eran exactamente las que desarrollábamos con Neil. No era sólo Crazy Horse aporreando tres acordes”. De los once temas que integran el disco, Whitten es el que participa en mayor número de composiciones (personalmente considero que las más inspiradas). De su autoría son “Look at all the things”, aires sureños con ligeros toques de psicodelia; “I don’t want to talk about it”, preciosa balada country-rock que unos años más tarde llegaría a las listas de éxito en la voz de Rod Stewart; “Downtown”, compuesta a medias con N. Young (aunque este dijo en una ocasión que la mayor parte fue escrita por Danny) y que Neil incluiría más tarde en el desgarrador disco “Tonight’s the night”(recuperando una versión registrada en vivo en el Fillmore East en 1970); “Dirty dirty”, suciedad, pesadez y distorsión, haciendo gala de su sonido más característico y reconocible; y “I’ll get by”, bella canción con ritmo y juegos de voces en la onda CSN&Y. Contaron para la grabación del álbum con la importante ayuda de músicos con los que habían coincidido en las sesiones de “After the gold rush”, como el pianista y productor (en esta obra junto a Bruce Botnick) Jack Nitzsche, autor e interprete del blues que cierra el disco “Crow Jane Lady”, así como compositor, en colaboración con Russ Titelman , de la canción que abre el álbum “Gone dead train” (canción ya grabada anteriormente por Randy Newman para la película “Performance”, de 1970), blues-rock pesado con riffs y voces que incitan a seguir el ritmo y mover la melena (da igual si no la tienes, la fuerza del tema te convence fácilmente de que te luce frondosa), y del pop-rock sin complicaciones pero efectivo “Carolay”. El resto de composiciones se las reparten entre el guitarrista Nils Lofgren (autor de “Beggars day”, con fraseos acerados y poderosos, en la que pone también la voz principal, y “Nobody”, con influencias funkys), y el amigo Neil Young, que les regala “Dance, dance, dance”, canción country-folk que ciertamente invita a bailar, animada por el violín de Gib Gilbou, e interpretada en la voz principal por el batería Ralph Molina (esta canción llegó a salir en algún single de N. Young, también la interpretó en directo en varias ocasiones, pero no llegó a editarse oficialmente en ningún disco. Le añadiría más tarde nuevas estrofas y la llamaría “Love Is A Rose”, cediéndosela a Linda Ronstadt. Saldría una versión suya en el triple LP “Decade”). También participa con su slide-guitar, en tres temas, Ry Cooder, con el que habían coincidido asimismo en las grabaciones con Neil Young.
El disco tuvo éxito de crítica, pero no comercial, debido en parte a las dificultades para realizar la gira, por el problema de drogadicción que arrastraba Danny Whitten, viéndose obligados a despedirlo de la banda, siendo reemplazado por otros guitarristas, entre ellos el compañero en The Rockets George Whitsell. El tema “The needle and the damage done”, que Neil Young incluyó en el disco “Harvest” estaba especialmente dedicado a Whitten, como aviso del peligroso camino por el que transitaba. Murió en 1972 por una sobredosis de heroína, después de que N. Young intentara, sin éxito, recuperarlo para el tour post-Harvest, que más tarde quedaría plasmado en la grabación “Time fades away”, no pasando la prueba de audición con el grupo que en ese momento acompañaba a Neil Young (The Stray Gators). Este le compró el billete de avión para que volviera a casa y le entregó cincuenta dólares. Al día siguiente recibía la noticia de su muerte. “Time fades away”, con una rosa solitaria en la portada, rezuma por todas sus notas las ideas obsesivas que inundaron la mente de Neil Young a raíz de este trágico acontecimiento. Ideas que explotarían, potenciadas por la muerte del ‘roadie’ de CSN&Y Bruce Berry en la catarsis y exorcización que representa el “Tonight’s the night”, oscura y amarga historia sobre la droga, la fama y la muerte, donde una foto interior muestra a la banda en el escenario con una zona lateral vacía en memoria de Whitten.

P.D.(Sé que por esta página hay auténticos expertos en la carrera de Neil Young y Crazy Horse, así que si encuentran errores de información, les agradezco de antemano las correcciones que puedan aportar).

Escucha: Crazy Horse – Gone Dead Train

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Big Star – Third/Sisters Lovers

Publicado el Lunes 15 mayo 2017

Big Star
Third/Sisters Lovers
Ryko 1975

El mundo del rock no es justo, bandas mediocres obtienen rápidamente éxito y reconocimiento, mientras que otras dudan de su innegable talento al no ver reconocido su trabajo.
Esta ultimo es el caso de Big Star, por derecho propio el grupo de Alex Chilton y Chris Bell debería figurar en todos los tratados al lado de los grandes y ser tan populares como cualquiera de ellos, pero hoy en día no superan el estatus de grupo de culto bordeando el anonimato.
Una mala distribución de sus discos tuvo gran parte de culpa en su fracaso comercial, aunque también tuvo bastante que ver su forma de entender la música, muy alejada del cliché rockero de moda en la época.
Big Star suenan a Beatles, a Beach Boys, sin dejar de sonar a Big Star, unas melodías prodigiosas, unos arreglos instrumentales imposibles, textos emocionantes que dieron forma primero a las canciones vitales de “#1 record” y “Radio city” y que también darían forma al árido “third / sister lover”
Cuando Alex Chilton entro en el estudio, sus ambiciones comerciales estaban ya bastante diluidas, y su estima como compositor bastante tocada, atravesaba además una época de conflictos sentimentales y existenciales. Todo esto se ve reflejado en “third” que sorprende por despojar al sonido de Big Star de toda la luminosidad de antaño, substituyendola por angustia, dolor y desanimo.
“thank you friends” es un sarcástico homenaje a sus amigos, empezando por Chris Bell, que abandono la banda años atrás. “night time” es la búsqueda del consuelo, de la mano amiga.
“holocaust” estremece al oyente con una historia de muerte, de enfermedad, de sufrimiento.
“third / sister lover” es el disco mas arduo de Big Star, el mas oscuro, el que mejores canciones tiene

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M. Ward – Transistor Radio

Publicado el Domingo 7 mayo 2017

M. Ward
Transistor radio
Merge 2005

En España es aún desconocido. Muy poco se le nombra por acá y quizá no mucho en los USA. Uno de los grandes autores norteamericanos de los últimos años, muy arraigado en la tradición musical de su país, su aportación más relevante es la de ser un perfecto ejemplo de creación musical de nivel más allá de cualquier tipo de innovación aparte de crear canciones atemporales. El arte de la canción en sí, tal como ha sido trabajado durante décadas. Inicialmente apadrinado por Howe Gelb, firma con el sello Merge a partir de su anterior disco. Podeis coger cualquiera de sus 3 albumes, excelentes. De estilo country-folk, con tintes blues a veces, pop en un sentido amplio. Versionea por igual a Beach Boys, Bowie o Bach siendo M. Ward el resultado siempre. Con apego por el sonido de discos antiguos y el calor de la música de la radio, crea un espacio acústico propio. Trabaja las canciones a través de paisajes sonoros evocadores y cálidos, empleando para ello a veces efectos y montajes de estudio que sutilmente consiguen el efecto de preparar gratamente el oído para las canciones. Abre un instrumental, You still believe in me ( Pet sounds ), preparando tranquilamente lo que vendrá a continuación. One life away es una deliciosa canción salida como de otra época, mimando al máximo el oído del oyente mediante un logrado sonido vintage y una redonda melodía que transmite una sensación de equilibrio y estatismo, de presente absoluto. Cogiendo impulso, Sweet hearts on parade introduce el ritmo y la presencia de la banda tocando lo justo, una guitarra que suena en el horizonte, escobillas, sonido de clave y efecto de eco en la voz que siguen manteniendo la sensación de estar en un terreno suave y etéreo. Fuel for fire es otra de las grandes canciones, perfectamente desarrollada, introduciendo en la mitad un breve piano que dibuja muy pocas notas, sueltas, casi como si fuese un guiño o un sampler, coros lejanos y cuerdas introducidas levemente, como si proviniesen de una radio no del todo bien sintonizada. Menos es más. La melodía vocal es una verdadera maravilla. Todo cambia con Four hours in Washigton, con mayor presencia del grupo, ritmo creciente de tren y desgarro en la voz. Logrados arreglos de cuerda y acertado acompañamiento baterístico para una tensa canción que tiene continuidad en el instrumental siguiente, Regeneration nº1, punto en el que la máxima intensidad del disco es alcanzada por el combo, en estupendas cadencias con cortes latinos.Triste y rabiosa. Big boat es la canción más alegre, rítmica, sobre un patrón de r´n´r clásico y un juguetón piano que ejerce de puente, proporcionado un aire dinámico y ferial. Vuelve a la calma con Paul´s song, que ya no abandonará. Otra de las mejores composiciones, con un slide tradicional que proporciona la calidez precisa. El resto discurre por este terreno. Todas son buenas, cerrándose con una versión del Clave bien temperado, que parece suya.
En cuanto al estilo vocal de Ward, se trata de un cantante con una voz ligeramente quebrada, de amplio registro y que se sitúa normalmente en lo grave. Suena masculino y maduro, sin vacilar al ampliar a los agudos o al falsete, sin florituras ni impostación alguna. Auténtico y puro. Cálido como pocos. Suele doblar la voz y emplear a veces coros femeninos muy country. Su voz es su mejor atributo, totalmente inconfundible. Predomina lo acústico, las escobillas y los platos con cola, el slide, el piano, siempre discreto. Una coherencia instrumental realmente lograda. La calma domina el conjunto y la melancolía es su estado natural, sin afectación. Quizá siendo un disco más corto lograría la perfección, siendo sin duda uno de los mejores discos del pasado año, ajeno a las listas, por otra parte. Muy prometedor. Probablemente uno de los grandes para el futuro, aunque con esto ha dicho ya mucho. Muy recomendable para los afines a esta página.

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Pavement – Slanted & Schanted

Publicado el Sábado 6 mayo 2017

Pavement
Slanted & Schanted
Matador 1992

La tremenda explosión mediática que provocaron Nirvana con su “Nevermind” en 1991 generó todo un mundo de oportunidades para los avezados ejecutivos de las discográficas multinacionales que enseguida se apresuraron a aprovechar la moda de lo que se empezó a llamar “rock alternativo” con grupos que poco tenían de rock y menos aún de alternativos, si buscais nombres, no teneis mas que escuchar atentamente “Range Life” (Crooked Rain, Crooked Rain) de los mismos Pavement de quien vamos a hablar.
Pavement surgieron a principios de los 90 en Stockton, California, completamente ajenos a todo el movimiento de la industria y a toda esa tendencia que se empezó a multiplicar de grupos oscuros y deprimentes basados en el hard-rock de los 70, lo suyo era una música de aspecto engañosamente amateur y ligero, con claras influencias de Pixies, Sonic Youth y The Fall, con melodías imposibles pero terriblemente pegadizas y con desarrollos instrumentales extraños y muy originales que tocaban tangencialmente prácticamente todos los palos conocidos del rock.
La popularidad de Pavement creció rapidamente a espaldas de la industria, que aun tardaría años en buscar alternativa al Grunge, gracias a un circuito independiente que tras madurar en los 80 funcionaba ya a pleno rendimiento, con cientos de discográficas, fanzines y programas de radio que movilizaban ya a muchísima gente.
Tras una serie inicial de singles y conciertos, con los que el grupo adquirió una notable popularidad, en 1992 salió publicado su primer larga duración, “Slanted & Schanted”, quizás el disco mas influyente de los 90, un disco que dió una nueva definición a la palabra “cool” y que supuso en muchos aspectos una verdadera revolución.
Todas las peculiarísimas señas de identidad de Pavement que el mundo iría poco a poco conociendo e imitando posteriormente aparecían ya aquí, el disco se abre de forma caótica con “Summer babe”, un tema aparentemente simple construido sobre una tosca guitarra distorsionada y un ritmo casi de juguete con una de esas surrealistas y geniales letras de Stephen Malkmus: “Ice baby, I saw your girlfriend and she was eating her fingers like they’re just another meal”, convertida practicamente en un himno del absurdo. Tras la aparente simplicidad del disco se esconde un enrevesado entramado de canciones de tremenda complejidad, canciones dificilmente catalogables con melodías geniales y desarrollos que partiendo de lo experimental se adentran de lleno en la tradición de la música rock, o quizás al revés.
“Slanted & Schanted” es un disco muy variado y un tanto desconcertante en las primeras escuchas, temas como “Conduit For Sale”, “Two States” o “Fame Throwa” parecen en un primer momento simples bromas delirantes frente a temas aparentemente mas serios como “In The Mouth A Desert” o “Here”, envueltos todos ellos en una cascara de elemental y desquiciado rock amateur bastante engañosa que obliga a repetidas escuchas para entender el particular universo que Pavement planteaban en este disco, un disco sencillamente imprescindible y genial.

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