Categoria Discos

Slayer – Reign In Blood

Publicado el miércoles 23 mayo 2018

Slayer
Reign In Blood
American 1986

Reign_In_BloodCampos de exterminio nacis, mutilaciones, trepanaciones, satanismo, mucha, pero mucha velocidad y mucha, pero que mucha mala leche es lo que este “Reign In Blood” escupe en la cara del oyente. Sinceramente, recomiendo pasar primero por Metallica o Sepultura (parecen a su lado Spandau Ballet) para acomodar el cerebro a esta autentica catarsis de odio que es por derecho propio uno de los pilares del metal moderno.
Publicado en 1986, la salida del quinto disco de estudio de Slayer supuso una autentica bofetada de aire fétido en el a menudo inmovilista mundo del heavy metal. Tras aquellos primeros discos que anticipaban el caos, Rick Rubin cogió aquí las riendas de la producción para conseguir, según sus palabras, que se escuchasen todos los instrumentos dentro de aquel gigantesco muro de sonido. El conjunto quedo comprimido en apenas media hora, 30 minutos que servirían perfectamente para lobotomizar al bacala mas recalcitrante.
Tom Araya y los suyos, con especial mención al INCREIBLE batería Dave Lombardo, están aquí perfectamente sincronizados, tocan rápido, si, extremadamente rápido, pero todo esta en su sitio, cada riff, cada solo, cada golpe de caja esta donde tiene que estar, y todo el conjunto fluye con un único fin que es el de horrorizar y escandalizar al oyente. El tema inicial, ese “Angel Of Death” que es todo un himno, es una canción dedicada al criminal naci Joseph Mengele y la letra cuenta, con todo lujo de detalles, las abominaciones perpetradas en su nombre en Auswitch.
No hay pausas, y los diez temas se suceden uno tras otro mostrándonos nuevos horrores a toda velocidad, hasta cerrar con esa magistral “Raining Blodd” que acompañan en sus conciertos con una lluvia de sangre.
Este disco es considerado el iniciador del llamado Speed Metal, y es por derecho propio (a base de ostias) uno de los pilares del rock extremo moderno.
Un disco en definitiva que todo aquel fan de la música rock con amplitud de miras debería escuchar al menos una vez en su vida. Aunque cuidado, duele…

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Blind Faith

Publicado el sábado 19 mayo 2018

Blind Faith
Blind Faith (deluxe edition)
Polydor 1968/2000

En 1968 un ya legendario Eric Clapton ponía punto final a Cream, su mas exitoso proyecto hasta la fecha, casi al mismo tiempo Traffic anunciaban su separación, estaba a punto de iniciarse una de las aventuras mas vibrantes de la historia del rock, una aventura que, no obstante, resultaría terriblemente breve.
Eric Clapton, en sus últimos años con Cream, se quejaba de estar un poco atado a lo que crítica y público esperaban del grupo, un grupo que aunque evolucionó inteligentemente del blues-rock inicial a la psicodelia aún tenía muy marcadas sus rígidas raíces blues, Blind Faith se convertiría en la vía de escape para un Clapton en la cima de su virtuosismo a la guitarra.
El proyecto Blind Faith fue visto en la época como un auténtico supergrupo y despertó una expectación enorme, no en vano Traffic y Cream eran dos de los grupos mas influyentes de su tiempo, y tanto Clapton como Steve Winwood tenían ya cetegoría de mitos, a estos dos músicos se les unieron Rick Grech (antes en Family) y el batería Ginger Baker (ex-Cream) para configurar la formación original de la banda.
Blind Faith, a pesar de lo que se podría pensar en un principio, no fue la suma del sonido de las tres bandas madre, sino que generó un sonido tremendamente peculiar, basado en el blues y la psicodelia, si, pero llevando la música a extremos completamente desconocidos.
El disco original que salió en el 69 solo contenía seis canciones, tres compuestas por Steve Winwood (“Had To Cry Tonight”, “Can’t Find My Way Home”, “Sea Of Joy”), una por Eric Clapton (“Presence Of The Lord”), otra por Ginger Baker (“Do What You Like”) y una version del “Well…All Right” de Buddy Holly aunque sin duda es mas recomendable hacerse con una edición del disco que salió en el 2000 llamada DeLuxe Edition que captura mejor el espíritu de aquellos escasos seis meses de existencia de la banda al incluir todas las jams que se grabaron en esas sesiones, hay es donde se aprecia en detalle el espíritu excesivo de la banda, enfrascandose en interminables sesiones donde Clapton y Winwood podían desfogarse a sus anchas. sin ceñirse a ningun patrón en particular, mezclando petreos riffs eléctricos con increibles solos sin ningun tipo de limitación, en un entorno cargado de creatividad y libertad.
En su breve periodo de existencia Blind Faith ofrecieron algunos conciertos multitudinarios y recibieron una tremenda notoriedad, acompañada de cierta polémica (la portada del disco mostrando el torso de una adolescente desnuda) y de los previsibles problemas de egos que a la postre acabaron con la banda. Para Eric Clapton la disolución de Blind Faith significó el principio de su carrera en solitario, para Steve Winwood otra oportunidad de revivir a Traffic, mientras que las canciones de este disco poco a poco fueron cayendo en el olvido.
Blind Faith quedaron para la historia como un proyecto fallido, como la prueba de la incompatibilidad entre las grandes estrellas, obviando a menudo un disco que abrió nuevas sendas al rock y que sirvió simbólicamente de puente entre los 60 y los 70.

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Publicado por Luis / Archivado en:Discos
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Jesse Sykes and The Sweet Hereafter – Like, Love, Lust & the Open Halls of the Soul

Publicado el viernes 18 mayo 2018

Jesse Sykes And The Sweet Hereafter
Like, Love, Lust & the Open Halls of the Soul
Barsuk – Fargo – Discmedi 2007

Jesse Solomon, fan en su adolescencia de Lynyrd Skynyrd, estudiante de artes visuales y fotografía en la escuela de diseño de Rhode Island, se traslada con su madre a New York tras la graduación, siendo aquí donde decide que lo que a ella le atrae por encima de todo es la música, quiere ser cantante y compositora, mudándose a Seattle en 1990. Toca en varias bandas de rock y country integradas por amigos, cambia de nombre al casarse con el guitarrista Jim Sykes, con quien había formado el grupo Hominy. Sacaron un disco homónimo en 1998. Tras la separación sentimental, ese mismo año conoce en una tasca a Phil Wandscher, guitarrista del grupo Whiskeytown (quien pasa también por una fase difícil tras la escisión de la banda); pronto se da cuenta que su vida cambiará gracias a ese encuentro. Tras un proceso de búsqueda de sonido y de estabilidad emocional, evolución en las composiciones, actuaciones como dúo e integración paulatina de músicos, en 2002 ponen nombre a la banda “Jesse Sykes And The Sweet Hereafter” (igual que el título de la película de Atom Egoyan “El Dulce Porvenir”), completando la formación la violinista Anne Marie Ruljancich (Walkabouts…, permanecerá hasta enero del 2006), al bajo Bill Herzog (Neko Case…), y Kevin Warner en la batería (hasta enero del 2005). Sacan un gran disco “Reckless Burning”, en el que muestran su aprendizaje y su perfecto acoplamiento a la hora de convertir el desamor y la tragedia en baladas dramáticas. Le seguirá un disco de madurez y búsqueda interior “Oh, My Girl” (2004), otra obra maravillosa, cargada de culpas, engaños y pérdidas, vencida por la desesperanza. Y este año nos ofrecen el disco en el que buscan un sonido más cálido, menos atormentado, con unas letras más universales y cercanas, “Like, Love, Lust and the Open Halls of the Soul”. De la grabación y producción se han encargado Tucker Martine (Decemberist, The Long Winters), Martin Feveyear (Mark Lanegan, Kings Of Leon) y Randall Dunn. El batería ha sido sustituido por Eric Eagle, y cuentan con las colaboraciones especiales de Nicolai Dunger (guitarrista, compositor y cantante sueco, que también ha colaborado con Will Oldham, Calexico o Mercury Rev.), Wayne Horvitz (prolífico compositor y pianista americano, más conocido por su trabajo como teclista de la banda Naked City, liderada por John Zorn) y Eyvind Kang (compositor y violinista americano que, aparte de su amplia obra personal, ha colaborado entre otros con John Zorn, Marc Ribot, Beck o Animal Collective).
Si bien las comparaciones siempre son engañosas, para darse una idea del sonido de Jesse Sykes And The Sweet Hereafter, yo lo situaría en un imaginario cruce entre Cowboy Junkies, Mazzy Star y Marianne Faithfull. Ofrecen de modo magistral suavidad y fuerza, tristeza y esperanza, ilusión y desgarro, gracias al perfecto acompañamiento instrumental que sabe como enriquecer la personal voz, llena de matices, de una Jesse Sykes que domina a la perfección el arte de transmitir emociones. La canción ‘The Open Hands Of The Soul’ es la que le da la clave sobre la dirección que seguirá este álbum, una puerta hacia el cambio, hacia la esperanza y la ilusión “es una canción positiva que habla de abrir tu corazón y tu alma, es una suerte de aplauso a la vida… estamos de paso por un corto espacio de tiempo y debemos saber disfrutar de los pequeños placeres que nos otorga la vida”. Aunque fue la que originalmente inspiró la temática a seguir, en el disco ocupa el último lugar, representando las demás canciones el argumento para llegar a esa conclusión, un argumento narrado con una maestría tal que nada sobra ni nada falta, obligándote a escuchar la historia de principio a fin con los oídos bien abiertos, transportándote por paisajes y aventuras que cruzan del folk al pop, del rock al soul, del country al blues, pasando por avenidas de jazz, clásica o experimentación escondidas entre el decorado, y sobrevolando en momentos destacados los coros y vientos con una presencia como no lo habían hecho en sus anteriores discos. Se hace practicamente imposible destacar una canción sobre otra, todas tienen momentos mágicos, desde “Eisenhower Moon” que abre suavemente el disco con guitarra y armónica, a la que forma parte del título, ‘LLL’, con presencia destacada de guitarras eléctricas (en principio pensó en usar estas palabras como título del disco, idea surgida después de preguntar al dueño de un bar que estaba cubierto de tatuajes y llevaba en la muñeca tres L su significado; este le contestó “Like, Love, Lust… si tienes esto lo tienes todo”, luego al grabar el disco consideró necesario ampliar el título para definir mejor el álbum); pasando por ‘You Might Walk Away’ heredera del mejor pop de guitarras, con palmas incluidas; ‘The Air Is Thing’ te desarma por completo mientras Jesse habla de su niñez y sueños zarandeando finalmente tu corazón con vientos soul y coros gospel (hasta el momento representa su mayor éxito comercial); ‘Spectral Beings’, ‘How Will We Know’, ‘Hard to believe’ ‘Aftermath, ‘Station Grey’ (basada en el protagonista de ‘El guardián entre el centeno’), ‘I Like The Sound’, ‘Morning It Comes’. Se hace imposible no mencionar todas ellas.
No se trata de un disco con sonidos nuevos, si te dicen que ha sido grabado hace diez o veinte años te lo puedes creer perfectamente, pero en este caso eso no representa el más mínimo inconveniente, se trata precisamente de un síntoma claro de atemporalidad, de su lejanía de modas pasajeras, bebe de la mejor tradición para expresar sentimientos, emociones y vivencias tan actuales como universales, tan válidas hoy como dentro de cien años (quizá esto sea una tontería, pero bueno, como frase creo que suena bien).
Podéis escuchar el disco entero (y bajar 2 maravillosos vídeos con tomas alternativas en direco) en este enlace

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Publicado por jose / Archivado en:Discos
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The Flaming Lips – At War With The Mystics

Publicado el martes 15 mayo 2018

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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Publicado por teresa / Archivado en:Discos
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Barzin – My life in rooms

Publicado el jueves 10 mayo 2018

Barzin
My life in rooms
moonpalace / monotreme 2006

Barzin Hosseini compaginaba los estudios de Literatura inglesa con tocar la batería en diferentes grupos de Toronto (Canadá), instrumento que iría abandonando, junto con los estudios, al sentirse más atraído por la composición de canciones, que le permitía unir su pasión por la música y la poesía. Decidió emprender un proyecto en solitario en 1995. De los compañeros que participaban en las grabaciones y actuaciones se irían sumando, pasando a formar parte fundamental del proyecto, Mike Findlay (multiinstrumentista, diseñador de páginas web y miembro también del grupo ‘the kramdens’), Suzanne Hancock y Tony Dekker (alma mater del maravilloso grupo ‘Great Lake Swimmers’). El primer álbum, “Barzin” (Moonpalace Records – Ocean Music) fue editado en 2003, considerado como uno de los grandes trabajos de ese año y con muy buenas críticas. En 2004 un disco con menores pretensiones “Songs for Hinah” fue publicado por el sello frances ‘Hinah’, combinando temas instrumentales y cantados, siendo una de las composiciones de Suzanne Hancock y otra de Tonny Dekker. Ya en 2006 se publicó “My life in rooms”, compuesto en su mayoría por Barzin, excepto “Take this Blue” y “Heart Strings” (Barzin y Tony Dekker), y “Acoustic Guitar Phase” (M. Lightburn). Todos los instrumentos están tocados en este álbum por Barzin, Suzanne Hancock, y Tony Dekker, contando con puntuales colaboraciones de diferentes músicos que aportan una especial elegancia añadiendo sonidos de vibráfono, piano, corno francés o pedal steel guitar, corriendo los arreglos de cuerda de la mano de Karen Graves.
Cantaba en el primer disco “es la misma canción / siempre la misma canción / y tú te buscas a ti mismo / esperando en la ventana / con toda esta música / en tus brazos” (“Autumm and moon”), definiendo perfectamente su estilo, canciones que no se basan en una excesiva investigación ni excesiva originalidad, pero sí mucha intimidad y un tono confesional que alcanza facilmente el corazón del oyente, buscan disfrutar de la sencillez, sacar fuerzas de las experiencias tristes, olvidarse de lo externo y mirar al interior intentando quedarse con lo verdadero y esencial. Recuerda a otros grupos también amantes de la intimidad y la introspección (mojave 3, sparklehorse, low…), no es ninguna isla solitaria en medio del mar, sino una más del archipielago formado por tierras con poca luz, dominadas por las sombras, pero que una vez te adentras en ellas descubres que cada una tiene sus paisajes, su propio sol y su microclima en los que encontrar placeres y descubrir nuevas sensaciones, que cada una es diferente y te ofrece inexploradas visiones. Lo primero que te encuentras al penetrar en el territorio de Barzin es que todo transcurre a cámara lenta, como sin gravedad, variando muy poco la velocidad en todo el recorrido. Te obliga a dejar las prisas aparcadas y mirar todo lo que ocurre a tu alrededor con minuciosidad, o bien, si lo prefieres, intentar olvidarte por completo de todo y de que existes y dejar que las sensaciones fluyan solas y te vayan embriagando. En cualquier caso, lo que sí tienes asegurado es un viaje al interior de la melancolía, cruzando campos de belleza, montañas de desolación y ríos de esperanza escondida entre las alas rotas de los pájaros que sobrevuelan el espacio personal con extrema suavidad.
Las canciones con ritmo más alegre son dos rescatadas del ‘Songs for Hinah’, ‘Just more drugs’ y el sencillo instrumental ‘Sometimes the night’, junto con ‘Won’t you come’ que, aunque lentas, no llegan a ser letárgicas como las demás. Entre las más inspiradas personalmente me quedaría con las que abren el disco ‘Let’s go driving’, ‘So Much Time To Call My Own’, y la que lo cierra ‘My life in rooms’, siendo las demás igualmente disfrutables.
Encuentro sin embargo un problema en este disco que me impide apreciarlo en su plenitud, y es el exceso de efectos en la grabación de la voz, haciendo que la comunicación pierda naturalidad, que la intimidad y acercamiento que emanan el resto de sonidos se encuentren con una invisible barrera, un elemento que parece crear distancias donde no debiera haberlas, una escalera hacia la emoción a la que le falta un pequeño peldaño.

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