Bandini
It Ain’t No Love
Happytobeme records 2010
Hay personas a las que el amor se les resiste, una sensación, un Nirvana que buscan desesperadamente en los sitios mas insospechados e inhóspitos, experiencias que, las mas de las veces terminan tras unos cuantos besos vacíos, unos cuantos polvos, tristes despedidas y montañas de amargura.
Bandini llevan desde su creación ahondando en la herida del desamor, porque saben que lo único que se puede hacer tras un descalabro es encerrarse a tocar, aferrarse a ese mástil de la guitarra que simboliza mejor que ninguna otra cosa la enorme mentira que sustenta aquello que llamamos Rock and Roll. Una gran mentira que, al igual que ocurre con la religión, solo se sustenta a base de fe, y la fe de Bandini en el rock and roll es de aquellas capaces de mover montañas, muy meritorio en estos tiempos de crisis, malos tiempos para la lírica.
Tras un primer doble álbum llamado “The Sunny Album”, publicado en 2007, Richard Ruiz se ha tomado un tiempo para dar forma a las canciones de este segundo disco, sarcásticamente titulado “It Ain´t No Love”, y es que no, no hay amor, pero eso no puede impedirnos seguir con nuestra búsqueda.
Con una producción bastante mas trabajada y pulida que la de su debut “It Ain´t No Love” presenta a unos Bandini pletóricos, en estado de gracia, inspirados y furiosos. Lo que en “The Sunny Album” era un susurro lastimero se vuelve aquí un formidable rugido surgido de lo mas profundo de sus (rotos) corazones. Las dentelladas guitarreras son la norma en este disco, formando en ocasiones paisajes sonoros cargados de furia y desolación, a destacar el excepcional trabajo a la guitarra de David Guinea, poseedor de un exquisito talento para enturbiar composiciones en principio amables. Ejemplos de este sonido torrencialmente eléctrico sería en primer lugar la excepcional “4 AM”, las inquietantes y perturbadoras “Made Of Cristal” y “Deadlines” o ese oscuro y dramático corte que abre el disco: “You Make Me Feel All Down”.
Bandini, revestidos ahora de un infranqueable manto eléctrico, no han perdido no obstante ni un ápice de su excepcional sentido melódico, aquel que ya aparecía en aquellos cortes ya clásicos de “The Sunny Album” y que aquí vuelve a surgir en bellísimas canciones adornadas con mareas de dibujos acústicos y ensoñadores teclados. Lo mejor de este lado amable lo encontraríamos en cortes como “Dry But Not Confused”, “Don´t Make Promises That You Can’t Keep” o “Marble Moon”.
“It Ain´t No Love” multiplica por mil las incontables virtudes de su anterior trabajo, y nos muestra a una banda en estado de gracia, un grupo robusto, rocoso, que baraja con singular maestría las cartas de la obra maestra, del disco total. Once llaves que despertarán de su letargo al corazón mas negro, once pruebas de que, después del tormento nos espera la gloria, a todos nosotros, aún en estos tiempos de mierda que nos ha tocado vivir.
Campos de exterminio nacis, mutilaciones, trepanaciones, satanismo, mucha, pero mucha velocidad y mucha, pero que mucha mala leche es lo que este “Reign In Blood” escupe en la cara del oyente. Sinceramente, recomiendo pasar primero por Metallica o Sepultura (parecen a su lado Spandau Ballet) para acomodar el cerebro a esta autentica catarsis de odio que es por derecho propio uno de los pilares del metal moderno.
El hombre cansado decidió que era buen momento para levantarse y salir a la calle. Harto de cantar sus penas en solitario encendió un cigarro y lanzó señales de humo por la ventana. Los buscadores de melodías que andaban al acecho acudieron a su llamada, con los instrumentos a la espalda llamaron a su puerta y juntos emprendieron el camino. Con las ilusiones todavía intactas, las ganas de recuperar el tiempo perdido y de arrojar al aire las experiencias que encorvaban su espalda, viven la necesidad de gritar y sentir que todas las horas de soledad, aliviadas con masivas dosis de Neil Young, Teenage Fanclub, Lou Barlow, Big Star o los Kinks, cobren forma de salvajes melodías que luchan por salir a chorro de sus corazones y dejar las calles inundadas de emociones y sus cuerpos vacíos de rabia y arrepentimiento.
A estas alturas de la película el calificativo que acude con más facilidad a mi mente cuando escucho a Dale Grundle es el de la honestidad. Si a ello le sumamos unas dotes y sensibilidad especiales para cantar y componer, el goce de los sentidos está asegurado.

