Categoria Conciertos

Leonard Cohen, Lisboa (19/07/2008)

Publicado el Jueves 24 Julio 2008

(Passeio Marítimo de Algés, 19 de julio de 2008)

(Aviso: la primera parte -en gris- son rollos personales, para leer la crónica del concierto empezar directamente en la letra negra)

El 19 de julio, recién estrenadas las vacaciones en Galicia, me desperté recordando que ese día actuaba Leonard Cohen en Lisboa. No había hecho ningún plan para ir al concierto, sin embargo me levanté con la idea de que tenía que aprovechar la ocasión, no tenía problemas familiares ni de trabajo que me impidieran acudir a verlo. Eran muchos kilómetros y muchas horas de viaje, pero no podía desaprovechar esa oportunidad “¿por qué no?, ahora o nunca”. El concierto del Benicássim lo había descartado, quería un concierto dedicado exclusivamente a él. Decidí ir sin saber si quedarían entradas, pero algo me decía que no habría problemas, el mayor inconveniente sería encontrar el sitio y llegar a tiempo. Más de cinco horas en el coche dan para pensar muchas cosas, entre ellas juzgar mi modo de actuar. Habría preferido tener todo planeado con semanas de antelación, haber disfrutado de la preparación de una cita tan importante, ir acompañado y pasar el fin de semana con mi mujer también habría sido buena idea, sin embargo ahí me encontraba solo, a la aventura, como si la juventud no hubiera pasado por mi vida hace muchos años, con una cámara que había cogido a última hora y no había podido comprobar si estaba cargada. Llegué, gracias a que en Portugal tienen una hora de retraso respecto a España, 50 minutos antes del concierto. Cuando me dijeron que “SÍ” había entradas un enorme peso dejó de aplastarme. No me daba tiempo a comer nada, quería estar delante, verlo de cerca, una coca-cola para espabilar un poco, y ya habría tiempo después del concierto para volver a la vida terrenal.
Últimamente esta página parece el Olimpo de los dioses del rock (Neil Young, Bruce Springsteen…), yo quiero añadir uno más a este templo politeista, pues lo que allí se vivió fue un verdadero acto de comunión y adoración. En Lisboa tuvimos la suerte de encontrar el paraíso por un día, escuchamos apasionados las palabras de nuestro Dios, a su lado seis apóstoles nos hicieron levitar con el sonido de sus instrumentos, alcanzando el éxtasis mecidos por los coros de tres ángeles que cantaban el mensaje divino: do dowm dowm dowm da do dowm dowm (“no paréis”, les pedía L. Cohen).

Según pude leer en la prensa acudimos entre 8 y 9 mil personas, de diferentes países, idiomas y edades. Aunque en principio el que fuera al aire libre pudiera parecer un inconveniente, el entorno se convirtió mágicamente en el decorado perfecto, logrando momentos de intimidad y silencio difíciles de imaginar en un concierto de estas características. Leonard Cohen salió puntual al escenario tras los componentes de la banda, todos con traje oscuro, ellos con camisa clara y sombrero. La primera impresión, además de verlo más delgado y pálido de lo que imaginaba, fue confirmar lo que ya sabía: “caramba, si que se le ve muy mayor”, pero tantos años interiorizando su música y sus libros hicieron que mi mente estuviera viendo en el escenario no algo externo sino el reflejo de una parte muy importante de mi vida. Nada más empezar a cantar su edad desapareció, sorprendiéndome el buen estado de su voz, igual de seductora que siempre y mucho menos cascada de lo que me esperaba (tan sólo se le quebró en contados momentos de gran intensidad). Cada gesto que realizó, cada palabra que pronunció eran seguidos unánimemente por risas, gritos o aplausos del público, no faltando en varias ocasiones el lanzamiento de claveles rojos, tan significativos en un país como Portugal. Vimos a un hombre que irradiaba magia y misticismo, con una suave sonrisa cargada de humildad y un ilimitado poder de atracción. Emoción, alegría, coros, silencio, desgarro… nos tuvo por completo en sus manos, como olas en una bañera que él formaba y agitaba a su sabio antojo. Incluso la temperatura y la luna frente el escenario, a la que señaló cuando alguna estrofa hacía alusión a ella, se aliaron para que todo fuera perfecto. La esencia del concierto fue un espectáculo de rock, pero llevado al límite de lo personal, con influencias de jazz, country, blues, pop o flamenco, pero liderado en todo momento por la elegancia y el respeto a la inteligencia, al oído (¡que sonido tan perfecto!), al individuo como conjunto físico y psicológico. El repertorio estuvo basado sobre todo en sus numerosos éxitos, haciendo un recorrido por la mayoría de sus discos, con especial protagonismo seguramente del “I’m your man”. Empezó con el “Dance me to the end of love”, arrodillándose ante el virtuoso Javier Mas (guitarra acústica, laúd, bandurria…). En multitud de ocasiones aprovechó los “solos” de los miembros de la banda para presentarlos y sacarse el sombrero ante ellos (¡que bien sonaba el antiguo órgano -¿Hammond?- en manos de Neil Larsen!, ¡y qué sensibilidad la de Dino Soldo a la armónica, así como a la flauta y saxo eléctricos!), descubriéndose la cabeza también ante el público agradeciendo cada aplauso, dando a entender que allí todos eran (éramos) parte fundamental del viaje. Entre los temas más conocidos sonaron (perdonad que no recuerde el orden) “Who by fire”, “Everybody Knows”, “Closing Time”, “Bird on the wire” (“como un pequeño pájaro” cambiaría la letra), “Tower of Song” (con el solo de teclado tan simple como característico y que al ser aplaudido, consciente de su poca destreza a las teclas, reconoció que éramos demasiado amables… más risas), “First we take Manhattan”, una bella versión de “Suzanne” con sólo voz y guitarra (el río Tajo al lado del escenario venía al pelo), las maravillosas “Hey, that’s no way to say goodbye”, “The gipsy’s wife”, “I’m your man” coreada a todo pulmón por el público al llegar el estribillo, “Democracy” (creo que fue antes de empezar este tema cuando dijo: “es una suerte poder tener momentos maravillosos como estos cuando hay tanto caos, oscuridad y tristeza en el mundo”), “In my secret life”, la conocidísima “So long Marianne”, un inolvidable “Hallelujah” (añadiendo “no he venido a Lisboa para engañaros”), “Take this waltz” antes de la recta final hizo que todos intentáramos bailar lo mejor que podíamos, y muchas más igual de maravillosas que nos acompañaron durante casi 3 horas, con un descanso de 15 minutos y varios bises de los que salió y volvió bailando, dando simpáticos saltos cada vez más enérgicos, cual Rey haciendo las labores de bufón, cual niño feliz en traje de anciano, como si cada canción fuese una dosis del elixir de la juventud.
Sería injusto no mencionar, por su gran labor y genialidad, al resto de músicos: Bob Metzger (guitarras, steel guitar), Roscoe Beck (bajo, contrabajo) y Rafael Gayol (batería y percusiones). Los ángeles que hacían coros tuvieron también momentos estelares: Sharon Robinson en la canción “Boogie Street” y las Webb Sisters con la interpretación a dúo de la emocionante “If it be your will” (Hattie Webb arpa y voz, Charley Webb guitarra y voz). Para finalizar cantaron todos a coro la despedida mientras Leonard Cohen nos daba las gracias por una noche tan memorable.
Cuando me enteré que en España sólo había actuado 1 hora me alegré doblemente de haber tomado la decisión de acudir a Portugal.

“Suzanne te lleva a su sitio junto al río,
puedes oír los barcos navegar,
puedes pasar la noche a su lado.
Tú sabes que ella está medio loca
pero es por eso por lo que quieres estar allí”

(Suzanne)

Publicado por jose / Archivado en:Conciertos
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Bruce Springsteen, Madrid (17/07/2008)

Publicado el Sábado 19 Julio 2008

Bruce Springsteen & The E Street Band
Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
17 de Julio de 2008

El Jefe de todo esto

José Luis Ruiz

17 de julio de 2008. Santiago Bernabéu. Casi 60.000 personas. No es una noche de Champions League. Es una cita ineludible con el rock’n'roll. Hacía dos décadas que nadie tocaba en el estadio del Real Madrid. Y le tocó a Bruce Springsteen coger el testigo dejado por U2. Que iba a ser un gran concierto lo sabía hasta el más ignorante de los mortales. Springsteen es un seguro de vida. Es incapaz de ser mediocre. Su directo sigue siendo apabullante. De hecho, la primera vez que le vi fue cuando actuó por vez primera en la capital. Eso fue nada menos que el 2 de agosto de 1988. Y arrasó en el Vicente Calderón. Después le he visto muchas veces. Ninguna tan impresionante como aquella perdida de la ‘virginidad’, pero siempre he salido con buen sabor de boca de sus conciertos. El del pasado jueves alcanzó momentos sublimes. El ‘Boss’, a sus 58 años, ha demostrado que es, como diría Dylan, eternamente joven. Canta mejor que nunca, recorre el escenario como si fuera un chaval y después de tres largas horas de actuación da la impresión de que su reino no es de este mundo. Ha nacido para correr por los siglos de los siglos.

Acompañado de la insuperable E Street Band -con la inclusión de Charles Giordano por la defunción de Danny Federici-, Springsteen emuló uno vez más a sus admirados sacerdotes del soul. El Bernabéu fue su iglesia. Sus fieles cayeron rindieron pleitesía al sumo hacedor de la más infalible de las liturgias del rock. Nadie manda como este Jefe. Así da gusto seguir la cadena de mando. Este sí que es el Jefe de todo esto.

Esta vez no se centró en “Magic” como en la anterior gira. El concierto sirvió para repasar una trayectoria jalonada de himnos. De esos que la gente corea con la sonrisa esculpida en el rostro. La noche arrancó con “Night”. Y alcanzó momentos de clímax con clásicos tan incombustibles como “The Promised Land”, “Spirit In The Night”, “The River” o “Because The Night”. Springsteen sabe cómo estructurar un concierto. De hecho, se sabe todos los trucos. Es el número 1 en directo y como tal juega sus cartas. Así uno se sube a la atracción y, como en una montaña rusa, sube y baja. El prestigitador incluso se permite el lujo de atender peticiones. Le piden “Brilliant Disguise” y “Cover Me” y el genio de Freehold concede el deseo sin despeinarse. Y cuando parece que la cosa decae se saca de la manga “Badlands” y uno se deja el alma desgañitando un estribillo que rezuma vitalismo.

Los bises merecen una mención aparte. Sólo esa recta final justifica que uno vea hormigas en el escenario al estar en el fondo opuesto y que el sonido sea el propio de un campo de fútbol. Porque ese es el precio que hay que pagar por ver a Springsteen. Para los ‘gourmets’ del rock supone un serio contratiempo verle en estas condiciones. Pero es que el ‘Boss’ es el arquetípico concierto al que va toda la gente que no va a conciertos. Sea como fuere, con la monumental “Jungleland” se produce el desarme emocional. Y si eso ya no fuera suficiente encadena “Born To Run”, “Bobby Jean” y “Dancing In The Dark”. Después de ese brutal repasito a su discografía se marca la festiva “American Land” y de propina rinde homenaje a los clásicos del r’n'r con “Twist And Shout” (antes había interpretado el “Summertime Blues” del gran Eddie Cochran).

La muchedumbre sale del Bernabéu con cara de éxtasis. Hacía tiempo que no se veía un espectáculo así en el feudo madridista. Por lo menos desde que retiró Zidane o desde que un Ronaldinho en plenas facultades maravilló a la propia parroquia blanca. Esperemos que los rumores no sean ciertos y que Springsteen siga haciendo giras. En un mundo con tan pocas certidumbres a las que aferrarse es bueno saber que hay un tipo de New Jersey que nunca falla cuando encara a la multitud y desnuda su alma a base del mejor rock’n'roll. Una medicina que cura todos los males. Nuestra medicina.

Setlist

Night
Radio Nowhere
Lonesome Day
The Promised Land
Spirit In The Night
Summertime Blues
Brilliant Disguise
The River
Cover Me
Trapped
No Surrender
Out In The Street
Because The Night
Cadillac Ranch
Livin’ In The Future
Mary’s Place
Tunnel of Love
The Rising
Last To Die
Long Walk Home
Badlands

Jungleland
Seven Nights To Rock
Born To Run
Bobby Jean
Dancing In The Dark
American Land
Twist And Shout

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Conciertos
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Neil Young, Lisboa (12/07/2008)

Publicado el Jueves 17 Julio 2008

Neil Young
Optimus Alive 2008. Lisboa, Portugal
12 de Julio 2008

El concierto de Neil Young en el festival Optimus Alive de Portugal tuvo todo lo que echamos en falta en su reciente actuación del Rock In Rio de Madrid: Una actitud inmejorable y esos temazos que han cimentado la leyenda del gran Buffalo canadiense a lo largo de su impresionante trayectoria.
El festival Optimus se celebra en Oeiras, una localidad costera muy cercana a Lisboa a la que no nos resulto muy complicado llegar (esta muy cerca de la torre de Belen, por la carretera de la costa). Este festival se celebra desde hace unos cuantos años y en la presente edición contaba con nombras destacados como Bob Dylan, Rage Against The Machine o el propio Neil Young, que cerraba las actuaciones del sábado, segundo día del festival.
A medida que se iba acercando la hora del concierto, la explanada frente al escenario se fue llenando de gente de diversa condición, veinteañeros melenudos, gente ya entrada en años y en general gente de todo tipo, y es que la música del canadiense ha sabido llegar a varias generaciones distintas.
Como viene siendo habitual en esta gira, el concierto empezó con “Love And Only Love”, ese genial tema de ese “Ragged Glory” que nunca me cansaré de ensalzar. La banda sobre el escenario era la misma que ha acompañado a Neil Young durante toda esta gira, a saber, Ben Keith en la guitarra ritmica, Rick Rosas en el bajo y Chad Crownwell en la batería, con los coros de Pegi Young.
Con el segundo tema, nada menos que “Powderfinger”, ya supe que estaba ante una de esas noches mágicas en las que el rock and roll convierte los sueños en realidades y es que la sentida letra y la sencillez de este tema siempre me han cautivado profundamente.
Tras “Spirit Road”, ese brillante tema de “Chrome Dreams II” llegaría otro de los grandes momentos de la noche y es que era la primera vez que escuchaba “Cortez The Killer” en directo, uno de los temas mas emocionantes de Neil junto a Crazy Horse que me hizo recordar las emociones vividas al lado de los surcos de ese “Zuma” y me hizo añorar a Billy Talbot, Ralph Molina y a Frank “Poncho” Sampedro, y es que con Crazy Horse sobre el escenario todos hubiésemos volado muy alto con esta canción.
Siguió una emocionante “Rockin’ In The Free World” potente y vibrante que terminó por demostrar que la faceta eléctrica y mas salvaje de Neil Young no se ha mermado lo mas minimo a pesar de los recien cumplidos 62 años del musico canadiense. Un set eléctrico verdaderamente memorable.
Como viene siendo habitual en esta gira, a mitad del concierto, Neil ofrece un pequeño set acústico, principalmente basado en las canciones de aquel majestuoso “Harvest” que, no lo olvidemos, sigue siendo su disco mas vendido y celebrado. Lo cierto es que escuchar a Neil Young con esas sentidas interpretaciones de “The Needle And The Damage Done”, “Old Man” o “Heart Of Gold” sigue siendo una auténtica delicia. En esta parte acústica sonaron también temas singulares y brillantes como “Oh Lonesome Me”, “Mother Earth” o “Unknown Legend”.
Como también viene siendo costumbre en esta gira, para finalizar el concierto Neil prepara de nuevo varios temas eléctricos, terminando en este caso, como ya hiciese en el Rock In Rio con “Words” y la apocalíptica “No Hidden Path” y he de decir que ambos temas sonaron bastante mas dinámicos y compactos que en su actuación de Madrid. Se notaba a Neil Young contento y relajado en todo momento y no cabe duda de que esta circunstancia ayudo a añadir la intensidad que requieren estos temas tan largos y complejos.
Fin de fiesta con “A Day In The Life” de los Beatles que nos dejo a todos con ganas de mas y es que no sabemos cuando podremos volver a ver a Neil sobre un escenario, y no sabemos si tendremos ocasión alguna vez de escuchar todos esos temas de todos esos discos que se han quedado fuera y que guardan miles de emociones.

Algunos videos (Fragmentos):

Powderfinger

Rockin In The Free World

A Day In The Life

Publicado por Luis / Archivado en:Conciertos
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