Categoria Cine

21 Gramos

Publicado el jueves 24 mayo 2018

21 gramos
21 grams (2003)

Director: Alejandro Gonzalez Iñarritu
Interpretes: Sean Penn, Naomi Watts, Benicio Del Toro

Tras su aclamada película “Amores Perros” (2000) vuelve el director mejicano Alejandro Gonzalez Iñarritu con una película que también esta dando mucho de que hablar y que está cosechando excelentes críticas. Para este proyecto el realizador ha contado con mayor presupuesto y una de sus primeras medidas fue trasladarse a los Estados Unidos y contar con actores de ese país, aquí seguramente es donde radique el primer acierto de esta película, ya que el trio de actores protagonista es simplemente insuperable: Sean Penn, sobre todo tras “Mystic Ryver” atraviesa una de las mejores etapas de su carrera, Naomi Watts es la nueva actriz de moda en Hollywood y Benicio Del Toro se ha revelado siempre como un actor de carisma que siempre añade profundidad a todos sus papeles.
La trágica historia de 21 gramos se articula en torno a un terrible accidente de tráfico, un accidente que acaba con la vida del marido y las dos hijas de Cristina (Naomi Watts), quien hasta el momento llevaba una vida tranquila y feliz. Sean Penn interpreta al profesor universitario Paul Rivers, gravemente enfermo que necesita urgentemente un transplante de corazón, el marido de Cristina resultará ser el donante que necesita.
Benicio Del Toro interpreta a Jack Jordan, un exconvicto con fuertes creencias religiosas que será el detonante de la tragedia, el será quien atropelle a las niñas y al marido de Cristina.
Tres vidas destrozadas, en punto muerto, tres personas destinadas a conocerse y hallar las respuestas en las preguntas que los demás se plantean.
21 gramos es una tragedia en toda regla, una pelicula fuertemente dramatica y desgarradora, Gonzalez Iñarritu nos presenta la historia de forma fragmentada, desordenando los sucesos y guardando los momentos mas desgarradores para mostralos poco a poco, de tal modo que nunca baje la intensidad emocional.
Los tres actores protagonistas estan ciertamente soberbios, Sean Penn firma aquí una de sus mejores interpretaciones, un autentico tour de force emocional que no deja impasible a nadie, Naomi Watts, con su interpretación despeja las pocas dudas que pudiesen quedar sobre su trabajo y se revela como una de las mas firmes apuestas de Hollywood, aunque algunos ya vimos todo esto claramente en “Mulholland Drive”.
La única pega que se le puede poner a la cinta es quizás su excesivo dramatismo, quizás un tanto forzado por Gonzalez Iñarritu, resultando en ocasiones un tanto artificial, a pesar de esto, 21 Gramos es una magnífica película que ciertamente merece la pena, aunque solo sea por asistir a uno de los trabajos interpretativos mas impactantes de los últimos tiempos.

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El hombre que pudo reinar

Publicado el lunes 21 mayo 2018

El hombre que pudo reinar
The man who would be king (1975)

Director: John Huston
Intérpretes: Sean Connery, Michael Caine, Christopher Plummer, Saeed Jaffrey, Karroom Ben Bouih

elhombrequepudoreinar.jpg“Si John Ford fuese un dios o un rey, Orson Welles y John Huston estarían a su lado en el trono”. Tan contundente frase la dijo un amigo mío cuando, hace ya muchos años, asistimos a una retrospectiva que sobre Ford se organizaba en el Cine Doré de Madrid. Puede que alguno considere esta afirmación algo exagerada (aunque el mismo Welles solía decir que los tres mejores directores de la historia del cine habían sido John Ford, John Ford y John Ford), pero lo cierto es que estos tres hombres sean tal vez los más prominentes talentos de la época clásica de Hollywood, que engloba aproximadamente las décadas que van desde 1930 a 1960. Con la muerte de Huston, ocurrida en 1987, se cerraba para siempre una etapa en la que creadores rebosantes de talento, egocéntricos, tozudos y rebeldes estuvieron a punto de apoderarse de la Meca del cine. Para entonces todo había cambiado: chupatintas y picapleitos eran ahora los dueños del chiringuito. Definitivamente los locos se habían hecho con el control del manicomio, y las consecuencias las estamos pagando ahora todos los amantes del buen cine.

En los años 70, cuando Hollywood aun producía algo más que videojuegos filmados o videoclips de dos horas, John Huston era una especie de icono viviente. Muerto John Ford, con Orson Welles defenestrado desde hacía años a causa de sus “delirios artísticos” y sus enfrentamientos con la industria, y con la mayoría de sus coetáneos en vías de retirarse o directamente retirados, Huston era el único de los directores del “Hollywood clásico” que mantenía una carrera regular y estable, aunque había quienes consideraban que su mejor momento había pasado. Demostrando lo equivocados que estaban, fue entonces cuando aquel borrachín irlandés se destapó con una película que merece estar sin duda entre las mejores de su director.

El hombre que pudo reinar debería exhibirse en las escuelas de cine como clara demostración de lo factible que es hacer una buena película de aventuras sin necesidad de caer en las necedades del cine comercial-basura moderno. Aquí no hay grandes batallas en abismos perdidos generados por ordenador, ni violencia gratuita, ni sesiones de fuegos de artificio camuflados como explosiones, pero la esencia de la palabra “aventura” se palpa por doquier.

El hombre que pudo reinar es una adaptación de un relato de Rudyard Kipling situado en la época Victoriana, sobre dos truhanes que abandonan el ejército británico de la India para buscar fortuna fácil en un inhóspito y lejano país. El problema surge cuando uno de ellos termina creyéndose un dios, con consecuencias imprevisibles. Para rodar la película, Huston se trasladó a Marruecos con un equipo y un presupuesto relativamente reducidos, pero tenía dos ases en la manga para sacar adelante un excelente trabajo: si Michael Caine está espléndido, Sean Connery consiguió, gracias a su labor en el filme, desligarse definitivamente del corsé de James Bond en el que estaba metido. Con un papel nada fácil de interpretar y lleno de sutiles matices, el escocés demostró que podía ser mucho más que el espigado 007. También destacable es la aparición de Karroom Ben Bouih, un hombre que se estrenaba en el cine con 103 años interpretando el papel del sumo sacerdote, y que probablemente sea el actor novel más anciano que nunca se haya puesto delante de una cámara. Además no lo hace nada mal, notándose la inigualable “mano” que tenía Huston en la dirección de actores.

Definitivamente estamos ante una película de aventuras “de las de antes”, que puede que no atraiga a una juventud demasiado acostumbrada ya a Vin Diesel, pero que demuestra que el cine bien hecho y entretenido lo sigue siendo ahora y siempre, por mucho que haya gente empeñada en vender DOOM como “una película de aventuras en toda regla”. Tócate los pies.

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Zatoichi

Publicado el domingo 20 mayo 2018

Zatoichi (2003)

Director: Takeshi Kitano
Interpretes: Takeshi Kitano, Tadanobu Asano, Michiyo Okusa

Zatoichi es un personaje muy conocido en la cultura japonesa, las historias del samurai ciego han estado presentes en multitud de novelas, cómics, representaciones teatrales o series de televisión a lo largo de las últimas décadas en el país asiático, Takeshi Kitano aceptó por encargo realizar una reinterpretación del personaje atraído por la estética del Japón clásico, abordando una temática hasta ahora inédita en su ya extensa filmografía.
Takeshi Kitano es uno de los directores actuales mas originales y característicos, el rotundo ritmo de todas sus películas y su peculiar forma de abordar la violencia han hecho de el uno de los directores mas aclamados del cine actual, aunque su cine siga pasando practicamente desapercibido en su país.
El primer referente obvio de Zatoichi son las historias de samurais de Akira Kurosawa, en especial Yojimbo y Sanjuro, Kitano en ningun momento niega esa influencia e incluso homenajea al maestro en algunas secuencias, como la de la lucha bajo la lluvia.
La historia tampoco abandona los cánones del género, Zatoichi es un masajista ciego que llega a una ciudad donde un clan impone su ley, sometiendo a todos sus habitantes al pago de fortísimos impuestos y sembrando el terror en las calles, pronto se descubrirá que el recien llegado no es un simple masajista y el clan verá su autoridad amenazada.
Junto a Zatoichi confluyen en la ciudad una serie de extraños personajes: una pareja de hermanas en busca de venganza con un oculto secreto, un jugador de dados, un samurai sin trabajo con una mujer enferma, y toda una colección de secundarios curiosos y extraños.
El gran logro de Kitano en Zatoichi, como en la mayor parte de sus películas, es el carácter y la profundidad que imprime a todos esos personajes, aportando pequeños apuntes biográficos que se diluyen con naturalidad en la trama pero que aportan datos clave para entender las acciones de cada uno de ellos, acciones y personalidades que entran en inevitable conficto.
La realización, la puesta en escena, la fotografía y todo el apartado técnico en general es otra vez sobresaliente, Kitano maneja a la perfección todos los recursos del cine moderno, y Zatoichi es buena muestra de ello, visualmente es impecable, impactante y realmente bella. El peculiar tratamiento de la violencia, presente en muchas películas del cineasta, convierten tambien a Zatoichi en una película dura, cruda, a veces incomoda, pero siempre interesante e impactante.
Zatoichi es un proyecto extraño, casi una anomalía, una película planteada como obra menor que sin embargo tiene argumentos suficientes para figurar entre lo mejor de la obra de Takeshi Kitano, un director en su mejor momento que convierte en oro todo lo que toca.

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En busca de la felicidad

Publicado el lunes 14 mayo 2018

En Busca De La Felicidad
The Pursuit Of Happyness (2007)

Direccion: Gabriele Muccino
Interpretes: Will Smith, Thandie Newton, Jaden Smith

Este comentario podría resumirse con una sola frase: quien dude que Will Smith es capaz de salirse de su acostumbrado cliché de “negro graciosete”, que se vaya corriendo al cine más próximo donde proyecten En busca de la felicidad.

Admito que yo era uno de ellos: hace unos años, tuve la ocasión de acudir a sendos estrenos de La leyenda de Bagger Vance y Alí solo para constatar que, aparte de que las dos pelis eran un rollete, Will Smith era un “quiero y no puedo”. Hasta que el otro día ví esta Búsqueda de la felicidad más que nada por mi novia, que tenía muchas más ganas de pagar por verla que yo. Smith es el alma absoluta de esta cinta; el que la levanta, la sostiene y, en última instancia, el que hace que esto sea algo más que el típico telefilme mierdoso “basado en un hecho real”, con el que cadenas de water como Antruño 3 vienen a torturarnos de cuando en cuando.

En busca de la felicidad es la habitual historia de superación personal que tanto les gusta a los yankis, centrada esta vez en la figura de Chris Gardner, típico JASP (Joven, Aunque Sobradamente Puteado) de principios de los 80, que pasó de pordiosero a millonario gracias a su tesón y a una inquebrantable fé en sus posibilidades. Nada que no hayamos visto en el cine mil millones de veces. Pero afortunadamente ahí está para salvar los muebles un Will Smith absolutamente inmenso en esta ocasión, logrando que nos creamos a piés juntillas su personaje y haciéndonos plenamente partícipes de sus sentimientos. Y claro está, no podíamos dejar de lado al hijo de Chris, interpretado por el mismísimo hijo de Will Smith en la vida real. Lejos de tratarse de un simple ejercicio de enchufismo familiar, hay que reconocer que el niño actúa bien. Resulta muy natural, nada desmadrado, y con eso y la particular “sinergía” que establece con su padre ante la cámara logra caer decididamente simpático. Más en V.O. que en versión doblada, donde el habitual “doblaje de niño” le hace parecer a veces un poco cursi. Aun así nada que ver con los niños grimosos habituales en las pelis de, por ejemplo, Spielberg .

En busca de la felicidad no es una mala película y se puede recomendar perfectamente su visionado. Pero que nadie se lleve a engaño, porque el tinglado se sostiene gracias a sus carismáticos actores protagonistas y a su capacidad interpretativa. El que espere encontrar algo más se llevará un chasco: como la inmensa mayoría de “biopics” salidos de la factoría de Hollywood en los últimos años, este resulta demasiado amable y edulcorado, muy en la onda de lo políticamente correcto que infecta en la actualidad incluso al cine más (supuestamente) comprometido. Cierto que hay escenas bastante duras y que se nota un tono de crítica hacia el capitalismo y sus putadas, pero a la hora de la verdad la conclusión que sacamos es que el mismo sistema, pese a su dureza, acaba premiando al ciudadano trabajdor y honesto, algo totalmente alejado de la realidad la mayoría de las veces. Con una temática semejante a la de la cinta que nos ocupa, yo encuentro mucho más recomendable Wall Street, más ceñida a la realidad del sistema que acabó con los últimos restos del Sueño Americano.

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10 años de Titanic

Publicado el jueves 3 mayo 2018

Titanic (1997)

Director: James Cameron
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Billy Zane, Kathy Bates, Frances Fisher, Gloria Stuart, Bill Paxton; Bernard Hill

titanic.jpgPues sí, lo que son las cosas: entre finales de 2007 y principios de 2008 se cumplen diez años desde el estreno de Titanic (en España un 8 de Enero de 1998, y servidor puede presumir de haber asistido a la “premiere”). Ustedes se preguntarán qué coño hacemos dedicándole espacio en esta web a una película calificada por muchos como mediocre, y con un hilo argumental que perfectamente se me habría podido ocurrir a mí mientras cursaba el primer año del parvulario. Pero al margen de eso, hay que reconocerle sus méritos a este gigantesco mamotreto fílmico, cuya historia tras las cámaras resulta tan interesante o más que el mamotreto en sí, y que a buen seguro acabará inspirando alguna película basada en el rodaje, tal como ocurrió en su día con Ciudadano Kane (RKO 281) o La Reina de África (Cazador blanco, corazón negro). Nos referimos a una película que, transcurridos diez años desde su estreno, todavía atesora un buen puñado de récords; alguno tan bizarro como el de una pareja de vejetes italianos que, si no me equivoco ahora mismo, puede jactarse de haber visto una misma película en pantalla grande 78 veces. Nos referimos a uno de los últimos grandes fenómenos mediáticos de la historia del cine junto con Matrix y El Sopor de los Anillos. Pero mientras Matrix cautivó básicamente a gente joven y el Sopor lo hizo con freaks pajilleros, Titanic terminaría cautivando a todo tipo de público sin importar edad, gustos o condición social, aunque estuviese inicialmente dirigida a una variada ralea de mojabragas y babosos.

Titanic será, muy probablemente, la última película que veamos aguantar en la cartelera de un cine seis meses seguidos o más, y la última que genere el descomunal bombardeo mediático que ésta generó, hasta el punto de que yo no recordaba nada igual desde los tiempos de Star Wars. El más agradecido por tal éxito es sin duda James Cameron. Este ex camionero canadiense con fama de cabezota, perfeccionista e hijo de puta, se empeñó en sacar adelante un proyecto que casi nadie creía realizable por culpa del altísimo coste que acarreaba la enorme infraestructura necesaria para ponerlo en pie. Titanic se convirtió en la primera película en la historia de Hollywood que unió los recursos de dos “majors” (Fox y Paramount), y requirió años de planificación previa por parte del equipo que trabajaría en ella, incluyendo el diseño de novedosos sistemas de filmación submarina abisal a cargo de Michael Cameron, hermano de James y, como él, un enamorado del mar. El absorbente y complejo proceso de producción obligaría al realizador de Terminator a posponer “sine die” un proyecto de remake de El Planeta de los Simios protagonizado por uno de sus escasos amigos en la Meca del cine: Arnold Schwarzenegger.

Si para poner en marcha el proyecto Cameron había hecho gala de una de sus virtudes más reconocidas (la cabezonería a toda prueba), para ponerlo en pie haría gala de todas las demás: sus ansias de perfección llevaron a levantar un enorme decorado – calco del barco original en cuya construcción, dentro del tanque de agua más grande del mundo, se involucró a empresas que habían trabajado en la construcción del propio Titanic entre 1909 y 1912; incluso en detalles insignificantes como el de los pescantes que sujetaban los botes salvavidas, fiel reproducción de los originales. Todo eso, unido a diversos y continuos retrasos, tuvo como consecuencia que los costes se disparasen, haciendo honor a la fama de “manirroto” del director. Finalmente, resultó que para ser rentable Titanic tendría que ser, y de largo, la película más taquillera de la historia. La presión se dejó sentir en el “set”, acrecentando las habituales exigencias de Cameron (ya de por sí muy duro y exigente en los rodajes, y si no que se lo digan a Ed Harris) para con actores y equipo técnico. Baste decir que tanto Leonardo DiCaprio como Kate Winslet juran por activa y por pasiva que ni borrachos aceptarían volver a trabajar con semejante ogro. Los recelos llegan incluso a extras como el reputado especialista español Jordi Casares, que tras resultar herido en cuatro ocasiones por culpa de los excesivos rigores impuestos en la producción, no vacila en soltar sapos y culebras sobre Cameron cuando alguien tiene la osadía de recordarle aquella pesadilla.

Aun admitiendo que buena parte del éxito de Titanic se debió a una agobiante campaña promocional, motivada por el hecho de que la película tenía que ser un éxito sí o sí para evitar la ruina de sus productores, tampoco se pueden negar las virtudes de un filme que brilla sobre todo a nivel técnico. Curiosamente, aquella monstruosa campaña publicitaria orquestada al ritmo de la horrenda “My heart will go on”, perpetrada por una Celine Dion más pastelosa que nunca, ha terminado por volverse contra una cinta que con los años ha perdido buena parte de su fuelle. Pero cuando la gente, a base de bombardeo mediático e innumerables reposiciones en la tele, acabó hasta el gorro de un tinglado que se sabía de memoria, Titanic había convertido en multimillonarios a quienes habían apostado por ella, y catapultado a un grupo de artistas que, en muchos casos, siguen viviendo de los réditos de su participación en este pelotazo (caso de Billy Zane, por ejemplo).

En cuanto a James Cameron, no hace falta decir que los enormes esfuerzos y sufrimientos padecidos se vieron sobradamente compensados. Convertido en una especie de “nuevo Spielberg”, famoso, respetado y rico (ya lo era antes, pero después de Titanic lo fue aun más), pudo tumbarse una buena temporada a la bartola, levantándose de ella sólo para saciar su pasión por los mares rodando una serie de documentales sobre el Bismark y el propio Titanic (bastante buenos, por cierto), y para participar ocasionalmente en series de TV. El ejemplo de este hombre, que también sacó tajada del Titanic más allá de lo estrictamente cinematográfico (conoció a la que sería su quinta esposa durante el rodaje), es el de cómo una tenacidad de hierro y una capacidad de trabajo infinitos, unidos a una rara habilidad para tratar a la gente como al ganado, pueden lograr imposibles.

De Titanic se podrán decir muchas cosas, y puede que no todas precisamente buenas; pero Tito James seguramente respondería las críticas con un “ahí queda eso, capullos”. La verdad es que dejando a un lado el guión, escrito por un Cameron en plan “Juan Palomo” (produce, dirige, escribe, monta y no protagoniza seguramente porque no le dio la gana), lo que queda no es precisamente material destinado al vertedero de basuras: visualmente es espectacular (no digamos ya en pantalla grande), y la escena del hundimiento, filmada casi a tiempo real en 80 minutos de metraje, es toda una lección magistral que justifica por sí sola ver la película en una sala de cine. Puede que no 78 veces como aquella simpática pareja de ancianitos italianos, pero sí un par como hizo un servidor, cosa que admite sin sonrojarse. Podría escudarme en la excusa de que la historia del Titanic siempre me fascinó desde pequeño, lo cual es verdad. Pero no voy a ocultar que me lo pasé muy bien en el cine (particularmente la primera vez, en medio de un ambiente excepcional) y que la cinta me pareció muy entretenida. ¡Qué le voy a hacer!. Si es que, en el fondo, yo también soy un baboso y un pastelero.


Algunos enlaces de interés:

* Ficha de la peli en La Biblia y FAQ abierto allí con ocasión del décimo aniversario del estreno (todido en inglés, eso sí). Algunas de las preguntas me reafirman en el convencimiento de que la mayor parte de la población de este planeta es gilipollas.

* Encycplopedia Titanica. En inglés.

* Aquí un curioso artículo escrito por un capitán de barco a raíz del estreno de la película, en el que desmonta algunos mitos relativos a la historia del Titanic y su trágico viaje.

* Artículos en la Wikipedia: Aquí en castellano; y aquí, un poquito más completo como siempre, en inglés.

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