Categoria Cine

Help!

Publicado el Sábado 25 febrero 2017

Help! (1965)

Director: Richard Lester

Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Leo McKern, Eleanor Bron, Victor Spinetti, Roy Kinnear

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Llegado 1965, la Beatlemanía estaba en su máximo apogeo, aunque no eran muchos los conscientes de la importancia capital que, para la música popular, tenía lo que estaban viviendo. Por aquel entonces, la mayoría de la población veía a los Beatles como una especie de “boy band” al estilo de las que se pondrían de moda en los años 90, salvando las distancias. Una moda pasajera liderada por una cuadrilla de melenudos, con poco que ofrecer más allá de su capacidad para provocar incidentes allí donde osaran hacer acto de presencia, soliviantando a la iletrada y asilvestrada juventud que escuchaba sus demoníacos discos. Como tal moda eran vistos hasta por miembros de su propio entorno, que se aprestaron a exprimir la gallina de los huevos de oro mientras fuera rentable. Los Beatles no paraban de currar, dando rienda suelta a su talento en discos primero y en películas después. Un año antes, en 1964, la banda había rodado su primer largometraje, Qué noche la de aquel día, con un notable éxito tanto de crítica como de público. Aquello animó a los tipos que dirigían la “Beatleindustria” a repetir la fórmula reuniendo al mismo equipo responsable del primer filme. El resultado sería Help!

Rodada con algo más de tiempo y presupuesto que en el caso de Qué noche la de aquel día (aquella película se rodó a toda hostia para rentabilizar al máximo el “boom” del fenómeno Beatles), en Help! se buscó sacar partido de la fama de cachondos e irreverentes que tenían los cuatro de Liverpool (particularmente John y Ringo) para mostrarlos como una especie de hermanos Marx del pop, tal como señalaba Agustín Sánchez Vidal en el artículo que reprodujimos hace un tiempo. Por tanto la película se caracteriza por el absurdo y el surrealismo que rodea a muchas situaciones, en consonancia con la forma de ser del director, Dick Lester, y de los propios Beatles. El sentido del humor que todos compartían junto con buenas dosis de “maría”, pan de cada día en el plató, contribuyo a hacer más distendido el ambiente en un rodaje problemático, principalmente a causa de las premuras de tiempo impuestas por los productores, los caprichos de éstos y de Brian Epstein (suya fue la idea de obligar al equipo a desplazarse a Nassau para rodar algunas secuencias) y el inmisericorde acoso de los fans, que obligaba a suspender el rodaje más de una vez.

El resultado de todo esto no puede calificarse como demasiado brillante. Dado que no era posible repetir el esquema pseudo documental de Qué noche la de aquel día, para Help! se hizo un guión más tradicional, con un argumento en el que una secta hindú adoradora de la diosa Khali persigue a Ringo para arrebatarle un anillo sagrado. Pero los Beatles no eran actores ni mucho menos (menos aún bajo los efectos de la marihuana) y el guión forzaba muchas de las situaciones de supuesta comedia, que vistas hoy casi producen vergüenza ajena en más de una ocasión. De esta forma, la película queda reducida a un vehículo para justificar la presencia de los Fab Four en cada plano, dado que para eso se montó este tinglado: para dar a su público objetivo lo que quería y, ya puestos, hacer negocio a cambio.

El mayor mérito cinematográficamente hablando lo tiene Richard Lester, un buen director que saca todo el partido posible de lo que tiene entre manos, haciendo uso de buenas ideas para presentar una especie de cómic con una estética muy colorista y desenfadada, fiel reflejo de la juventud del momento que vivía sus esperanzas de cambio social inmersa en el pop art y a las puertas de la psicodelia y del hippismo. Respecto a la música huelga decir nada, por supuesto, aunque resulta curioso que ésta no sea protagonista de la película tal y como uno podría imaginarse inicialmente. De hecho, sólo aparece un puñado de canciones del disco que en teoría se presenta como la banda sonora del filme (por citar sólo un ejemplo, Yesterday no aparece por ningún lado). Además las secuencias en que los Beatles interpretan sus temas están insertadas con calzador dentro del metraje, lo que produce una sensación cuanto menos extraña. Eso sí: dichas secuencias están generalmente muy bien rodadas, con un estilo dinámico y rompedor para su tiempo que preludiaba lo que luego serían los archiconocidos videoclips. De hecho, muchos años después la propia MTV bautizaría a Dick Lester como el padre del género, a lo que el realizador, fiel a su estilo, respondió enviando una carta a los jefes de la cadena exigiendo que se sometieran a una prueba de paternidad. Genio y figura, vaya.

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No profanar el sueño de los muertos

Publicado el Lunes 13 febrero 2017

No profanar el sueño de los muertos (1974)

Director: Jorge Grau
Interpretes: Ray Lovelock, Cristina Galbo, Arthur Kennedy

No Profanar El Sueño De Los MuertosImaginemos por un momento una peli de zombis hispano – italiana protagonizada por un tío que se hace llamar Ray Lovelock, italiano de pura cepa en realidad, y por una española de nombre “anglofilizado” para resultar más aparente, ex azafata del 1 2 3 que acabó en el cine de destape. Añádanle a eso un par de personajes arquetípicos, incluyendo al policía “cabeza cuadrada”, así como unas pocas teticas (insinuadas con más o menos recato) y gore de baratillo.

Después de leer semejante avance, muchos pensarán que No profanar el sueño de los muertos es un truño de proporciones bíblicas, pero nada más lejos de la realidad. Esta película, por increíble que pueda parecer, tal vez sea una de las mejores cintas de terror jamás producidas en España (no es coña) a pesar de que, con los años, ha sido olvidada hasta por los más (supuestamente) acérrimos fans del género (¡sacrílegos!).

Premiada en Sitges con toda justicia, No profanar el sueño de los muertos fue rodada en inglés y en solitarios parajes de la campiña inglesa por Jorge Grau, un tipo que despuntaba talento y que se encuadraba en la nueva generación de cineastas que, como Garci, aspiraban a romper los moldes de nuestro cine con frescura e ideas nuevas. Al contrario que Garci y otros miembros de esta “generación de los 70”, Grau acabaría encadenando un mediocre trabajo tras otro y sepultado por la bruma del olvido.

Bien construida y entretenida a pesar de sus estereotipos, la verdad es que esta cinta, vista con la “ambientación” adecuada (a oscuras, a solas…) sorprende por lo que puede llegar a acojonar. A ello contribuye sin duda el excelente aprovechamiento de los escenarios naturales en que transcurre la acción, que le otorgan un punto sórdido y macabro que le viene de perlas. Algunos podrán echarle en cara a la cosa las veleidades gore que se toma al final, pero creo yo que tampoco es para tanto. Además, ¿qué sería de una peli de zombis sin su ración de casquería?. Y hay que decir también que, pese a la sencillez derivada del escaso presupuesto disponible, los efectos especiales y de maquillaje están bastante conseguidos.

En resumidas cuentas, No profanar el sueño de los muertos es ideal para pasar un rato de divertido mal rollo sin más pretensiones. Podrá asustar o no, pero desde mi punto de vista se merece una oportunidad y seguramente sorprenderá a más de uno. Además contiene un marcado mensaje ecologista, algo bastante llamativo por cuanto, en 1974, la sociedad apenas había tomado conciencia de lo necesario que es respetar a la Naturaleza.

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Avatar

Publicado el Domingo 12 febrero 2017

Avatar (2009)

Director: James Cameron

Intérpretes:  Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Joel Moore, Giovanni Ribisi

Pocahontas contra los marines. Así rebautizaba Iván Reguera a Avatar en su extraordinario blog. Y no fue el único: desde el mismo momento en que pudieron verse las primeras escenas de la película en trailers y demás, Internet se convirtió en un hervidero donde cualquiera que creía tener un mínimo de conocimientos sobre cine ponía a parir a la cinta. Y el modo más fácil, obvio y evidente era cambiarle el nombre, pues su parecido con muchas películas anteriores a ella salta a la vista desde el punto de vista argumental.

Admito que se me hace difícil escribir algo que no se haya dicho ya sobre una película que, a día de hoy, está en boca de todo el mundo y todo el mundo ha visto. Estuve tentado de no hacer nada y esperar unos cuantos meses más, tal vez unos años, a que disminuyese la enorme expectación generada en torno a Avatar; la misma que me ha impedido ver la película en su formato nativo (en 3D) en dos ocasiones, tal es la avalancha de gente que acude aún a los cines, la cual hace imposible asistir a la proyección si no se reservan entradas una semana antes; la misma expectación que me ha obligado a verla en “formato plano” para poder generarme una opinión propia sobre el filme, al margen de los comentarios de otras personas y de todo lo que he leído sobre ella en la Red. Algo que dicho sea de paso es casi imposible: en cierto modo es como ser jurado popular en un caso de gran impacto mediático y tratar de dictar una sentencia justa, al margen de la presión de los medios y de la sociedad.

Porque si hay una palabra que defina Avatar en toda su extensión ésa es “hype”, palabro inglés cuyo uso y popularidad se han generalizado gracias a Internet, y más desde que se tuvieron noticias de que James Cameron ponía en marcha su nuevo proyecto. Cuando se dice de algo que tiene “hype” se dice que ese algo está generando una expectación inusitada a su alrededor, generalmente muy por encima de la que luego demuestra merecer. Generar expectación sobre algo para que luego ese algo se venda como rosquillas con independencia de su calidad, es un recurso tan viejo como el hombre. Ya saben lo que dicen: el buen vendedor es aquel capaz de vender algo que no existe. Ejemplos de esto en cine haberlos haylos, curiosamente casi siempre asociados al género de terror y a la ciencia ficción. Pero Avatar se ha llevado la palma de calle.

Reconozco que admiro enormemente a James Cameron. Será un cabrón de tomo y lomo, o al menos eso es lo que dice la mayoría de quienes le conocen en persona y han tenido la desgracia, según ellos, de trabajar con él. No será un gran director, ni desde luego un buen guionista; pero el tío ha demostrado a lo largo de su carrera que le sobran arrestos para levantar proyectos que otros directores, supuestamente mejores que él, ni siquiera se atreverían a plantearse. Y no sólo eso: el tío es capaz de cargar a sus espaldas con todo el trabajo que haga falta cargar, ponerlo a funcionar contra viento y marea, y hacer que el resultado final reviente las taquillas allá donde sea exhibido. En el cine contemporáneo ya no existe la gente así. Hay demasiado dinero en juego, demasiados intereses comerciales como para que nadie se atreva a asumir nuevos retos; siempre teniendo en cuenta las limitaciones de un mundo, el del cine, en el que  todo (o casi todo) está ya inventado desde los años cuarenta. En las últimas tres décadas, sólo el George Lucas de La Guerra de las Galaxias y el Spielberg de Tiburón se podrían aproximar a la figura de James Cameron, todo un experto en hacer cortes de mangas a los agoreros del fracaso en el cine. Avatar sería otro ejemplo de todo esto, aunque hay que reconocer que su proceso de producción no llegó a ser tan arriesgado y complejo como el de otras pesadillas anteriores del director, tal que Abyss o Titanic. El ordenador facilita mucho las cosas, Tito James no tiene un pelo de tonto, y antes de chasquear la primera claqueta de su último filme lo tenía todo atado y bien atado, hasta el punto de que costaba creer que una película tan cara pudiera ser un fracaso de taquilla, algo que por supuesto no ha ocurrido.

¿Y la peli? Pues bastante flojita, la verdad. Tal vez la más floja del repertorio de Cameron, excepción hecha de Piraña 2. Más que una peli en toda regla, Avatar es una demo de nuevas tecnologías aplicadas al cine, y la clara demostración de la tendencia actual del séptimo arte a poner el continente muy por encima del contenido. Porque Avatar es como si te regalan una caja vacía con un envoltorio precioso. Hay que reconocer que desde ese punto de vista es acojonante incluso en su “versión plana”, aunque su estética ultracolorista pueda ser tildada de “kitsch” en más de una ocasión. Pero no tiene más. Si desconectamos el cerebro antes de verla, Avatar puede que cumpla con su objetivo de entretener. De hecho entretiene, aunque sólo sea por los alardes técnicos de los que hace gala. Pero hace unos días, y sin ir más lejos, volví a verme Bailando con Lobos en su versión original y extendida (casi cuatro horas de vellón, oigan) y me atrevería a decir que mola bastante más, aun careciendo de tanta pijada hecha por ordenador.

Con todo, poner a caldo Avatar acusándola de ser “un refrito” no deja de ser un poco simplista a mi parecer, pues el cine actual (de los sesenta a esta parte, más o menos) es en sí mismo un continuo refrito. Ocurre periódicamente, siempre: algún listillo toma prestados elementos de aquí y de allá, los “refrita” con un poco de acierto y marca a una generación como el que marca al ganado. Sin ir más lejos, cuando La Guerra de las Galaxias comenzó a exhibirse en los cines le llovieron hondonadas de hostias por lo mismo que ahora le llueven a Avatar. Curiosamente son muchos los que ahora ponen a Cameron y a su película a caer de un burro, mientras se hacen pajas imaginándose a los jawas en pelotas. Y a estas alturas ya deberían  saber que  La Guera de las Galaxias no es más que Avatar con maquetas.

De todos modos me gustaría ser razonablemente optimista, porque la historia ya nos ha enseñado cual podría ser el paso siguiente. El cine ha combatido con explosiones tecnológicas sus diversas crisis en el correr de los tiempos. Estas explosiones han terminado pasando de moda, dando lugar a un nuevo interés por reconciliarse con el espectador a base de buenas historias, que es lo que debería ser la esencia de este negocio. Ocurrió en los sesenta, después de la moda de los formatos panorámicos y otras bobadas semejantes; ocurrió en los noventa, una vez agotada la veta del cine palomitero durante la década anterior. Ahora estoy a la espera de lo que pueda ocurrir en la actualidad, cuando se desinfle el “hype” del 3D. Ojalá los dueños del cotarro se den cuenta otra vez de que el negocio del cine es algo diferente al de un parque de atracciones, auque muy probablemente ya sea tarde para remediar nada.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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Elephant

Publicado el Viernes 10 febrero 2017

Elephant (2003)

Director: Gus Van Sant
Interpretes: Alex Frost, Eric Deulen, John Robinson, Elias McConnell

Gus Van Sant se ha forjado con el paso de los años una merecida reputación de director competente, siempre a caballo entre el cine de autor mas independiente y sus flirteos con la industria, Van Sant tiene en su haber un puñado de películas sinceras, duras y comprometidas.
El tema de la adolescencia, ya abordado en películas como “Drugstore Cowboy” o “El indomable Will Hunting” es el tema central de Elephant, una adolescencia retratada con fidelidad por sus propios protagonistas (los actores son jóvenes no profesionales) en una cinta dura que tendría que hacer reflexionar a mas de uno.
El film se basa en los sucesos del instituto Columbine de Littleton en 1999, aunque se aclara que la pelicula es ficticia y no tiene ninguna relación real con esos sucesos, el tema de las armas en Estados Unidos ya fue magníficamente abordado por Michael Moore en “Bowling for Columbine” aunque de una forma mas general, mas analítica, Elephant se limita a describir un dia en un instituto de los EE.UU, un dia que parece un dia cualquiera hasta que se descubre que no lo es, hasta que explota la tragedia.
La construccion de la película es bastante peculiar, una camara sigue continuamente a cada personaje mientras realizan sus tareas habituales, asi vemos como Eli saca fotos a sus compañeros, o a John llegando tarde a clase o a Nate tras su entrenamiento, poco a poco nos introducimos en la rutina de un instituto cualquiera, en una ciudad cualquiera, como si fuesemos un estudiante mas.
Se muestran varias situaciones que se dan simultáneamente y asi hay escenas repetidas desde distintos ángulos que sirven de enlace al espectador. La realización es completamente aséptica, Van Sant en ningún momento introduce juicios de valor ni ningún tipo de valoración, los únicos dialogos son los que se producen entre los propios estudiantes, dialogos bastante casuales e insustanciales, aún en los momentos mas dramáticos.
La tensión va subiendo a medida que transcurre la película, la sensación de que algo terrible va a pasar se va apoderando del espectador, poco a poco se van mostrando detalles terribles, detalles incluso macabros integrados con total naturalidad entre los jóvenes hasta que la tragedia ya es inevitable.
La cinta es ante todo una seria llamada de atención a la sociedad norteamericana sobre la clase de jóvenes que estan formando, unos jóvenes sin valores, sin creencias, sin escrúpulos, egoistas y crueles, es tambien una feroz crítica al sistema educativo, empeñado en asignar roles y categorias a los jóvenes creando nucleos de marginalidad desde muy temprana edad.
Un pais donde cualquiera puede comprar un arma es ya de por si un sitio peligroso, si además los jóvenes no tienen ningun reparo en usarlas las cosa se convierte en una bomba de relojeria dispuesta para explotar.
Elephant es una pelicula dura, difícil, bien planteada y bien realizada, una buena muestra de cine comprometido y un feliz retorno de Van Sant al cine mas independiente.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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Samurai Rebellion

Publicado el Miércoles 8 febrero 2017

Samurai Rebellion
Joi-uchi: Hairyo Tsuma Shimatsu (1967)

Director: Masaki Kobayashi
Interpretes: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Tatsuyoshi Ehara

A la sombra de Kurosawa, Ozu y Kenji Mizoguchi, eclipsados por su increible e incontestable obra surgió en Japón, durante los años 50 y 60 toda una generación de cineastas que fueron dejando muestras palpables de su talento, uno de estos destacados autores fue Masaki Kobayashi, conocido principalmente en occidente por películas como “Sepukku” (1962) o “Kaidan” (1964).
Aunque quizás sea una apreciación subjetiva, con pocos fundamentos reales, encuentro en la obra de Kobayashi bastantes elementos que me remiten al cine negro norteamericano de los años 50, en especial en el tratamiento del blanco y negro y en el desarrollo de algunos personajes, estos elementos son quizás mas palpables en esta modélica “Samurai Rebellion”, una mas que notable película rodada en 1967 y que contó con un Toshiro Mifune en la cuspide de su popularidad e influencia, como principal protagonista.
El film se ambienta en el Japón del siglo XVIII, se vive un largo periodo de paz y los samurais viven plácida y tranquilamente administrando sus clanes aunque aún, como no podía ser de otra manera, viven sujetos a las puntuales exigencias de su trato de obediencia al señor del clan.
Toshiro Mifune es Isaburo Sasahara, un prestigioso y respetado guerrero que ocupa una posición de autoridad predominante, su fidelidad al señor es incuestionable, hasta que se le pide aceptar un requerimiento caprichoso e injusto que compromete la posición de su familia y que poco a poco irá minando sus ferreos principios y su firme sumisión a su señor.
Esta trama que he esbozado es el eje sobre el que se articula toda la cinta, un relato turbio de intrigas y envidias palaciegas que se van desarrollando en un ambiente de tensión creciente. La violencia, presente de manera nítida en el día a día de estos guerreros solo se hará presente al final de la película, en una explosión de furia realmente formidable.
En el aspecto puramente técnico, destaca la precisión milimetrica con la que esta rodada cada escena, en un sobrio y elegante blanco y negro que potencia de manera singular las numerosas secuencias de drama y tensión que se van sucediendo en el metraje de la cinta. Una realización impecable con momentos de gran plasticidad y belleza.
Toshiro Mifune esta una vez mas sublime, secundado en esta ocasión por una nómina de secundarios de gran altura que contribuyen en todo momento a mantener el impecable ritmo de la película.
Samurai Rebellion es una obra poco conocida que sin duda interesará a todo aquel aficionado al cine oriental aunque con seguridad tampoco dejará indiferente a cualquier otro espectador. Un ejemplo soberbio de buen cine, una cinta trepidante, entretenida y tecnicamente impecable.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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