Categoria Cine

Samurai Rebellion

Publicado el domingo 21 octubre 2018

Samurai Rebellion
Joi-uchi: Hairyo Tsuma Shimatsu (1967)

Director: Masaki Kobayashi
Interpretes: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Tatsuyoshi Ehara

A la sombra de Kurosawa, Ozu y Kenji Mizoguchi, eclipsados por su increible e incontestable obra surgió en Japón, durante los años 50 y 60 toda una generación de cineastas que fueron dejando muestras palpables de su talento, uno de estos destacados autores fue Masaki Kobayashi, conocido principalmente en occidente por películas como “Sepukku” (1962) o “Kaidan” (1964).
Aunque quizás sea una apreciación subjetiva, con pocos fundamentos reales, encuentro en la obra de Kobayashi bastantes elementos que me remiten al cine negro norteamericano de los años 50, en especial en el tratamiento del blanco y negro y en el desarrollo de algunos personajes, estos elementos son quizás mas palpables en esta modélica “Samurai Rebellion”, una mas que notable película rodada en 1967 y que contó con un Toshiro Mifune en la cuspide de su popularidad e influencia, como principal protagonista.
El film se ambienta en el Japón del siglo XVIII, se vive un largo periodo de paz y los samurais viven plácida y tranquilamente administrando sus clanes aunque aún, como no podía ser de otra manera, viven sujetos a las puntuales exigencias de su trato de obediencia al señor del clan.
Toshiro Mifune es Isaburo Sasahara, un prestigioso y respetado guerrero que ocupa una posición de autoridad predominante, su fidelidad al señor es incuestionable, hasta que se le pide aceptar un requerimiento caprichoso e injusto que compromete la posición de su familia y que poco a poco irá minando sus ferreos principios y su firme sumisión a su señor.
Esta trama que he esbozado es el eje sobre el que se articula toda la cinta, un relato turbio de intrigas y envidias palaciegas que se van desarrollando en un ambiente de tensión creciente. La violencia, presente de manera nítida en el día a día de estos guerreros solo se hará presente al final de la película, en una explosión de furia realmente formidable.
En el aspecto puramente técnico, destaca la precisión milimetrica con la que esta rodada cada escena, en un sobrio y elegante blanco y negro que potencia de manera singular las numerosas secuencias de drama y tensión que se van sucediendo en el metraje de la cinta. Una realización impecable con momentos de gran plasticidad y belleza.
Toshiro Mifune esta una vez mas sublime, secundado en esta ocasión por una nómina de secundarios de gran altura que contribuyen en todo momento a mantener el impecable ritmo de la película.
Samurai Rebellion es una obra poco conocida que sin duda interesará a todo aquel aficionado al cine oriental aunque con seguridad tampoco dejará indiferente a cualquier otro espectador. Un ejemplo soberbio de buen cine, una cinta trepidante, entretenida y tecnicamente impecable.

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Bowling For Columbine

Publicado el viernes 19 octubre 2018

Bowling For Columbine (2002)

Director: Michael Moore

Que algo extraño pasa en Estados Unidos era algo que algunos ya sospechábamos, que estaban tan enfermos es algo que a mi me pilla bastante de sorpresa.
Bowling For Columbine es un recorrido que realiza Michael Moore por la América profunda en busca de las causas que justifiquen el nivel tan indecente de violencia que asola su país, Moore nos muestra como los rifles se dan en los bancos al abrir una cuenta, como los adolescentes hacen experimentos con napalm, como las armas se venden y se compran en cada esquina.
Mas allá de ese panorama preocupante que la cinta nos muestra se deja entrever una realidad aun peor, hay otros países donde se venden armas libremente, incluso hay pases mucho mas militarizados que los Estados unidos, sin embargo la tasa de crímenes violentos triplica la tasa europea e incluso la canadiense, siendo Canadá el país mas cercano geográfica y culturalmente.
¿Qué es lo que lleva a un estadounidense a empuñar un arma a las primeras de cambio? Pues según nos muestra Moore el motivo es una especie de paranoia colectiva, una enfermedad social a gran escala.
El americano medio se siente profundamente amenazado en su vida diaria, aunque a menudo no es capaz de explicar que es lo que le amenaza, y en función de esto compra armas, protege su casa, de forma totalmente irracional.
La película tiene varios momentos delirantes, la entrevista con el presidente de la asociación del rifle, Charlton Heston da una idea de hasta donde puede llegar la ignorancia y el fanatismo, los relatos sobre los asesinatos en escuelas son estremecedores, pero lo mas estremecedor de todo es comprobar como los propios norteamericanos permanecen ajenos e impasibles ante lo que les ocurre.
Una cinta que todo el mundo debería ver, quizás nos ayudaría a detener muchas de las cosas que están pasando hoy en día.

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Kill Bill Vol 1

Publicado el martes 16 octubre 2018

Kill Bill Vol 1 (2003)

Director: Quentin Tarantino
Interpretes: Uma Thurman, David Carradine, Lucy Liu, Michael Madsen

Han pasado ya seis años desde que Quentin Tarantino dirigiera su última película, aquella magnífica “Jackie Brown”, que, a pesar de su indudable calidad, supuso para muchos un cierto paso atrás en la carrera del director estadounidense.
Tarantino a menudo es visto como un coleccionista mas que como un verdadero director, sus películas están construidas siempre con cientos de elementos de muy diversa indole y hay quien le acusa de apropiarse de logros ajenos, pero Tarantino es bastante mas que eso, es ante todo un gran cinéfilo que usa sus conocimientos para montar historias que suelen resultar deslumbrantes.
Dicho todo esto, he de decir que Kill Bill Vol 1 no deslumbra, sorprende, entretiene y divierte, pero no deslumbra, luego veremos por que.
La película fue concebida para ser un volumen único, pero finalmente la excesiva duración hizo que se dividiese en dos volumenes, que se estrenarán casi consecutivamente.
La historia es simple, Uma Thurman es “La novia”, una asesina a sueldo que trabajaba para Bill (David Carradine) hasta que decide dejarlo y casarse, en el día de su boda, Bill y otros matones se presentan en la ceremonia y asesinan a todos, la novia tambien es dada por muerta pero milagrosamente sobrevive aunque pasa cuatro años en coma postrada en un hospital.
Al despertar, una única idea acude a su cabeza: venganza, primero sobre los esbirros que ejecutaron la matanza y luego sobre el propio Bill.
Sobre esta simple trama Tarantino monta una película ultra violenta, teñida permanentemente de sangre y repleta de todo tipo de combates cuerpo a cuerpo, aquí la referencia mas clara son las películas de artes marciales de los años 70, con una Uma Thurman que luce un mono idéntico al que vistió Bruce Lee en algunas de sus películas y con una estética muy inspirada en aquellas películas y telefilms made in Hong Kong, la estética de las películas de samurais de Toshiro Mifune tambien esta presente en forma del codigo de honor samurai y toda la parafernalia que lo rodea, tambien hay algo de manga, la biografía de O-Ren Ishii (Lucy Liu) contada en forma de comic ultraviolento.
Todos estos ingredientes en manos inexpertas hubiesen dado como resultado un bodrio realmente infumable, pero Tarantino se las apaña para conjuntar todos los elementos y mostrarnos un film coherente y por momentos brillante, siempre que el espectador acepte y asuma unas determinadas reglas, no es una película verosimil ni pretende serlo.
El film destaca sobre todo en el aspecto visual, dejando un poco de lado los típicos dialogos ácidos tan característicos, con escenas realmente impactantes como el combate en Tokio contra los yakuzas de O-Ren Ishii tratado casi como una coreografía, jugando con el contraste entre el color y el blanco y negro y alterando escenarios para adornar unas secuencias ciertamente magníficas.
La música es, como siempre en los films de Quentin Tarantino, un capítulo aparte, el director, con la vista puesta siempre en el rock de los 40, 50 y 60 elige temas que se integren con la historia que pretende contar, en esta ocasion hay temas de Bernard Hermann, (“Twisted nerve”), Issac Hayes (“Run Fay Fun”), RZA o Charlie Feathers conformando una hamalgama de sonoridades que van desde el funk setentero al flamenco pasando por musica tradicional japonesa. Destaca sobre todo el tema que abre el disco: “Bang, Bang (My Baby Shot me down)” de la inigualable Nancy Sinatra.
Ahora la nota negativa de la que hablabamos antes: la película es en algunos momentos aburrida, o al menos no tan dinámica como cabría esperar, en ocasiones se detiene en exceso en detalles superficiales y esto acaba por afectar a la película, momentos como el entrenamiento con la katana se hacen demasiado tediosos, da la sensación de que, resumiendo un poco, todo podría haber entrado en una sola cinta sin perder nada de intensidad.
A pesar de esto último, Kill Bill Vol1 es una película muy interesante de un director al que se empezaba a echar de menos, una historia valiente, polémica y arriesgada que vuelve a situar a Quentin Tarantino entre los grandes del cine moderno. Veremos lo que nos ofrece el volumen 2.

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This Is Spinal Tap

Publicado el domingo 14 octubre 2018

This Is Spinal Tap (1984)

Director: Rob Reiner
Interpretes: Rob Reiner, Michael McKean, Christopher Guest

Si has estado en alguna banda no puedes dejar de ver esta película, la verdadera biblia del músico y del pipa. “Spinal Tap” es un rockumental acerca de las vicisitudes de una banda inglesa, Spinal Tap, durante su postrera gira por los U.S. de A. Nada mas empezar te llevas la grata sorpresa de que es un film americano protagonizado por los actores de “Saturday Night Live” de la era dorada, el famoso show de la NBC de donde han salido cómicos como Chevy Chase, Dan Ackroyd, Billy Crystal y demas. Los protagonistas de la película, Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer no son tan famosos pero son mas que conocidos, raro es el dia en que no aparezcan en cualquier serie o película siestera de algun canal, y lo cuadran.
La cinta se enfoca en forma de falso documental, pero los actores son tan buenos que le hacen dudar a uno más de una vez sobre si Spinal Tap no existe de verdad. En realidad la banda, despues del exito de la película, se mantuvo e hizo alguna gala que otra gracias a las cualidades musicales de los protagonistas, verdaderos interpretes de las seis cuerdas y autores de las canciones. Los temas musicales se adaptan perfectamente a la temática de la película, las ejecuciones son perfectas y solo en las letras se ve que son composiciones cómicas que se burlan de canciones de grupos “hair metal” del momento. Entre los baterias del mundo la posición más peligrosa es sin duda estar detras del kit de esta banda, ninguno dura mas que unos pocos conciertos. Sirva como ejemplo hace que unos años pusieron un anuncio en una revista buscando batería, el texto era escueto y decía: “Batería muerto, se busca uno nuevo”.
Durante esta gira la banda se enfrenta a todo lo que puede ir mal, la gente no les conoce, se pierden de camino al escenario, situaciones a lo Yoko Ono, ser teloneros de los Teleñecos, baterias que perecen por combustión expontanea, etc. Ademas se burla de todos los artificios e invenciones de las bandas de rock como el maquillaje, guitarras estrambóticas (un bajo de dos mastiles, por dios), escenarios ridiculos, el spandex.
Al final es como juntar lo peor de KISS, Jefferson Airplane, Black Sabbath y otras bandas míticas. No he parado de reirme, y lo hubiera hecho más de no ser por la falta de subtítulos, y porque los protagonistas imitan a la perfección el acento ingles y las expresiones de ese pais. Por si fuera poco las canciones se dejan oir y los actores ponen los dedos en los trastes correctos.
Para el que quiera saber más de este grupo, Spinal Tap.

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Grizzly Man

Publicado el miércoles 10 octubre 2018

Grizzly Man (2005)
Director: Werner Herzog
Intérpretes: Timothy Treadwell, Amie Huguenard, Willy Fulton, Sam Egli, Werner Herzog

Admito que llevaba mucho tiempo deseando ver Grizzly Man. En su momento me la perdí en el cine y le tenía ganas, del mismo modo que tenía ganas de escribir aquí algo sobre ella pese a que ya existe bastante material en la red, como este estupendo artículo de Las Horas Perdidas, y de que hace muy poco comentábamos otra cinta de Werner Herzog. Pero insisto: tenía ganas de hincarle el diente a Grizzly Man y comentar algo sobre ella, así que vamos allá.

Si la faceta de Werner Herzog como cineasta no es muy conocida entre el gran público, ni que decir tiene que menos conocida aun es su faceta como autor de documentales en la que, como no podía ser de otra forma, el alemán sigue mostrando esa querencia tan particular suya por retratar chalados. Esta vez no iba a ser menos, y el filme que nos ocupa desgrana la figura de Timothy Treadwell, un tipo cuyo amor enfermizo por los osos grizzlies (una subespecie de oso pardo particularmente agresiva) le llevó a convivir con ellos en Alaska durante trece veranos, hasta que un buen día éstos decidieron merendárselo junto con su novia, que le había acompañado en el que sería el último viaje para ambos.

Para realizar su tarea, el director se apoya en las grabaciones de video realizadas in situ por el propio Treadwell, hasta el punto de que, con excepción de partes puntuales y de la voz en off de Herzog, la película está montada prácticamente al completo sobre la base de ese material. Material que, dicho sea de paso, tiene escaso valor como documental de naturaleza, llamémoslo así. Básicamente se utiliza para hacer un autorretrato de la figura de Treadwell. Y como no podía ser de otro modo, el pobre hombre no es que salga precisamente muy bien parado. Este sea tal vez el punto fuerte del filme, pues Herzog se posiciona claramente a favor del protagonista y se puede decir que siente una extraña mezcla de admiración y lástima por él, pero tampoco impide en ningún momento que veamos la cruda realidad de un tipo que claramente no estaba muy en sus cabales. Hasta el punto de que, de no ser por el triste final que tuvo, se podría decir que era patéticamente gracioso. Una especie de Mr. Bean metido a naturalista del tres al cuarto.

El principal defecto de la película, que es el que por desgracia suele afectar a la filmografía de Herzog en general, es que es demasiado largo, con el agravante de que el personaje que aquí retrata no merece semejante desperdicio de metraje (una hora y cuarenta minutos), pues en circunstancias normales un tipo así no daría más que para un simple documental de media hora de duración o una mención de honor en la web de los Darwin Awards. De este modo, bastan los primeros treinta o cuarenta minutos para formarse una clara idea de quién era este tarado de Timothy Treadwell y para tener claro, pese a quién pese, que no era precisamente un alter-ego de Diane Fossey o de Rodríguez de la Fuente, si no un ex alcohólico y drogadicto al que en un momento dado se le cruzaron los cables, y decidió que unos bichardos de casi 500 kilos de peso capaces de partirte por la mitad de un zarpazo podían ser amiguetes suyos. Que lograse alcanzar cierta notoriedad mediática en lugar de ser amordazado de urgencia con una camisa de fuerza de siete cerrojos indica hasta qué punto algo no funciona en el mundo, y es que el “coolismo” que viene rodeando al rollo ese de la ecología desde hace unas décadas, puede ser tanto o más dañino que ir por ahí cazando y contaminando indiscriminadamente.

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