Categoria Cine

Kids

Publicado el Lunes 22 mayo 2017

Kids (1995)

Director: Larry Clarck
Interpretes: Leo Firtzpatrick, Justin Pierce, Chloe Sevigny.

“Soy muy cool
Doy por cool
Estoy un poco loco
¡Soy gilipollas!”

DAS POR COOL – Lehendakaris muertos

Siempre he comentado en esta web (y si no lo he hecho, pues lo hago ahora y punto) que si los 70 fueron años de “cine de autor” y los 80 años gloriosos para el “cine de palomitas”, los 90 fueron los años indiscutibles del “cine indie”. Películas como Clerks o Mi Idaho privado, así como festivales como el de Sundance, pusieron de moda el rollo ese de pillar por banda una cámara y rodar pelis “comprometidas” con cuatro cuartos. Es más: cuanto más “comprometida” fuese tu peli y menos dinero te hubieses gastado en ella (y por lo tanto, más tiñoso fuese su aspecto) mayores eran tus posibilidades de convertirte en icono. Ahí están para demostralo gentes como Kevin Smith o Robert Rodriguez. El problema es que con la deblacle posterior del cine comercial, lo “indie” pasó a convertirse en “cool” (así, literalmente). De ahí al gafapastismo y a la culturetada rancia que padecemos hoy en día sólo había un paso. Un fenómeno tan “costra” e intocable como la Monarquía española, y si no probad a meteros en un cine V.O. a ver cosas como las de ESTE SEÑOR, salid luego comentando que os han parecido un tostón pretencioso, y permaneced atentos a las miradas asesinas que os dedicará cierto sector del público asistente. Afortunadamente, no es éste el caso de KIDS.

Producida en plena efervescencia “indie” (1995) por Gus Van Sant, deidad del subgénero en ese momento, esta película se ha convertido con los años en un clásico de culto. Fue presentada en Sundance (¿dónde si no?) y los taimados hermanos Weinstein, dueños de Miramax, vieron el filón que supondría. Compraron los derechos de la cinta no sin antes crear una distribuidora “independiente”, para exhibirla a gran escala bajo el paraguas de Disney (a quién pertenecía Miramax) con una etiqueta de “peli independiente”, que le permitiese llegar al gran público sin ahuyentar por ello al público habitual de este tipo de películas, aunque tal etiqueta fuese ahora pura fachada. De paso no cabreaban a los jefes de Disney, quienes no querían ver su nombre asociado a una cinta tan dura, aunque no renunciaban a llevarse su tajada del pastel, desde luego. La jugada, como vemos, era redonda. Y salió redonda, hasta el punto de haberse convertido en una práctica habitual en nuestros días, con ejemplos como Entre copas o Pequeña Miss Sunshine.

Kids es un crudo retrato sobre la vida nihilista y amoral de un grupo de jóvenes neoyorkinos de clase baja. Rodada al más puro estilo “indie” (escaso presupuesto, cámara en mano, actores noveles, sin artificios de ninguna clase…) esta cinta golpeó las conciencias de muchos, y supuso un toque de atención a la juventud ante el peligro del SIDA y la promiscuidad sexual sin precauciones, lo cual no quiere decir que contenga un mensaje moralista y reaccionario ni mucho menos. La base argumental del guión es simple, pero está bien llevada y el ritmo no decae en ningún momento, logrando incluso crear una notable atmósfera de tensión y “mal rollo” que engancha a la pantalla. A ello también contribuyen las muy naturales interpretaciones de los actores. Particularmente la de Leo Fiztpatrick, absolutamente repulsivo en su papel de desvirgador “profesional” de jovencitas, una de esas interpretaciones rebeldes que tanto molan a los actores jóvenes.

Kids es la película que habría querido rodar Fernando León de Aranóa de haber tenido talento. Una película que no se anda por las ramas y dura como un puñetazo al estómago. Sin ser tampoco una maravilla de la ciencia, se puede ver (si no te repugna lo que vas a ver) y hace reflexionar a la vez que también entretiene, algo esto último que es lo mínimo exigible para cualquier película. Cosa ésta que olvidan muchos asiduos del cine iraní o del Dogma 95 ese, cuando te espetan en la cara lo inculto que eres por comprarte la edición especial de Abyss en DVD. Total, todo para encontrártelos luego en el tren leyendo el Que! y notar cómo se les pone la cara roja como un tomate cuando se dan cuenta de que les has “cazado”. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

“INTERVENCIONES: SANTIAGO SIERRA
El artista organiza la lectura continuada en lengua árabe de una guía de teléfonos palestina. Una y otra vez a lo largo de 120 horas ininterrumpidas. Hasta el 21 de Noviembre. Galería Helga de Alvear (Doctor Fourquet, 12. 914680506. Metro Lavapiés)”.

Agenda Cultural – EL PAÍS DE LAS TENTACIONES (Fuente: Las Horas Perdidas – www.lashorasperdidas.com)

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Crossroads, cruce de caminos

Publicado el Sábado 20 mayo 2017

Crossroads (1986)

Director: Walter Hill

Intérpretes: Ralph Macchio, Joe Seneca, Jami Gertz, Joe Morton, Robert Judd, Steve Vai

En 1986 Walter Hill era un reconocido director, productor y guionista de cine de acción, gracias a filmes como Límite 48 horas o Calles de fuego; Ralph Macchio estaba en trance de repetir su papel de Daniel LaRusso en la segunda parte de Karate Kid, que sería otro gran éxito de taquilla. Esperando desligarse del corsé que amenazaba con encasillar sus respectivas careras, decidieron unir fuerzas para rodar esta fábula sobre un estudiante de la Juilliard School fanático del blues, que emprende un viaje en busca del mítico cruce de caminos donde se dice que el músico Robert Johnson firmó un pacto con el demonio para convertirse en un prestigioso “bluesman”. Para no despistar demasiado a los fans de Macchio, entonces mundialmente famoso, la película se estructuró como un clon de Karate Kid, incluyendo el imprescindible duelo final en el que esta vez se cambian las patadas cutres con nombre de bicho por agresivos “rifts” de guitarra, y donde el protagonista y su mullet se las verán con el siempre excesivo, egocéntrico y genial Steve Vai, en una secuencia aun más surrealista que su homónima en Karate Kid, pero infinitamente más divertida. Añádanle a todo eso un toque de “road movie” y unos cuantos paletos al más puro estilo rural made in USA para crear ambiente y ya tenemos una película “nueva”, que por desgracia pasó sin pena ni gloria por los cines, aunque sus peculiaridades han acabado por convertirla, con el paso de los años, en una cinta de culto.

¿Y la película en sí?. Pues bien, gracias. Lo cierto es que se deja ver, y aunque el comienzo es particularmente flojo, remonta poco a poco hasta la llegada de ese inconmensurable duelo final que, sin duda, es lo mejor del estofado y no defraudará a ningún “guitar hero” que se precie. Ralph Macchio, fiel a su estilo, sigue ofreciendo esa entrañable imagen de moñas que tanto nos gustó a los que tuvimos la inmensa suerte de ver Karate Kid estrenada en una pantalla grande. A los secundarios que le acompañan en su particular viaje les falta carisma (excepto Steve Vai, por supuesto) y se hecha de menos un poquito más de presencia de la guapa Jami Gertz (que venía de rodar otra peli de culto, Quicksilver, con un jovencísimo Kevin Bacon). Pese a todo, el balance final es resultón, aunque por poco. Tras esto, las carreras de Walter Hill y el bueno de Daniel LaRusso (perdón, Ralph Macchio) habrían de quedar definitivamente predestinadas.

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Grizzly Man

Publicado el Miércoles 17 mayo 2017

Grizzly Man (2005)
Director: Werner Herzog
Intérpretes: Timothy Treadwell, Amie Huguenard, Willy Fulton, Sam Egli, Werner Herzog

Admito que llevaba mucho tiempo deseando ver Grizzly Man. En su momento me la perdí en el cine y le tenía ganas, del mismo modo que tenía ganas de escribir aquí algo sobre ella pese a que ya existe bastante material en la red, como este estupendo artículo de Las Horas Perdidas, y de que hace muy poco comentábamos otra cinta de Werner Herzog. Pero insisto: tenía ganas de hincarle el diente a Grizzly Man y comentar algo sobre ella, así que vamos allá.

Si la faceta de Werner Herzog como cineasta no es muy conocida entre el gran público, ni que decir tiene que menos conocida aun es su faceta como autor de documentales en la que, como no podía ser de otra forma, el alemán sigue mostrando esa querencia tan particular suya por retratar chalados. Esta vez no iba a ser menos, y el filme que nos ocupa desgrana la figura de Timothy Treadwell, un tipo cuyo amor enfermizo por los osos grizzlies (una subespecie de oso pardo particularmente agresiva) le llevó a convivir con ellos en Alaska durante trece veranos, hasta que un buen día éstos decidieron merendárselo junto con su novia, que le había acompañado en el que sería el último viaje para ambos.

Para realizar su tarea, el director se apoya en las grabaciones de video realizadas in situ por el propio Treadwell, hasta el punto de que, con excepción de partes puntuales y de la voz en off de Herzog, la película está montada prácticamente al completo sobre la base de ese material. Material que, dicho sea de paso, tiene escaso valor como documental de naturaleza, llamémoslo así. Básicamente se utiliza para hacer un autorretrato de la figura de Treadwell. Y como no podía ser de otro modo, el pobre hombre no es que salga precisamente muy bien parado. Este sea tal vez el punto fuerte del filme, pues Herzog se posiciona claramente a favor del protagonista y se puede decir que siente una extraña mezcla de admiración y lástima por él, pero tampoco impide en ningún momento que veamos la cruda realidad de un tipo que claramente no estaba muy en sus cabales. Hasta el punto de que, de no ser por el triste final que tuvo, se podría decir que era patéticamente gracioso. Una especie de Mr. Bean metido a naturalista del tres al cuarto.

El principal defecto de la película, que es el que por desgracia suele afectar a la filmografía de Herzog en general, es que es demasiado largo, con el agravante de que el personaje que aquí retrata no merece semejante desperdicio de metraje (una hora y cuarenta minutos), pues en circunstancias normales un tipo así no daría más que para un simple documental de media hora de duración o una mención de honor en la web de los Darwin Awards. De este modo, bastan los primeros treinta o cuarenta minutos para formarse una clara idea de quién era este tarado de Timothy Treadwell y para tener claro, pese a quién pese, que no era precisamente un alter-ego de Diane Fossey o de Rodríguez de la Fuente, si no un ex alcohólico y drogadicto al que en un momento dado se le cruzaron los cables, y decidió que unos bichardos de casi 500 kilos de peso capaces de partirte por la mitad de un zarpazo podían ser amiguetes suyos. Que lograse alcanzar cierta notoriedad mediática en lugar de ser amordazado de urgencia con una camisa de fuerza de siete cerrojos indica hasta qué punto algo no funciona en el mundo, y es que el “coolismo” que viene rodeando al rollo ese de la ecología desde hace unas décadas, puede ser tanto o más dañino que ir por ahí cazando y contaminando indiscriminadamente.

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El Septimo Sello

Publicado el Domingo 14 mayo 2017

El Séptimo Sello (Det Sjunde Inseglet)
1957

Director: Ingmar Bergman
Interpretes: Max Von Sydow, Gunnar Bjornstrand, Bengt Ekerot, Nils Poppe, Bibi Anderson

Un caballero vuelve de las cruzadas junto a su escudero, se dirigen a su hogar en Suecia, sabedores que la peste negra esta haciendo estragos entre la población.
La muerte se cruza en su camino y el caballero logra ganar algo de tiempo retándola a una partida de ajedrez, este es el planteamiento inicial de El Séptimo Sello, obra maestra del director sueco Ingmar Bergman.
Bergman hace una profunda selección sobre la vida, sobre la muerte, sobre dios, reflexiona sobre la forma en que estas preguntas vitales paralizan la existencia, nos hacen caer en el pánico y en el horror.
El caballero busca incansablemente la prueba de la existencia de Dios, pero en su búsqueda no encuentra mas que nuevas preguntas.
En la película se presentan una serie de personajes que influyen en la trama decisivamente, como la pareja de cómicos, la mujer salvada por el escudero, el herrero y su mujer, el protagonismo de estos personajes no obstante no se limite a la mera situación que están viviendo, sino que con ellos Bergman juega a plantear reflexiones muy variadas sobre Dios, La iglesia, el estado, el sentido de la vida, la muerte.
E l Séptimo Sello es una película fuertemente dotada de una carga filosófica en ocasiones difícil de digerir, a pesar de ello no se la puede considerar una película pesada, larga o lenta, hay acción, hay buenas interpretaciones, y el conjunto es muy recomendable, para aquel que busque simplemente un rato de entretenimiento o para aquel que busque algo mas.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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Help!

Publicado el Miércoles 10 mayo 2017

Help! (1965)

Director: Richard Lester

Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Leo McKern, Eleanor Bron, Victor Spinetti, Roy Kinnear

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Llegado 1965, la Beatlemanía estaba en su máximo apogeo, aunque no eran muchos los conscientes de la importancia capital que, para la música popular, tenía lo que estaban viviendo. Por aquel entonces, la mayoría de la población veía a los Beatles como una especie de “boy band” al estilo de las que se pondrían de moda en los años 90, salvando las distancias. Una moda pasajera liderada por una cuadrilla de melenudos, con poco que ofrecer más allá de su capacidad para provocar incidentes allí donde osaran hacer acto de presencia, soliviantando a la iletrada y asilvestrada juventud que escuchaba sus demoníacos discos. Como tal moda eran vistos hasta por miembros de su propio entorno, que se aprestaron a exprimir la gallina de los huevos de oro mientras fuera rentable. Los Beatles no paraban de currar, dando rienda suelta a su talento en discos primero y en películas después. Un año antes, en 1964, la banda había rodado su primer largometraje, Qué noche la de aquel día, con un notable éxito tanto de crítica como de público. Aquello animó a los tipos que dirigían la “Beatleindustria” a repetir la fórmula reuniendo al mismo equipo responsable del primer filme. El resultado sería Help!

Rodada con algo más de tiempo y presupuesto que en el caso de Qué noche la de aquel día (aquella película se rodó a toda hostia para rentabilizar al máximo el “boom” del fenómeno Beatles), en Help! se buscó sacar partido de la fama de cachondos e irreverentes que tenían los cuatro de Liverpool (particularmente John y Ringo) para mostrarlos como una especie de hermanos Marx del pop, tal como señalaba Agustín Sánchez Vidal en el artículo que reprodujimos hace un tiempo. Por tanto la película se caracteriza por el absurdo y el surrealismo que rodea a muchas situaciones, en consonancia con la forma de ser del director, Dick Lester, y de los propios Beatles. El sentido del humor que todos compartían junto con buenas dosis de “maría”, pan de cada día en el plató, contribuyo a hacer más distendido el ambiente en un rodaje problemático, principalmente a causa de las premuras de tiempo impuestas por los productores, los caprichos de éstos y de Brian Epstein (suya fue la idea de obligar al equipo a desplazarse a Nassau para rodar algunas secuencias) y el inmisericorde acoso de los fans, que obligaba a suspender el rodaje más de una vez.

El resultado de todo esto no puede calificarse como demasiado brillante. Dado que no era posible repetir el esquema pseudo documental de Qué noche la de aquel día, para Help! se hizo un guión más tradicional, con un argumento en el que una secta hindú adoradora de la diosa Khali persigue a Ringo para arrebatarle un anillo sagrado. Pero los Beatles no eran actores ni mucho menos (menos aún bajo los efectos de la marihuana) y el guión forzaba muchas de las situaciones de supuesta comedia, que vistas hoy casi producen vergüenza ajena en más de una ocasión. De esta forma, la película queda reducida a un vehículo para justificar la presencia de los Fab Four en cada plano, dado que para eso se montó este tinglado: para dar a su público objetivo lo que quería y, ya puestos, hacer negocio a cambio.

El mayor mérito cinematográficamente hablando lo tiene Richard Lester, un buen director que saca todo el partido posible de lo que tiene entre manos, haciendo uso de buenas ideas para presentar una especie de cómic con una estética muy colorista y desenfadada, fiel reflejo de la juventud del momento que vivía sus esperanzas de cambio social inmersa en el pop art y a las puertas de la psicodelia y del hippismo. Respecto a la música huelga decir nada, por supuesto, aunque resulta curioso que ésta no sea protagonista de la película tal y como uno podría imaginarse inicialmente. De hecho, sólo aparece un puñado de canciones del disco que en teoría se presenta como la banda sonora del filme (por citar sólo un ejemplo, Yesterday no aparece por ningún lado). Además las secuencias en que los Beatles interpretan sus temas están insertadas con calzador dentro del metraje, lo que produce una sensación cuanto menos extraña. Eso sí: dichas secuencias están generalmente muy bien rodadas, con un estilo dinámico y rompedor para su tiempo que preludiaba lo que luego serían los archiconocidos videoclips. De hecho, muchos años después la propia MTV bautizaría a Dick Lester como el padre del género, a lo que el realizador, fiel a su estilo, respondió enviando una carta a los jefes de la cadena exigiendo que se sometieran a una prueba de paternidad. Genio y figura, vaya.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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