Categoria Cine

El Orfanato

Publicado el domingo 12 agosto 2018

El orfanato (2007)

Director: Juan Antonio Bayona
Intérpretes: Belén Rueda, Fernando Cayo, Roger Princep, Monserrat Carulla, Andrés Gertrúdix

orfanato.jpgSi hace unos años alguien me hubiese dicho que, un día, me pasaría ocho meses sin pisar una sala de cine, seguramente me habría parecido increíble. Y es que hubo un tiempo en que quien esto escribe era perfectamente capaz de, en ocasiones, ver tres e incluso más películas por semana en el cine de turno. Pero aquí estamos, y resulta que desde la última vez en que pisé una sala de cine (para ver Zodiac) hasta el momento de ver El orfanato han pasado casi ¡nueve meses!.

¿Razones para esto?. Pues varias. Dejando a un lado el punto de vista de gente que, como yo, sostiene que vivimos el último suspiro del cine al menos tal y como lo hemos conocido hasta ahora, una razón de peso es sin duda el carísimo precio de las entradas. Jamás en la vida habría imaginado que dos personas tendrían que desembolsar casi 14 euros para entrar en un cine, y encima sin la garantía de ver una buena película a cambio (y sin contar con el gasto suplementario en palomitas y bebidas, por supuesto). Hace sólo diez o doce años, lo cual no es tanto tiempo, mis padres me daban precisamente la mitad de ese dinero cada fin de semana: 1100 pelas de las de entonces. No era precisamente una pasta, y aun así era posible pasar la tarde – noche viendo una peli de estreno en el cine, para luego gastar el dinero sobrante pillando “el puntillo” con los colegas a base de minis de cerveza barata y kalimotxo de tetra-brick.

De esta forma, a nadie le debe extrañar que sea mi novia la que me haya empujado últimamente a ver cine en pantalla grande. De no ser por ella, es seguro que no habría visto ni la mitad de las películas que he visto en los últimos dos años (no muchas, ciertamente); entre ellas esta que nos ocupa hoy.

El orfanato es la típica película encargada como cada año de maquillar los penosos registros cuantitativos y cualitativos del cine “apañó”. Pero tampoco hay que llevarse a engaño: en una producción de esta categoría, con mucho dinero de por medio, las campañas publicitarias hechas “a degüello” para poner culos en las butacas a toda costa, influyen de manera determinante en los resultados de taquilla. Y que una película sea un éxito no quiere decir necesariamente que sea una maravilla. Este es el caso de El orfanato, aunque todo depende del punto de vista con el que se enjuicie el filme.

Porque afortunadamente esto no es Alatriste, donde se mire por donde se mire, el resultado es una mierda del tamaño del Burj Dubai. Vista como mero entretenimiento, con la clara intención de dejar el cerebro a un lado de la butaca, El orfanato cumple su cometido, aunque sin alardes. El problema viene cuando tratamos de enjuiciarla como película con todas las letras. Entonces el frágil castillo de naipes se viene abajo estrepitosamente, saliendo a flote todas las carencias de una cinta que se parece al Monstruo de Frankenstein, construida a base de pedazos de otros filmes pegados aquí y allá, y cargada de topicazos, algún diálogo absurdo y escenas filmadas de manera lamentable (la atropellada carrera de Belén Rueda por la playa es un claro ejemplo). No se necesitan ni cinco minutos de metraje para tener la sensación de que se está viendo Los otros II, pero tampoco hace falta escarbar mucho para encontrar “referencias” a otras muchas películas del género de terror como Poltergeist, El Resplandor o House, una casa alucinante (de la cual plagia con absoluto descaro la idea central del argumento).

En resumidas cuentas, y tal y como hemos dicho antes, pasarlo bien con El orfanato depende mucho del color del cristal con que se mire. Rodada de forma aséptica pero sin maestría alguna, de manera bastante rutinaria, entretiene lo justo y tiene algunos momentos buenos, aunque tampoco realmente brillantes. Sin embargo como película no resiste un análisis mínimamente serio, excepción hecha de la buena interpretación de Belén Rueda. La impresión es que por 6,90 la entrada uno se merece más a cambio. Claro que, tal y como están las cosas, tampoco se pueden pedir peras al olmo.

Facebook Twitter
Publicado por Leo / Archivado en:Cine
2 Comentarios

Gosford Park

Publicado el sábado 11 agosto 2018

Gosford Park (2001)

Director: Robert Altman
Interpretes: Eileen Atkins, Bob Balaban, Alan Bates, Charles Dance, Stephen Fry, Michael Gambon

La reciente muerte de Robert Altman a los 81 años de edad, nos ha dejado huérfanos del que muchos consideraban uno de los últimos grandes directores de Hollywood. Con fama de rebelde (aunque sobre ese particular podríamos hablar largo y tendido) y con una prolífica carrera en la que abundan más los bajos que los altos, Altman dejó, pese a todo, su impronta de gran artesano allí donde dirigió un cotarro, logrando algunas películas de excelente factura como M.A.S.H. o Short Cuts que, dicho sea de paso, tal vez sean las mejores de su extenso currículum.

El caso es que, aprovechando el óbito del afamado director, TVE programó, en el marco de su Segunda Cadena, Gosford Park, una de las últimas películas de Altman como director y también la última con la que el realizador de Kansas logró un abierto reconocimiento por parte de la crítica, siendo incluso nominado al Oscar por su trabajo. En su día tuve ocasión de verla de estreno y la verdad es que salí enormemente decepcionado y con la sensación de haber “caído”, una vez más, ante las loas de los criticuchos de turno, que colocaban este invento de Mr. Altman a la altura de sus mejores trabajos.

Uno de estos criticuchos, del que no citaré nombre y medio para el que trabajaba porque simplemente no me apetece ensuciar esta web nombrándoles, comentaba en su momento que lo que más temía era que la “gente común” (useasé, los subnormales que pagan la entrada, según él) no captase el mensaje de esta cinta, pensando que estaban ante “una copia de una película de las de Agatha Christie”. O yo soy “gente común” o simplemente no sé leer entre lineas (o no sé leer, directamente); pero lo cierto es que Gosford Park me pareció exactamente esto: un remedo de peli de Hercules Poirot, solo que mejor hecha. Como ya no me fío ni de mí a estas alturas, decidí aprovechar la oportunidad que me brindaba La 2 y “re-ojear” esta producción a ver si, casualmente, lograba alcanzar el Nirvana que “el ese” (el criticucho de marras) decía haber alcanzado años atrás…

Echémosle un vistazo al argumento: Gosford Park es una enorme y preciosa mansión a la que acuden una serie de invitados, pertenecientes a la rastrera y decadente alta sociedad inglesa de primeros del siglo XX, con objeto de pasar una jornada de caza. Todo transcurre dentro de la más absoluta e hipócrita “normalidad” hasta que uno de los asistentes es asesinado durante la noche. A partir de entonces comienza incesante investigación en busca del responsable de tan vil acto. Todos, desde lacayos a señores, desde damas a doncellas, pueden ser culpables.

Si esto no es “una copia de una película de las de Agatha Chirstie” que baje Buda y lo vea, oigan. Insisto: debo ser gilipollas del culo, porque acabé esa noche reafirmándome en lo que previamente opinaba sobre esta película. Que sí, que esta muy bien hecha, que Robert Altman dirigía como Dios, que los actores están todos cojonudos (particularmente Helen Mirren) y que me casaría con Kristin Scott Thomas sin dudarlo, arrastrándome por el fango si ella me lo pidiera; pero no acabo de “pillarle el punto” a esta cinta, y sigo viéndola como un filme coral “a lo Agatha Christie” muy currado desde luego, pero que no acaba de despegar por la ausencia de un guión bien desarrollado en lo argumental (el principio, embarullado como pocos, es mortal de necesidad) y con una falta de ritmo que en ocasiones resulta alarmante. Ni siquiera la inclusión de un fino toque humorístico “típicamente Altman”, por lo general en manos de Maggie Smith (Condesa de Trentham en el filme) y Stephen Fry (un inspector Thomson a modo de pantomima de Hercules Poirot), impide lanzar bostezos de vez en cuando. Gosford Park recuerda de alguna forma a las películas de James Ivory, muy bien hechas, con una fabulosa ambientación “de época”… y cuyo visionado suelo recomendar a mis amigos cuando tienen problemas para dormir.

Es una pena que Gosford Park no esté a la altura de lo que parece aparentar, aunque hay que dejar claro que para 2001 Altman estaba ya muy lejos de sus días de gloria. E insisto: “el ese”, si me lee (que no creo) debería ver primero las películas sobre las que luego opina (me consta que en algún caso no lo hacía). Lo peor es que no es el único. Y peor todavía es que cobran, y no precisamente hostias…

Facebook Twitter
Publicado por Leo / Archivado en:Cine
Hacer un comentario

El día después

Publicado el viernes 10 agosto 2018

The day after (1983)

Director: Nicholas Meyer
Intérpretes: Jason Robards, JoBeth Williams, Steve Guttenberg, John Cullumm, John Lithgow

el_dia_despues1.jpgHay muchos aspectos particulares de los años 80 dignos de reflejarse en los libros de Historia, y al contrario de lo que mucha gente se piensa, no todos son precisamente buenos. Hace ya algún tiempo comenté que los 80, lejos de ser los años de vino y rosas que muchos nostálgicos gratuitos nos quieren vender, fueron años muy difíciles y cargados de incertidumbres. Particularmente durante el primer lustro de la década, en el que raro era el día en que uno no se desayunaba, comía, cenaba y se acostaba sin preguntarse entre otras cosas si el día siguiente no amanecería con un enorme hongo perfilado en el horizonte.

Y es que a los agoreros de la guerra termonuclear total no les faltaron razones para echarse a temblar cuando, en 1980, Ronald Reagan llegaba a la presidencia de unos EE UU que pedían, más que nunca, alguien que les devolviese el orgullo perdido tras la infamante derrota en la Guerra de Vietnam. No en vano, aquel actor de segunda fila reconvertido en político ultraconservador, anticomunista enfermizo por añadidura, había solicitado públicamente en repetidas ocasiones, durante su época de senador por California, el uso de bombas atómicas en aquel país para “borrar de una vez y para siempre el comunismo del Sudeste Asiático”. Con semejantes antecedentes nada bueno podía esperarse en el futuro, si no más bien al revés. Y los acontecimientos pronto se encargarían de demostrarlo cuando, al poco tiempo, los norteamericanos decidieron impulsar su carrera armamentística sembrando Europa Occidental de misiles nucleares (los entonces tristemente famosos “Euromisiles”). A esto respondieron los “ruskies” como no podía ser de otro modo, plantando cohetes en “su” mitad del continente. La Guerra Fría, que durante los 70 había vivido momentos de cierta distensión, se reactivaba ahora con una crudeza desconocida durante años, metiendo el miedo en el cuerpo al mundo entero.

Como suele ocurrir, incluso en los tiempos más sombríos siempre hay alguien con los suficientes arrestos, caradura e inteligencia como para hacer un buen negocio, y ni que decir tiene que fue el cine uno de los sectores que más se beneficiaron de aquella situación. Con el cine de catástrofes ya en franca decadencia, algunos productores avispados vieron que el próximo filón a explotar estaba en la psicosis nuclear, y empezaron a surgir como hongos (nunca mejor dicho) producciones de diverso pelaje destinadas a pantalla grande y TV. Incluso la generalmente sesuda BBC editaría un documental que ilustraba técnicas de supervivencia ante un ataque nuclear (a modo de “manual de instrucciones”) que pegó a la pantalla del televisor a toda Inglaterra.

Cuando pensamos en este tema, a la mayoría de nosotros, así a bote pronto, nos vienen a la mente películas como Juegos de Guerra, la saga de Mad Max (particularmente las dos últimas) o, siendo un pelín rebuscados, Cuando el viento sopla. Todas ellas, con independencia de su temática más o menos común, son notables ejemplos de buen cine. Pero si existe una película que represente como ninguna el horror de aquella situación de psicosis nuclear esa es sin duda El día después, de la que en 2008 se cumplen 25 años desde su estreno por la cadena de televisión ABC.

Porque efectivamente, hablamos de un telefilme que fuera de USA se estrenó en salas comerciales, con unos efectos casi tan devastadores como los de la explosión nuclear que retrata. Efectos que por supuesto también se produjeron en la patria de la Coca Cola, donde El día después aun figura como la película para TV más vista en la historia de aquel país, con picos de audiencia del 60%. Los inteligentes productores del filme supieron ver como nadie la oportunidad de aquella ola de “pánico nuclear”, orquestando una campaña publicitaria previa al estreno que incluía una línea de teléfono para atender posibles casos de crisis nerviosa. Los estupefactos espectadores pudieron asistir, en primera fila y con un grado de detalle jamás visto hasta entonces, al horror de la guerra nuclear que no pocos creían inevitable tal y como estaban las cosas, y el debate posterior a la emisión de la cinta, con el genial y añorado Carl Sagan describiendo con todo lujo de detalles el Invierno Nuclear, acabó por “arreglar” esa noche, al punto de que el propio Ronald Reagan tuvo que emitir posteriormente un comunicado para serenar, en lo posible, los ánimos de la población.

El día después no pasa de ser un filme de catástrofes más, prácticamente calcado de los muchos que se hicieron en los 70 y primeros 80 (solo que cambiando el barco, el avión o el rascacielos por la bomba atómica). Por supuesto, lo más destacable es la secuencia en la que cae la bomba. Teniendo en cuenta los medios disponibles entonces y el presupuesto de la película los efectos especiales son buenos, incluso impactantes, aunque no sirven para plasmar en toda su crudeza los verdaderos efectos y consecuencias de una explosión de ese calibre sobre una zona densamente poblada (en realidad serían mucho peores). Aun así fue suficiente como para afectar en mayor o menor medida a todos los que tuvieron el atrevimiento de verla. Todavía recuerdo una noche en la que, paseando con mis padres, nos topamos con una pareja de amigos que acaban de asistir a la proyección del filme en un cine de la ciudad. Salían de allí completamente pálidos y ella temblaba como un flan, literalmente, mientras acertaban a balbucear comentarios del tipo de “horrible”, “espantosa” o “pesadilla”, y no precisamente porque la cinta les hubiese parecido mala. Yo esperé al video para ver la película y para aquel entonces, con 13 o 14 años, y pese a conocer de sobra los peligros de las armas nucleares tras haber ojeado mucho sobre el tema en libros y revistas, quedé tan impactado que no me atreví a volver a verla entera hasta el momento en que, con objeto redactar este artículo, la pillé en la biblioteca de mi barrio, aprovechando de paso (no voy a negarlo) para enfrentarme a uno de mis demonios particulares. Aun así, y pese a los años que ya me contemplan, no pude evitar “distraerme” en algunos de los momentos más duros. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordar la secuencia de la explosión, y eso pese a la existencia de películas como Terminator 2, que tiró de presupuesto para una secuencia parecida (aunque mucho más corta, claro) ultrarrealista y absolutamente espeluznante contemplada en pantalla grande.

Transcurridas dos décadas y media desde el estreno de El día después, casi nadie recuerda ya la tremenda impronta que éste dejó en una ciudadanía atemorizada, con noticias de portada en el Telediario y todo. Pero dejando a un lado el oportunismo y por qué no decirlo, la caradura de quienes lo idearon, este tinglado tiene sus cosas positivas incluso de cara al futuro, como advertencia para no olvidar un peligro que, aunque aparentemente “minimizado”, sigue estando presente: la situación política ha cambiado mucho y las armas nucleares ya no son noticia de portada en los medios, pero la proliferación nuclear, lejos de disminuir, ha aumentado. Y lo que es peor: ha aumentado el descontrol sobre una parte de esas armas, con consecuencias imprevisibles. Como bien apuntó Carl Sagan, mientras exista en el mundo una sola bomba atómica, el peligro que suponen esas bombas jamás desaparecerá.

Facebook Twitter
Publicado por Leo / Archivado en:Cine
3 Comentarios

La Guerra de los Rose

Publicado el viernes 3 agosto 2018

The War of the Roses (1989)

Director: Danny DeVito

Intérpretes: Michael Douglas, Kathleen Turner, Danny DeVito, Marianne Sägebrecht, Sean Astin, Heather Fairfield

Los años 80 fueron, indiscutiblemente, los mejores en la carrera del gran Danny DeVito. Este entrañable cómico encadenó una serie de éxitos como actor y director que lograron colocar su rechoncha figura entre lo más selecto y popular del panorama cinematográfico de entonces, destacando sobre todo su asociación con otros dos actores de postín: Michael Douglas y Kathleen Turner. Con ellos había participado en el pelotazo de Tras el Corazón Verde (1984) y la inferior, aunque entretenida, La Joya del Nilo (1985). Pero sería en La Guerra de los Rose, ya al final de la década, donde el trío logró los mejores resultados de su peculiar alianza, con DeVito dirigiendo el cotarro esta vez.

Tomando como base el texto original del novelista Warren Adler, un DeVito en plena forma dejó su impronta característica de humor negro y mala leche en la que sin duda es su mejor película como director. Porque si hay dos cosas que destaquen en esta película esas son el humor negro y la mala leche, que hacen acto de presencia desde los mismos créditos iniciales, secundados para la ocasión por una estupenda banda sonora. A partir de ahí lo que sigue es una corrosiva historia de amor y desamor por desgaste y pasotismo, cargada de misoginia (la mujer es retratada aquí como poco menos que una arpía despiadada) y que tira a dar contra los topicazos de las relaciones de pareja, que generalmente se muestran idílicas de puertas para afuera pero que, también generalmente, esconden más de una turbia realidad que sólo se muestra de puertas para adentro.

La Guerra de los Rose es una película muy divertida que en ciertos momentos recuerda a alguno de los mejores capítulos de Los Simpsons. No en vano el productor es James L. Brooks, el mismo de la afamada serie de dibujos animados. Aunque la segunda mitad del metraje sea la más entretenida por aquello de la “sucesión de putadas” que tiene lugar entre la pareja protagonista, quizás lo mejor esté en una primera parte más pausada pero que acumula algunas secuencias geniales, que ilustran maravillosamente cómo una pareja puede irse distanciando de forma lenta e inexorable, sin que los dos se den cuenta hasta que ya es demasiado tarde para arreglar nada.

Facebook Twitter
Publicado por Leo / Archivado en:Cine
Hacer un comentario

Walk The Line

Publicado el viernes 27 julio 2018

En La Cuerda Floja
Walk The Line (2005)

Director: James Mangold
Interpretes: Joaquin Phoenix, Resee Withespoon, Ginnifer Goodwin, Robert Patrick

Parece que poco a poco Hollywood está empezando a atisbar el verdadero potencial que puede tener para el gran público la vida de los grandes mitos de la música popular. Aunque en el pasado hay algunos notables precedentes, fue la irregular “Ray” (2004) de Taylor Hackford con su notable éxito de taquilla quien abrió las puertas de este tipo de biografías.
“Walk The Line”, traducida en España como “En la cuerda floja” (alguien debería tomar de una vez medidas contra este tipo de “traductores”) tiene bastantes paralelismos con la cinta de Hackford, y comete practicamente los mismos errores al tratar la biografía de Johnny Cash, uno de los grandes iconos de la música popular, como una historia plana y sosa mas propia de un telefilm.
El nudo de la trama es la historia de amor entre Johnny Cash y June Carter, y se obvian, de manera deliberada, aspectos turbios de la vida del músico norteamericano con intención de llegar con facilidad a las grandes masas. La figura de Johnny Cash tiene miles de matices en ocasiones contradictorios y muy interesantes, es una auténtica pena que no se hallan tenido en cuenta. Hubiese aumentado en un ciento por ciento el interés de la película.
Teniendo en cuenta todo lo expuesto, mi opinión es que la película aburrirá sin solución a todo aquel que no este minimamente interesado en la música de Johnny Cash y por extensión en la historia del rock norteamericano, que no encontrará ninguna tabla a la que agarrarse. No obstante, para la gente que aprecie la música rock en cualquiera de sus manifestaciones la película tiene sus atractivos. En primer lugar hay que destacar la interpretación de un Joaquin Phoenix que se mete literalmente en la piel de Johnny Cash, interpretando el mismo las múltiples canciones que suenan en el largometraje e imitando perfectamente los gestos y movimientos del músico, en este sentido, quizás el momento mas memorable es la recreación del concierto de la prisión de Folsom, sin duda uno de los puntos claves de la carrera de Cash. Tambien son destacables las secuencias de esas primeras actuaciones junto a músicos de su generación como Jerry Lee Lewis o Elvis, recreadas con todo lujo de detalles.
Del hilo argumental de la película solo se salvan un par de pinceladas, como esa mítica audición en los estudios SUN en la que Cash obtendría su primer contrato discográfico o la escena donde se enfrenta a su compañía para tocar por las carceles de los EEUU.
Poco mas, y realmente es una pena, ya que como he dicho la figura de Johnny Cash, uno de los músicos mas influyentes de la historia, merecía un retrato mucho mas definido y detallado. Unicamente la música, recreada fielmente, y una intepretación soberbia de Joaquin Phoenix hacen que merezca la pena pagar lo que te piden por verla. Esperemos que próximos proyectos de este tipo se aborden con mayor inteligencia y valentía.

Facebook Twitter
Publicado por Luis / Archivado en:Cine
9 Comentarios

2003-2014 Computer Age. Blog powered by Wordpress