Categoria Cine

Help!

Publicado el sábado 16 junio 2018

Help! (1965)

Director: Richard Lester

Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Leo McKern, Eleanor Bron, Victor Spinetti, Roy Kinnear

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Llegado 1965, la Beatlemanía estaba en su máximo apogeo, aunque no eran muchos los conscientes de la importancia capital que, para la música popular, tenía lo que estaban viviendo. Por aquel entonces, la mayoría de la población veía a los Beatles como una especie de “boy band” al estilo de las que se pondrían de moda en los años 90, salvando las distancias. Una moda pasajera liderada por una cuadrilla de melenudos, con poco que ofrecer más allá de su capacidad para provocar incidentes allí donde osaran hacer acto de presencia, soliviantando a la iletrada y asilvestrada juventud que escuchaba sus demoníacos discos. Como tal moda eran vistos hasta por miembros de su propio entorno, que se aprestaron a exprimir la gallina de los huevos de oro mientras fuera rentable. Los Beatles no paraban de currar, dando rienda suelta a su talento en discos primero y en películas después. Un año antes, en 1964, la banda había rodado su primer largometraje, Qué noche la de aquel día, con un notable éxito tanto de crítica como de público. Aquello animó a los tipos que dirigían la “Beatleindustria” a repetir la fórmula reuniendo al mismo equipo responsable del primer filme. El resultado sería Help!

Rodada con algo más de tiempo y presupuesto que en el caso de Qué noche la de aquel día (aquella película se rodó a toda hostia para rentabilizar al máximo el “boom” del fenómeno Beatles), en Help! se buscó sacar partido de la fama de cachondos e irreverentes que tenían los cuatro de Liverpool (particularmente John y Ringo) para mostrarlos como una especie de hermanos Marx del pop, tal como señalaba Agustín Sánchez Vidal en el artículo que reprodujimos hace un tiempo. Por tanto la película se caracteriza por el absurdo y el surrealismo que rodea a muchas situaciones, en consonancia con la forma de ser del director, Dick Lester, y de los propios Beatles. El sentido del humor que todos compartían junto con buenas dosis de “maría”, pan de cada día en el plató, contribuyo a hacer más distendido el ambiente en un rodaje problemático, principalmente a causa de las premuras de tiempo impuestas por los productores, los caprichos de éstos y de Brian Epstein (suya fue la idea de obligar al equipo a desplazarse a Nassau para rodar algunas secuencias) y el inmisericorde acoso de los fans, que obligaba a suspender el rodaje más de una vez.

El resultado de todo esto no puede calificarse como demasiado brillante. Dado que no era posible repetir el esquema pseudo documental de Qué noche la de aquel día, para Help! se hizo un guión más tradicional, con un argumento en el que una secta hindú adoradora de la diosa Khali persigue a Ringo para arrebatarle un anillo sagrado. Pero los Beatles no eran actores ni mucho menos (menos aún bajo los efectos de la marihuana) y el guión forzaba muchas de las situaciones de supuesta comedia, que vistas hoy casi producen vergüenza ajena en más de una ocasión. De esta forma, la película queda reducida a un vehículo para justificar la presencia de los Fab Four en cada plano, dado que para eso se montó este tinglado: para dar a su público objetivo lo que quería y, ya puestos, hacer negocio a cambio.

El mayor mérito cinematográficamente hablando lo tiene Richard Lester, un buen director que saca todo el partido posible de lo que tiene entre manos, haciendo uso de buenas ideas para presentar una especie de cómic con una estética muy colorista y desenfadada, fiel reflejo de la juventud del momento que vivía sus esperanzas de cambio social inmersa en el pop art y a las puertas de la psicodelia y del hippismo. Respecto a la música huelga decir nada, por supuesto, aunque resulta curioso que ésta no sea protagonista de la película tal y como uno podría imaginarse inicialmente. De hecho, sólo aparece un puñado de canciones del disco que en teoría se presenta como la banda sonora del filme (por citar sólo un ejemplo, Yesterday no aparece por ningún lado). Además las secuencias en que los Beatles interpretan sus temas están insertadas con calzador dentro del metraje, lo que produce una sensación cuanto menos extraña. Eso sí: dichas secuencias están generalmente muy bien rodadas, con un estilo dinámico y rompedor para su tiempo que preludiaba lo que luego serían los archiconocidos videoclips. De hecho, muchos años después la propia MTV bautizaría a Dick Lester como el padre del género, a lo que el realizador, fiel a su estilo, respondió enviando una carta a los jefes de la cadena exigiendo que se sometieran a una prueba de paternidad. Genio y figura, vaya.

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El cazador

Publicado el viernes 15 junio 2018

El Cazador
The Deer Hunter (1978)

Director: Michael Cimino
Interpretes: Robert De Niro, Meryl Streep, Christopher Walken

Siempre me he referido a los 70 como “los años italianos de Hollywood”. Durante aquellos tiempos, una nueva hornada de talentos de origen o ascendencia transalpina colocaron una pica en la Meca del cine con sus novedosas y, en ocasiones, transgresoras ideas. Gentes como Sorsese, Coppola, De Niro o Storaro ayudaron a hacer de aquella década la última verdaderamente grande en la historia del cine norteamericano. Pero de todos ellos fue Michael Cimino, el “enfant terrible” de aquella banda de italianos dispuesta a comerse el mundo con celuloide, el que tuvo más huevos que todos atreviéndose a estrenar, cuando no habían pasado ni tres años desde el fin del conflicto, una película sobre la traumática experiencia americana en Vietnam y sus horribles consecuencias, en lo que figura hasta ahora como la única derrota militar sufrida por Estados Unidos en toda su historia.

Llevar a la pantalla un guión sobre un grupo de amigos que ve sus vidas truncadas por la insensatez de una guerra absurda no resultó fácil. Los remilgos que provocaba un proyecto como este en la nación de las barras y estrellas, donde Vietnam era en ese momento un tema tabú para muchos, obligaron a Cimino a buscar apoyo financiero en la mítica EMI británica. El director contó para la ocasión con un auténtico repartazo, plagado de actores en la cima de su carrera o disparados de camino a ella, y no desaprovechó la oportunidad para sacar todo el jugo posible de ellos brindándonos unas actuaciones sublimes, comenzando por un sensacional (como casi siempre) Robert De Niro, pasando por Christopher Walken (Oscar al mejor actor secundario) y terminando en John Cazale, el inolvidable Fredo de El Padrino, que tuvo que rodar sus escenas en primer lugar y a toda prisa porque se moría de cáncer. Falleció poco después de terminar el rodaje en brazos de Meryl Strep, de quien se había enamorado y que cuidó de él en sus últimos momentos.

El cazador pasa por ser la mejor película jamás filmada sobre la guerra del Vietnam junto con Apocalypse now (curiosamente obra de otro miembro de aquella quinta de genios ítalo-americanos: Coppola). Aunque sus detractores la tachan de oportunista y de excesivamente larga, lo cierto es que su calidad está fuera de toda duda, y dejó escenas (como las del cautiverio en Vietnam o aquellas de Christopher Walken jugando a la ruleta rusa como si tal cosa) dignas de figurar en los anales del cine por su impecable factura y brutal crudeza, aspecto este último insólito para la época, y que hoy en día continúa siendo absolutamente impactante. El éxito de la cinta fue espectacular, y confirmó al director y a su joven reparto entre las estrellas más rutilantes de lo que se llamó el “nuevo Hollywood”. El cazador se erigió así como uno de los filmes emblemáticos de los 70.

Es una pena que Cimino la cagase (y de qué forma) con La puerta del cielo. Cimino, como Coppola, acabó siendo víctima de de su megalomanía y su ego superlativo. Aquel desastre de proporciones bíblicas (atribuible también en parte a la United Artist, que mutiló la película de un modo salvaje) acabó con la libertad creativa y el poder que hasta entonces habían gozado los directores en los grandes estudios, y condenó al ostracismo a un hombre que prometía darnos magnificas muestras de cine, cuya carrera jamás se recuperó de semejante varapalo. A fin de cuentas Hollywood no es España: aquello, pese a quién pese, es un tinglado serio; un negocio en el que los “genios” y los que se pasan de listos no tienen cabida por mucho nombre o talento que tengan. Y quien juega a ser Dios con el dinero de los inversores y mete el cuezo hasta el fondo sabe a lo que se expone…

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Toro Salvaje

Publicado el martes 12 junio 2018

Toro Salvaje
Raging Bull (1980)

Director: Martin Scorsesse
Interpretes: Robert DeNiro, Cathy Moriarty, Joe Pescy

Jake LaMotta puede ser uno de los mayores cabrones a los que el cine ha convertido en protagonista de una película. LaMotta fue uno de los mejores boxeadores de la decada de los 40 y 50, baste decir que fue el primero en tumbar al gran “Sugar” Ray Robinson. Pero en lo personal Jake LaMotta era un ser agresivo, misógino y egoista que obtenía lo que deseaba a base de fuerza bruta e intimidación.
LaMotta escribio su autobiografía, de la cual se enamoró Robert De Niro y que presentó a Martin Scorsese como un proyecto a desarrollar para una película. Scorsese estaba pasando por un momento personal bastante dificil que sumado a lo esceptico que se mostró United Artists acerca del proyecto hizo que este se retrasara varios años. Solo cuando United Artists quiso hacer la secuela de la exitosa Rocky pudo Scorsese ejercer presión para que tambien se produjera “Raging Bull”. Resulta que el tandem de productores de “Rocky”, Robert Chartoff e Irwin Winkler estaban encantados con la idea de una película de boxeo dirigida por el maestro Scorsese, de forma que se negaron a producir “Rocky II” hasta que el estudio aceptara hacer “Raging Bull”, United Artist dobló la rodilla y acepto las posibles pérdidas que el film pudiera tener. Scorsese consiguio, como favor personal, que el guionista de Taxi Driver, Paul Schrader, se encargara de dar forma de guión a la biografía del boxeador.
De Niro se dedicó entonces a prepararse para el papel, Jack LaMotta fue contratado para preparar fisicamente al actor y lo convirtio en una verdadera máquina de boxear. Esta preparación boxística le sirvio a De Niro para copiar los gestos y actitudes del verdadero LaMotta, convirtiendose en un verdadero calco de este.
Por su parte Scorsese y su equipo se dedicaban a planificar cuidadosamente cada plano. El director se empapó del ambiente de este deporte y decidio que la única forma de realizar esta obra sería rodarla en blanco y negro. El estudio se sobresalto ante la posibilidad de tener que defender ante el público y la crítica una obra que no fuera en color y en la cual no creía desde el principio. La fotografía resultante es una de las más bellas de la historia del cine y ayuda enormemente a centrarse aun más en la magnífica interpretación de los actores. Hay que observar cuidadosamente los cambios de ambiente durante las escenas de boxeo, en estas Scorsese creó una verdadera coreografía, imitando exactamente los golpes dados en las peleas reales.
La actuación de De Niro es inmensa, el retrato que hace de LaMotta, convirtiendolo en un ser inseguro, violento y totalmente creible merecio un Oscar. De Niro tiene verdaderos duelos interpretativos con sus partenaires, haciendo grandes a estos, Joe Pesci y Cathy Moriarty, ambos nominados ese año (1980) por sus papeles al Oscar por actor y actriz secundarios. Pesci te mantiene dudando sobre su bondad o maldad durante toda la película y Moriarty consigue mantenerse arrebatadora y creible en un papel que requiere dosis de femme fatale y de esposa maltratada al mismo tiempo.
El resultado final es que sea considerada como la mejor película de los años 80 y una de las mejores de todos los tiempos, con una producción sólida, un montaje soberbio (Oscar a la edición) y un trabajo actoral simplemente sorprendente.

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Transamerica

Publicado el martes 29 mayo 2018

Transamerica

Director: Duncan Tucker
Interpretes: Felicity Huffman, Kevin Zegers, Fionnula Flanagan

No deja de ser curioso comprobar que una vez más el cine, al igual que ocurre en otros ámbitos, concretamente sociales y políticos, se apuntan al carro de temáticas que por oleadas se van poniendo de actualidad y después caen al pozo del olvido colectivo –o al de la
saturación mediática- (recordemos: drogas, prostitución, violencia contra la mujer, terrorismo, etc). Con Transamerica llega el turno de la identidad sexual.
Felicity Huffman interpreta a Bree, un transexual que espera por una operación de cambio de sexo que le convierta definitivamente en el género al que verdaderamente pertenece. La vida de Bree cambia cuando descubre que tiene un hijo adolescente, fruto de una relación heterosexual, que busca a su padre para pedirle ayuda para salir de la cárcel.
Transamérica narra a través de la fórmula de Road Movie el encuentro entre una madre-padre y su hijo a través de un viaje que les lleva desde Nueva York a Los Angeles, haciendo uso de todos los tópicos de este género: tono cómico con trasfondo dramático, personajes que se van conociendo a lo largo de una sucesión de experiencias, enredo familiar, crecimiento emocional de los protagonistas y final previsible. Este orden, hace que el avance de la historia se vaya haciendo cada vez más inestable y comience a flaquear. Además, hay argumentos tan poco creíbles como el que un adolescente que ha vivido en entornos de prostitución y drogas demuestre tanta ingenuidad como para no darse cuenta de quién es su verdadero padre ante situaciones tan evidentes que ni si quiera hacen necesario el uso de un complejo razonamiento deductivo.
Definitivamente la historia se salva gracias a la actuación de Felicity Huffman que desarrolla con sumo cuidado su papel y verdaderamente nos hace creer que estamos ante un transexual, siendo muchos los matices del personaje que cuida con extrema pulcritud (el timbre de voz, el uso del lenguaje, los gestos, movimientos al
caminar, etc). Parte del mérito de la interpretación de Huffman está en su capacidad para llevar a cabo esa doble transformación de mujer a hombre y desde hombre transformarse nuevamente en mujer.
A pesar que el film pueda parecer inicialmente original por introducirse en aspectos moralmente polémicos para algunos sectores de la sociedad, el eje central no es la transexualidad y apenas se dejan ver unas llanas pinceladas de los que creen que se trata de una enfermedad mental (disforia sexual), aquellos que piensan que es una perversión o quienes lo viven como una identidad de género.
La elección de la vida de un transexual es lo que despierta el interés y se asegura el éxito, si Transamerica hubiese contado una historia de reencuentro entre un padre con su hijo habría pasado totalmente desapercibida, y seguro que si hubiese abordado plenamente el tema de la identidad de género se habría destapado la caja de Pandora. Pero creo que no es eso lo que pretendía (lástima perder una oportunidad así) ya que su función no va más allá de la de entretener y no dar mucho en qué pensar.

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Publicado por Pilar / Archivado en:Cine
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1984

Publicado el lunes 28 mayo 2018

Nineteen Eighty-Four (1984)

Director: Michael Radford
Interpretes: John Hurt, Richard Burton, Suzanna Hamilton

Rodada curiosamente en 1984, Nineteen Eighty-Four adapta a la pantalla grande la magnífica novela de George Orwell, con un gran respeto hacia el profundo sentido de la obra, Michael Radford filma dos horas angustiosas, donde se recoge el estremecedor relato de la lucha de un hombre contra el sistema, la afirmación de la propia humanidad frente a la perfecta maquinaria del partido.
Oceanía es un estado totalitario en guerra permanente con Eurasia, el partido controla todas las facetas del individuo y de la propia realidad, moldeando el pasado a su antojo, negando el carácter individual de los humanos, considerados meras piezas del engranaje del partido y del sistema.
Winston Smith (John Hurt) es un funcionario en el ministerio de la verdad, un rebelde que se niega a aceptar la realidad impuesta por el partido, Smith se enamorará de Julia (Suzanna Hamilton) y llevara su amor hasta las ultimas consecuencias, sabiendo que amar esta prohibido, sabiendo que se esta condenando a una muerte segura.
O’Brien (Richard Burton) contactara con Smith como un supuesto aliado, un miembro de la resistencia en quien depositará sus esperanzas, buscando, deseando una revolución, soñando con un mundo distinto que siempre ha creído conocer.
Radford se adapta fielmente a la obra de Orwell, aunque muchos detalles quedan solamente esbozados, centrándose sobre todo en el personaje de Smith, en su angustiosa lucha. La película adquiere un tono bastante reflexivo, bastante introspectivo, es necesario conocer la novela para comprender claramente ese mundo de pesadilla, el significado real de esa cara del Gran Hermano vigilante en cada habitación, en cada rincón.
Una correcta adaptación que logra captar el ambiente opresivo de la novela, pero que no aporta gran cosa por si misma.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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