La verdad es que la frase “canciones perfectas” parece creada para definir la música de los Kinks, no hay otro grupo en el mundo con tal densidad de “temazos” por metro cuadrado, y os reto a que desmintáis esta afirmación.
¿Y por que “Jukebox Music” y no otra canción? Bueno, aquí la cosa va mas por barrios. Si bien es cierto que en los sesenta Ray Davies y Cia alcanzaron por derecho propio la categoría de mitos fue en los setenta, para mi gusto, donde los engranajes de la maquina funcionaban a pleno rendimiento, hasta el punto que alguna de las canciones incluidas en alguno de los “Preservation Acts“, “Sleepwalker“, “Misfits” o “Schoolboys In Disgrace” sencillamente asustan.
“Jukebox Music” es el quinto corte de “Sleepwalker” (1977), un disco que fue especial por muchos motivos. Fue el primer disco de The Kinks para Arista y el primero en grabarse en sus propios estudios, los míticos estudios Konk. Con este disco Ray Davies pareció dejar atrás los albumes conceptuales (para alivio de su hermano Dave) y todo el disco respira un refrescante aroma de Rock sin complicaciones. Pero con los Kinks nada es tan sencillo como parece porque los textos de este álbum contienen una buena dosis de ironía y mala lecha servida por el inigualable talento compositivo de Mr. Davies y de fondo sigue habiendo un hilo conceptual entre las canciones difícil de adivinar a simple vista: el sonambulismo y por ende, la vida nocturna.
Centrándonos ya en “Jukebox Music“, el tema habla del efecto de la música en las personas, concretamente en el efecto sobre una chica que se sienta noche tras noche en un oscuro bar a escuchar canciones tristes en la máquina de música y que cree en todo lo que escucha, que deja que la música dirija sus sentimientos y que prefiere estar sola con sus canciones a relacionarse con nadie. Entre lineas Ray Davies vuelve (Ya lo hizo en “A Rock and Roll Fantasy“) al tema de la gran mentira del Rock, de la gran mentira que supone creer que unas canciones pueden salvar tu vida, de la gran mentira en definitiva de su propia vida.
La canción comienza con unos simples bongos, a los que se une enseguida una batería recia y precisa. Entra un riff de guitarra, entra otra acústica por debajo, otra guitarra eléctrica por encima, el bajo, la voz. Todo medido al milímetro, con una precisión apabullante. En la parte de estrofas solo está la voz y un Rhodes hasta el nuevo estribillo en el que vuelve a entrar Dave con sus memorables riffs y el resto de la banda, finalizando de forma memorable con otra salvaje Jam de Dave.
Muchas veces se ha subestimado la capacidad interpretativa de Ray Davies, y quizas no sea el momento de entrar aquí en polémicas estériles, lo cierto es que en esta canción canta de forma sublime, controlando en todo momento el tempo de una canción que tiene momentos verdaderamente frenéticos, un verdadero “Tour De Force” para una banda al limite que no toca una sola nota fuera de tono. Dave Davies aquí vuelve a estar en su salsa, una canción rockera que le viene como anillo al dedo y entrega una colección de riffs y solos totalmente demoledores. El mas joven de los hermanos Davies fue un guitarrista que fue de menos a mas, pero en esta época alcanzo un nivel de excelencia considerable.
Puede sonar a tópico, pero ya no se hacen canciones así.