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Van Morrison – Magic Time

Publicado el jueves 23 agosto 2018

Van Morrison
Magic Time
Geffen 2005

El disco de Van Morrison del pasado 2005, que hace el nº 34 más o menos en su carrera, sigue la linea marcada por su predecesor What´s Wrong with this picture (2003), siendo muy similar estilisticamente, estando al mismo nivel y siendo posiblemente incluso mejor. Representa un verdadero crisol de las músicas afroamericanas del siglo XX, pero no es en absoluto revivalista. Desde su perspectiva personal, el cantante continúa recreando magistralmente los diversos palos de la música negra, desde el blues de Chicago hasta el soul más fino, pasando por cortes de caliente jump blues, tocando funk a su manera moderada e incluyendo increíbles tiempos lentos que en una discografía del nivel del irlandés, sin un disco mediocre en su haber, cuesta ya clasificar de clásicos. El plano en el cual se mueve El Hombre no soporta esas consideraciones. Muchas décadas, demasiadas canciones buenas. Al igual que artistas como Tom Waits o Neil Young, exige ser puesto en una categoría aparte. No pertenece al mundo de la pop music, y como demuestra el contexto en el que son realizados sus recitales. Ha pasado hace tiempo a formar parte de la alta cultura. Seguirá editando discos excelentes hasta que se muera.
Este disco encantará a los que conozcan bien al artista, les gustará sin duda a los amantes de la música negra y será pasado por alto por la mayor parte del público más joven y acostumbrado a lo que la escena pop ofrece habitualmente. Se puede decir que si lo hubiese editado hace 30 años resultaría igualmente natural oirlo tal como es. Su estilo está más que asentado desde hace mucho tiempo, al cual sólo cabe contribuir no con innovación, sino con buenas canciones, como es el caso. No hay un solo tema del que se pueda decir que flojea. Es uno de esos discos que se pueden escuchar al completo, sin sentir la necesidad de saltarse canciones en el reproductor. Es, en ese sentido, un disco unitario. De Van Morrison sólo se espera que sea él mismo en su mejor versión, Magic Time produce esa sensación y posee un título adecuado por ello.
El conjunto de las canciones lo forman composiciones propias junto a versiones de Fats Waller ( la balada Lonely and blue, con coros doo wop ) y dos canciones sacadas del repertorio de Sinatra, This love of mine y I´m confessin, en la cual vuelve a solear con la armónica de la mejor manera, al igual que en algún que otro tema más.
El sonido de la banda y el estilo de los arreglos sigue siendo el de una competente banda de sonoridad jazzística con buena versatilidad a la hora de interpretar blues clásico o soul. Suenan como un moderno combo de música negra tocada por blancos con mucha clase y sentido de la tradición. No faltan arreglos de cuerdas tal como el artista realizara ya en Astral Weeks ( Just like Greta ) ni pinceladas folk del wistle de Paddy Moloney ( Celtic New Year ), con quien ya trabajara anteriormente, que dan ese exclusivo acento soul irlandés del que Morrison es dueño. Tampoco deja de guiñar el ojo a leyendas del blues tradicional, como resulta ser en Keep mediocrity at bay (“I´ve got to fight everyday to keep mediocrity at bay” ), donde realiza el entrañable aullido vocal que caracterizó a Sonny terry, al ritmar la voz en alternancia entre las respiraciones de la armónica y la imitación vocal del arreglo de viento que el cantante americano popularizó y que tan bien sonaba. Un homenaje más que resultón, respetuoso y eficaz. Es de hecho la canción con la que se abren sus conciertos, tras el pase instrumental de la banda.
Por otro lado, también aparece, para completar el abanico estilístico del album, algún corte de funk relajado y mecido como Carry on Regardness, sobre un patrón armónico bluesístico típico, donde el sentido del ritmo mantenido prima, ofreciendo una base cómoda para la declamación vocal, con una guitarra funky soportada por el hammond que se nutre del estilo de James Brown, filtrado a través del de su colega Dr. John, al estilo de Right time Wrong place. El funk de corte latino, a la manera de Ray Charles, lo hallamos en Gypsy in my soul, sobre una típica armonía de blues menor.
Es este disco en definitiva una colección de muy buenas canciones elaboradas sobre ortodoxas bases de estilo afroamericano resueltas con brillantez y mesura, donde la voz es como siempre la protagonista. Es difícil destacar canciones. Rozan todas la perfección. El disco sin duda no figurará entre los mejores discos del año en la mayoría de las listas pop, como tampoco lo hará el de Neil Young u otros registrados por algunos de los clásicos vivos el pasado año. No está de moda.
Un buen complemento a la escucha del disco es la grabación realizada del concierto de presentación del disco para la prensa que se puede descargar de la red, donde se puede ver lo que el artista ofrece en sus shows, con alguna que otra curiosidad, como la incorporación de arreglos sacados de canciones de James Brown o Stevie Wonder, entre otros, ya que a estas alturas una de las funciones de la música de Van Morrison es la de salvaguardar una tradición de la que cada vez quedan menos figuras vivas.

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The Flaming Lips – At War With The Mystics

Publicado el martes 15 mayo 2018

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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Richard Hawley – Coles Corner

Publicado el martes 10 abril 2018

Richard Hawley.
Coles corner.
Mute U.S. 2005.

Richard Hawley es más conocido por haber girado como guitarrista de Pulp. Ha sido músico de sesión para artistas como Perry Farrell, Beth Orton, Robbie Williams o Nancy Sinatra. Tocó en el grupo pop ochentero Treebound Story y conoció la fama y los excesos con Longpigs en los 90. Se aproxima a los 40 años y tiene 4 discos.Llama la atención en el cantante y guitarrista su timbre vocal, viril, seco, cálido, grave y con un leve vibrato al rematar las frases que lo acerca mucho al estilo vocal de Elvis Presley, Johnny Cash o Scott Walker. Ha sido calificado de nuevo crooner, lo cual es una falta de precisión un poco torpe, y conlleva un encasillamiento innecesario. El estilo es practicamente country, folk norteamericano, a veces pop. Melancólico, lleno de añoranza y ensoñación, sus texturas y los sonidos de las guitarras se encargan de acentuar la cualidad vocal de la que emana este efecto. En estas canciones casi no hallamos solos ni pasajes instrumentales que vayan más allá del breve reposo y el arreglo comedido.
Tiene una calidad compositiva alta, en un plano distinto al poprock. Scott Walker telefoneó personalmente al artista para felicitarlo, y Nancy Sinatra estuvo encantada de llevarlo como acompañante, resultando que alguna noche tenía más éxito su combo, que realizaba la apertura al recital de la diva, que ella misma. Sus canciones parecen haber sido oidas antes. Se asimila en esta obra a una tradición compositiva e interpretativa clásica. Es un disco agradecido, resultando natural escucharlo de principio a fín tal como ha sido ideado. Es corto ( 11 piezas breves ). Al principio puede no ser tomado en serio, resultar parecido a nombres demasiado evidentes, pero tras las sucesivas escuchas se perciben una sinceridad y entrega artesanal absolutas.
La idea que sirve de base al disco está en el título, que es la esquina de unos almacenes en su ciudad natal de Sheffield, tradicional punto de encuentro de amigos y amantes.
Entre los músicos que participan, cabe destacar al encargado de los arreglos de cuerda, Collin Elliott. Su trabajo es excelente en la apertura del disco y sobre todo en The ocean, con unos arreglos que tienden a lo épico, próximos al estilo de una banda sonora y con un ligero toque impresionista, una de las mejores canciones del disco. Cuando el cantante sube una octava en la recta final de la canción, repitiendo el estribillo, acompañado por la creciente intensidad de las cuerdas y apareciendo un nuevo arreglo de guitarra hasta que la voz llega hasta la última frase, consigue un resultado conmovedor.
Contiene algunas texturas jazzísticas ( Coles corner, con acompañamiento de contrabajo y sección de cuerdas ) a veces sonando a balada de rhythm´n´blues juvenil cincuentero ( Hotel room, con el piano meciendo gustosamente el ritmo durante todo el tema y una base armónica sobre la que se habrán escrito cientos de temas, con un delicioso slide adornando ), en otros momentos suena a country clásico, como en Just like the rain, a ritmo de tren elaborado con escobillas ( que predominan sobre las baquetas en toda la grabación ). El sonido obtenido en la mezcla destaca los timbres naturales de los instrumentos, siendo sumamente agradable.
Remata con una disolución realizada mediante dos canciones, un a capella, Who´s gonna shoe your pretty little feet , sobre una delicada melodía, y el instrumental Last orders, muy cercano a los experimentos de M. Ward, con quien tiene en común su afecto hacia la música tradicional. Consigue así dejar al oyente en un placentero estado de reposo final. Destacan también las baladas Tonight y Darlin´ wait for me, exquisitas.
Muy buen disco, en resumen, superando sus anteriores trabajos y altamente recomendable.

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Loose Fur – Born Again In The USA

Publicado el viernes 12 enero 2018

Loose Fur
Born Again In The USA
Drag City 2006

Loose Fur está formado por Jeff Tweedy y Glenn Kotche de Wilco y el que ha sido miembro de Sonic Youth e importante elemento creativo en ambas formaciones, Jim O´Rourke, multinstrumentista, cantante, compositor, técnico y productor de carácter vanguardista. Esperando la publicación del nuevo material de Wilco, sobre el que tanta expectación se proyecta, recibimos el nuevo disco del trio, segundo en tres años. A los seguidores de Wilco les encantará, con composiciones de Tweedy a su mejor nivel, algunas de las cuales podrían estar en los discos de su banda. No se trata de material de valor secundario, son todas excelentes canciones. Lo que define el contenido es la colaboración entre O´Rourke y Wilco, estos últimos reducidos a lo esencial: voz acompañada de guitarras y percusión, de estilo folk-rock con una discreta dosis de experimentación propia sobre todo de O´Rourke, con la referencia de su Insignificance (2001) muy presente. Juegan con la ventaja de la ausencia de necesidad de proyección comercial del producto, lo que le aporta una grata dosis de frescura y relax.

Comenzando por el último disco, encontramos por ejemplo una excelente canción en una onda The Kinks firmada por Tweedy que define perfectamente el ambiente de la grabación, al ser una sencilla tonada clásica, de perfecta construcción, con un coro silbado, The running class. El tema de apertura, Hey chicken, podría estar en un disco de Wilco, con un planteamiento rítmico en la onda de los dos últimos trabajos del grupo. En esa misma dirección se sitúa Apostilic, donde predomina lo instrumental, conteniendo breaks y desarrollos de los que probablemente Kotche sea responsable. En otras canciones reconocemos la mezcla total de la parte O´Rourke con la parte Wilco, como Wreckroom, a caballo entre el estilo de ambos, con una huella clarísima del batería, moviéndose entre la tranquilidad del canto de Tweedy y la explosión guitarrística, con un amplio desarrollo en el que el final es una coda ambiental que camina hacia el desvanecimiento.

El disco lo cierra de nuevo un tema de Tweedy, con ese toque beatle que a veces usa. Respecto a los temas cantados por O´Rourke, destacan Answers to your questions, íntima, sencilla y cálida; Stupid as the sun, en el polo opuesto: cortante, eléctrica y nuevamente con una estupenda labor por parte de Kotche que culmina el tema. Entre ambos, Thou shalt wilt, con un estilo pop clásico sostenido por el piano. Hay un tema que resume todos los recursos empleados: An ecumenical matter, que recuerda por momentos el estilo de los instrumentales de Captain Beefheart, con presencia de láminas, cencerro y protagonismo alterno de la guitarra y el piano, construído sobre la alternancia de diferentes partes.

Por otro lado, el primer disco, de menor duración, contiene estupendas composiciones igualmente, ya desde la primera, Laminated cat, con una primera parte estilo Wilco y un desarrollo instrumental característico del combo, sobre un estilo country-folk eléctrico, percusivo y suave. Elegant transaction, canción de O´Rourke clásica, con coros de Tweedy y excelentes partes instrumentales, rítmica y relajada, muy hermosa, también con un amplio desarrollo instrumental ligero, que es la tónica del disco: pocas y largas canciones. Lo mismo ocurre con la siguiente, So long, melancólica, plagada de sonidos y ruidos de guitarras y percusiones, pero con un precioso y pegadizo estribillo, nuevamente cantada por O´Rourke. You Were Wrong, preciosa, con el sello de Tweedy, de lo mejor del disco. Semejante es Chinese apple, también suya, completamente Wilco. Acústica, comedida, íntima y sobria. Es notable el buen equilibrio entre lo eléctrico lo acústico y el davaneo experimental, acercandose por momentos a ambientes propios de banda sonora, sencillos y minimalistas, siendo por ello paralelo al trabajo de Tweedy y Kotche en el soundtrack Chelsea Walls (2002).

En resumen, dos discos deliciosos que gustarán mucho a los que conozcan la obra de las personalidades que los integran, pasando desapercibidos para el gran público. Las portadas rematan la faena.

Loose Fur – Born Again In The USA en nuestro foro

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Stevie Wonder – A Time To Love

Publicado el jueves 28 diciembre 2017

Stevie Wonder
A time to love
Motown 2005

El pasado año ha sido escenario del retorno de algunos de los grandes artistas en diferentes campos de la música popular, sorprendiendonos algunos casos como el presente, ya que un nuevo disco de Stevie Wonder es una noticia rara, dado lo mucho que disminuyó su producción en los últimos 15 años. Los últimos lanzamientos los debemos de ir a buscar a los 90, con Conversation piece y el directo Natural Wonder, que supusieron en su momento la vuelta a la escena de uno de los creadores más relevantes de la música negra de la segunda mitad del pasado siglo. El disco es un bonito regalo para los seguidores del artista, y a ellos va dirigido. Quien no lo conozca no debe de empezar por aquí, ni por ningún disco posterior a Hotter than july (1980). Si gustará seguramente a los amantes del sonido acaramelado de la actual música negra comercial. Pero ello no define por sí solo al disco. Sin ser, como en algunas críticas puede leerse, el esperado retorno de Stevie a su fantástica etapa de los 70, si es la mejor versión que da de sí mismo desde hace 26 años y, salvando las distancias, contiene canciones que de haber sido grabadas en los 70 con el sonido del momento podrían figurar en sus grandes trabajos. Esto ocurre con todos los discos del músico sin excepción. De todos se rescata algo, con el reproche de haber utilizado la estética y tecnología del momento de manera casi siempre fallida a partir de un momento dado. Sin ir más lejos, en su anterior trabajo tenía canciones buenísimas, similares a otras de discos como Songs in the Key of Life (1976). Rain your love down, entre otras, podría haber figurado en ese vinilo.Uno no deja de pensar por qué no utiliza una batería en vez de cajas de ritmos ( la mayor parte de las baterías de sus discos clásicos las ha tocado él, como la práctica totalidad de los instrumentos ). La prudencia respecto a las texturas e instrumentos empleados marcan el envejecimiento o no de las obras musicales en incontables casos. En este disco, si bien no emplea la batería en todas las canciones, las bases si que reciben un tratamiento tímbrico más natural. No se trata de oír o no una caja de ritmos, si no el tipo de sonido que el artista elije.
Son 15 temas de los cuales la mayoría son buenos, excelentes unos pocos, que suelen ser los tiempos lentos, como Moon blue ( una canción perfecta, a su máximo nivel ), True love, Passionate raindrops o How will I know.
El funk está en Tell your heart I love you o Please don´t hurt my baby, que podrían estar incluidos en sus discos de hace 30 años, por el tratamiento rítmico y la labor de los teclados, de los cuales en su dia fue un importante innovador.
Respecto a la voz, está en su mejor estado y no ha perdido nada con el paso de las décadas, empleándola en numerosas ocasiones como instrumento improvisador, consiguiendo momentos brillantes, como Moon blue, donde se ríe literalmente de su propio virtuosismo. Hay duetos con cantantes femeninas, como su hija Aisha Morris o India.Arie, así como aportaciones de Prince, el reverendo Kirk Franklin al frente de su coro o Paul Mcartney ( que pone su guitarra en el tema que cierra y da título al disco, que desgraciadamente posee un alto índice de infumabilidad ). No son colaboraciones del estilo mercantil de Carlos Santana y Clive Davies, pasando desapercibidas casi por completo.
Estamos pues ante un buen disco que podría haber sido mejor si se recortase, mostrando de este modo las dos caras del artista: la muy admirada de los años 70 y, en menor dosis, afortunadamente, la tan denostada de los 80. Ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo fuente de inspiración, referencia y altísimo listón para cantantes, compositores, arreglistas, armonicistas, teclistas y baterías.

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