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Junior Wells – Hoodoo Man Blues

Publicado el Jueves 13 julio 2017

Junior Wells
Hoodoo man blues
Delmark 1965

Junior Wells nació cerca de Memphis en 1934 y murió en 1998. Sale en Blues Brothers 2000. Junto con Little Walter, Junior Parker y otros, es uno de los maestros de la moderna armónica de blues y una de las mejores voces del blues grabado, con un estilo fuerte y único. Seco, viril, grave, amplio y profundo. Representa el blues moderno de Chicago a la perfección: Hoodoo man blues es el abc del estilo para todo el que quiera saber de qué iba el tema. Su primer largo como solista. Aprendió de Junior Parker y comenzó en serio con los hermanos Myers en los míticos Aces, cuando el combo fue completado con Fred Below, batería de jazz reconvertido al blues, maestro de los tambores presente en cientos de grabaciones. Entró en la banda de Muddy Waters cuando Little Walter, a raíz de su primer éxito, Juke, dejó la formación en 1952, para dirigir a los Aces, cuarteto con dos guitarristas, sin bajo. Waters poseía la que es considerada banda paradigmática del blues de Chicago, escuela de futuras figuras, similar a las formaciones de Miles Davis. En ella se forjó Wells hasta llegar a publicar su música. Previamente a este disco, grabó, entre otros, con el primo de John Lee Hooker, Earl Hooker, pionero del wah wah y de la experimentación guitarrística. Con él registró uno de sus temas más populares, Messin´ with the kid. Hoodoo man blues está considerado como uno de los mejores discos de blues de todos los tiempos. Además de tirar por tierra numerosos tópicos y no abrumar en momento alguno con virguerías, de las que eran muy capaces, ofrecen un conjunto de canciones en las que destaca el sonido, excelente y fiel al directo. Presenta la actitud del estilo en su justo punto, ni más ni menos. Lo más característico es lo comedido de la interpretación: nunca llega a explotar del todo, sino que hay un control total y genuino sobre el flujo sonoro. Cada elemento suena en su momento y no se prolonga más allá. Alcanza la cresta y vuelve al caudal, multiplicando su fuerza y poder expresivo. 100% actitud. Abre el vinilo Snatch it back and hold it y no deja lugar a dudas, con continuos cortes vocales y de armónica apoyando el ritmo, llevando al conjunto. Wells pertenece a otra generación diferente a la de Waters o Walter, el rhythm´n´blues y el funk primigenio ya estaban ahí, por lo que en el disco la variedad de palos es amplia, pero en un primitivo y conciso formato, sin florituras ni sobrearreglos. El cuarteto, completado por Buddy Guy, Jack Myers y Billy Warren toca exactamente lo justo en torno siempre a la voz. Los temas son, además de Wells y Guy, de Leiber&Stoller (impresionante Hound Dog acelerado, en modo menor), Sonny Boy II ( posiblemente el Good morning school más hot grabado) y otros como Kenny Burrell (Chitlins con carne, instrumental de rhythm´n´blues latino que junto a We´re ready demuestran la versatilidad y empaste de la banda). El disco se completa con algún blues lento en menor compensando la furia del resto. In the wee smalls hours of the morning es un semiinstrumental donde la melancolía amplía el campo emocional de la obra. You don´t love me baby tiene en este disco una de sus mejores versiones también, así como Hey lawdy mama, donde la guitarra y la armónica se complementan a la perfección, con frases percusivas de respuesta de Guy sobre el bajo de Myers, que en casi todo el disco toca más notas de las habituales en el estilo, sin cansar, un poco por herencia de los Aces: se sale del canon para redefinirlo como pocas veces ocurre. Exquisito el trabajo de Guy a la guitarra, tocando prácticamente ritmo puro, de acuerdo con la tónica del disco, en la que no sobresale ninguno de los cuatro sobre el resto, trabajando las frases cortas, la repetición de motivos simples, los riffs y el ataque del conjunto sobre las partes fuertes. Los acentos rítmicos determinan el carácter de los temas. La armónica de Wells es oro puro, dominando los graves y las frases contenidas, cortantes, con un flujo sonoro casi tangible. Blues puro y duro.

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Loose Fur – Born Again In The USA

Publicado el Viernes 23 junio 2017

Loose Fur
Born Again In The USA
Drag City 2006

Loose Fur está formado por Jeff Tweedy y Glenn Kotche de Wilco y el que ha sido miembro de Sonic Youth e importante elemento creativo en ambas formaciones, Jim O´Rourke, multinstrumentista, cantante, compositor, técnico y productor de carácter vanguardista. Esperando la publicación del nuevo material de Wilco, sobre el que tanta expectación se proyecta, recibimos el nuevo disco del trio, segundo en tres años. A los seguidores de Wilco les encantará, con composiciones de Tweedy a su mejor nivel, algunas de las cuales podrían estar en los discos de su banda. No se trata de material de valor secundario, son todas excelentes canciones. Lo que define el contenido es la colaboración entre O´Rourke y Wilco, estos últimos reducidos a lo esencial: voz acompañada de guitarras y percusión, de estilo folk-rock con una discreta dosis de experimentación propia sobre todo de O´Rourke, con la referencia de su Insignificance (2001) muy presente. Juegan con la ventaja de la ausencia de necesidad de proyección comercial del producto, lo que le aporta una grata dosis de frescura y relax.

Comenzando por el último disco, encontramos por ejemplo una excelente canción en una onda The Kinks firmada por Tweedy que define perfectamente el ambiente de la grabación, al ser una sencilla tonada clásica, de perfecta construcción, con un coro silbado, The running class. El tema de apertura, Hey chicken, podría estar en un disco de Wilco, con un planteamiento rítmico en la onda de los dos últimos trabajos del grupo. En esa misma dirección se sitúa Apostilic, donde predomina lo instrumental, conteniendo breaks y desarrollos de los que probablemente Kotche sea responsable. En otras canciones reconocemos la mezcla total de la parte O´Rourke con la parte Wilco, como Wreckroom, a caballo entre el estilo de ambos, con una huella clarísima del batería, moviéndose entre la tranquilidad del canto de Tweedy y la explosión guitarrística, con un amplio desarrollo en el que el final es una coda ambiental que camina hacia el desvanecimiento.

El disco lo cierra de nuevo un tema de Tweedy, con ese toque beatle que a veces usa. Respecto a los temas cantados por O´Rourke, destacan Answers to your questions, íntima, sencilla y cálida; Stupid as the sun, en el polo opuesto: cortante, eléctrica y nuevamente con una estupenda labor por parte de Kotche que culmina el tema. Entre ambos, Thou shalt wilt, con un estilo pop clásico sostenido por el piano. Hay un tema que resume todos los recursos empleados: An ecumenical matter, que recuerda por momentos el estilo de los instrumentales de Captain Beefheart, con presencia de láminas, cencerro y protagonismo alterno de la guitarra y el piano, construído sobre la alternancia de diferentes partes.

Por otro lado, el primer disco, de menor duración, contiene estupendas composiciones igualmente, ya desde la primera, Laminated cat, con una primera parte estilo Wilco y un desarrollo instrumental característico del combo, sobre un estilo country-folk eléctrico, percusivo y suave. Elegant transaction, canción de O´Rourke clásica, con coros de Tweedy y excelentes partes instrumentales, rítmica y relajada, muy hermosa, también con un amplio desarrollo instrumental ligero, que es la tónica del disco: pocas y largas canciones. Lo mismo ocurre con la siguiente, So long, melancólica, plagada de sonidos y ruidos de guitarras y percusiones, pero con un precioso y pegadizo estribillo, nuevamente cantada por O´Rourke. You Were Wrong, preciosa, con el sello de Tweedy, de lo mejor del disco. Semejante es Chinese apple, también suya, completamente Wilco. Acústica, comedida, íntima y sobria. Es notable el buen equilibrio entre lo eléctrico lo acústico y el davaneo experimental, acercandose por momentos a ambientes propios de banda sonora, sencillos y minimalistas, siendo por ello paralelo al trabajo de Tweedy y Kotche en el soundtrack Chelsea Walls (2002).

En resumen, dos discos deliciosos que gustarán mucho a los que conozcan la obra de las personalidades que los integran, pasando desapercibidos para el gran público. Las portadas rematan la faena.

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M. Ward – Transistor Radio

Publicado el Domingo 7 mayo 2017

M. Ward
Transistor radio
Merge 2005

En España es aún desconocido. Muy poco se le nombra por acá y quizá no mucho en los USA. Uno de los grandes autores norteamericanos de los últimos años, muy arraigado en la tradición musical de su país, su aportación más relevante es la de ser un perfecto ejemplo de creación musical de nivel más allá de cualquier tipo de innovación aparte de crear canciones atemporales. El arte de la canción en sí, tal como ha sido trabajado durante décadas. Inicialmente apadrinado por Howe Gelb, firma con el sello Merge a partir de su anterior disco. Podeis coger cualquiera de sus 3 albumes, excelentes. De estilo country-folk, con tintes blues a veces, pop en un sentido amplio. Versionea por igual a Beach Boys, Bowie o Bach siendo M. Ward el resultado siempre. Con apego por el sonido de discos antiguos y el calor de la música de la radio, crea un espacio acústico propio. Trabaja las canciones a través de paisajes sonoros evocadores y cálidos, empleando para ello a veces efectos y montajes de estudio que sutilmente consiguen el efecto de preparar gratamente el oído para las canciones. Abre un instrumental, You still believe in me ( Pet sounds ), preparando tranquilamente lo que vendrá a continuación. One life away es una deliciosa canción salida como de otra época, mimando al máximo el oído del oyente mediante un logrado sonido vintage y una redonda melodía que transmite una sensación de equilibrio y estatismo, de presente absoluto. Cogiendo impulso, Sweet hearts on parade introduce el ritmo y la presencia de la banda tocando lo justo, una guitarra que suena en el horizonte, escobillas, sonido de clave y efecto de eco en la voz que siguen manteniendo la sensación de estar en un terreno suave y etéreo. Fuel for fire es otra de las grandes canciones, perfectamente desarrollada, introduciendo en la mitad un breve piano que dibuja muy pocas notas, sueltas, casi como si fuese un guiño o un sampler, coros lejanos y cuerdas introducidas levemente, como si proviniesen de una radio no del todo bien sintonizada. Menos es más. La melodía vocal es una verdadera maravilla. Todo cambia con Four hours in Washigton, con mayor presencia del grupo, ritmo creciente de tren y desgarro en la voz. Logrados arreglos de cuerda y acertado acompañamiento baterístico para una tensa canción que tiene continuidad en el instrumental siguiente, Regeneration nº1, punto en el que la máxima intensidad del disco es alcanzada por el combo, en estupendas cadencias con cortes latinos.Triste y rabiosa. Big boat es la canción más alegre, rítmica, sobre un patrón de r´n´r clásico y un juguetón piano que ejerce de puente, proporcionado un aire dinámico y ferial. Vuelve a la calma con Paul´s song, que ya no abandonará. Otra de las mejores composiciones, con un slide tradicional que proporciona la calidez precisa. El resto discurre por este terreno. Todas son buenas, cerrándose con una versión del Clave bien temperado, que parece suya.
En cuanto al estilo vocal de Ward, se trata de un cantante con una voz ligeramente quebrada, de amplio registro y que se sitúa normalmente en lo grave. Suena masculino y maduro, sin vacilar al ampliar a los agudos o al falsete, sin florituras ni impostación alguna. Auténtico y puro. Cálido como pocos. Suele doblar la voz y emplear a veces coros femeninos muy country. Su voz es su mejor atributo, totalmente inconfundible. Predomina lo acústico, las escobillas y los platos con cola, el slide, el piano, siempre discreto. Una coherencia instrumental realmente lograda. La calma domina el conjunto y la melancolía es su estado natural, sin afectación. Quizá siendo un disco más corto lograría la perfección, siendo sin duda uno de los mejores discos del pasado año, ajeno a las listas, por otra parte. Muy prometedor. Probablemente uno de los grandes para el futuro, aunque con esto ha dicho ya mucho. Muy recomendable para los afines a esta página.

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Richard Hawley – Coles Corner

Publicado el Lunes 13 marzo 2017

Richard Hawley.
Coles corner.
Mute U.S. 2005.

Richard Hawley es más conocido por haber girado como guitarrista de Pulp. Ha sido músico de sesión para artistas como Perry Farrell, Beth Orton, Robbie Williams o Nancy Sinatra. Tocó en el grupo pop ochentero Treebound Story y conoció la fama y los excesos con Longpigs en los 90. Se aproxima a los 40 años y tiene 4 discos.Llama la atención en el cantante y guitarrista su timbre vocal, viril, seco, cálido, grave y con un leve vibrato al rematar las frases que lo acerca mucho al estilo vocal de Elvis Presley, Johnny Cash o Scott Walker. Ha sido calificado de nuevo crooner, lo cual es una falta de precisión un poco torpe, y conlleva un encasillamiento innecesario. El estilo es practicamente country, folk norteamericano, a veces pop. Melancólico, lleno de añoranza y ensoñación, sus texturas y los sonidos de las guitarras se encargan de acentuar la cualidad vocal de la que emana este efecto. En estas canciones casi no hallamos solos ni pasajes instrumentales que vayan más allá del breve reposo y el arreglo comedido.
Tiene una calidad compositiva alta, en un plano distinto al poprock. Scott Walker telefoneó personalmente al artista para felicitarlo, y Nancy Sinatra estuvo encantada de llevarlo como acompañante, resultando que alguna noche tenía más éxito su combo, que realizaba la apertura al recital de la diva, que ella misma. Sus canciones parecen haber sido oidas antes. Se asimila en esta obra a una tradición compositiva e interpretativa clásica. Es un disco agradecido, resultando natural escucharlo de principio a fín tal como ha sido ideado. Es corto ( 11 piezas breves ). Al principio puede no ser tomado en serio, resultar parecido a nombres demasiado evidentes, pero tras las sucesivas escuchas se perciben una sinceridad y entrega artesanal absolutas.
La idea que sirve de base al disco está en el título, que es la esquina de unos almacenes en su ciudad natal de Sheffield, tradicional punto de encuentro de amigos y amantes.
Entre los músicos que participan, cabe destacar al encargado de los arreglos de cuerda, Collin Elliott. Su trabajo es excelente en la apertura del disco y sobre todo en The ocean, con unos arreglos que tienden a lo épico, próximos al estilo de una banda sonora y con un ligero toque impresionista, una de las mejores canciones del disco. Cuando el cantante sube una octava en la recta final de la canción, repitiendo el estribillo, acompañado por la creciente intensidad de las cuerdas y apareciendo un nuevo arreglo de guitarra hasta que la voz llega hasta la última frase, consigue un resultado conmovedor.
Contiene algunas texturas jazzísticas ( Coles corner, con acompañamiento de contrabajo y sección de cuerdas ) a veces sonando a balada de rhythm´n´blues juvenil cincuentero ( Hotel room, con el piano meciendo gustosamente el ritmo durante todo el tema y una base armónica sobre la que se habrán escrito cientos de temas, con un delicioso slide adornando ), en otros momentos suena a country clásico, como en Just like the rain, a ritmo de tren elaborado con escobillas ( que predominan sobre las baquetas en toda la grabación ). El sonido obtenido en la mezcla destaca los timbres naturales de los instrumentos, siendo sumamente agradable.
Remata con una disolución realizada mediante dos canciones, un a capella, Who´s gonna shoe your pretty little feet , sobre una delicada melodía, y el instrumental Last orders, muy cercano a los experimentos de M. Ward, con quien tiene en común su afecto hacia la música tradicional. Consigue así dejar al oyente en un placentero estado de reposo final. Destacan también las baladas Tonight y Darlin´ wait for me, exquisitas.
Muy buen disco, en resumen, superando sus anteriores trabajos y altamente recomendable.

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Stevie Wonder – A Time To Love

Publicado el Lunes 27 febrero 2017

Stevie Wonder
A time to love
Motown 2005

El pasado año ha sido escenario del retorno de algunos de los grandes artistas en diferentes campos de la música popular, sorprendiendonos algunos casos como el presente, ya que un nuevo disco de Stevie Wonder es una noticia rara, dado lo mucho que disminuyó su producción en los últimos 15 años. Los últimos lanzamientos los debemos de ir a buscar a los 90, con Conversation piece y el directo Natural Wonder, que supusieron en su momento la vuelta a la escena de uno de los creadores más relevantes de la música negra de la segunda mitad del pasado siglo. El disco es un bonito regalo para los seguidores del artista, y a ellos va dirigido. Quien no lo conozca no debe de empezar por aquí, ni por ningún disco posterior a Hotter than july (1980). Si gustará seguramente a los amantes del sonido acaramelado de la actual música negra comercial. Pero ello no define por sí solo al disco. Sin ser, como en algunas críticas puede leerse, el esperado retorno de Stevie a su fantástica etapa de los 70, si es la mejor versión que da de sí mismo desde hace 26 años y, salvando las distancias, contiene canciones que de haber sido grabadas en los 70 con el sonido del momento podrían figurar en sus grandes trabajos. Esto ocurre con todos los discos del músico sin excepción. De todos se rescata algo, con el reproche de haber utilizado la estética y tecnología del momento de manera casi siempre fallida a partir de un momento dado. Sin ir más lejos, en su anterior trabajo tenía canciones buenísimas, similares a otras de discos como Songs in the Key of Life (1976). Rain your love down, entre otras, podría haber figurado en ese vinilo.Uno no deja de pensar por qué no utiliza una batería en vez de cajas de ritmos ( la mayor parte de las baterías de sus discos clásicos las ha tocado él, como la práctica totalidad de los instrumentos ). La prudencia respecto a las texturas e instrumentos empleados marcan el envejecimiento o no de las obras musicales en incontables casos. En este disco, si bien no emplea la batería en todas las canciones, las bases si que reciben un tratamiento tímbrico más natural. No se trata de oír o no una caja de ritmos, si no el tipo de sonido que el artista elije.
Son 15 temas de los cuales la mayoría son buenos, excelentes unos pocos, que suelen ser los tiempos lentos, como Moon blue ( una canción perfecta, a su máximo nivel ), True love, Passionate raindrops o How will I know.
El funk está en Tell your heart I love you o Please don´t hurt my baby, que podrían estar incluidos en sus discos de hace 30 años, por el tratamiento rítmico y la labor de los teclados, de los cuales en su dia fue un importante innovador.
Respecto a la voz, está en su mejor estado y no ha perdido nada con el paso de las décadas, empleándola en numerosas ocasiones como instrumento improvisador, consiguiendo momentos brillantes, como Moon blue, donde se ríe literalmente de su propio virtuosismo. Hay duetos con cantantes femeninas, como su hija Aisha Morris o India.Arie, así como aportaciones de Prince, el reverendo Kirk Franklin al frente de su coro o Paul Mcartney ( que pone su guitarra en el tema que cierra y da título al disco, que desgraciadamente posee un alto índice de infumabilidad ). No son colaboraciones del estilo mercantil de Carlos Santana y Clive Davies, pasando desapercibidas casi por completo.
Estamos pues ante un buen disco que podría haber sido mejor si se recortase, mostrando de este modo las dos caras del artista: la muy admirada de los años 70 y, en menor dosis, afortunadamente, la tan denostada de los 80. Ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo fuente de inspiración, referencia y altísimo listón para cantantes, compositores, arreglistas, armonicistas, teclistas y baterías.

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