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District 9

Publicado el Viernes 4 agosto 2017

District 9 (2009)

Director: Neill Blomkamp

Intérpretes: Sharlto Copley, Jason Cope, Nathalie Boltt, John Sumner, David James, Mandla Gaduka

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Hace algún tiempo, en Computer Age dedicábamos un artículo a Grita libertad. Pues bien: si en Padre de familia pudimos ver la serie Cosmos de Carl Sagan en una versión orientada a paletos, podría decirse que District 9 es la versión para canis del potente alegato antirracista de Richard Attenborough, salvando las distancias (siderales en cualquier aspecto) existentes entre ambas películas.

¿Quiere esto decir que District 9 es una película mala? Pues no necesariamente, pero hay que tener muy en cuenta el “target” al que va dirigido potencialmente este producto. Si tiene usted el coeficiente intelectual de una ameba prehistórica fosilizada, o bien si considera que Los Morancos y Haze son sus referentes culturales indiscutibles, entonces está de enhorabuena. El público algo más exigente ha de tener la precaución de aparcar el cerebro en alguna parte (aunque sea en segunda fila) antes de disponerse a ver la película, y procurar no hacerse demasiadas preguntas si no quiere empezar a encontrarse con incongruencias y otros aspectos del argumento sostenidos con pinzas. Si seguimos estas instrucciones District 9 se deja ver y resulta entretenida, cumpliendo su función primordial de sacar de la realidad durante un rato a los estudiantes de la LOGSE y demás potenciales aspirantes a reponedores del Carrefour, que tampoco es cuestión de que a esta gente le reviente la cabeza pensando y por ello le lluevan las demandas a la productora por homicidio involuntario, oigan.

Personalmente, la sensación que me quedó tras haber visto la cinta fue la de una gran idea que los guionistas decidieron arrojar por la taza del water, para que acto seguido el director terminase mandándola a tomar por culo tirando de la cadena. Incluso una película tan poco intelectual como Alien Nation, un claro espejo en el que District 9 se mira sin pudor de vez en cuando, profundizaba más que la que nos ocupa en las relaciones de los humanos con una raza de inmigrantes extraterrestres, y clarificaba mucho más (y de forma mucho más lógica) los motivos por los cuales la gente miraba a aquellos “Recién Llegados” con desprecio. En el caso de District 9, los dos primeros tercios de metraje parecen justificarse solamente como débil hilo conductor que ha de llevarnos a lo que realmente importa: la ensalada de hostias y gore de la última media hora; una secuencia directamente pergeñada con el ánimo de que el Richal de turno comience definitivamente a babear de gusto mientras le pone la mano en las tetas a su Choni habitual.

Es una verdadera pena que, teniendo entre manos una idea potencialmente tan buena, los creadores de la cinta no se hayan atrevido no ya a plantearse una huída hacia delante (algo inconcebible en el cine comercial actual), si no al menos a dar un pasito en esa dirección. Se han limitado a tomar el camino fácil para contentar al público que suele acudir hoy día a una sala de cine, el cual curiosamente opta en su mayoría por descargarse las pelis de Internet. Decir que el cine ya no es lo que era es una perogrullada, pero es que son los dueños del negocio los que, con cosas como esta, se están llevando ni más ni menos que lo que se merecen.

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11 obras maestras: los álbumes de los Beatles

Publicado el Viernes 28 julio 2017

Durante los meses de septiembre y octubre de 2008, publicamos un extenso reportaje sobre los Beatles, sacado de un viejo ejemplar de la revista Muy Interesante con el permiso de su director, José Pardina. Tras desempolvar para todos aquel excelente trabajo, dividido en entregas para la ocasión, dejamos pendiente para más adelante la publicación de un anexo en el que el autor original del texto comentaba, en tan solo unas pocas líneas (poco más de dos o tres columnas en la revista), los once discos originales de los chicos de Liverpool descontando singles, ediciones especiales, recopilaciones y demás. Al final, por unas cosas u otras nunca llegábamos a publicarlo en la web. Ya es hora, creo yo, de completar el círculo y ofreceros a todos ese curioso anexo, todo un ejercicio de síntesis de escritura a mi modo de ver. Disfrutadlo.

Beatles Para siempre: 25 años desde “Love me do”. Anexo “11 obras maestras, los álbumes de los Beatles”
Autor original: Agustín Sánchez Vidal
Publicado en Muy Interesante, número 77. Octubre 1987
http://www.muyinteresante.es/

Comentarios al texto (en negrita cursiva) por Leo.

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Portadas de los cuatro primeros LPs de The Beatles.


The Beatles: Grabado en 16 horas y lanzado en abril de 1963, contenía siete títulos compuestos por Lennon y McCartney (algo insólito hasta la llegada de los cantautores). Un EP extraído del álbum, cuyo tema principal era Tiwst and shout, fue su primer éxito en España.

With The Beatles: Publicado el 22 de noviembre de 1963, de cara a las navidades, incluía siete temas propios y una original portada, muy imitada después. Sale sin single de apoyo, con entidad propia y no como una recopilación de éxitos. La canción I want to hold your hand les abre las puertas del mercado USA.

A hard day´s night. Editado el 10 de julio de 1964, es un más difícil todavía: un LP de encargo íntegramente compuesto por John y Paul para servir de banda sonora a una película. Un éxito total apoyado por el film.

Beatles for sale: Como indica el título, es un saldo de Beatles. Agotados después del esfuerzo de la película, hacen ocho composiciones a trancas y barrancas para el LP, que sale el 27 de noviembre de 1964. Baja el nivel de calidad, pero aun así hay innovaciones en temas como Eight days a week o I feel fine.

Help!: Publicado en Agosto de 1965 como banda sonora de la película del mismo título. No es tan homogeneo como A hard day´s night, pero hay novedades como la influencia de la droga (marihuana todavía) en Help!, de Dylan en You´ve got to hide your love away, y la famosísima Yesterday, cantada en solitario por Paul.

Rubber soul: 3 de diciembre de 1965. Se insiste en el álbum concebido como un todo, a base de encerrarse en el estudio de grabación. Dos importantes composiciones de Harrison: Norwegian Word y If i needed someone.

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No pocos sostienen que Help! y Rubber Soul marcan la frontera entre los primeros Beatles, comparables de alguna forma a las posteriores “boy bands” y musicalmente desenfadados, y la banda que vendría a partir de entonces. La transición desde la mentalidad juvenil a otra más adulta propiciada por el paso de los años, influencias como las de las drogas y el pasar horas y más horas experimentando en el estudio de grabación, dieron como resultado un grupo musicalmente mucho más sólido, aunque a cambio terminó perdiendo la frescura de los primeros tiempos.


Revolver: Editado el 5 de agosto de 1966, marca una ruptura en su trayectoria. Se saca el máximo partido del estudio de grabación, y el ritmo de producción baja de dos a un álbum anual. Para muchos, el LP cumbre de los Beatles, o el que mejor ha envejecido.

Sgt. Pepper´s lonely hearts club band: Influidos por el LSD, se encierran nueve meses en el estudio de grabación. Cuando el álbum aparece el 1 de junio de 1967, es el primer LP concebido como un todo, una larga suite cuyas piezas no pueden alterarse sin romper la unidad del conjunto. Su look ha cambiado: bigotes y aires pseudointelectuales.

The Beatles (white album): Aparecido en noviembre de 1968, es doble y significa una vuelta a los orígenes. Ya no actúan como grupo, si no como entidades separadas y con invitados, como Eric Clapton, que toca con Harrison While my guitar gently weeps.

Abbey road: 26 de septiembre de 1969. Su último LP como grupo, se grabó después de let it be, pero acabó lanzándose antes. Paul domina la cara A y John la B, pero los mejores resultados son de George con Something y Here comes the sun.

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El cenit creativo de los Fab Four reunido en una única imagen. Cuatro clásicos indiscutibles cuya influencia ha traspasado el ámbito de la música popular: el paso de cebra de Abbey Road se hizo muy famoso nada más publicarse el LP que tomó el nombre de la, hasta entonces, casi anónima calle. Hoy día es una visita obligada para los millones de turistas que llegan a Londres cada año, quienes no pierden la oportunidad de fotografiarse posando como los Beatles en aquella portada ya mítica.


letitbeLet it be: Publicado el 8 de mayo de 1970, cuando ya cada miembro del grupo iba por libre. Los productores George Martin, Glyn Johns y Phil Spector se encargan de hacerlo comercializable. El trabajo de Phil Spector, responsable último de la producción del disco, levantó suspicacias desde el principio incluso entre los propios Beatles. Lennon lo elogió, pero McCartney nunca se cansó de expresar su disgusto ante el aspecto que el famoso “muro de sonido” de Spector había otorgado al disco.  Finalmente Paul se salió con la suya, y en 2003 se publicó Let it be… naked a partir de una idea original del propio ex Beatle y en el que, como el nombre indica, Let it be se nos presenta “desnudo” de toda la sobreproducción característica de Spector.

Pincha aquí si quieres leer “Beatles para siempre: 25 años desde “Love me do”.

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En el nombre del padre

Publicado el Lunes 24 julio 2017

In the name of the father (1993)
Director: Jim Sheridan
Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Pete Postlethwaite, Emma Thompson, Marie Jones, Don Baker

En asuntos de cine soy un poco como el nunca suficientemente adorado Carlos Pumares: si una peli me gusta soy perfectamente capaz de verla varias veces en un lapso relativamente corto de tiempo, mientras “aparco” durante meses otras cintas con cuyo visionado me apetece menos enfrentarme, sea por el motivo que sea. Es cuestión de apetencias, como digo.

Este es el caso de, por ejemplo, En el nombre del padre. Quien más o quien menos es seguro que la ha visto un par de veces, aunque sea por lo mucho que se ha emitido por TV. Sin embargo eso no quita para que siga siendo una cinta muy recomendable.

Parece que fue hace una eternidad, pero no hay que retroceder mucho para encontrar a Irlanda del Norte (y por ende a la propia Inglaterra) sumida en el caos por las luchas entre los británicos y los terroristas del IRA. En los años 70 la situación allí era prácticamente de guerra abierta, y para atajarla el gobierno de entonces tomó una determinación tristemente familiar en estos casos: restringir las libertades civiles. La decisión, lejos de mejorar las cosas, condujo a uno de los sucesos más ignominiosos en la historia reciente del Reino Unido, cuando a unos pobres desgraciados se les acusó de colocar una serie de potentes bombas en varios pubs de Guildford (ciudad cercana a Londres) frecuentados por militares. Condenados de antemano por una sociedad alienada y sedienta de venganza, sentenciados a cumplir severísimas penas, los conocidos como “los Cuatro de Guildford” y “los Siete Maguire” languidecieron en la cárcel durante quince años hasta que al fin se pudo demostrar que no habían cometido delito alguno. Uno de los principales encausados, Gerry Conlon, escribió un libro contando su triste desventura, el cual sirvió al director Jim Sheridan como base para una película cuyo enorme éxito de crítica y de taquilla puso “de moda” en Hollywood el espinoso asunto de Irlanda del Norte, propiciando una buena serie de filmes relacionados con el tema Como suele ocurrir con los “biopics”, muchas veces resulta curioso comparar realidad y ficción cinematográfica, pues casi siempre ambas tienen muy poco que ver, y muchas veces se tergiversa todo lo que haga falta para darle “consistencia argumental” al guión.

En el caso que nos ocupa, por ejemplo, el “leiv motiv” que justifica la película (la relación entre padre e hijo durante su encarcelamiento) jamás existió: siguiendo las rígidas normas de entonces, a los encausados en el “Caso Guildford” se les juzgó por separado y tras ser condenados se les dispersó a lo largo y ancho de la Gran Bretaña, de forma semejante a como se hace en España con los presos de ETA. Así pues, en la realidad Gerry Conlon y su padre, Giuseppe, jamás compartieron celda tal como se ve en la película; ni siquiera cárcel, y su relación fue prácticamente inexistente. Tampoco el personaje de la letrada Gareth Peirce se ajusta completamente a la realidad, pues para empezar no llegó a conocer a Giuseppe Colon, porque el pobre hombre ya había fallecido cuando ella se hizo cargo del caso. Todo esto (y alguna cosa más que me dejo en el tintero por no alargarme en exceso) no fue obstáculo para que En el nombre del padre fuese un gran éxito y le gustase a casi todo el mundo: a la mayoría de los presos y a sus familias la película les sentó como una patada en la entrepierna con una bota de hierro, al dejar prácticamente al margen su sufrimiento mientras los dos Conlon se erigían en protagonistas absolutos, elevados ambos a la categoría de mártires. Y más habiendo sido Gerry, por añadidura, culpable en buena medida de que todos los demás diesen con sus huesos en la cárcel al confesar su implicación en el crimen, aunque en su descargo hay que decir que, en coincidencia con la película, dicha confesión se produjo tras ser torturado cruelmente por la policía durante días.

Dejando a un lado todas estas “curiosidades”, hay que reconocer que En el nombre del padre es una gran película. Se demuestra cuando el director (y también guionista en este caso) consigue hacer creíble algo a priori tan inverosímil como que a un padre y a su hijo se les permita compartir celda casi como si tal cosa, encima siendo ambos supuestos militantes del IRA juzgados por delitos de sangre. En esto los actores tienen también su parte de responsabilidad, pues todos ellos lo hacen francamente bien, aunque en particular yo me quedo con Pete Postlethwaite, cuya actuación es sencillamente para enmarcar y eclipsa a la de Daniel Day Lewis cuando ambos comparten escena, pese a que la “química” establecida entre ellos funciona a las mil maravillas. Si a eso le unimos una banda sonora muy cuidada y multitud de pequeños detalles más, no cabe duda de que estamos ante una de las mejores cintas de los años 90. Además no puede decirse que haya perdido vigencia ni mucho menos, a pesar de contarnos unos hechos acaecidos hace décadas: ahora que muchos gobiernos están aprovechando la llamada “guerra contra el terrorismo global” como excusa para coartar las libertades y sojuzgar cualquier pensamiento disidente, el mensaje de fondo de este filme (la denuncia sobre el uso del miedo por las castas dirigentes como “cortina de humo” para ocultar males mayores y justificar, para provecho propio, comportamientos de otra forma censurables) resulta estar en plena vigencia. En este sentido, En el nombre del padre es todo un aviso a navegantes. No sobre lo que pasó y podría volver a pasar, si no sobre lo que ya está pasando.

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Crash

Publicado el Sábado 15 julio 2017

Crash (1996)

Director: David Cronenberg

Intérpretes: James Spader, Holly Hunter, Elias Koteas, Deborah Kara Unger, Rosanna Arquette

crashSi tuviera que definir con un adjetivo a David Cronenberg, tal vez el más adecuado sería “calenturiento”. Repasando la filmografía de este realizador canadiense curtido en sus inicios en el cine fantástico, pocos podrían acusarle de ser un remilgado, y tal vez sea Crash su película menos remilgada, que ya es decir.

Basada en una novela de J. G. Ballard, autor de El Imperio del Sol, Crash es un filme que hoy por hoy permanece relativamente cubierto por un manto de discreto anonimato dentro de la trayectoria de Cronenberg, en parte por culpa de esa insulsez de título homónimo que alcanzó notoriedad gracias a los Oscar – Saldos de 2006. Pero no cabe duda de que parte de culpa la tiene también lo atrevidísimo y poco convencional de la película, al menos para los estándares habituales. Si cuando Ballard presentó la novela a los editores alguno de ellos le espetó que necesitaba urgentemente ayuda psiquiátrica, cabe preguntarse lo que dirá más de uno al ver la cinta por vez primera, porque Crash puede resultar muy difícil de digerir por el espectador de cine medio; ese que acude a una sala preferentemente “para divertirse” en compañía de su pareja o los amigos. Sin duda se trata de un filme complicado de clasificar, pues no se trata exactamente de un drama ni de un thriller de acción, por ejemplo, y desde luego tampoco es una comedia. Estamos ante una película que no deja indiferente a nadie: o la amas o la odias, aunque yo personalmente opto por juzgarla desde un prudente término medio. Porque no está mal hecha y se deja ver, tal vez con la excepción de un último tercio en el que a Cronenberg se le pira la pinza cosa mala (que ya es decir viniendo de él), y siempre teniendo en cuenta que por sus características y su ambiente turbador y opresivo, que “atosiga” al espectador desde el inicio, puede llegar a incomodar a más de uno.

Lo más llamativo es ver a rostros más o menos conocidos dentro del Hollywood comercial de los 90 metidos en esta historia, que gira en torno a un grupo de personas que se ponen cachondas viendo (y sufriendo) accidentes de tráfico; una historia de gente muy extrema envuelta en situaciones aún más extremas, con escenas de sexo en el límite de lo explícito nada comunes incluso en películas de esta índole. Lo dicho: casi un filme de culto, si no lo es ya.

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RKO 281

Publicado el Miércoles 12 julio 2017

RKO 281
RKO 281 (1999)

Director: Benjamin Ross
Intérpretes: Liev Schreiber, James Cromwell, Melanie Griffith, John Malkovich, Brenda Blethyn, Roy Scheider

rko-281-poster-1.jpgLa reciente muerte de Roy Scheider tras una larga enfermedad, nos ha dejado huérfanos del que fuera uno de los rostros más populares en el cine de los 70. Aunque unos años antes era carne de las producciones de serie B con las que había iniciado su carrera, a partir de su participación en Klute (1971) no dejó de empalmar un peliculón tras otro durante prácticamente toda la década: aunque su inolvidable papel protagonista en Tiburón figure como máximo exponente de su filmografía en aquellos años, tampoco podemos olvidarnos de cosas como The French Connection, la perturbadora Marathon man o All that jazz, película en la que demostró que, además de ser un actor más que competente, también se podía defender cantando. Con el cambio de década su estrella comenzó a declinar, hasta llegar a los 90 y al nuevo siglo habiendo sido prácticamente olvidado por el público. No obstante todavía fue capaz de guardarse algunos ases en la manga, como la entretenida El Trueno Azul o la cinta que ahora nos ocupa: RKO 281.

RKO 281 es un ejemplo más de telefilme para TV por cable que fuera de los USA acabó estrenándose en cines, solo que esta vez no parece que estemos ante un telefilme, con todo lo peyorativo que semejante término suele acarrear para una película. De hecho nació para ser exhibida a lo grande, en salas comerciales y dirigida por Ridley Scott, pero los estudios rechazaron el proyecto sucesivas veces y Scott, empeñado en sacarlo adelante contra viento y marea, redujo el presupuesto notablemente y lo estrenó como telefilme, cambiando completamente el reparto (que en la versión cinematográfica iban a encabezar inicialmente Edward Norton y Marlon Brando) y limitándose a producir la película. No se puede negar lo adecuado de dicho cambio en el reparto, la verdad, y con él en la mano, con actores tal vez sin tanto “status” pero con solvencia más que comprobada, la cosa ya promete. El tema que trata ya anima, por sí mismo, a echarle un ojo al tinglado. Y si para finalizar comentamos que la factura de dicho tinglado es bastante digna, seguro que más de uno estará pensando en echarle el guante para verlo. Y les aseguro que no perderán el tiempo.

Cualquier cinéfilo de pro que esté leyendo este texto sabrá que tras la etiqueta “RKO 281” se esconde el título de producción de Ciudadano Kane, que tal vez sea la película más famosa de todos los tiempos (sobre si es la mejor ya hablaremos otro día). El proceso de concepción y rodaje del filme daría para escribir una novela o hacer una película a propósito (como es el caso). Orson Welles tuvo que luchar, y de qué manera, para sacar adelante un proyecto en el que casi nadie creía, contra el que un iracundo William Randolph Hearst (ridiculizado sin piedad en el personaje de Charles Foster Kane) volcó toda la furia de su inmenso poder, estando a punto de lograr la destrucción de los negativos. Orson Welles tuvo suerte y al final pudo exhibir su película públicamente, aunque lo cierto es que el influjo de la ira de Hearst nunca le abandonaría y su carrera, por activa o por pasiva, jamás llegó a brillar como se esperaba en un genio de su categoría.

RKO 281 repasa aquel complejo proceso, y aunque no se ciñe estrictamente a los hechos históricos se trata de un filme interesante, bien rodado y excelentemente interpretado por todos los actores, tal como se podría esperar de ellos. Incluyendo a un casi novato Liev Schreiber, un buen actor que, por desgracia, se ha empeñado en arrojar por la taza del water su prometedora carrera con engendros como ESTE. El guión es aceptable, aunque como de buen biopic que es, pasa de puntillas sobre los aspectos más escabrosos en la figura de Welles, como su ambigua relación con Herman Mankiewicz (guionista de Kane) o su adicción al alcohol y a las pastillas. Pero por lo demás la película, sin estar ni mucho menos a la altura de Ciudadano Kane o del gran Orson, cumple y no resulta aburrida, constituyendo una buena base para animarse a investigar más profundamente sobre uno de los episodios más famosos y oscuros de la historia del cine.

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