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Los siete enanitos

Publicado el martes 20 noviembre 2018

¡Ayho, ayho!
Al bosque a trabajar
los enanitos buenos tenemos que currar.
¡Ayho, ayho, ayho!
Como hay mucho paro hijo
tienes que aguantarlo todo
como est&aaacute; la vida hoy
es que hay que comer.
Todo el día reventando
a un cabrón beneficiando
encima con cachondeos
de amor al trabajo.
¡Ayho, ayho, ayho!
Cuando llega el final de mes
con mirada de desprecio
te reparten sus migajas
agradecimiento.
Somos enanitos,
somos los siete enanitos,
pero en este cuento
Blancanieves no folla con ellos.
¡Ayho, ayho, ayho!
Ya vale de pringar.
Los enanitos buenos,
al patrón han de matar.

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El hombre que pudo reinar

Publicado el lunes 12 noviembre 2018

El hombre que pudo reinar
The man who would be king (1975)

Director: John Huston
Intérpretes: Sean Connery, Michael Caine, Christopher Plummer, Saeed Jaffrey, Karroom Ben Bouih

elhombrequepudoreinar.jpg“Si John Ford fuese un dios o un rey, Orson Welles y John Huston estarían a su lado en el trono”. Tan contundente frase la dijo un amigo mío cuando, hace ya muchos años, asistimos a una retrospectiva que sobre Ford se organizaba en el Cine Doré de Madrid. Puede que alguno considere esta afirmación algo exagerada (aunque el mismo Welles solía decir que los tres mejores directores de la historia del cine habían sido John Ford, John Ford y John Ford), pero lo cierto es que estos tres hombres sean tal vez los más prominentes talentos de la época clásica de Hollywood, que engloba aproximadamente las décadas que van desde 1930 a 1960. Con la muerte de Huston, ocurrida en 1987, se cerraba para siempre una etapa en la que creadores rebosantes de talento, egocéntricos, tozudos y rebeldes estuvieron a punto de apoderarse de la Meca del cine. Para entonces todo había cambiado: chupatintas y picapleitos eran ahora los dueños del chiringuito. Definitivamente los locos se habían hecho con el control del manicomio, y las consecuencias las estamos pagando ahora todos los amantes del buen cine.

En los años 70, cuando Hollywood aun producía algo más que videojuegos filmados o videoclips de dos horas, John Huston era una especie de icono viviente. Muerto John Ford, con Orson Welles defenestrado desde hacía años a causa de sus “delirios artísticos” y sus enfrentamientos con la industria, y con la mayoría de sus coetáneos en vías de retirarse o directamente retirados, Huston era el único de los directores del “Hollywood clásico” que mantenía una carrera regular y estable, aunque había quienes consideraban que su mejor momento había pasado. Demostrando lo equivocados que estaban, fue entonces cuando aquel borrachín irlandés se destapó con una película que merece estar sin duda entre las mejores de su director.

El hombre que pudo reinar debería exhibirse en las escuelas de cine como clara demostración de lo factible que es hacer una buena película de aventuras sin necesidad de caer en las necedades del cine comercial-basura moderno. Aquí no hay grandes batallas en abismos perdidos generados por ordenador, ni violencia gratuita, ni sesiones de fuegos de artificio camuflados como explosiones, pero la esencia de la palabra “aventura” se palpa por doquier.

El hombre que pudo reinar es una adaptación de un relato de Rudyard Kipling situado en la época Victoriana, sobre dos truhanes que abandonan el ejército británico de la India para buscar fortuna fácil en un inhóspito y lejano país. El problema surge cuando uno de ellos termina creyéndose un dios, con consecuencias imprevisibles. Para rodar la película, Huston se trasladó a Marruecos con un equipo y un presupuesto relativamente reducidos, pero tenía dos ases en la manga para sacar adelante un excelente trabajo: si Michael Caine está espléndido, Sean Connery consiguió, gracias a su labor en el filme, desligarse definitivamente del corsé de James Bond en el que estaba metido. Con un papel nada fácil de interpretar y lleno de sutiles matices, el escocés demostró que podía ser mucho más que el espigado 007. También destacable es la aparición de Karroom Ben Bouih, un hombre que se estrenaba en el cine con 103 años interpretando el papel del sumo sacerdote, y que probablemente sea el actor novel más anciano que nunca se haya puesto delante de una cámara. Además no lo hace nada mal, notándose la inigualable “mano” que tenía Huston en la dirección de actores.

Definitivamente estamos ante una película de aventuras “de las de antes”, que puede que no atraiga a una juventud demasiado acostumbrada ya a Vin Diesel, pero que demuestra que el cine bien hecho y entretenido lo sigue siendo ahora y siempre, por mucho que haya gente empeñada en vender DOOM como “una película de aventuras en toda regla”. Tócate los pies.

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Help!

Publicado el viernes 2 noviembre 2018

Help! (1965)

Director: Richard Lester

Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Leo McKern, Eleanor Bron, Victor Spinetti, Roy Kinnear

beatleshelp1

Llegado 1965, la Beatlemanía estaba en su máximo apogeo, aunque no eran muchos los conscientes de la importancia capital que, para la música popular, tenía lo que estaban viviendo. Por aquel entonces, la mayoría de la población veía a los Beatles como una especie de “boy band” al estilo de las que se pondrían de moda en los años 90, salvando las distancias. Una moda pasajera liderada por una cuadrilla de melenudos, con poco que ofrecer más allá de su capacidad para provocar incidentes allí donde osaran hacer acto de presencia, soliviantando a la iletrada y asilvestrada juventud que escuchaba sus demoníacos discos. Como tal moda eran vistos hasta por miembros de su propio entorno, que se aprestaron a exprimir la gallina de los huevos de oro mientras fuera rentable. Los Beatles no paraban de currar, dando rienda suelta a su talento en discos primero y en películas después. Un año antes, en 1964, la banda había rodado su primer largometraje, Qué noche la de aquel día, con un notable éxito tanto de crítica como de público. Aquello animó a los tipos que dirigían la “Beatleindustria” a repetir la fórmula reuniendo al mismo equipo responsable del primer filme. El resultado sería Help!

Rodada con algo más de tiempo y presupuesto que en el caso de Qué noche la de aquel día (aquella película se rodó a toda hostia para rentabilizar al máximo el “boom” del fenómeno Beatles), en Help! se buscó sacar partido de la fama de cachondos e irreverentes que tenían los cuatro de Liverpool (particularmente John y Ringo) para mostrarlos como una especie de hermanos Marx del pop, tal como señalaba Agustín Sánchez Vidal en el artículo que reprodujimos hace un tiempo. Por tanto la película se caracteriza por el absurdo y el surrealismo que rodea a muchas situaciones, en consonancia con la forma de ser del director, Dick Lester, y de los propios Beatles. El sentido del humor que todos compartían junto con buenas dosis de “maría”, pan de cada día en el plató, contribuyo a hacer más distendido el ambiente en un rodaje problemático, principalmente a causa de las premuras de tiempo impuestas por los productores, los caprichos de éstos y de Brian Epstein (suya fue la idea de obligar al equipo a desplazarse a Nassau para rodar algunas secuencias) y el inmisericorde acoso de los fans, que obligaba a suspender el rodaje más de una vez.

El resultado de todo esto no puede calificarse como demasiado brillante. Dado que no era posible repetir el esquema pseudo documental de Qué noche la de aquel día, para Help! se hizo un guión más tradicional, con un argumento en el que una secta hindú adoradora de la diosa Khali persigue a Ringo para arrebatarle un anillo sagrado. Pero los Beatles no eran actores ni mucho menos (menos aún bajo los efectos de la marihuana) y el guión forzaba muchas de las situaciones de supuesta comedia, que vistas hoy casi producen vergüenza ajena en más de una ocasión. De esta forma, la película queda reducida a un vehículo para justificar la presencia de los Fab Four en cada plano, dado que para eso se montó este tinglado: para dar a su público objetivo lo que quería y, ya puestos, hacer negocio a cambio.

El mayor mérito cinematográficamente hablando lo tiene Richard Lester, un buen director que saca todo el partido posible de lo que tiene entre manos, haciendo uso de buenas ideas para presentar una especie de cómic con una estética muy colorista y desenfadada, fiel reflejo de la juventud del momento que vivía sus esperanzas de cambio social inmersa en el pop art y a las puertas de la psicodelia y del hippismo. Respecto a la música huelga decir nada, por supuesto, aunque resulta curioso que ésta no sea protagonista de la película tal y como uno podría imaginarse inicialmente. De hecho, sólo aparece un puñado de canciones del disco que en teoría se presenta como la banda sonora del filme (por citar sólo un ejemplo, Yesterday no aparece por ningún lado). Además las secuencias en que los Beatles interpretan sus temas están insertadas con calzador dentro del metraje, lo que produce una sensación cuanto menos extraña. Eso sí: dichas secuencias están generalmente muy bien rodadas, con un estilo dinámico y rompedor para su tiempo que preludiaba lo que luego serían los archiconocidos videoclips. De hecho, muchos años después la propia MTV bautizaría a Dick Lester como el padre del género, a lo que el realizador, fiel a su estilo, respondió enviando una carta a los jefes de la cadena exigiendo que se sometieran a una prueba de paternidad. Genio y figura, vaya.

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La caja 507

Publicado el jueves 25 octubre 2018

La Caja 507 (2002)

Director: Enrique Urbizu
Interpretes: Antonio Resines, Jose Coronado, Goya Toledo…

“¿Porqué no habláis de cine español en esta página?”. Esto me lo preguntaba un amigo al que le estaba enseñando la web el otro día.

Es cierto: en COMPUTER AGE se habla poco de cine español y generalmente mal, como hace casi todo el mundo. Y no es para menos, puesto que en los últimos años “nuestro cine” se ha ganado su mala fama a pulso con astracanadas como ESTA, ridículos como el de los Goya e insultos a la inteligencia (cuando no algo más grave) como ESTE OTRO. Hoy en día, buscar buen cine español (reciente se entiende) es como coger un cedazo y ponerse a buscar oro en la corriente de un río. Se trata de algo difícil, pero no imposible, y un ejemplo de ello es la película LA CAJA 507.

Rodada en 2002, LA CAJA 507 es una “rara avis” en un cine español demasiado acostumbrado desde siempre a la comedia barata y a la Guerra Civil. Este “trhiller”, escrito y dirigido por Enrique Urbizu, fracasó por culpa de la falta de promoción y de esa “mala fama” que persigue al cine patrio, que hizo que muchos potenciales espectadores no se animasen a verla creyendo que si lo hacían tirarían el dinero en la taquilla. Yo mismo tampoco estaba muy convencido el día que fui al cine, aunque reconozco que me picaba la curiosidad.

Y no pude salir más satisfecho. La caja 507 es una película entretenida y emocionante, llena de virtudes que comienzan en un guión sólido como una roca y finalizan en una magnífica dirección, en la que destaca el atípico tratamiento de los personajes principales, alejado de lo habitual en este tipo de películas. El mundo aquí es una gran “zona gris” en la que ni los “buenos” son unos santos sin mácula ni los “malos” unos absolutos hijos de la gran puta. De este modo, Rafael Mazas (un antiguo policía ahora asociado a un poderoso “capo” de la mafia italiana) no vacila en liarse a tiros de ser necesario, pero al mismo tiempo siente asco de la vida que lleva y lo arriesga todo, incluido el propio pellejo, por salir de todo aquello junto a la mujer que ama. En el lado ¿contrario? tenemos a Modesto Pardo, un hombre corriente al que no le importa nada, ni siquiera la muerte de gente inocente, con tal de vengar a su hija. Desde este punto de vista, La caja 507 recuerda un poco a la fascinante Heat de Michael Mann. Enrique Urbizu, supo sacar un partido extraordinario de dos actores como Antonio Resines (Modesto Pardo) y José Coronado (el adusto Rafael Mazas), para nada habituales en papeles dramáticos. Los dos están que se salen, sin desmerecer al resto del elenco del filme, en el que destacan nombres como los de Javier Coromina (Toni Lomas) y Jorge Calvo (el político corrupto que sale al principio de la película). A este último tuve ocasión de conocerle personalmente mientras representaba en Madrid la versión teatral de La cena de los idiotas y se quedó de piedra cuando le reconocí por su aparición en el filme de Urbizu, donde sale con gafas y una poblada barba.

Ya es hora de hacer justicia con La caja 507, una de las mejores películas españolas de los últimos años y, sin duda, la mejor de 2002. Una buena demostración de que en España todavía es posible hacer buen cine, entretenido además de hecho como Dios manda, si uno se lo propone, tiene el talento necesario y se rodea de la gente adecuada. Y aunque parezca mentira gente así existe en esta mierda de país. Y no, no se apellidan ni Almodóvar (arg!!) ni Amenábar (ARG!!) ni Segura (ARRRRGGHHHH!!!).

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Bullitt

Publicado el lunes 22 octubre 2018

Bullitt (1968)
Director: Peter Yates
Intérpretes: Steve McQueen, Robert Vaughn, Jacqueline Bisset, Don Gordon, Robert Duvall, Simon Oakland

Existen decenas de películas que han pasado a los anales de la historia del cine por una secuencia o escena en concreto, habiendo casos en que dichas escenas / secuencias han llegado a eclipsar las cintas en que se incluyen, hasta un punto tal que la mayoría de la gente no es capaz siquiera de recordar algo tan básico como es su argumento. Ocurre por ejemplo con aquella del entrañable Harold Lloyd colgado del reloj (perteneciente a El hombre mosca) o la mítica “escena del camarote de los Hermanos Marx” (Una noche en la Ópera).

No hay duda de que Bullitt es y será recordada siempre por la persecución de coches en las empinadas calles de San Francisco (que, por cierto, continúa después durante largo rato por las carreteras que rodean la ciudad). Todo un prodigio de planificación y técnica de montaje que aun hoy, a cuarenta años vista de su primer pase, se mantiene actual y fresco, lo que da una idea de su calidad. El director de la película, Peter Yates, quería el máximo realismo posible y decidió olvidarse por completo de los trucajes que hasta entonces solían aplicarse por norma al rodar persecuciones de coches. El resultado es una “inmersión total” del espectador dentro de una secuencia en la que los vehículos involucrados llegaron a alcanzar 180 kilómetros hora en algunos momentos. Seguro que en tales circunstancias el que mejor se lo pasó durante el minucioso rodaje fue Steve McQueen. El actor era amante de la velocidad hasta extremos casi suicidas, como atestiguaría el mismísimo Bruce Lee, buen amigo suyo en la vida real. El legendario artista marcial, tras irse con Steve a dar una vuelta para probar su deportivo recién estrenado, juró que nunca más volvería a subirse a un coche con McQueen al volante. Durante el rodaje de Bullitt, y fiel a su costumbre, el de Indiana se empeñó en hacer él mismo las escenas de riesgo, aunque al final tuvo que ceder y permitir que el reputado especialista Bud Ekins le doblase en las tomas más delicadas, tal como había hecho cinco años antes en otra escena mítica: la del salto en moto de La gran evasión. Un detalle éste que por cierto no se cita en las “notas de producción” incluidas en el DVD del filme, donde se da a entender que Steve McQueen participó íntegramente en el rodaje de la secuencia. Curioso.

Aquella persecución es sin duda el momento cumbre de la película, y de hecho sucede hacia la mitad del metraje, cuando ya llevamos cerca de una hora de visionado. Por fortuna Bullitt es mucho más que esa persecución y tiene más puntos de interés, como una secuencia en el aeropuerto que por momentos parece haber servido de inspiración a Michael Mann para la secuencia final de Heat. El argumento, circunscrito dentro de los cánones habituales del cine negro, está bien asentado y desarrollado. Los diálogos tienen chispa y la espléndida música del gran Lalo Schifrin (particularmente inspirado en esta ocasión) envuelve al filme en su justa medida, proporcionándole un toque inconfundible. Por encima de todo esto surge un protagonista de lujo: un Steve McQueen en la cumbre de su carrera, que aunque yo nunca he considerado un gran actor en el sentido estricto del término, destila un carisma y un “saber estar” delante de las cámaras que para sí quisieran la practica totalidad de estrellas actuales de Hollywood, a las que este señor podría merendarse de un bocado con un esfuerzo mínimo. Él es el protagonista absoluto e indiscutible, hasta el punto de que mientras escribo esto me cuesta recordar no ya alguna escena, si no alguna toma de la película en que no salga. Su práctica omnipresencia, que no cansa en absoluto, se encuentra bien arropada por un enigmático Robert Vaughn y una preciosa Jaqueline Bisset, ambos en papeles muy secundarios en comparación, pero trascendentales para el desarrollo de la trama.

En resumidas cuentas, Bullitt es un buen thriller policíaco con una secuencia de corte casi revolucionario, la cual creó escuela para centenares de filmes posteriores y sigue haciéndolo a día de hoy. La moderna factura de la película se nota hasta en los créditos de inicio, y del proceso de montaje (ganador de un Oscar) debería tomar buena nota la chusma que hoy en día se dedica a “dirigir” cine de acción, encabezada por retrasados mentales del calibre de Michael Bay o Stephen Norrington. Me sorprende que no se haya emitido apenas por TV, a la vista de que se trata de un filme perfecto para arreglarte una tarde / noche de fin de semana en casa, y más teniendo en cuenta la habitual mala costumbre de las reposiciones, esa que ha llevado a más de uno a saberse de memoria los diálogos de Poli de Guardería (¡glaps!). Pero los misterios de la “caja tonta” (cada día menos “caja” y más “tonta” por cierto) son inescrutables.

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