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Leonard Cohen, Lisboa (19/07/2008)

Publicado el Jueves 24 Julio 2008

(Passeio Marítimo de Algés, 19 de julio de 2008)

(Aviso: la primera parte -en gris- son rollos personales, para leer la crónica del concierto empezar directamente en la letra negra)

El 19 de julio, recién estrenadas las vacaciones en Galicia, me desperté recordando que ese día actuaba Leonard Cohen en Lisboa. No había hecho ningún plan para ir al concierto, sin embargo me levanté con la idea de que tenía que aprovechar la ocasión, no tenía problemas familiares ni de trabajo que me impidieran acudir a verlo. Eran muchos kilómetros y muchas horas de viaje, pero no podía desaprovechar esa oportunidad “¿por qué no?, ahora o nunca”. El concierto del Benicássim lo había descartado, quería un concierto dedicado exclusivamente a él. Decidí ir sin saber si quedarían entradas, pero algo me decía que no habría problemas, el mayor inconveniente sería encontrar el sitio y llegar a tiempo. Más de cinco horas en el coche dan para pensar muchas cosas, entre ellas juzgar mi modo de actuar. Habría preferido tener todo planeado con semanas de antelación, haber disfrutado de la preparación de una cita tan importante, ir acompañado y pasar el fin de semana con mi mujer también habría sido buena idea, sin embargo ahí me encontraba solo, a la aventura, como si la juventud no hubiera pasado por mi vida hace muchos años, con una cámara que había cogido a última hora y no había podido comprobar si estaba cargada. Llegué, gracias a que en Portugal tienen una hora de retraso respecto a España, 50 minutos antes del concierto. Cuando me dijeron que “SÍ” había entradas un enorme peso dejó de aplastarme. No me daba tiempo a comer nada, quería estar delante, verlo de cerca, una coca-cola para espabilar un poco, y ya habría tiempo después del concierto para volver a la vida terrenal.
Últimamente esta página parece el Olimpo de los dioses del rock (Neil Young, Bruce Springsteen…), yo quiero añadir uno más a este templo politeista, pues lo que allí se vivió fue un verdadero acto de comunión y adoración. En Lisboa tuvimos la suerte de encontrar el paraíso por un día, escuchamos apasionados las palabras de nuestro Dios, a su lado seis apóstoles nos hicieron levitar con el sonido de sus instrumentos, alcanzando el éxtasis mecidos por los coros de tres ángeles que cantaban el mensaje divino: do dowm dowm dowm da do dowm dowm (“no paréis”, les pedía L. Cohen).

Según pude leer en la prensa acudimos entre 8 y 9 mil personas, de diferentes países, idiomas y edades. Aunque en principio el que fuera al aire libre pudiera parecer un inconveniente, el entorno se convirtió mágicamente en el decorado perfecto, logrando momentos de intimidad y silencio difíciles de imaginar en un concierto de estas características. Leonard Cohen salió puntual al escenario tras los componentes de la banda, todos con traje oscuro, ellos con camisa clara y sombrero. La primera impresión, además de verlo más delgado y pálido de lo que imaginaba, fue confirmar lo que ya sabía: “caramba, si que se le ve muy mayor”, pero tantos años interiorizando su música y sus libros hicieron que mi mente estuviera viendo en el escenario no algo externo sino el reflejo de una parte muy importante de mi vida. Nada más empezar a cantar su edad desapareció, sorprendiéndome el buen estado de su voz, igual de seductora que siempre y mucho menos cascada de lo que me esperaba (tan sólo se le quebró en contados momentos de gran intensidad). Cada gesto que realizó, cada palabra que pronunció eran seguidos unánimemente por risas, gritos o aplausos del público, no faltando en varias ocasiones el lanzamiento de claveles rojos, tan significativos en un país como Portugal. Vimos a un hombre que irradiaba magia y misticismo, con una suave sonrisa cargada de humildad y un ilimitado poder de atracción. Emoción, alegría, coros, silencio, desgarro… nos tuvo por completo en sus manos, como olas en una bañera que él formaba y agitaba a su sabio antojo. Incluso la temperatura y la luna frente el escenario, a la que señaló cuando alguna estrofa hacía alusión a ella, se aliaron para que todo fuera perfecto. La esencia del concierto fue un espectáculo de rock, pero llevado al límite de lo personal, con influencias de jazz, country, blues, pop o flamenco, pero liderado en todo momento por la elegancia y el respeto a la inteligencia, al oído (¡que sonido tan perfecto!), al individuo como conjunto físico y psicológico. El repertorio estuvo basado sobre todo en sus numerosos éxitos, haciendo un recorrido por la mayoría de sus discos, con especial protagonismo seguramente del “I’m your man”. Empezó con el “Dance me to the end of love”, arrodillándose ante el virtuoso Javier Mas (guitarra acústica, laúd, bandurria…). En multitud de ocasiones aprovechó los “solos” de los miembros de la banda para presentarlos y sacarse el sombrero ante ellos (¡que bien sonaba el antiguo órgano -¿Hammond?- en manos de Neil Larsen!, ¡y qué sensibilidad la de Dino Soldo a la armónica, así como a la flauta y saxo eléctricos!), descubriéndose la cabeza también ante el público agradeciendo cada aplauso, dando a entender que allí todos eran (éramos) parte fundamental del viaje. Entre los temas más conocidos sonaron (perdonad que no recuerde el orden) “Who by fire”, “Everybody Knows”, “Closing Time”, “Bird on the wire” (“como un pequeño pájaro” cambiaría la letra), “Tower of Song” (con el solo de teclado tan simple como característico y que al ser aplaudido, consciente de su poca destreza a las teclas, reconoció que éramos demasiado amables… más risas), “First we take Manhattan”, una bella versión de “Suzanne” con sólo voz y guitarra (el río Tajo al lado del escenario venía al pelo), las maravillosas “Hey, that’s no way to say goodbye”, “The gipsy’s wife”, “I’m your man” coreada a todo pulmón por el público al llegar el estribillo, “Democracy” (creo que fue antes de empezar este tema cuando dijo: “es una suerte poder tener momentos maravillosos como estos cuando hay tanto caos, oscuridad y tristeza en el mundo”), “In my secret life”, la conocidísima “So long Marianne”, un inolvidable “Hallelujah” (añadiendo “no he venido a Lisboa para engañaros”), “Take this waltz” antes de la recta final hizo que todos intentáramos bailar lo mejor que podíamos, y muchas más igual de maravillosas que nos acompañaron durante casi 3 horas, con un descanso de 15 minutos y varios bises de los que salió y volvió bailando, dando simpáticos saltos cada vez más enérgicos, cual Rey haciendo las labores de bufón, cual niño feliz en traje de anciano, como si cada canción fuese una dosis del elixir de la juventud.
Sería injusto no mencionar, por su gran labor y genialidad, al resto de músicos: Bob Metzger (guitarras, steel guitar), Roscoe Beck (bajo, contrabajo) y Rafael Gayol (batería y percusiones). Los ángeles que hacían coros tuvieron también momentos estelares: Sharon Robinson en la canción “Boogie Street” y las Webb Sisters con la interpretación a dúo de la emocionante “If it be your will” (Hattie Webb arpa y voz, Charley Webb guitarra y voz). Para finalizar cantaron todos a coro la despedida mientras Leonard Cohen nos daba las gracias por una noche tan memorable.
Cuando me enteré que en España sólo había actuado 1 hora me alegré doblemente de haber tomado la decisión de acudir a Portugal.

“Suzanne te lleva a su sitio junto al río,
puedes oír los barcos navegar,
puedes pasar la noche a su lado.
Tú sabes que ella está medio loca
pero es por eso por lo que quieres estar allí”

(Suzanne)

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The Dreadful Yawns - Rest

Publicado el Domingo 6 Julio 2008

The Dreadful Yawns
Rest
(Exit Stencil Recordings 2007)

Este es un disco que tenía guardado en el ordenador, del que en su día había anotado algunos datos porque me había parecido muy interesante, pero que con el tiempo había olvidado casi por completo. Tras nuevas escuchas tengo que decir que sigue pareciéndome un álbum maravilloso, flotando en su sonido puntuales aromas a Donovan, CSN&Y, Gram Parsons, Spiritualized, Mojave 3, Wilco, The Innocence Mission, Belle and Sebastián o Beachwood Sparks. Así que creo que va siendo hora de que complete esos apuntes. El quinteto se formó en 1998 en Cleveland, Ohio, aunque su primer disco (“Early”, Undertow Music) no apareció hasta el año 2003, girando todo el proyecto alrededor del cantante/compositor Ben Gmetro. Tras el éxito de crítica del primer trabajo firmaron contrato con el sello Bomp! Records (fue la última banda fichada por Greg Shaw, fundador del mítico sello que comenzó en 1970 como un fanzine totalmente casero; murió en 2004 con tan solo 55 años), donde editaron un álbum de título homónimo en 2005, aumentando la influencia psicodélica en sus composiciones, cosechando de nuevo excelentes críticas y empezando a ser más conocidos a nivel de público. “Rest” es el CD editado en 2007, producido por Ben Gmetro, una vez superados numerosos problemas de dinero, estudios de grabación y nuevo sello discográfico. Se trata del primero de 2 discos que quedaron en grabar para Exit Stencil Recordings. Si en un principio fue concebido como un álbum de rock experimental, con el tiempo se iría transformando en una declaración artística llena de arreglos, pedal steel, finder-picked guitars y maravillosas melodías vocales, logrando un precioso disco de folk-rock-country-pop-psicodelia. Les llevó cerca de 2 años completarlo y fue grabado en 3 estudios diferentes, marchándose durante este tiempo 4 de los cinco componentes originales de la banda, quedando tan sólo Ben Gmetro (junto a 4 miembros completamente nuevos): Ben Gmetro: voces y guitarra; Elizabeth Kelly: voces, teclados, campanas, y pandereta; Chris Russo: batería y voces; Clayton Heuer: teclados y violín; y Eric Schulte: guitarra y voces. En 2008 han editado el segundo disco para el sello Exit Stencil (“Take Shape”), con la misma formación que en el anterior y endureciendo ocasionalmente el sonido. “Rest” es el disco del grupo que más veces he escuchado y mejor conozco por el momento. Diez canciones en poco más de media hora. Entre mis predilectas elijo “Candels”, que aunque supera los 7 minutos y va contra mis preferencias (casi siempre a favor de los temas cortos), en este caso la capacidad de contagio que te empuja a tararearla hace olvidar el tiempo (ya se sabe que los buenos momentos pasan volando, y como bien decía Bo Diddley un libro no se puede juzgar por la portada), aunque también estoy seguro que si llegara a ser un hit y sonara continuamente tiene todos los ingredientes para llegar a odiarla. Las canciones giran principalmente en dos direcciones, unas hacia el lado más country-folk (la maravillosa “When I Lost My Voice”, la trotona y vaquera, con banjo incluido, “Being used to you”, o la lograda versión de Gram Parsons “November Nights”), otras más inclinadas al pop con mayor o menor dosis de country, folk y psicodelia (entre las más pop “You’ve Been Recorded”, “Changing States” o la pegadiza y también con todos los ingredientes necesarios para sonar en radiofórmulas “Due South” ; entre las más psicodélicas o evocadoras de espacios mentales las brillantes “We Go Up”, melodías arropadas por seductoras cuerdas y teclados atmosféricos, y “End Of Summer”, la que cierra el disco, con un característico acompañamiento de serrucho musical que aporta ese aire de final de verano, mosquitos, pesadez, soledad y desgana en el ambiente). Un disco de emocionantes armonías vocales mecidas por guitarras acústicas, steel guitar e inspirados ambientes sonoros logrados con la ayuda de múltiples instrumentos con las notas justas en los momentos precisos.

MySpace de The Dreadful Yawns

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Hey! Bo Diddley, “The Originator” (1928 - 2008)

Publicado el Domingo 8 Junio 2008

“Bo Diddley” nació en una granja algodonera cerca de McComb, Mississippi, el 30 de diciembre de 1928, siendo bautizado como Ellas Bates. Con 6 años fue adoptado por una prima de su madre, adoptando también su apellido y pasando a llamarse Ellas McDaniel. Coincidiendo con la “Gran Migración afroamericana” (de las zonas pobres del sur a las ciudades industriales del norte de EEUU) se trasladaron a Chicago donde estudió violín, hasta que su hermanastra Lucille le regaló una guitarra acústica. En esta ciudad vivió los cambios que sufrió el blues, con la inclusión de instrumentos eléctricos, batería, armónica, y en ocasiones saxos. Se quedaría prendado del sonido de la guitarra eléctrica, formó diferentes grupos con los que tocaba en los ratos libres que le dejaban los diversos oficios con los que se ganaba un sueldo. Una primera grabación para el sello Chess Records en 1955 (con las canciones Bo Diddley y I’m a man), el éxito que le sonrió y una banda fundamental para conseguir el sonido tan especial, destacando Jerome Green a las maracas y voces, y su hermanastra “La Duquesa” acompañando a la guitarra eléctrica, sin olvidar por supuesto los ritmos africanos y salvajes de batería. Frecuentes cambios de pareja y de domicilio. Colaboraciones múltiples con grupos y artistas de primera fila, influencia de su estilo y música a lo largo de las décadas (de Buddy Holly a Rolling Stones, de los Who a Bruce Springsteen, de Sex Pistols a Jesus & Mary Chain), cientos de versiones de sus temas (el who do you love es uno de los temas con menos acordes y más versiones diferentes en la historia de la música), y reconocimiento en forma de los más destacados premios en la música popular, han jalonado su carrera hasta el 2 de junio de 2008 en que problemas cardiacos le obligaron a mudarse de barrio, esta vez definitivamente.
Con un estilo muy personal, ritmos percusivos, repetitivos, rasposos, tribales y distorsionados, se convirtió en padre del rythm&blues, pieza clave en la evolución del rock&roll y en “el creador” de un sonido propio, el sonido Bo Diddley, algo que muy pocos han podido lograr. Si bien se basó en ritmos africanos, nadie había logrado la sonoridad y vibraciones que su guitarra sincopada y composiciones transmitían. Sin alardes ni virtuosismo en la técnica dejó para la posteridad riffs y ritmos que han quedado como clásicos, grabados en el inconsciente de gran cantidad de gente que los conoce pero que no sabría mencionar el nombre de su autor. En la interpretación de sus canciones, cargadas de humor y entusiamo, desprendía una fuerza contagiosa y primitiva, fundiendo sonido y movimientos, con la dosis exacta de mesura y energía. No he tenido la suerte de asistir a un concierto suyo en directo, pero creo que sin duda sería una de las experiencias más impactantes. Hasta que se pueda viajar en el tiempo tendremos que conformarnos con verlo en vídeo cantando y tocando su característica guitarra Gretsh cuadrada “square-bodied”, aunque para esta ocasión he preferido elegir dos vídeos de su primera época, antes de que diseñara dicha guitarra.

“Bo Diddley - Road Runner”

“Bo Diddley - Bo Diddley, 1955 (en el polémico Show de Ed Sullivan)

Seguro que los ángeles están celebrando, con bailes convulsivos y maracas en sus manos, la llegada del francés negro y su ritmo trepidante. bam bee bam bee bam bee bam bam…

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The Everly Brothers - Roots

Publicado el Jueves 22 Mayo 2008

The Everly Brothers
Roots
(Warner Brothers 1968)

Este disco es de una época en que Don y Phil Everly habían sido arrojados del paraiso del éxito y llevaban unos años con importantes problemas personales y profesionales.
Habían comenzado en la música cuando tan sólo contaban con 6 y 8 años, en la década de los 40, cantando country con sus padres, Ike y Margaret Everly, por diferentes emisoras de radio. Vivieron el cambio que las emisoras sufrieron cuando les resultaba mucho más económico contratar a una persona que pinchara discos que pagar a varios músicos tocando en directo. En 1955, tras graduarse en la escuela superior, se trasladaron, ya como dúo, a Nashville, donde el apoyo de Chet Atkins resultó decisivo para conseguir contrato discográfico. Columbia Records les firmó el primero por seis meses. Tras algunos singles que no tuvieron la más mínima repercusión decidieron no renovárselo. Sería el sello Cadence Records, en 1957, quien se llevaría el gato al agua al ofrecerles grabar una composición del matrimonio Felice y Boudleaux Bryant, especializados en canciones para adolescentes. La canción era “Bye Bye Love”, que había sido rechazada hasta en 29 ocasiones por otros intérpretes (incluído Elvis Presley). Los Everly Brothers decidieron añadirle arreglos que tenían preparados para otro tema y grabarla, con Chet Atkins a la guitarra eléctrica. Se colocó rápidamente en los primeros puestos en las listas de pop, de country y de R&B. La voz más suave de Phil y la más profunda de Don, junto a las hechiceras armonías vocales, a la mezcla de country y rock tan personal, y a su imagen de “aptos para todos los públicos”, les confería un encanto que hizo sucumbir, sobre todo, a la gran mayoría de adolescentes de la época. Habían abierto la puerta a las armonías de voces en el rock&roll y ayudado a cambiar la visión y aceptación de este estilo, no olvidemos que en esa época el rock&roll era considerado como maldito, rebeldía y locura con mal gusto sin el menor atisbo de calidad, sólo apto para degenerados. Luego vendrían “Wake Up, Little Susie”, “All I Have To Do Is Dream”, “Bird Dog” o “Cathy’s Clown”, esta última escrita por ellos mismos. Las ventas y los éxitos no cesaron de crecer, y los millones eran las cifras más manejadas en ese periodo. En 1960 dejaron, con la inevitable disputa de derechos de autor, Cadence Records, para firmar, por un millón de dólares y 10 años de contrato, con Warner Brothers (otro hecho sin precedentes, más sabiendo que en esos años el éxito de la mayoría de artistas se medía por semanas o meses). En 1962 comenzó la crisis en su carrera, coincidiendo por un lado con su incorporación a la Marina, y por otro con un accidente durante una gira por el Reino Unido: Don sufrió un colapso, según informaron unos medios por una crisis nerviosa, según otros por una intoxicación de comida en mal estado, pero la realidad fue que se trataba de una sobredosis por su adicción a los estupefacientes. El caso es que Phil se vio obligado a continuar la gira en solitario, y a partir de ahí… ya nunca sería lo mismo. Alternarían periodos de separación con otros de reconciliación, con momentos de mayor o menor acierto. Tampoco debemos olvidar la aparición de los Beatles y demás grupos de la “Invasión Británica” que arrasaron con la mayoría de las viejas glorias en las listas de éxitos.
Este disco corresponde a uno de esos primeros periodos de crisis en que sentían que estaban haciendo buenos trabajos pero popularmente no se les reconocía. Intentaban ser parte de la escena sin conseguirlo. Probaron, sin muchas esperanzas, volver al country que habían mamado de sus padres. Para ello creyeron importante estar en el lugar donde el country-rock estaba viviendo una importante transformación, en Los Angeles. Allí pasaron horas tocando con Linda Ronstadt, con miembros de los Byrds o con los Flying Burrito Brothers. En julio de 1968 Andy Wickham, de la Warner Bros. les sugirió hacer un álbum conceptual, en el cual los temas country elegidos fueran mezclados con tomas seleccionadas de los shows que la familia Everly había realizado en los ‘50, es decir volver, como bien indica el título, a sus Raices. La Warner se tomó el proyecto como un reto personal, aportó ilusión y esfuerzo para lograr una obra de madurez y trascendencia, no escatimando medios. En este sentido el disco consigue todo lo que se habían propuesto, aunar con maestría evolución y tradición, unos arreglos exquisitos, y unas canciones maravillosas. Tuvo muy buena acogida de crítica, aunque no de ventas. La selección se hizo eligiendo temas de country clásicos y populares junto a composiciones de nuevos autores que estaban despuntando. Dentro de los temas de country puro eligieron dos de Merle Haggard (”Mama Tried” and “Sing Me Back Home”), uno de Jimmie Rodgers (”T For Texas”, al que aplican un efecto wahwah de guitarra eléctrica más que atractivo) y el tradicional “Shady Grove”. “Less of Me” es una canción de Glen Campbell interpretada al estilo de los Byrds en su época con Gram Parsons. Entre los nuevos valores contaron con la colaboración de Ron Elliott (de los Beau Brummels) en los arreglos, guitarras y composición de dos temas (”Ventura Boulevard” y “Turn Around”, ambos enriquecidos con discretos acompañamientos de cuerdas que potencian su encanto); “Illinois” era una canción de un todavía poco conocido Randy Newman, que ese año editaría su primer disco; “Living Too Close To The Ground” fue la aportación de su bajista inglés Terry Slater. Siguiendo la tónica de sus discos de los 60, las composiciones propias eran escasas; en esta ocasión sólo hay una, “I Wonder If I Care As Much”, no siendo totalmente inédita, pues había formado parte en 1957 del single “Bye Bye Love”, si bien le hicieron cambios de tiempo y arreglos que le confirieron nueva vida.
Este sería el último disco de estudio para la Warner, con quienes sólo al principio consiguieron llegar al nivel de popularidad alcanzado durante su estancia en Cadence Records (aunque eso no quiere decir que, como en este caso, no realizaran discos más que interesantes).
Duraderas separaciones, carreras en solitario, colaboraciones estelares, premios y reencuentros se han sucedido en los años posteriores (como anécdota famosa está la causante del mayor periodo de separación en 1973, cuando Phil rompió su guitarra en plena actuación y abandonó el escenario, terminando Don en solitario la última parte del concierto, y comentando: “Los Everly Brothers murieron hace diez años”). ingresaron en el Rock&Roll Hall of Fame en 1986.
A destacar también su enorme influencia en artistas posteriores a sus comienzos, como Simon & Garfunkel, The Beatles, The Beach Boys, The Mamas & The Papas o The Hollies, llegando por supuesto su influencia a nuestro país, siendo el Dúo Dinámico el más claro referente.
Opino que Rick Rubin todavía podría hacer milagros con ellos.

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The Magnetic Fields - Distortion

Publicado el Martes 8 Abril 2008

The Magnetic Fields
Distortion
(Nonesuch 2008)

A Stephen Merritt siempre le ha gustado jugar con los sonidos de diferentes épocas y estilos, aprovecharse descaradamente de lo que otros músicos han hecho y comentarlo sin el menor rubor, porque en el fondo sabe que todo el mundo lo hace aunque no lo diga (o no lo sepa), sabe que muy pocos son capaces de realizarlo con la maestría con que él lo hace y sabe que nadie inventa nada que no esté basado en lo que otros ya han hecho. No intenta engañar a nadie, con lo cual no se engaña a sí mismo, a partir de ahí el camino de fabricar obras sinceras y personales está allanado.
En esta ocasión ha vuelto a mezclar melodías de los 50 con coros o punteos surf de los 60, feedback y reberb de los 70 con ritmos, acoples o distorsiones de los 80, lo ha metido en la túrmix, le ha añadido un chorro de Phil Spector de alta graduación, una botella de Pop reserva especial, lo revolvió con teclas, guitarras, chelo, banjo y acordeón manejados por sus compañeros habituales (Sam Davol, Claudia Gonson, John Woo, y la colaboración de Daniel Handler al acordeón) hasta que la mezcla quedó a su gusto. Esta vez han querido presentarlo incluyendo el sonido de la batidora. Por supuesto que Merritt sabe que ya otros lo han hecho antes, no ha parado de repetir que Jesus & Mary Chain han sido la base de esta idea, cuando vas por la segunda o tercera canción y ves que el ruído de fondo es una constante en todas ellas es lo primero que te viene a la cabeza (por cierto y aunque los resultados no tengan mucho que ver, esto me ha recordado también a los primeros Penelope Trip cuando grabaron con una aspiradora funcionando como base musical). Pero hay diferencias claras entre ambos trabajos, este es un disco Magnetic Fields por los cuatro costados. Si en el Psychocandy de J&MC el cuerpo era el ruído y la melodía los adornos, en Distortion la melodía es el cuerpo y el ruido un complemento decorativo. En este sentido ha resultado ser mucho más rompedor el trabajo de J&MC. The Magnetics Fields tienen que conformarse con hacer canciones pop impecables y sublimes. La voz de Merritt sigue destacando y encandilando, personalmente me convence más que la de Shirley Simms, quien ya había cantado en el genial “69 Lovesongs”, poniendo la voz para este trabajo en la mitad de las canciones.
“Distortion” es el octavo disco con The Magnetic Fields, y el segundo para el sello Nonesuch Records. Todos los instrumentos han sido grabados con efectos de retroalimentación o feedback (colocando los amplificadores de cada instrumento lo suficientemente cerca hasta conseguir acoples), excepto la batería. Según palabras de S.Merritt para satisfacer a sus fans más rockeros. Empieza el álbum con dos temas surf en toda regla, un logrado instrumental y el “California Girls”, en el que aprovechan para aportar un toque de provocación declarando que odian a las chicas de California. Con bases muy sencillas de bajo y batería, como en la práctica totalidad del disco, nos cuentan en el lento “Old Fools” que los viejos también pueden bailar, cantar y enamorarse. En “Xavier Says” un diálogo de desprecio entre Zsa-Zsa y Xavier es el argumento. Canciones breves, de formato pop clásico, con melodías y punteos sin complicaciones pero maravillosamente encajados, altamente atractivos y adictivos, envueltas en capas y capas de sonido. En “Mr. Mistletoe” Stephen Merritt nos canta una triste canción de navidad con voz de crooner galáctico mecido por tímidos coros doo-wop de ángeles escondidos entre los arboles y la nieve. Con “Please Stop Dancing”, cantada a medias entre Stephen Merritt y Shirley Simms, comienza la serie de canciones más rock y al mismo tiempo más pegadizas y comerciales, junto a “Drive On, Driver”, que me recuerda a los Eurythmics, y a la maravillosa “Too Drunk To Dream”, convencida apología a la borrachera. En “Zombie Boy”, hacen vudú a la luz de la luna en Haití, mientras siguen soñando en noches solitarias en “I’ll Dream Alone”. Shirley Simms vuelve a convencer plenamente en la contagiosa “The Nun’s Litany” cuando canta que quiere ser un conejo de playboy, una modelo de artistas o una actriz porno (aunque para esto esperará a que su madre muera), así como en la que cierra el disco, hablándonos de la vida de las prostitutas, “Courtesans”.
Y es que The Magnetic Fields cantan al amor como nadie sabe hacerlo, desde puntos de vista originales, irónicos y llenos de doble sentido, buscando sorprender en todo momento. Como cualquier obra que no es perfecta (y esta, por mucho que me guste, no lo es), tiene sus defectos. En este caso yo los achacaría al abuso y repetición del motivo ó concepto con que han querido vestir el disco: la base ruido-acoples-distorsión, aunque original, se acaba convirtiendo en ligeramente monótono y previsible, saliendo a flote sin problemas gracias a las excelentes canciones que lo sostienen. Recomendado 100% a los amantes del POP y a los que la perfección se la suda.

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