Van Morrison
Magic Time
Geffen 2005
El disco de Van Morrison del pasado 2005, que hace el nº 34 más o menos en su carrera, sigue la linea marcada por su predecesor What´s Wrong with this picture (2003), siendo muy similar estilisticamente, estando al mismo nivel y siendo posiblemente incluso mejor. Representa un verdadero crisol de las músicas afroamericanas del siglo XX, pero no es en absoluto revivalista. Desde su perspectiva personal, el cantante continúa recreando magistralmente los diversos palos de la música negra, desde el blues de Chicago hasta el soul más fino, pasando por cortes de caliente jump blues, tocando funk a su manera moderada e incluyendo increíbles tiempos lentos que en una discografía del nivel del irlandés, sin un disco mediocre en su haber, cuesta ya clasificar de clásicos. El plano en el cual se mueve El Hombre no soporta esas consideraciones. Muchas décadas, demasiadas canciones buenas. Al igual que artistas como Tom Waits o Neil Young, exige ser puesto en una categoría aparte. No pertenece al mundo de la pop music, y como demuestra el contexto en el que son realizados sus recitales. Ha pasado hace tiempo a formar parte de la alta cultura. Seguirá editando discos excelentes hasta que se muera.
Este disco encantará a los que conozcan bien al artista, les gustará sin duda a los amantes de la música negra y será pasado por alto por la mayor parte del público más joven y acostumbrado a lo que la escena pop ofrece habitualmente. Se puede decir que si lo hubiese editado hace 30 años resultaría igualmente natural oirlo tal como es. Su estilo está más que asentado desde hace mucho tiempo, al cual sólo cabe contribuir no con innovación, sino con buenas canciones, como es el caso. No hay un solo tema del que se pueda decir que flojea. Es uno de esos discos que se pueden escuchar al completo, sin sentir la necesidad de saltarse canciones en el reproductor. Es, en ese sentido, un disco unitario. De Van Morrison sólo se espera que sea él mismo en su mejor versión, Magic Time produce esa sensación y posee un título adecuado por ello.
El conjunto de las canciones lo forman composiciones propias junto a versiones de Fats Waller ( la balada Lonely and blue, con coros doo wop ) y dos canciones sacadas del repertorio de Sinatra, This love of mine y I´m confessin, en la cual vuelve a solear con la armónica de la mejor manera, al igual que en algún que otro tema más.
El sonido de la banda y el estilo de los arreglos sigue siendo el de una competente banda de sonoridad jazzística con buena versatilidad a la hora de interpretar blues clásico o soul. Suenan como un moderno combo de música negra tocada por blancos con mucha clase y sentido de la tradición. No faltan arreglos de cuerdas tal como el artista realizara ya en Astral Weeks ( Just like Greta ) ni pinceladas folk del wistle de Paddy Moloney ( Celtic New Year ), con quien ya trabajara anteriormente, que dan ese exclusivo acento soul irlandés del que Morrison es dueño. Tampoco deja de guiñar el ojo a leyendas del blues tradicional, como resulta ser en Keep mediocrity at bay (“I´ve got to fight everyday to keep mediocrity at bay” ), donde realiza el entrañable aullido vocal que caracterizó a Sonny terry, al ritmar la voz en alternancia entre las respiraciones de la armónica y la imitación vocal del arreglo de viento que el cantante americano popularizó y que tan bien sonaba. Un homenaje más que resultón, respetuoso y eficaz. Es de hecho la canción con la que se abren sus conciertos, tras el pase instrumental de la banda.
Por otro lado, también aparece, para completar el abanico estilístico del album, algún corte de funk relajado y mecido como Carry on Regardness, sobre un patrón armónico bluesístico típico, donde el sentido del ritmo mantenido prima, ofreciendo una base cómoda para la declamación vocal, con una guitarra funky soportada por el hammond que se nutre del estilo de James Brown, filtrado a través del de su colega Dr. John, al estilo de Right time Wrong place. El funk de corte latino, a la manera de Ray Charles, lo hallamos en Gypsy in my soul, sobre una típica armonía de blues menor.
Es este disco en definitiva una colección de muy buenas canciones elaboradas sobre ortodoxas bases de estilo afroamericano resueltas con brillantez y mesura, donde la voz es como siempre la protagonista. Es difícil destacar canciones. Rozan todas la perfección. El disco sin duda no figurará entre los mejores discos del año en la mayoría de las listas pop, como tampoco lo hará el de Neil Young u otros registrados por algunos de los clásicos vivos el pasado año. No está de moda.
Un buen complemento a la escucha del disco es la grabación realizada del concierto de presentación del disco para la prensa que se puede descargar de la red, donde se puede ver lo que el artista ofrece en sus shows, con alguna que otra curiosidad, como la incorporación de arreglos sacados de canciones de James Brown o Stevie Wonder, entre otros, ya que a estas alturas una de las funciones de la música de Van Morrison es la de salvaguardar una tradición de la que cada vez quedan menos figuras vivas.
El pasado año ha sido escenario del retorno de algunos de los grandes artistas en diferentes campos de la música popular, sorprendiendonos algunos casos como el presente, ya que un nuevo disco de Stevie Wonder es una noticia rara, dado lo mucho que disminuyó su producción en los últimos 15 años. Los últimos lanzamientos los debemos de ir a buscar a los 90, con Conversation piece y el directo Natural Wonder, que supusieron en su momento la vuelta a la escena de uno de los creadores más relevantes de la música negra de la segunda mitad del pasado siglo. El disco es un bonito regalo para los seguidores del artista, y a ellos va dirigido. Quien no lo conozca no debe de empezar por aquí, ni por ningún disco posterior a Hotter than july (1980). Si gustará seguramente a los amantes del sonido acaramelado de la actual música negra comercial. Pero ello no define por sí solo al disco. Sin ser, como en algunas críticas puede leerse, el esperado retorno de Stevie a su fantástica etapa de los 70, si es la mejor versión que da de sí mismo desde hace 26 años y, salvando las distancias, contiene canciones que de haber sido grabadas en los 70 con el sonido del momento podrían figurar en sus grandes trabajos. Esto ocurre con todos los discos del músico sin excepción. De todos se rescata algo, con el reproche de haber utilizado la estética y tecnología del momento de manera casi siempre fallida a partir de un momento dado. Sin ir más lejos, en su anterior trabajo tenía canciones buenísimas, similares a otras de discos como Songs in the Key of Life (1976). Rain your love down, entre otras, podría haber figurado en ese vinilo.Uno no deja de pensar por qué no utiliza una batería en vez de cajas de ritmos ( la mayor parte de las baterías de sus discos clásicos las ha tocado él, como la práctica totalidad de los instrumentos ). La prudencia respecto a las texturas e instrumentos empleados marcan el envejecimiento o no de las obras musicales en incontables casos. En este disco, si bien no emplea la batería en todas las canciones, las bases si que reciben un tratamiento tímbrico más natural. No se trata de oír o no una caja de ritmos, si no el tipo de sonido que el artista elije.
John Hammond Jr.es un famoso cantante, armonicista y guitarrista blanco, hijo de John Hammond Sr., cazatalentos, productor y crítico de jazz de Columbia Records. Nacido en 1942 en New York, está considerado como uno de los grandes artistas blancos de blues de todos los tiempos, junto a Paul Butterfield, Mike Bloomfield o Dr. John. Su dilatada carrera, que aún continúa ( In your arms again, 2005 ), incluye alrededor de 30 discos, siendo al dia de hoy todo un clásico vivo y una referencia de primer orden dentro de su estilo.


