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Van Morrison - Magic Time

Publicado el Lunes 24 Abril 2006

Van Morrison
Magic Time
Geffen 2005

El disco de Van Morrison del pasado 2005, que hace el nº 34 más o menos en su carrera, sigue la linea marcada por su predecesor What´s Wrong with this picture (2003), siendo muy similar estilisticamente, estando al mismo nivel y siendo posiblemente incluso mejor. Representa un verdadero crisol de las músicas afroamericanas del siglo XX, pero no es en absoluto revivalista. Desde su perspectiva personal, el cantante continúa recreando magistralmente los diversos palos de la música negra, desde el blues de Chicago hasta el soul más fino, pasando por cortes de caliente jump blues, tocando funk a su manera moderada e incluyendo increíbles tiempos lentos que en una discografía del nivel del irlandés, sin un disco mediocre en su haber, cuesta ya clasificar de clásicos. El plano en el cual se mueve El Hombre no soporta esas consideraciones. Muchas décadas, demasiadas canciones buenas. Al igual que artistas como Tom Waits o Neil Young, exige ser puesto en una categoría aparte. No pertenece al mundo de la pop music, y como demuestra el contexto en el que son realizados sus recitales. Ha pasado hace tiempo a formar parte de la alta cultura. Seguirá editando discos excelentes hasta que se muera.
Este disco encantará a los que conozcan bien al artista, les gustará sin duda a los amantes de la música negra y será pasado por alto por la mayor parte del público más joven y acostumbrado a lo que la escena pop ofrece habitualmente. Se puede decir que si lo hubiese editado hace 30 años resultaría igualmente natural oirlo tal como es. Su estilo está más que asentado desde hace mucho tiempo, al cual sólo cabe contribuir no con innovación, sino con buenas canciones, como es el caso. No hay un solo tema del que se pueda decir que flojea. Es uno de esos discos que se pueden escuchar al completo, sin sentir la necesidad de saltarse canciones en el reproductor. Es, en ese sentido, un disco unitario. De Van Morrison sólo se espera que sea él mismo en su mejor versión, Magic Time produce esa sensación y posee un título adecuado por ello.
El conjunto de las canciones lo forman composiciones propias junto a versiones de Fats Waller ( la balada Lonely and blue, con coros doo wop ) y dos canciones sacadas del repertorio de Sinatra, This love of mine y I´m confessin, en la cual vuelve a solear con la armónica de la mejor manera, al igual que en algún que otro tema más.
El sonido de la banda y el estilo de los arreglos sigue siendo el de una competente banda de sonoridad jazzística con buena versatilidad a la hora de interpretar blues clásico o soul. Suenan como un moderno combo de música negra tocada por blancos con mucha clase y sentido de la tradición. No faltan arreglos de cuerdas tal como el artista realizara ya en Astral Weeks ( Just like Greta ) ni pinceladas folk del wistle de Paddy Moloney ( Celtic New Year ), con quien ya trabajara anteriormente, que dan ese exclusivo acento soul irlandés del que Morrison es dueño. Tampoco deja de guiñar el ojo a leyendas del blues tradicional, como resulta ser en Keep mediocrity at bay (“I´ve got to fight everyday to keep mediocrity at bay” ), donde realiza el entrañable aullido vocal que caracterizó a Sonny terry, al ritmar la voz en alternancia entre las respiraciones de la armónica y la imitación vocal del arreglo de viento que el cantante americano popularizó y que tan bien sonaba. Un homenaje más que resultón, respetuoso y eficaz. Es de hecho la canción con la que se abren sus conciertos, tras el pase instrumental de la banda.
Por otro lado, también aparece, para completar el abanico estilístico del album, algún corte de funk relajado y mecido como Carry on Regardness, sobre un patrón armónico bluesístico típico, donde el sentido del ritmo mantenido prima, ofreciendo una base cómoda para la declamación vocal, con una guitarra funky soportada por el hammond que se nutre del estilo de James Brown, filtrado a través del de su colega Dr. John, al estilo de Right time Wrong place. El funk de corte latino, a la manera de Ray Charles, lo hallamos en Gypsy in my soul, sobre una típica armonía de blues menor.
Es este disco en definitiva una colección de muy buenas canciones elaboradas sobre ortodoxas bases de estilo afroamericano resueltas con brillantez y mesura, donde la voz es como siempre la protagonista. Es difícil destacar canciones. Rozan todas la perfección. El disco sin duda no figurará entre los mejores discos del año en la mayoría de las listas pop, como tampoco lo hará el de Neil Young u otros registrados por algunos de los clásicos vivos el pasado año. No está de moda.
Un buen complemento a la escucha del disco es la grabación realizada del concierto de presentación del disco para la prensa que se puede descargar de la red, donde se puede ver lo que el artista ofrece en sus shows, con alguna que otra curiosidad, como la incorporación de arreglos sacados de canciones de James Brown o Stevie Wonder, entre otros, ya que a estas alturas una de las funciones de la música de Van Morrison es la de salvaguardar una tradición de la que cada vez quedan menos figuras vivas.

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Stevie Wonder - A Time To Love

Publicado el Lunes 24 Abril 2006

Stevie Wonder
A time to love
Motown 2005

El pasado año ha sido escenario del retorno de algunos de los grandes artistas en diferentes campos de la música popular, sorprendiendonos algunos casos como el presente, ya que un nuevo disco de Stevie Wonder es una noticia rara, dado lo mucho que disminuyó su producción en los últimos 15 años. Los últimos lanzamientos los debemos de ir a buscar a los 90, con Conversation piece y el directo Natural Wonder, que supusieron en su momento la vuelta a la escena de uno de los creadores más relevantes de la música negra de la segunda mitad del pasado siglo. El disco es un bonito regalo para los seguidores del artista, y a ellos va dirigido. Quien no lo conozca no debe de empezar por aquí, ni por ningún disco posterior a Hotter than july (1980). Si gustará seguramente a los amantes del sonido acaramelado de la actual música negra comercial. Pero ello no define por sí solo al disco. Sin ser, como en algunas críticas puede leerse, el esperado retorno de Stevie a su fantástica etapa de los 70, si es la mejor versión que da de sí mismo desde hace 26 años y, salvando las distancias, contiene canciones que de haber sido grabadas en los 70 con el sonido del momento podrían figurar en sus grandes trabajos. Esto ocurre con todos los discos del músico sin excepción. De todos se rescata algo, con el reproche de haber utilizado la estética y tecnología del momento de manera casi siempre fallida a partir de un momento dado. Sin ir más lejos, en su anterior trabajo tenía canciones buenísimas, similares a otras de discos como Songs in the Key of Life (1976). Rain your love down, entre otras, podría haber figurado en ese vinilo.Uno no deja de pensar por qué no utiliza una batería en vez de cajas de ritmos ( la mayor parte de las baterías de sus discos clásicos las ha tocado él, como la práctica totalidad de los instrumentos ). La prudencia respecto a las texturas e instrumentos empleados marcan el envejecimiento o no de las obras musicales en incontables casos. En este disco, si bien no emplea la batería en todas las canciones, las bases si que reciben un tratamiento tímbrico más natural. No se trata de oír o no una caja de ritmos, si no el tipo de sonido que el artista elije.
Son 15 temas de los cuales la mayoría son buenos, excelentes unos pocos, que suelen ser los tiempos lentos, como Moon blue ( una canción perfecta, a su máximo nivel ), True love, Passionate raindrops o How will I know.
El funk está en Tell your heart I love you o Please don´t hurt my baby, que podrían estar incluidos en sus discos de hace 30 años, por el tratamiento rítmico y la labor de los teclados, de los cuales en su dia fue un importante innovador.
Respecto a la voz, está en su mejor estado y no ha perdido nada con el paso de las décadas, empleándola en numerosas ocasiones como instrumento improvisador, consiguiendo momentos brillantes, como Moon blue, donde se ríe literalmente de su propio virtuosismo. Hay duetos con cantantes femeninas, como su hija Aisha Morris o India.Arie, así como aportaciones de Prince, el reverendo Kirk Franklin al frente de su coro o Paul Mcartney ( que pone su guitarra en el tema que cierra y da título al disco, que desgraciadamente posee un alto índice de infumabilidad ). No son colaboraciones del estilo mercantil de Carlos Santana y Clive Davies, pasando desapercibidas casi por completo.
Estamos pues ante un buen disco que podría haber sido mejor si se recortase, mostrando de este modo las dos caras del artista: la muy admirada de los años 70 y, en menor dosis, afortunadamente, la tan denostada de los 80. Ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo fuente de inspiración, referencia y altísimo listón para cantantes, compositores, arreglistas, armonicistas, teclistas y baterías.

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John Hammond Jr. - Southern Fried

Publicado el Lunes 24 Abril 2006

John Hammond Jr.
Southern Fried.
Atlantic. 1969.

John Hammond Jr.es un famoso cantante, armonicista y guitarrista blanco, hijo de John Hammond Sr., cazatalentos, productor y crítico de jazz de Columbia Records. Nacido en 1942 en New York, está considerado como uno de los grandes artistas blancos de blues de todos los tiempos, junto a Paul Butterfield, Mike Bloomfield o Dr. John. Su dilatada carrera, que aún continúa ( In your arms again, 2005 ), incluye alrededor de 30 discos, siendo al dia de hoy todo un clásico vivo y una referencia de primer orden dentro de su estilo.
En estos años, entre el 67 y el 69, importantes nombres consagrados del blues clásico se dejaron influenciar por las aportaciones de James Brown, Jimi Hendrix y otros. El blues ganó versatilidad y fuerza rítmica. Su paleta sonora fue ampliada mediante el uso de vientos, pianos eléctricos y órganos hammond. El virtuosismo individual se convirtió en un valor en alza, pero sin los excesos que posteriormente saturarían el mercado de discos basados más en la capacidad de los solistas que en la canción en si. Valgan como ejemplo de lo dicho más arriba dos producciones de ese momento, de B.B.King ( Completelly well, donde registró su famoso The thrill is gone ) y de Muddy Waters, ( Electric Mud, que casi parece ideado por Hendrix ). El nuevo concepto consistía en mezclar el estilo del blues de Chicago de los 50 con el rhythm´n´blues, el funk y el soul.
Es este un disco integrado por canciones: la voz manda, no está sobrepasada por los solos. En Southern fried hallamos a una banda integrada por grandes músicos del estilo, como Roger Hawkins y Eddie Hinton, así como el fino toque del slide guitar de Duane Allman en cuatro cortes. El trabajo de la sección rítmica es soberbio, favorecido por la cálida producción del disco, nada extraña si nos situamos en esa fecha. Las canciones están firmadas por nombres como Willie Dixon, Muddy Waters, Chuck Berry o Howlin Wolf entre otros, transformadas y adaptadas al estilo hipervitamínico del album. Es un disco muy bailable. Destacan en este sentido el Nadine de Berry, y el You´ll be mine de Howlin wolf, donde el funk arcaico se construye sobre una base rotunda, repetitiva y caliente que sirve de soporte para la voz y los solos. Hammond toca la armónica menos de lo habitual, destacando en este sentido en Riding in the moonlight o Don´t go no further, con los vientos como colchón impulsor del fraseo. El shuffle tiene momentos como I´m leaving you, rompiendo con la ortodoxia al apoyarse sobre un piano eléctrico en vez del acústico, algo que se repite en más canciones. El estilo latino mixturado y primitivo de New Orleans está presente en I´m tore down, con maracas, al estilo Diddley. El trabajo de la batería está en un punto intermedio entre la la tradición de lo robusto y comedido y lo que los años posteriores traeran en cuanto a independencia y profusión de breaks, llevando a los tambores hacia un plano más adelantado. Hay pocos tiempos lentos. Uno es It´s too late, basada en el fender rhodes y las escobillas, cantada en un estilo cercano a Elvis, pero repleto de las inflexiones vocales en falsete que son marca del autor. Hay quienes no consideran a Hammond un gran cantante, dado su particular modo de colocar la voz y sus continuos cambios de registro, que muchas veces parecen un poco locos y dejados, pero desde luego, además de ser una cuestión de gustos, se trata de un excelente intérprete donde los posibles defectos o carencias se suplen con fuerza, rotundidad y mucho calor, dando como resultado un estilo personal e inconfundible. Aunque no sea considerado uno de los mejores discos del artista, no deja de ser merecedor de esta reseña dada la vitalidad, invitación al baile y diversión que contiene, además del alto nivel instrumental. Un buen disco para quienes sean profanos del estilo o no traguen facilmente los discos y artistas más tradicionales.Una gran parte del blues, blanco o negro, sonaba así en 1969.

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