archivos Jose Gutierrez

Van Morrison, Madrid (15/01/2006)

Publicado el Viernes 19 Mayo 2006

Van Morrison
Palacio de Congresos. Madrid.
Domingo 15 de Enero 2006.

Van Morrison ha vuelto a actuar en la ciudad trayendo un repertorio centrado en su excelente disco del pasado año, con algún adelanto de lo que será su nuevo material, de inminente publicación. Pese al desagradable coste de las entradas, el concierto del cantante registró un lleno casi total. El público venía a ser una mezcla de edades con tendencia a la franja de entre los 30 y los 50 años, lo cual resulta natural, dada la edad del cantante, que no por ello decae en cuanto a la cantidad y el nivel de su producción en estudio y su puesta en escena en vivo. Al igual que otros artistas clásicos que también han publicado buenos discos en 2005, como Neil Young, Paul Mcartey o John Cale, trae un conjunto de canciones más que digno y apetecible de ser escuchado en vivo, sin tener que echar mano por necesidad de éxitos pasados, como así resultó ser, siendo en resumen una concierto centrado en Magic time y bien equilibrado en cuanto a la inclusión de temas de discos anteriores.
El recital tuvo como apertura una introducción instrumental a cargo de la banda, formada por un núcleo básico de guitarra (dirección musical), bajo, piano y batería, a los que se suman los vientos y una dinámica y ecléctica percusionista. El inicio ya daba una de las claves del concierto en cuanto al funcionamiento interno de la formación, ya que siendo adecuada, dado que la elección del instrumental de apertura fue acertada ( un rythm´n´ blues muy clásico en el que los diferentes solista se dan el pase en breves intervenciones solistas que pretenden calentar el ambiente ), falló precisamente en esto, en cuanto a lo dubitativo o temeroso de su salida, pues realmente no parecieron estar suficientemente sueltos como para conseguir el efecto deseado. Se intuía sin duda el alto nivel de los músicos, mas se notó enormemente la falta de fuerza y decisión al abordar un tema de estas características, e incluso por momentos pudieron parecer una especie de alumnos aventajados de una escuela de música que ofrecen un recital para padres y amigos. Careció de calor y del carácter necesario. Es un tipo de introducción clásica en este tipo de artistas, no tan osada como puede hacerlo un James Brown incluso al dia de hoy, pero si con esa misma función, en el que se debe de dejar ver lo que se va a ofrecer a continuación, a la vez que los músicos deben de mostrar sus recursos expresivos y el porqué de que la figura los lleve consigo, lo cual no era fácil de imaginar por la timidez con la que comenzaron. Un simple ejercicio que rápidamente fue olvidado tras la irrupción del cantante.
El concierto comenzó, como viene siendo habitual en esta gira, con Keep mediocrity at bay, del último disco, un blues al estilo Chicago, en el que Morrison toca la armónica y que sirve de excelente entrada. Un verdadero ejercicio de estilo con ritmo y punch, dejando claro dónde está una buena parte de sus raices. El estilo de la música interpretada está completamente centrado en el sonido de las últimas producciones del cantante, que prácticamente se está situando como un auténtico reducto y fortín del rhythm´n´ blues clásico, interpretado tal como los músicos de jazz lo hacen. Aunque no deja de tocar algún que otro clásico, como Moondance (especialmente ovacionado), el concierto discurrió felizmente por la interpretación de la mayoría de las canciones de su último disco, que verdaderamente sonaron impecables y emotivas durante toda la sesión. La estructura básica de los temas resultaba ser prácticamente idéntica: presentación del tema cantado, ronda de solos a modo de banda de jazz, vuelta al tema y final. Los solistas dejaron clara su valía, destacando especialmente el saxo, que fue el que más hizo vibrar al público con sus intervenciones, dejando entrever que lleva betún en las venas, manejando tanto el tenor como el barítono y encargándose de crear los momentos instrumentales más hot de la noche, así como el trompetista, que también tocó la flauta en Celtic New Year. El pianista mostró su formación y gustos en un discurso más jazzístico que soul. A su vez, la talla de Morrison como instrumentista quedaba más que clara cuando hacía sección con su saxo uniéndose a los vientos, sobre todo al interpretar las canciones jump al estilo Louis Jordan. Lo comentado arriba sobre lo revelador de la introducción fue confirmado durante todo el bolo. Sin duda debe de existir alguna clase de amedrentamiento entre los músicos que Van Morrison contrata, ya que casi nunca esta noche acababan de arrancar y tocar a placer, exceptuando quizás al saxo. Parece que la personalidad del cantante domina por completo a la banda, lo cual es lógico, pero parece ser excesivo en la práctica. Todo resultaba estar demasiado estudiado y poco suelto, muy acorde con las expectativas que un recinto como el Palacio de Congresos puede despertar. Es música negra, pero a veces en exceso domada. Todo muy correcto, demasiado casi siempre. Se debe de marcar una diferencia entre las canciones del disco y su representación en vivo. Aquí se hizo, pero echando mano de una estructuración de las mismas basada en rondas cerradas que no dejaban huecos a lo inesperado. Pero bueno, ese es el resultado de la voluntad del jefe, cuya actuación fue sin duda exquisita y emotiva en todo momento. Abre la boca y no hay más que decir. Eso si, sin dirigirse jamás al público: ni hola ni thank you ni hasta otra ( 90 minutos de reloj ), lo cual no importa tampoco tanto, pero sin duda no contribuye a la relajación y mayor goce del respetable. Hubo un calculado bis en el que Morrison interpretó a Sonny Boy ( Help me ), como viene haciendo desde hace más de 30 años y que sonó excelentemente. Punto y final.
El público disfrutó cuanto pudo del recital. Se notó la típica falta de familiaridad con el nuevo repertorio y un exceso de ganas de justificar el pago de la entrada, aplaudiendo sin ton ni son a la menor oportunidad, tras cada solo y especialmente cuando sonaba algún clásico añejo. No fue tanto el ruido respecto a las nuevas composiciones, que sin duda ya forman parte de su mejor legado. Ello es más que normal.
Pese a todo lo dicho, un muy buen concierto de alguien que seguramente no podría salir a un escenario si no diese, al menos, lo que esa noche ofreció.

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The Flaming Lips - At War With The Mystics

Publicado el Viernes 19 Mayo 2006

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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Richard Hawley - Coles Corner

Publicado el Viernes 19 Mayo 2006

Richard Hawley.
Coles corner.
Mute U.S. 2005.

Richard Hawley es más conocido por haber girado como guitarrista de Pulp. Ha sido músico de sesión para artistas como Perry Farrell, Beth Orton, Robbie Williams o Nancy Sinatra. Tocó en el grupo pop ochentero Treebound Story y conoció la fama y los excesos con Longpigs en los 90. Se aproxima a los 40 años y tiene 4 discos.Llama la atención en el cantante y guitarrista su timbre vocal, viril, seco, cálido, grave y con un leve vibrato al rematar las frases que lo acerca mucho al estilo vocal de Elvis Presley, Johnny Cash o Scott Walker. Ha sido calificado de nuevo crooner, lo cual es una falta de precisión un poco torpe, y conlleva un encasillamiento innecesario. El estilo es practicamente country, folk norteamericano, a veces pop. Melancólico, lleno de añoranza y ensoñación, sus texturas y los sonidos de las guitarras se encargan de acentuar la cualidad vocal de la que emana este efecto. En estas canciones casi no hallamos solos ni pasajes instrumentales que vayan más allá del breve reposo y el arreglo comedido.
Tiene una calidad compositiva alta, en un plano distinto al poprock. Scott Walker telefoneó personalmente al artista para felicitarlo, y Nancy Sinatra estuvo encantada de llevarlo como acompañante, resultando que alguna noche tenía más éxito su combo, que realizaba la apertura al recital de la diva, que ella misma. Sus canciones parecen haber sido oidas antes. Se asimila en esta obra a una tradición compositiva e interpretativa clásica. Es un disco agradecido, resultando natural escucharlo de principio a fín tal como ha sido ideado. Es corto ( 11 piezas breves ). Al principio puede no ser tomado en serio, resultar parecido a nombres demasiado evidentes, pero tras las sucesivas escuchas se perciben una sinceridad y entrega artesanal absolutas.
La idea que sirve de base al disco está en el título, que es la esquina de unos almacenes en su ciudad natal de Sheffield, tradicional punto de encuentro de amigos y amantes.
Entre los músicos que participan, cabe destacar al encargado de los arreglos de cuerda, Collin Elliott. Su trabajo es excelente en la apertura del disco y sobre todo en The ocean, con unos arreglos que tienden a lo épico, próximos al estilo de una banda sonora y con un ligero toque impresionista, una de las mejores canciones del disco. Cuando el cantante sube una octava en la recta final de la canción, repitiendo el estribillo, acompañado por la creciente intensidad de las cuerdas y apareciendo un nuevo arreglo de guitarra hasta que la voz llega hasta la última frase, consigue un resultado conmovedor.
Contiene algunas texturas jazzísticas ( Coles corner, con acompañamiento de contrabajo y sección de cuerdas ) a veces sonando a balada de rhythm´n´blues juvenil cincuentero ( Hotel room, con el piano meciendo gustosamente el ritmo durante todo el tema y una base armónica sobre la que se habrán escrito cientos de temas, con un delicioso slide adornando ), en otros momentos suena a country clásico, como en Just like the rain, a ritmo de tren elaborado con escobillas ( que predominan sobre las baquetas en toda la grabación ). El sonido obtenido en la mezcla destaca los timbres naturales de los instrumentos, siendo sumamente agradable.
Remata con una disolución realizada mediante dos canciones, un a capella, Who´s gonna shoe your pretty little feet , sobre una delicada melodía, y el instrumental Last orders, muy cercano a los experimentos de M. Ward, con quien tiene en común su afecto hacia la música tradicional. Consigue así dejar al oyente en un placentero estado de reposo final. Destacan también las baladas Tonight y Darlin´ wait for me, exquisitas.
Muy buen disco, en resumen, superando sus anteriores trabajos y altamente recomendable.

Publicado por Jose Gutierrez / Archivado en:Discos
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