M. Ward
Transistor radio
Merge 2005
En España es aún desconocido. Muy poco se le nombra por acá y quizá no mucho en los USA. Uno de los grandes autores norteamericanos de los últimos años, muy arraigado en la tradición musical de su paÃs, su aportación más relevante es la de ser un perfecto ejemplo de creación musical de nivel más allá de cualquier tipo de innovación aparte de crear canciones atemporales. El arte de la canción en sÃ, tal como ha sido trabajado durante décadas. Inicialmente apadrinado por Howe Gelb, firma con el sello Merge a partir de su anterior disco. Podeis coger cualquiera de sus 3 albumes, excelentes. De estilo country-folk, con tintes blues a veces, pop en un sentido amplio. Versionea por igual a Beach Boys, Bowie o Bach siendo M. Ward el resultado siempre. Con apego por el sonido de discos antiguos y el calor de la música de la radio, crea un espacio acústico propio. Trabaja las canciones a través de paisajes sonoros evocadores y cálidos, empleando para ello a veces efectos y montajes de estudio que sutilmente consiguen el efecto de preparar gratamente el oÃdo para las canciones. Abre un instrumental, You still believe in me ( Pet sounds ), preparando tranquilamente lo que vendrá a continuación. One life away es una deliciosa canción salida como de otra época, mimando al máximo el oÃdo del oyente mediante un logrado sonido vintage y una redonda melodÃa que transmite una sensación de equilibrio y estatismo, de presente absoluto. Cogiendo impulso, Sweet hearts on parade introduce el ritmo y la presencia de la banda tocando lo justo, una guitarra que suena en el horizonte, escobillas, sonido de clave y efecto de eco en la voz que siguen manteniendo la sensación de estar en un terreno suave y etéreo. Fuel for fire es otra de las grandes canciones, perfectamente desarrollada, introduciendo en la mitad un breve piano que dibuja muy pocas notas, sueltas, casi como si fuese un guiño o un sampler, coros lejanos y cuerdas introducidas levemente, como si proviniesen de una radio no del todo bien sintonizada. Menos es más. La melodÃa vocal es una verdadera maravilla. Todo cambia con Four hours in Washigton, con mayor presencia del grupo, ritmo creciente de tren y desgarro en la voz. Logrados arreglos de cuerda y acertado acompañamiento baterÃstico para una tensa canción que tiene continuidad en el instrumental siguiente, Regeneration nº1, punto en el que la máxima intensidad del disco es alcanzada por el combo, en estupendas cadencias con cortes latinos.Triste y rabiosa. Big boat es la canción más alegre, rÃtmica, sobre un patrón de r´n´r clásico y un juguetón piano que ejerce de puente, proporcionado un aire dinámico y ferial. Vuelve a la calma con Paul´s song, que ya no abandonará. Otra de las mejores composiciones, con un slide tradicional que proporciona la calidez precisa. El resto discurre por este terreno. Todas son buenas, cerrándose con una versión del Clave bien temperado, que parece suya.
En cuanto al estilo vocal de Ward, se trata de un cantante con una voz ligeramente quebrada, de amplio registro y que se sitúa normalmente en lo grave. Suena masculino y maduro, sin vacilar al ampliar a los agudos o al falsete, sin florituras ni impostación alguna. Auténtico y puro. Cálido como pocos. Suele doblar la voz y emplear a veces coros femeninos muy country. Su voz es su mejor atributo, totalmente inconfundible. Predomina lo acústico, las escobillas y los platos con cola, el slide, el piano, siempre discreto. Una coherencia instrumental realmente lograda. La calma domina el conjunto y la melancolÃa es su estado natural, sin afectación. Quizá siendo un disco más corto lograrÃa la perfección, siendo sin duda uno de los mejores discos del pasado año, ajeno a las listas, por otra parte. Muy prometedor. Probablemente uno de los grandes para el futuro, aunque con esto ha dicho ya mucho. Muy recomendable para los afines a esta página.
Loose Fur está formado por Jeff Tweedy y Glenn Kotche de Wilco y el que ha sido miembro de Sonic Youth e importante elemento creativo en ambas formaciones, Jim O´Rourke, multinstrumentista, cantante, compositor, técnico y productor de carácter vanguardista. Esperando la publicación del nuevo material de Wilco, sobre el que tanta expectación se proyecta, recibimos el nuevo disco del trio, segundo en tres años. A los seguidores de Wilco les encantará, con composiciones de Tweedy a su mejor nivel, algunas de las cuales podrÃan estar en los discos de su banda. No se trata de material de valor secundario, son todas excelentes canciones. Lo que define el contenido es la colaboración entre O´Rourke y Wilco, estos últimos reducidos a lo esencial: voz acompañada de guitarras y percusión, de estilo folk-rock con una discreta dosis de experimentación propia sobre todo de O´Rourke, con la referencia de su Insignificance (2001) muy presente. Juegan con la ventaja de la ausencia de necesidad de proyección comercial del producto, lo que le aporta una grata dosis de frescura y relax.
Junior Wells nació cerca de Memphis en 1934 y murió en 1998. Sale en Blues Brothers 2000. Junto con Little Walter, Junior Parker y otros, es uno de los maestros de la moderna armónica de blues y una de las mejores voces del blues grabado, con un estilo fuerte y único. Seco, viril, grave, amplio y profundo. Representa el blues moderno de Chicago a la perfección: Hoodoo man blues es el abc del estilo para todo el que quiera saber de qué iba el tema. Su primer largo como solista. Aprendió de Junior Parker y comenzó en serio con los hermanos Myers en los mÃticos Aces, cuando el combo fue completado con Fred Below, baterÃa de jazz reconvertido al blues, maestro de los tambores presente en cientos de grabaciones. Entró en la banda de Muddy Waters cuando Little Walter, a raÃz de su primer éxito, Juke, dejó la formación en 1952, para dirigir a los Aces, cuarteto con dos guitarristas, sin bajo. Waters poseÃa la que es considerada banda paradigmática del blues de Chicago, escuela de futuras figuras, similar a las formaciones de Miles Davis. En ella se forjó Wells hasta llegar a publicar su música. Previamente a este disco, grabó, entre otros, con el primo de John Lee Hooker, Earl Hooker, pionero del wah wah y de la experimentación guitarrÃstica. Con él registró uno de sus temas más populares, Messin´ with the kid. Hoodoo man blues está considerado como uno de los mejores discos de blues de todos los tiempos. Además de tirar por tierra numerosos tópicos y no abrumar en momento alguno con virguerÃas, de las que eran muy capaces, ofrecen un conjunto de canciones en las que destaca el sonido, excelente y fiel al directo. Presenta la actitud del estilo en su justo punto, ni más ni menos. Lo más caracterÃstico es lo comedido de la interpretación: nunca llega a explotar del todo, sino que hay un control total y genuino sobre el flujo sonoro. Cada elemento suena en su momento y no se prolonga más allá. Alcanza la cresta y vuelve al caudal, multiplicando su fuerza y poder expresivo. 100% actitud. Abre el vinilo Snatch it back and hold it y no deja lugar a dudas, con continuos cortes vocales y de armónica apoyando el ritmo, llevando al conjunto. Wells pertenece a otra generación diferente a la de Waters o Walter, el rhythm´n´blues y el funk primigenio ya estaban ahÃ, por lo que en el disco la variedad de palos es amplia, pero en un primitivo y conciso formato, sin florituras ni sobrearreglos. El cuarteto, completado por Buddy Guy, Jack Myers y Billy Warren toca exactamente lo justo en torno siempre a la voz. Los temas son, además de Wells y Guy, de Leiber&Stoller (impresionante Hound Dog acelerado, en modo menor), Sonny Boy II ( posiblemente el Good morning school más hot grabado) y otros como Kenny Burrell (Chitlins con carne, instrumental de rhythm´n´blues latino que junto a We´re ready demuestran la versatilidad y empaste de la banda). El disco se completa con algún blues lento en menor compensando la furia del resto. In the wee smalls hours of the morning es un semiinstrumental donde la melancolÃa amplÃa el campo emocional de la obra. You don´t love me baby tiene en este disco una de sus mejores versiones también, asà como Hey lawdy mama, donde la guitarra y la armónica se complementan a la perfección, con frases percusivas de respuesta de Guy sobre el bajo de Myers, que en casi todo el disco toca más notas de las habituales en el estilo, sin cansar, un poco por herencia de los Aces: se sale del canon para redefinirlo como pocas veces ocurre. Exquisito el trabajo de Guy a la guitarra, tocando prácticamente ritmo puro, de acuerdo con la tónica del disco, en la que no sobresale ninguno de los cuatro sobre el resto, trabajando las frases cortas, la repetición de motivos simples, los riffs y el ataque del conjunto sobre las partes fuertes. Los acentos rÃtmicos determinan el carácter de los temas. La armónica de Wells es oro puro, dominando los graves y las frases contenidas, cortantes, con un flujo sonoro casi tangible. Blues puro y duro.
La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecÃa imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caÃda total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadÃsimos, donde, como ocurrÃa en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.

