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M. Ward - Transistor Radio

Publicado el Domingo 2 Julio 2006

M. Ward
Transistor radio
Merge 2005

En España es aún desconocido. Muy poco se le nombra por acá y quizá no mucho en los USA. Uno de los grandes autores norteamericanos de los últimos años, muy arraigado en la tradición musical de su país, su aportación más relevante es la de ser un perfecto ejemplo de creación musical de nivel más allá de cualquier tipo de innovación aparte de crear canciones atemporales. El arte de la canción en sí, tal como ha sido trabajado durante décadas. Inicialmente apadrinado por Howe Gelb, firma con el sello Merge a partir de su anterior disco. Podeis coger cualquiera de sus 3 albumes, excelentes. De estilo country-folk, con tintes blues a veces, pop en un sentido amplio. Versionea por igual a Beach Boys, Bowie o Bach siendo M. Ward el resultado siempre. Con apego por el sonido de discos antiguos y el calor de la música de la radio, crea un espacio acústico propio. Trabaja las canciones a través de paisajes sonoros evocadores y cálidos, empleando para ello a veces efectos y montajes de estudio que sutilmente consiguen el efecto de preparar gratamente el oído para las canciones. Abre un instrumental, You still believe in me ( Pet sounds ), preparando tranquilamente lo que vendrá a continuación. One life away es una deliciosa canción salida como de otra época, mimando al máximo el oído del oyente mediante un logrado sonido vintage y una redonda melodía que transmite una sensación de equilibrio y estatismo, de presente absoluto. Cogiendo impulso, Sweet hearts on parade introduce el ritmo y la presencia de la banda tocando lo justo, una guitarra que suena en el horizonte, escobillas, sonido de clave y efecto de eco en la voz que siguen manteniendo la sensación de estar en un terreno suave y etéreo. Fuel for fire es otra de las grandes canciones, perfectamente desarrollada, introduciendo en la mitad un breve piano que dibuja muy pocas notas, sueltas, casi como si fuese un guiño o un sampler, coros lejanos y cuerdas introducidas levemente, como si proviniesen de una radio no del todo bien sintonizada. Menos es más. La melodía vocal es una verdadera maravilla. Todo cambia con Four hours in Washigton, con mayor presencia del grupo, ritmo creciente de tren y desgarro en la voz. Logrados arreglos de cuerda y acertado acompañamiento baterístico para una tensa canción que tiene continuidad en el instrumental siguiente, Regeneration nº1, punto en el que la máxima intensidad del disco es alcanzada por el combo, en estupendas cadencias con cortes latinos.Triste y rabiosa. Big boat es la canción más alegre, rítmica, sobre un patrón de r´n´r clásico y un juguetón piano que ejerce de puente, proporcionado un aire dinámico y ferial. Vuelve a la calma con Paul´s song, que ya no abandonará. Otra de las mejores composiciones, con un slide tradicional que proporciona la calidez precisa. El resto discurre por este terreno. Todas son buenas, cerrándose con una versión del Clave bien temperado, que parece suya.
En cuanto al estilo vocal de Ward, se trata de un cantante con una voz ligeramente quebrada, de amplio registro y que se sitúa normalmente en lo grave. Suena masculino y maduro, sin vacilar al ampliar a los agudos o al falsete, sin florituras ni impostación alguna. Auténtico y puro. Cálido como pocos. Suele doblar la voz y emplear a veces coros femeninos muy country. Su voz es su mejor atributo, totalmente inconfundible. Predomina lo acústico, las escobillas y los platos con cola, el slide, el piano, siempre discreto. Una coherencia instrumental realmente lograda. La calma domina el conjunto y la melancolía es su estado natural, sin afectación. Quizá siendo un disco más corto lograría la perfección, siendo sin duda uno de los mejores discos del pasado año, ajeno a las listas, por otra parte. Muy prometedor. Probablemente uno de los grandes para el futuro, aunque con esto ha dicho ya mucho. Muy recomendable para los afines a esta página.

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Loose Fur - Born Again In The USA

Publicado el Domingo 2 Julio 2006

Loose Fur
Born Again In The USA
Drag City 2006

Loose Fur está formado por Jeff Tweedy y Glenn Kotche de Wilco y el que ha sido miembro de Sonic Youth e importante elemento creativo en ambas formaciones, Jim O´Rourke, multinstrumentista, cantante, compositor, técnico y productor de carácter vanguardista. Esperando la publicación del nuevo material de Wilco, sobre el que tanta expectación se proyecta, recibimos el nuevo disco del trio, segundo en tres años. A los seguidores de Wilco les encantará, con composiciones de Tweedy a su mejor nivel, algunas de las cuales podrían estar en los discos de su banda. No se trata de material de valor secundario, son todas excelentes canciones. Lo que define el contenido es la colaboración entre O´Rourke y Wilco, estos últimos reducidos a lo esencial: voz acompañada de guitarras y percusión, de estilo folk-rock con una discreta dosis de experimentación propia sobre todo de O´Rourke, con la referencia de su Insignificance (2001) muy presente. Juegan con la ventaja de la ausencia de necesidad de proyección comercial del producto, lo que le aporta una grata dosis de frescura y relax.

Comenzando por el último disco, encontramos por ejemplo una excelente canción en una onda The Kinks firmada por Tweedy que define perfectamente el ambiente de la grabación, al ser una sencilla tonada clásica, de perfecta construcción, con un coro silbado, The running class. El tema de apertura, Hey chicken, podría estar en un disco de Wilco, con un planteamiento rítmico en la onda de los dos últimos trabajos del grupo. En esa misma dirección se sitúa Apostilic, donde predomina lo instrumental, conteniendo breaks y desarrollos de los que probablemente Kotche sea responsable. En otras canciones reconocemos la mezcla total de la parte O´Rourke con la parte Wilco, como Wreckroom, a caballo entre el estilo de ambos, con una huella clarísima del batería, moviéndose entre la tranquilidad del canto de Tweedy y la explosión guitarrística, con un amplio desarrollo en el que el final es una coda ambiental que camina hacia el desvanecimiento.

El disco lo cierra de nuevo un tema de Tweedy, con ese toque beatle que a veces usa. Respecto a los temas cantados por O´Rourke, destacan Answers to your questions, íntima, sencilla y cálida; Stupid as the sun, en el polo opuesto: cortante, eléctrica y nuevamente con una estupenda labor por parte de Kotche que culmina el tema. Entre ambos, Thou shalt wilt, con un estilo pop clásico sostenido por el piano. Hay un tema que resume todos los recursos empleados: An ecumenical matter, que recuerda por momentos el estilo de los instrumentales de Captain Beefheart, con presencia de láminas, cencerro y protagonismo alterno de la guitarra y el piano, construído sobre la alternancia de diferentes partes.

Por otro lado, el primer disco, de menor duración, contiene estupendas composiciones igualmente, ya desde la primera, Laminated cat, con una primera parte estilo Wilco y un desarrollo instrumental característico del combo, sobre un estilo country-folk eléctrico, percusivo y suave. Elegant transaction, canción de O´Rourke clásica, con coros de Tweedy y excelentes partes instrumentales, rítmica y relajada, muy hermosa, también con un amplio desarrollo instrumental ligero, que es la tónica del disco: pocas y largas canciones. Lo mismo ocurre con la siguiente, So long, melancólica, plagada de sonidos y ruidos de guitarras y percusiones, pero con un precioso y pegadizo estribillo, nuevamente cantada por O´Rourke. You Were Wrong, preciosa, con el sello de Tweedy, de lo mejor del disco. Semejante es Chinese apple, también suya, completamente Wilco. Acústica, comedida, íntima y sobria. Es notable el buen equilibrio entre lo eléctrico lo acústico y el davaneo experimental, acercandose por momentos a ambientes propios de banda sonora, sencillos y minimalistas, siendo por ello paralelo al trabajo de Tweedy y Kotche en el soundtrack Chelsea Walls (2002).

En resumen, dos discos deliciosos que gustarán mucho a los que conozcan la obra de las personalidades que los integran, pasando desapercibidos para el gran público. Las portadas rematan la faena.

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Junior Wells - Hoodoo Man Blues

Publicado el Domingo 2 Julio 2006

Junior Wells
Hoodoo man blues
Delmark 1965

Junior Wells nació cerca de Memphis en 1934 y murió en 1998. Sale en Blues Brothers 2000. Junto con Little Walter, Junior Parker y otros, es uno de los maestros de la moderna armónica de blues y una de las mejores voces del blues grabado, con un estilo fuerte y único. Seco, viril, grave, amplio y profundo. Representa el blues moderno de Chicago a la perfección: Hoodoo man blues es el abc del estilo para todo el que quiera saber de qué iba el tema. Su primer largo como solista. Aprendió de Junior Parker y comenzó en serio con los hermanos Myers en los míticos Aces, cuando el combo fue completado con Fred Below, batería de jazz reconvertido al blues, maestro de los tambores presente en cientos de grabaciones. Entró en la banda de Muddy Waters cuando Little Walter, a raíz de su primer éxito, Juke, dejó la formación en 1952, para dirigir a los Aces, cuarteto con dos guitarristas, sin bajo. Waters poseía la que es considerada banda paradigmática del blues de Chicago, escuela de futuras figuras, similar a las formaciones de Miles Davis. En ella se forjó Wells hasta llegar a publicar su música. Previamente a este disco, grabó, entre otros, con el primo de John Lee Hooker, Earl Hooker, pionero del wah wah y de la experimentación guitarrística. Con él registró uno de sus temas más populares, Messin´ with the kid. Hoodoo man blues está considerado como uno de los mejores discos de blues de todos los tiempos. Además de tirar por tierra numerosos tópicos y no abrumar en momento alguno con virguerías, de las que eran muy capaces, ofrecen un conjunto de canciones en las que destaca el sonido, excelente y fiel al directo. Presenta la actitud del estilo en su justo punto, ni más ni menos. Lo más característico es lo comedido de la interpretación: nunca llega a explotar del todo, sino que hay un control total y genuino sobre el flujo sonoro. Cada elemento suena en su momento y no se prolonga más allá. Alcanza la cresta y vuelve al caudal, multiplicando su fuerza y poder expresivo. 100% actitud. Abre el vinilo Snatch it back and hold it y no deja lugar a dudas, con continuos cortes vocales y de armónica apoyando el ritmo, llevando al conjunto. Wells pertenece a otra generación diferente a la de Waters o Walter, el rhythm´n´blues y el funk primigenio ya estaban ahí, por lo que en el disco la variedad de palos es amplia, pero en un primitivo y conciso formato, sin florituras ni sobrearreglos. El cuarteto, completado por Buddy Guy, Jack Myers y Billy Warren toca exactamente lo justo en torno siempre a la voz. Los temas son, además de Wells y Guy, de Leiber&Stoller (impresionante Hound Dog acelerado, en modo menor), Sonny Boy II ( posiblemente el Good morning school más hot grabado) y otros como Kenny Burrell (Chitlins con carne, instrumental de rhythm´n´blues latino que junto a We´re ready demuestran la versatilidad y empaste de la banda). El disco se completa con algún blues lento en menor compensando la furia del resto. In the wee smalls hours of the morning es un semiinstrumental donde la melancolía amplía el campo emocional de la obra. You don´t love me baby tiene en este disco una de sus mejores versiones también, así como Hey lawdy mama, donde la guitarra y la armónica se complementan a la perfección, con frases percusivas de respuesta de Guy sobre el bajo de Myers, que en casi todo el disco toca más notas de las habituales en el estilo, sin cansar, un poco por herencia de los Aces: se sale del canon para redefinirlo como pocas veces ocurre. Exquisito el trabajo de Guy a la guitarra, tocando prácticamente ritmo puro, de acuerdo con la tónica del disco, en la que no sobresale ninguno de los cuatro sobre el resto, trabajando las frases cortas, la repetición de motivos simples, los riffs y el ataque del conjunto sobre las partes fuertes. Los acentos rítmicos determinan el carácter de los temas. La armónica de Wells es oro puro, dominando los graves y las frases contenidas, cortantes, con un flujo sonoro casi tangible. Blues puro y duro.

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Van Morrison, Madrid (15/01/2006)

Publicado el Viernes 19 Mayo 2006

Van Morrison
Palacio de Congresos. Madrid.
Domingo 15 de Enero 2006.

Van Morrison ha vuelto a actuar en la ciudad trayendo un repertorio centrado en su excelente disco del pasado año, con algún adelanto de lo que será su nuevo material, de inminente publicación. Pese al desagradable coste de las entradas, el concierto del cantante registró un lleno casi total. El público venía a ser una mezcla de edades con tendencia a la franja de entre los 30 y los 50 años, lo cual resulta natural, dada la edad del cantante, que no por ello decae en cuanto a la cantidad y el nivel de su producción en estudio y su puesta en escena en vivo. Al igual que otros artistas clásicos que también han publicado buenos discos en 2005, como Neil Young, Paul Mcartey o John Cale, trae un conjunto de canciones más que digno y apetecible de ser escuchado en vivo, sin tener que echar mano por necesidad de éxitos pasados, como así resultó ser, siendo en resumen una concierto centrado en Magic time y bien equilibrado en cuanto a la inclusión de temas de discos anteriores.
El recital tuvo como apertura una introducción instrumental a cargo de la banda, formada por un núcleo básico de guitarra (dirección musical), bajo, piano y batería, a los que se suman los vientos y una dinámica y ecléctica percusionista. El inicio ya daba una de las claves del concierto en cuanto al funcionamiento interno de la formación, ya que siendo adecuada, dado que la elección del instrumental de apertura fue acertada ( un rythm´n´ blues muy clásico en el que los diferentes solista se dan el pase en breves intervenciones solistas que pretenden calentar el ambiente ), falló precisamente en esto, en cuanto a lo dubitativo o temeroso de su salida, pues realmente no parecieron estar suficientemente sueltos como para conseguir el efecto deseado. Se intuía sin duda el alto nivel de los músicos, mas se notó enormemente la falta de fuerza y decisión al abordar un tema de estas características, e incluso por momentos pudieron parecer una especie de alumnos aventajados de una escuela de música que ofrecen un recital para padres y amigos. Careció de calor y del carácter necesario. Es un tipo de introducción clásica en este tipo de artistas, no tan osada como puede hacerlo un James Brown incluso al dia de hoy, pero si con esa misma función, en el que se debe de dejar ver lo que se va a ofrecer a continuación, a la vez que los músicos deben de mostrar sus recursos expresivos y el porqué de que la figura los lleve consigo, lo cual no era fácil de imaginar por la timidez con la que comenzaron. Un simple ejercicio que rápidamente fue olvidado tras la irrupción del cantante.
El concierto comenzó, como viene siendo habitual en esta gira, con Keep mediocrity at bay, del último disco, un blues al estilo Chicago, en el que Morrison toca la armónica y que sirve de excelente entrada. Un verdadero ejercicio de estilo con ritmo y punch, dejando claro dónde está una buena parte de sus raices. El estilo de la música interpretada está completamente centrado en el sonido de las últimas producciones del cantante, que prácticamente se está situando como un auténtico reducto y fortín del rhythm´n´ blues clásico, interpretado tal como los músicos de jazz lo hacen. Aunque no deja de tocar algún que otro clásico, como Moondance (especialmente ovacionado), el concierto discurrió felizmente por la interpretación de la mayoría de las canciones de su último disco, que verdaderamente sonaron impecables y emotivas durante toda la sesión. La estructura básica de los temas resultaba ser prácticamente idéntica: presentación del tema cantado, ronda de solos a modo de banda de jazz, vuelta al tema y final. Los solistas dejaron clara su valía, destacando especialmente el saxo, que fue el que más hizo vibrar al público con sus intervenciones, dejando entrever que lleva betún en las venas, manejando tanto el tenor como el barítono y encargándose de crear los momentos instrumentales más hot de la noche, así como el trompetista, que también tocó la flauta en Celtic New Year. El pianista mostró su formación y gustos en un discurso más jazzístico que soul. A su vez, la talla de Morrison como instrumentista quedaba más que clara cuando hacía sección con su saxo uniéndose a los vientos, sobre todo al interpretar las canciones jump al estilo Louis Jordan. Lo comentado arriba sobre lo revelador de la introducción fue confirmado durante todo el bolo. Sin duda debe de existir alguna clase de amedrentamiento entre los músicos que Van Morrison contrata, ya que casi nunca esta noche acababan de arrancar y tocar a placer, exceptuando quizás al saxo. Parece que la personalidad del cantante domina por completo a la banda, lo cual es lógico, pero parece ser excesivo en la práctica. Todo resultaba estar demasiado estudiado y poco suelto, muy acorde con las expectativas que un recinto como el Palacio de Congresos puede despertar. Es música negra, pero a veces en exceso domada. Todo muy correcto, demasiado casi siempre. Se debe de marcar una diferencia entre las canciones del disco y su representación en vivo. Aquí se hizo, pero echando mano de una estructuración de las mismas basada en rondas cerradas que no dejaban huecos a lo inesperado. Pero bueno, ese es el resultado de la voluntad del jefe, cuya actuación fue sin duda exquisita y emotiva en todo momento. Abre la boca y no hay más que decir. Eso si, sin dirigirse jamás al público: ni hola ni thank you ni hasta otra ( 90 minutos de reloj ), lo cual no importa tampoco tanto, pero sin duda no contribuye a la relajación y mayor goce del respetable. Hubo un calculado bis en el que Morrison interpretó a Sonny Boy ( Help me ), como viene haciendo desde hace más de 30 años y que sonó excelentemente. Punto y final.
El público disfrutó cuanto pudo del recital. Se notó la típica falta de familiaridad con el nuevo repertorio y un exceso de ganas de justificar el pago de la entrada, aplaudiendo sin ton ni son a la menor oportunidad, tras cada solo y especialmente cuando sonaba algún clásico añejo. No fue tanto el ruido respecto a las nuevas composiciones, que sin duda ya forman parte de su mejor legado. Ello es más que normal.
Pese a todo lo dicho, un muy buen concierto de alguien que seguramente no podría salir a un escenario si no diese, al menos, lo que esa noche ofreció.

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The Flaming Lips - At War With The Mystics

Publicado el Viernes 19 Mayo 2006

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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