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Josh Rouse – Subtítulo

Publicado el martes 18 septiembre 2018

Josh Rouse
Subtítulo
Bedroom Classics 2006

Tras conocer a Paz Suay en un concierto en Valencia, surge la idea de quedarse en España (Altea, más concretamente). A Josh Rouse le gusta cambiar de aires, y nada mejor que un lugar apacible para descansar del anterior período de separación, viajes y conciertos. En su nuevo apartamento, rodeado de tranquilidad, disfrutando del paisaje y de su nueva pareja, surge este álbum, intentando mostrarse más él mismo, más desnudo, con menos arreglos. Aunque con un productor como Brad Jones (el mismo de los tres últimos discos), no pudo resistirse a incluir algunos acompañamientos a su guitarra (Marc Pisapia vino a España para tocar la batería y Brad Jones además de producir el álbum tocó el bajo y piano. Contó también con la voz de Paz Suay en el tema ‘The Man Who…’). La influencia de Joao Gilberto se nota en los ritmos bossa nova de muchos temas de este disco, conviviendo magistralmente con los estilos de folk, soul, funk o pop. Rouse es como una esponja al que le gusta ir absorbiendo todas las influencias que recibe allá por donde pasa. Y en este trabajo se nota la luz del mediterráneo, tranquilo pero optimista, sencillo pero brillante. Como los hombres sabios cuanto más aprende más sencillo se vuelve, con menos instrumentación y menos arreglos logra mostrar muchas más facetas en sus canciones, llenas de cordialidad y honradez.
Empieza el disco con un tema dedicado a Altea ‘Quiet Town’, ritmo de escobillas, voz suave, guitarra y bajo trotando con delicadeza entre arreglos de cuerda, silbidos y la imagen de un plácido paseo por el pueblo. ‘Summertime’ y ‘Wonderful’ son los temas más claramente influenciados por su reciente afecto hacia la bossa nova. Dos títulos en castellano ‘La Costa Blanca’ (instrumental) y ‘El otro lado’ (pop-folk cantado en inglés) dan muestra de su apego por nuestra tierra. ‘Jersey Clowns’ es un tema acústico con simples pero efectivos arreglos que nos muestra el lado más íntimo del cantautor. Con mayor proliferación en sus arreglos son los temas ‘It Looks Like Love’, ‘His Majesty Rides’, o ‘Givin’ it up’ que tras un breve comienzo con guitarra que despista, rapidamente se decanta por una vertiente funk-soul, pasando a ser la canción más saltarina del disco. También con aires soul pero más suave es ‘The man who…’ en la que hace dúo su actual pareja Paz Suay, cuya voz encaja perfectamente en el tema.
Finalizado el contrato con Rykodisc, saca este trabajo en su propio sello Bedroom Classics (nombre sacado de un anterior EP editado para fans), fundado en otoño de 2005 y utilizado hasta ahora para editar directos y exclusivas. El disco fue grabado en los estudios de Paco Loco del Puerto de Santa María y, como todos los que allí graban, dice que ha sido una de sus mejores experiencias (Paco Loco -y su mujer Muni ‘Maddening Flames’- se merecen sin duda un premio a la hospitalidad).
En una ocasión había comentado Josh Rouse: “Algunas de mis canciones son autobiográficas y otras son ficción…Viajo y escribo sobre lo que veo, la gente, sus cosas, la vida”. Y en este álbum sigue haciendo precisamente eso que él sabe hacer tan bien, dejar plasmadas en inspiradas canciones sus visiones y vivencias, en este caso a su paso por esta esquina soleada del planeta.

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Sentado en el muelle de la bahía

Publicado el domingo 2 septiembre 2018

Sentado al sol de la mañana
Seguiré sentado cuando la tarde caiga
Mirando los barcos llegar
Y mirándolos alejarse de nuevo

Estoy sentado en el muelle de la bahía
Mirando bajar la marea
Simplemente estoy sentado en el muelle de la bahía
Perdiendo el tiempo

Dejé mi hogar en Georgia
Rumbo a la bahía de San Francisco
No tengo nada por lo que vivir
Y parece que nada va a aparecer en mi camino

Así que simplemente voy a sentarme en el muelle de la bahía…

Parece que nada va a cambiar
Todo sigue igual
No puedo hacer lo que diez personas me dicen que haga
Así que creo que seguiré igual

Aquí sentado, descansando mis huesos
Y esta soledad que no quiere dejarme solo
Dos mil millas he recorrido
Sólo para hacer de este muelle mi hogar

Ahora simplemente voy a sentarme en el muelle de la bahía… (Seguir leyendo…)

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Por favor, permíteme lograr lo que quiero

Publicado el domingo 26 agosto 2018

Buenos tiempos para un cambio
Mira, la suerte que he tenido
haría que un buen hombre
se volviese malo

Así que por favor, por favor, por favor
pérmíteme, permíteme, permíteme
permíteme lograr lo que quiero
por esta vez

No he tenido un sueño desde hace mucho tiempo
Mira, la vida que he tenido
haría que un hombre bueno se volviese malo

Así que por una vez en mi vida
permíteme lograr lo que quiero
Dios sabe que sería la primera vez
Dios sabe que sería la primera vez

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La Madre de Sylvia

Publicado el domingo 19 agosto 2018

La madre de Sylvia dice “Sylvia está ocupada,
muy ocupada para ponerse al teléfono”.
La madre de Sylvia dice “Sylvia está intentando
comenzar una nueva vida que le pertenezca”.
La madre de Sylvia dice “Sylvia es feliz,
así que ¿por qué no la dejas sola”.
Y el operador dice “cuarenta centavos más
por los siguientes tres minutos”.

Por favor señora Avery, tengo que hablar con ella,
sólo será un momento
por favor señora Avery, sólo quiero decirle adiós

La madre de Sylvia dice “Silvia está haciendo el equipaje,
se marcha hoy”
La madre de Sylvia dice “Sylvia se va a casar
con un muchacho camino de Galveston”
La madre de Sylvia dice “por favor no le digas nada
que le haga empezar a llorar y quedarse”
Y el operador dice “cuarenta centavos más
por los siguientes tres minutos”.

Por favor señora Avery, tengo que hablar con ella,
sólo será un momento
por favor señora Avery, sólo quiero decirle adiós

La madre de Sylvia dice “Sylvia tiene prisa,
tiene que coger el tren de las nueve”
La madre de Sylvia dice “coge tu paraguas,
porque Sylvia, está comenzando a llover”
Y la madre de Sylvia dice “gracias por llamar
y caballero, ¿no quiere volver a llamar?”
Y el operador dice “cuarenta centavos más
por los siguientes tres minutos”.

Por favor señora Avery, tengo que hablar con ella,
sólo será un momento
por favor señora Avery, sólo quiero decirle adiós
Dígale adiós… Por favor… dígale adiós…

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Barzin – My life in rooms

Publicado el sábado 18 agosto 2018

Barzin
My life in rooms
moonpalace / monotreme 2006

Barzin Hosseini compaginaba los estudios de Literatura inglesa con tocar la batería en diferentes grupos de Toronto (Canadá), instrumento que iría abandonando, junto con los estudios, al sentirse más atraído por la composición de canciones, que le permitía unir su pasión por la música y la poesía. Decidió emprender un proyecto en solitario en 1995. De los compañeros que participaban en las grabaciones y actuaciones se irían sumando, pasando a formar parte fundamental del proyecto, Mike Findlay (multiinstrumentista, diseñador de páginas web y miembro también del grupo ‘the kramdens’), Suzanne Hancock y Tony Dekker (alma mater del maravilloso grupo ‘Great Lake Swimmers’). El primer álbum, “Barzin” (Moonpalace Records – Ocean Music) fue editado en 2003, considerado como uno de los grandes trabajos de ese año y con muy buenas críticas. En 2004 un disco con menores pretensiones “Songs for Hinah” fue publicado por el sello frances ‘Hinah’, combinando temas instrumentales y cantados, siendo una de las composiciones de Suzanne Hancock y otra de Tonny Dekker. Ya en 2006 se publicó “My life in rooms”, compuesto en su mayoría por Barzin, excepto “Take this Blue” y “Heart Strings” (Barzin y Tony Dekker), y “Acoustic Guitar Phase” (M. Lightburn). Todos los instrumentos están tocados en este álbum por Barzin, Suzanne Hancock, y Tony Dekker, contando con puntuales colaboraciones de diferentes músicos que aportan una especial elegancia añadiendo sonidos de vibráfono, piano, corno francés o pedal steel guitar, corriendo los arreglos de cuerda de la mano de Karen Graves.
Cantaba en el primer disco “es la misma canción / siempre la misma canción / y tú te buscas a ti mismo / esperando en la ventana / con toda esta música / en tus brazos” (“Autumm and moon”), definiendo perfectamente su estilo, canciones que no se basan en una excesiva investigación ni excesiva originalidad, pero sí mucha intimidad y un tono confesional que alcanza facilmente el corazón del oyente, buscan disfrutar de la sencillez, sacar fuerzas de las experiencias tristes, olvidarse de lo externo y mirar al interior intentando quedarse con lo verdadero y esencial. Recuerda a otros grupos también amantes de la intimidad y la introspección (mojave 3, sparklehorse, low…), no es ninguna isla solitaria en medio del mar, sino una más del archipielago formado por tierras con poca luz, dominadas por las sombras, pero que una vez te adentras en ellas descubres que cada una tiene sus paisajes, su propio sol y su microclima en los que encontrar placeres y descubrir nuevas sensaciones, que cada una es diferente y te ofrece inexploradas visiones. Lo primero que te encuentras al penetrar en el territorio de Barzin es que todo transcurre a cámara lenta, como sin gravedad, variando muy poco la velocidad en todo el recorrido. Te obliga a dejar las prisas aparcadas y mirar todo lo que ocurre a tu alrededor con minuciosidad, o bien, si lo prefieres, intentar olvidarte por completo de todo y de que existes y dejar que las sensaciones fluyan solas y te vayan embriagando. En cualquier caso, lo que sí tienes asegurado es un viaje al interior de la melancolía, cruzando campos de belleza, montañas de desolación y ríos de esperanza escondida entre las alas rotas de los pájaros que sobrevuelan el espacio personal con extrema suavidad.
Las canciones con ritmo más alegre son dos rescatadas del ‘Songs for Hinah’, ‘Just more drugs’ y el sencillo instrumental ‘Sometimes the night’, junto con ‘Won’t you come’ que, aunque lentas, no llegan a ser letárgicas como las demás. Entre las más inspiradas personalmente me quedaría con las que abren el disco ‘Let’s go driving’, ‘So Much Time To Call My Own’, y la que lo cierra ‘My life in rooms’, siendo las demás igualmente disfrutables.
Encuentro sin embargo un problema en este disco que me impide apreciarlo en su plenitud, y es el exceso de efectos en la grabación de la voz, haciendo que la comunicación pierda naturalidad, que la intimidad y acercamiento que emanan el resto de sonidos se encuentren con una invisible barrera, un elemento que parece crear distancias donde no debiera haberlas, una escalera hacia la emoción a la que le falta un pequeño peldaño.

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