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25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Publicado el Lunes 6 Agosto 2007

25 Discos Que Te Romperan El Corazon

Por José Luis Ruiz

Kurt CobainDicen que la melancolía es la dicha de estar triste. Pues para aquellos que se recrean en la autocompasión hemos confeccionado una lista de 25 discos. Una colección de álbumes infalibles si el objetivo es que se te ponga un nudo en la garganta. Y, dependiendo del momento y el estado de ánimo, no es descartable que rompas a llorar… La coartada para realizar esta torturada lista no es otro que la reedición de “Songs Of Leonard Cohen”. No se trata del disco más deprimente del bardo de Montreal (en ese sentido “Songs Of Love And Hate” se lleva la palma), pero sí el que contiene sus mejores canciones.

El debut de Leonard Cohen (en la flamante revisión se añaden un par de temas extras y el formato presentado es el de libro) es la obra maestra por antonomasia del folk literario. Nunca el erotismo sonó tan desesperado, ni la soledad tan bellamente triste, ni la religiosidad tan profana. La mayor parte de las canciones hablan de ‘affairs’ que no funcionan. El amor es una lucha por ver quién tiene el poder. Todo radica en quienes son nuestros maestros y profesores en la espinosa cuestión del corazón. Al final uno acaba siendo un extraño (“The Stranger Song”), siempre de paso por las relaciones (“Winter Lady”), diciendo adiós (“So Long, Marianne”, “Hey, That’s No Way To Say Goodbye”) o refugiándose en la quintaesencia del deseo pasajero (“Sisters Of Mercy”).

Un gran fan de Leonard Cohen fue Kurt Cobain, impulsor de otra de las piezas más agónicas ideadas por un ‘songwriter’: “In Utero”. Múltiples enfermedades, violación, tristeza (“Echo de menos el consuelo de estar triste” aúlla en “Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle”), alienación y suicidio. Y como corolario un cierre escalofriante como es “All Apologies”. Todos estábamos avisados de lo que iba a pasar y… pasó. Los incrédulos pasaron a venerar de forma lamentable a Nirvana. En fin, cosas que pasan. No es extraño que en el último episodio de la tercera temporada de la magnífica serie “Perdidos” un enajenado y nihilista Jack escuche a todo volumen el “In Utero”. ¿Adónde va? A un funeral.

Otro par de artistas imprescindibles para los aficionados al lado oscuro son Nick Drake y Elliott Smith. El primero grabó su testamento en dos noches: el sublime “Pink Moon”. Voz, guitarra y algún que otro piano. Nada más. Espartano y sumamente efectivo. La depresión de Nick Drake alumbró un escueto discurso que corta la respiración y que tiene al menos dos de los momentos más brillantes de la música popular (la canción que da título al disco y “Things Behind The Sun”). Por su parte, Elliott Smith también murió de forma trágica a edad temprana y, al igual que Drake, posee una esencial carrera corta en la que la tristeza es tan dulce que se antoja difícil contener las lágrimas. “Elliott Smith” es un tratado de rabia contenida. Adicción a sustancias ilegales, mentiras y desamor. Sabiamente, Wes Anderson usó la vibrante “Needle In The Hay” en la escena de suicidio de “Los Tenenbaums”.

Cerca de los presupuestos estéticos de Drake y Smith se sitúan American Music Club y Red House Painters. O es lo que es casi lo mismo: Mark Eitzel y Mark Kozelek. Un par de grandes talentos que saben sacar el mejor de los partidos a la desesperación. “California” y el doble “Red House Painters” esconden tesoros del mejor ‘miserabilismo’: “Blue & Grey Shirt”, “Jenny”, “Grace Cathedral Park”, “Mistress”, “Katy Song”… No es indispensable ser tan sensible como Morrissey para que se te pongan los pelos de punta escuchando semejante exposición de lamentos.

Elliott SmithY canciones tan buenas como las citadas también las extraen de sus particulares fórmulas mágicas otros trágicos alquimistas como Low, Tindersticks y Nick Cave & The Bad Seeds. Mientras los primeros esgrimen un discurso minimalista al que le sacan un jugo increíble (sirvan como ejemplos las descarnadas “Sunflower”, “Dinosaur Act”, “Whore” y “Like A Forest”, todas ellas incluías en el fabuloso “Things We Lost In The Fire”), tanto Tindersticks como Nick Cave se valen de un soporte más florido… pero igualmente agónico.

Y como maestros tanto de Stuart Staples como de Nick Cave se sitúan el siempre enigmático Scott Walker y el injustamente olvidado Tim Hardin. Romanticismo y brutal honestidad a partes iguales de los que no encuentran consuelo salvo en ese refugio que es el arte. Por cierto que en el caso de Tim Hardin, otro de los que cayeron presa de la drogadicción más voraz, es vital encontrar la edición que comprime en un cd sus dos primeros discos. “Tim Hardin 2” también debe ser citado en esta antología del naufragio emocional. De hecho, se trata de un álbum más consistente que su predecesor (y tiene tres temazos tan definitivos como “If I Were A Carpenter”, “Lady Come From Baltimore” y “Black Sheep Boy”). Ahora bien “Tim Hardin 1” te noquea por piezas de fragilidad cristalina como “It’ll Never Happen Again”, “Part Of The Wind”, “Reason To Believe” o “How Can We Hang On To A Dream”.

Todos estos artistas se inspiran en momentos críticos, pero hay algunos que han entregado sus obras más psicológicamente desarmantes en situaciones insoportables. Verbigracia: Eels y Neil Young. La muerte de familiares o allegados inspiró a ambos a idear sendos tratados de la desolación más absoluta. “Electro Shock Blues” y “Tonight’s The Night” son puro ‘hard-listening’, ejercicios de auténtico masoquismo. Sólo aptos para sufridores… Hace falta valor para pinchar algún tema de estos dos discos en el típico ‘party’ de buen rollo. Hay otros discos que son premonitorios de que llega la Parca: “Closer” de los siempre inquietantes Joy Division. El gran Ian Curtis gozó del prestigio merecido una vez que se quitó la vida. Su legado es tan opresivo y claustrofóbico como brillante y sin parangón. Con Joy División nació y murió un estilo. Y no hay que olvidar que si “Closer” es asfixiante, “Unknown Pleasures” también aglutina suficientes motivos para estar en una lista de esta índole. Igualmente influyente es el genial “Berlin” de Lou Reed. La tremendista historia de Jim y Caroline. Drogas, prostitución, abusos y de postre un poquito de suicidio. “Transformer” posee los ‘hits’, pero “Berlin” es la desnuda verdad de un artista inconformista y esencial como pocos.

Que te rompan el corazón ha generado pingües beneficios artísticos. Artistas tan dispares como Bob Dylan, Billie Holiday, Sebadoh y Frank Sinatra dan magistrales lecciones de cómo uno intenta superar el fin de una relación. El dolor por el amor perdido incrementa la intensidad emocional de discos que son terapéuticos tanto para aquellos que los idearon como para los oyentes que buscan consuelo tras una separación.

Hay otros que sorprenden por su sinceridad. El estudio de grabación se convierte en una especie de confesionario. Casi da verguenza que te suelten de sopetón y a la cara verdades tan íntimas. Y si encima es gente como John Lennon, Bob Mould o Joni Mitchell uno no sabe ni cómo responder. O sí. Hay que rendirles pleitesía. Es necesario mucho coraje para desnudarse así ante el gran público. Y lo mejor de todo es que el envoltorio en el que introducen esos mensajes sin censuras no puede ser más excelso.

Mención aparte merece Bruce Springsteen. “Nebraska” es un álbum tan valiente que sigue causando estupefacción un cuarto de siglo después. Grabado en un cuatro pistas, Springsteen se vale de su grave voz, una guitarra y una harmónica para desentrañar el misterio de la América más profunda. Tétricas historias de ‘killers’ y ‘losers’. El ‘Boss’ se acaba preguntando con razón cómo es posible que la gente encuentre razones para seguir creyendo.

Y, por último, dos autores con poca suerte, pero con mucha influencia en generaciones venideras. Alex Chilton y Jeff Buckley. El tercer disco de Big Star es tan errático como hermoso. Es un álbum deslavazado que tardó una eternidad en ver la luz (tres años) y con temas tan hirientes como “Holocaust” o “Kangaroo”. Dicho sea de paso de ésta última composición hacía una versión Jeff Buckley. El malogrado hijo del mercurial Tim dio en la diana a la primera con “Grace”. Es una ‘masterpiece’ que en sus mejores momentos (“Grace”, “Last Goodbye” y “Lover, You Should’ve Come Over”) alcanza cotas sublimes. Y encima tiene la versión entre las versiones: “Hallelujah” de Leonard Cohen, el causante de este repaso a un ramillete de discos perfectos para instantes de bajón. Eso sí, se recomienda no abusar…

LA LISTA (por orden cronológico):

-Frank Sinatra: In The Wee Small Hours (1955)
-Billie Holiday: Lady In Satin (1958)
-Tim Hardin: Tim Hardin I (1966)
-Leonard Cohen: Songs Of Leonard Cohen (1968)
-Scott Walker: Scott 3 (1969)
-John Lennon: Plastic Ono Band (1970)
-Joni Mitchell: Blue (1971)
-Nick Drake: Pink Moon (1972)
-Lou Reed: Berlin (1973)
-Neil Young: Tonight’s The Night (1975)
-Bob Dylan: Blood On The Tracks (1975)
-Big Star: Third/Sister Lovers (1978)
-Joy Division: Closer (1980)
-Bruce Springsteen: Nebraska (1982)
-Hüsker Dü: Candy Apple Grey (1986)
-American Music Club: California (1988)
-Sebadoh: Bubble And Scrape (1993)
-Red House Painters: Red House Painters (1993)
-Nirvana: In Utero (1993)
-Tindersticks: Tindersticks (1993)
-Jeff Buckley: Grace (1994)
-Nick Cave & The Bad Seeds: The Boatman’s Call (1997)
-Elliott Smith: Elliott Smith (1998)
-Eels: Electro Shock Blues (1998)
-Low: Things We Lost In The Fire (2001)

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Bandini - The Sunny Album

Publicado el Lunes 9 Julio 2007

Bandini
The Sunny Album
Junk Records 2007

The Sunny AlbumDecálogo de un gran debut

1. ¿Quién se ha puesto la máscara de Bandini? Un cuarteto de rock de guitarras de Madrid capaz de abarcar el realismo sucio y el intimismo descarnado. Bandini ponen la banda sonora perfecta para aquellos que en plena soledad son devorados por sus fantasmas interiores.

2. La portada de “The Sunny Album” (Junk Records, 2007) está diseñada por Pepe Hernández (Grupo Salvaje). No sé si es bonita o fea. Es inquietante. Esta niña rubia mira hacia adentro. Introspección. Algo que define a Bandini. El libreto acaba con una foto de la niña en cuestión sonriendo. Como el disco. O casi.

3. Doble álbum. Triple salto mortal artístico para debutar. Hace falta mucho coraje para presentarse ante el mundo con semejante discurso torrencial. Uno piensa en grandes discos dobles y le vienen a la mente “The White Album” de los Beatles, “Exile on Main Street” de los Rolling Stones, el “Blonde on Blonde” de Bob Dylan, “Quadrophenia” de los Who, “The River” de Bruce Springsteen, “London Calling” de los Clash, “Being There” de Wilco, los dos primeros discos de Tindersticks, el segundo de Red House Painters… Ahí es nada. El caso es que es harto complicado mantener un nivel cualitativo sin altibajos en un doble cd. Bandini salen airosos. No han hecho una genialidad del calibre del Álbum Blanco de los “Fab Four”, pero en su ópera prima no se observan grietas. Eso obedece a que esta banda madrileña ha tenido tiempo de sobra para cuidar cada uno de los detalles, para cincelar cada arreglo con el mimo de un escultor con ansia de trascender al primer intento.

4. ¿Qué define musicalmente a Bandini? La emoción. Las canciones escritas por Ricardo Ruiz están escritas con el corazón y las entrañas (como destacó Bukowski de la escritura de John Fante, creador de ese mito literario que es Arturo Bandini). Dentro de ese rock de alto voltaje emocional caben todo tipo de géneros y matices. A este grupo madrileño le gusta escarbar en el folk rock de clara ascendencia americana. Pero también encuentran sitio para explorar terrenos oscuros (rock al ralentí, meláncolico pop de cámara) o directamente negros (blues, soul e incluso gospel).

5. Cada cd contiene dos canciones-río. Esas cuatro composiciones que van más allá de los 7 minutos son el eje de “The Sunny Album”. En el primer disco se encuentran “Shooting Stars” y “Depression”. Es decir, la asunción de que uno carece de deseos que pedir a esas estrellas fugaces y la caída en la depresión cuando todo tu mundo se desmorona. Esa tensión es neutralizada en el segundo cd. “Autumn Song” y “Wait Until Spring” proclaman que aún queda el reducto de la esperanza. El gélido frío de Noruega (donde vivió Ricardo Ruiz durante un tiempo) no es eterno. La vida puede conducirte por caminos de infortunio o frustración, pero siempre habrá un resquicio por donde se cuele la luz. Sólo hay que esperar a que llegue el cálido aliento de la primavera. Esa excepción a la regla que es la felicidad aparece y justifica con sus chispazos la banalidad, la derrota sin paliativos, el doloroso aislamiento. Por otro lado, cabe reseñar que tres de las cuatro canciones están ornamentadas con arreglos de cuerda y todas ellas van creciendo hasta alcanzar al final de la composición un clímax catártico.

6. La temática del álbum abarca desde la frustración (”Did You Ever Have A Dream Like Mine?”), pasando por el desamor (”Together”), el sexo sin amor (”How Is Your Mind”) la desazón del “outsider” (”Something Goes Wrong”), la ambivalencia del que se odia a sí mismo, pero que a la vez proclama con orgullo que es feliz de ser como es (”Happy To Be Me”), la nostalgia que empaña esas ventanas que llamamos ojos (”Missing”, “The Sheet That Dreams Are Made Of”), la angustia del “loser” (”All The Pain”), la esperanza vestida de remordimiento (”One Day”) y la duda del que vive en la oscuridad y espera que luz alumbre la noche oscura del alma (”Shine”). El recorrido está claro. Uno sobrevive a duras penas. Busca el amor. Se refugia en el sexo. Agoniza en la soledad. Mira hacia a su alrededor y la sociedad le oprime. Está alienado. Escribe para vaciarse, para huir, para buscar un sentido. Y Bandini acaba encontrando la redención en el poder curativo de la música.

7. John Fante es la referencia literaria más obvia, pero hay otros guiños a lo largo de “The Sunny Album”. Si uno escarba, encuentra citas a Paul Auster, Emily Bronte, Nietzsche y Kant. También un homenaje explícito al seminal western “The Searchers” (John Ford) en “Missing”.

8. La expresividad de la voz de Ricardo Ruiz es vital. Pero también son los arreglos de un grupo fundamentalmente de guitarras. El teclado no sólo sirve de colchón, sino que conduce algunos pasajes hacia la visión de bellos paisajes. Y la base rítmica sostiene con majestuosidad todo el andamiaje. Sólo hay que esperar que en posteriores entregas Bandini amplíen horizontes a la hora de estructurar las canciones.

9. Más allá de sesudos análisis, lo que queda es la verdad de un puñado de canciones nacidas para perdurar. Bandini exigen del oyente un esfuerzo. Sus canciones no entran a la primera. Aunque bien es cierto que cuentan con algo parecido a un “hit” (ese himno pop que es “Happy To Be Me”, su canción con más potencial comercial). Cuentan con el aval de algún que otro tema correoso (”All The Pain”) y, por encima de todo, saben dar en la diana cuando explotan su vena lírica (sirvan de ejemplo “The Sheet That Dreams Are Made Of”, “Autumn Song”, “One Day” o “Together”).

10. Y llegamos al espinoso asunto de las influencias. Antes que nada se antoja difícil ubicarles en algún lado en la escena nacional. Sus referentes son otros. Sacian su sed en el abrevadero en el que se refrescaron otros alquimistas de la talla de Nick Drake, John Lennon, Elliott Smith, Leonard Cohen, Neil Young, Lou Reed, Mark Eitzel, Mark Kozelek, Stuart Staples, Jeff Tweedy o Nick Cave. Pero que quede claro, Bandini no es un grupo revisionista. Se inspiran como los citados en momentos de crisis y tienen el valor de hacer un “striptease” emocional desarmante. Cuentan su derrota con la valentía del que lo ha perdido todo, pero aún sigue luchando.

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