archivos J.L.Ruiz

Bruce Springsteen, Madrid (17/07/2008)

Publicado el Sábado 19 Julio 2008

Bruce Springsteen & The E Street Band
Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
17 de Julio de 2008

El Jefe de todo esto

José Luis Ruiz

17 de julio de 2008. Santiago Bernabéu. Casi 60.000 personas. No es una noche de Champions League. Es una cita ineludible con el rock’n'roll. Hacía dos décadas que nadie tocaba en el estadio del Real Madrid. Y le tocó a Bruce Springsteen coger el testigo dejado por U2. Que iba a ser un gran concierto lo sabía hasta el más ignorante de los mortales. Springsteen es un seguro de vida. Es incapaz de ser mediocre. Su directo sigue siendo apabullante. De hecho, la primera vez que le vi fue cuando actuó por vez primera en la capital. Eso fue nada menos que el 2 de agosto de 1988. Y arrasó en el Vicente Calderón. Después le he visto muchas veces. Ninguna tan impresionante como aquella perdida de la ‘virginidad’, pero siempre he salido con buen sabor de boca de sus conciertos. El del pasado jueves alcanzó momentos sublimes. El ‘Boss’, a sus 58 años, ha demostrado que es, como diría Dylan, eternamente joven. Canta mejor que nunca, recorre el escenario como si fuera un chaval y después de tres largas horas de actuación da la impresión de que su reino no es de este mundo. Ha nacido para correr por los siglos de los siglos.

Acompañado de la insuperable E Street Band -con la inclusión de Charles Giordano por la defunción de Danny Federici-, Springsteen emuló uno vez más a sus admirados sacerdotes del soul. El Bernabéu fue su iglesia. Sus fieles cayeron rindieron pleitesía al sumo hacedor de la más infalible de las liturgias del rock. Nadie manda como este Jefe. Así da gusto seguir la cadena de mando. Este sí que es el Jefe de todo esto.

Esta vez no se centró en “Magic” como en la anterior gira. El concierto sirvió para repasar una trayectoria jalonada de himnos. De esos que la gente corea con la sonrisa esculpida en el rostro. La noche arrancó con “Night”. Y alcanzó momentos de clímax con clásicos tan incombustibles como “The Promised Land”, “Spirit In The Night”, “The River” o “Because The Night”. Springsteen sabe cómo estructurar un concierto. De hecho, se sabe todos los trucos. Es el número 1 en directo y como tal juega sus cartas. Así uno se sube a la atracción y, como en una montaña rusa, sube y baja. El prestigitador incluso se permite el lujo de atender peticiones. Le piden “Brilliant Disguise” y “Cover Me” y el genio de Freehold concede el deseo sin despeinarse. Y cuando parece que la cosa decae se saca de la manga “Badlands” y uno se deja el alma desgañitando un estribillo que rezuma vitalismo.

Los bises merecen una mención aparte. Sólo esa recta final justifica que uno vea hormigas en el escenario al estar en el fondo opuesto y que el sonido sea el propio de un campo de fútbol. Porque ese es el precio que hay que pagar por ver a Springsteen. Para los ‘gourmets’ del rock supone un serio contratiempo verle en estas condiciones. Pero es que el ‘Boss’ es el arquetípico concierto al que va toda la gente que no va a conciertos. Sea como fuere, con la monumental “Jungleland” se produce el desarme emocional. Y si eso ya no fuera suficiente encadena “Born To Run”, “Bobby Jean” y “Dancing In The Dark”. Después de ese brutal repasito a su discografía se marca la festiva “American Land” y de propina rinde homenaje a los clásicos del r’n'r con “Twist And Shout” (antes había interpretado el “Summertime Blues” del gran Eddie Cochran).

La muchedumbre sale del Bernabéu con cara de éxtasis. Hacía tiempo que no se veía un espectáculo así en el feudo madridista. Por lo menos desde que retiró Zidane o desde que un Ronaldinho en plenas facultades maravilló a la propia parroquia blanca. Esperemos que los rumores no sean ciertos y que Springsteen siga haciendo giras. En un mundo con tan pocas certidumbres a las que aferrarse es bueno saber que hay un tipo de New Jersey que nunca falla cuando encara a la multitud y desnuda su alma a base del mejor rock’n'roll. Una medicina que cura todos los males. Nuestra medicina.

Setlist

Night
Radio Nowhere
Lonesome Day
The Promised Land
Spirit In The Night
Summertime Blues
Brilliant Disguise
The River
Cover Me
Trapped
No Surrender
Out In The Street
Because The Night
Cadillac Ranch
Livin’ In The Future
Mary’s Place
Tunnel of Love
The Rising
Last To Die
Long Walk Home
Badlands

Jungleland
Seven Nights To Rock
Born To Run
Bobby Jean
Dancing In The Dark
American Land
Twist And Shout

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Conciertos
3 Comentarios



Carole King – Tapestry

Publicado el Martes 11 Marzo 2008

Carole Kinkg
Tapestry
Ode 1971

tapestry.jpgCuando La Calidad Es Comercial

“Tapestry” fue un álbum que obtuvo a principios de los 70 un tremendo éxito. Vendió millones de discos, estuvo quince semanas en el número 1, duró más de seis años en las listas y ganó 4 premios grammy. Además, impuso el punto de vista femenino en un universo masculino como era el de la música pop (y sigue siéndolo, aunque en menor medida). Las mujeres se pudieron identificar con unas canciones tan honestas como sencillas que estaban escritas y cantadas con el corazón. La temática era universal: nostalgia, amistad, esperanza, amor/desamor… Carole King hizo fácil lo difícil. Logró conectar con la gente a través de canciones sinceras y que transmitían lo que sentimos con respecto a las cosas que (más) nos importan. Y no sólo en el aspecto lírico radicaba la clave del “boom” que supuso en 1971 la públicación de “Tapestry”. Músicalmente era rico por la variedad que ofrecía (soul blanco, folk, pop, aromas jazzísticos…). Era cálido y sonaba directo, sin vanos artificios. Tenía una funcional producción de Lou Adler. La personal voz de Carole King se hacía con el mando. Te confiaba pensamientos íntimos. Y lo hacía sin tapujos. Sonaba a verdad. Era su verdad emocional.

Carole King (09-02-42, Brooklyn, New York) no era precisamente una “songwriter” novel cuando dio a luz a “Tapestry”, su segundo álbum en estudio. En los 60 había formado un tándem infalible con el por aquel entonces su marido Gerry Goffin. En el contexto del famoso Brill Building, este dúo compuso temazos del calibre de “Will You Love Me Tomorrow”, “The Locomotion”, “One Fine Day” o “Up On The Roof”. Desde los Beatles pasando por Aretha Franklin, un sinfín de artistas grabaron sus canciones.

Con el tiempo intentó montarse una carrera en solitario. Y al final salió adelante. Carole King, que curiosamente era la protagonista del “Oh! Carol” de Neil Sedaka, alcanzó el estatus de superestrella buceando en su interior, creando un disco confesional en el que demostraba que dominaba con maestría el arte de componer grandes canciones. Porque “Tapestry” carece de puntos débiles. Para empezar recupera tres gloriosas perlas de su propio pasado: “You’ve Got A Friend” (que fue un “hit” para James Taylor, presente en el disco y apoyo emocional de Carole), “Will You Love Me Tomorrow?” (The Shirelles la bordaban) y “(You Make Me Feel Like) A Natural Woman” (Aretha Franklin la convirtió en pieza clave de su seminal “Lady Soul”). Y lo cierto es que la lectura que hace la compositora neoyorquina de ese trío de partituras es conmovedora.

Incombustibles son también los “hits” de nuevo cuño: “I Feel The Earth Move” y “It’s Too Late”. Y el resto del disco tampoco tiene desperdicio (“So Far Away”, “Where You Lead”, “Beautiful”…). En definitiva, representaba la quintaesencia de esa clase de discos que escuchas del tirón porque merece la pena de arriba abajo. Han pasado muchos años y sigue siendo un álbum imprescindible. “Tapestry” dignifica el concepto de comercial. Este disco se vendió y continúa vendiéndose porque contiene canciones inmortales. Es obvio que en multitud de ocasiones la calidad no tiene nada que ver con la comercialidad. Este es un caso en el que ambos términos casan. La clave radica en una colección de grandes partituras con un mensaje sincero y sencillo.

Lista de 25 discos esenciales de artistas femeninas:

Billie Holiday: The Quintessential Billie Holiday Volume 3 (1936)
Ella Fitzgerald: Sings The George And Ira Gershwin Song Book (59)
Patsy Cline: Showcase (61)
Nina Simone: Wild Is The Wind (66)
Nico: Chelsea Girl (67)
Aretha Franklin: Lady Soul (68)
Françoise Hardy: Comment Te Dire Adieu (68)
Margo Guryan: Take A Picture (68)
Dusty Springfield: Dusty In Memphis (69)
Janis Joplin: Pearl (71)
Carole King: Tapestry (71)
Joni Mitchell: Court And Spark (74)
Patti Smith: Horses (75)
Emmylou Harris: Pieces Of The Sky (75)
Rickie Lee Jones: Pirates (81)
Mary Margaret O Hara: Miss America (88)
PJ Harvey: Rid Of Me (93)
Bjork: Debut (93)
Kristin Hersh: Hips And Makers (94)
Lucinda Williams: Car Wheels On A Gravel Road (98)
Aimee Mann: Bachelor Nº 2 (00)
Sandy Denny: No More Sad Refrains (00)
Laura Cantrell: Not The Tremblin’ Kind (00)
Neko Case: Blacklisted (02)
Cat Power: You Are Free (03)

Escucha: Carole King – Beautiful

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Articulos relacionados:
-Review de “Tapestry” en El Trastero
-Otra revision en Hazme Gritar

Foros Computer Age:
-Carol King – Tapestry

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Discos
4 Comentarios



Van Morrison – It’s Too Late To Stop Now

Publicado el Martes 4 Marzo 2008

Van Morrison
It’s Too Late To Stop Now
Warner 1974

morrison.jpgCuesta encontrar discos en directo que sean realmente esenciales. Normalmente son grabaciones que aportan poco o nada a la discografía de todo artista que acude a ese socorrido recurso. Sin embargo, “It’s Too Late To Stop Now” (1974) es una gloriosa excepción a esa regla. Es más, en el caso de incurrir en el pecado de no poseer ningún álbum de Van Morrison (Belfast, 31-8-45) podría bastar con adquirir este doble cd para poder saborear al irlandés en la cumbre de su carrera. Este es un doble disco que funciona porque es una actuación magnífica que rezuma “feeling” en la que el irlandés estaba acompañado de la soberbia Caledonia Soul Orchestra y, además, porque en él están compilados buena parte de los mejores temas de la cúspide de su lóngeva trayectoria.

Las actuaciones pertenecen a unas actuaciones realizadas en verano de 1973 en Londres y Los Angeles. Van Morrison venía de haber enlazado media docena de discazos: “Astral Weeks” (68), “Moondance” (70), “His Band And Street Choir” (70), “Tupelo Honey” (71), “Saint Dominic’s Preview” (72) y “Hard Nose The Highway” (73). La mera enumeración quita el hipo… Todos estos discos están representados en “It’s Too Late To Stop Now” salvo “Tupelo Honey”. Habría sido todo un acierto que Van Morrison hubiera incluido el infalible “Wild Night” en este directo. Un fallo al que hay que sumar el hecho de que se le va un poco la mano con las versiones. Los homenajes a Sonny Boy Williamson, Sam Cooke, Ray Charles y Willie Dixon ponen de manifiesto la deuda contraída por el león de Belfast con la música negra (soul, jazz, blues, gospel), pero implican que hay menos espacio para temas de su propia factura que se echan de menos (“Sweet Thing”, “And It Stoned Me” o “Redwood Tree” por poner un ejemplo).

Del primer disco cabe destacar la sublime “Into The Mystic”, quintaesencia de lo que es capaz Van Morrison cuando está inspirado, y la dinámica “Domino”. En el segundo cd hay una traca realmente espectacular. Aparte de ese repaso a lo que fue su estancia en Them con “Here Comes The Night” y la mítica “Gloria”, el gruñón irlandés se reserva para la recta final temazos del calibre de “Caravan” o “Cyprus Avenue”. Todos ellos interpretados con la pasión y el acierto de un Van Morrison que en ese momento vivía un idilio con las musas.

En la reedición que ha salido en 2008 se incluye como bonus track el infalible “Brown Eyed Girl”. Una manera perfecta de cerrar uno de los mejores discos en directo de la historia del rock. Uno de los pocos imprescindibles. Ojalá uno hubiera podido estar allí.

25 discos en directo imprescindibles (en orden cronológico):
“Live At The Apollo” (63) James Brown
“Live At The Harlem Square” (63) Sam Cooke
“Kick Out The Jams” (68) MC5
“At Folsom Prison” (68) Johnny Cash
“At San Quentin” (69) Johnny Cash
“Live At Leeds” (70) The Who
“Get Yer Ya-Ya’s Out!” (70) The Rolling Stones
“At Fillmore East” (71) The Allman Brothers Band
“Live:1969″ (74) The Velvet Underground
“Rock And Roll Animal” (74) Lou Reed
“It’s Too Late To Stop Now” (74) Van Morrison
“The Last Waltz” (78) The Band
“It’s Alive” (79) The Ramones
“Live Rust” (79) Neil Young
“One For The Road” (80) The Kinks
“Dig The New Breed” (82) The Jam
“Ziggy Stardust: The Motion Picture” (82) David Bowie
“Live/1975-1985″ (86) Bruce Springsteen
“Live At Sin-é” (93) Jeff Buckley
“Unplugged In New York” (93) Nirvana
“Live 1966: The Royal Albert Hall Concert”(98) Bob Dylan
“How The West Was Won” (03) Led Zeppelin
“Kicking Television: Live In Chicago” (05) Wilco
“Hammersmith Odeon, London 75″ (06) Bruce Springsteen
“Live At Massey Hall 1971″ (07) Neil Young

Escucha: Van Morrison – Into The Mystic

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Foros Computer Age:
Van Morrison – It’s Too Late To Stop Now

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Discos
1 Comentario



La Era De Las Grandes Series

Publicado el Martes 26 Febrero 2008

LA ERA DE LAS GRANDES SERIES
Por José Luis Ruiz Mesa

24.jpgLa ingente cantidad de basura que emite la televisión ha provocado que se haya caído en la reduccionista visión de que todo lo que sale por la pequeña pantalla es detrito. Uno siempre ha tenido la impresión de que la cosa iba a peor. Aquellos ciclos de cine de autor son ya un paraíso perdido. Ahora si se emite una película de calidad es a horas intempestivas. La música brilla por su ausencia en la parrilla de las televisiones punteras y si aparece algo interesante es desterrado también a horarios de madrugada. Bien es cierto que antes se abusaba de la música comercial (en el sentido peyorativo de la palabra), pero también es verdad que había espacios para conciertos y especiales donde se apostaba por estilos y grupos de prestigio. Hemos sido presa durante mucho tiempo de “Gran Hermano”, “Operación Triunfo” y demás telebasura.

El caso es que parafraseando a Woody Allen en España no tiran la basura, la convierten en televisión. Pero hay un resquicio para la esperanza de los inconformistas: las series de televisión americanas. Se ha dicho que esta es la era dorada para las producciones “made in USA” y el que suscribe esto no puede estar más de acuerdo. Ahora bien, los hábitos han cambiado y mucha gente disfruta de estas series no a través de la caja tonta, sino por medio de Internet. La razón: la comodidad. Uno no tiene que esperar a que le pongan su ración cada semana. Puede hacerlo cuando quiera y como quiera. Atrás quedan los tiempos en los que uno se convertía en un irreductible fan de “Doctor en Alaska” y sufría lo indecible porque o bien le cambiaban cada dos por tres el horario o bien ponían los capítulos sin ningún orden. Aquello era demencial.

Siempre ha habido series de calidad, pero ahora proliferan hasta el punto de que no cabe la menor duda de que las mejores producciones audiovisuales realizadas en USA no son películas, sino series. Una simple enumeración basta para defender cargado de razón esta idea: “Los Soprano”, “A Dos Metros Bajo Tierra”, “Perdidos”, “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, “Nip/Tuck”, “Roma”, “Deadwood”, “24″, “Dexter”

Estas son las más destacadas, pero hay otro buen puñado de obras que también acaban enganchando: “Héroes” (interesante planteamiento, discutible resolución y futuro poco prometedor), “Weeds” (divertida y con el aval de la excelsa Marie Louise Parker) , “Me Llamo Earl” (corrosiva, aunque reiterativa), “House” (gran personaje que si existiera en verdad sería aborrecible en extremo, algún que otro capítulo excepcional… y también reiterativa), “Anatomía De Grey” (empezó bien, pero se está diluyendo cual azucarillo), “Californication” (David Duchovny se luce haciendo de escritor bloqueado y promiscuo), “The Office” (entretenida sin más pretensiones), “Prison Break” (a pesar de los clichés es muy adictiva; va perdiendo interés progresivamente), “The Shield” (excelente el personaje de Michael Chiklis), “Damages” (interesante estructura y excepcional Glenn Close), “Mujeres desesperadas” (tiene su punto, pero va perdiendo con el paso de las temporadas), “Carnivale” (reflexiones metafísicas y una visión muy personal de la América de 1934)…

Los géneros que tocan son de lo más variado: político, western, mafia movies, histórico, film noir, drama, thriller, fantasía, comedia, etc. O sea que es imposible que uno no encuentre lo que necesita en alguna de las series citadas arriba. Hay para todos los gustos.

Las que uno recomendaría con más pasión se merecen un breve comentario. Así que vayamos al grano:

-”Los Soprano” (1999-2007) es una obra maestra se mire por donde se mire. No tiene nada que envidiar a las cimas artísticas de las “mafia movies” como “El Padrino” o “Uno De Los Nuestros”. Cuenta con un reparto espectacular en el que sobresalen James Gandolfini y Edie Falco como marido y mujer de esta especial familia de New Jersey. Cuenta con un valor añadido: mantiene el nivel con el paso de las (seis) temporadas. David Chase, que por cierto andaba metido también en la reivindicable “Doctor En Alaska”, ha sabido contar una desgarradora historia que sirve de reflexión sobre el poder y la corrupción de una sociedad enferma. Tiene diálogos memorables, situaciones brillantemente resueltas y, sin duda, es un magnífico tratado sobre el alma humana.

-”A Dos Metros Bajo Tierra” (2001-2005) también alcanza cotas sublimes. “Los Soprano” es un análisis de la mafia moderna, mientras que “A Dos Metros Bajo Tierra” se centra en las vicisitudes de una familia de Pasadena que regenta una funeraria. Los Fisher son unos raritos y mantienen relaciones disfuncionales. Alan Ball, que escribió la turbadora “American Beauty”, disecciona con una honestidad brutal la realidad de unos personajes siempre envueltos en conflictos demasiado humanos. El tono de la serie fluctúa. Puede contener momentos de humor macabro o bucear en el interior de la conciencia con exquisita sensibilidad. Y no esconde nada. Homosexualidad, perversiones sexuales, maltratos paternos… Habla de la muerte con la naturalidad que la mayoría evitamos. Es una obra profundamente vitalista. Y cuando se lo propone te pone un nudo en la garganta.

lost.jpg-“Perdidos” (2004-?) es droga dura. Si las buenas series causan adicción, “Perdidos” se lleva la palma. Mezcla con acierto aventura, drama, fantasía y thriller. 48 supervivientes del vuelo de Oceanic 815 caen en una isla perdida del Pacífico. La idea de contar las historias de estos personajes a través de “flashbacks” (ahora han empezado a usar “flashforwards”) y de relacionarlos con un entorno extraño y hostil ha deparado un éxito artístico y de público bien merecido. Parece escrita por un Stephen King con veleidades filosóficas y está tan bien hecha que muchos capítulos no tienen nada que envidiar al mejor cine comercial. Es decir, se han gastado bien la pasta. El problema es que están engordando demasiado la trama. Eso ha provocado que ya hayan colado algo de relleno y no hace falta ser Nostradamus para saber que en el futuro lo seguirán haciendo si, como han anunciado, van a las seis temporadas. Una pena. Deberían haber atado cabos y respondido a las mil preguntas que han lanzado al aire. Si hubieran economizado desde un punto de vista narrativo les habría salido una obra redonda.

-”El Ala Oeste De La Casa Blanca” (1999-2006) trata un tema que en manos de otro creador que no fuera Aaron Sorkin podría haber sido un ladrillo. Esta serie enseña los entresijos de una administración que maneja la Casa Blanca y está magistralmente facturada. Su mejor aval es contar con claridad las historias y un reparto de mucha altura. Allison Janney, Bradley Whitford, Martin Sheen, Stockard Channing, John Spencer o Richard Schiff bordan sus papeles. El presidente Bartlet y su staff actúan conforme a un sentido común y un ideario que ya quisiéramos que adoptara Bush.

-”Nip/Tuck” (2003-?) es una inquietante creación de Ryan Murphy. Sean McNamara y Christian Troy son dos cirujanos plásticos que llevan una clínica en Miami. Mientras uno lleva como puede una triste vida familiar que se derrumba paulatinamente, el otro es un inmisericorde mujeriego adorador del dios dólar. En el devenir de la serie surje un inquietante violador en serie. “Nip/Tuck” es una ácida crítica a una sociedad cuyos valores están corrompidos. La importancia que se le da a la apariencia cuando lo esencial es otra cosa. Vivimos vidas superficiales y todo lo que nos importa es que nos operen para dejarnos más bonita la nariz.

-“Roma” (2005-2007). No lo he mencionado anteriormente, pero cualquier cosa que provenga de HBO se merece nuestra atención. “Roma” es otro producto de este canal y, desde luego, rezuma calidad. La trama es inmejorable. Es apasionante Historia. Se centra en los años de Julio César y su adoptado sucesor Octavio cuando Roma era el centro del mundo. Las luchas intestinas por el poder, las guerras y la brutalidad más descarnada aparecen muy bien filmadas. Además, la narración avanza a través del punto de vista de dos soldados romanos (Lucius Vorenus y Titus Pullo). Todo está cuidado al detalle (vestuario, puesta en escena, etc.) y cuenta con personajes tan memorables como el interpretado por Polly Walker (Atia). La historia del Imperio Romano ya se había contado muy bien en la clásica “Yo Claudio” (1976), pero en “Roma” se acentúa la crudeza con la que se relatan los hechos. Es, claro, un punto de vista más moderno.

-“Deadwood” (2004-2006) es un western de aliento shakespeariano. El autor de esta gran serie es David Milch, que cuenta con mucha pericia los avatares de un pueblo fronterizo en el siglo XIX que desconoce lo que es la ley y el orden. Sí se sabe lo que es el crimen y la prostitución. Y el ansia por enriquecerse como sea. El jefe de Deadwood es el turbio Al Swearengen (impresionante Ian McShane), cuyos tejemanejes son el eje de la trama. El reparto es magnífico y la historia está muy bien escrita. Eso sí, el inicio es lo mejor de esta serie. La primera temporada está por encima de lo que vino después (dos temporadas más).

-“24″ (2001-?) puede presumir de tener un formato diferente. Cada capítulo es una hora de las 24 que contiene un día. Por ende, cada temporada se desarrolla en un día en el que no hay descansos y se suceden los acontecimientos de forma vertiginosa. Jack Bauer trabaja para la agencia antiterrorista de LA y es el protagonista absoluto de una serie sumamente adictiva. Kiefer Sutherland, que borda su papel, frustra amenazas de bomba y de expansión de virus letales, evita asesinatos a tutiplén… Es un héroe atípico que sigue sus propias reglas. Desde luego no es un bueno al uso. Es capaz de cualquier tropelía con tal de hacer lo que estima oportuno (la tortura a sospechosos es un método del que abusa) y a veces se empecina en actuar conforme a su interés particular en vez de pensar en el general. Los terroristas pueden ser chinos, rusos, musulmanes o balcánicos, pero muchas veces los que hacen daño son los propios americanos. Gente del gobierno o… el propio presidente de los USA. Las mejores temporadas hasta la fecha son la primera y la quinta.

-“Dexter” (2006-?) parte de una premisa desafiante y transgresora. ¿Cómo es posible hacer comprensible el universo de un “serial killer” y que el público no lo encuentre totalmente abyecto? Dexter Morgan trabaja para el departamento de Policía de Miami. Es una rata de laboratorio, cuyos conocimientos sobre la sangre son muy útiles en el análisis forense. Está traumatizado pues de niño presenció cómo mataban a su madre. Su padre adoptivo canalizó sus ansias homicidas con un código. Sólo asesina a criminales. Es un monstruo, pero sabe ocultarlo. Está vacío, pero se aferra a la relación con su hermana y con su novia, una vulnerable mujer maltratada por su ex con dos retoños. “Dexter” está sabiamente construida y en su primera temporada todo funciona como el mecanismo de un reloj. La segunda entrega sigue siendo buena, pero no alcanza el nivel de excelencia de la precedente. Dos cosas a destacar: la magistral composición del personaje principal de Michael C. Hall (el gay de “A Dos Metros Bajo Tierra”) y el ingenio puesto en los títulos de presentación de la serie.

Publicado por J.L.Ruiz / Archivado en:Revisiones
10 Comentarios



2003-2009 Computer Age. Theme designed by SEO-Themes and powered by Wordpress

Switch to our mobile site