Guided By Voices – Earthquake Glue

Martes 28 junio 2016

Guided By Voices
Earthquake Glue
Matador 2003

Eartquake Glue, el nuevo disco de Guided By Voices es exactamente lo que esperábamos los fans de esta fundamental banda: Otra generosa colección de canciones llenas de melodías redondas, ruido e inspiración, y es que Bob Pollard y los suyos siguen en un estado de gracia permanente, produciendo canciones como churros a razón de disco por año desde 1987.
Las canciones de este último disco son espléndidas, como ya lo eran las de los discos anteriores, no hay novedades de ningún tipo y es que Guided By Voices no las necesitan, manejan con soltura multitud de recursos desde sus inicios, pasan con una facilidad pasmosa del temazo Power-pop a la mas alocada extravagancia psicodélica, dejando entre medias jugosos pedazos de pop clásico, de hard rock, de folk o de lo que se les ponga por delante, complicándose poco la vida con arreglos y plasmando las ideas tal como surgen, fieles aún a la filosofía Lo-fi que otros compañeros de generación ya dejaron atrás hace tiempo.
Con esta forma de trabajar, incluyendo mas de 15 canciones por disco, siempre se cuelan temas menores que en ocasiones pueden enturbiar la valoración final del disco, no es el caso de Earthquake Glue que esta al nivel de los discos mas valorados de GbV: Alien Lanes y Bee Thousand, incluyendo una colección impecable de canciones.
El disco se abre con “My kind of soldier” , un enérgico y vitaminado tema power-pop que te planta una enorme sonrisa en la cara, una línea similar siguen la espléndida “She goes off at night”, “Useless inventions” o “Secret star”, en una línea mas psicodélica, experimental y extraña se sitúan temas como “My son, my secretary and my country” con ese aire a lo Syd Barrett, la extraña “Dirty Water” o la enigmática “Dead Cloud”; hay también pinceladas de Hard-rock como “Of mites and men”.
Los mejores temas del disco, no obstante son aquellos que no remiten sino a los propios GbV, canciones como “I´ll replace you with machines”, “Beat your wings” o “The best of Jill Hives” son pedazos de pop intemporal, dinámico y vibrante.
En resumen, un disco verdaderamente recomendable, los fans encontraran una nueva dosis de su medicina y los que aún no conozcan a esta banda descubrirán un álbum repleto de vibrantes canciones.

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Tom Petty

Lunes 27 junio 2016

El canon del rock clásico americano
Por José Luis Ruiz Mesa

tompetty3.jpgNo es Bob Dylan. No es Bruce Springsteen. No es Neil Young. Sí que es otro heredero de Woody Guthrie, pero además ha sido capaz de mantener una coherencia digna de elogio y una notable calidad artística a lo largo de nada menos que 30 años de carrera. Salido de un pueblecito llamado Gainesville (Florida), Tom Petty, que nació el 20 de octubre de 1950, logró hacer realidad el sueño de convertirse en una rock star y lo hizo contando con un grupo -The Heartbreakers- que ha acabado funcionando como una típica familia. Como cualquier chiquillo de los 60 se rindió al poder mágico de Elvis Presley y luego quedó fascinado por ese arrasador huracán que fueron los Beatles. Tom Petty apostó fuerte porque su vida fuera la música y gozó de la suerte necesaria para que su talento se acabara imponiendo a las adversidades. El caso es que puede presumir, como Jackson Browne, John Mellencamp o John Hiatt, de haber legado a la posteridad unas cuantas piezas maestras del mejor rock americano.

El embrión de Tom Petty & The Heartbreakers fue Mudcrutch, donde ya estaban el propio Petty, el excelente guitarrista Mike Campbell y el teclista Benmont Tench. Petty logró un contrato con Shelter Records en L.A. y en 1976 lanzó su primer álbum. Antes había reclutado al bajista Ron Blair y al batería Stan Lynch. “Tom Petty & The Heartbreakers” es brillante, hay riffs que recuerdan a los Byrds (por cortesía de las benditas rickenbackers), suena sucio al estilo de los Stones y contiene temazos definitivos como “American Girl”, “Fooled Again” (I Don’t Like It) o “Breakdown”. En la época del punk y la new wave fue todo un éxito en Inglaterra. ¿Por qué? Era sencillo, directo, puro rock que confesaba su amor por las bandas de la british invasion de los 60 y el garage rock americano. Entraba en el canon de lo cool en un momento crucial donde se defendía con pasión la vuelta a las raíces, la naturalización de un género que había entrado en terrenos pantanosos (sinfonismo, heavy…).

El segundo intento no fue tan acertado, pero mostraba a un grupo que iba por el buen camino. “You’re Gonna Get It” (1978) escondía en sus entrañas dos perlas como “I Need To Know” y “Listen To Her Heart” y les afianzó como una banda potente, enérgica, visceral y con un gran olfato para hacer temas con aroma a clásico (esa ecuación infalible que aúna grandes melodías con letras sencillas, pero significativas).

El tercer intento dio en el centro de la diana. Al igual que Bruce Springsteen con “Born To Run”, Tom Petty alcanzó la madurez como compositor en “Damn The Torpedoes” (1979). En plena gestación del álbum Tom Petty entró en una batalla legal contra la discográfica y acabó saliendo triunfante de la bancarrota. Su convicción y contenida rabia se hicieron patentes en composiciones definitivas (“Refugee””, “Even The Losers”, “Here Comes My Girl” y la preciosa “Louisiana Rain”). La cristalina producción de Jimmy Iovine aportó su granito de arena. De repente, Petty ya era una sólida realidad. Ojalá todo el mainstream rock fuera tan bueno como el que se alzaba con orgullo de los surcos de “Damn The Torpedoes”. La América post Vietnam y post Wargate cayó rendida a los pies de Petty y cía. Fue un tremendo hit que le convirtió en una superestrella.

tompetty1.jpgQue Tom Petty tiene un corazón rebelde se puso de manifiesto de nuevo con la salida de “Hard Promises” (1981). La compañía puso un precio alto al disco aprovechando el tirón del exitoso precedente y al rubio sureño le sentó como un puñetazo en la boca del estómago. Petty se enciende cada vez que se siente víctima de una injusticia y aquí presionó hasta que bajaron el precio. En la esfera de lo estrictamente musical, cabe destacar que “Hard Promises” no era tan bueno como “Damn The Torpedoes”, pero era consistente y atesoraba una maravilla como es la pegadiza “The Waiting”.

Esta es la época en la que murió la madre de Petty, algo que afectó mucho al autor de “American Girl”. Y también llegó el momento de la colaboración con Stevie Nicks. El rubio sureño le escribió “Stop Draggin’ My Heart Around”, incluido en “Bella Donna”, y ese tema se convirtió en un gran hit. Por aquellas fechas también apareció el bajista Howie Epstein en escena. Tom Petty se lo birló a Del Shannon. Ocupó la vacante dejada por Ron Blair y se acopló a la perfección a los Heartbreakers.

“Long After Dark” (1982) significó un paso atrás. No cabe la menor duda de que es un bajón. Por supuesto que escondía canciones destacables (“You Got Lucky”, “Change Of Heart”), pero la consistencia de entregas anteriores se desvanecía. De hecho, la irregularidad era la característica principal de un álbum que ha caído (con justicia) en el olvido.

Tras un paréntesis de tres años, salió “Southern Accents” (1985). Giras, drogas y una mano destrozada en el camino. Sí, porque Tom Petty se pulverizó una mano estrellándola contra la pared en un acceso de ira. La pretensión de Petty era sacar un doble álbum, pero al final llegó a la conclusión de que la cosa no funcionaría. Carecía del material suficiente de calidad para semejante empresa. Dave Stewart fue el productor y el grupo amplió horizontes estilísticos. Hay guiños country, soul y psicodélicos. Para la hipnótica “Don’t Come Around Here No More” se sacaron de la manga un ingenioso videoclip muy en la onda del universo de Lewis Carroll.

Tras esta obra, Tom Petty & The Heartbreakers se sumergieron en una larga gira con Bob Dylan. Y el siguiente paso en estudio fue “Let Me Up (I’ve Had Enough)” (1987), que vio la luz tras un directo que llegó como entremés: “Pack Up The Plantation: Live!” (1986). “ Let Me Up (I’ve Had Enough)” no acaba de funcionar. Sigue por los derroteros de la irregularidad. Hay partituras que sobresalen (“Jammin’ Me, escrita por Petty con Campbell y Dylan, o “It’s All Work Out”) dentro de un listado de canciones sin la inspiración de antaño.

Después de que le quemaran la casa y de ese divertimento que supuso The Traveling Willburys (esto sí que es una superbanda y lo demás son tonterías), que publicaron un par de interesantes álbumes, Tom Petty se lo montó en solitario con la ayuda de Jeff Lynne. “Full Moon Fever” (1989) es todo un acierto. Aquí Tom Petty recuperó el estado de gracia. Andaba sobrado de temazos y eso se nota. “Free Fallin’”, “I Won’t Back Down”, “Yer So Bad” o “Runnin’ Down A Dream” son incontestables. “Full Moon Fever” es el típico álbum disfrutable al máximo que resiste el paso del tiempo con la autoridad conferida por el hecho de ser todo un clásico.

Acto seguido, Petty intentó mantener el hechizo experimentado al lado de Jeff Lynne añadiendo el ingrediente de los Heartbreakers. “Into The Great Wide Open” (1991) es una repetición de la fórmula, pero sin el aval de las (grandes) canciones del inmediato precedente. No obstante, quedan para el recuerdo composiciones como “Learning To Fly”, “Kings Highway” o la canción que da título al álbum (con aquel videoclip en el que Johnny Depp ostentaba un papel estelar).

Entre medias hay que rememorar por su calidad la contribución de Petty a “Back From Rio” (1990) de Roger McGuinn. Escribió con el ex Byrds la deliciosa e incisiva “King Of The Hill”.

tompetty2.jpgLuego pasaron tres años para que saliera una nueva obra de Petty. Con la producción de Rick Rubin esta vez, el subio sureño entregó otra magnífica obra. “Wildflowers” (1994). El cambio es evidente. Rubin trabaja de una forma diferente a Lynne. Este disco fluye con más naturalidad. “You Don’t Know How It Feels”, “You Wreck Me”, “It’s Good To Be King”, “Only A Broken Heart” y la misma “Wildflowers” son buenas muestras de lo que es capaz de hacer Tom Petty cuando le visitan las musas.

Este instante fue crucial en el devenir de las aventuras de Tom Petty & The Heartbreakers. Hacía poco que “Mary Jane’s Last Dance”, incluida en el pertinente “Greatest Hits” (1993) había sido un exitazo gracias básicamente a que era una gran canción y a su fascinante videoclip en el que salía, por cierto, Kim Basinger. Precisamente esta fue la última canción en la que participó Stan Lynch. Steve Ferrone cogió las baquetas tras la marcha de Lynch (en el interín Dave Grohl también tocó la batería con Petty y cía).

Otro motivo para rendir tributo a Tom Petty & The Heartbreakers es que participaron en las seminales sesiones que dieron fruto a las “American Recordings” de Johnny Cash – es esencial su presencia en “Unchained” (1996)-. Cash hizo un par de covers de Petty: las emblemáticas “Southern Accents” y “I Won’t Back Down”. Casi nada. Este tipo al final ha acabado tocando con sus ídolos (Dylan, Cash, McGuinn, Harrison…) y esas eventuales uniones han sido bastante jugosas.

Tras la apreciable banda sonora “She’s The One” (1996), puso en circulación su particular “Blood On The Tracks”. “Echo” (1999) es su álbum de divorcio. “Room At The Top”, “Accused Of Love” o “This One’s For Me” brillan con luz propia en un disco que seguía las huellas de “Wildflowers”.

La siguiente aventura discográfica de Tom Petty & The Heartbreakers es “The Last DJ” (2002). Un obús contra el establishment. Un dardo contra el negocio musical. El disco es desigual, pero tiene gemas como la misma “The Last DJ” y la sutil “You And Me”.

Los problemas con las drogas pasaron factura a Howie Epstein. Su trágica muerte en 2003 situó de nuevo en los Heartbreakers a Ron Blair (dicho sea de paso en la formación de los Heartbreakers habría que añadir como miembro permanente al versátil Scott Thurston).

El último episodio musical de Petty hasta la fecha ha sido una vuelta al pasado. El rubio sureño se lo ha vuelto a montar en solitario con la ayuda de Jeff Lynne. “Highway Companion” (2006) es más sólido que “The Last DJ”. Y como pasa con todos sus discos hay temas que satisfacen al paladar más exigente (“Saving Grace”; “Flirting With Time”, “Down South”, “Damaged By Love”…).

De un artista con tan pocos altibajos sólo se puede esperar que continúe publicando buenos discos. A lo mejor no lucen la frescura de su ópera prima o la calidad de “Damn The Torpedoes” y “Full Moon Fever”, pero a buen seguro que sigue escribiendo melodías que se te adhieren a tu cabeza como si fueran un chicle pegado a un zapato. Alguien que ejemplifica aquello de que todo es muy difícil antes de ser sencillo no nos puede fallar.

P.D. Acaba de salir publicado el documental “Runnin’ Down A Dream” (2007). Este filme de Peter Bogdanovich viene a cuento por los 30 años cumplidos por Tom Petty & The Heartbreakers como banda. Y lo cierto es que es esencial para fans. El devenir de Petty y cía está detallado con imágenes históricas. De propina viene un concierto y un cd de rarezas. Es, sin duda, una joya.

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Por favor, permíteme lograr lo que quiero

Domingo 26 junio 2016

Buenos tiempos para un cambio
Mira, la suerte que he tenido
haría que un buen hombre
se volviese malo

Así que por favor, por favor, por favor
pérmíteme, permíteme, permíteme
permíteme lograr lo que quiero
por esta vez

No he tenido un sueño desde hace mucho tiempo
Mira, la vida que he tenido
haría que un hombre bueno se volviese malo

Así que por una vez en mi vida
permíteme lograr lo que quiero
Dios sabe que sería la primera vez
Dios sabe que sería la primera vez

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Neil Young and Crazy Horse – Greendale

Sábado 25 junio 2016

Neil Young
Greendale
Reprise/Warner 2003

Neil Young vuelve tras el irregular “Are You Passionate?” con un ambicioso proyecto, Greendale es un nuevo disco, una película y una novela, para este proyecto Young a creado toda una galería de personajes y situaciones para recrear el ambiente de una pequeña localidad costera, centrado el protagonismo en la familia Green y las situaciones que se irán creando.
En lo estrictamente musical Greendale vuelve a contar la colaboración de su mítica banda Crazy Horse, excepto Frank “Poncho” Sampedro, que ha quedado fuera del proyecto, recuperándose aún de la gira del año pasado en la que acompaño a Young en multitud de conciertos.
Las primeras sensaciones al poner el disco son inmejorables, a medida que suena “Falling from above” el corte que abre el álbum, nos vamos reencontrando con el crudo sonido de de la Les Paul de Young y con esas recias bases rítmicas de los Crazy Horse que no oíamos con tanta claridad desde “Ragged Glory” (1989), ojeando el libreto que acompaña el cd nos encontramos con ilustraciones de Mazzeo, que nos remiten inevitablemente al trabajo de este mismo ilustrador en “Zuma”(1976), e inevitablemente las buenas sensaciones se van tornando en entusiasmo.
“Devil Sidewalk”, Carmichael” o “Be the Rain” entusiasman y enganchan, entusiasman porque nos reencontramos con un Neil Young que creíamos perdido: Inconformista, abrupto, arduo y nada complaciente, cantando con convicción y tocando con entusiasmo, embarcado de nuevo junto a los Crazy Horse en esos largos temas épicos que tantas satisfacciones nos han brindado.
Es en los temas largos donde se hace mas destacable la ausencia de segundo guitarrista, brindando unos sugerentes silencios entre los fraseos de la guitarra de Young, Greendale es un disco muy austero en la instrumentación, el trío interpreta todos los temas con la única colaboración puntual de las Mountainettes (Pegi Young, Nancy Hall, Sue Hall) en los coros. Son canciones sencillas, directas, emocionantes, que llegan a cautivar a medida que uno se va introduciendo en la historia que hay tras cada letra.
Mención aparte merece “Bandit”, el único corte acústico del álbum y que es una de las mejores canciones de Young en muchos años, un tema que hubiese encajado bien en “Silver And Gold” (2000)
Todos los temas de Greendale están ligados argumentalmente y están concebidos para servir de soporte a la historia que es lo mas importante en este proyecto, aun así los temas funcionan por si solos y tienen su propia entidad, y no será extraño en un futuro escuchar en directo “Falling From Above” entre “Powderfinger” y “Country Home” por ejemplo.
Es evidente que este proyecto a devuelto a Young una ilusión que periódicamente pierde pero que siempre se esfuerza por recuperar, como ya hizo con aquel mítico “Rust never Sleeps” y con el mas reciente “Ragged Glory”, “Greendale” no esta a la altura de aquellos discos, pero es sin duda un disco con brillantes momentos que nos deja a un Neil Young de nuevo en plena forma.

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Nirvana – Nevermind

Viernes 24 junio 2016

Nirvana
Nevermind
Geffen, 1991
Cada vez que oigo Nevermind no puedo dejar de imaginar que es la bastardización punk del bloc de notas perdido por algun cantoautor desconocido. Quiza Cobain era demasiado cobarde para grabar un album tranquilo (el Unplugged fue una pildora amarga para el grupo), tal vez tenia dentro demasiado odio y rencor guardado. Tampoco puedo dejar de pensar que si Cobain no se hubiese disparado el mismo (¿?) hoy en día tocaría solo, sentado en un taburete y con una guitarra acústica, como Mark Lanegan o Nick Drake, el Unplugged parecia demostrar que era capaz de eso.
Nevermind es el disco que hizo que la confundida generación X terminara por extraviarse del todo. Hay algo en esa mezcla de rock y pop, tocada con fiereza punk, que apela a los más recónditos instintos humanos y hace que uno menee la cabeza al ritmo de las canciones y pierda los papeles.
Nirvana tenía un sonido, ya contaba con él en el crudo Bleach, pero fue con la llegada de Dave Grohl que las canciones compuestas por Cobain comenzaron a brillar de verdad, al impulsar Grohl estas con la fuerza necesaria. En Bleach la batería suena floja, baja y simple, dejando la voz de Cobain desnuda. Antes de Dave, Nirvana ya había tenido cinco baterias sin éxito alguno. Con Grohl Nirvana suena fuerte, alto y simple.
Con el grupo al completo Nirvana se embarca en la grabación de Nevermind a las ordenes de Butch Vig, productor entre otros del Siamese Dream de los Smashing Pumpkins. El resultado estremece. Nevermind terminaría numero uno en las listas de ventas de medio mundo y sellaría el destino de Cobain al convertirle en un icono, algo que de ninguna forma deseaba.
El disco es uno de esos denominados “no-filler”, no hay ninguna canción de relleno o que flojee, algo muy dificil en los segundos albumes. Abre con la omnipresente Smells Like Teen Spirit, el himno de la generación X y sin duda la más famosa de la banda, canción que la banda terminaría odiando tocar en directo.
In Bloom esta marcada por el bajo y los redobles de Grohl. El video de esta canción convertia a Nirvana en una mezcla entre The Beatles y The Thamesmen, la banda precursora de Spinal Tap. Come as You Are suena mejor en el Unplugged, en Nevermind tiene un sentimiento de urgencia frenado por los redobles de Grohl, esta urgencia se convierte en relajación en la grabación acustica de Nueva York. Polly y On a Plain son las canciones tranquilas del album y fueron grabadas por Kurt usando una acústica desafinada y con solo cinco cuerdas. Territorial Pissings es simplemente salvaje. El disco termina con la autobiográfica Something in the Way, que en algunas versiones del disco se extiende hasta convertirse en Endless/Nameless, otra de las explosiones de furia de Nirvana.
Nevermind sobresalio sobre otros discos increibles editados en 1991 como “Ten” de Pearl Jam, “Badmotorfinger” de Soundgarden, Massive Attack sacó “Blue Lines”, R.E.M. “Out of Time”, De La Soul “De La Soul is Dead”, Metallica “Metallica”, A Tribe Called Quest “The Low-End Theory”, My Bloody Valentine “Loveless”, y Matthew Sweet “Girlfriend”.
Despues de Nevermind vendría In Utero, un album mejor, mucho más directo y ya sin las concesiones pop del anterior trabajo, tampoco sus letras serian tan personales. Nirvana intento volver al underground y dejar de ser un grupo de moda, pero no hubo forma. Cobain ya no podría escapar en vida de la maldición del éxito y del peso de ser un modelo a seguir. De su mujer no hablemos.

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