Lambchop – Damaged

Jueves 19 enero 2017

Lambchop
Damaged
City Slang 2006

En este año se han reeditado sus cuatro primeros discos ampliados con temas extras. Se han publicado dos recopilatorios de singles y rarezas que se pisan temas “The Decline of the Country & Western Civilization (1993-1999)”, y “The Decline of Country & Western Civilization Part II: The Woodwind Years”, y en agosto este álbum con canciones nuevas (curiosamente, aunque no por casualidad, con el mismo título que un disco de los subversivos Black Flag). Sin duda un año intenso de publicaciones para Lambchop, algo a lo que estamos acostumbrados sólo en caso de muertes sonadas. Por suerte no es este el caso, aunque probablemente el contacto con la muerte si ha influenciado este último trabajo. La reciente recuperación de Kurt Wagner tras un tratamiento para combatir el cáncer sin duda le ha dejado cicatrices y secuelas imposibles de olvidar o esconder.
Ha desaparecido por completo el toque de cinismo, aunque no del todo el sentido del humor. La sinceridad y las ganas de dar lo mejor y más íntimo se respiran desde la primera hasta la última nota de instrumentos y voz. La aparente sencillez y limpieza, el tono sepia con pinceladas de color estrategicamente colocadas y el ambiente intemporal que respira cada canción no hacen sino encumbrar la obra y situarla fuera de etiquetas, su lugar se encuentra en el corazón, rodeada de oleajes y vientos empujados por emociones y experiencias personales a la vez que universales.
Kurt Wagner con su guitarra y su voz, cada vez con mayores capacidades para transmitir sensaciones, ha contado de nuevo con la colaboración del dúo Hands Off Cuba y sus tímidas aportaciones ambientales y electrónicas, de Peter Stopshinski (y el Dafo String Quartet de Krakovia) en los delicados pero extremadamente efectivos arreglos de cuerda, de William Tyler y sus frágiles sonidos de guitarra, de Paul Niehaus (Caléxico) en la dolida steel guitar, o Tony Crow en las sencillas pero sentidas notas de piano.
Todas las canciones respiran un aire de quietud, madurez y confesión, pero intentando no alejarse en ningún momento de la realidad; los problemas están ahí, pero el lugar desde donde uno los mire hace que su importancia varíe, y las diferentes perspectivas de observación ayudarán a encontrar una resolución, o, en los casos más duros, ver claramente que no hay solución posible. Todas las canciones son sublimes, desde la que abre el disco ‘Paperback Bible’, casi ocho minutos (yo que soy amante de las canciones de 2 minutos) que no se hacen largos por su transcurrir natural, contándonos una historia inspirada en el programa de radio Swap Shop (Tienda de cambio), en el que la gente intercambia cosas inútiles o ya no deseadas y en la que Kurt logra hacer poesía de lo vulgar; pasando por la maravillosa ‘Prepared (2)’, nueva versión del mismo tema aparecido el año pasado en el ep “CoLAB” (en colaboración con Hands Off Cuba); o por ‘I Would Have Waited Here All Day’, canción escrita en un principio para la cantante de soul Candi Staton, pero que nunca llegó a cantar porque el productor (Mark Nevers, miembro también de Lambchop) la consideraba demasiado larga y que ella nunca pronunciaría la palabra “dick” (polla), y que Kurt interpreta poniéndose en el papel de un ama de casa frustrada que espera, entre vagas ilusiones y decepciones, que su marido regrese del trabajo (“Estás calado desde la ducha del mediodía, pronto secarás tu polla, quiero ser romántica, pero no hay realmente mucho más. Me pongo el vestido que me compraste y calzo las nuevas botas, espero tu llamada, mientras vuelves a casa del trabajo”); hasta la que cierra el álbum ‘The Decline Of Country And Western Civilization”, la única que rompe el tono de calma para dejar claro que no se olvidan de donde vienen (en palabras de Kurt: “Quisimos recuperar mi manera original de cantar, con una voz ruidosa y sincopada. Se acerca a la actitud punk que teníamos en nuestros comienzos, y que esperemos no se haya perdido del todo”), pero que tienen muy claro que lo suyo es seguir avanzando, y que el punk no es de las cosas más duras ni difíciles en esta vida. Las chuletas de cordero están heridas, pero cada herida no hace sino convertirlas en más especiales y únicas.

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Josh Ritter – Hello Starling

Miércoles 18 enero 2017

Josh Ritter
Hello Starling
Signature 2003

El segundo disco de Josh Ritter confirma a este músico norteamericano como uno de los mejores compositores e intérpretes de los últimos años, un músico que ya solo encuentra reflejo en los grandes songwriters de nuestro tiempo, con el eco de Elliott Smith y de Ryan Adams acariciando sus composiciones.
Josh Ritter descubrió el rock en los discos de Bob Dylan, Johnny Cash y Townes Van Zandt y pronto comenzó a componer y a tocar en locales folk de Boston, su primer disco, “The Golden Age Of Radio”, grabado en muy humildes condiciones ya mostraba todas las credenciales de este músico que dota a sus composiciones de un halo especial de belleza intimista, cercana y sincera, hablando de sentimientos cotidianos pero a la vez tremendamente evocadores, de como amar se convierte en una gran victoria que se disfruta en toda su intensidad, de como los días pueden albergar grandes secretos, de como un fracaso puede servir para componer una canción.
“Hello Starling” no supone un gran salto respecto a su primer disco, a pesar de contar con mas presupuesto no encontramos aquí alardes en la producción, mas bien al contrario parece que se ha querido simplificar todo al máximo, desnudando las canciones hasta dejarlas en muchas ocasiones con tan solo la voz y la guitarra de Ritter, quien agudiza la profundidad de sus confesiones y el calado de sus interpretaciones.
si “The Golden Age of Radio” mantenía un tono basicamente amable y esperanzado, este “Hello Starling” muestra conflictos mas dolorosos y mas difíciles, aunque afortunadamente aún canta con fuerza al amor en temas como la preciosa “Bright Smile” o en “Snow Is Gone”.
Este nuevo disco explota la faceta mas folk del autor, haciendose acompañar por instrumentos acústicos arropados en mareas de Hammonds y Wurlitzers que crean una atmósfera cálida y clásica en la que Josh Ritter se siente especialmente a gusto, acercandose mas si cabe a los referentes clásicos que antes citábamos, no es dificil imaginarse a Townes Van Zandt interpretando “You don’t make it easy babe” o a Fred Neil tocando “Rainslicker” y es que la música de este aún joven interprete lleva todos las trazas de convertirse a su vez en referente para los que vengan detras.
Un disco necesario, casi imprescindible en un mundo que aún no ha podido cubrir el vacío de los que nos dejaron, en un mundo necesitado de música que surga honestamente del corazón para contarnos historias que nos puedan ayudar a encontrar la belleza en lo cotidiano, aunque esas historias nos duelan.

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The Troggs – Athens Andover

Martes 17 enero 2017

The Troggs
Athens Andover
Page One-Larry Page Productions 1992

The Troggs, grupo de los 60, llamado en sus orígenes The Troglodytes, que saltaron a la fama con la canción “Wild Thing”, se han mantenido en el recuerdo gracias a sus canciones y al público, no gracias a la prensa ni al respeto de sus compañeros de época, quienes les tachaban de primitivos y rudos (el mismo Ray Davies comentó que se trataban de una copia de los Kinks y de un montaje de Larry Page -anterior manager de los Kinks y luego productor de los primeros éxitos de los Troggs- para su lucro personal). Serían, sin embargo, esta base ruda, sus riffs y los problemas con la censura (siempre por alusiones a la sexualidad), además de la atracción y encanto que sus canciones desprenden, lo que les llevaría a ser influencia importante en la creación del garage rock y del punk. Hay que destacar asimismo su gran acierto para componer canciones melódicas (“You Can Cry If You Want”, “Love Is All Around”, “Cousin Jane”, “Little Girl”, “Anyway That You Want Me”), tanto o más perfectas que los trallazos “Wild Thing”, “I Can’t Control Myself”, la stoniana “I Can Only Give You Everything”, o los temas a medio camino y extremadamente contagiosos “With A Gir Like You”, “Night Of The Long Grass” o “Give It To Me”.
Llega la época de la psicodelia y el éxito deja de sonreirles (aunque con los conciertos sigan convenciendo y ampliando su grupo de fans, sobre todo en Alemania, Francia, Holanda, Gran Bretaña y EE.UU.), hasta que inevitablemente se acaban separando. Lo intentan con proyectos en solitario pero tampoco tienen suerte. Reg Presley (Reginald Maurice Ball – 12 Junio 1941), voz y autor de gran parte del repertorio de los Troggs, junto a Chris Britton (Charles Christopher Britton – 21 Junio 1944), guitarra y coros desde que pasaran a llamarse The Troggs, acompañados de nuevos músicos, vuelven a juntarse y dar actuaciones por circuitos de cabarets y clubs, rememorando viejos éxitos. Con los años y cambios de moda serían reivindicados por diferentes artistas y movimientos, hasta que en 1992 Larry Page tiene la idea de volver a grabarles un disco, convencido de que podrían ser relanzados a la fama con la colaboración de músicos de rock de esa época, que frecuentemente incluían en sus actuaciones alguna versión suya o que los consideraban influencia y que estarían orgullosos de colaborar. Es así como se generó este disco, lleno de buenas ideas y buenos resultados, contando con todos los ingredientes que caracterizaran a los clásicos Troggs, desde sonidos potentes, riffs y distorsiones, hasta melodías y coros pegadizos, todo ello bajo el halo de una producción respetuosa y elegante. El repertorio que presentan son once nuevas canciones, de las cuales Reg Presley es autor de cinco, las más cercanas a sus tiempos salvajes “Dust Bowl” y “What’s Your Game”, la dylaniana “Suspicious”, un medio tiempo “Together” y la balada “Don’t you Know”. Abre el disco la inspirada y con aires nostálgicos “Crazy Annie”, compuesta por Chip Taylor, autor de su primer éxito “Wild Thing”. Tony James Shevlin compone el precioso “Deja Vu”, plagado de alusiones a anteriores títulos del grupo. El productor Larry Page junto con Daniel Boone (este último colaborando también con la guitarra eléctrica y haciendo coros), son autores de dos típicos temas cañeros y eléctricos “Tuned Into Love” y el que cierra el disco “Hot Stuff”, intento descarado e interesante de emular el “Wild Thing” . Y para el final dejo las colaboraciones con más renombre en la época en que se grabó, se trata del componente del grupo DB’s Peter Holsapple (que también toca guitarras de 6 y 12 cuerdas en el disco), aportando los temas “I’m In Control” (en contraposición al tema clásico en que cantaban que no se podían controlar) y “Nowhere Roads”, este último compuesto en colaboración con los componentes de REM, Peter Buck (también toca mandolina y guitarras), Bill Berry (tocando batería y percusión) y Mike Mills (toca bajo, acordeon y órgano).
Sus letras siguen tratando sobre todo la temática amorosa en sus diferentes vertientes, desde el lado más tierno y clásico al más salvaje y pasional, desde el placer a la verguenza; pasando puntualmente por temáticas ecológicas, pobreza, recuerdos o búsqueda de soluciones personales a problemas vitales. El disco comenzaron a grabarlo en Andover (al sur de Inglaterra), ciudad donde originalmente se formaron los Troggs; allí Reg Presley, Chris Britton, Peter Lucas (bajo, guitarra acústica y coros) y Dave Maggs (batería) registraron las tomas básicas del disco, trasladándose ocasionalmente a Athens (Georgia, Estados Unidos) para finalizarlo acompañados de los colaboradores especiales, quedando prendados de la zona y del estudio de John Keane (quien toca también guitarras, pedal steel y coros), así como de la profesionalidad y gran hospitalidad con que son acogidos por este y los componentes de REM y Peter Holsapple.
Comenta Larry Page, en las notas que acompañan al álbum, que está convencido de que en años venideros este disco será ampliamente reconocido como un hito en la historia del R&R. Sin duda la amistad y falta de objetividad han influido en lo excesivo de su comentario, pero aunque no se trata de un álbum imprescindible, si se trata de una obra altamente disfrutable. (Sería reeditado en 1996, con siete temas extras, bajo el título “Athens, Georgia & Beyond”).

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Grita libertad

Lunes 16 enero 2017

Cry freedom (1987)

Director: Richard Attenborough

Intérpretes: Denzel Washington, Kevin Kline, Penelope Wilton, John Thaw, Josette Simon, John Hargreaves, Ian Richardson

A la mayoría de quienes lean este texto y tengan menos de 20 o 25 años, la palabra Apartheid seguro que no les sonará de nada. Hoy día, y por fortuna, este término es un triste recuerdo en el fondo de los libros de historia, pero hasta hace relativamente poco tiempo estaba muy presente en las vidas de millones de personas, para quienes dio nombre a uno de los sistemas de gobierno más infames y miserables jamás conocidos por la humanidad.

Con Nelson Mandela pudriéndose en la cárcel y con la oposición interna (negra o blanca, sin distinción) maniatada por un feroz sistema represor, Steve Biko fue uno de los hombres que más lucharon y arriesgaron para denunciar pública, abiertamente y desde dentro, la opresión de un gobierno que institucionalizaba el racismo convirtiéndolo en una forma de vida. Su detención y muerte a manos de la policía tras días enteros de cruel tortura en 1977, junto con la espantosa matanza de estudiantes de Soweto ocurrida un año antes, terminó despertando la conciencia de un mundo que hasta entonces había ignorado casi por completo lo que sucedía a diario en Sudáfrica.

Es un hecho que el cine es un negocio que se mueve al son de los acontecimientos que le toca vivir, y que por tanto suele apuntarse enseguida a las modas imperantes en cada momento, dejándose “llevar por la corriente” por así decirlo. Desde ese final de los años 70, pero sobre todo a partir de mediados de los 80, el movimiento anti-Apartheid había ido creciendo en Occidente. El cine no fue ajeno a esta masiva manifestación contra el racismo y el “problema sudafricano”, aparte de ser una fuente diaria de noticias, empezó a tener presencia más o menos destacada en multitud de películas. Y Sir Richard Attenborough, uno de los profesionales más respetados del panorama cinematográfico inglés, tampoco quiso perder la oportunidad de denunciar a aquel Gobierno y a su sistema de forma directa.

Más que una biografía del activista negro Steve Biko, Grita libertad es la historia del periodista blanco que lo acompañó durante sus últimos dos años de vida. Donald Woods pasó de enemigo a amigo, teniendo que huir de Sudáfrica al intentar denunciar ante la opinión pública la más que sospechosa muerte de Biko. Tras ello convirtió su pluma en una de las espadas más afiladas en la lucha contra el sistema de segregación racial, que acabaría por desmoronarse finalmente a principios de los años 90.

Siendo quién es, de Richard Attenborough no se podría esperar otra cosa que un producto profesional y bien acabado, y Grita libertad lo es. En 1987 a Attenborough se le recordaba sobre todo por Gandhi, una película buena aunque sobrevalorada, que había arrasado en taquilla y en los Oscar de 1982. Acostumbrado a lidiar con producciones de gran calibre como aquella, sorprende verlo al timón de una película como esta, bastante pequeña en comparación, aunque a mi juicio superior en algunos aspectos. El filme se beneficia de todos los puntos fuertes del veterano realizador británico, como su cuidado a la hora de elaborar las tomas y, sobre todo, la excelente dirección de actores que logra hacer creíble a Kevin Kline en un papel bastante alejado de la habitual vis cómica por la que es conocido, demostrando de paso que es un muy buen actor. Otro tanto se podría decir de Denzel Washington, un actor competente, aunque no un genio. Un tipo que siempre me ha parecido bastante empalagoso, pero que aquí me resulta más convincente que en otras ocasiones, dotando a su personaje de la fuerza de carácter que necesita sin caer para ello en estridencias interpretativas. La duración de la película es algo excesiva, pero se sobrelleva bastante bien, sobre todo durante la última hora de metraje.

Aunque pueda acusarse a Grita libertad de oportunista, en la onda de otros filmes de su época que se aprovecharon en mayor o menor medida del Apartheid para atraer público, y aunque se haya quedado vieja como cinta de denuncia política (el sistema contra el que arremete, afortunadamente, quedó enterrado hace tiempo), tampoco puede decirse que no sea válida para reflexionar sobre la falta de libertades de la gente en general y de la profesión periodística en particular, y no sólo en regímenes considerados “represivos” como pueden ser las dictaduras. Además, esta película constituye una advertencia en medio del actual clima de creciente violencia racial en que vivimos. Es un retrato de hechos pasados, sí, pero quien olvida el pasado está irremediablemente condenado a repetirlo.

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Great Lake Swimmers – Ongiara

Domingo 15 enero 2017

Great Lake Swimmers
Ongiara
Nettwerk 2007

great_lake_swimmers_ongiara_2007-front.jpgTercer disco (aparte del EP “Hands In Dirty Ground” del 2006) del canadiense Tony Dekker como alma mater del proyecto ‘Great Lake Swimmers’, tercer acierto en la diana de los sentimientos. Son pocos los que logran expresar tan profundas emociones con tanta sencillez. Tan sólo con su voz y guitarra consigue llevar la melancolía e intimidad a grados de estremecedora belleza, si bien hay que destacar en este trabajo los delicados y efectivos acompañamientos que a lo largo del disco consiguen mantenerlo majestuoso y elevado como el águila que domina la portada. Siguen como miembros de la banda Erik Arnesen (al banjo y guitarra eléctrica) y Colin Huebert (batería, percusión, glockenspiel y timbal), contando para esta ocasión con invitados como la cantautora Serena Ryder (coros y autoharp), el componente de ‘Blue Rodeo’ Bob Egan (pedal steel y dobro), Owen Pallett (de ‘Final Fantasy’ y ‘Arcade Fire’), en los arreglos de cuerda, o Sarah Harmer también haciendo coros.
Si el primer Cd (“Great Lake Swimmers”, 2004) fue grabado en un granero, el segundo (“Bodies And Minds”, 2005) en una iglesia, esta vez han realizado las primeras sesiones de grabación en el estudio de Dale Morningstar (‘Godspeed You Black Emperor’) situado en Toronto Island (han sacado el nombre de este disco precisamente del barco que les llevaba a la isla), si bien las grabaciones definitivas han sido registradas en el Aeolian Hall (famoso centro de exposiciones, ensayos y conciertos, entre otros eventos, en London, Ontario).
Como ya nos tiene acostumbrados, canta al amor y a la naturaleza compasivamente, casi ingenuamente, con esa ingenuidad que deseariamos no perder nunca para evitar que la pureza se descomponga y desprenda olores desagradables. Con un sonido rural, arraigado a la tierra, pero empapado de emociones personales, fusiona imágenes cotidianas con los sentimientos más profundos logrando una mezcla indisoluble, capaz de estar lo mismo pegada al suelo que de elvarse en forma de gas adaptándose con facilidad a las necesidades y cirsunstancias de cada momento. Si en “Backstage with the Modern Dancers” nos habla de sensaciones y pensamientos antes de salir a escena, en “Catcher Son” de como todo cae y se eleva, mientras él solamente pretende pasar como un fantasma entre una melodía casera bajo la luz del crepúsculo, en “There’s A Light” de que si el amor es una guerra no quiere saber nada más de él, en “I am Part of a Large Family” de que no renuncia a ofrecer su granito de arena para mejorar la convivencia de la familia que todos formamos, en “Where in the World Are You” hace referencia a lo que ahelamos encontrar y que cuando creemos hallarlo suele desvanecerse fácilmente. Mis preferidas actualmente (aunque cualquiera de las anteriores podría sustituirlas dependiendo de la ocasión) son “Your Rocky Spine”, “Passenger Song”, y “I Became Awake”. Y dejo para el final la que no cambiaría, la que considero una de las mejores canciones del año pasado “Changing Colours”, que habla del paso del tiempo y del amor de un modo que siempre logra sobrecogerme.
Si bien en las primeras escuchas me había parecido inferior al anterior “Bodies and Minds”, tras una atención más concentrada y exhaustiva lo considero a la misma altura. Se trata de un disco menos sombrío, permitiendo que los rayos de luz iluminen ciertas zonas antes ocultas, añadiendo incluso toques de color, pero son colores pintandos a mano, con un mimo y un gusto que lo que consiguen es realzar la poesía de la obra. La presencia más destacada del banjo o el dobro, junto con la magia de los coros y arreglos puntuales, no hacen más que ampliar el campo de visión, pero sin desenfocar en ningún momento el principal objetivo: llegar al corazón.

Escucha: Great Lake Swimmers: Changing Colours

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Foros Computer Age:
Great Lake Swimmers – Ongiara

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