Townes Van Zandt

martes 22 mayo 2018

Townes Van Zandt
El Trovador De Texas

townes1.jpgTownes Van Zandt nació en Forth Worth, Texas en 1944. Miembro de una importante familia Texana e hijo de un magnate del petróleo su vida discurriría por un camino muy distinto del que se había definido para el, hasta convertirse en una de las figuras mas importantes de la cultura popular del siglo XX.
La música de Townes Van Zandt, siempre a caballo entre el Country, el Blues y el Folk ha influido a multitud de músicos de nuestro tiempo, desde Steve Earle (Fan reconocido) hasta Wilco, pasando por grupos tan dispares como My Morning Jacket, Jayhawks o Uncle Tupelo, y su turbulenta biografía ha terminado por dibujar la figura de Townes Van Zandt como uno de esos creadores oscuros tan del gusto de mitómanos como yo.

Van Zandt empieza a componer a temprana edad, muy influido en sus composiciones por músicos como Lighting Hopkins, Guy Clarke o el propio Bob Dylan y con apenas 20 años viaja a Nashville guiado por otro influyente músico country: Mickey Newbury, y allí empezará a dar sus primeros conciertos y a componer sus primeras canciones adultas.
Su primer disco “For The Sake Of A Song” es publicado en 1968 y recibe un recibimiento mas bien discreto de público y critica, pero le permite asentarse y hacerse mas o menos con un nombre en el área de Nashville donde ofrecerá bastantes shows.
En esta época Townes Van Zandt vive en una pequeña cabaña en un bosque de Tenesse, sin teléfono y alejado del bullicio de la ciudad. De este etapa es el vídeo que presentamos hace un días, en el que aparece en esta cabaña interpretando “Waiting Around To Die” ante la mirada de su novia y su vecino.
Para entender mejor este y otros momentos hay que hablar de la condición mental de Van Zandt. Diagnosticado con síndrome maniaco-depresivo a los 20 años, tuvo que someterse a un estricto tratamiento durante años, lo que fue minando su memoria (se dice que olvidaba canciones continuamente en directo). Además gradualmente fue teniendo cada vez mas problemas con la bebida, lo que acentuó esos problemas de memoria y marco negativamente su carácter, tímido y reservado pero con un particular sentido del humor.

townes2.jpgLa época que va de 1968 a 1973 es la etapa mas prolífica del músico Texano. En estos años graba sus mejores discos y compone sus mejores canciones. Ya en ese primer disco del 68 ofrece todo un recital de composiciones sublimes que iban desde las mas sobrecogedoras reflexiones sobre la soledad en clave folk como “For The Sake Of A Son” o la citada “Waiting Around To Die” a luminosas y esperanzadoras canciones como la preciosa “I´ll Be Here In The Morning” pasando por temas ligeros y humoristicos como “Talkin’ Karate Blues”.
“Our Mother The Mountain”, su segundo disco, es considerado como su primera verdadera obra maestra. Publicado en 1969 obtuvo una repercusión comercial un poco mejor que el primer disco, y es que el esfuerzo realizado por su compañía, Tomato Records, permitió mayores y mejores arreglos en unas canciones por lo demás sencillamente estupendas. Destacar aquí la preciosa “Kathleen” y las apocalípticas letras cargadas de simbolismo de “Our Mother The Mountain” y sobre todo “St John The Gambler“.
“Townes Van Zandt” (1970) recoge nuevas versiones de clasicos de sus dos primeros discos, muy cambiadas, mucho mas oscuras, junto a misteriosos temas como “Lungs“.
Sus siguiente trabajos de estudio, “Delta Momma Blues” (1971), “High, Low & In Between” (1972) y “The Late, Great Townes Van Zandt” (1972), todos grabados para Tomato y pésimamente distribuidos, muestran a un Van Zandt cada vez mas introspectivo y críptico, dejando atrás las profusas producciones de antaño en temas de marcado carácter Blues y Folk.

Tras un disco en directo publicado en el 77 (“Live At The Old Quarter”) y otro nuevo disco de estudio un año mas tarde (“Flyin’ Shoes”), Townes Van Zandt pasaría casi una década sin volver a grabar, ofreciendo pequeñas actuaciones en el área de Texas y de Nashville y viendo como sus problemas con el alcohol empeoran día tras día.

Reconocido como un maestro por las nuevas generaciones de músicos norteamericanos, la figura de Townes Van Zandt emerge tímidamente a finales de los 80. Graba un notable nuevo disco de estudio, “At My Window” (1987) e incluso se embarca en una gira junto a Cowboy Junkies. En los siguientes años Van Zandt sigue entregando discos de diversa indole (Versiones, reinterpretaciones, directos) hasta su muerte en 1997, a los 52 años de edad.

El legado y la influencia de Townes Van Zandt en la música de nuestro tiempo es de incalculable valor y hoy en día aun resulta un verdadero placer sumergirse en aquellas viejas canciones, cargadas de sinceridad y esperanza.

Escucha:
I´ll Be Here In The Morning

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Kathleen

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St. John The Gambler

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-For The Sake Of A Song: Articulo publicado en My Back Pages

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El hombre que pudo reinar

lunes 21 mayo 2018

El hombre que pudo reinar
The man who would be king (1975)

Director: John Huston
Intérpretes: Sean Connery, Michael Caine, Christopher Plummer, Saeed Jaffrey, Karroom Ben Bouih

elhombrequepudoreinar.jpg“Si John Ford fuese un dios o un rey, Orson Welles y John Huston estarían a su lado en el trono”. Tan contundente frase la dijo un amigo mío cuando, hace ya muchos años, asistimos a una retrospectiva que sobre Ford se organizaba en el Cine Doré de Madrid. Puede que alguno considere esta afirmación algo exagerada (aunque el mismo Welles solía decir que los tres mejores directores de la historia del cine habían sido John Ford, John Ford y John Ford), pero lo cierto es que estos tres hombres sean tal vez los más prominentes talentos de la época clásica de Hollywood, que engloba aproximadamente las décadas que van desde 1930 a 1960. Con la muerte de Huston, ocurrida en 1987, se cerraba para siempre una etapa en la que creadores rebosantes de talento, egocéntricos, tozudos y rebeldes estuvieron a punto de apoderarse de la Meca del cine. Para entonces todo había cambiado: chupatintas y picapleitos eran ahora los dueños del chiringuito. Definitivamente los locos se habían hecho con el control del manicomio, y las consecuencias las estamos pagando ahora todos los amantes del buen cine.

En los años 70, cuando Hollywood aun producía algo más que videojuegos filmados o videoclips de dos horas, John Huston era una especie de icono viviente. Muerto John Ford, con Orson Welles defenestrado desde hacía años a causa de sus “delirios artísticos” y sus enfrentamientos con la industria, y con la mayoría de sus coetáneos en vías de retirarse o directamente retirados, Huston era el único de los directores del “Hollywood clásico” que mantenía una carrera regular y estable, aunque había quienes consideraban que su mejor momento había pasado. Demostrando lo equivocados que estaban, fue entonces cuando aquel borrachín irlandés se destapó con una película que merece estar sin duda entre las mejores de su director.

El hombre que pudo reinar debería exhibirse en las escuelas de cine como clara demostración de lo factible que es hacer una buena película de aventuras sin necesidad de caer en las necedades del cine comercial-basura moderno. Aquí no hay grandes batallas en abismos perdidos generados por ordenador, ni violencia gratuita, ni sesiones de fuegos de artificio camuflados como explosiones, pero la esencia de la palabra “aventura” se palpa por doquier.

El hombre que pudo reinar es una adaptación de un relato de Rudyard Kipling situado en la época Victoriana, sobre dos truhanes que abandonan el ejército británico de la India para buscar fortuna fácil en un inhóspito y lejano país. El problema surge cuando uno de ellos termina creyéndose un dios, con consecuencias imprevisibles. Para rodar la película, Huston se trasladó a Marruecos con un equipo y un presupuesto relativamente reducidos, pero tenía dos ases en la manga para sacar adelante un excelente trabajo: si Michael Caine está espléndido, Sean Connery consiguió, gracias a su labor en el filme, desligarse definitivamente del corsé de James Bond en el que estaba metido. Con un papel nada fácil de interpretar y lleno de sutiles matices, el escocés demostró que podía ser mucho más que el espigado 007. También destacable es la aparición de Karroom Ben Bouih, un hombre que se estrenaba en el cine con 103 años interpretando el papel del sumo sacerdote, y que probablemente sea el actor novel más anciano que nunca se haya puesto delante de una cámara. Además no lo hace nada mal, notándose la inigualable “mano” que tenía Huston en la dirección de actores.

Definitivamente estamos ante una película de aventuras “de las de antes”, que puede que no atraiga a una juventud demasiado acostumbrada ya a Vin Diesel, pero que demuestra que el cine bien hecho y entretenido lo sigue siendo ahora y siempre, por mucho que haya gente empeñada en vender DOOM como “una película de aventuras en toda regla”. Tócate los pies.

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Zatoichi

domingo 20 mayo 2018

Zatoichi (2003)

Director: Takeshi Kitano
Interpretes: Takeshi Kitano, Tadanobu Asano, Michiyo Okusa

Zatoichi es un personaje muy conocido en la cultura japonesa, las historias del samurai ciego han estado presentes en multitud de novelas, cómics, representaciones teatrales o series de televisión a lo largo de las últimas décadas en el país asiático, Takeshi Kitano aceptó por encargo realizar una reinterpretación del personaje atraído por la estética del Japón clásico, abordando una temática hasta ahora inédita en su ya extensa filmografía.
Takeshi Kitano es uno de los directores actuales mas originales y característicos, el rotundo ritmo de todas sus películas y su peculiar forma de abordar la violencia han hecho de el uno de los directores mas aclamados del cine actual, aunque su cine siga pasando practicamente desapercibido en su país.
El primer referente obvio de Zatoichi son las historias de samurais de Akira Kurosawa, en especial Yojimbo y Sanjuro, Kitano en ningun momento niega esa influencia e incluso homenajea al maestro en algunas secuencias, como la de la lucha bajo la lluvia.
La historia tampoco abandona los cánones del género, Zatoichi es un masajista ciego que llega a una ciudad donde un clan impone su ley, sometiendo a todos sus habitantes al pago de fortísimos impuestos y sembrando el terror en las calles, pronto se descubrirá que el recien llegado no es un simple masajista y el clan verá su autoridad amenazada.
Junto a Zatoichi confluyen en la ciudad una serie de extraños personajes: una pareja de hermanas en busca de venganza con un oculto secreto, un jugador de dados, un samurai sin trabajo con una mujer enferma, y toda una colección de secundarios curiosos y extraños.
El gran logro de Kitano en Zatoichi, como en la mayor parte de sus películas, es el carácter y la profundidad que imprime a todos esos personajes, aportando pequeños apuntes biográficos que se diluyen con naturalidad en la trama pero que aportan datos clave para entender las acciones de cada uno de ellos, acciones y personalidades que entran en inevitable conficto.
La realización, la puesta en escena, la fotografía y todo el apartado técnico en general es otra vez sobresaliente, Kitano maneja a la perfección todos los recursos del cine moderno, y Zatoichi es buena muestra de ello, visualmente es impecable, impactante y realmente bella. El peculiar tratamiento de la violencia, presente en muchas películas del cineasta, convierten tambien a Zatoichi en una película dura, cruda, a veces incomoda, pero siempre interesante e impactante.
Zatoichi es un proyecto extraño, casi una anomalía, una película planteada como obra menor que sin embargo tiene argumentos suficientes para figurar entre lo mejor de la obra de Takeshi Kitano, un director en su mejor momento que convierte en oro todo lo que toca.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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Blind Faith

sábado 19 mayo 2018

Blind Faith
Blind Faith (deluxe edition)
Polydor 1968/2000

En 1968 un ya legendario Eric Clapton ponía punto final a Cream, su mas exitoso proyecto hasta la fecha, casi al mismo tiempo Traffic anunciaban su separación, estaba a punto de iniciarse una de las aventuras mas vibrantes de la historia del rock, una aventura que, no obstante, resultaría terriblemente breve.
Eric Clapton, en sus últimos años con Cream, se quejaba de estar un poco atado a lo que crítica y público esperaban del grupo, un grupo que aunque evolucionó inteligentemente del blues-rock inicial a la psicodelia aún tenía muy marcadas sus rígidas raíces blues, Blind Faith se convertiría en la vía de escape para un Clapton en la cima de su virtuosismo a la guitarra.
El proyecto Blind Faith fue visto en la época como un auténtico supergrupo y despertó una expectación enorme, no en vano Traffic y Cream eran dos de los grupos mas influyentes de su tiempo, y tanto Clapton como Steve Winwood tenían ya cetegoría de mitos, a estos dos músicos se les unieron Rick Grech (antes en Family) y el batería Ginger Baker (ex-Cream) para configurar la formación original de la banda.
Blind Faith, a pesar de lo que se podría pensar en un principio, no fue la suma del sonido de las tres bandas madre, sino que generó un sonido tremendamente peculiar, basado en el blues y la psicodelia, si, pero llevando la música a extremos completamente desconocidos.
El disco original que salió en el 69 solo contenía seis canciones, tres compuestas por Steve Winwood (“Had To Cry Tonight”, “Can’t Find My Way Home”, “Sea Of Joy”), una por Eric Clapton (“Presence Of The Lord”), otra por Ginger Baker (“Do What You Like”) y una version del “Well…All Right” de Buddy Holly aunque sin duda es mas recomendable hacerse con una edición del disco que salió en el 2000 llamada DeLuxe Edition que captura mejor el espíritu de aquellos escasos seis meses de existencia de la banda al incluir todas las jams que se grabaron en esas sesiones, hay es donde se aprecia en detalle el espíritu excesivo de la banda, enfrascandose en interminables sesiones donde Clapton y Winwood podían desfogarse a sus anchas. sin ceñirse a ningun patrón en particular, mezclando petreos riffs eléctricos con increibles solos sin ningun tipo de limitación, en un entorno cargado de creatividad y libertad.
En su breve periodo de existencia Blind Faith ofrecieron algunos conciertos multitudinarios y recibieron una tremenda notoriedad, acompañada de cierta polémica (la portada del disco mostrando el torso de una adolescente desnuda) y de los previsibles problemas de egos que a la postre acabaron con la banda. Para Eric Clapton la disolución de Blind Faith significó el principio de su carrera en solitario, para Steve Winwood otra oportunidad de revivir a Traffic, mientras que las canciones de este disco poco a poco fueron cayendo en el olvido.
Blind Faith quedaron para la historia como un proyecto fallido, como la prueba de la incompatibilidad entre las grandes estrellas, obviando a menudo un disco que abrió nuevas sendas al rock y que sirvió simbólicamente de puente entre los 60 y los 70.

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Jesse Sykes and The Sweet Hereafter – Like, Love, Lust & the Open Halls of the Soul

viernes 18 mayo 2018

Jesse Sykes And The Sweet Hereafter
Like, Love, Lust & the Open Halls of the Soul
Barsuk – Fargo – Discmedi 2007

Jesse Solomon, fan en su adolescencia de Lynyrd Skynyrd, estudiante de artes visuales y fotografía en la escuela de diseño de Rhode Island, se traslada con su madre a New York tras la graduación, siendo aquí donde decide que lo que a ella le atrae por encima de todo es la música, quiere ser cantante y compositora, mudándose a Seattle en 1990. Toca en varias bandas de rock y country integradas por amigos, cambia de nombre al casarse con el guitarrista Jim Sykes, con quien había formado el grupo Hominy. Sacaron un disco homónimo en 1998. Tras la separación sentimental, ese mismo año conoce en una tasca a Phil Wandscher, guitarrista del grupo Whiskeytown (quien pasa también por una fase difícil tras la escisión de la banda); pronto se da cuenta que su vida cambiará gracias a ese encuentro. Tras un proceso de búsqueda de sonido y de estabilidad emocional, evolución en las composiciones, actuaciones como dúo e integración paulatina de músicos, en 2002 ponen nombre a la banda “Jesse Sykes And The Sweet Hereafter” (igual que el título de la película de Atom Egoyan “El Dulce Porvenir”), completando la formación la violinista Anne Marie Ruljancich (Walkabouts…, permanecerá hasta enero del 2006), al bajo Bill Herzog (Neko Case…), y Kevin Warner en la batería (hasta enero del 2005). Sacan un gran disco “Reckless Burning”, en el que muestran su aprendizaje y su perfecto acoplamiento a la hora de convertir el desamor y la tragedia en baladas dramáticas. Le seguirá un disco de madurez y búsqueda interior “Oh, My Girl” (2004), otra obra maravillosa, cargada de culpas, engaños y pérdidas, vencida por la desesperanza. Y este año nos ofrecen el disco en el que buscan un sonido más cálido, menos atormentado, con unas letras más universales y cercanas, “Like, Love, Lust and the Open Halls of the Soul”. De la grabación y producción se han encargado Tucker Martine (Decemberist, The Long Winters), Martin Feveyear (Mark Lanegan, Kings Of Leon) y Randall Dunn. El batería ha sido sustituido por Eric Eagle, y cuentan con las colaboraciones especiales de Nicolai Dunger (guitarrista, compositor y cantante sueco, que también ha colaborado con Will Oldham, Calexico o Mercury Rev.), Wayne Horvitz (prolífico compositor y pianista americano, más conocido por su trabajo como teclista de la banda Naked City, liderada por John Zorn) y Eyvind Kang (compositor y violinista americano que, aparte de su amplia obra personal, ha colaborado entre otros con John Zorn, Marc Ribot, Beck o Animal Collective).
Si bien las comparaciones siempre son engañosas, para darse una idea del sonido de Jesse Sykes And The Sweet Hereafter, yo lo situaría en un imaginario cruce entre Cowboy Junkies, Mazzy Star y Marianne Faithfull. Ofrecen de modo magistral suavidad y fuerza, tristeza y esperanza, ilusión y desgarro, gracias al perfecto acompañamiento instrumental que sabe como enriquecer la personal voz, llena de matices, de una Jesse Sykes que domina a la perfección el arte de transmitir emociones. La canción ‘The Open Hands Of The Soul’ es la que le da la clave sobre la dirección que seguirá este álbum, una puerta hacia el cambio, hacia la esperanza y la ilusión “es una canción positiva que habla de abrir tu corazón y tu alma, es una suerte de aplauso a la vida… estamos de paso por un corto espacio de tiempo y debemos saber disfrutar de los pequeños placeres que nos otorga la vida”. Aunque fue la que originalmente inspiró la temática a seguir, en el disco ocupa el último lugar, representando las demás canciones el argumento para llegar a esa conclusión, un argumento narrado con una maestría tal que nada sobra ni nada falta, obligándote a escuchar la historia de principio a fin con los oídos bien abiertos, transportándote por paisajes y aventuras que cruzan del folk al pop, del rock al soul, del country al blues, pasando por avenidas de jazz, clásica o experimentación escondidas entre el decorado, y sobrevolando en momentos destacados los coros y vientos con una presencia como no lo habían hecho en sus anteriores discos. Se hace practicamente imposible destacar una canción sobre otra, todas tienen momentos mágicos, desde “Eisenhower Moon” que abre suavemente el disco con guitarra y armónica, a la que forma parte del título, ‘LLL’, con presencia destacada de guitarras eléctricas (en principio pensó en usar estas palabras como título del disco, idea surgida después de preguntar al dueño de un bar que estaba cubierto de tatuajes y llevaba en la muñeca tres L su significado; este le contestó “Like, Love, Lust… si tienes esto lo tienes todo”, luego al grabar el disco consideró necesario ampliar el título para definir mejor el álbum); pasando por ‘You Might Walk Away’ heredera del mejor pop de guitarras, con palmas incluidas; ‘The Air Is Thing’ te desarma por completo mientras Jesse habla de su niñez y sueños zarandeando finalmente tu corazón con vientos soul y coros gospel (hasta el momento representa su mayor éxito comercial); ‘Spectral Beings’, ‘How Will We Know’, ‘Hard to believe’ ‘Aftermath, ‘Station Grey’ (basada en el protagonista de ‘El guardián entre el centeno’), ‘I Like The Sound’, ‘Morning It Comes’. Se hace imposible no mencionar todas ellas.
No se trata de un disco con sonidos nuevos, si te dicen que ha sido grabado hace diez o veinte años te lo puedes creer perfectamente, pero en este caso eso no representa el más mínimo inconveniente, se trata precisamente de un síntoma claro de atemporalidad, de su lejanía de modas pasajeras, bebe de la mejor tradición para expresar sentimientos, emociones y vivencias tan actuales como universales, tan válidas hoy como dentro de cien años (quizá esto sea una tontería, pero bueno, como frase creo que suena bien).
Podéis escuchar el disco entero (y bajar 2 maravillosos vídeos con tomas alternativas en direco) en este enlace

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