Jennifer Gentle – Valende

Martes 25 abril 2017

Jennifer Gentle
Valende
Sub Pop 2005

Jennifer Gentle es el personaje de una antigua canción navideña, personaje que sin motivo evidente aparecía en “Lucifer Sam”, un enloquecido tema de Syd Barrett de sus tiempos junto a Pink Floyd, aunque el nombre ahora también sirve para referirse a este extraño grupo italiano formado por Marco Fasolo y Alessio Gastaldello.
Sin duda la referencia a Syd Barrett no es casual, en la música de Jennifer Gentle encontramos bastantes elementos de esa peculiar forma de composición, desquiciada y genial del británico, aunque en la música de los italianos hay muchos mas elementos interesantes, explorando con devoción todos los variados recovecos de la psicodelia.
Valende es el tercer trabajo de la banda, el primero para Sub Pop después de autoproducirse en Italia sus primeros discos, el mayor presupuesto ha dado la oportunidad al grupo para explorar nuevas posibilidades y nuevos límites, introduciendo toda clase de sonidos e instrumentos extravagantes y curiosos como sitares, globos de helio o glockenspiels.
Aunque el sonido del disco es bastante retorcido muchas canciones se construyen sobre sencillas y bucólicas guitarras acústicas, con melodías y coros que podrían recordar por momentos a los mejores Gorky’s Zygotic Mincy, aunque siempre esta presente esa voluntad casi enfermiza de contorsionar y desdibujar sus canciones, una voluntad inherente a la obra de otros destacados alquimistas como The Incredible String Band, Family o The Soft Machine, con los que Jennifer Gentle comparten mas de una obsesión.
“I Do Dream You” es el single nato del álbum, un enloquecido y genial tema que podría funcionar de maravilla en la MTV, con una vibrante melodía repetitiva y contagiosa; mas marciano aún es el tema que cierra el disco, “Nothing Makes Sense”, una delirante extravagancia cargada de encanto.
El resto de álbum se mueve por terrenos mas inseguros e incómodos, buscando definir retorcidas atmósferas mas turbias y oníricas, en temas como “Hessesopoa”, “Golden Drawings” o “Liquid Coffee” esta búsqueda alcanza sus mayores éxitos, Los temas mas abiertamente influidos por Barrett y los primeros Pink Floyd, como la inicial “Universal Daughter” o “Tiny Holes” suenan, dentro de esas similitudes, muy personales gracias sobre todo a la peculiar voz de Marco Fasolo.
Este “Valende” es un disco mas que notable, una revisión actualizada y acertada de la psicodelia mas lisérgica de los 60 que adquiere mayor dimensión si cabe al venir de Italia, un país en tan alejado en principio de los canales habituales y al que habrá que prestar mas atención a partir de ahora.

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Encuentros en la tercera fase

Lunes 24 abril 2017

Encuentros en la tercera fase.
Close Encounters of the Third Kind (1977)

Director: Steven Spielberg
Interpretes: Richard Dreyfuss, Teri Garr, Melinda Dillon, François Truffaut, Cary Guffey, Bob Balaban.

¿Lo mejor de Spielberg?

Recientemente he dedicado parte de mi escaso tiempo libre a darle una segunda oportunidad a la Biografía no autorizada de Steven Spielberg escrita por John Baxter, un afamado crítico australiano entre cuyos créditos figura una biografía de Stanley Kubrick que, dicen, es de lo mejor que jamás se ha escrito sobre el genial y paranoico director. Su libro sobre Spielberg, que me compré hace casi cuatro años, me pareció muy farragoso y mal escrito la primera vez que lo leí (“veintitrés euros a la basura”, pensé yo entonces) aunque tras releerlo, he sido capaz de sacarle muchas más cosas positivas que la primera vez. Me sigue pareciendo mal estructurado y difícil de leer, pues a su autor “se le va la pinza” no pocas veces y el nivel de la traducción al castellano deja en ocasiones bastante que desear, con erratas y fallos de bulto. Yo, desde luego, lo habría escrito de otra manera, pero es justo reconocer que gracias a él he vuelto a redescubrir, por enésima vez, algunos filmes de la primera etapa de Steven Spielberg que han caído olvidados en la memoria popular, pese a ser grandes éxitos en su día. Tal vez el ejemplo más emblemático sea Encuentros en la tercera fase, una cinta que al estar “encajonada” entre Tiburón y En busca del Arca Perdida ha perdido, con los años, buena parte de su impacto inicial.

Camino del Infierno

La historia de Encuentros en la tercera fase es la de una “apropiación” que llegó a la cima tras pasar por muchas vicisitudes y dificultades. Spielberg todavía se encontraba inmerso en el rodaje de Tiburón cuando puso sus ojos en Watch the skies, un guión escrito años antes por Paul Schrader y que circulaba de estudio en estudio sin que nadie lo quisiera financiar. Steven lo adquirió y lo rescribió prácticamente en su totalidad con la ayuda de varios colaboradores y amigos suyos como John Milius (Tito Steven nunca ha sido un buen guionista, y de hecho hasta Inteligencia Artificial nunca volvió a firmar un guión). Con la ayuda de su amiga, la productora Julia Phillips, y de unos cuantos contactos, se lanzó a buscar dinero con el que producir una película cuyo presupuesto inicial de 8 millones de dólares acabaría convertido en pura entelequia.

Con el proyecto ya en marcha comenzó la búsqueda de técnicos y actores. En la parcela técnica Steven quería a los mejores y no se reparó en nada a la hora de contratarlos. En cuanto a los actores Spielberg, que odiaba trabajar con estrellas por considerarlas maniáticas y difíciles de manejar, se buscó un reparto que ofreciese solvencia pero que no fuese muy conocido. Richard Dreyfuss, que pese a no estar demasiado convencido con el guión se olía que la película iba a ser un éxito, aceptó el papel protagonista rebajando sus pretensiones económicas iniciales a casi la mitad (de 500.000 a 300.000 dólares) tras enterarse de que Jack Nicholson estaba a punto de aceptar en su lugar. Pero lo que más llama la atención es la inclusión en el reparto de François Truffaut. Las malas lenguas comentaron que Spielberg le había elegido para mejorar la publicidad de la cinta en Europa, donde el autor de Tiburón era considerado como “palomitero” y ultracomercial, pero lo cierto es que el director de Cincinatti buscaba dar un enfoque internacional al fenómeno OVNI, dando a entender que no se trataba de un asunto puramente americano. Además, Steven admiraba la obra de Truffaut, particularmente El pequeño salvaje y La noche americana, película en la que el director francés daba la impresión de dominar la lengua de Shakespeare con cierta soltura. Luego se demostró que ni mucho menos era cierto, así que el guión fue retocado para incluir la figura de un traductor de francés.

Un rodaje complicado

Llevar a buen término Encuentros en la tercera fase no resultó nada fácil. El guión, con su profusión de localizaciones y su trama acerca de marcianos y platillos volantes impuso unos costes que los directivos de Columbia Pictures (que financió finalmente la película) no habían previsto en su totalidad. Tras los problemas que tuvo en Tiburón con el rodaje en exteriores, Spielberg se empeñó en rodar en estudio todo cuanto fuese posible, obligando a la construcción de decorados que elevaron enormemente el presupuesto. Del mismo modo, a Steven no le habían gustado nada las filtraciones en la prensa sobre Tiburón y convirtió el “set” de su nueva película en un búnker por el que nadie podía pasearse sin la debida autorización. De hecho, el mismísimo director acabaría probando su propia medicina, cuando un día se olvidó la tarjeta de acceso y fue “invitado” a abandonar el plató. Ni los propios actores conocían, en su mayoría, de qué iba exactamente la película, lo que originó todo tipo de controversias en la prensa. Los problemas y retrasos del rodaje se acumularon de un modo tal que a Truffaut llegaron a habilitarle un despacho para que fuese trabajando en su próxima película como director. En la Columbia se tiraban de los pelos por los nervios y con razón: la película acabó costando 19 millones de dólares, más del doble de lo presupuestado. Para hacerse una idea de lo significativo de esta cifra baste decir que La Guerra de las Galaxias, estrenada el mismo año que la cinta que nos ocupa, se hizo con 12 millones. Spielberg había demostrado una vez más su fama de “manirroto” y, al más puro estilo James Cameron, volvió a pasarse de presupuesto como anteriormente le había ocurrido con Tiburón y más tarde le ocurriría con 1941.

Una maravilla de la técnica.

Para resultar económicamente rentable Encuentros en la tercera fase debía recaudar al menos 133 millones de dólares antes de impuestos, una cifra muy respetable en 1977. John Milius le confesó a un amigo antes del estreno que “esta película será o el mayor éxito de la Columbia o la película que arruinará a la Columbia”. Pero Spielberg había nacido con buena estrella y se sabía en posesión de todos los triunfos. Para empezar, supo rodearse de un equipo técnico de calidad incuestionable en el que destacaban dos nombres propios: el director de fotografía, Vilmos Zsigmond, y el encargado de efectos especiales, el legendario Douglas Trumbull. El primero dotó a la película de un aspecto inconfundible, siendo además responsable de plasmar con maestría algunas de las mejores ideas visuales de Spielberg, como sobreiluminar la película en la escena final para difuminar las figuras de los enjutos marcianos diseñados por Carlo Rambaldi (el hombre que unos años después sería el creador de E.T.), logrando con ello un efecto sobrecogedor. El segundo no necesita presentación. Considerado el mejor técnico de efectos especiales del mundo, Trumbull había demostrado de qué era capaz trabajando en la mítica 2001 de Kubrick y en la más que decente (y también desconocida por muchos) Naves misteriosas, que él mismo había dirigido en 1971. Como en aquellas, los efectos ópticos y trucajes empleados por este genio para Encuentros en la tercera fase no tienen defecto alguno. La palma se la lleva la nave nodriza de los marcianos, cuya aparición en pantalla durante la secuencia final resulta absolutamente espectacular.

La música, protagonista indiscutible

El guión de Encuentros en la tercera fase daba a la música una importancia capital, pues es el lenguaje que humanos y extraterrestres utilizan para comunicarse, otorgándole el nivel de idioma universal. Para el difícil empleo de componer una partitura adecuada, Spielberg confió nuevamente en John Williams (autor de la música en todos los trabajos de Spielberg para el cine excepto El color púrpura). Williams venía de ganar un merecido Oscar por Tiburón y ni que decir tiene que cumplió su labor a la perfección. Curiosamente, lo que más tiempo le llevó crear fue la “llamada” de los marcianos, compuesta por cinco notas a modo de saludo: un día entero se pasó Williams al piano, probando cientos de combinaciones. La “tonadilla” es una de las señas de identidad más indiscutibles del filme, y se hizo tan popular que en muchas casas fue adoptada como llamada para el timbre de la puerta. Para hacerse una idea de la importancia que se otorgaba a la música en esta cinta, baste decir que Spielberg ordenó a Michael Khan (otro de sus habituales) montarla adaptándola a la música, en lugar de hacerlo al contrario como es lo normal.

Experiencia cinematográfica total

Para tranquilidad de sus productores y del propio Tito Steven Encuentros en la tercera fase fue un éxito arrollador en todo el mundo desde su estreno en Noviembre de 1977, compitiendo sin miramientos con La Guerra de las Galaxias (estrenada en Mayo de ese año) en la carrera por convertirse en el filme más taquillero de la historia. La película raya a un nivel fantástico en todas sus facetas técnicas, con especial mención a los logradísimos efectos especiales, aun hoy totalmente válidos y capaces de poner en evidencia a más de un “fanático” del ordenador que tanto han destrozado el cine en los últimos tiempos. Pero la película, afortunadamente, no se queda ahí. Spielberg, que llenó el guión de referencias a su familia y a sus vivencias juveniles, aprovechó para exhortizar como nunca había hecho antes (y nunca hizo después) los fantasmas del divorcio de sus padres, un hecho del que nunca se ha recuperado. Steven creó el personaje de Roy Neary (interpretado por un colosal Richard Dreyfuss) a imagen y semejanza de su propio padre, como un ser que, al borde del desequilibrio por una obsesión (los OVNIS en el caso de Neary y el trabajo en el del padre de Spielberg) no siente apenas remordimientos cuando ve que su mundo se desmorona a su alrededor. Su mujer le abandona, se lleva a los niños y los vecinos le tachan de loco, pero él sigue a lo suyo, prácticamente imperturbable en pos de su objetivo.

Steven Spielberg sacó a relucir toda su magia para crear una película maravillosa. Su mejor película en opinión de algunos. Pese al lastre de un guión algo endeble, se consigue mantener la tensión en el espectador incluso en las escenas más pesadas, como el encuentro final con los extraterrestres, que dicho sea de paso está muy bien resuelto y resulta emocionante por su mensaje optimista, totalmente contrario a lo habitual en una película “de marcianos” donde éstos suelen ser más bien belicosos. Los actores están todos fantásticos. Incluso el niño, Cary Guffey, resulta notablemente más soportable de lo que es habitual en cualquiera de las cintas “con niño” de Spielberg, donde éstos tienden a resultar indefectiblemente hostiables por cargantes. Tal vez sea porque no sale mucho, no se, pero el caso es que no te entran ganas de tirar algo a la pantalla como ocurre viendo, por ejemplo, La Guerra de los Mundos, película por cierto muy pero que MUY inferior en comparación. Y es que Spielberg, como el mundo del cine en general, tampoco es el que una vez fue.

La Edición especial

Pese al gran éxito cosechado a nivel de crítica y de público, Spielberg no estaba muy convencido con el resultado final , pues la productora había impuesto ciertas condiciones en el montaje y la estructura de la historia, motivo por el cual el director estrenó una Edición especial en 1980 con algunos cambios y escenas nuevas rodadas después del estreno del 77, como una de Neary en el interior de la nave nodriza extraterrestre. De esta manera, Spielberg mataba dos pájaros de un tiro, eludíendo la responsabilidad de rodar la segunda parte que ansiaba la Columbia, estrenando la película que originariamente quería y a la vez contentando a la productora, que sacó una enorme tajada a cambio de los 4 millones extra que costó el nuevo montaje. Los sinsabores y las enormes dificultades que hubieron de sortear todos aquellos que participaron en el rodaje quedaron sobradamente compensados con el resultado final de ambas películas. El propio Richard Dreyfuss supo verlo desde el primer momento, y haciendo gala de su ácido sentido del humor, le espetó a Spielberg el último día de rodaje: “Esta ha sido la experiencia más dura de mi vida. Muchas gracias”.

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Dias

Domingo 23 abril 2017

Dias

Gracias por los días
Aquellos días interminables, aquellos días sagrados que me diste.
Estoy pensando en los días,
No olvidare un solo día, creeme.

Bendigo la luz
bendigo la luz que te ilumina, creeme
y a pesar de que te has ido,
estás conmigo cada día, creeme.

Días que recordaré toda mi vida
días en los que no distingues lo bueno de lo malo
tomaste mi vida
pero entonces supe que muy pronto me dejarías.
Pero está bien,
ahora no estoy asustado de este mundo, creeme.

desearía que hoy fuese mañana
la noche es oscura
solo trae pena, esperemos.

Gracias por los días
Aquellos días interminables, aquellos días sagrados que me diste
Estoy pensando en los días
No olvidaré un solo día, creeme.

Días que recordaré toda mi vida
días en los que no distingues lo bueno de lo malo.
Tomaste mi vida,
pero entonces supe que muy pronto me dejarías
pero está bien,
ahora no estoy asustado de este mundo, creeme.

Gracias por los días
Aquellos días interminables, aquellos días sagrados que me diste
Estoy pensando en los días
No olvidaré un solo día, creeme.

Bendigo la luz
bendigo la luz que te ilumina, creeme
y a pesar de que te has ido
estás conmigo cada día, creeme.

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Amadeus

Sábado 22 abril 2017

Amadeus (1984)

Director: Milos Forman
Interpretes: F. Murray Abraham, Tom Hulce, Elizabeth Berridge, Simon Callow

El pasado 13 de Octubre, y en el marco de las fiestas del Barrio del Pilar de Madrid (dedicadas este año a Mozart al cumplirse el 250 aniversario de su nacimiento), pude ver por enésima vez la película Amadeus, que se proyectaba de forma totalmente gratuita en pantalla grande. Aquella noche tenía dos opciones: o patear una vez más el mercado estilo siglo XVIII plantado en el Parque de La Vaguada y la feria adyacente, o ver la película y pasar un buen rato, aunque ésta se proyectase en (horripilante) versión doblada. La elección estaba cantada.

Estrenada en 1984, y luego reestrenada en 2002 con veinte minutos extra en uno de esos “montajes del director” que tan de moda estaban por aquellos años, Amadeus constituyó uno de los grandes hitos del cine de los 80. Peter Shaffer (autor del libreto teatral en el que se basa la película) y el director, el checo Milos Forman, trabajaron codo con codo durante meses para conseguir un buen guión con el que rodar una gran película y las cosas no pudieron salir mejor, hasta el punto de que la mayoría de quienes participaron en el elenco principal se vieron devorados por el enorme éxito del filme: Forman jamás ha conseguido alcanzar el listón que tan alto dejó tras rodar la película que nos ocupa y Alguien voló sobre el nido del cuco (realmente lo tenía difícil). La triada de protagonistas (sensacionales Tom Hulce, Elizabeth Berridge y F. Murray Abraham) tampoco pudo sobreponerse a lo que había logrado, y con los años todos acabarían con sus respectivas carreras sumidas en la más discreta penumbra.

Pasado el tiempo, y después de haber visto la película decenas de veces, en versión original y doblada, en el cine (de estreno y reestreno) y en DVD, todavía me sorprende que una película así, tan “épica” y tan “clásica”, teóricamente tan alejada de los cánones del cine comercial de entonces (y pese a todo rodada con un innegable ojo de cara a la taquilla) pudiese tener los efectos que tuvo sobre las masas. Dejando de lado algunas críticas vehementes (en particular me gustó mucho una que leí en una revista, que acusaba a la cinta de ser “básicamente un film sobre Salieri”), la realidad es que Amadeus rebosa calidad por los cuatro costados. Pero la mejor cualidad de esta cinta fue la de contribuir en su día a la difusión de la música clásica, y en concreto la de Mozart, de un modo como nunca se había logrado antes. La “Mozartmanía” encontró hueco, e incluso portadas, en revistas “poppys” y catálogos de música como el legendario BID (Boletín Informativo Discoplay), espacios habitualmente reservados para artistas de radio fórmula. De repente todo el mundo se había vuelto loco por una música que solo unos meses antes era cosa de “melómanos”, miembros de orquestas sinfónicas y tíos raros como esos que van a la ópera vestidos de etiqueta. Fue algo alucinante pero realmente bello, digno de la música del gran genio de Salztburgo.

Total, que volví a disfrutar como un enano durante poco menos de tres horas y media (las que dura el “montaje del director”) con una de esas películas que tan raramente se realizan en el cine moderno, majestuosa y espectacular a más no poder, a la vez que muy entretenida pese a su largísimo metraje. Y eso que tengo en casa las dos versiones. Y a pesar del doblaje: únicamente eché de menos poder cambiar el idioma de proyección y seleccionar el modo VOS. Porque como diría Carlos Pumares, miren que es MALO, MALO, MALO y MALO el doblaje de la versión extendida. Lo puto peor, de verdad.

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Sitio donde estar

Viernes 21 abril 2017

Sitio donde estar

Cuando era mas joven,
mas joven que antes,
nunca vi a la verdad
colgar de mi puerta.
Y ahora que soy mas viejo
la enfrento cara a cara.
Y ahora que soy mas viejo
tengo que mantener limpio el sitio.

Y yo era verde, mas verde
que la colina.
Donde las flores crecían
y el sol aún brillaba.
Ahora soy mas oscuro que
el mas profundo de los oceanos.
Tan solo arrastrame,
dame un sitio donde estar.

Y yo era fuerte,
fuerte en el sol.
Pensé que vería completarse
el día
Ahora soy mas debil que
el azul mas palido
Oh, tan debil en esta
necesidad de ti.

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