El Oportunista

domingo 17 diciembre 2017

Ahora mola el Rock and Roll
me va la marcha
enchufa el exprimidor
es una ganga
ha llegado el descontrol
hay que aprovecharse
mete uno y saca diez
mira que farde.
Me he clavado un alfiler
en el pescuezo
me he juntado con los punks
soy un moderno
ahora me meo en el metro
nada me importa
y le pego hasta a mi padre
soy un pasota.

Pero dentro me pregunto
si duraré mucho
no será que estoy quemando
mi último cartucho
porque a decir verdad
no soy auténtico
y engañar al personal
es muy polémico.

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Love – Forever Changes

sábado 16 diciembre 2017

Love
Forever Changes
Elektra/Warner 1968

“forever changes” es citado a menudo como “el disco hippie”, el disco que mejor resume el espíritu de aquellos años confusos e inocentes. Efectivamente, “forever changes” es eso, pero también es mucho, muchisimo mas.
Love son ante todo Arthur Lee, un excéntrico genio que deambulaba por el San Francisco de 1966 envuelto en una nube tóxica, Lee ya había militado en varias bandas, en una escena inundada de grandes talentos, Jimi Hendrix entre ellos, pero seria con Love donde mostraría todo su potencial, toda su magia.
“Forever Changes” es un viaje alucinante por la América de la época, un país confuso, contradictorio, ahogado en su propia existencia, y es también un viaje por la música creada en esas contradicciones; Love combinan Rock, pop, Psicodelia, Folk, Rocabilly, de una forma única, nunca vista hasta entonces, las canciones inundan el espacio sonoro de una forma incendiaria, explosiva.
“Alone again or..” es la turbadora declaración de amor que abre el disco, y que prepara al oyente para lo que viene después, ya se oyen los vientos, las guitarras eléctricas, las acústicas. Sigue “A house is not a motel” con un dinamismo difícil de describir, una tensión fácil de palpar, de hecho las tensiones en el seno de Love marcarían el resultado de este disco, ultimo de la formación original.
“and more again” deliciosa melodía directamente emparentada con el “pet sounds” de los Beach boys, y tras ella, la sucesión de canciones mas increíble que se pueda encontrar en disco alguno: “The daily planet”, “old man”, “the red telephone”, “maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale”, “live and let live”… se van desgranando con una majestuosidad única.
Un disco irrepetible, clásico entre los clásicos.

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Publicado por Luis / Archivado en:Discos
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Grita libertad

viernes 15 diciembre 2017

Cry freedom (1987)

Director: Richard Attenborough

Intérpretes: Denzel Washington, Kevin Kline, Penelope Wilton, John Thaw, Josette Simon, John Hargreaves, Ian Richardson

A la mayoría de quienes lean este texto y tengan menos de 20 o 25 años, la palabra Apartheid seguro que no les sonará de nada. Hoy día, y por fortuna, este término es un triste recuerdo en el fondo de los libros de historia, pero hasta hace relativamente poco tiempo estaba muy presente en las vidas de millones de personas, para quienes dio nombre a uno de los sistemas de gobierno más infames y miserables jamás conocidos por la humanidad.

Con Nelson Mandela pudriéndose en la cárcel y con la oposición interna (negra o blanca, sin distinción) maniatada por un feroz sistema represor, Steve Biko fue uno de los hombres que más lucharon y arriesgaron para denunciar pública, abiertamente y desde dentro, la opresión de un gobierno que institucionalizaba el racismo convirtiéndolo en una forma de vida. Su detención y muerte a manos de la policía tras días enteros de cruel tortura en 1977, junto con la espantosa matanza de estudiantes de Soweto ocurrida un año antes, terminó despertando la conciencia de un mundo que hasta entonces había ignorado casi por completo lo que sucedía a diario en Sudáfrica.

Es un hecho que el cine es un negocio que se mueve al son de los acontecimientos que le toca vivir, y que por tanto suele apuntarse enseguida a las modas imperantes en cada momento, dejándose “llevar por la corriente” por así decirlo. Desde ese final de los años 70, pero sobre todo a partir de mediados de los 80, el movimiento anti-Apartheid había ido creciendo en Occidente. El cine no fue ajeno a esta masiva manifestación contra el racismo y el “problema sudafricano”, aparte de ser una fuente diaria de noticias, empezó a tener presencia más o menos destacada en multitud de películas. Y Sir Richard Attenborough, uno de los profesionales más respetados del panorama cinematográfico inglés, tampoco quiso perder la oportunidad de denunciar a aquel Gobierno y a su sistema de forma directa.

Más que una biografía del activista negro Steve Biko, Grita libertad es la historia del periodista blanco que lo acompañó durante sus últimos dos años de vida. Donald Woods pasó de enemigo a amigo, teniendo que huir de Sudáfrica al intentar denunciar ante la opinión pública la más que sospechosa muerte de Biko. Tras ello convirtió su pluma en una de las espadas más afiladas en la lucha contra el sistema de segregación racial, que acabaría por desmoronarse finalmente a principios de los años 90.

Siendo quién es, de Richard Attenborough no se podría esperar otra cosa que un producto profesional y bien acabado, y Grita libertad lo es. En 1987 a Attenborough se le recordaba sobre todo por Gandhi, una película buena aunque sobrevalorada, que había arrasado en taquilla y en los Oscar de 1982. Acostumbrado a lidiar con producciones de gran calibre como aquella, sorprende verlo al timón de una película como esta, bastante pequeña en comparación, aunque a mi juicio superior en algunos aspectos. El filme se beneficia de todos los puntos fuertes del veterano realizador británico, como su cuidado a la hora de elaborar las tomas y, sobre todo, la excelente dirección de actores que logra hacer creíble a Kevin Kline en un papel bastante alejado de la habitual vis cómica por la que es conocido, demostrando de paso que es un muy buen actor. Otro tanto se podría decir de Denzel Washington, un actor competente, aunque no un genio. Un tipo que siempre me ha parecido bastante empalagoso, pero que aquí me resulta más convincente que en otras ocasiones, dotando a su personaje de la fuerza de carácter que necesita sin caer para ello en estridencias interpretativas. La duración de la película es algo excesiva, pero se sobrelleva bastante bien, sobre todo durante la última hora de metraje.

Aunque pueda acusarse a Grita libertad de oportunista, en la onda de otros filmes de su época que se aprovecharon en mayor o menor medida del Apartheid para atraer público, y aunque se haya quedado vieja como cinta de denuncia política (el sistema contra el que arremete, afortunadamente, quedó enterrado hace tiempo), tampoco puede decirse que no sea válida para reflexionar sobre la falta de libertades de la gente en general y de la profesión periodística en particular, y no sólo en regímenes considerados “represivos” como pueden ser las dictaduras. Además, esta película constituye una advertencia en medio del actual clima de creciente violencia racial en que vivimos. Es un retrato de hechos pasados, sí, pero quien olvida el pasado está irremediablemente condenado a repetirlo.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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Ghost Dog: el camino del samurai

jueves 14 diciembre 2017

Ghost Dog: the way of the samurai (1999)
Director: Jim Jarmusch
Intérpretes: Forest Whitaker, John Tormey, Cliff Gorman, Dennis Liu, Frank Minucci, Henry Silva, Richard Portnow

Reconozco que el cine de Jim Jarmusch nunca me ha entusiasmado, principalmente porque ambos tenemos formas diametralmente opuestas de entender lo que es el cine y lo que ha de considerarse como “una buena película”. Para mí el cine es ante todo un entretenimiento que puede empujarte a reflexionar sobre un tema, y que a veces, sólo a veces, da lugar a la creación de verdaderas obras de arte. Y de este modo, a mí lo que me gusta es entretenerme viendo una película, lo que no significa que me guste ser tratado como un subnormal, ojo. Jarmusch (y otros muchos como él) entienden que el cine ha de ser considerado directamente como un arte, al más puro estilo de los gafapastas. Que entretenga es lo de menos, que eso es para niños y seres mentalmente prepúberes en general. Lo importante es que se te ponga tiesa como un garrote con una sucesión de planos cargados de “profundo significado”, y ya sabemos que a muchos gafapastas e intelectuales de carnet eso les pone más que el sexo, y dado que muchos no lo catan ni en sueños, con algo hay que sustituirlo después de todo.

Aun recuerdo mi última experiencia Jarmuschiana, motivada por la buena acogida que la cinta tuvo incluso entre el público no talifán de este señor, lo que me animó a vencer mis reticencias iniciales y me llevó incluso a convencer a mi novia (igualmente poco entusiasta del tito Jim) para que me acompañase a ver el invento en los Cines Princesa de Madrid, en rigurosa V.O. oigan. El resultado fue que mi novia se pasó toda la semana mirándome raro tras haberse quedado completamente roque a mitad de la proyección, mientras que yo salí de la sala con un sentimiento entre el aturdimiento por no haber comprendido del todo lo que acababa de presenciar, el cabreo por haber tirado el dinero en algo que me había decepcionado, y la risa por imaginarme al gran Bill Murray narcotizado durante todo el rodaje para lograr esa fabulosa “interpretación” suya.

“El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, dicen, así que hace poco me empeñé en volver a arriesgarme con una nueva experiencia Jarmuschiana, huelga decir que esta vez sin pagar. Aunque cueste creerlo hacía tiempo que tenía muchas ganas de ver Ghost Dog. El protagonista es Forest Whitaker, un tío que me cae especialmente simpático y que además es un actor competente; quieras que no la película tiene buena pinta, pero la razón principal era la buena opinión que de ella tienen algunos amigos míos, de confianza en estos asuntos del cine. A uno de ellos llegó a gustarle tanto que se grabó el audio completo de la película en una cinta de casette para escucharla en el coche. Muchos fines de semana, mientras la borregada se paseaba en sus ataúdes rodantes envuelta en un infecto sudario de bakalao y reaggetón, él “contraatacaba” haciendo sonar aquella casette a todo volumen. Y antes de que, llegados a este punto, el lector se empiece a descojonar de risa, le invito a detener su impulso un segundo y pensar quiénes son los auténticos tarados en esta historia.

Ghost Dog puede pasar como uno de los trabajos más “convencionales” del realizador de Ohio, aunque no deja completamente de lado señas de identidad como las escenas largas (centrándose muchas veces en detalles en apariencia irrelevantes y sin utilidad argumental), el ritmo pausado (muuuy pausado) y muchas reflexiones sobre la vida y el mundo que nos rodea, vistos una vez más a través de los ojos de uno de esos personajes “tirados” y marginales que tanto le molan a Jarmusch: un asesino a sueldo que sigue rígidamente los dictados del código samurai japonés. Así durante dos horas, que por sorprendente que pueda parecer no se hacen demasiado pesadas. Buena parte de culpa de que esto sea así la tiene el bueno de Forest Whitaker, que sujeta la peli con los dientes si es necesario gracias a su buen trabajo, lo cual no implica que la película sea mala. Ocurre simplemente que el hilo narrativo está demasiado estirado (muy al estilo de Jarmusch, por otra parte) pero en esta ocasión la presencia de Whitaker ayuda, y mucho, a enmascarar cualquier carencia. Y además la banda sonora está bastante bien y pone su granito de arena para hacer más llevadera la película.

¿Se puede recomendar Ghost Dog?. Yo creo que sí, pero atención, porque sigue siendo una cinta poco convencional para espectadores poco convencionales, aunque en absoluto equiparables a los que gustan del Jarmusch más “indie”. Desde luego, el que espere ver a un negraco de dos por dos repartiendo estopa por las calles a katanazo limpio lo lleva claro. Vaya esto por delante antes de que alguien se alquile la cinta con toda su ilusión y la deje a medio metraje mientras se acuerda de mi madre. No me vengan luego con que no se lo advertí.

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Publicado por Leo / Archivado en:Cine
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Stevie Wonder – A Time To Love

miércoles 13 diciembre 2017

Stevie Wonder
A time to love
Motown 2005

El pasado año ha sido escenario del retorno de algunos de los grandes artistas en diferentes campos de la música popular, sorprendiendonos algunos casos como el presente, ya que un nuevo disco de Stevie Wonder es una noticia rara, dado lo mucho que disminuyó su producción en los últimos 15 años. Los últimos lanzamientos los debemos de ir a buscar a los 90, con Conversation piece y el directo Natural Wonder, que supusieron en su momento la vuelta a la escena de uno de los creadores más relevantes de la música negra de la segunda mitad del pasado siglo. El disco es un bonito regalo para los seguidores del artista, y a ellos va dirigido. Quien no lo conozca no debe de empezar por aquí, ni por ningún disco posterior a Hotter than july (1980). Si gustará seguramente a los amantes del sonido acaramelado de la actual música negra comercial. Pero ello no define por sí solo al disco. Sin ser, como en algunas críticas puede leerse, el esperado retorno de Stevie a su fantástica etapa de los 70, si es la mejor versión que da de sí mismo desde hace 26 años y, salvando las distancias, contiene canciones que de haber sido grabadas en los 70 con el sonido del momento podrían figurar en sus grandes trabajos. Esto ocurre con todos los discos del músico sin excepción. De todos se rescata algo, con el reproche de haber utilizado la estética y tecnología del momento de manera casi siempre fallida a partir de un momento dado. Sin ir más lejos, en su anterior trabajo tenía canciones buenísimas, similares a otras de discos como Songs in the Key of Life (1976). Rain your love down, entre otras, podría haber figurado en ese vinilo.Uno no deja de pensar por qué no utiliza una batería en vez de cajas de ritmos ( la mayor parte de las baterías de sus discos clásicos las ha tocado él, como la práctica totalidad de los instrumentos ). La prudencia respecto a las texturas e instrumentos empleados marcan el envejecimiento o no de las obras musicales en incontables casos. En este disco, si bien no emplea la batería en todas las canciones, las bases si que reciben un tratamiento tímbrico más natural. No se trata de oír o no una caja de ritmos, si no el tipo de sonido que el artista elije.
Son 15 temas de los cuales la mayoría son buenos, excelentes unos pocos, que suelen ser los tiempos lentos, como Moon blue ( una canción perfecta, a su máximo nivel ), True love, Passionate raindrops o How will I know.
El funk está en Tell your heart I love you o Please don´t hurt my baby, que podrían estar incluidos en sus discos de hace 30 años, por el tratamiento rítmico y la labor de los teclados, de los cuales en su dia fue un importante innovador.
Respecto a la voz, está en su mejor estado y no ha perdido nada con el paso de las décadas, empleándola en numerosas ocasiones como instrumento improvisador, consiguiendo momentos brillantes, como Moon blue, donde se ríe literalmente de su propio virtuosismo. Hay duetos con cantantes femeninas, como su hija Aisha Morris o India.Arie, así como aportaciones de Prince, el reverendo Kirk Franklin al frente de su coro o Paul Mcartney ( que pone su guitarra en el tema que cierra y da título al disco, que desgraciadamente posee un alto índice de infumabilidad ). No son colaboraciones del estilo mercantil de Carlos Santana y Clive Davies, pasando desapercibidas casi por completo.
Estamos pues ante un buen disco que podría haber sido mejor si se recortase, mostrando de este modo las dos caras del artista: la muy admirada de los años 70 y, en menor dosis, afortunadamente, la tan denostada de los 80. Ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo fuente de inspiración, referencia y altísimo listón para cantantes, compositores, arreglistas, armonicistas, teclistas y baterías.

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Publicado por teresa / Archivado en:Discos
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