El Apacible Willie

Miércoles 24 mayo 2017

Willie era un marinero,
navegó sobre el mar,
Y Willie dijo: una vida de marinero
es la vida que me gusta.
Pero ellos le enviaron a la batalla
para que entregara su vida,
Y Willie dijo: una vida de marinero no es lo que me gusta

Así que Willie se cambió a las fuerzas aéreas,
allí aprendió a volar,
y Willie dijo: ¡qué felicidad!,
mientras volaba por el cielo.
Pero ellos le enviaron a la batalla
para que entregara su vida,
Y Willie dijo: las fuerzas aéreas no es lo que me gusta

Ahora Willie está pensando
que la gente conspiraba contra su vida,
así que se compró una atalaya
y se encerró dentro.
Pero la torre miraba hacia un campo de batalla
donde los hombres entregaban sus vidas
y Willie tuvo que reirse antes de echarse a llorar.

Facebook Twitter

Publicado por jose / Archivado en:Letras
Hacer un comentario

The Stooges – Fun House

Martes 23 mayo 2017

The Stooges
Fun House
Elektra/Warner 1970

Detroit a finales de los 60 era una ciudad peligrosa, la ciudad del motor albergaba una de las mayores tasas de delincuencia del país y las pandillas urbanas de todo tipo, introducidas de lleno en las mafias de la prostitución y de la droga dominaban los barrios bajos, ejércitos de yonkis vagaban por las calles en busca de su dosis y se respiraba delincuencia en cada rincón de la ciudad, precisamente uno de aquellos yonkis, un adolescente atormentado y desquiciado, un producto del submundo urbano, se convertiría en el mejor cronista de aquella ciudad y de aquel tiempo, escribiendo de paso con letras mayusculas una de las mas grandes páginas de la historia del rock, estamos hablando de James Jewel Osterberg, Iggy Pop.
Los inicios de The Stooges son confusos incluso para los propios miembros del grupo, el hecho es que a finales de 1968 Iggy coincidió con los hermanos Asheton en un concierto de The Doors y decidieron formar un grupo de Rock and Roll, ninguno de ellos dominaba ningun instrumento pero eso no fue ningún impedimento para empezar a ofrecer shows en el area de Detroit con los que se ganaron una cierta reputación, aquellos eran conciertos caóticos, al límite, conciertos que a menudo terminaban en peleas y en los que se ponía en juego tanto la integridad del público como la del grupo mismo.
Un manager de la Warner que había ido a Detroit a ver a MC5 se fijo en la banda y les ofreció un contrato discográfico, el primer disco que grabaron, titulado simplemente “The Stooges” fue un fracaso de crítica y ventas, en un mercado dominado por la Psicodelia y el Folk-Rock de la costa oeste.
“Fun House”, su segundo álbum, fue publicado en 1970, en él llevaron la formula de sus conciertos y de sus primeras grabaciones hasta las últimas consecuencias; The Stooges tocaban basicamente un Blues rock primitivo y crudo, influidos por el garage americano, una música sucia y bastarda, extraña y peligrosa, con un Iggy Pop ejerciendo como lider y maestro de ceremonias. “Fun House” comienza con dos temas brutales, de una contundencia extrema, “Down On The Street” y “Loose”, cortes que intentaban recrear la crudeza del directo de la banda, unos temas con una pegada demoledora, luego el disco entraba en terrenos de experimentación mas extraña, con temas de desarrollos largos y estructuras mas complejas, pero sin perder ni un ápice de su fuerza y crudeza salvaje, “TV Eye” y “1970” empiezan con riffs incendiarios a cargo de Ron Asheton a la medida para que Iggy escupa sus historias esquizoides de amor y sexo, de alcohol y drogas, son temas largos, repetitivos, sucios, ruidosos, subyugantes, mientras que en “Dirt” y “Funhouse” la música adoptaba un tono mas pausado, mas turbio, mas inquietante.
“Fun House” es un disco clave, es un disco Punk publicado diez años antes de la explosión Punk, un disco y una banda que ha influido directamente a miles de bandas de todas las épocas y estilos, tras aquello la banda se desintegró e Iggy volvio a sumergirse en los callejones de la droga, luego vendría Bowie, un tercer disco de la banda (“Raw Power”) y la carrera en solitario de Iggy, pero eso ya es otra historia.

Facebook Twitter

Publicado por Luis / Archivado en:Discos
Hacer un comentario

Kids

Lunes 22 mayo 2017

Kids (1995)

Director: Larry Clarck
Interpretes: Leo Firtzpatrick, Justin Pierce, Chloe Sevigny.

“Soy muy cool
Doy por cool
Estoy un poco loco
¡Soy gilipollas!”

DAS POR COOL – Lehendakaris muertos

Siempre he comentado en esta web (y si no lo he hecho, pues lo hago ahora y punto) que si los 70 fueron años de “cine de autor” y los 80 años gloriosos para el “cine de palomitas”, los 90 fueron los años indiscutibles del “cine indie”. Películas como Clerks o Mi Idaho privado, así como festivales como el de Sundance, pusieron de moda el rollo ese de pillar por banda una cámara y rodar pelis “comprometidas” con cuatro cuartos. Es más: cuanto más “comprometida” fuese tu peli y menos dinero te hubieses gastado en ella (y por lo tanto, más tiñoso fuese su aspecto) mayores eran tus posibilidades de convertirte en icono. Ahí están para demostralo gentes como Kevin Smith o Robert Rodriguez. El problema es que con la deblacle posterior del cine comercial, lo “indie” pasó a convertirse en “cool” (así, literalmente). De ahí al gafapastismo y a la culturetada rancia que padecemos hoy en día sólo había un paso. Un fenómeno tan “costra” e intocable como la Monarquía española, y si no probad a meteros en un cine V.O. a ver cosas como las de ESTE SEÑOR, salid luego comentando que os han parecido un tostón pretencioso, y permaneced atentos a las miradas asesinas que os dedicará cierto sector del público asistente. Afortunadamente, no es éste el caso de KIDS.

Producida en plena efervescencia “indie” (1995) por Gus Van Sant, deidad del subgénero en ese momento, esta película se ha convertido con los años en un clásico de culto. Fue presentada en Sundance (¿dónde si no?) y los taimados hermanos Weinstein, dueños de Miramax, vieron el filón que supondría. Compraron los derechos de la cinta no sin antes crear una distribuidora “independiente”, para exhibirla a gran escala bajo el paraguas de Disney (a quién pertenecía Miramax) con una etiqueta de “peli independiente”, que le permitiese llegar al gran público sin ahuyentar por ello al público habitual de este tipo de películas, aunque tal etiqueta fuese ahora pura fachada. De paso no cabreaban a los jefes de Disney, quienes no querían ver su nombre asociado a una cinta tan dura, aunque no renunciaban a llevarse su tajada del pastel, desde luego. La jugada, como vemos, era redonda. Y salió redonda, hasta el punto de haberse convertido en una práctica habitual en nuestros días, con ejemplos como Entre copas o Pequeña Miss Sunshine.

Kids es un crudo retrato sobre la vida nihilista y amoral de un grupo de jóvenes neoyorkinos de clase baja. Rodada al más puro estilo “indie” (escaso presupuesto, cámara en mano, actores noveles, sin artificios de ninguna clase…) esta cinta golpeó las conciencias de muchos, y supuso un toque de atención a la juventud ante el peligro del SIDA y la promiscuidad sexual sin precauciones, lo cual no quiere decir que contenga un mensaje moralista y reaccionario ni mucho menos. La base argumental del guión es simple, pero está bien llevada y el ritmo no decae en ningún momento, logrando incluso crear una notable atmósfera de tensión y “mal rollo” que engancha a la pantalla. A ello también contribuyen las muy naturales interpretaciones de los actores. Particularmente la de Leo Fiztpatrick, absolutamente repulsivo en su papel de desvirgador “profesional” de jovencitas, una de esas interpretaciones rebeldes que tanto molan a los actores jóvenes.

Kids es la película que habría querido rodar Fernando León de Aranóa de haber tenido talento. Una película que no se anda por las ramas y dura como un puñetazo al estómago. Sin ser tampoco una maravilla de la ciencia, se puede ver (si no te repugna lo que vas a ver) y hace reflexionar a la vez que también entretiene, algo esto último que es lo mínimo exigible para cualquier película. Cosa ésta que olvidan muchos asiduos del cine iraní o del Dogma 95 ese, cuando te espetan en la cara lo inculto que eres por comprarte la edición especial de Abyss en DVD. Total, todo para encontrártelos luego en el tren leyendo el Que! y notar cómo se les pone la cara roja como un tomate cuando se dan cuenta de que les has “cazado”. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

“INTERVENCIONES: SANTIAGO SIERRA
El artista organiza la lectura continuada en lengua árabe de una guía de teléfonos palestina. Una y otra vez a lo largo de 120 horas ininterrumpidas. Hasta el 21 de Noviembre. Galería Helga de Alvear (Doctor Fourquet, 12. 914680506. Metro Lavapiés)”.

Agenda Cultural – EL PAÍS DE LAS TENTACIONES (Fuente: Las Horas Perdidas – www.lashorasperdidas.com)

Facebook Twitter

Publicado por Leo / Archivado en:Cine
Hacer un comentario

Barzin – My life in rooms

Domingo 21 mayo 2017

Barzin
My life in rooms
moonpalace / monotreme 2006

Barzin Hosseini compaginaba los estudios de Literatura inglesa con tocar la batería en diferentes grupos de Toronto (Canadá), instrumento que iría abandonando, junto con los estudios, al sentirse más atraído por la composición de canciones, que le permitía unir su pasión por la música y la poesía. Decidió emprender un proyecto en solitario en 1995. De los compañeros que participaban en las grabaciones y actuaciones se irían sumando, pasando a formar parte fundamental del proyecto, Mike Findlay (multiinstrumentista, diseñador de páginas web y miembro también del grupo ‘the kramdens’), Suzanne Hancock y Tony Dekker (alma mater del maravilloso grupo ‘Great Lake Swimmers’). El primer álbum, “Barzin” (Moonpalace Records – Ocean Music) fue editado en 2003, considerado como uno de los grandes trabajos de ese año y con muy buenas críticas. En 2004 un disco con menores pretensiones “Songs for Hinah” fue publicado por el sello frances ‘Hinah’, combinando temas instrumentales y cantados, siendo una de las composiciones de Suzanne Hancock y otra de Tonny Dekker. Ya en 2006 se publicó “My life in rooms”, compuesto en su mayoría por Barzin, excepto “Take this Blue” y “Heart Strings” (Barzin y Tony Dekker), y “Acoustic Guitar Phase” (M. Lightburn). Todos los instrumentos están tocados en este álbum por Barzin, Suzanne Hancock, y Tony Dekker, contando con puntuales colaboraciones de diferentes músicos que aportan una especial elegancia añadiendo sonidos de vibráfono, piano, corno francés o pedal steel guitar, corriendo los arreglos de cuerda de la mano de Karen Graves.
Cantaba en el primer disco “es la misma canción / siempre la misma canción / y tú te buscas a ti mismo / esperando en la ventana / con toda esta música / en tus brazos” (“Autumm and moon”), definiendo perfectamente su estilo, canciones que no se basan en una excesiva investigación ni excesiva originalidad, pero sí mucha intimidad y un tono confesional que alcanza facilmente el corazón del oyente, buscan disfrutar de la sencillez, sacar fuerzas de las experiencias tristes, olvidarse de lo externo y mirar al interior intentando quedarse con lo verdadero y esencial. Recuerda a otros grupos también amantes de la intimidad y la introspección (mojave 3, sparklehorse, low…), no es ninguna isla solitaria en medio del mar, sino una más del archipielago formado por tierras con poca luz, dominadas por las sombras, pero que una vez te adentras en ellas descubres que cada una tiene sus paisajes, su propio sol y su microclima en los que encontrar placeres y descubrir nuevas sensaciones, que cada una es diferente y te ofrece inexploradas visiones. Lo primero que te encuentras al penetrar en el territorio de Barzin es que todo transcurre a cámara lenta, como sin gravedad, variando muy poco la velocidad en todo el recorrido. Te obliga a dejar las prisas aparcadas y mirar todo lo que ocurre a tu alrededor con minuciosidad, o bien, si lo prefieres, intentar olvidarte por completo de todo y de que existes y dejar que las sensaciones fluyan solas y te vayan embriagando. En cualquier caso, lo que sí tienes asegurado es un viaje al interior de la melancolía, cruzando campos de belleza, montañas de desolación y ríos de esperanza escondida entre las alas rotas de los pájaros que sobrevuelan el espacio personal con extrema suavidad.
Las canciones con ritmo más alegre son dos rescatadas del ‘Songs for Hinah’, ‘Just more drugs’ y el sencillo instrumental ‘Sometimes the night’, junto con ‘Won’t you come’ que, aunque lentas, no llegan a ser letárgicas como las demás. Entre las más inspiradas personalmente me quedaría con las que abren el disco ‘Let’s go driving’, ‘So Much Time To Call My Own’, y la que lo cierra ‘My life in rooms’, siendo las demás igualmente disfrutables.
Encuentro sin embargo un problema en este disco que me impide apreciarlo en su plenitud, y es el exceso de efectos en la grabación de la voz, haciendo que la comunicación pierda naturalidad, que la intimidad y acercamiento que emanan el resto de sonidos se encuentren con una invisible barrera, un elemento que parece crear distancias donde no debiera haberlas, una escalera hacia la emoción a la que le falta un pequeño peldaño.

Facebook Twitter

Publicado por jose / Archivado en:Discos
Hacer un comentario

Crossroads, cruce de caminos

Sábado 20 mayo 2017

Crossroads (1986)

Director: Walter Hill

Intérpretes: Ralph Macchio, Joe Seneca, Jami Gertz, Joe Morton, Robert Judd, Steve Vai

En 1986 Walter Hill era un reconocido director, productor y guionista de cine de acción, gracias a filmes como Límite 48 horas o Calles de fuego; Ralph Macchio estaba en trance de repetir su papel de Daniel LaRusso en la segunda parte de Karate Kid, que sería otro gran éxito de taquilla. Esperando desligarse del corsé que amenazaba con encasillar sus respectivas careras, decidieron unir fuerzas para rodar esta fábula sobre un estudiante de la Juilliard School fanático del blues, que emprende un viaje en busca del mítico cruce de caminos donde se dice que el músico Robert Johnson firmó un pacto con el demonio para convertirse en un prestigioso “bluesman”. Para no despistar demasiado a los fans de Macchio, entonces mundialmente famoso, la película se estructuró como un clon de Karate Kid, incluyendo el imprescindible duelo final en el que esta vez se cambian las patadas cutres con nombre de bicho por agresivos “rifts” de guitarra, y donde el protagonista y su mullet se las verán con el siempre excesivo, egocéntrico y genial Steve Vai, en una secuencia aun más surrealista que su homónima en Karate Kid, pero infinitamente más divertida. Añádanle a todo eso un toque de “road movie” y unos cuantos paletos al más puro estilo rural made in USA para crear ambiente y ya tenemos una película “nueva”, que por desgracia pasó sin pena ni gloria por los cines, aunque sus peculiaridades han acabado por convertirla, con el paso de los años, en una cinta de culto.

¿Y la película en sí?. Pues bien, gracias. Lo cierto es que se deja ver, y aunque el comienzo es particularmente flojo, remonta poco a poco hasta la llegada de ese inconmensurable duelo final que, sin duda, es lo mejor del estofado y no defraudará a ningún “guitar hero” que se precie. Ralph Macchio, fiel a su estilo, sigue ofreciendo esa entrañable imagen de moñas que tanto nos gustó a los que tuvimos la inmensa suerte de ver Karate Kid estrenada en una pantalla grande. A los secundarios que le acompañan en su particular viaje les falta carisma (excepto Steve Vai, por supuesto) y se hecha de menos un poquito más de presencia de la guapa Jami Gertz (que venía de rodar otra peli de culto, Quicksilver, con un jovencísimo Kevin Bacon). Pese a todo, el balance final es resultón, aunque por poco. Tras esto, las carreras de Walter Hill y el bueno de Daniel LaRusso (perdón, Ralph Macchio) habrían de quedar definitivamente predestinadas.

Facebook Twitter

Publicado por Leo / Archivado en:Cine
5 Comentarios

2003-2014 Computer Age. Blog powered by Wordpress