The Flaming Lips – At War With The Mystics

martes 23 octubre 2018

The Flaming Lips
At war with the mystics
Warner Bros 2006

La veterana banda de Oklahoma fundada en 1983 por el guitarista y cantante Wayne Coyne publica estos dias la continuación del largo Yoshimi battles the pink robots, de 2002. The Flaming Lips, semejantes a un organismo vivo en continua y saludable expansión, ofrecen una referencia muy interesante entre los lanzamientos de lo que va de año. Disco surrealista, singular y autorreferencial en el que la imaginación, el humor y la recreación sonora per se marcan su personal resultado. Careciendo de nigún tipo de orientación comercial, ofrece un despliegue significativo de recursos instrumentales y sonoros. Destaca desde la primera escucha el empleo de texturas musicales y pasajes instrumentales, que parecen inspirarse directamente en las bandas de rock progresivo de los 70. Recuerdan a Genesis, Pink Floyd o Yes en gran parte del disco, como por ejemplo en The Wizard turns on o Pompeii am Götterdämmerung, en las cuales se respira el ambiente de obras como The lamb lies down on Broadway o Medle, cuando parecía imposible que ninguna banda ajena al progresivo pudiese verse influenciada por ellos. No es revival, pues tiene demasiada personalidad propia, y tampoco es rock sinfónico. Es un caso singular de trabajo creativo, que da como resultado un disco pop, más sencillo y luminoso en las primeras canciones, Yeah, yeah yeah song y Free radicals, y en constante mutación tema tras tema. A la cuarta o quinta canción cualquier cosa parece ser posible a continuación. El discurrir musical se dirige hacia una caída total en un espacio virtual espeso y fértil en ideas y arreglos cuidadísimos, donde, como ocurría en la manera en como se planteaba el concepto de muchos discos de antaño, uno se puede abandonar a la escucha atenta, disfrutando del sonido por el sonido, mimado y trabajado al máximo.
Como ellos afirman, su actitud hacia el material musical es casi infantil, jugando y recreando un estado próximo a la ensoñación. El resultado es en muchos temas el de densos paisajes llenos de matices y gusto por los efectos, con cierto paralelismo con bandas como Sigur Ros o Radiohead en este sentido. La voz no está situada en un primer plano en numerosas ocasiones, uniendose a la corriente sonora. Buscan el ambiente tanto como la canción y obtienen un resultado muy equilibrado. La banda toca su estilo –el resultado no es realmente novedoso mirando el resto de su obra- , pero a su máximo nivel. No es casual que otro amante del trabajo con la mezcla de texturas dispares y artista del collage, como es Beck, los emplee como banda.
Un buen ejemplo que resume el disco lo encontramos en la canción My cosmic autumn rebellion, donde el equilibrio entre canción pop y ambiente encuentra su punto perfecto, comenzando con unos teclados que podrían estar en Tales from Topographic Oceans, para aproximarse al estilo de Genesis de los 70, basado en una estupenda melodía y tratamiento armónico. Todo lo que en otro grupo o contexto podría ser rimbombante o de mal gusto, está trabajado aquí con maestría. Es muy difícil que la grandilocuencia sea controlada y utilizada a favor de la canción.
El empleo de la electrónica ha sido no menor que en discos precedentes, pero si realizado de tal manera que no se percibe el elemento mecánico y sintético que es habitual en otros artistas, sino que la sensación de devenir orgánico es constante.
Debe de haber llevado mucho tiempo y esfuerzo realizar este disco, sin duda, y es posible que la banda ofrezca cosas interesantes en el futuro. Estarán en el Primavera Sound este año, con lo que se podrá ver cómo trasladan estas canciones al escenario.
Sólo queda decir que no es un disco fácil ni a todo el mundo le acabará gustando. Se descubre con las sucesivas escuchas. Rebosa en todos los sentidos. Tiene, además, una atractiva portada.

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Bullitt

lunes 22 octubre 2018

Bullitt (1968)
Director: Peter Yates
Intérpretes: Steve McQueen, Robert Vaughn, Jacqueline Bisset, Don Gordon, Robert Duvall, Simon Oakland

Existen decenas de películas que han pasado a los anales de la historia del cine por una secuencia o escena en concreto, habiendo casos en que dichas escenas / secuencias han llegado a eclipsar las cintas en que se incluyen, hasta un punto tal que la mayoría de la gente no es capaz siquiera de recordar algo tan básico como es su argumento. Ocurre por ejemplo con aquella del entrañable Harold Lloyd colgado del reloj (perteneciente a El hombre mosca) o la mítica “escena del camarote de los Hermanos Marx” (Una noche en la Ópera).

No hay duda de que Bullitt es y será recordada siempre por la persecución de coches en las empinadas calles de San Francisco (que, por cierto, continúa después durante largo rato por las carreteras que rodean la ciudad). Todo un prodigio de planificación y técnica de montaje que aun hoy, a cuarenta años vista de su primer pase, se mantiene actual y fresco, lo que da una idea de su calidad. El director de la película, Peter Yates, quería el máximo realismo posible y decidió olvidarse por completo de los trucajes que hasta entonces solían aplicarse por norma al rodar persecuciones de coches. El resultado es una “inmersión total” del espectador dentro de una secuencia en la que los vehículos involucrados llegaron a alcanzar 180 kilómetros hora en algunos momentos. Seguro que en tales circunstancias el que mejor se lo pasó durante el minucioso rodaje fue Steve McQueen. El actor era amante de la velocidad hasta extremos casi suicidas, como atestiguaría el mismísimo Bruce Lee, buen amigo suyo en la vida real. El legendario artista marcial, tras irse con Steve a dar una vuelta para probar su deportivo recién estrenado, juró que nunca más volvería a subirse a un coche con McQueen al volante. Durante el rodaje de Bullitt, y fiel a su costumbre, el de Indiana se empeñó en hacer él mismo las escenas de riesgo, aunque al final tuvo que ceder y permitir que el reputado especialista Bud Ekins le doblase en las tomas más delicadas, tal como había hecho cinco años antes en otra escena mítica: la del salto en moto de La gran evasión. Un detalle éste que por cierto no se cita en las “notas de producción” incluidas en el DVD del filme, donde se da a entender que Steve McQueen participó íntegramente en el rodaje de la secuencia. Curioso.

Aquella persecución es sin duda el momento cumbre de la película, y de hecho sucede hacia la mitad del metraje, cuando ya llevamos cerca de una hora de visionado. Por fortuna Bullitt es mucho más que esa persecución y tiene más puntos de interés, como una secuencia en el aeropuerto que por momentos parece haber servido de inspiración a Michael Mann para la secuencia final de Heat. El argumento, circunscrito dentro de los cánones habituales del cine negro, está bien asentado y desarrollado. Los diálogos tienen chispa y la espléndida música del gran Lalo Schifrin (particularmente inspirado en esta ocasión) envuelve al filme en su justa medida, proporcionándole un toque inconfundible. Por encima de todo esto surge un protagonista de lujo: un Steve McQueen en la cumbre de su carrera, que aunque yo nunca he considerado un gran actor en el sentido estricto del término, destila un carisma y un “saber estar” delante de las cámaras que para sí quisieran la practica totalidad de estrellas actuales de Hollywood, a las que este señor podría merendarse de un bocado con un esfuerzo mínimo. Él es el protagonista absoluto e indiscutible, hasta el punto de que mientras escribo esto me cuesta recordar no ya alguna escena, si no alguna toma de la película en que no salga. Su práctica omnipresencia, que no cansa en absoluto, se encuentra bien arropada por un enigmático Robert Vaughn y una preciosa Jaqueline Bisset, ambos en papeles muy secundarios en comparación, pero trascendentales para el desarrollo de la trama.

En resumidas cuentas, Bullitt es un buen thriller policíaco con una secuencia de corte casi revolucionario, la cual creó escuela para centenares de filmes posteriores y sigue haciéndolo a día de hoy. La moderna factura de la película se nota hasta en los créditos de inicio, y del proceso de montaje (ganador de un Oscar) debería tomar buena nota la chusma que hoy en día se dedica a “dirigir” cine de acción, encabezada por retrasados mentales del calibre de Michael Bay o Stephen Norrington. Me sorprende que no se haya emitido apenas por TV, a la vista de que se trata de un filme perfecto para arreglarte una tarde / noche de fin de semana en casa, y más teniendo en cuenta la habitual mala costumbre de las reposiciones, esa que ha llevado a más de uno a saberse de memoria los diálogos de Poli de Guardería (¡glaps!). Pero los misterios de la “caja tonta” (cada día menos “caja” y más “tonta” por cierto) son inescrutables.

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Samurai Rebellion

domingo 21 octubre 2018

Samurai Rebellion
Joi-uchi: Hairyo Tsuma Shimatsu (1967)

Director: Masaki Kobayashi
Interpretes: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Tatsuyoshi Ehara

A la sombra de Kurosawa, Ozu y Kenji Mizoguchi, eclipsados por su increible e incontestable obra surgió en Japón, durante los años 50 y 60 toda una generación de cineastas que fueron dejando muestras palpables de su talento, uno de estos destacados autores fue Masaki Kobayashi, conocido principalmente en occidente por películas como “Sepukku” (1962) o “Kaidan” (1964).
Aunque quizás sea una apreciación subjetiva, con pocos fundamentos reales, encuentro en la obra de Kobayashi bastantes elementos que me remiten al cine negro norteamericano de los años 50, en especial en el tratamiento del blanco y negro y en el desarrollo de algunos personajes, estos elementos son quizás mas palpables en esta modélica “Samurai Rebellion”, una mas que notable película rodada en 1967 y que contó con un Toshiro Mifune en la cuspide de su popularidad e influencia, como principal protagonista.
El film se ambienta en el Japón del siglo XVIII, se vive un largo periodo de paz y los samurais viven plácida y tranquilamente administrando sus clanes aunque aún, como no podía ser de otra manera, viven sujetos a las puntuales exigencias de su trato de obediencia al señor del clan.
Toshiro Mifune es Isaburo Sasahara, un prestigioso y respetado guerrero que ocupa una posición de autoridad predominante, su fidelidad al señor es incuestionable, hasta que se le pide aceptar un requerimiento caprichoso e injusto que compromete la posición de su familia y que poco a poco irá minando sus ferreos principios y su firme sumisión a su señor.
Esta trama que he esbozado es el eje sobre el que se articula toda la cinta, un relato turbio de intrigas y envidias palaciegas que se van desarrollando en un ambiente de tensión creciente. La violencia, presente de manera nítida en el día a día de estos guerreros solo se hará presente al final de la película, en una explosión de furia realmente formidable.
En el aspecto puramente técnico, destaca la precisión milimetrica con la que esta rodada cada escena, en un sobrio y elegante blanco y negro que potencia de manera singular las numerosas secuencias de drama y tensión que se van sucediendo en el metraje de la cinta. Una realización impecable con momentos de gran plasticidad y belleza.
Toshiro Mifune esta una vez mas sublime, secundado en esta ocasión por una nómina de secundarios de gran altura que contribuyen en todo momento a mantener el impecable ritmo de la película.
Samurai Rebellion es una obra poco conocida que sin duda interesará a todo aquel aficionado al cine oriental aunque con seguridad tampoco dejará indiferente a cualquier otro espectador. Un ejemplo soberbio de buen cine, una cinta trepidante, entretenida y tecnicamente impecable.

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Pete Yorn – Day I Forgot

sábado 20 octubre 2018

Pete Yorn
Day I Forgot
Columbia (2003)

La muerte de Elliott Smith nos ha dejado a todos los amantes de la buena música muy tocados, huérfanos, y es que un talento como el que tenía el músico norteamericano es muy difícil de encontrar, por suerte siguen surgiendo nuevas figuras y nuevas apuestas como ésta que nos ocupa, la mención a Elliott Smith no era gratuita ya que Pete Yorn comparte bastantes características con el músico desaparecido.
Pete Yorn es un músico y compositor de New Jersey aficionado al rock americano, al folk y a la música de base acústica y fuerte presencia melódica, Day I Forgot es su segundo disco para Columbia, continuación natural de aquel notable “Musicforthemorningafter” que ya definía claramente sus señas de identidad, canciones sencillas, naturales, clásicas, tocadas con pasión y honestidad, apoyadas por una intrumentacion clásica de guitarra-bajo-bateria, entre Springsteen y R.E.M, entre los Replacements y Soul Asylum, entre Buffalo Tom y Elliott Smith, aunque con una predilección especial por los pasajes acústicos.
A pesar del buen puñado de canciones que contenía, ese primer disco pasó casi desapercibido, al menos en Europa. En “Day I Forgot” no encontramos demasiadas sorpresas, encontramos unas canciones que han madurado con la experiencia, que han ganado definición a costa, quizás, de perder la homogeneidad y la frescura que tenia “Musicforthemorningafter”.
Aun así nos encontramos muestras inequívocas de que estamos ante un gran compositor, canciones como “Come back home”, “Commited” o “When you see the light” resultan lo suficientemente evocadoras y atractivas para justificar la adquisición del disco, aun hay mas, “Crystal Village” y “Pass me by” son dos temas perfectos que añaden el siempre bien recibido toque folk intimista, Yorn se desenvuelve muy bien en este tipo de composiciones, mas discutibles son sus temas abiertamente rockeros, a menudo quedan deslucidos en la búsqueda de un efectismo innecesario y empañan un tanto el conjunto, bastante notable a pesar de todo.
Es de agradecer poder contar con músicos como Pete Yorn, en estos tiempos de cambio e indefinición, es agradable encontrar un músico con profundas raices entregándonos estas sentidas canciones y haciendonos disfrutar aún con la música honesta y sencilla.

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Bowling For Columbine

viernes 19 octubre 2018

Bowling For Columbine (2002)

Director: Michael Moore

Que algo extraño pasa en Estados Unidos era algo que algunos ya sospechábamos, que estaban tan enfermos es algo que a mi me pilla bastante de sorpresa.
Bowling For Columbine es un recorrido que realiza Michael Moore por la América profunda en busca de las causas que justifiquen el nivel tan indecente de violencia que asola su país, Moore nos muestra como los rifles se dan en los bancos al abrir una cuenta, como los adolescentes hacen experimentos con napalm, como las armas se venden y se compran en cada esquina.
Mas allá de ese panorama preocupante que la cinta nos muestra se deja entrever una realidad aun peor, hay otros países donde se venden armas libremente, incluso hay pases mucho mas militarizados que los Estados unidos, sin embargo la tasa de crímenes violentos triplica la tasa europea e incluso la canadiense, siendo Canadá el país mas cercano geográfica y culturalmente.
¿Qué es lo que lleva a un estadounidense a empuñar un arma a las primeras de cambio? Pues según nos muestra Moore el motivo es una especie de paranoia colectiva, una enfermedad social a gran escala.
El americano medio se siente profundamente amenazado en su vida diaria, aunque a menudo no es capaz de explicar que es lo que le amenaza, y en función de esto compra armas, protege su casa, de forma totalmente irracional.
La película tiene varios momentos delirantes, la entrevista con el presidente de la asociación del rifle, Charlton Heston da una idea de hasta donde puede llegar la ignorancia y el fanatismo, los relatos sobre los asesinatos en escuelas son estremecedores, pero lo mas estremecedor de todo es comprobar como los propios norteamericanos permanecen ajenos e impasibles ante lo que les ocurre.
Una cinta que todo el mundo debería ver, quizás nos ayudaría a detener muchas de las cosas que están pasando hoy en día.

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Publicado por Luis / Archivado en:Cine
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